Golpe de Estado en España de julio de 1936

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Golpe de Estado de julio de 1936
GCE frente en jul 1936.svg
Situación del país hacia el 25 de julio de 1936.
Contexto del acontecimiento
Fecha 17-23 de julio de 1936
Sitio Flag of Spain (1931 - 1939).svg España
Merchant flag of Spanish Morocco.svg Marruecos español
Impulsores Emilio Mola[n. 1]
José Sanjurjo
Gonzalo Queipo de Llano
Francisco Franco
Manuel Goded
Joaquín Fanjul
Motivos Descontento del ejército, revolución obrera, conflictividad agraria, conflictividad religiosa, conflictividad social, nacionalismos periféricos.
Influencias ideológicas de los impulsores Nacionalismo español, nacionalcatolicismo, fascismo, conservadurismo, tradicionalismo, monarquismo
Gobierno previo
Gobernante Manuel Azaña
Forma de gobierno República parlamentaria
Gobierno resultante
Gobernante Flag of Spain (1931 - 1939).svg Zona republicana: Manuel Azaña
Flag of Spain (Civil) alternate colours.svg Zona nacional: Miguel Cabanellas
Forma de gobierno Flag of Spain (1931 - 1939).svg República parlamentaria
Flag of Spain (Civil) alternate colours.svg Dictadura militar

El golpe de Estado de julio de 1936 fue una sublevación militar dirigida contra el gobierno de la Segunda República Española surgido de las elecciones de febrero de aquel año, y cuyo fracaso parcial condujo a la Guerra Civil Española y, derrotada la República, al establecimiento de la dictadura de Francisco Franco, que se mantuvo en el poder en España hasta su fallecimiento en 1975.

Antecedentes[editar]

En las elecciones generales del 16 de febrero de 1936 se manifestó la polarización de la vida política, que comenzó con la fracasada Revolución de 1934 y la consiguiente represión. La izquierda se presentó unida en una coalición denominada Frente Popular que abarcaba desde la Unión Republicana de Diego Martínez Barrio hasta el PCE, pasando por el PSOE, ERC y la IR de Manuel Azaña. Enfrente la mayor parte de los partidos de derecha se agruparon en el Frente Nacional Contrarrevolucionario (CEDA, Renovación Española, Comunión Tradicionalista carlista, Lliga Catalana, etc.), del cual, sin embargo, no formaron parte ni la Falange ni el PNV. El Frente Popular se hizo con la mayoría absoluta de los escaños, si bien los partidos de derechas protestaron contra la atribución de algunas actas de diputado a candidatos de izquierda.

A partir de ese momento se desató una oleada reivindicativa con numerosas huelgas y algunos incendios y destrucciones. Pronto entraron en acción grupos paramilitares falangistas a los que se enfrentaron los grupos paramilitares organizados por la izquierda obrera. Se ha llegado a decir que sólo en el mes de febrero de 1936 se contabilizaron 441 asesinatos en todo el país,[1] una cifra no corroborada por ningún otro historiador y que, comparada con las que se suelen manejar, es a todas luces exagerada. El estudio más completo sobre las víctimas mortales, como resultado de la violencia política entre febrero y julio de 1936, registra para febrero un total de 44 víctimas mortales, de las cuales 28 serían causadas por la intervención de las fuerzas de orden público (la inmensa mayoría de ellas militantes de las organizaciones de izquierda), por lo que se habrían producido 16 posibles asesinatos y no los 441 apuntados. Según ese mismo estudio, entre febrero y julio de 1936, antes de iniciarse el golpe de Estado, hubo un total de 189 incidentes y 262 muertos, de ellos 112 causados por la intervención de las fuerzas de orden público. De las 262 víctimas, 148 serían militantes de la izquierda, 50 de la derecha, 19 de las fuerzas de orden público y 45 sin identificar. Además ese estudio constata que el número de víctimas mortales causadas por la violencia política fue disminuyendo en esos cinco meses.[2]

Los acontecimientos de los cinco meses de gobierno en paz del Frente Popular, de febrero a julio de 1936, fueron utilizados después por los vencedores en la guerra civil española como justificación de su alzamiento. Hoy en día el debate sigue abierto, aunque la mayoría de los historiadores opinan que en absoluto puede hablarse de una "primavera trágica" en la que el gobierno del "Frente Popular" hubiera perdido el control de la situación, aunque es cierto que la agitación social y laboral en el campo y la ciudad fueron constantes y el aumento de la violencia explícita por causas políticas, alimentada por acciones de la izquierda y la derecha, fue también innegable.[3] Pero la conclusión de la mayoría de los historiadores es clara: “La desestabilización política real en la primavera de 1936 no explica en modo alguno la sublevación militar [de julio de 1936] y menos aún la justifica".[3] “La política y la sociedad españolas mostraban signos inequívocos de crisis, lo cual no significa necesariamente que la única salida fuera una guerra civil”.[4]

La otra justificación del golpe de Estado, impedir una inminente "revolución bolchevique", se ha demostrado todavía más inconsistente, ya que nunca se ha llegado a demostrar su existencia. Como ha señalado Julio Aróstegui, entre otros muchos historiadores, “los sublevados llevaron a cabo su acción pretendiendo que se alzaban contra una revolución absolutamente inexistente en la época en que actúan, inventan documentos falsos que compuso Tomás Borrás y que hablaban de un gobierno soviético que se preparaba, y de hecho lo que representaban era la defensa de las posiciones de las viejas clases dominantes, la lucha contra las reformas sociales, más o menos profundas, que el Frente Popular pone de nuevo en marcha".[5]

La conspiración golpista[editar]

Desde el mismo momento de la victoria electoral del Frente Popular, oficiales reaccionarios y monárquicos comenzaron la preparación de una sublevación militar.[6] El 10 de agosto de 1932 tuvo lugar el primer intento de golpe de Estado contra la República, liderado por el general Sanjurjo y llamado por ello "La Sanjurjada".[7] Fracasó y Sanjurjo fue capturado. Más tarde Sanjurjo fue amnistiado y se exilió en Portugal, desde donde siguió participando en conspiraciones golpistas. En 1934 el rey Alfonso XIII, que estaba exiliado en Italia, pidió apoyo a Mussolini para "un eventual golpe de Estado que se produjera en España para (...) restaurar la Monarquía" y consiguió que el gobierno fascista italiano se comprometiese a aportar 1.500.000 pesetas, 200 ametralladoras, fusiles y granadas de mano. Firmaron el acuerdo por parte española el general Barrera y representantes de los partidos Renovación Española (monárquico) y Comunión Tradicionalista (carlista).[8] [9]

En 1935 el líder de la CEDA, José María Gil-Robles, consiguió la cartera de ministro de la Guerra en el Gobierno y procedió a nombrar a generales derechistas para los puestos clave: Franco como jefe del Estado Mayor Central, Fanjul como subscretario de Gil-Robles, Goded responsable de Aeronáutica y Mola jefe de las fuerzas en Marruecos. En esta época la derechista Unión Militar Española se dividió entre los que seguían queriendo dar un golpe de Estado para acabar con la democracia y los que preferían "penetrar" el sistema político desde el poder.[9] En enero de 1936 el presidente de la República disolvió las Cortes y convocó elecciones para el 16 de febrero. Varios generales acordaron entonces sublevarse el 19 de febrero si el Frente Popular ganaba las elecciones.[10]

Nada más conocerse la victoria en las elecciones del “Frente Popular”, lo que suponía que la "vía política" para impedir la vuelta de la izquierda al poder había fracasado tras la derrota de Gil Robles y de la CEDA en las elecciones, se produjo el primer intento de “golpe de fuerza” por parte de la derecha para intentar frenar la entrega del poder a los vencedores. Fue el propio Gil Robles, que ya en diciembre había pulsado la opinión de los generales que él mismo había situado en los puestos clave de la cadena de mando (Fanjul, Goded, Francisco Franco) en torno a un “golpe de fuerza”, el primero que intentó sin éxito que el presidente del gobierno en funciones Manuel Portela Valladares declarase el “estado de guerra” y anulara los comicios. Le siguió el general Franco, aún jefe del Estado Mayor del Ejército, que se adelantó a dar las órdenes pertinentes a los mandos militares para que declarasen el estado de guerra (lo que según la Ley de Orden Público de 1933 suponía que el poder pasaba a las autoridades militares), pero fue desautorizado por el todavía jefe de gobierno Portela Valladares y por el ministro de la guerra el general Nicolás Molero.[11] Un papel clave en el fracaso del golpe lo desempeñaron el director de la Guardia Civil, el general Sebastián Pozas, viejo africanista pero fiel a la República, que cuando recibió la llamada del general Franco para que se uniera a una acción militar que ocupara las calles se negó, y también el general Miguel Núñez de Prado, jefe de la policía que tampoco secundó la intentona. Al final el general Franco no vio la situación madura y se echó para atrás, especialmente tras el fracaso de los generales Goded y Fanjul para sublevar a la guarnición de Madrid.[12]

El resultado del intento de “golpe de fuerza” fue exactamente el contrario del previsto. El presidente del gobierno en funciones entregó antes de tiempo el poder a la coalición ganadora, sin esperar a que se celebrara la segunda vuelta de las elecciones (prevista para el 1 de marzo). Así, Manuel Azaña, el líder del "Frente Popular", formaba gobierno el miércoles 19 de febrero que, conforme a lo pactado, sólo estaba integrado por ministros republicanos de izquierda (nueve de Izquierda Republicana y tres de Unión Republicana, más uno independiente, el general Carlos Masquelet, ministro de la guerra).[12] Una de las primeras decisiones que tomó el nuevo gobierno fue alejar de los centros de poder a los generales más antirrepublicanos: el general Goded fue destinado a la Comandancia militar de Baleares; el general Franco, a la de Canarias; el general Mola al gobierno militar de Pamplona. Otros generales significados, como Orgaz, Villegas, Fanjul y Saliquet quedaron en situación de disponibles.[13] Sin embargo esta política de traslados no serviría para frenar la conspiración militar y el golpe que finalmente se produjo entre el 17 y el 18 de julio, e incluso en algún caso, como el del general Franco, les hizo aumentar su rechazo al gobierno de Azaña al considerar su destino a Canarias como una degradación, una humillación y un destierro.[14]

El general Sanjurjo en 1932

La conspiración militar para desencadenar un “golpe de fuerza” (como lo llamaban los conjurados) que derribara al gobierno se puso en marcha nada más formarse el gobierno de Azaña el 19 de febrero de 1936, apoyándose inicialmente en las tramas golpistas que se habían rehecho tras el fracaso de la insurrección militar de agosto de 1932 encabezada por el general Sanjurjo.[15] El 20 de febrero el periódico de la Comunión Tradicionalista El Pensamiento Alavés ya afirmaba “que no sería en el Parlamento donde se libraría la última batalla, sino en el terreno de la lucha armada” y esa lucha partiría de “una nueva Covadonga que frente a la revolución sirviera de refugio a los que huyeran de aquélla y emprendiera la Reconquista de España”.[16]

El 8 de marzo tuvo lugar en Madrid, en casa de un amigo de Gil Robles, una reunión de varios generales (Emilio Mola, Luis Orgaz Yoldi, Villegas, Joaquín Fanjul, Francisco Franco, Ángel Rodríguez del Barrio, Miguel García de la Herrán, Manuel González Carrasco, Andrés Saliquet y Miguel Ponte, junto con el coronel José Enrique Varela y el teniente coronel Valentín Galarza, como hombre de la UME), en la que acordaron organizar un “alzamiento militar” que derribara al gobierno del Frente Popular recién constituido y “restableciera el orden en el interior y el prestigio internacional de España”.[14] Según algunos historiadores lo que se acordó en la reunión del 8 de marzo fue llevar a cabo un golpe de estado sólo en caso de amenaza grave a "la unidad de la patria" y quiebra límite del orden público.[17] Los generales conjurados acordaron también ofrecer la jefatura de la Junta Militar que se formaría al exiliado general Sanjurjo y que el coordinador en España fuera el general Rodríguez Barrio.[10]

No se llegó a acordar el carácter político del “movimiento militar”, pero para su organización recurrirían a la estructura clandestina de la UME integrada por oficiales conservadores y antiazañistas y llegaron a fijar la fecha del golpe, para el 20 de abril, pero las sospechas del gobierno y la detención de Orgaz y Varela, confinados en Canarias y en Cádiz, respectivamente, les obligaron a posponer la fecha.[18]

General Emilio Mola, "El Director" de la conspiración militar

El general Gonzalo Queipo de Llano (jefe de los carabineros), que estaba organizando otra conspiración golpista por su cuenta, visitó a Mola en Pamplona el 12 de abril. Tras informarse mutuamente de sus respectivos planes decidieron colaborar.[17] El 19 de abril el general Rodríguez del Barrio intentó un alzamiento militar en Madrid y fracasó. La coordinación de la conspiración pasó entonces a Mola.[19]

El general Mola, que adoptó el nombre clave de “El Director”, continuó con el proyecto de constituir una Junta Militar presidida por el general Sanjurjo, y comenzó a redactar y difundir una serie de circulares o “Instrucciones reservadas” en las que fue perfilando la compleja trama que llevaría adelante el golpe de Estado.[18]

La primera de las cinco “instrucciones reservadas” la dictó el 25 de mayo y en ella ya apareció la idea de que el golpe tendría que ir acompañado de una violenta represión:[20]

Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades y sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas

Mola logró que se uniera a la conspiración otro general republicano, además de Queipo de Llano, el general Miguel Cabanellas, jefe de la V División orgánica, con quien mantuvo una entrevista en Zaragoza el 7 de junio en la que acordaron las medidas para dominar la oposición que “opondría la gran masa sindicalista” y la organización de las “columnas que habían de oponerse a que los catalanes pudieran invadir el territorio aragonés”.[21]

Mola consiguió comprometer en el golpe a numerosas guarniciones, gracias también a la trama clandestina de la UME dirigida por el coronel Valentín Galarza (cuyo nombre clave era “El Técnico”), pero Mola no contaba con todas ellas, y especialmente tenía dudas sobre el triunfo del golpe en el lugar fundamental, Madrid, y también sobre Cataluña, Andalucía y Valencia.[18]

Así pues, el problema de los militares implicados era que, a diferencia del golpe de estado de 1923, ahora no contaban con la totalidad del Ejército (ni de la Guardia Civil ni las otras fuerzas de seguridad) para respaldarlo. "Las divisiones que se habían manifestado en el seno del propio ejército desde la Dictadura... durante la República habían alcanzado un singular grado de virulencia con la creación de uniones militares enfrentadas por la cuestión del régimen político [la UME, Unión Militar Española, monárquica; y la republicana Unión Militar Republicana Antifascista, UMRA, con una influencia mucho más reducida]".[22]

Tampoco podían contar como en 1923 con la connivencia del jefe del Estado (el rey Alfonso XIII entonces, y el Presidente de la República Manuel Azaña ahora). Una tercera diferencia respecto de 1923 era que la actitud de las organizaciones obreras y campesinas no sería de pasividad ante el golpe militar, como en 1923, sino que como habían anunciado desencadenarían una revolución. Por estas razones se fue retrasando una y otra vez la fecha del golpe militar, y por eso, además, el general Mola, "el Director", buscó el apoyo de las milicias de los partidos antirepublicanos (requetés y falangistas) y el respaldo financiero de los partidos de la derecha.[23]

Mola entabló una negociación con la Comunión Tradicionalista para que el Requeté carlista, fuerza paramilitar concentrada principalmente en Navarra y el País Vasco, se uniese a la sublevación. Mola se negó inicialmente a aceptar las exigencias de los carlistas, partidarios de una monarquía clerical que querían luchar bajo la bandera rojigualda y el Sagrado Corazón de Jesús, mientras que Mola defendía una "dictadura republicana" donde la Iglesia siguiera estando separada del Estado.[24] Sin embargo el 11 de julio Sanjurjo aceptó las principales reivindicaciones carlistas y el 14 estos anunciaron su adhesión al levantamiento.[17] El 10 de julio también se unieron al plan de Mola José Calvo Sotelo y su partido, Renovación Española.[17]

En cuanto a las milicias falangistas, en principio su líder José Antonio Primo de Rivera, preso en Alicante, se manifestó dispuesto a colaborar, pero exigió su parcela de poder, lo que no fue admitido por los generales conjurados, por lo que su participación fue en principio aparcada.[18]

