Intelectual

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
L'Age du papier ("La edad del papel"), ilustración de Felix Valloton, año 1898.
En las calles de París todos leen periódicos de diversas tendencias, y uno de ellos, el famoso ejemplar de L'Aurore con el J'Accuse de Zola (otros tienen preferencia por ejemplares de otras publicaciones, Le Temps, Le Journal, etc).[1]
Dibujo satírico en Le Pélerin, un periódico de la derecha católica, contra los intellectuels del caso Alfred Dreyfus (1898).[2]

Intelectual es el que se dedica al estudio y la reflexión crítica sobre la realidad, y comunica sus ideas con la pretensión de influir en ella, alcanzando cierto estatus de autoridad ante la opinión pública.[3] Proveniente del mundo de la cultura, como creador o mediador, interviene en el mundo de la política al defender propuestas o denunciar injusticias concretas, además de producir o extender ideologías y defender unos u otros valores.[4] [5]

La intelectualidad es el colectivo de intelectuales, agrupados en razón de su proximidad nacional (intelectualidad española, francesa, etc.) o ideológica (intelectualidad liberal, conservadora, progresista, revolucionaria, reaccionaria, democrática, fascista, comunista, etc.).[6] En ocasiones se utiliza de forma equivalente la palabra rusa intelligentsia (интеллигенция), que en su uso más común designa a la totalidad del estrato social de los que poseen un cierto grado de formación intelectual (educación o ilustración), se defina o no como clase social (clase intelectual, burguesía ilustrada -bildungsbürgertum-).[7]

El término fue acuñado en Francia durante el llamado affaire Dreyfus (finales del siglo XIX), inicialmente como un calificativo peyorativo que los anti-dreyfusistas (Maurice Barrès[8] o Ferdinand Brunetière[9] ) utilizaban despectivamente para designar al conjunto de personajes de la ciencia, el arte, y la cultura (Émile Zola, Octave Mirbeau, o Anatole France) que apoyaban la liberación del capitán judío Alfred Dreyfus acusado injustamente de traición.[10]

Con posterioridad, su uso se hace habitualmente con connotaciones positivas, al estar dotado socialmente de un valor de prestigio asociado a la atribución de un intelecto o inteligencia superior a quienes son identificados con el término; y sobre todo, al entenderse que la actividad pública de los intelectuales que previa o simultáneamente se dedican al pensamiento, tiene una dimensión y una repercusión que se consideran muy valiosas, y que confieren altos valores humanísticos a quien ejerza tal función (responsabilidad, altruismo, solidaridad, etc.).

Soy hombre, nada humano me es ajeno (Homo sum: humani nihil a me alienum puto).

Terencio[11]

El factor determinante en la consideración de un pensador (filósofo, científico, escritor, o artista) como un intelectual es su grado de implicación o compromiso (engagement)[12] con la realidad vital de su época. Como derivación de ello, la interferencia de los intereses y de las distintas opiniones y opciones ideológicas, políticas y sociales, hace que la aplicación del término dependa del grado de afinidad que tenga quien lo aplica con respecto al sujeto en cuestión.

Intelectual es el que se mete donde no le importa (L'intellectuel est quelqu'un qui se mêle de ce qui ne le regarde pas).

Jean Paul Sartre[13]

En otras ocasiones, el uso del término, o la valoración del propio concepto, puede ser también negativa, identificando a la intelectualidad con el establishment.

Los intelectuales son especialistas en la difamación, son básicamente comisarios políticos, son los administradores ideológicos, los más amenazados por la disidencia.

Noam Chomsky[14]

Crítica que implica la existencia de otro tipo de intelectuales:

El real o "verdadero" intelectual es siempre un intruso [outsider], que vive en un exilio autoimpuesto, en los márgenes de la sociedad.

Edward Said[15]

Intelectuales del siglo XIX[editar]

En todas las épocas históricas personajes caracterizados por sus conocimientos o por su producción literaria estuvieron presentes en las cercanías del poder político, y especialmente del poder religioso, y ejercieron esa habilidad con propósitos apologéticos: tanto para sustentarlo y justificarlo como para destruirlo y construir su alternativa, papel en que destacaron en Francia los politiques del siglo XVI (guerras de religión)[16] o los philosophes del siglo XVIII (enciclopedistas); en España los arbitristas, los novatores, los ilustrados y sus opositores castizos (golillas y manteístas); y diferentes tipos de oratores (clercs[17] o clérigos, en su definición feudal -precedida por la función platónica reservada a los filósofos-), letrados, hombres de letras, escolares, universitarios o académicos identificados con distintas corrientes o movimientos en otros países.

Pero la edad contemporánea les reservó un papel notablemente diferenciado, muy vinculado al nacimiento del concepto de ideología,[18] al protagonismo histórico que alcanzan las masas, y a la función de los medios de comunicación. Además de la literatura ensayística tradicional, la prensa fue convirtiéndose en el vehículo esencial de la comunicación de los intelectuales con el público. No es casualidad que, de Franklin a Mussolini, dirigentes políticos clave hayan surgido del periodismo (profesión que, por sí misma, no otorga la condición de intelectual, como es el caso del líder fascista, caracterizado por su explícito antiintelectualismo).[19] Paralelamente, la contribución de los intelectuales de todos los ámbitos del arte y la cultura al movimiento obrero y a los movimientos nacionalistas fue fundamental.

La reflexión intelectual sobre la era de la revolución -industrial, liberal y burguesa- llevó a los intelectuales, estimulados por el Sapere aude kantiano (el espíritu de la Ilustración) a comprometerse en juicios sobre los acontecimientos de su presente, y en casos destacados, a participar de ellos, a veces con consecuencias graves (Lavoisier fue guillotinado al grito: La République n'a pas besoin de savants -"la república no necesita sabios"-).[20] La opuesta valoración de Burke sobre la revolución americana y la francesa contrastó con la participación en ambas de Paine. Dentro del nuevo contexto intelectual del romanticismo, los contrarrevolucionarios franceses (Bonald y Maistre) dieron paso a una reflexión moderada que pretendía la adaptación del Antiguo Régimen al Nuevo (La democracia en América de Tocqueville, doctrinarismo de Guizot).

Los filósofos del idealismo alemán (Kant,[21] Fichte, Hegel), científicos, artistas y literatos alemanes de todos los ámbitos (Goethe -prefiero la injusticia al desorden-, los hermanos Humboldt -Wilhelm y Alexander-, los hermanos Grimm, Wagner, etc.) se implicaron en los diferentes movimientos sociales y políticos que, con el tiempo y tras muchas alternativas, llevaron a la unificación alemana. Ésta se terminó construyendo sobre lo que, para Hegel, era la manifestación en la realidad de la racionalidad del espíritu absoluto (el Estado prusiano). Algo similar ocurrió en la unificación italiana, promovida por Mazzini desde la Joven Italia, modelo de participación social que incluía a pensadores, literatos y artistas junto a militares y conspiradores políticos, y que pretendía extender a todo el continente con la Joven Europa.[22] La edad de oro de la literatura rusa produjo simultáneamente a intelectuales de una dimensión universal (Pushkin, Gogol, Turgueniev, Chejov, y sobre todo Tolstoi y Dostoievski).

En Inglaterra, el utilitarismo de Bentham y Mill (movimiento contemporáneo al positivismo francés de Comte) abrió una línea de interés intelectual por la situación social desde una perspectiva reformista, vinculada a la idea de progreso que preside la época y que a finales del XIX se plasmó en los fabianos. Ya en el siglo XX, con nuevos presupuestos, menos optimistas, la tendencia intelectual progresista y de experimentación de modelos alternativos fue continuada por el grupo de Bloomsbury. El impacto del evolucionismo fue decisivo para todos los campos del pensamiento, incluyendo peculiares interpretación de los postulados de Darwin aplicados fuera de su contexto biológico (el darwinismo social de Spencer).

En los Estados Unidos tuvo una gran repercusión local The American Scholar de Ralph Waldo Emerson (1837), calificado como "la declaración de independencia intelectual" por Oliver Wendell Holmes. Mucho más universal fue la influencia de Thoreau (La desobediencia civil, 1849) en el pacifismo posterior, un movimiento que alcanzó una dimensión trascendental entre los intelectuales de todo el mundo (Tolstoi, H. G. Wells, Rolland, Tagore, Gandhi, Russell). Cuando Alfred Nobel instauró los premios que llevan su nombre, consideró que además de las diferentes ramas del saber, debía concederse uno a la paz (el primero, de 1901, se concedió ex-aequo a Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja, y a Frédéric Passy, impulsor de la Unión Interparlamentaria).

En el ámbito hispánico, el papel de los intelectuales fue decisivo en los últimos movimientos independentistas (Martí y Rizal); mientras que en la metrópoli alcanzaba gran influencia el krausismo, la corriente de pensamiento progresista que se sustanció en la Institución Libre de Enseñanza (Giner de los Ríos); frente a la que se articuló la corriente de pensamiento reaccionario de los neocatólicos (Menéndez y Pelayo). Tras el desastre del 98, con gran repercusión pública, se insistió en la reflexión intelectual sobre las causas del fracaso histórico de España y su posible remedio, en lo que ve denominó regeneracionismo (término ambiguo, con el que, junto a los políticos que protagonizaron la crisis de la Restauración, se etiquetan tanto científicos -Cajal- como movilizadores sociales -Costa- y literatos -generación del 98-).

Intelectuales del siglo XX[editar]

Los líderes de algunos de los más importantes movimientos revolucionarios y descolonizadores del siglo XX, eran ellos mismos intelectuales (Lenin, Gandhi, Mao Zedong).

Los intelectuales se enfrentaron a una elección problemática: mantener la pureza de su pensamiento cayendo en el elitismo (Juan Ramón Jiménez: a la minoría, siempre), o buscar la proyección social de su trabajo (Blas de Otero: a la inmensa mayoría) lo que supone en muchos casos implicarse en la cultura de masas y los nuevos medios de comunicación, es decir, en la mediocridad. Según McLuhan el medio es el mensaje (the medium is the message, 1964);[24] según Andy Warhol, todos tendremos opción a gozar o sufrir de nuestros quince minutos de fama (In the future, everyone will be world-famous for 15 minutes, 1968).[25] Umberto Eco expresó el problema como una contradicción esencial entre apocalípticos e integrados (1965).

La amenaza al estrato de nuestros intelectuales y a la libertad de pensamiento, y la decadencia de la cultura en la sociedad de masas son los temas de algunos libros muy leídos, como los de José Ortega y Gasset La rebelión de las masas (1933), Julien Benda La Trahison des clercs [La traición de los intelectuales][17] y Johan Huizinga In the Shadow of Twomorrow [Entre las sombras del mañana].[26] Tocan puntos esenciales de peligro en el desarrollo de la sociedad moderna. No obstante, en puntos decisivos, la carencia de un genuino análisis sociológico les impide ir más allá de las lamentaciones de los académicos [scholars].