Al gobierno de Casares Quiroga le llegaron por diversas fuentes noticias de lo que se estaba tramando y el 7 de junio Mola recibió la visita sorpresa del Director General de Seguridad, en busca de pruebas contra los conspiradores, pero se salvó gracias a un aviso recibido doce horas antes.[17] Pero el gobierno no actuó con más contundencia contra los conspiradores porque, según el historiador Julio Aróstegui, "Azaña y muchos elementos de su partido, y el propio Casares Quiroga, jefe del gobierno, no creyeron que después de haber neutralizado con facilidad el golpe de Sanjurjo en 1932 en el ejército hubiera capacidad para preparar una acción seria, estimando además que tenían controlados a los posibles cabecillas y que en el caso de que esa rebelión se produjese sería fácil abortarla".[25]

En paralelo los conjurados alquilaron un avión para que Franco pudiera trasladarse de Canarias al Marruecos español y tomar allí el mando del sublevado Ejército de África. Para ello el financiero Juan March facilitó fondos al marqués de Luca de Tena, propietario del diario ABC. El corresponsal de ABC en Londres, Luis Bolín, contrató un de Havilland D.H.89 Dragon Rapide que partió de Inglaterra el 11 de julio y llegó a Gran Canaria el día 15.[26]

Sucesos de julio de 1936[editar]

A principios de julio de 1936 la preparación del golpe militar estaba casi terminada, aunque el general Mola reconocía que "el entusiasmo por la causa no ha llegado todavía al grado de exaltación necesario".[27]

Con la fecha del pronunciamiento fijada para los días 10 al 20 de julio,[28] en la tarde del domingo 12 de julio fue asesinado en una calle céntrica de Madrid por pistoleros de extrema derecha, carlistas para algunos historiadores, falangistas para otros,[29] el teniente de la Guardia de Asalto José Castillo.[30]

Castillo era conocido por haberse negado a intervenir contra los manifestantes de la Revolución de 1934. Además era miembro de la UMRA e instructor de las milicias de la juventud socialista.[29] El 16 de abril de 1936, durante unos disturbios en Madrid, uno de sus hombres había matado a Andrés Sáenz de Heredia, primo de José Antonio Primo de Rivera y el propio Castillo había herido a un manifestante carlista. Castillo era el número dos en una lista negra de oficiales de izquierdas supuestamente confeccionada por la UME y cuyo número uno, el capitán Carlos Faraudo, ya había sido asesinado.[31]

A primeras horas del día siguiente, 13 de julio, un grupo de guardias de asalto, dirigidos por un capitán de la Guardia Civil, Fernando Condés, salió a vengar la muerte de su compañero en la persona de algún político de derechas. Buscaron primero a Antonio Goicoechea y a José María Gil-Robles pero, al no encontrar a ninguno de ellos, secuestraron en su propio domicilio y asesinaron a José Calvo Sotelo, el líder de los monárquicos "alfonsinos" de Renovación Española, y abandonaron el cadáver en el depósito del cementerio de la Almudena. En el entierro de Calvo Sotelo el dirigente monárquico Antonio Goicoechea juró solemnemente “consagrar nuestra vida a esta triple labor: imitar tu ejemplo, vengar tu muerte y salvar a España, que todo es uno y lo mismo”. Por su parte el líder de la CEDA, José María Gil Robles en las Cortes les dijo a los diputados de la izquierda que “la sangre del señor Calvo Sotelo está sobre vosotros” y acusó al gobierno de tener la “responsabilidad moral” del crimen por “patrocinar la violencia”.[30]

El asesinato de Calvo Sotelo aceleró el compromiso con la sublevación de los carlistas y también de la CEDA, y acabó de convencer a los militares que tenían dudas. Además, Mola decidió aprovechar la conmoción que había causado en el país el doble crimen, y el día 14 adelantó la fecha de la sublevación que quedó fijada para los días 18 y 19 de julio de 1936.[32]

Plan militar y político de la sublevación[editar]

Plan golpista trazado por Emilio Mola.[33]

El plan del general Emilio Mola, "el Director", era un levantamiento coordinado de todas las guarniciones comprometidas, que implantarían el estado de guerra en sus demarcaciones, comenzando por el Ejército de África. Como se preveía que en Madrid era difícil que el golpe triunfase por sí solo (la sublevación en la capital estaría al mando del general Fanjul), estaba previsto que desde el norte una columna dirigida por el propio Mola se dirigiera hacia Madrid para apoyar el levantamiento de la guarnición de la capital. Y por si todo eso fallaba también estaba planeado que el general Franco (que el 23 de junio había dirigido una carta al presidente del gobierno Casares Quiroga en la que decía que las sospechas del gobierno de que se estaba fraguando un golpe militar no eran ciertas -cuando él mismo era uno de los generales implicados-, alegando que "faltan a la verdad quienes le presentan al Ejército como desafecto a la República; le engañan quienes simulan complots a la medida de sus turbias pasiones"), después de sublevar las islas Canarias se dirigiría desde allí al Protectorado de Marruecos a bordo del avión Dragon Rapide, fletado en Londres el 6 de julio por el corresponsal del diario ABC Luis Bolín gracias al dinero aportado por Juan March, para ponerse al frente de las tropas coloniales, cruzar el estrecho de Gibraltar y avanzara sobre Madrid, desde el sur y desde el oeste.[27] [34] Inicialmente Mola fijó el 10 de julio como fecha para el golpe.[35]

Como temía que las guarniciones de Andalucía no apoyaran la sublevación, Mola inicialmente se limitó en sus planes a esperar que la 2ª División Orgánica (Sevilla), al igual que la 1ª, “si no se suman al movimiento, por lo menos adopten una actitud de neutralidad benévola…”[36] El 24 de junio Mola modificó sustancialmente el plan de la sublevación, estableciendo que el Ejército de África debería “organizar las columnas mixtas, sobre la base de la Legión, una en la Circunscripción Oriental y otra en la Occidental, que desembarcarán, respectivamente, en Málaga y Algeciras.”[37] Desde estos puertos los sublevados convergerían en Córdoba y a continuación marcharían sobre Madrid por Despeñaperros.[33]

Entre los días 5 y 12 de julio una parte del Ejército de África realizó unas maniobras en el Llano Amarillo donde sus mandos terminaron de perfilar los detalles de la sublevación en el Protectorado español de Marruecos.

Las instrucciones de Mola estipulaban que todas las unidades implicadas en el alzamiento estuvieran ‘’dispuestas’’ el día 17 a las 5 de la tarde (el 17 a las 17 horas), para empezar el Alzamiento en Marruecos.[38] En puntos clave de la península empezaría el día 18, y en otros sitios (incluida Pamplona), el 19. La noticia de la sublevación en Marruecos sembró la confusión entre los conspiradores de la península: ¿Tenían que atenerse a la fecha planeada, o también tenían que adelantar su actuación?[39]

Según el plan diseñado por el general Mola, que pedía una acción «en extremo violenta»,[20] una vez controlada Madrid los golpistas depondrían al Presidente de la República y al gobierno, disolverían las Cortes, suspenderían la Constitución de 1931, detendrían y juzgarían a todos los dirigentes y militantes significados de los partidos y organizaciones de la izquierda así como a los militares que no hubieran querido sumarse a la sublevación y, finalmente, constituirían un Directorio militar bajo la jefatura del general Sanjurjo, que volaría desde Lisboa hasta España. Pero lo que sucedería a continuación nunca estuvo claro pues nada se había acordado sobre la forma de estado, o República o Monarquía (por ejemplo, no se decidió nada sobre qué bandera se utilizaría, si la bicolor de la monarquía, en lugar de la tricolor de la República, ya que se pensaba en una acción rápida y contundente). El objetivo era instaurar una dictadura militar siguiendo el modelo de la Dictadura de Primo de Rivera, al frente de la cual se situaría el exiliado general Sanjurjo.[27]

Así pues, lo que iban a poner en marcha los militares conjurados no era un pronunciamiento al estilo decimonónico (pues en estos casos no se discutía en general el régimen o el sistema político, sino que intentaban sólo forzar determinadas "situaciones" partidistas), sino que iba mucho más lejos. El problema estribaba en que los militares y las fuerzas políticas que les apoyaban (fascistas, monárquicos alfonsinos, carlistas, católicos de la CEDA) defendían proyectos políticos distintos, aunque todos coincidían en que la "situación futura” no sería democrática, y tampoco liberal, porque el significado social de fondo de la conspiración era inequívoco: la "contrarrevolución".[5]

Sublevación en el Protectorado de Marruecos, Ceuta, Melilla y las islas Canarias (17 al 18 de julio)[editar]

Melilla[editar]

La sublevación militar que daría lugar a la Guerra Civil Española comenzó en Melilla. La del 17 de julio de 1936, los oficiales de Melilla que formaban parte de la conspiración celebraron una reunión en la sala de cartografía de la guarnición para ultimar los planes. Durante el encuentro el Coronel Juan Seguí, jefe local de falange y también líder de la sublevación en el Marruecos oriental, comunicó a los conspiradores el momento en que comenzaría la sublevación: 5 de la mañana del 18 de julio.[40] En el último momento uno de los dirigentes locales de Falange informó sobre los planes de la conspiración al dirigente local del partido Unión Republicana (UR), quién se lo confió al presidente de la Casa del Pueblo, y este a su vez dio parte al comandante militar de Melilla, general Romerales.[40] Por la tarde, los oficiales golpistas volvieron a la sala de cartografía y procedieron a repartir las armas que habían guardado allí clandestinamente. Fue entonces cuando llegó a las inmediaciones el teniente Zaro, que procedió a rodear el edificio con soldados y guardias de asalto.[40] Los conspiradores se vieron sorprendidos por esta acción. Uno de aquellos oficiales era el Coronel Darío Gazapo, también miembro de Falange. Tras la sorpresa inicial, éste fue a entrevistarse con Zaro:

Darío Gazapo: ¿Qué le trae por aquí, teniente?.
Zaro: Tengo que registrar el edificio en busca de armas.

Gazapo dijo que se necesitaba una orden del general de la Circunscripción y telefoneó a Romerales:

Darío Gazapo: ¿Es cierto, mi general, que ha dado usted órdenes de que se registre el departamento cartográfico?.
Romerales: Sí, sí, Gazapo, hay que hacerlo.

La Guerra Civil Española (Hugh Thomas).[41]
Vista de la zona histórica de Melilla.

Tras la conversación, Gazapo inmediatamente llamó por teléfono para que una unidad de la Legión extranjera acudiera a auxiliarle. Cuando los legionarios llegaron al lugar, Zaro y sus hombres se vieron superados numéricamente, y se rindieron.[41] Otro de los conspiradores, el coronel Seguí, se dirigió al despacho de Romerales y entró allí pistola en mano. En el interior se estaba produciendo una fuerte discusión entre unos oficiales que insistían en que el general debía rescindir el mando, y otros que querían que resistiese. El Presidente Casares Quiroga, que había sido informado de la reunión en el departamento cartográfico, había telefoneado a Romerales para que detuviera a los oficiales conspiradores. Romerales, sin embargo, no estaba en condiciones de llevar a cabo aquella orden y permanecía indeciso.[41]

El coronel Seguí terminó por obligar al general a que se rindiera sin oponer resistencia. Acto seguido, los oficiales sublevados declararon el estado de guerra y ocuparon todos los edificios públicos de Melilla en nombre del General Franco como Comandante jefe del Marruecos español. Sin embargo, Franco todavía se encontraba en las Islas Canarias sin haberse sublevado. En Melilla también fueron clausurados la Casa del Pueblo socialista y los demás centros de partidos del Frente Popular, deteniendo además a los dirigentes republicanos y de izquierdas.[41] En las cercanías de la casa del Pueblo y en los barrios obreros tuvieron lugar pequeños enfrentamientos, pero la rebelión había sorprendido a los trabajadores y estos carecían de armas. A continuación, todos los detenidos que se habían resistido a la rebelión fueron fusilados, incluidos el general Romerales, el delegado del gobierno y el alcalde de la ciudad.[41] Para el anochecer, ya se habían conseguido listas de miembros de sindicatos, partidos de izquierdas y logias masónicas, siendo a continuación detenidas todas las personas que aparecían. Cualquier persona que se supiera que había votado por el Frente Popular en las elecciones de febrero era objetivo de los rebeldes.[41] A partir de entonces Melilla se rigió de acuerdo por la Ley marcial. En la Base de Hidroaviones del Atalayón, a pocos Km. de la ciudad, el Comandante Leret Ruiz fue uno de los pocos que logró resistir a los sublevados. Estuvo resistiendo durante varias horas hasta que agotó la munición y él y sus pocos hombres se vieron superados ante los 2 tabores de regulares que fueron enviados para conquistar la base.[41]

Esta rebelión fue el modelo que en adelante se siguió en el resto del Protectorado de Marruecos y más tarde en España.[41]

Tetuán, Ceuta y Larache[editar]

Entretanto, el coronel Seguí telefoneó a los coroneles Eduardo Sáenz de Buruaga y Juan Yagüe, encargados de la organización de la conspiración en Tetuán y Ceuta, respectivamente: la primera era la capital del Marruecos español, y la segunda una importante plaza fuerte.[42] También telegrafió a Franco (que se encontraba en Las Palmas para asistir al entierro del General Balmes), explicándole el por qué el Alzamiento en Melilla había comenzado antes de la hora convenida. Sáenz de Buruaga y Yagüe pasaron entonces a la acción, improvisando 12 horas antes de lo que estaba previsto día 18.[42]

En Madrid, el presidente Casares Quiroga intentó localizar al general Gómez Morato, general en jefe del Ejército de África. Lo encontró en el Casino de Larache:

Casares Quiroga: General, ¿qué ocurre en Melilla?
Gómez Morato: ¿En Melilla?
C.Q.: ¿Pero no sabe usted nada?
G.M.: No, señor ministro.
C.Q.: ¡Se ha sublevado la guarnición!

Hugh Thomas, La Guerra Civil Española[42]

Gómez Morato salió del casino y tomó un avión para dirigirse a Melilla, donde fue arrestado nada más bajarse. En Tetuán los coroneles Asensio, Beigbeder y Saénz de Buruaga también se habían sublevado para entonces. Este último telefoneó al Alto comisario en funciones, Álvarez Buylla que se encontraba en su residencia, y, dirigiéndose a él arrogantemente, le pidió que dimitiera.[42] Álvarez Buylla telefoneó a Casares Quiroga, quién le ordenó que resistiera a toda costa, diciéndole que la Marina y las fuerzas aéreas le proporcionarían ayuda al día siguiente. Pero el alto comisario se encontraba encerrado en su propia casa, acompañado por unos oficiales que se mantenían leales.[42] En el exterior, la 5ª Bandera de la Legión, al mando de Antonio Castejón, estaba cavando trincheras en la plaza.[43] Poco después, el comandante De la Puente Bahamonde (primo del General Franco), telefoneaba al Alto Comisario desde el Aeródromo de Sania Ramel para decir que él y su escuadrilla aérea permanecerían leales al gobierno. Resistid, resistid, les animó Álvarez Buylla, tal como Casares le había alentado a él. Pero, lo cierto, es que para entonces, la residencia del Alto Comisario y el aeródromo de Sania Ramel eran los únicos puntos de Tetuán que no habían caído en manos de los coroneles sublevados, quienes (al igual que sus compañeros de armas de Melilla), habían aplastado toda resistencia de los grupos sindicalistas o de izquierdas y republicanos.[42]

Organización administrativa del Protectorado de Marruecos.