Karl Mannheim[27]

Primer tercio del siglo XX[editar]

La crisis intelectual de comienzos del siglo XX implicó una profunda renovación en los paradigmas científicos (revolución relativista, revolución cuántica, revolución neuronal, revolución freudiana), al tiempo que se asistía con enorme asombro al aparente suicidio de la civilización (Primera Guerra Mundial, Gran Depresión, Segunda Guerra Mundial) y al surgimiento de modelos alternativos (comunismo soviético, fascismo).

El periodo de entreguerras fue de un enorme dinamismo intelectual: al tiempo que se renovava el positivismo con el Círculo de Viena para la concepción científica del mundo (Wittgenstein, Schkick -que fue asesinado por los nazis-, Popper, Ayer), se especulaba en torno a la consecución del consenso manufacturado y aparecían textos de gran repercusión (La decadencia de Occidente, La rebelión de las masas). La reflexión intelectual procuraba entender el nuevo protagonismo lo irracional, que en el mundo del arte se enfocaba con el expresionismo, el surrealismo y la abstracción.

La civilización occidental, que se había impuesto a nivel planetario, tuvo muy distintos efectos en los ámbitos intelectuales de las culturas no europeas, desde la aculturación hasta el rechazo, pasando por el sincretismo. Los nacionalismos independentistas comenzaron a generar discursos alternativos, y el panasianismo japonés construyó una propuesta propia desde la única civilización extraeuropea que no había sido sometida por el colonialismo.

Los virajes hacia la guerra[editar]

La guerra civil española (1936-1939) fue una ocasión señalada para el alineamiento de los intelectuales de todo el mundo en su apoyo a uno u otro bando.[28] La Alianza de Intelectuales Antifascistas consiguió realizar reuniones internacionales de apoyo en Madrid y Barcelona en julio de 1937, con la presencia de Hemingway, Malraux, Neruda, Vallejo, Octavio Paz, Louis Aragon, etc. Fue muy larga la nómina de los intelectuales o artistas de todos los ámbitos que pasaron por la retaguardia republicana: Errol Flynn, John Dos Passos, Ksawery Pruszyński, Hermann Joseph Muller, George Orwell, etc.

Por su parte, destacados intelectuales de ideología opuesta (desde el fascismo, desde el catolicismo o desde el conservadurismo), como Celine o Bernanos, apoyaron, con mayores o menores matices, al bando franquista; aunque no consiguieron tanta repercusión como la del bando perdedor. Lo mismo puede decirse de la trágica división de la intelectualidad española (ejemplificada en la separación de los hermanos Machado -Antonio y Manuel), aunque entre los dos bandos se situó un número significativo, que no se sentía cómodo en ninguno (la denominada Tercera España): significativamente, los tres fundadores de la Agrupación al Servicio de la República (un claro ejemplo del papel de los intelectuales en la vida pública: Ortega, Marañón y Pérez de Ayala), se fueron distanciando del bando republicano, y tras la victoria de Franco procuraron una discreta integración en la vida intelectual del interior. La figura de Ortega, plenamente integrada en la intelectualidad europea, se había hecho notar desde su juventud, por una significativa polémica con Unamuno (sobre "europeizar España o españolizar Europa" -que inventen ellos-), inserta en el más amplio desarrollo del debate intelectual sobre el ser de España. Pocos años después de la guerra, a pesar del mantenimiento de la dictadura de Franco y del exilio, se produjo la reconciliación entre la intelectualidad desencantada de ambos bandos: la falangista de Escorial y la republicana de Hora de España.

Años centrales del siglo XX[editar]

El realineamiento que produjo la Segunda Guerra Mundial, y la victoria de los aliados en 1945, supuso la depuración de los intelectuales filofascistas, con alguna sonora polémica (las palabras matan).[31] La guerra fría determinó una nueva y distinta división del mundo en dos bloques, y con él de los intelectuales. La reflexión sobre los horrores pasados (especialmente el Holocausto) y los presentes (amenaza nuclear -Manifiesto Russell-Einstein, 1955-, guerra de Corea, guerra de Vietnam) permitieron a Albert Camus bautizarla como la era del miedo[32] (Fromm acuñó la expresión miedo a la libertad -1941-).

En España, la peculiar situación geoestratégica permitió la pervivencia de un régimen dictatorial, que mantuvo a la mayor parte de los intelectuales en el exilio interior o o exterior. En el bloque comunista, la disidencia fue duramente reprimida (Gulag), e incluso buena parte de la intelectualidad fiel fue obligada a someterse a mecanismos sofisticados de autocrítica (Proceso de Praga o Proceso Slansky, denunciado en la película de Costa Gavras, Yves Montand, Arthur London y Jorge Semprún L'Aveu -"La confesión"-, 1970);[35] mientras que en los Estados Unidos se desataba la "caza de brujas" del macarthismo (denunciada metafóricamente en Las brujas de Salem de Arthur Miller, 1953). La política exterior de las superpotencias fue objeto de crítica por los intelectuales (Tribunal Russell contra la intervención estadounidense en Vietnam, 1966, denuncias de la represión soviética en Hungría en 1956 y en Checoslovaquia en 1968).

El enorme prestigio de la intelectualidad de izquierdas en los países occidentales (especialmente la de versiones heterodoxas del marxismo, como la escuela de Frankfurt, la Escuela de Annales o la de Past and Present) llegó a su punto máximo durante la revolución de 1968, a partir de la cual su distanciamiento del bloque soviético fue cada vez mayor, hasta la caída del muro de Berlín (1989).