El Coronel Beigbeder, acudió a informar al jalifa Muley Hassan, y al gran visir de Tetuán de lo que estaba pasando, y consiguió su apoyo.[42] Muley Hassan era un títere de España desde 1925 y no tardaría en proporcionar ayuda física, en forma de voluntarios marroquíes. En Ceuta, a las 11 de la noche, Yagüe con la 2ª Bandera de la Legión se apoderó de la ciudad fácilmente, sin necesidad de disparar ni un solo tiro.[42] En Larache, la única ciudad importante que quedaba en el Marruecos español, en la costa atlántica, la sublevación se produjo a las 2 de la madrugada del 18 de julio, encontrándose con una encarnizada lucha. Murieron 2 oficiales rebeldes y 5 guardias de asalto fieles al gobierno, pero al amanecer toda la ciudad estaba en manos de los rebeldes, y todos los escasos efectivos que se habían mantenido fieles al gobierno, habían sido encarcelados, fusilados o habían huido al Marruecos Francés.[42]

Para esas horas, en Tetuán, el Comandante De la Puente Bahamonde había rendido el aeródromo (no sin antes haber inutilizado los aviones de su escuadrilla) ante el cerco de los hombres de Saénz de Buruaga. Al atardecer del 18 de julio, acababa en África (concretamente en Tetuán) la última resistencia republicana.[44] La lucha en África había sido corta pero encarnizada, y dejó huella en el Ejército y en la población civil. El general en jefe del Ejército de África, Gómez Morato, estaba en la cárcel, y el comandante de la Circunscripción Oriental, Romerales, había sido fusilado (el comandante de la Circunscripción Occidental, el General Capaz, se encontraba en Madrid de permiso).[44] En la Legión Extranjera, el inspector fue destituido junto con el comandante de la 1ª Bandera, mientras que el comandante de la 2ª Bandera, Yagüe, asumió el mando general. De los 5 jefes de tropas nativas, 3 (los coroneles Asensio, Barrón y Delgado Serrano) se unieron a la sublevación; El cuarto, el coronel Caballero, fue fusilado en Ceuta por negarse a unirse al Alzamiento mientras que el quinto, Romero Bassart, se había opuesto y huyó al Marruecos francés.[45]

Canarias[editar]

El miércoles 15 de julio el general Franco, Comandante General de Canarias, recibe en Santa Cruz de Tenerife la noticia de que el avión Dragon Rapide que ha de trasladarle al Protectorado español de Marruecos para encabezar el Ejército Español de África que está previsto que se subleve el sábado 18 de julio, ya se encuentra en la aeródromo de Gando en la isla de Gran Canaria. Se traslada allí por vía marítima desde la isla de Tenerife sin levantar sospechas gracias a que tiene que asistir al entierro del general Amado Balmes, comandante militar de Las Palmas, que acaba de morir, y el día de la celebración del sepelio, el viernes 17 de julio, conoce que la sublevación en el Protectorado se ha adelantado y que ha comenzado esa misma tarde. A primeras horas del sábado 18 de julio el general Franco sale del hotel donde ha pasado la noche y se dirige a la Comandancia Militar de Las Palmas desde donde proclama el estado de guerra en todo el archipiélago. Todos los edificios oficiales son tomados por los militares sublevados y los gobernadores civiles de las dos provincias son detenidos. En Las Palmas se declara la huelga general pero el intento de algunos grupos de obreros de llegar al Gobierno civil es impedido por las fuerzas militares. En Santa Cruz de Tenerife, donde se encuentra el general Orgaz por haber sido desterrado allí por orden del gobierno, la resistencia obrera al golpe es mayor y las tropas han de salir a la calle. Ese mismo día 18 de julio se da a conocer en Tenerife un Manifiesto redactado por el general Franco en el que justifica el alzamiento militar y que termina con vivas a España y al "honrado pueblo español". A mediodía el archipiélago canario está bajo el control de los sublevados.[46]

A las diez de la mañana del sábado 18 de julio se recibe en Santa Cruz de Tenerife un telegrama del coronel Eduardo Sáenz de Buruaga desde Tetuán en el que se comunica que todo el Protectorado de Marruecos está bajo el control de los sublevados y de que el avión que ha de transportar al general Franco hasta allí puede aterrizar sin problemas en el mismo Tetuán o en Larache. A las dos de la tarde de ese día despega de Gando el Dragon Rapide rumbo a Casablanca a donde llega hacia las nueve de la noche, después de repostar en Agadir (la familia del general Franco había embarcado en el buque alemán "Waldi" que les llevaría a Lisboa). Después de pernoctar en Casablanca el general Franco hace su entrada en Tetuán, la capital del Protectorado, a las siete y media de la mañana del domingo 19 de julio, después de que su avión hubiera aterrizado sin novedad.[47]

El bloqueo del estrecho de Gibraltar[editar]

Infografía que narra el cruce del estrecho de Gibraltar por algunas unidades sublevadas del Ejército de África entre el 18 y el 20 de julio de 1936.[48]

En cuanto el gobierno republicano de Casares Quiroga tuvo las primeras noticias de la sublevación en el Protectorado español de Marruecos en la tarde del viernes 17 de julio, ordenó a la aviación y a la marina de guerra que bombardearan las posiciones de los rebeldes en el norte de África. Asimismo el ministro de Marina José Giral ordenó que varios barcos de guerra se dirigieran al estrecho de Gibraltar para que bloquearan el paso a la península de las tropas coloniales. Gracias a que las dotaciones de esos barcos se rebelaron contra sus oficiales, que estaban comprometidos en el golpe, los sublevados no pudieron disponer inicialmente del Ejército de África, compuesto por la Legión Extranjera y los regulares (tropas formadas por marroquíes mandados por oficiales españoles).[49]

Fokker F.VIIb de la Escuadrilla del Sáhara desembarcando tropas marroquíes en los primeros días del puente aéreo del Estrecho.

Para realizar las acciones aéreas fueron rápidamente reconvertidos aviones comerciales Douglas DC-2 y Fokker F.VII que despegaron del aérodromo de Tablada (Sevilla) para realizar una serie de incursiones en los días 17 y 18 de julio sobre Melilla (donde fue alcanzado el cuartel de la Legión Extranjera), Ceuta, Larache y Tetuán. En esta última localidad, que era la capital del Protectorado, se lanzaron 8 bombas que alcanzaron el edificio del Alto Comisariado pero también la mezquita y sus alrededores, causando numerosas víctimas. "Al final lo que consiguió este bombardeo fue irritar a los marroquíes y aglutinarles alrededor de los sublevados".[50]

Por su parte la Marina de Guerra de la República Española también bombardeó esas posiciones. El 20 o el 21 de julio el destructor Sánchez Barcáiztegui bombardeó Ceuta (también es posible que participaran otros destructores como el Libertad). Al parecer el día 22 el Cervantes junto con otros destructores bombardearon Algeciras y La Línea de la Concepción. El 25 el acorazado Jaime I, el crucero Libertad y el crucero Miguel de Cervantes bombardearon de nuevo Ceuta y al día siguiente Melilla siendo hostigados por aviones Breguet 19 que habían quedado en manos de los sublevados. El 2 de agosto volvieron a bombardear Ceuta, además de Algeciras y Tarifa.[51]

Por su parte los sublevados consiguieron controlar el aeródromo de Tablada una vez que las tropas de general Queipo de Llano dominaran Sevilla y allí el general Kindelán organizó inicialmente con tres aviones Fokker F.VII un pequeño puente aéreo con Marruecos, llevando a grupos de legionarios (10 a 15 por vuelo) de Tetuán a Tablada, a los que después se unirían dos Dornier J Wall de la Armada, un Douglas DC-2 y otro Fokker F.VII (estos dos últimos aviones de la LAPE). Pero el auténtico puente aéreo comienza a finales de julio con la llegada al Protectorado Español de Marruecos de los primeros veinte aviones de transporte alemanes Junkers Ju 52, que se podían convertir fácilmente en bombarderos, acompañados por cazas, y cuatro días después, el 30 de julio, de los primeros nueve Savoia-Marchetti S.M.81 italianos. Con estos medios aéreos los sublevados también consiguieron la superioridad aérea en el estrecho pero no la naval por lo que sólo consigue cruzarlo el 5 de agosto una pequeña flota llamada por la propaganda de los sublevados "Convoy de la Victoria" (que transportaba unos mil hombres).[52] En el puente aéreo entre Marruecos y la Península se trasportaron entre finales de julio y finales de octubre de 1936 más de 13.000 legionarios y regulares del Ejército de África.[53] El 7 de agosto en represalia por el paso del "Convoy de la Victoria", el Libertad y el Jaime I bombardean Algeciras, donde hundieron al cañonero Dato e inutilizaron al guardacostas Uad Kert, y Cádiz.

La superioridad aérea conseguida por los sublevados gracias a los aparatos enviados por la Alemania nazi y la Italia fascista permitió el acoso a los buques republicanos que bloqueaban el estrecho, como ocurrió el 13 de agosto cuando el acorazado Jaime I fue alcanzado por dos Junkers Ju 52 alemanes mientras carboneaba en el puerto de Málaga. Al día siguiente, el acorazado zarpó rumbo a Cartagena para reparar averías. El puerto de Málaga fue bombardeado por los Savoia-Marchetti S.M.81 italianos los días 22, 30 y 31 de agosto, y el aeropuerto los días 27, 30 y 31 del mismo mes.[54]

Sublevación en la Península y las islas Baleares (del 18 al 21 de julio)[editar]

Sevilla[editar]

Mapa de los principales combates en Sevilla y alrededores entre el 19 y el 23 de julio.[55]

El día 18 de julio a las dos de la tarde una parte de la guarnición de Sevilla se sublevó contra el Gobierno. El día antes los golpistas del Ejército Español de África se habían apoderado del protectorado español de Marruecos pero en la Península no había habido aún ninguna sublevación. Los golpistas sevillanos arrestaron al general José Fernández de Villa-Abrille, que estaba al mando de la 2ª División Orgánica y por tanto de todo el Ejército en Andalucía, y pusieron en su lugar al general Gonzalo Queipo de Llano. Rápidamente se hicieron con el control de los principales regimientos de la ciudad y de instalaciones estratégicas como el Parque de Artillería. Solo permanecieron leales al Gobierno, representado en Sevilla por el gobernador civil José Mª Varela Rendueles, la Guardia de Asalto y la Base Aérea de Tablada, así como algunos voluntarios de partidos de izquierda.

Los sublevados intentaron apoderarse del Gobierno Civil pero se encontraron con una dura resistencia por parte de los guardias de Asalto, a los que solo lograron doblegar cuando se incorporó al combate una batería de artillería.[56] [57] El gobernador Varela se rindió a las ocho de la tarde y en las horas siguientes se rindieron sucesivamente el cuartel de la Guardia de Asalto y la base de Tablada. Entre tanto otras guarniciones de Andalucía se habían sublevado tras recibir la señal de Queipo de Llano. El golpe triunfó en Córdoba y en la provincia de Cádiz, y fracasó en Málaga.

Un número desconocido de milicianos de izquierda levantó barricadas en los barrios populares de Triana, la Macarena y San Bernardo y se dispuso a resistir con armas ligeras. Desde la provincia de Huelva el Gobierno envió refuerzos: unos 120 guardias civiles y de asalto y una columna de mineros con dinamita.[58] Sin embargo el jefe de los guardias se pasó a los sublevados y el 19 por la mañana tendió una emboscada a los mineros, a los que aniquiló en la Pañoleta.[59] Por su parte los sublevados sí que recibieron refuerzos: tropas de la Legión y de Regulares llegadas por tierra y por aire.[60]

El día 20 los militares golpistas lanzaron ataques contra Triana y contra la plaza de San Marcos, siendo ambos repelidos. Al día siguiente una nueva ofensiva sobre Triana, con más tropas y más organizada, acabó con la resistencia del barrio. El día 22 los golpistas asaltaron y tomaron la Macarena y los restantes barrios controlados por las milicias de izquierda. Durante estos combates los sublevados fusilaron a todo resistente o sospechoso de serlo, muriendo un número desconocido de combatientes y de civiles. En los meses siguientes continuaron los fusilamientos, estimándose que fueron ejecutadas entre 3.000 y 6.000 personas.[61] En el bando opuesto murieron un total de 13 personas, incluyendo tanto bajas en combate como civiles linchados por partidarios del Gobierno.[62] Sevilla se convirtió en una de las bases principales de los sublevados, que desde allí lanzaron ofensivas sobre Huelva (julio 1936), Madrid (por Extremadura) (agosto 1936) y Málaga (enero-febrero 1937).

Resto de Andalucía[editar]

En Andalucía el golpe de estado triunfó en la cuenca baja del Guadalquivir, Sevilla, Cádiz, Huelva y en parte de la provincia de Córdoba, incluida la capital, pero fracasó en las otras cuatro provincias, excepto en la ciudad de Granada, quedando esta provincia y las de Málaga, Almería y Jaén, con sus respectivas capitales, del lado del bando leal a la República. "El control de Andalucía occidental fue esencial para el futuro del alzamiento, puesto que actuó, efectivamente, de cabeza de puente para el traslado aéreo y naval a la Península de las fuerzas de Marruecos".[63]

En Huelva, al no haber guarnición militar, todo dependía de la actitud de las fuerzas del orden (Guardia Civil, Guardia de Asalto y Carabineros), que en principio no se sublevaron. Sin embargo cuando desde Huelva se envió una columna de auxilio en dirección de Sevilla integrada por fuerzas de orden público al mando del comandante Haro éste se pasó al bando sublevado. En seguida se formó en Sevilla una columna al mando del nuevo alcalde de la ciudad, el capitán de corbeta Ramón de Carranza, que tomó Huelva el 29 de julio, aunque la totalidad de la provincia no fue controlada por los sublevados hasta finales de agosto, desatándose una fuerte represión contra los militantes y dirigentes de las organizaciones republicanas y obreras.[64]

En Cádiz el gobernador militar, el general López Pinto, tras ponerse en en contacto con el general Gonzalo Queipo de Llano que encabezaba la sublevación en Sevilla, capital de la II División Orgánica, comenzó la rebelión a mediodía del sábado 18 de julio, aunque el que tomó el mando de las operaciones fue el general José Enrique Varela, que desde el mes de abril estaba desterrado en Cádiz por orden del gobierno, como sospechoso de intentar un golpe de estado. Varela inmediatamente bloquea el istmo que une la ciudad con tierra firme, se apodera de la emisora Radio Cádiz y ordena disparar contra los edificios del Ayuntamiento y del Gobierno Civil pero no consigue que el gobernador civil, Mariano Zapico Menéndez, militar retirado, se rinda. Mientras tanto pequeños grupos de leales a la República levantan barricadas en el centro de la ciudad y se producen algunos incendios. A las seis de la mañana del día siguiente, domingo 19 de julio, desembarcan en el puerto de Cádiz un Tabor de Regulares y un Escuadrón sin caballos procedentes de Ceuta a bordo del destructor Churruca (cuya marinería se acabaría amotinando contra sus oficiales sublevados) y el mercante "Ciudad de Algeciras". Ante la llegada de estos refuerzos el gobernador civil se rinde y el ayuntamiento y el Palacio de Comunicaciones son invadidos poco después por las fuerzas sublevadas. Así el domingo 19 la ciudad quedó dominada por los militares rebeldes gracias a la llegada de las primeras fuerzas del Ejército Español de África. A principios de agosto el resto de la provincia de Cádiz también estaba en manos de los sublevados, que encontraron resistencia en algunos lugares como la base naval de San Fernando o en la Línea de la Concepción, donde tubo que intervenir el 2º Tabor de Regulares de Ceuta que había desembarcado el día 19 en el puerto de Algeciras.[65]

En la ciudad de Córdoba el coronel Ciriaco Cascajo siguiendo instrucciones del general Queipo de Llano subleva su regimiento y proclama el estado de guerra a las cinco de la tarde del sábado 18 de julio. Al día siguiente, después de conseguir el apoyo de la Guardia Civil, ordena cañonear el edificio del Gobierno Civil y el gobernador civil Antonio Rodríguez de León se rinde casi de inmediato. La ciudad queda bajo el control de los sublevados pero una parte importante de la provincia se mantiene fiel a la República.[66]

En Granada el gobernador militar, el general Miguel Campins, recién nombrado, permanece leal al gobierno. Así los días 18 y 19 la situación permanece en calma y el gobernador civil César Torrres Martínez se niega a repartir armas entre las organizaciones obreras que se las reclaman. Pero el lunes 20 de julio parte de la oficialidad comprometida con la rebelión se subleva y obliga al general Campíns a declarar el estado de guerra y el gobernador civil es detenido y sustituido por el comandante Valdés, que había mandado hasta entonces las milicias de Falange. Poco después es detenido el propio general Campins. Se inicia entonces una fuerte represión en los barrios populares como el Albaicín, donde los sublevados tienen que usar la artillería para controlar el barrio que resiste hasta el jueves 23 de julio. El sábado 25 de julio se presenta en la ciudad el general Orgaz procedente de Algeciras. Pero la provincia permanece fiel a la República, como había sucedido en parte de la de Córdoba, por lo que a principios de agosto una Bandera de la Legión Extranjera es acuartelada en la ciudad para reforzar su defensa.[67]

En Almería el intento de sublevación se produjo en la madrugada del martes 21 de julio pero los militares rebeldes fueron derrotados gracias a que las fuerzas de seguridad, carabineros y Guardia Civil, se mantuvieron fieles al gobierno, las organizaciones obreras recibieron armas del gobernador civil, y sobre todo gracias a la intervención de un grupo de fuerzas militares llegadas desde el aeródromo de Armilla en Granada y a la llegada al puerto del destructor Lepanto cuya marinería se había puesto del lado de la República. Así las fuerzas sublevadas comandadas por el teniente coronel Huerta Topete acabaron rindiéndose, y tanto la ciudad de Almería como su provincia permanecieron leales.[68]

En Jaén no había una guarnición militar por lo que el triunfo del golpe dependía enteramente de la actitud que tomara la Guardia Civil. Su mando superior, el teniente coronel Pablo Iglesias Martínez, se mantuvo fiel a la República pero otros mandos intentaron sublevarla pero no consiguieron que se sumaran a la rebelión todos sus efectivos y además se encontraron con la oposición de las organizaciones obreras que habían sido armadas por orden del gobernador civil Luis Rius Zunón. Un contingente de guardias civiles se refugió en el Santuario de la Virgen de la Cabeza en plena Sierra Morena cerca de Andújar. Allí unos 300 hombres con sus familias al mando del capitán Santiago Cortés resistieron hasta mayo de 1937. Su "gesta" se convirtió en una poderosa arma de propaganda para el bando sublevado durante la Guerra Civil e incluso después durante la dictadura franquista.[69]

En Málaga la iniciativa la tomó el capitán Huelin que sacó la tropa a la calle en la tarde del sábado 18 de julio, proclamó el estado de guerra y avanzó hacia el gobierno civil. Pero el gobernador militar, el general Fernando Patxot, que estaba a favor de la sublevación, no ordenó el uso de la artillería para conseguir la rendición del gobernador civil. Esto unido a que la Guardia de Asalto y los Carabineros no se sumaron a la sublevación hizo que las posibilidades de éxito del golpe fueran muy reducidas. Y entonces se produjo una insurrección obrera en la ciudad y se formó un Comité de Salud Pública que se hizo con el poder. Los militares sublevados fueron detenidos y fusilados; hubo destrucciones e incendios, y en las semanas siguientes se desató una fuerte represión contra las personas de derechas. Cuando la ciudad fue tomada en febrero de 1937 por el bando sublevado se desató una represión similar de signo contrario.[70]

Castilla y León[editar]

En Valladolid, cabeza de la VII División Orgánica, el general al mando de ella, el general Nicolás Molero Lobo recibió la visita del general Andrés Saliquet y del general Ponte a las diez de la noche del sábado 18 de julio para que se uniera a la sublevación, y se produce un intercambio de disparos en su despacho a consecuencia de los cuales muere un civil y los dos militares ayudantes de Molero y resulta herido el militar ayudante de Saliquet. Molero también es herido y es detenido. El general Saliquet se hace cargo con el mando de la división y la subleva. Por su parte el general Ponte sustituye al gobernador civil Lavín, que había escapado en la madrugada del 18 al 19 de julio, ya que las fuerzas de orden público, guardia de asalto y guardia civil, se habían sumando a la rebelión. Esa madrugada es declarado el estado de guerra y las fuerzas militares, apoyadas por milicias falangistas, ocupan los puntos claves de la ciudad. A continuación se desata una fuerte represión contra las organizaciones republicanas y obreras.[71]

El resto de las capitales integradas en la VII División Orgánica cumplieron la orden recibida desde Valladolid de declarar el estado de guerra el domingo 19 de julio. En Segovia corrió a cargo del Regimiento de Artillería y de los oficiales de la Academia de Artillería. En Ávila la decisión del alzamiento se debió a la Guardia Civil, que detuvo al gobernador civil, el anciano escritor liberal Manuel Ciges Aparicio, que fue fusilado poco después. En Zamora el regimiento de Infantería de Toledo nº 25 controló rápidamente la siutación, mientras el gobernador civil Tomás Martín Hernández huía a Portugal. En Salamanca hubo alguna resistencia al golpe en la Plaza Mayor donde se produjeron algunos incidentes y alguna víctima. Después se produjo una notable represión contra las fuerzas de izquierda. En todas estas ciudades el mecanismo del golpe fue similar: "la salida a la calle de las fuerzas controladas por los conjurados, la declaración del estado de guerra, la liquidación rápida y fuertemente represiva de los intentos de resistencia".[72] En León (que estaba integrada en la VIII División Orgánica con capital en La Coruña) los militares implicados en la sublevación tuvieron que esperar a que abandonara la ciudad la columna de mineros asturianos que se dirigía a Madrid y que había llegado el día 19, siendo sus miembros armados por orden del inspector general del Ejército, general Juan García y Gómez Caminero que había sido enviado desde Madrid por orden del gobierno. Los militares conjurados declaran el estado de guerra el lunes 20 de julio y controlan rápidamente la ciudad y su aérodromo militar.[73]

En Burgos, cabeza de la VI División Orgánica (que además de Burgos, Soria y Palencia, también incluía el País Vasco, Navarra y La Rioja), el general que la dirigía Domingo Batet Mestres, que había destacado por su moderación en la represión de la Revolución de Octubre de 1934 en Barcelona y que acababa de sustituir al general De la Cerda que se había mostrado favorable a la sublevación, el 17 de julio detiene al general González de Lara que mandaba la Brigada de Infantería acuertalada en Burgos y que está implicado en la sublevación, pero Batet es finalmente detenido por su jefe del Estado Mayor el coronel Fernando Moreno Calderón que cuenta con el apoyo incondicional del resto de jefes y oficiales de la cabecera de la División. El general Batet es fusilado poco después por haberse mantenido fiel al gobierno de la República y no haberse sumado a la rebelión. No hay ningún conato de resistencia en Burgos sino que la gente que sale a la calle lo hace para vitorear al ejército. Mientras que el gobernador civil es sustituido por el general retirado Fidel Dávila, el alcalde sigue siendo el mismo, el derechista Luis García Lozano. En Palencia la sublevación militar triunfa fácilmente y en Soria la iniciativa la toma la Guardia Civil, pero el triunfo definitivo se produce gracias a la llegada de la columna de García Escámez que había salido de Pamplona en dirección a Madrid, y que ya había intervenido en la "pacificación" de La Rioja. Así Castilla y León se constituye en el territorio más extenso dominado completamente por los militares sublevados.[74]

Galicia[editar]

Galicia formaba, junto con la provincia de León, la VIII División Orgánica, mandada por el general Enrique Salcedo Molinuevo que tenía su cuartel general en La Coruña. El general Salcedo fue requerido por el general Mola para se sumara a la sublevación el domingo 19 de julio pero se mostró dubitativo por lo que la iniciativa la tomó el lunes día 20 de julio el Jefe de Estado Mayor de la división, el teniente coronel Luis Tovar que detiene al general Salcedo y al gobernador militar de La Coruña el general Rogelio Caridad Pita fiel a la República y cañonea el edificio del gobierno civil, donde el gobernador Francisco Pérez Carballo había intentado resistir al golpe apoyado por la guardia de asalto que no se había sumado a la sublevación, al contrario de la Guardia Civil. El gobernador civil y doscientas personas más son detenidas y fusiladas poo después. Hasta el miércoles 22 de julio aún hay conatos de resistencia en la ciudad.[75]

Donde se produjo mayor oposición al golpe fue en la base naval y arsenal de Ferrol. Allí tras conocerse la sublevación en el protectorado de Marruecos y ante las dudas de la oficialidad comprometida en el golpe, la marinería se hace con el control de la base el domingo 19 de julio (resultando muerto el jefe de la base el teniente de navío Carlos Núñez de Prado), pero no del arsenal. El martes 21 de julio los marineros, al no ser capaces de sacar los barcos de la base, se ven obligados a rendirse ante el ataque de las fuerzas del ejército y de la Guardia Civil. El contralmirante Azarola, jefe de la base y del arsenal de Ferrol, al mantenerse fiel a la República fue fusilado. En el resto de ciudades gallegas, Vigo, Santiago de Compostela, Ourense y Lugo, el golpe militar triunfó fácilmente entre los días 20 y 21 de julio y no se produjo ningún conato de resistencia importante.[76]

Navarra, el País Vasco y la Rioja[editar]

El núcleo fundamental de la sublevación militar en la VI División Orgánica lo constituía Pamplona y Navarra porque allí estaba el general Mola, "el Director", que había organizado el golpe en toda España y en el Protectorado de Marruecos con la colaboración de Raimundo García García, "Garcilaso", director de Diario de Navarra y diputado del Bloque de derechas. Sin embargo, en Pamplona la rebelión no se inició hasta el amanecer del domingo 19 de julio cuando se proclamó el estado de guerra y las milicias carlistas requetés se congregaron en la Plaza del Castillo. En toda Navarra la sublevación triunfó sin oposición, gracias al despliegue de las milicias carlistas requetés, que venían preparándose militarmente desde 1932 y cuyos mandos incluso habían recibido entrenamiento militar y armamento en la Italia de Mussolini. El apoyo de 8.000 requetés había sido negociado por Mola, con la ayuda de Garcilaso y el conde de Rodezno, y convenido con los máximos representes del carlismo reunidos en Biarritz. La sublevación se inició con el asesinato del comandante de la Guardia Civil José Rodríguez Medel, tras negarse este, en conversación con el general Mola, a sumarse a las fuerzas golpistas. En la mañana del 19 de julio fueron detenidos las principales figuras políticas y sindicales del ámbito republicano, que no podían ofrecer ninguna resistencia armada, y ese mismo comenzaron a ser ejecutadas en los alrededores de Pamplona. Al día siguiente, lunes 20 de julio, salieron de la capital navarra columnas de militares y de requetés para "pacificar" la Ribera navarra[77] y dirigirse posteriormente hacia Aragón y los frente de guerra.

La sublevación también triunfa el 19 de julio con facilidad en Álava gracias de nuevo a la activa participación de los requetés y a la movilización popular en apoyo de los militares sublevados (dirigidos por el coronel Campos Guereta, el coronel Abreu y el teniente coronel Camilo Alonso Vega), de forma que ha podido hablarse de una "nueva Covadonga insurgente".[78] En San Sebastián, en cambio, la situación estuvo indecisa al principio a causa de la indecisión del gobernador militar, el coronel León Carrasco Amilibia. El martes 21 la guarnición y la Guardia Civil intentan sublevarse, pero las fuerzas leales y las milicias obreras socialistas, anarquistas y nacionalistas del PNV organizan la resistencia en Eibar. Los militares sublevados se hacen fuertes en el Hotel María Cristina y en el cuartel de Loyola en San Sebastián donde resistirán hasta el 29 de julio. Ni en Bilbao ni en el resto de Vizcaya hubo rebelión militar. Así pues, el País Vasco quedó dividido en una zona leal compuesta por Guipúzcoa y Vizcaya y otra sublevada integrada por Álava, que constituyó junto con Navarra uno de los núcleos más importantes y activos de la zona sublevada.[79]

En Logroño los militares sublevados al mando del coronel José Solchaga proclamaron el domingo 19 de julio el estado de guerra y detuvieron al gobernador civil. Al día siguiente llegó a La Rioja una columna procedente de Pamplona comandada por García Escámez que participó en las tareas de represión de las organizaciones republicanas y obreras y detuvo al gobernador militar el general Víctor Carrasco Amilibia que sería conducido a Pamplona.[80]

Cantabria y Asturias[editar]

En Santander la falta de órdenes concretas desde la jefatura de la VI División orgánica situada en Burgos junto con la descoordinación de algunos de los militares comprometidos hizo fracacasar la sublevación sin que se produjera un solo disparo.[81]

El comandante general de Asturias, el coronel Antonio Aranda, comprometido con la sublevación militar, consiguió engañar a las organizaciones obreras y republicanas haciéndoles creer que se mantenía leal al gobierno republicano. Así organiza una reunión en Oviedo con el gobernador civil, Isidro Liarte Lausín, con el alcalde de Oviedo, con líderes republicanos y con los líderes obreros socialistas Ramón González Peña, Amador Fernández y Antuña y el comunista Manso y les convence para que envien en auxilio de Madrid una columna de mineros compuesta de 6000 hombres aunque se niega a proporcionarles armas (la columna tuvo su primer tropiezo en Ponferrada (León) después de lo cual, unos hombres volvieron a Asturias y otros continuaron hacia Madrid). Se formó una segunda columna, llamada "Columna de Acero", pero no pasó de León. Aprovechando la salida de las fuerzas obreras de Asturias el coronel Aranda se hizo fuerte en el cuartel de infantería Oviedo y proclamó el estado de guerra. Desde Radio Asturias lanzó una alocución en la que justificaba su rebelión para devolver el orden a la República. Así se hizo fuerte en Oviedo contando con unos 5.000 hombres, que incluían guardias civiles, guardias de asalto y unos centenares de falangistas. Al día siguiente comienza el sitio de Oviedo por las fuerzas leales que controlan el resto del Principado.[82]

En Gijón se subleva el Regimiento de Infantería Simancas al mando del coronel Pinilla que declara el estado de guerra, pero la Guardia Civil y la Guardia de Asalto se mantiene en un posición indecisa y se producen deserciones entre las fuerzas sublevadas. Así las fuerzas que siguen a Pinilla no tienen más remedio que refugiarse en el cuarte del Regimiento. Comienza entonces el sitio del cuartel por las fuerzas leales. Conseguirán resistir un mes más, hasta el 21 de agosto, día en que una bomba de las fuerzas republicanas cae sobre una techumbre del cuartel y Pinilla muere en una acción desesperada. La llegada a aguas cercanas al puerto de Gijón de buques de guerra sublevados como el Almirante Cervera y luego el España y el Velasco no habían conseguido levantar el asedio.[83]

Aragón[editar]

El único general jefe de División Orgánica que estaba comprometido claramente con la sublevación era Miguel Cabanellas que encabeza la V División Orgánica cuyo cuartel general era Zaragoza. Cabanellas era masón y republicano pero Mola lo convenció para que se sumase al "movimiento". El gobierno el mismo sábado 18 de julio al conocerse las intenciones de Cabanellas intenta primero que éste vaya a Madrid y después envía a Zaragoza al general Miguel Núñez de Prado, director general de Aeronáutica, para que lo releve en el mando de la división, pero nada más bajar del avión es detenido, enviado a Pamplona y luego fusilado. Ese mismo día el general Cabanellas ordena la detención de muchos dirigentes de los partidos republicanos y las organizaciones obreras (aunque algunos consiguieron escapar) para desactivar la posible resistencia obrera y popular al golpe, que finalmente consuma en la madrugada del día siguiente, domingo 19 de julio, al proclamar el estado de guerra y conseguir la adhesión a la insurrección de la guardia civil y de la guardia de asalto. El gobernador civil Vera Coronel es depuesto y las armas que el gobierno le había ordenado que entregara a los sindicatos obreros son enviadas de inmediato a Pamplona para armar a las milicias requetés. Pero el lunes 20 de julio se convoca la huelga general en Zaragoza (en su ayuda unos aviones republicanos venidos de Barcelona arrojan algunas bombas) que se mantendrá hasta el día 24 , cuando llega a Zaragoza una columna de requetés navarros al mando del teniente coronel Utrilla.[84]

En el resto de las poblaciones importantes sólo Jaca ofrece resistencia al golpe gracias a un grupo de guardias civiles leales a cuyo frente está el alcalde, que morirá en el enfrentamiento con el ejército. Las otras dos capitales aragonesas, Huesca y Teruel, también caen bajo el control de los sublevados. Así Aragón queda dividida en dos franjas norte-sur, una occidental dentro de la zona sublevada y otra oriental que los sublevados no logran controlar y que permanecerá en la zona leal, gracias a que, una vez sofocada la sublevación en Cataluña, desde allí salen diversas columnas, en su mayoría integradas por milicianos de la CNT, para intentar recuperar Aragón y fundamentalmente Jaca, Huesca y Zaragoza.[85]

Madrid[editar]