La descolonización hizo aflorar una corriente tercermundista, mientras que la iglesia católica se sometía a un proceso de aggiornamento (Concilio Vaticano II, teología de la liberación) que se recondujo por los sectores conservadores a partir del pontificado de Juan Pablo II y de Benedicto XVI (quien, con el nombre de John Ratzinger, se había destacado como uno de los teólogos del Concilio, y cuyo distanciamiento de Hans Kung es especialmente significativo). En el cristianismo evangélico estadounidense los fenómenos más espectaculares fueron, en cada lado del espectro político, el compromiso de algunos clérigos con el movimiento por los derechos civiles, liderado por Martin Luther King; y el surgimiento de los telepredicadores y el reforzamiento de la denominada mayoría moral, de carácter extremadamente conservador, y muy influyente en el ala derecha del partido republicano (Jerry Falwell, Pat Robertson). Parte de la intelectualidad católica progresista latinoamericana optó por implicarse en la lucha armada de los movimientos guerrilleros; una opción por la violencia hasta cierto punto semejante a la que habían iniciado los más radicales del movimiento estadounidense (Malcolm X, que se había convertido al islam, y que, como Martin Luther King y los hermanos Kennedy, acabó asesinado).

La antipsiquiatría y las corrientes de renovación[37] o reforma educativa[38] (Piaget, Freire, Spock, Neill, Escuela de Summerhill, El libro rojo del cole), tuvieron un gran impacto instituconal y social.

Tres intelectuales rumanos emigrados a Francia (Mircea Eliade, Eugen Ionescu y Emil Cioran), relacionados de forma ambivalente con los movimientos cardinales del siglo XX, entre el fascismo de entreguerras y el progresismo del 68, protagonizaron una de las páginas más discutidas de la historia intelectual europea.[39]

Finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI[editar]

La interpretación del mundo actual es muy diversa, desde enfoques a veces complementarios, a veces opuestos, etiquetados como postestructuralismo, deconstrucción, postmodernidad, desmodernización, pensamiento débil, tercera vía, pensamiento complejo, etc.

El final del siglo XX estuvo presidido por la continuidad de la presencia de intelectuales protagonistas o herederos del 68, como Foucault, Bourdieu,[40] Baudrillard, Lacan, Barthes, Lyotard, Derrida, Deleuze, Glucksmann, Touraine, Vattimo, Jameson, Rorty o Chomsky.[41] [42]

En ámbito hispanohablante han tenido un fuerte protagonismo los literatos identificados con la etiqueta editorial "boom latinoamericano" (promovida por Carlos Barral: García Márquez, Vargas Llosa, Fuentes, Cabrera Infante, Cortázar, Sabato o Benedetti).

De la centralidad del propio concepto de "intelectual" en la reflexión de los "intelectuales" es muestra la publicación de la obra de Sartre Plaidoyer pour les intellectuels ("En defensa de los intelectuales", 1972), uno de los "padres" del 68, contestado por uno de los "hijos" del 68, Bernard-Henri Lévy, con Eloge des intellectuels ("Elogio de los intelectuales", 1987);[43] un juego parafrástico similar al que en el siglo XIX hicieron Proudhon y Marx con Filosofía de la miseria y Miseria de la filosofía (1847).[44] A su vez, Levy y Michel Houellebecq utilizaron el ágil medio del correo electrónico para lo que antes se producía más pausadamente mediante el intercambio epistolar (Ennemis publics, 2008).[45]

En Alemania tuvo especial trascendencia la denominada "polémica de los historiadores" de la década de los ochenta (previa a la reunificación alemana de 1989) desencadenada por el intercambio de opiniones entre el filósofo Jürgen Habermas (que sostenía la presencia constante del nazismo) e historiadores como Ernst Nolte y Joachim Fest (quienes pretendían tomar distancia frente a "ese pasado que no pasa" analizando cuestiones tan espinosas como el Holocausto desde una perspectiva que a sus oponentes parecía casi justificadora, equiparando nazismo y comunismo).[46]

Periódicamente se han suscitado escándalos por la revisión del pasado nazi, franquista o comunista de figuras como Gunter Grass,[47] Cela,[48] Aranguren,[49] Kundera[50] o Kapucinski,[51] especialmente por cuanto (en el caso de los cuatro últimos) pudieron actuar como informadores de autoridades dictatoriales contra otros intelectuales. También han originado polémica la calificación alternativa de "revisionista" o "negacionista", e incluso la persecución judicial, de distintas producciones intelectuales que, de diversos modos, reivindican el fascismo, el nazismo o el franquismo, o procuran distanciarse de lo que denuncian como imposición de una "historia oficial" definida desde un paradigma progresista o "pensamiento único" (David Irving, Robert Faurisson, Roger Garaudy -para el caso español, Pío Moa o César Vidal-). Otros autores desarrollan la denuncia de los crímenes de los regímenes comunistas, como Jean-François Revel o Stéphane Courtois (El libro negro del comunismo, 1997) y se inscriben en un ámbito más asumido académicamente.

La identificación de actitudes sofisticadas o esteticistas dentro de la intelectualidad progresista suscitó su calificación peyorativa como gauche divine o gauche caviar ("izquierda divina" o "izquierda caviar"), Toskana-fraktion ("fracción toscana"), champagne socialism o chardonnay socialism ("socialismo champán" o "socialismo chardonnay") o rödvinsvänster ("izquierda de vino tinto" -lo que en Suecia, donde el vino no es la bebida propia de las clases bajas, hay que entender como "izquierda enológica"-).