En Madrid se encontraba la principal concentración de fuerzas militares. La organización militar territorial se componía de los cuarteles de la Iª División Orgánica, once regimientos, cuatro batallones independientes, dos grupos de artilleros especializados, las fuerzas y parques dimisionarios y de cuerpo de ejército, el depósito de Remonta, algunas escuelas militares y la administración de los ejércitos. En la ciudad misma había cuarteles como el de Conde Duque o el Cuartel de la Montaña pero la mayoría de ellos se encontraba en la periferia de la ciudad, en El Pardo, Vicálvaro, Leganés, Carabanchel, etc., así como los aeródromos militares de Getafe y Cuatro Vientos con ocho escuadrillas operativas, junto con el recién estrenado de Barajas, de uso civil. En total la guarnición de Madrid se componía de unos 8.000 hombres, más 6.000 de las fuerzas de orden público.[86] [87]

La sublevación en el Protectorado de Marruecos fue conocida en Madrid en la misma tarde-noche del viernes 17 de julio (hecho que recogen los periódicos madrileños en portada al día siguiente) y a lo largo del sábado 18 van llegando las noticias de sublevaciones en las guarniciones de la península. Esto provoca la movilización de las organizaciones obreras que exigen al gobierno que les de armas para detener la sublevación en Madrid, a lo que se negaron tanto el gobierno de Casares Quiroga (que dimitió en la noche del sábado 18) como el que le sustituyó presidido por Diego Martínez Barrio (y que sólo duró un día: de la noche del sábado 18 a la noche del domingo 19). Finalmente el gobierno presidido por José Giral, el tercero que se formó mientras se desencadenaba el golpe militar, accedió en la noche del domingo 19 al lunes 20 a dar armas a las organizaciones obreras UGT y CNT que declararon la huelga general (aunque el sector de la construcción, cuyo sindicato anarquista presidía Cipriano Mera, ya llevaba un mes en huelga por motivos salariales) y publicaron manifiestos para apoyarla. Pero 45.000 de los 50.000 fusiles de los Parques de Artillería de Madrid que se repartieron entre los obreros no tenían cerrojos, pues estaban almacenados en otro lugar (el Cuartel de la Montaña), una precaución que tomó en 1934 el Ministro de la Guerra de la CEDA Diego Hidalgo para evitar que un asalto a las armas diera lugar a su posible uso inmediato.[88]

El plan que había diseñado el general Mola para Madrid y que había confiando a tres generales (el general Fanjul, el general García de la Herrán y el general Villegas) consistía en sublevar los cuarteles de la periferia y luego converger sobre el centro, pero la situación de la conspiración en Madrid era completamente caótica: nadie parecía saber qué hacer y Mola no había conseguido coordinar las acciones de los conspiradores y no se conocía la actitud de los oficiales del ejército que rodeaban a Joaquín Fanjul o si el comandante de la 1ª Brigada de Infantería (el general Miaja) estaba o no con los rebeldes (Miaja se mantuvo leal y llevó algunas acciones para intentar detener la sublevación).[89] En el último minuto ni siquiera se sabía quién dirigía la sublevación en Madrid, si Fanjul, García de la Herrán o Villegas.[90] Según los planes iniciales de Mola se debía hacer cargo de la I División Orgánica el general Fanjul, según unos historiadores,[91] o el general Rafael Villegas, según otros,[92] y por su parte el general García de la Herrán debía sublevar el agrupamiento militar de Carabanchel y alrededores, en el sur de Madrid.[93]

La instrucción de última hora enviada, procedente de Mola a los tres generales de Madrid es la de contemporizar con el Gobierno hasta la llegada de tropas del norte, y en caso de verse copados sacar las tropas de los cuarteles y dirigirse a la Sierra de Madrid.[cita requerida]

El General Fanjul debido al cariz de los acontecimientos pensaba viajar a Burgos, pero una visita del comandante Castillo a su vivienda le hizo cambiar de opinión y se personó a mediodía del domingo 19 de julio en el Cuartel de la Montaña vestido de paisano y acompañado de su hijo.[94] Durante estas horas intentó comunicarse con el Campamento de Carabanchel, pero se interrumpió la comunicación al ser intervenida por el Gobierno. Las piezas de artillería de 7.5 milímetros no pudieron utilizarse debido a las operaciones de mantenimiento a la que se veían sometidas desde días antes.[95] Entre tanto, el gobierno republicano se decidió finalmente a repartir fusiles entre los militantes de la CNT y de la UGT.[96] En este instante se planteó el problema de que sólo 5.000 de los fusiles entregados tenían cerrojo y que los miles de cerrojos restantes estaban en el Cuartel de la Montaña. El ministro de la Guerra ya había ordenado al coronel Serra, al mando del cuartel, que los entregara pero se negó rotundamente y la Dirección General de Seguridad cortó las comunicaciones del cuartel. Su negativa a hacerlo señaló el comienzo de la sublevación militar en Madrid.[97] En el bando de declaración del estado de guerra que proclamó el general Fanjul desde el Cuartel de la Montaña se decía que "el ejército no sale de los cuarteles combatiendo a ningún régimen, sino a los hombres causantes de la situación actual que lo han deshonrado". Acababa dando, entre otros, un "¡Viva!" a la República, aunque habla también de someter a consejos de guerra a los que se opongan al golpe.[98]

Placa conmemorativa franquista de 1970

A lo largo del día 19 se habían ido reuniendo oficiales de otros cuarteles y bastantes civiles partidarios de la sublevación, como falangistas y monárquicos.[99] Al día siguiente lunes 20 de julio los rebeldes intentaron lanzarse a las calles de la capital, pero para entonces ya se había reunido ante las puertas del Cuartel de la Montaña una multitud, alrededor de 8.000 personas entre obreros, Guardias de Asalto y Guardia Civil.[100] Lo cierto es que fue un error fatal encerrarse en el Cuartel de la Montaña de esta manera. Allí Fanjul esperó ayuda de García de la Herrán desde Carabanchel o de las columnas que pudiera enviar el general Mola desde el norte a través de la sierra, pero fue al desastre. Ya para las 10 y media de la mañana, Fanjul y Serra estaban heridos. La caída de una bomba en el patio causó algunos heridos más pero, sobre todo, la moral de los sitiados cayó en picado ante el empeoramiento de la situación. La artillería también estaba siendo eficaz.[101] Las baterías que rodeaban el cuartel en la Plaza de España estaban al mando del capitán Urbano Orad y también intervinieron aviones en el bombardeo del cuartel sitiado.[102] Unos minutos más tarde apareció una bandera blanca en una de las ventanas y la multitud avanzó hacia el edificio para recibir la esperada rendición. Pero fue recibida con fuego de fusilería y ametralladoras, causando muchas bajas, hecho que se repitió dos veces más y que enloqueció a los atacantes. La cuestión de las banderas se debió más a la confusión reinante dentro de los sitiados que a una decisión premeditada.[103] Pocos minutos antes del mediodía fuerzas de la Guardia Civil acompañadas de obreros armados logra entrar en el Cuartel. Y en ese momento la multitud penetró violentamente en el patio donde, durante unos minutos, todo fue histeria y gran carnicería. Murieron varios centenares de los defensores, entre ellos el Coronel Serra, mientras que 12 oficiales heridos sobrevivieron al linchamiento y otros 14 fueron hechos prisioneros, siendo enviados a la Cárcel Modelo. El general Fanjul pudo ser sacado de allí con dificultad para ser juzgado por rebelión militar.[104]

La caída del cuartel de la montaña fue el icono de la victoria gubernamental y de las masas obreras frente a la rebelión. El resto de los cuarteles de Madrid tampoco sacaron las fuerzas a la calle. El Cuartel de Pacífico fue rendido el día 19, así como el cuartel de Infantería de María Cristina. Un intento de sublevación en la base aérea de Getafe fue aplastado por los militares leales, los cuarteles de Carabanchel se mantuvieron fieles tras la muerte del general García de la Herrán a manos de sus propios soldados cuando intentó sublevarlos,[105] gracias también a la actuación de la Guardia Civil y de las milicias obreras. Un caso particular fue el del Regimiento de Transmisiones de El Pardo, comprometido con la insurrección, que no acudió al Cuartel de la Montaña como estaba convenido sino que su coronel, Juan Carrascosa, decidió el martes 21 de julio dirigirse hacia el norte, hacia la sierra, con intención de unirse a las columnas de Mola que se suponía que avanzaban sobre Madrid. El regimiento acabó en Segovia estando entre sus filas el hijo menor del líder socialista Francisco Largo Caballero.[106] Otro episodio particular fue el de la importante guarnición de Alcalá de Henares, en el camino de Zaragoza, cuya sublevación fue sofocada por una columna enviada desde Madrid el martes 21 al mando del coronel leal Ildefonso Puigdengolas, que sin embargo no logró evitar que se produjeran desórdenes y quema de iglesias por la multitud exaltada.[107]

Castilla-La Mancha y Extremadura[editar]

Heinrich Himmler visitando el Alcázar junto a José Moscardó en octubre de 1940.

En Toledo el coronel José Moscardó, director de la Academia de Infantería de Toledo, se sublevó y proclamó el estado de guerra el martes 21 de julio controlando rápidamente la ciudad. Pero al día siguiente una columna leal procedente de Madrid al mando del general Riquelme, y de la que formaba parte el entonces comandante Vicente Rojo, llegó a Toledo y obligó a los militares sublevados a encerrarse en el edificio del Alcázar de Toledo, sede de la Academia de Infantería. El asedio del Alcázar de Toledo duraría hasta el 29 de septiembre en que los sublevados fueron liberados por las tropas rebeldes que avanzaban hacia Madrid desde Extremadura y que fueron desviadas hacia Toledo por orden expresa del general Franco. El episodio de El Alcázar de Toledo se convirtió en una poderosa arma de propaganda durante el resto de la guerra civil y durante toda la dictadura franquista.[108]

En Guadalajara la sublevación encabezada por el Regimiento de Aerostación triunfa inicialmente ocupando el Ayuntamiento, el Gobierno Civil y la Casa del Pueblo, a pesar de que la Guardia Civil permanece leal. Los militares sublevados, entre los que se encontraban algunos que habían sido confinados allí tras el fracaso de una intentona anterior en abril (González de Lara, Barrera, Loscertales), pidieron ayuda a la columna del coronel García Escámez procedente de Navarra, pero su jefe adujo que sus órdenes eran confluir por el norte sobre Madrid. Finalmente las tropas leales al gobierno enviadas desde Madrid tomaron la ciudad, desatándose una fuerte represión y motines populares que produjeron la quema de algunas iglesias.[109]

En las otras dos capitales castellanas de la I División Orgánica la sublevación fue sofocada con relativa facilidad, ya que ni en Cuenca, ni en Ciudad Real había guarniciones militares. El gobernador militar de Ciudad Real, el coronel Mariano Salafranca se mantuvo leal y controló la situación. Cuenca y su provincia fue dominada completamente por las fuerzas leales especialmente después de la llegada el 31 de julio de una columna de milicianos anarquistas al mando de Cipriano Mera.[109]

En Albacete, integrado en la III División Orgánica con sede en Valencia, el domingo 19 de julio el teniente coronel Martínez Moreno declara el estado de guerra con el apoyo de la guardia de Asalto y parte de la Guardia Civil. Para sofocar la rebelión salen desde Murcia y desde Alicante dos columnas que, tras controlar Hellín y Almansa respectivamente, llegan a Albacete el sábado 25 de julio. Como no les llega la ayuda solicitada al general Franco en Tetuán los sublevados se rinden y el teniente coronel Martínez Moreno es fusilado. Los sublevados de Albacete al parecer son los primeros que dan el grito falangista de combate "¡Arriba España!" en la guerra.[110]

Tras el golpe de estado Extremadura quedó dividida en dos: la mayor parte de la provincia de Cáceres, con la capital incluida, dentro de la zona sublevada y la de Badajoz en la zona leal. Cáceres (encuadrada dentro de la VII División Orgánica con sede en Valladolid), cayó en manos de los sublevados con relativa facilidad: se declaró el estado de guerra al que se adhirieron los militares y las fuerzas de orden público y el gobernador civil fue detenido y encarcelado.[111] En Badajoz la brigada de infantería no se sublevó y además contó con una columna leal de apoyo al mando del coronel Puigdengolas. Pero el 6 de agosto las fuerzas de seguridad, Guardia Civil y la Guardia de Asalto, se sublevaron e hicieron prisionero al coronel Puigdendolas, pero finalmente fueron derrotados y el coronel liberado.[109] Pero una semana después la columna de la muerte procedente de Andalucía y que se dirige hacia Madrid al mando del coronel Juan Yagüe toma la ciudad en la noche del 14 de agosto y en la mañana del 15, desatándose a continuación una de las peores matanzas perpetradas por los sublevados (conocida con el nombre de masacre de Badajoz) en la que fueron asesinados entre dos mil y cuatro mil militares y civiles defensores de la ciudad hechos prisioneros o que habían sido detenidos por pertenecer a partidos u organizaciones de izquierda.[112] Según el censo, Badajoz tenía 41 122 habitantes en 1930, por lo que de ser correcta la cifra de 4000 ejecutados, el porcentaje de represaliados alcanzaría el 10% de la población.[113]

Cataluña y Baleares[editar]

Mapa de los combates en Barcelona el 19 de julio de 1936.[114]

En Barcelona, cabeza de la IV División Orgánica, los primeros movimientos de tropas sublevadas al mando del general Álvaro Fernández Burriel se produjeron en la madrugada del domingo 19 de julio y su plan consistía en converger en el centro de la ciudad, en torno a la Plaza de Cataluña, desde los acuartelamientos situados en la periferia. Pero los militares adscritos a la Generalidad de Cataluña, el coronel Vicente Guarner Vivancos y el coronel Federico Escofet, comisario general de orden público, habían preparado un plan de contención de los sublevados contando con las fuerzas de orden público, Guardia Civil y Guardia de Asalto, que se habían mantenido fieles a la República y que contaban con unos 2.000 efectivos. Así durante la madrugada y el amanecer del domingo 19 de julio se produjeron combates en las calles del centro de la ciudad, y especialmente en el cruce entre el Paseo de Gracia y la Avenida Diagonal, habiendo numerosas bajas. El edificio de la Universidad de Barcelona logró ser controlado por las fuerzas leales de la Guardia Civil al mando del coronel Antonio Escobar. Otro de los lugares donde hubo combates fue en las Atarazanas Reales de Barcelona ocupadas por los sublevados, que también se apoderaron de la Plaza de España, y allí se encontraron con la oposición de milicianos anarquistas de la CNT dirigidos por Juan García Oliver y Francisco Ascaso, que murió en la lucha.[115]

A media mañana de ese mismo día 19 llegó a Barcelona en hidroavión desde Mallorca el general Goded, comandante general de Baleares, que era quien según los planes de Mola tenía que asumir el mando de las fuerzas sublevadas en Cataluña. Por la tarde las fuerzas leales dirigidas por el coronel Escofet y el comandante Enrique Pérez Farrás comenzaron el ataque contra el edificio de Capitanía General donde se encontraba el general Goded y desde donde había telefoneado al general José Aranguren Roldán de la Guardia Civil pero éste le había conminado a deponer las armas. La misma respuesta obtuvo el jefe del Estado Mayor, el coronel Moxó, cuando habló con el conseller de Gobernación Carlos España. Así hacia última hora de la tarde los sublevados de la Capitanía General se rindieron y el general Goded, el general Fernández Burriel y el Estado Mayor de la IV División fueron detenidos. Goded, su hijo y su ayudante fueron trasladados a la Generalidad desde donde comunicó su rendición por la radio a petición del Presidente de la Generalidad de Cataluña Lluís Companys e hizo un llamamiento que los militares sublevados depusieran las armas.[109]

La última resistencia de las tropas sublevadas en Barcelona se produjo el lunes 20 de julio y fue ese día cuando se produjeron las represalias más sangrientas contra los sublevados. Uno de los hechos más luctuosos se produjeron en el convento de carmelitas de la Avenida Diagonal donde se habían hecho fuerte el 3º Regimiento de Santiago. Cuando iban a rendirse a la fuerzas de la Guardia Civil al mando del coronel Escobar, una multitud enfurecida se abalanzó sobre el lugar causando una verdadera matanza entre los rendidos y los frailes del convento. Lo mismo ocurrió en el Parque y Maestranza de Artillería por obra de militantes de la CNT. Algunos de los oficiales detenidos en el edificio llamado de Dependencias Militares se suicidaron, como fue el caso de Ramón Mola, hermando del general Emilio Mola, que había sido "El Director" de la sublevación en toda España.[116]