La desaparición del bloque soviético a partir de la caída del muro de Berlín (1989) dio lugar a contradictorios pronósticos, entre los que destacaron una visión hegeliana de "final de la historia", con el triunfo definitivo de la democracia liberal (El fin de la Historia y el último hombre de Fukuyama, 1992);[52] y una visión conflictual, en la que Occidente se enfrentaba a múltiples retos que habrían de resolverse violentamente (el Choque de civilizaciones de Huntington, 1993).

La reaparición del pensamiento integrista fue prevista hasta cierto punto por Malraux: el siglo XXI será religioso o no será.[53] La repercusión mundial de la fatwa del Ayatolá Jomeini (desde 1979 líder de la revolución iraní) al escritor Salman Rushdie (1989), que desde entonces vive bajo amenaza de muerte, evidenció el nuevo periodo en que se estaba entrando.

La presión del crecimiento económico y demográfico (denunciados como problemáticos desde 1970 por el Club de Roma) sobre el medio ambiente (Rachel Carson, Primavera silenciosa, 1962) convirtió al ecologismo es un movimiento de enorme capacidad movilizadora en la sociedad, e hizo que la polémica sobre los límites del desarrollo implicara de un modo muy directo a los científicos en el debate político. Las innovaciones científico-técnicas, especialmente en el terreno de la biología, pasaron a un lugar central entre los temas de debate intelectual; alguno de ellos radicalmente nuevos (los límites de la bioética) y alguno recurrente desde el siglo XIX (la persistente capacidad del evolucionismo para generar controversia, dentro del inacabable tema de las relaciones entre ciencia y religión, razón y fe).

Intelectuales provenientes de generaciones anteriores han reconectado con las movilizaciones juveniles, como ocurrió el el 68 (Hessel, Morin, Sampedro, Saramago, García Calvo).[54]

Las migraciones y el debate intercultural e interreligioso han hecho surgir tanto propuestas de multiculturalismo como su contestación; intensificándose la búsqueda de interlocutores intelectuales de occidente en otras civilizaciones, especialmente en en el islam; mientras que la cada vez mayor presencia de China y los países emergentes todavía no se ha reflejado en el protagonismo de sus intelectuales: el poder blando sigue correspondiendo a los Estados Unidos y las instituciones culturales europeas. A pesar de la aceptación cada vez más asumida social e institucionalmente de las reivindicaciones feministas y de otras identidades alternativas, acusadas por sus detractores de ser una mera imposición de la corrección política, el canon occidental (compuesto casi exclusivamente de dead white males -"varones blancos muertos"-) sigue siendo la base del sistema educativo.[56]

Intelectual orgánico[editar]

Primer Congreso Internacional de Artistas Progresistas, Düsseldorf, 29-31 de mayo de 1922.

En terminología marxista, particularmente desarrollada por Gramsci, la labor del intelectual es, bien la justificación ideológica de la superestructura político-ideológica existente, en beneficio del predominio social de la clases dominantes; bien su crítica, en beneficio de las clases dominadas. Sobre todo en éste último caso, el intelectual, aun proviniendo personalmente de una clase superior, puede optar por el compromiso con la condición de los más desfavorecidos, trabajando intelectualemente para ellos como intelectual orgánico, lo que incluye su desclasamiento. Así se entendería la posición del propio Carlos Marx. Es más habitual el caso contrario: el desclasamiento de un intelectual personalmente proveniente de una clase inferior que pasa a identificarse con los intereses de la clase dominante.[57]

No obstante, el desprecio y la desconfianza por la condición del intelectual fue una constante del movimiento obrero en general y del comunismo en particular, sobre todo durante el estalinismo, en que el intelectualismo (término a no confundir con el intelectualismo entendido como actitud filosófica) era uno de los desviacionismos perseguidos y reprimidos mediante violentas purgas; oponiéndolo al obrerismo, la valoración de la condición de los que se habían formado en la lucha del movimiento obrero desde el trabajo manual.[58] En el entorno de la española Dolores Ibárruri (La Pasionaria) durante su exilio en la Unión Soviética se acuñó la expresión, utilizada como insulto, intelectuales cabezas de chorlito. Otra similar, muy extendida, era tonto útil. También solía asociarse con el concepto genérico de pequeñoburgués.[59]

De un modo contrario, era elogiosa la expresión compañero de viaje, que no obstante, era también utilizada peyorativamente, sobre todo desde una óptica anticomunista. Propiamente hacía referencia a quien colaboraba estrechamente con el partido, aunque no militara en él. No debe confundirse con el término maoísta zǒu zī pài, traducido al inglés como capitalist roader ("compañero de ruta capitalista").

La apropiación semántica de la palabra "intelectual" por la orientación ideológica "progresista" o "de izquierdas" se produjo de un modo evidente a partir del periodo de entreguerras (en un momento en que el fascismo se definía como antiintelectualismo y el liberalismo se consideraba explícitamente en crisis o "decadencia"). Se ha destacado el papel que tuvo Willi Münzenberg para lograr que un gran número de intelectuales de todo el mundo (lo que se denominaba "fuerzas del arte y de la cultura") demostraran algún grado de comprensión o simpatía (no necesariamente apoyo o adhesión) hacia el régimen soviético.[60]

Función del intelectual[editar]

Una de las funciones que los intelectuales públicos deben desarrollar es, según Amitai Etzioni, cuidar de las "communities of assumptions" ("suposiciones colectivas") que sostienen los ciudadanos. Además de ello, renovar, recrear, rehacer, reconstruir, abrir, imaginar o transformar esas asunciones sociales compartidas que, resistentes al cambio, tienden a rutinizar su existencia en términos de tradiciones establecidas. El intelectual, al abrirse a las interpretaciones alternativas de la realidad, amplía la perspectiva de los ciudadanos y trata de transformar el mundo mediante la palabra.[61]

Paul Berman ha señalado el problema que tiene para los intelectuales la pérdida de un público atento que escuche.[62]

A lo largo del siglo XX latinoamericano, los intelectuales (escritores y pensadores) de la derecha intelectual, nunca numerosos, casi siempre inmersos en historia y teología, suelen apoyar de modo directo o sin quejas y reproches a gobiernos de mano dura y dictaduras, y difaman a gobiernos que por otra parte merecen críticas duras, a los que se oponen no por el autoritarismo feroz que no les preocupa tratándose de gobernantes de la derecha, sino por propiciar la separación de la Iglesia y el Estado.

En todas partes, estos filósofos, historiadores, novelistas, identifican la mano dura con la defensa de la moral y las buenas costumbres, la oposición a la justicia social y la supremacía de la censura.

Carlos Monsiváis[63]

Inteligentes, de intus legere ("leer adentro"), comprender, no es adjetivo a aplicar sin riesgo a los eruditos, lectores, viajeros o profesores que brillaban en los salones de los años veinte. La realidad no se lee: se siente, e –indispensablemente- se la acepta y uno se integra a ella, o se la rechaza por incompatibilidad de piel o conveniencias personales.

José María Rosa[64]

Los dos principales enemigos de la libre empresa son los intelectuales por un lado y los hombres de negocios por otro, por razones opuestas. Cada intelectual cree en la libertad para sí mismo, pero se opone a la libertad para los otros... Piensa... que debería haber una oficina de planificación central que estableciera las prioridades sociales.

Milton Friedman[65]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Past Imperfect: French Intellectuals, 1944-1956, University of California Press, 1992, ISBN 0520079213.

Notas[editar]

  1. Patrice Boussel, L'affaire Dreyfus et la presse, collection kiosque, Armand Colin, 1960, 272 págs, fuente citada en fr:Presse et édition dans l'affaire Dreyfus.
  2. Los intelectuales (Ranc, Zola, Socie, Jaurés, Ribot, Goblet), un masón, el periódico L'Aurore, y un personaje designado como intellecte 1.er ("intelecto primero"), rodean a una flor que es la cabeza Dreyfus coronada por el gorro frigio (símbolo de la República francesa), cuyas hojas son el ateísmo, la guerra a la iglesia, la impiedad, la desmoralización, la laicización, la guerra a Dios, y la anarquía. El título es Tout de même, nous avons reussi a faire pousser une belle fleur ("Sea como sea, hemos conseguido hacer que crezca una bella flor").
  3. Se han realizado en 2005 y 2008 dos selecciones periodísticas de los intelectuales más influyentes (por las revistas Foreign Policy y Prospect). A la búsqueda de los intelectuales más influyentes, El País; Eligieron a los cien intelectuales más influyentes del mundo, La Nación; citando a Foreign Policy, abril-mayo y agosto-septiembre de 2008 (sólo accesible la presentación); que realizó una selección previa sobre la que los lectores votaron. En esa misma web puede accederse a Los intelectuales más influyentes de Iberoamerica y a Los 10 intelectuales más influyentes de Iberoamérica, Foreign Policy, diciembre-enero 2009. Una consulta similar se realizó en octubre de 2005 (resultados con número de votos). Véase en:Top 100 Public Intellectuals Poll de la Wikipedia en inglés. La lista de 2005 estaba encabezada por Noam Chomsky, Umberto Eco, Richard Dawkins, Václav Havel, Christopher Hitchens, Paul Krugman, Jürgen Habermas, Amartya Sen, Jared Diamond y Salman Rushdie; los únicos del mundo hispanohablante eran Hernando de Soto y Mario Vargas Llosa. La lista de 2008 estaba encabezada por Fethullah Gulen, Muhammad Yunus, Yusuf al-Qaradawi, Orhan Pamuk, Aitzaz Ahsan, Amr Khaled, Abdolkarim Soroush, Tariq Ramadan, Mahmood Mamdani y Shirin Ebadi (todos ellos del mundo islámico); los únicos del mundo hispanohablante eran Vargas Llosa, Fernando Savater y Enrique Krauze. "Intellectuals". Prospect magazine. 2009. Fuente citada en en:FP Top 100 Global Thinkers.
  4. Pascal Ory y Jean-François Sirinelli, Les Intellectuels en France. De l’affaire Dreyfus à nos jours, Paris, Armand Colin, 2002, p. 10.
  5. Santos Juliá, Elogio de Historia en tiempo de Memoria, Marcial Pons, Madrid, 2001 (reseñado en Babelia, 21 de julio de 2012, por Miguel Ángel Bastenier):

    El escritor público [ha de actuar] como observador comprometido, sin sustituir al lector, que será quien deba sacar sus propias conclusiones, sin ocupar el lugar del poder, ni de la oposición, pero tampoco un ilusario lugar intermedio, sino el propio del intelectual en democracia (...) es el papel de observador crítico, tal como lo veía Raymond Aron.