En Lérida se proclamó el estado de guerra y las tropas del Regimiento nº 25 salieron a la calle, pero la Guardia Civil no se sublevó y con la ayuda de milicias obreras provistas con armas llegadas desde Barcelona, consiguió sofocar la rebelión. En Gerona la Brigada de Montaña también declaró el estado de guerra pero cuando llegaron las noticias del fracaso del golpe en Barcelona las tropas volvieron a los cuarteles. En Tarragona, Seo de Urgel y Manresa no llegó a producirse ningún movimiento militar a pesar de que había oficiales y jefes comprometidos con la sublevación. Sólo en Mataró hubo un conato fallido de insurrección militar.[117]

En cuanto a las Islas Baleares, el general Goded antes de viajar a Barcelona el domingo 19 de julio se había asegurado de que Mallorca e Ibiza estuvieran bajo el control de los sublevados. No así Menorca que permaneció fiel al gobierno de la República.[118]

Valencia y Murcia[editar]

Sede del cuartel general de la III División Orgánica, antigua Capitanía General de Valencia, junto al convento de Santo Domingo

En Valencia, cabeza de la III División Orgánica, la persona designada por el general Mola, "El Director", para encabezar la sublevación era el general González Carrasco que había llegado allí desde Madrid un día antes de la fecha señalada para el alzamiento, que era el domingo 19 de julio a las 11 de la mañana (coincidiendo con una reunión de jefes y oficiales que se iba a celebrar en el edificio de la antigua Capitanía General, ahora sede del cuartel general de la III División Orgánica, y durante la cual el general González Carrasco tenía que exigirle al general Martínez Monje la entrega del mando de la División). Pero cuando llegó el momento González Carrasco, que durante la noche del 18 al 19 había tenido que cambiar de domicilio para evitar ser detenido por la policía, tuvo dudas y no se presentó a la reunión en Capitanía, tal vez influido por la decisión de Luis Lucia Lucia, líder de la Derecha Regional Valenciana integrada en la CEDA, de proclamar su fidelidad al gobierno y no formar el contingente de combatientes que había prometido a los militares.[119] También debió influir que en la ciudad desde primeras horas de la mañana se estaba produciendo una importante movilización obrera acompañada del despliegue de la guardia de asalto y que los generales y la mayoría de los coroneles que mandaban los regimientos eran fieles al gobierno, por lo que todo dependía de los oficiales de la UME dirigidos por el comandante de Estado Mayor Bartolomé Barba Hernández, fundador de la misma, que tendrían que hacer frente a los oficiales prorrepublicanos de la UMRA, cuya actuación se mostró decisiva. El general Martínez Monje ordenó el acuartelamiento de las tropas a la espera de acontecimientos en Madrid o en Barcelona.[120] La noticia de la rendición de Goded en Barcelona al final del día parece que fue determinante para que el impulso insurreccional se desactivara en muchos cuartos de banderas aunque el "impasse" sobre si sublevaban o no continuó. Al día siguiente, lunes 20 de julio, las organizaciones obreras, UGT y CNT, se movilizan y crean las Milicias Valencianas para controlar los puntos neurálgicos de la ciudad y los alrededores de los cuarteles en previsión de un posible movimiento involucionista. Dos días después nace el autodenominado Comité Ejecutivo Popular, integrado por las dos centrales sindicales UGT y CNT y por los partidos del Frente Popular, que se hace con el poder aunque sin llegar destituir a las autoridades republicanas.[119] Mientras tanto el general González Carrasco y el comandante Barba Hernández huyen de Valencia a escondidas.[121] Para contrarrestar el poder alternativo obrero en la calle el gobierno de José Giral envía a Valencia a Diego Martínez Barrio (el político republicano que había presidido el gobierno desde la noche del sábado 18 a la noche del domingo 19) al frente de una Junta Delegada del Gobierno para Levante, cuya misión principal era, además de restablecer la autoridad del gobierno de la República, pactar una salida honrosa para los militares. Pero cuando el jueves 23 de julio la Junta Delegada anunció la disolución del Comité Ejecutivo Popular, éste se negó y, ante el intento de sublevación del cuartel de Paterna, cercano a la ciudad, lanzó a los milicianos contra los cuarteles que fueron tomados a la fuerza entre finales de julio y principios de agosto. El 5 de agosto la Junta, ante el fracaso de su gestión, reconocía oficialmente al Comité Ejecutivo Popular, que pasaba a dirigir toda la política de retaguardia en Valencia, y abandonaba la ciudad.[120]

En Castellón la sublevación no se produjo al no recibirse órdenes desde Valencia, además de que había pocos oficiales comprometidos. En Alicante el gobernador militar, el general García Aldave, acuarteló a las tropas y permitió el envió de una columna para combatir la insurrección de la Guardia Civil en Almansa y que también intervendría en Albacete en apoyo de las fuerzas leales. El general García Aldave acabó renunciando al mando y poco después fue juzgado y condenado a muerte pese a no haberse sublevado. En Alcoy las milicias obreras se hicieron con el control ante la indecisión de la guarnición que no salió de los cuarteles. El 4 de agosto éstos serían asaltados por los milicianos.[122] El único conato de insurrección en la provincia de Alicante se produjo en Benalúa donde tenía sus cuarteles el Regimiento Tarifa nº 11, pero fue rápidamente reducido y los oficiales sublevados detenidos.[120]

En Murcia no hubo sublevación al no llegar la orden desde Valencia. En la base naval y el arsenal de Cartagena, después de dos días de indecisiones, el lunes 20 de julio el teniente de navío Antonio Ruiz encabeza un movimiento contra los oficiales de la Armada comprometidos con la sublevación y con el apoyo de la marinería logra abortar el golpe, por lo que Cartagena será la única de las tres bases navales de la Marina que permanezca fiel al gobierno.[122]

La sublevación en la Armada[editar]

Cuando en abril de 1936 el general Mola se hizo cargo de la dirección de la conspiración militar para derribar el gobierno del Frente Popular recabó la colaboración de la Armada que concretó más tarde en unas Instrucciones para las fuerzas de la Armada de 20 de junio. En estas se especificaba que la misión de la Armada sería el dominio de las bases navales de Ferrol y Cádiz, la vigilancia de la costa norte, especialmente Asturias (incluido el bombardeo de la cuenca minera), y la colaboración en la sublevación de Marruecos.[123] Pero en algunos barcos miembros de los cuerpos auxiliares (como los radiotelegrafistas) y de suboficiales y marinería habían formado comités para vigilar las actividades sospechosas de los oficiales del Cuerpo General. Estos comités en algunos casos mantenían vínculos con la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA).[124]

Destructor Sánchez Barcáiztegui

En la tarde del viernes 17 de julio se recibieron en la central radiotelegráfica del Estado Mayor de la Marina en Madrid las primeras noticias de que se había iniciado la sublevación militar en Marruecos. El oficial tercero del Cuerpo de Auxiliares Radiotelegráficos que estaba en ese momento de guardia en la central era Benjamín Balboa López, afiliado a la UMRA, y cuando se recibió en Madrid en la madrugada del sábado 18 de julio el telegrama de felicitación del general Franco a los sublevados de Melilla Balboa informó directamente al ayudante del ministro Giral y se negó a obedecer la orden del jefe de la central radiotelegráfica de que comunicara el mensaje de Franco a las guarniciones y lo arrestó. Balboa a continuación contactó con todos los buques de la Armada y a los radiotelegrafistas de los mismos les informó de que sus oficiales podían estar a punto de sublevarse contra el gobierno y les animó a amotinarse.[125]

Destructor Alcalá Galiano

La misma madrugada del sábado 18 de julio el ministro de Marina José Giral ordenó que todos los buques de la flota se dirigieran hacia la zona del estrecho de Gibraltar para que cañonearan las posiciones de los sublevados en Marruecos e impidieran el paso de cualquier transporte de tropas que intentara llegar a la península. Sin embargo, los comandantes de los destructores Almirante Valdés, Sánchez Barcáiztegui y Churruca se pasaron al bando sublevado,[126] pero las dotaciones de los destructores se amotinaron y arrestaron a sus oficiales que se habían sublevado, ejemplo que fue seguido por las dotaciones de los guardacostas Uad-Lucus y Uad-Muluya y el cañonero Laya (mientras que los guardacostas Dato y Uad-Kert se sumaban a la sublevación entrando en Ceuta, así como el torpedero T-19).[127] Lo mismo sucedió en los destructores Alsedo, José Luis Díez y Alcalá Galiano,[128] y en el acorazado Jaime I y en los cruceros Libertad y Miguel de Cervantes, que habían zarpado de la base de Ferrol en dirección al Estrecho de Gibraltar.[129] Por su parte el crucero Méndez Núñez, recibió la orden de volver a la colonia de Guinea Ecuatorial de donde había zarpado y allí su comandante fue destituido del mando y desembarcado junto con otros oficiales, volviendo más tarde a España.[130] También se amotinaron las dotaciones de los submarinos Issac Peral C-1, C-3, C-4 y B-1 cuando sospecharon de la actitud de sus oficiales. Los mandos del C-6 fueron arrestados cuando atracaron en Málaga. Los otros siete submarinos también quedaron del lado gubernamental cuando fracasó la sublevación en las bases navales de Cartagena y Mahón.[131] En la base naval de Cartagena la sublevación tampoco triunfó porque a los mandos navales les faltó decisión y porque el general Toribio Martínez Cabrera, gobernador militar de Cartagena, se mantuvo leal al gobierno, así como el jefe de la cercana base aérea de Los Alcázares. Así el destructor Lazaga, que estaba allí anclado, y los seis destructores que estaban en fase de construcción quedaron del lado gubernamental, con lo que toda la flotilla de destructores, excepto uno (el Velasco que se encontraba en Ferrol), quedó del lado gubernamental, además de cuatro torpederos y un guardacostas, junto con varios barcos auxiliares.[132] En la base de Mahón hubo un intento de sublevación que fue sofocado y las dotaciones de los submarinos que tenían allí su base se amotinaron contra sus oficiales que pretendían rebelarse.[131]

Crucero ligero Almirante Cervera en período de pruebas (todavía sin armamento) hacia 1925

En cambio en las bases navales de Cádiz y de Ferrol la sublevación triunfó. En la primera gracias a las tropas de regulares traídas desde Ceuta por el destructor Churruca antes de que su dotación se amotinara y gracias también a la decidida actuación de los jefes conjurados en la base y del gobernador militar de Cádiz, el general José López Pinto, que impidieron cualquier intento de sublevación de los obreros de los astilleros o de la marinería. Al controlar la base los sublevados tenían en su poder el crucero República, que estaba sometido a grandes reparaciones, por lo que no entraría en servicio hasta 1938, los cañoneros Cánovas y Lauria, después de aplastar el amotinamiento de su tripulación, y dos guardacostas, el Alcázar y el Larache, que no se amotinaron.[133] En la base naval de Ferrol la dotación del crucero Almirante Cervera se amotinó pero no consiguió sacar el buque del dique seco, y finalmente el bombardeo de la aviación naval de la base de Marín que se había sublevado hizo que el barco se rindiera. También se amotinó la dotación del acorazado España, asimismo en dique seco, pero como el tercer buque que se hallaba en la base, el destructor Velasco, no se amotinó, no les queddó más opción que la rendición después de que fuera dominada la rebelión del Almirante Cervera. Así fue como la base y los tres buques de importancia que había en ella se unieron a la sublevación.[134]

La represión[editar]

En la zona republicana los oficiales detenidos por las dotaciones cuando se amotinaron fueron tratados con corrección (sólo hubo muertos en aquellos casos, como el del acorazado Jaime I, en que los oficiales resistieron al motín) y en general fueron entregados legalmente a las autoridades republicanas. La mayoría fueron desembarcados en Málaga donde 36 oficiales fueron sometidos a consejos de guerra, condenados a muerte y fusilados.[135] Sin embargo la mayoría de los oficiales no llegaron a ser juzgados sino que fueron asesinados por las dotaciones en diversas circunstancias: como reacción a una agresión por parte de los prisioneros, como en el Libertad o el Almirante Valdés; sin ningún motivo aparente o como represalia por unos bombardeos, como en la base de Mahón; como reacción a la frustración por no haber conseguido aplastar la rebelión, como en el Miguel de Cervantes;[136] como represalia por los continuos bombardeos aéreos de los sublevados sobre Málaga, en uno de los cuales fue afectado el acorazado Jaime I fondeado en el puerto.[136] [137] Sin embargo, la represión indiscriminada y extrajudicial más brutal no se produjo en los buques sino en la base naval de Cartagena cuando el Jaime I llegó allí el 13 de agosto ya que la exaltación de sus suboficiales y marinería contagió al resto de dotaciones y a la guarnición de la base y fueron asaltados dos barcos prisión, el Sil y el España nº3, conducidos a alta mar y allí los detenidos, muchos de ellos militares y marinos que estaban en espera de juicio, fueron asesinados y arrojados al mar (52 en el Sil y 159 en el España nº 3).[138] Según el historiador Michael Alpert, en el caso del Sil los prisioneros fueron arrojados vivos al mar lastrados con grilletes. También según este historiador los dos buques prisión no fueron asaltados sino que recibieron la orden en la noche del 17 al 18 de agosto del nuevo comandante del arsenal, Manuel Gutiérrez, de salir al mar para poner a salvo a los presos a causa del asesinato en la calle la noche anterior de los diez oficiales que habían sido desembarcados para conducirlos al penal en espera de ser juzgados.[139] "Si se hubieran celebrado sin demora los consejos de guerra, quizás algunos oficiales de menor responsabilidad se habrían salvado. Con la actuación tan lenta de los consejos de guerra la marinería impaciente fue presa fácil de los extremistas".[136] Según los cálculos de Michael Alpert en la represión gubernamental murieron 314 oficiales del Cuerpo General y 41 de otros cuerpos de la Armada. De ellos 36 fueron fusilados en virtud de una condena impuesta por consejo de guerra y 18 murieron en los enfrentamientos en los buques y en las bases durante el golpe de estado de julio de 1936. El resto, 296 (145 de ellos de los buques-prisión Sil y España nº 3), fueron asesinados extrajudicialmente.[136]

En la zona sublevada se consideró reos del delito de rebelión militar a todos aquellos que se mantuvieron fieles al gobierno de la República y se opusieron al golpe. Así fueron fusilados, con o sin formación de causa, 8 oficiales del Cuerpo General, 14 de otros cuerpos de la Armada y 146 entre auxiliares, maestres, cabos y marineros, la mayoría de ellos de la base de Ferrol. "Los primeros fusilamientos tuvieron lugar con mínima o nula formación de causa y además basándose en la dudosa legalidad de un estado de guerra declarado contra la voluntad del Gobierno".[136]

Balance final[editar]

Tras el golpe de estado la práctica totalidad de la Armada española de entonces quedó del lado del gobierno de la República: el acorazado Jaime I (botado en 1914); los cruceros ligeros Libertad (botado en 1925), Miguel de Cervantes (botado en 1928) y Méndez Núñez (botado en 1923); dieciséis destructores en servicio o a punto de entregar; siete torpederos; doce submarinos (del submarino C-1 al submarino C-6 y del submarino B-1 al submarino B-6); un cañonero; cuatro guardacostas y la casi totalidad de la Aeronáutica Naval.[140] [141]

En cambio el bando sublevado sólo contaba con tres buques importantes: el acorazado España (botado en 1913 y que en julio de 1936 se encontraba en dique seco); el crucero ligero Almirante Cervera (botado en 1928) y el destructor Velasco (botado en 1923). También contaba el crucero ligero República, rebautizado como Navarra, (botado en 1920) pero éste se encontraba en reparaciones y no entró en servicio hasta muy avanzada la guerra, en agosto de 1938. Además los sublevados tenían en su poder cinco torpederos, tres cañoneras y cinco guardacostas (y ningún submarino). Pero esta inferioridad se vio compensada muy pronto gracias al control de los sublevados del principal astillero de la marina en Ferrol donde estaba prácticamente terminado el crucero pesado Canarias (que entró en servicio en septiembre de 1936) y otro, el Baleares, a punto de ser entregado (entró en servicio en diciembre de 1936), junto con los dos únicos dragaminas de España (el dragaminas Júpiter, que entró en servicio a principios de 1937, y el dragaminas Vulcano, que entró en servicio a finales de ese mismo año).[140] [142]