  6. "Intelectualidad" también puede significar "intelecto" «intelectualidad», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val=intelectualidad . La popularidad de la letra del chotis Madrid (de Agustín Lara) hace que se hable muy a menudo de "la crema de la intelectualidad" (En Chicote un agasajo postinero / con la crema de la intelectualidad; véase citado por Francisco Umbral, La noche que llegué al Café Gijón, Destino, 1977, ISBN 8423307093, pg. 89).
  7. The emergence of a socially alienated, theologically literate, anti-establishment lay intelligentsia is one of the more significant phenomena of the social history of Germany in the 1830s... three or four theological graduates in ten might hope to find employment in a church post (Alister McGrath, The Twilight of Atheism, 2004, p. 53). En cuanto a los pensadores radicales que habían participado en la Revolución francesa, Robert Darnton indica que no eran outsiders, sino respectable, domesticated, and assimilated (The High Enlightenment and the Low-Life of Literature, en The Literary Underground of the Old Regime, 1982).
  8. Zeev Sternhell, Barrès et le nationalisme français.
  9. La Revue des Deux Mondes, 15 de marzo de 1898.
  10. John Gross, The rise and fall of the man of letters, 1969, Pelican edition, 1973. James Piereson, The rise & fall of the intellectual, 2006, The New Criterion, September 2006
  11. Heautontimorumenos, 77. Citado por Enrique Tierno Galván y Neus Galí, Aurea Dicta, Critica, 2004, ISBN 8484322041, pg. 33.
  12. Los conceptos son desarrollados por Sartre, El existencialismo es un humanismo. Comentados aquí por Ramón Alcoberro -ca:Ramon Alcoberro i Pericay-, Notas para una lectura:

    ... una vez se comprende su idea del hombre como situación, resulta más fácil entender los conceptos de «responsabilidad» y compromiso [“engagement”]. Comprometerse en una situación concreta -«embarcarse», había dicho Pascal– es la consecuencia de asumir que no se puede vivir en la pura abstracción conceptual; todo el mundo está siempre en una «situación» determinada y nos toca ser responsables (responder) de ella. La neutralidad, sencillamente, no es posible. En un editorial de Les temps modernes, de 1945, Sartre llegó a escribir: «Considero a Flaubert y a los Goncourt responsables de la represión que siguió a la Comuna porque nunca escribieron ni una línea para impedirla».

    Véase también fr:Qu'est-ce que la littérature ? (Sartre, 1947)