Los primeros bombardeos[editar]

Fokker F.VII español de la escuadrilla del Sáhara

Los primeros bombardeos de los republicanos[editar]

Cuando la sublevación se extendió a la península a partir del sábado 18 de julio el gobierno republicano también recurrió a la aviación para intentar abortarla. En Barcelona los aviones que despegaron del aeródromo de El Prat colaboraron en gran medida en la derrota de las tropas sublevadas bombardeando cuarteles y columnas que se dirigían al centro de la ciudad. En Madrid también tuvieron un papel muy destacado en la desmoralización de los sublevados los bombardeos efectuados por los aviones de las bases de Getafe y Cuatro Vientos sobre el cuartel de La Montaña y sobre el de Campamento. También tuvo mucha importancia para abortar la sublevación en Albacete la actuación de los aviones con base en Los Alcázares (Murcia) que bombarderon la ciudad, causando algunas víctimas entre la población civil, entre ellas tres mujeres y dos niñas.[143]

En cambio no tuvieron éxito los ataques aéreos sobre los sublevados en Zaragoza, Huesca, y Valladolid que siguieron en manos de los militares rebeldes. En Zaragoza no surtió efecto el ultimátum lanzado por radio para que la ciudad se rindiera a las autoridades legales de la República o de lo contrario sería bombardeada. Y dos semanas más tarde un Fokker F.VII transformado en bombardeo lanzó en la noche del 2 al 3 de agosto tres bombas sobre la basílica del Pilar (una cuarta cayó sobre el río Ebro) que no causó víctimas porque ninguna de las bombas explotó. Este hecho fue interpretado en la zona sublevada como una prueba de la impiedad de los "rojos" y como un milagro de la "Virgen del Pilar" ("Virgen del Pilar, España es tuya y pondremos nuestros pechos para defender tu templo glorioso, santuario de la Patria. ¡Abajo la antipatria! ¡Viva el Pilar! ¡Viva el Ejército Salvador!", se decía en un periódico de de Oviedo, que esos momentos también estaba siendo bombardeada por los republicanos). También tuvo mucho impacto el bombardeo de un avión en la tarde del 3 de agosto sobre la estación de ferrocarril de Valladolid en el que murieron siete personas y varias resultaron heridas y que fue calificado por la presa de la zona sublevada como un acto "criminal" cometido por un "aviador sin conciencia". En las semanas siguientes los bombardeos sobre la estación de ferrocarril continuaron causando muchos daños en los barrios aledaños, y algunas víctimas más. El que tuvo lugar a finales de septiembre, en el que murieron una mujer y una niña, dio lugar a una manifestación de protesta encabezada por el general Mola y que prometió a la multitud "una represalia por este hecho vandálico; pero no será contra mujeres y niños sino contra enemigos antiespañoles y traidores, a los que hay que exterminar".[144]

Las dos ciudades en poder de los sublevados más castigadas por los bombardeos republicanos fueron Granada y Oviedo, ya que ambas estaban completamente rodeadas por las fuerzas leales. Granada sufrió el primer bombardeo el 29 de julio y durante el mes siguiente la ciudad sufrió 23 incursiones que causaron 26 muertos y unos 100 heridos. Por su parte Oviedo fue prácticamente reducida a escombros por los bombardeos de la aviación republicana y de la artillería que cercaba la ciudad, desde el 26 de julio en que se produjo el primer bombardeo hasta el 17 de octubre en que varias columnas sublevadas procedentes de Galicia levantaron el cerco.[145] Hubo manifestaciones de protesta de los habitantes de la ciudad como la que tuvo lugar el 5 de septiembre ante la Comandancia Militar de Asturias desde la que el jefe de los sublevados, el coronel Aranda, les dirigió unas palabras de ánimo.[146]

Un Dornier Wall en 1926.

Otro de los objetivos prioritarios de las fuerzas gubernamentales fue intentar recuperar la isla de Mallorca, un objetivo de una enorme importancia estratégica, ya que desde allí la aviación sublevada (como de hecho ocurrió al instalar allí su base la Aviación Legionaria italiana, lo que tuvo un peso muy considerable en la victoria de los sublevados) podría bombardear con facilidad las ciudades y las líneas comunicación de la costa mediterránea, que toda ella había quedado del lado republicano. En los primeros días varios hidroaviones lanzaron octavillas para conseguir su rendición pero en seguida se pasó a los bombardeos, el primero de los cuales tuvo lugar el 22 de julio, pero fueron muy poco efectivos (hubo 56 incursiones que causaron 9 muertos y 35 heridos). Ante el fracaso de esta estrategia se puso en marcha una operación más ambiciosa organizada por las autoridades revolucionarias catalanas: la invasión de la isla de Mallorca que se inició el 16 de agosto. Precisamente para ayudar a rechazar la invasión llegaron a Mallorca los primeros cazas italianos Fiat C.R.32, cuya actuación fue decisiva para barrer a los lentos hidroaviones que apoyaban a las fuerzas republicanas que habían desembarcado al este de la isla. Tras la derrota de los invasores, que se retiraron de la isla el 3 de septiembre, los italianos situaron en Mallorca la base principal de operaciones de la Aviación Legionaria. Sus primeros objetivos fueron las vecinas islas de Ibiza (el bombardeo del 13 de septiembre causó 18 muertos civiles) y Menorca. Esta última sufrió numerosos bombardeos por Savoia-Marchetti S.M.81 italianos, ya que permaneció leal a la República durante prácticamente toda la guerra. El del 18 de noviembre sobre la base naval de Mahón, que causó siete muertos, dio lugar a "represalias sobre detenidos derechistas en el buque prisión Atlante".[147]

Douglas DC-2 matriculado PH-AJU, perteneciente a la compañía neerlandesa KLM, que participó en la Competición Aérea MacRobertson en 1934.

Otro objetivo estratégico de los republicanos fue la base naval de Ferrol donde estaban a punto de ser botados los cruceros pesados Baleares y Canarias. Los ataques fueron realizados en agosto y septiembre por un solo aparato, un avión de pasajeros Douglas DC-2 que fue adaptado para misiones de bombardeo, pero ninguno de los dos buques fue alcanzado, aunque sí hubo 9 muertos y 21 heridos, la mayoría civiles.[148]

Los primeros bombardeos del bando sublevado[editar]

Los sublevados también recurrieron a los bombardeos para acabar con los focos de resistencia leales a la República. Así el 21 de julio dos hidros Savoia-Marchetti S.62 bombardearon la base naval de Ferrol, lo que contribuyó a desanimar a la marinería que se oponía a los oficiales de los barcos que se había sublevado. Al día siguiente, 22 de julio, uno o varios Breguet 19 sublevados que despegaron de la base de Logroño bombardeaba Ochandiano (Vizcaya) donde se habían concentrado fuerzas leales y milicianos. Hubo alrededor de 40 muertos, muchos de ellos civiles, incluidos mujeres y niños. Según un periódico republicano de Bilbao el objetivo había sido "sembrar el terror". Un tercer objetivo de los primeros días fue apoyar al cuartel de Simancas de Gijón que estaba cercado por las fuerzas leales y por milicianos y estaba siendo bombardeado por la aviación republicana. En su auxilio acudieron varios aviones de la base de León y el crucero Almirante Cervera, que llegó el 29 de julio, y empezaron a bombardear la ciudad para que los sitiadores levantaran el cerco, causando numerosas víctimas. El ataque aéreo más duro fue el del día 14 de agosto que causó más de 50 muertos, la mayoría de ellos guardias de asalto que estaban en su cuartel. Finalmente los cuarteles sublevados se rindieron a finales de agosto y Gijón quedó del lado republicano.[149]

Un avión Junkers Ju 52 alemán lanza sobre el cercado Alcázar de Toledo, que había sido bombardeado por aviones republicanos, alimentos y dos cartas de ánimo, una de Mola y otra de Franco.

Las represalias por los bombardeos[editar]

Los primeros bombardeos provocaron represalias en ambas zonas. En la zona sublevada los ataques de la aviación y de la marina republicanas fueron respondidos por los militares con la amenaza de que serían fusilados los detenidos del bando contrario que tenían en su poder. El 20 de julio de 1936 el general Miguel Cabanellas, que había dirigido la sublevación en Zaragoza, amenazó con que mandaría fusilar al general Núñez de Prado, que había sido enviado por el gobierno republicano para sustituirle en el mando de la V División Orgánica y que fue inmediatamente detenido, si eran "bombardeados por algún aparato los cuarteles o edificios civiles de esta ciudad o de la región" (el general Núñez de Prado nunca fue juzgado por un consejo de guerra pero su cadáver apareció en Bearin cerca de Pamplona). El mensaje fue respondido por el crucero Libertad, buque almirante de la flota republicana: "si escuadra tiene conocimiento se produce fusilamiento general Núñez de Prado, fusilará a 90 jefes y oficiales y a un general que tiene prisioneros". El 26 de julio el coronel Solans comandante militar sublevado de Melilla amenazó con fusilar a 2.600 rehenes si continuaban los bombardeos de la marina republicana (que él llamaba "barcos piratas") sobre la ciudad.[150]

Los bombardeos republicanos sobre Huesca y Jaca de finales de julio fueron respondidos con amenazas del comandante militar de Jaca, Rafael Bernabeu, de ejecutar a "los familiares de los rojos huidos de Jaca", amenaza que los sublevados cumplieron el 23 de agosto cuando se produjo un nuevo bombardeo y unas 100 personas fueron fusiladas, entre ellas el alcalde de la ciudad Mariano Carderera Riva. El 8 de septiembre el general Queipo de Llano comunicó por la radio en una de sus famosas "charlas" que había mandado fusilar a tres familiares de cada uno de los marineros del guardacostas que había bombardeado La Línea de la Concepción, y sus amenazas continuaron en los siguientes días si la "escuadra pirata" (como él llamaba a la flota republicana) bombardeaba alguna población costera. Granada fue una de las poblaciones controladas por los sublevados donde se produjeron mayor cantidad de fusilamientos de presos republicanos, unos 60, por los bombardeos que sufría la ciudad.[151]

En la zona republicana las represalias por los bombardeos de los sublevados fueron de mayores dimensiones que en la zona sublevada ya que allí los mecanismos de coerción del Estado prácticamente habían desaparecido debido al estallido de la revolución. En Gijón el pánico y el odio causado por el durísimo bombardeo del 14 de agosto que causó muchos muchos muertos provocaron el fusilamiento de más de 150 presos que estaban detenidos en la iglesia de San José. En Málaga los bombardeos aéreos de los sublevados día y noche fueron alimentando el odio en la población y el 22 de agosto tras una incursión de la aviación sublevada que destruyó e incendió los depósitos de Campsa pero también causó numerosas víctimas civiles, entre ellas muchas mujeres y niños, se produjo la primera saca de la cárcel en la que fueron fusiladas 46 personas, entre ellas el general Francisco Patxot Méndez, gobernador militar de Málaga que se había unido a los sublevados. Los bombardeos de los días 30 de agosto y 20, 21 y 24 de septiembre provocaron nuevas sacas en las que fueron fusiladas más de doscientas personas. Asimismo el bombardeo del acorazado Jaime I fondeado en el puerto de Málaga fue respondido con la formación de un improvisado tribunal que juzgó y condenó a muerte a los diez oficiales detenidos por haber intentado sublevarse el 19 de julio, que fueron inmediatamente fusilados en la noche del 12 al 13 de agosto. Los hechos ocurrieron en alta mar cuando el barco iba rumbo a la base naval de Cartagena para ser reparado y la marinería se amotinó exigiendo su ejecución.[152]

Cuando el Jaume I llegó a Cartagena el 13 de agosto la exaltación de su marinería contagió al resto de dotaciones y a la guarnición de la base naval, y la misma noche de su llegada diez oficiales fueron fusilados en un callejón. Pero lo más grave ocurrió al día siguiente cuando fueron asaltados dos barcos prisión, el Sil y el España nº3, y conducidos a alta mar y allí los detenidos, muchos de ellos militares que habían participado en Cartagena, Albacete y Almería en el golpe de estado del 18-19 de julio, fueron asesinados y arrojados al mar (52 del Sil y 159 del España nº 3). Al mismo tiempo en tierra algunas destacadas personas de derechas fueron sacadas de la cárcel y asesinadas en la carretera de Murcia.[138]

En la noche del 13 de septiembre de 1936 un grupo de milicianos ejecutó a la mayoría de los presos, 93, que se encontraban recluidos en el castillo de Ibiza (algunos salvaron la vida saltando por las ventanas y huyendo) como represalia por el bombardeo que había sufrido la ciudad aquel día. El 18 de noviembre en Menorca, fueron sacados 50 presos del buque prisión Atlante, la mayoría de ellos religiosos y militares, y fueron inmediatamente asesinados, compro represalia por los bombardeos de la base naval de Mahón de los días 15, 16 y 18 de noviembre, especialmente por el último que causó seis muertos entre los trabajadores de las fortificaciones y un marinero. Al día siguiente un pelotón de artilleros fusiló a otro grupo de 22 presos, 15 de ellos religiosos.[153]

Gamel Woolsey, esposa de Gerald Brenan, explicaba así las represalias a los bombardeos aéreos en su obra "Málaga en llamas" publicada en 1939:[154]

El odio alcanza cotas muy elevadas durante los ataques aéreos, especialmente por la noche. (...) La bomba cae y siega la vida de sus inocentes víctimas; después el pueblo soliviantado reclama su deuda de sangre. La misma historia siempre: la gente del barrio se exalta y se dirige a cobrársela a las cárceles, donde a su vez aniquila a cuarenta o cincuenta de entre un centenar de infelices almas, la mayoría tan inocentes como los niños exterminados por las bombas

La reacción del gobierno[editar]

En la tarde del viernes 17 de julio ya se conocía en Madrid que en el Protectorado español de Marruecos se había iniciado una sublevación militar y el gobierno de Santiago Casares Quiroga cursó las primeras órdenes al Ejército, a la Marina y a los gobernadores civiles para que actuaran. Al día siguiente la sublevación se extendió a la península y las organizaciones obreras (CNT y UGT) reclamaron "armas para el pueblo" para acabar con ella, a lo que el gobierno se negó, fundamentalmente porque en aquel momento los republicanos de izquierda temían "tanto o más que el golpe militar de signo antirrepublicano, el desbordamiento del orden social por obra de una acción de masas".[155]

Por la noche de ese sábado 18 de julio Casares Quiroga presentó su dimisión al presidente de la República Manuel Azaña y éste encargó a Diego Martínez Barrio, presidente de las Cortes y líder de Unión Republicana, que formara un gobierno con el mayor apoyo político posible, dejando fuera a los dos extremos (la CEDA y el Partido Comunista de España), cuyo objetivo era conseguir "detener la rebelión" sin recurrir al apoyo armado de las organizaciones obreras. Martínez Barrio formó un gobierno que, aunque difería poco del anterior (no consiguió que se integraran en él los socialistas), incluyó a políticos moderados y dispuestos a llegar a algún tipo de acuerdo con los militares sublevados, como el líder del Partido Nacional Republicano Felipe Sánchez Román, que abandonó la coalición del Frente Popular cuando se integró en ella el Partido Comunista, o Justino de Azcárate.[155]

En la madrugada del sábado 18 al domingo 19 de julio, Martínez Barrio habló por teléfono con el general Emilio Mola, "El Director" de la sublevación, pero éste se negó rotundamente a cualquier tipo de transacción. "Ustedes tienen sus masas y yo tengo las mías", le dijo Mola al presidente del gobierno. Según la versión franquista posterior éste le llegó a ofrecer algunas carteras ministeriales para los sublevados, pero este extremo siempre lo negó Martínez Barrio. Así pues la pretendida negociación con los rebeldes se saldó con un fracaso, por lo que el "gobierno de conciliación" dimitió a última hora de la tarde del domingo 19 de julio. Azaña nombró como nuevo presidente del gobierno a un hombre de su partido José Giral, que formó un gobierno únicamente integrado por republicanos de izquierda aunque con el apoyo explícito de los socialistas que tomó la decisión de entregar armas a las organizaciones obreras, algo a lo que también se había negado Martínez Barrio porque consideraba que ese hecho traspasaba el umbral de la defensa constitucional y "legal" de la República.[156] Pero a causa de esta decisión el Estado republicano perdió el monopolio de las armas, por lo que no pudo impedir que se iniciara una revolución social, ya que las organizaciones obreras no salieron a la calle "exactamente para defender la República, a la que se le había pasado la oportunidad, sino para hacer la revolución. A donde no había llegado la República con sus reformas, llegarían ellos con la revolución. (...) Un golpe de estado contrarrevolucionario, que intentaba frenar la revolución, acabó finalmente desencadenándola".[157]

La polémica sobre la entrega de "armas al pueblo"[editar]

El historiador británico Hugh Thomas (en una obra actualizada publicada en castellano en 1976) considera que "los medios constitucionales de oposición al alzamiento constituyeron un fracaso. Esto ocurrió inevitablemente, dado que gran parte de las fuerzas de la ley y el orden -el ejército y la guardia civil- estaban con los rebeldes, que afirmaban ser ellos quienes representaban el orden, pese a estar fuera de la ley. La única fuerza capaz de resistir a los rebeldes era la de los sindicatos y los partidos de izquierdas. Pero, para el gobierno, utilizar esta fuerza significaba aceptar la revolución. No es sorprendente que Casares Quiroga vacilara antes de dar este paso. Pero, en el punto al que habían llegado las cosas en España el 18 de julio por la noche, tal paso era también inevitable. En las ciudades donde habían tenido lugar alzamientos, en Marruecos y en Andalucía, quienes se habían opuesto a ellos habían sido los partidos revolucionarios de izquierdas. En realidad, en muchas poblaciones pequeñas la revolución se anticipó a la rebelión, porque cuando la noticia del alzamiento en Marruecos y en Sevilla llegó a los lugares donde no había guarnición militar, la reacción de las izquierdas, naturalmente no fue la de esperar a que se les atacara. (...) [Cuando el gobierno Giral ordenó a los gobernadores civiles] distribuir todas las armas existentes... en muchos casos estas órdenes llegaron demasiado tarde".[158]

El historiador Julio Aróstegui (en una obra publicada en 2006) considera que el retraso del gobierno en entregar las armas a las organizaciones obreras fue clave para que la sublevación triunfara en determinadas ciudades como Sevilla, Granada o Ávila. La "fatal duda" de los gobiernos de Casares Quiroga y de Martínez Barrio de entregar o no las armas "fue definitoria en la imposibilidad de cortar la sublevación en la raíz... En el momento decisivo estos políticos se negaron a apelar al pueblo... para la defensa armada de la República. Se negaron a entregar las armas de procedencia militar que las organizaciones del proletariado, partidos y sindicatos, reclamaban... e impidieron en muchos casos que los gobernadores civiles y otras autoridades subalternas se pusieran decididamente al frente de los movimientos defensivos populares. Hubo casos claros donde esta parálisis fue la mejor baza de los sublevados".[159]

El historiador Julián Casanova (en una obra publicada en 2007) considera un mito la idea de que fue "el pueblo en armas" quien venció a los rebeldes en las calles de las principales ciudades españolas. El factor decisivo, según Casanova, fue la actitud de los militares, incluidos los que dirigían las fuerzas de orden público, pues los militantes obreros sólo pudieron "combatir a los sublevados allí donde la fidelidad de algunos mandos militares, o la indecisión de otros, lo permitió. Madrid y Barcelona constituyen buenos ejemplos, aunque también Valencia, Jaén o San Sebastián".[157]

La represión en la zona sublevada[editar]

El general Mola, quien desde finales de abril de 1936 tomó la dirección de la trama golpista adoptando el nombre clave de “El Director”, redactó y difundió una serie de circulares o “Instrucciones reservadas” en las que fue perfilando la compleja trama que llevaría adelante el golpe de Estado.[18] Ya en la primera de ellas, dictada el 25 de mayo, apareció la idea de que el golpe tendría que ir acompañado de una violenta represión:[160]

Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades y sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas

En la "Instrucción Reservada" nº 5 emitida el 20 de junio también advirtió que se actuaría de la misma manera contra los oficiales que sentían escasa simpatía por el movimiento golpista:

"Ha de advertirse a los tímidos y vacilantes, que el que no esté con nosotros, está contra nosotros, y que como enemigo será tratado. Para los compañeros que no son compañeros el movimiento triunfante será inexorable".[161]

Las amenazas de Mola se cumplieron plenamente y al estallar la sublevación, ésta vino acompañada sistemáticamente de una represión feroz de la que eran víctimas todos los que oponían resistencia al golpe, incluyendo aquellos militares que optaron por mantenerse leales al poder legalmente establecido o incluso los que mostraron dudas, sin excepciones por parentesco o amistad. Se dio la trágica paradoja de que los oficiales que permanecieron leales a la legalidad republicana se enfrentaron a consejos de guerra en los que sus compañeros golpistas los juzgaban, condenaban y ejecutaban por el delito de "rebelión".[162]

En todas partes la pauta seguida fue muy similar: insurrección; detención y fusilamiento de jefes y oficiales opuestos o indecisos; adhesión de milicias falangistas y carlistas allí donde existían; control de las calles y puntos estratégicos; incursiones de castigo en los barrios obreros y asesinato de alcaldes, gobernadores civiles, autoridades republicanas y líderes obreros y políticos de izquierda.[163]

Situación final: la división de España en dos zonas[editar]

Situación tras el fracaso parcial del golpe de Estado, el 22-23 de julio de 1936. En azul las zonas controladas por los sublevados.[164]

No existe un acuerdo total entre los historiadores para fijar la fecha final de la sublevación y el inicio de la guerra propiamente dicha. Algunos[165] coinciden en señalar el lunes 20 de julio de 1936, otros en cambio apuntan al día siguiente, martes 21 de julio, porque ese día todavía se combatía en algunos lugares, como Toledo, Almería, San Sebastián o Ferrol.[166] Pero lo cierto fue que como consecuencia del éxito de la sublevación en unos sitios y del fracaso en otros España quedó dividida en dos zonas: una controlada por los militares que se habían alzado contra la República (la zona sublevada) y otra que permaneció fiel al gobierno (la zona republicana).

Zona sublevada[editar]

Cuando se consumó el golpe de estado el miércoles 22 de julio de 1936 los sublevados no habían conseguido su objetivo principal de apoderarse del punto neurálgico del poder, Madrid, ni de las grandes ciudades, como Barcelona, Valencia, Bilbao, Málaga o Murcia (aunque sí controlaban Sevilla, Zaragoza, Valladolid y Córdoba), pero dominaban cerca de la mitad del territorio español, ya que controlaban prácticamente el tercio norte peninsular (Galicia, Castilla y León, Álava, Navarra, gran parte de la provincia de Cáceres, incluida la capital, y la mitad occidental de Aragón, incluyendo las 3 capitales provinciales), menos la franja cantábrica formada por Asturias, Cantabria, Vizcaya y Guipúzcoa, que quedó aislada del resto de la zona republicana, y Cataluña. Además dominaban las ciudades andaluzas de Sevilla, Córdoba y Cádiz conectadas entre sí por una estrecha franja (así como la ciudad de Granada pero aislada del resto), más todo el Protectorado español de Marruecos y los dos archipiélagos, Canarias y Baleares (excepto Menorca). Fuera de esta área controlaban determinados lugares y puntos de resistencia aislados dentro de la zona republicana como la ciudad de Oviedo, el cuartel de Simancas en Gijón, el Alcázar de Toledo o el Santuario de la Virgen de la Cabeza en Jaén.[167] Esta España controlada por los sublevados era en general "la España interior, rural, de formas sociales más retardatarias, de grandes y medianos propietarios agrarios, y con extenso proletariado agrario también".[167] Los rebeldes controlaban grandes áreas cerealísticas, pero la industria, tanto pesada como ligera, seguían en manos de la República.

En cuanto al Ejército, aunque se trata de un tema muy controvertido, la mayoría de los historiadores calculan que un 70% de los 15.000 jefes y oficiales en activo en 1936 combatieron en el bando sublevado (unos 1.500 fueron fusilados o encarcelados por ser desafectos al bando vencedor en cada lugar), mientras que, por el contrario, la mayor parte de los 100 generales no se sublevaron. De los 210.000 soldados de tropa y suboficiales que teóricamente formaban el ejército regular en 1936, unos 120.000 quedaron en la zona sublevada, pero lo más decisivo fue que entre ellos se encontraban los 47.000 que formaban el Ejército de África que constituían las mejores tropas del ejército español. La Guardia Civil, por su parte, quedó muy dividida entre los leales y los rebeldes a la República.[167]

Tal como señala el general Casas de la Vega, las guerras las hacen los ejércitos que se enfrentan. En este caso y por tratarse de una guerra civil, en la Guerra de España de 1936 a 1939 intervino un solo ejército que se partió en dos y combatió consigo mismo en una de las más trágicas contiendas de la historia:

Si hemos de ver por qué se combate y cómo se combate en nuestra guerra, parece indispensable saber, primero por qué y cómo se partió el Ejército único e inicial, qué eran aquellos dos Ejércitos que se combaten , quiénes los mandaban y dónde estaban ubicadas sus unidades

Rafael Casas de la Vega, Franco, militar página 327

Tras la muerte en accidente de aviación del que iba ser el jefe de la zona sublevada, el general Sanjurjo, los generales rebeldes decidieron crear el jueves 23 de julio una Junta de Defensa Nacional, que quedaría constituida al día siguiente en Burgos, y que estaría integrada por los generales Miguel Cabanellas, que fue nombrado presidente de la Junta por ser el general más antiguo entre los sublevados, Andrés Saliquet, Miguel Ponte, Emilio Mola y Fidel Dávila, además del coronel Montaner y el coronel Moreno Calderón. En el Decreto nº 1 que publicó la Junta se establecía que ésta asumía "todos los poderes del Estado" y que representaría al país ante los poderes extranjeros, aunque en las semanas siguientes ningún país la reconoció, y siguió considerando como gobierno legítimo de España al de Madrid presidido por el republicano de izquierda José Giral.[168]

Zona republicana[editar]

El miércoles 22 de julio la zona fiel a la República ocupaba grosso modo la mitad este de la Península (la mitad oriental de Aragón (menos las tres capitales), Cataluña, País Valenciano, Murcia, Andalucía oriental (menos la ciudad de Granada), Madrid, Castilla-La Mancha) además de las provincias de Badajoz y de Huelva. Aislada de esta zona quedaba la franja cantábrica formada por Asturias (menos Oviedo y Gijón), Cantabria, Vizcaya y Guipúzcoa. El territorio leal era superior en extensión al rebelde y se trataba, por lo general, de las zonas de España "socialmente más evolucionadas, con importante población urbana, más industrializadas y con núcleos de obrerismo modernos organizado".[167]

En cuanto al Ejército el problema principal que tenía la República era la falta de jefes y oficiales, puesto que aunque en su zona quedaron unos 90.000 soldados de tropa y suboficiales de los 210.000 que en 1936 formaban el ejército español, sólo 1.500 jefes y oficiales permanecieron leales (además de unas decenas de generales). En cuanto a la Guardia Civil quedó muy dividida.[167]

Consideraciones jurídicas[editar]

En un auto dictado el 16 de octubre de 2008, Baltasar Garzón introdujo el "alzamiento nacional" como nuevo objeto del procedimiento de denuncia de las desapariciones forzadas, tipificándolo como delito contra los altos organismos de la nación y la forma de gobierno, objeto competencia de la Audiencia Nacional.[169]

Notas[editar]

  1. Mola también falleció, pero no fue durante la sublevación, sino en el transcurso de la guerra.

Fuentes[editar]

Referencias[editar]

  1. Hurtado, pp.12-13
  2. Cruz, Rafael (2006). pp. 167. 
  3. a b Aróstegui, Julio (1997). pp. 22. 
  4. Casanova, Julián (2007). pp. 164. 
  5. a b Aróstegui, Julio (1997). pp. 32. 
  6. Jackson, pag. 206
  7. Maura, Miguel (2007). «capítulo II: La Sanjurjada». En Joaquín Romero Maura. Así Cayó Alfonso XIII. Marcial Pons Historia. ISBN 978-84-96467-44-6. , p.457 y siguientes
  8. Urbano, Pilar (2011). El precio del trono. Barcelona: Planeta. ISBN 978-84-08-10717-0. , pp.17-18
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  12. a b Casanova, Julián (2007). pp. 156. 
  13. Gil Pecharromán, Julio (1997). pp. 122-123. 
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  36. Ortiz, p.50
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  121. Aróstegui, Julio (2006). pp. 86-87. 
  122. a b Aróstegui, Julio (2006). pp. 88. 
  123. Alpert, Michael (1987). pp. 29; 31-34. 
  124. Alpert, Michael (1987). pp. 24-27. «La historia de las fricciones entre el Cuerpo General y los otros cuerpos de oficiales, que no poseían función de mando en el buque y la de los auxiliares y cabos, agradecidos a la República porque ésta había tratado de dignificarlos, pero atentos a cualquier atisbo de arbitrariedad o manifestación de falta de adhesión al régimen republicano por parta del Cuerpo General, hacía prever una explosión cuando el momento fuera oportuno y no garantizaba la eficacia en el funcionamiento de una flota» 
  125. Alpert, Michael (1987). pp. 39-40. 
  126. Alpert, Michael (1987). pp. 40-42. 
  127. Alpert, Michael (1987). pp. 41-45. «Estos tres barcos, el cañonero Dato, el torpedero T-19 y el guardacostas Uad-Kert, fueron los únicos buques donde o no llegaron los mensajes de Balboa, o el comandante fue demasiado listo para el radiotelegrafista, o no había a bordo los activistas que en otros buques estaban preparados para hacer frente a los acontecimientos» 
  128. Alpert, Michael (1987). pp. 45-46. 
  129. Alpert, Michael (1987). pp. 49-50. 
  130. Alpert, Michael (1987). pp. 54-55. 
  131. a b Alpert, Michael (1987). pp. 48. «Los mandos habían demostrado desgana a la hora de actuar con energía, ordenando la inmersión en cuanto avistaban un barco para evitar tener que atacarlo. (...) [Además] habían acordado sabotear el único torpedo que llevaba cada submarino e inutilizar el cañón en el caso de verse obligados a cumplir en la superficie las órdenes de la superioridad» 
  132. Alpert, Michael (1987). pp. 45; 47. 
  133. Alpert, Michael (1987). pp. 46-47. 
  134. Alpert, Michael (1987). pp. 50-52. 
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  138. a b Solé i Sabaté, Josep María; Villarroya, Joan (2003). pp. 67. 
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  143. Solé i Sabaté, Josep María; Villarroya, Joan (2003). pp. 25-26. 
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  149. Solé i Sabaté, Josep María; Villarroya, Joan (2003). pp. 27-28; 33-34. 
  150. Solé i Sabaté, Josep María; Villarroya, Joan (2003). pp. 60-61. 
  151. Solé i Sabaté, Josep María; Villarroya, Joan (2003). pp. 61-64. 
  152. Solé i Sabaté, Josep María; Villarroya, Joan (2003). pp. 64-66. 
  153. Solé i Sabaté, Josep María; Villarroya, Joan (2003). pp. 67-68. 
  154. Solé i Sabaté, Josep María; Villarroya, Joan (2003). pp. 65. 
  155. a b Aróstegui, Julio (2006). pp. 97-101. 
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  158. Thomas, Hugh (1976). pp. 251-255. 
  159. Aróstegui, Julio (2006). pp. 100-101. 
  160. Casanova, Julián (2007). pp. 173-174. 
  161. Blanco pag. 201
  162. Blanco pag. 201
  163. Juliá
  164. Hurtado, pp.74-75
  165. por ejemplo en Jackson pag. 213 ó García de Cortázar pag. 480
  166. Aróstegui, Julio (2006). pp. 53; 71; 78; 81. 
  167. a b c d e Aróstegui, Julio (2006). pp. 92-94. 
  168. Aróstegui, Julio (2006). pp. 190. 
  169. El Tribunal Supremo imputa al juez Garzón por prevaricación | España | elmundo.es

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]