  13. Annie Cohen-Solal, Sartre, Gallimard, 1989, pp. 588-589.
  14. Declaraciones recogidas por Peter R. Mitchell y John Schoeffel, Chomsky, Critica, 2002, ISBN 8484323781, pg. 250.
  15. Jennings, Jeremy and Kemp-Welch, Anthony, eds. (1997), Intellectuals in Politics: From the Dreyfus Affair to Salman Rushdie, pgs. 1-2.
  16. Arlette Jouanna (dir.), Histoire et dictionnaire des guerres de religion, 1559-1598, Robert Laffont, 1998, p. 83, 1210-1213. Originalmente, el término politique se aplicaba de manera individual. A partir de 1568, se utiliza en plural, para referirse a uno de los grupos que pretendían la aproximación entre católicos y protestantes (otro grupo recibía la denominación de moyenneurs -"medianeros"-). Mario Turchetti, Concordia o tolleranza? François Bauduin (1520-1573) e i «Moyenneurs», Ginebra, Droz, 1984. Fuente citada en fr:Moyenneurs.
  17. a b Julien Benda, La Trahison des clercs (1927, reeditado y ampliado en 1946), Les Cahiers rouges, Grasset, 2003. ISBN 2-246-01915-X. Fuente citada en fr:La Trahison des clercs.
  18. Destutt de Tracy Mémoire sur la faculté de penser, 1796; y Karl Marx, que le da un papel fundamental en su teoría de la relación entre estructura y superestructura.
  19. Fuentes citadas en en:Anti-intellectualism.
  20. La frase sería la respuesta a la petición por parte del reo de más tiempo de vida para terminar trabajos útiles a la humanidad. Se atribuye a distintos revolucionarios franceses (Coffinhal -fr:Jean-Baptiste Coffinhal-, Dumas o Fouquier-Tinville). Édouard Grimaux Lavoisier, 1888, pg. 376. Edición reimpresa, Ayer, ISBN 0405139632.
  21. Kant insistía en ¿Qué es la ilustración? en la función pública del intelectual, pero sentía la necesidad de distinguir entre el "uso privado" y el "uso público" de la razón, entendiendo en esta segunda acepción la relación que debía instaurarse entre el intelectual y "el público de sus lectores", frente a los cuales el filósofo podía considerarse absolutamente libre para exponer sus propias convicciones y su propio pensamiento, también crítico frente a las instituciones.
  22. Junges Europa, en Historischen Lexikon der Schweiz, fuente citada en de:Junges Europa.
  23. Pere Grases i González, 1957.
  24. Understanding Media: The Extensions of Man, 1964, Nueva York: Mentor. Fuente citada en en:The medium is the message
  25. Catálogo de su exposición en el Moderna Museet de Estocolmo, de febrero a marzo de 1968. Fuente citada en en:15 minutes of fame
  26. Título original, en alemán: In de schaduwen van morgen, 1935 (http://www.dictionaryofarthistorians.org/huizingaj.htm).
  27. Karl Mannheim y Kurt H. Wolff, From Karl Mannheim, Transaction Publishers, 1993, ISBN 1560006579, pg. 96.
  28. La expresión virajes hacia la guerra es del historiador español Jesús Pabón Los virajes hacia la guerra (1934-1939), Madrid, 1946. Citado en Antonio Fernández, Historia del mundo contemporáneo, Barcelona: Vicéns Vives ISBN 84-316-1774-8.
  29. Gallimard, 1937. Fuente citada en fr:L'Espoir. También se hizo una película: Espoir, sierra de Teruel. IMDB, fuente citada en fr:Espoir, sierra de Teruel.
  30. Citado en Poesía de la guerra civil española, pg. 216.
  31. La cita se atribuye a Simone de Beauvoir al negarse a colaborar en el proceso de rehabilitación de Celine.
  32. ...au seuil de l’ère de la Peur (en el umbral de la Era del Miedo). Combat (t. II. p. 291), citado en La pensée politique d’Albert Camus.
  33. Slava Sadovnikov, Escape, Fromm, Freedom: The Refutability of Historical Interpretations in the Popperian Perspective, en Dialogue 43/2 (2004). Fuente citada en en:The Fear of Freedom.
  34. Frente a la mayor repercusión que en las décadas centrales del siglo XX tuvieron los intelectuales franceses de izquierdas (de Sartre a Maurice Duverger), Aron representaba la derecha. Fue duramente criticado por Sartre (su antiguo compañero de estudios) con motivo de la revolución del 68, cuando le puso como ejemplo del intelectual que se atrinchera detrás de su escritorio y considera un valor el no cambiar de pensamiento en treinta años; propuso la imagen de Raymond Aron desnudo delante de los jóvenes, como un símbolo de rebelión contra las autoridades intelectuales.
  35. Arthur London, L'Aveu. Dans l'engrenage du procès de Prague, Coll. Témoins, Paris, N.R.F. Gallimard, 1970, 457p. Fuente citada en fr:Procès de Prague y fr:L'Aveu.
  36. Perspectiva similar es la de la conferencia y posterior libro de Isaiah Berlin, Two concepts of liberty: an inaugural lecture delivered before the University of Oxford on 31 October 1958 y Freedom and its betrayal: six enemies of human liberty.
  37. Propuestas de Paulo Freire para una renovación educativa, (ITESO), 2009, ISBN 6124513056
    • Katz, M.B. (1971). Class, Bureaucracy, and Schools: The Illusion of Educational Change in America. New York: Praeger Publishers.
    • Kliebard, Herbert. (1987) The Struggle for the American Curriculum. New York: Routledge & Kegan Paul.
    • Kohn, A. (1999). The Schools Our Children Deserve: Moving Beyond Traditional Classrooms and 'Tougher Standards'. Boston: Houghton Mifflin Co.
    • Murphy, J.H. and Beck, L.G. (1995). School-Based Management as School Reform: Taking Stock. Thousand Oaks, CA: Corwin Press, Inc.
    • Ogbu, J.U. (1978). Minority Education and Caste: The American System in Cross-Cultural Perspective. New York: Academic Press.
    • Ravitch, D. (1988). The Great School Wars: A History of the New York City Public Schools. New York: Basic Books, Inc.
    • Sarason, S.B. (1996). Revisiting 'The Culture of the School and the Problem of Change'. New York: Teachers College Press.
    • Sarason, S.B. (1990). The Predictable Failure of Educational Reform: Can We Change Course Before Its Too Late? San Francisco: Josey-Bass, Inc.
    • Sizer, T.R. (1984). Horace’s Compromise: The Dilemma of the American High School. Boston: Houghton Mifflin Company.
    Fuentes citadas en en:Education reform
  38. Alexandra Laignel-Lavastina Cioran, Eliade, Ionesco. El olvido del fascismo, PUF; citado por Daniel Dubuisson, Trois roumains a París, en La Quinzaine littéraire, n.º 832, junio de 2002; citado a su vez en Edgar Bastidas ¿Cioran, Eliade, Ionesco, fascistas y antisemitas?, en Allanahuanga, n.º 3, erero - marzo de 2003.
  39. Para Michel Foucault, el ejemplo de "intelectual específico" era Pierre Bourdieu, un «intelectual que no trabaja en "lo universal", "lo ejemplar", lo "justo y verdadero para todos", sino en sectores determinados, en puntos precisos donde lo que le sitúan son sus condiciones profesionales, sus condiciones de vida (la casa, el hospital, el asilo, el laboratorio, la universidad, las relaciones familiares)» -intellectuel qui ne travaille plus dans "l’universel", "l’exemplaire", "le-juste-et-le-vrai-pour-tous", mais dans des secteurs déterminés, en des points précis où les situent soit leurs conditions professionnelles, soit leurs conditions de vie (le logement, l’hôpital, l’asile, le laboratoire, l’université, les rapports familiaux)-. Michel Foucault, Dits et écrits, «La Fonction politique de l’intellectuel», n° 184, 1976, p. 109.
  40. Un listado de estos nombres, junto con otros, puede encontrarse, por ejemplo, en Wolfgang Welsch, Vernunft, citado en Francesc Casadesús, Taula, 27-28, pg. 7, nota 1.
  41. Jesús Ferrero, La Escuela de París, El País, 30 de octubre de 2010:

    el año 1980 fue fundamental para percatarse de que la demolición de un mundo y de una escuela se estaba dando ya, de forma fulminante y casi disparatada, pues ese año Barthes murió por causa de un estúpido accidente de tráfico que casi parecía un suicidio, murió también Sartre (uno de los tres grandes padres de todos ellos, los otros dos eran Lacan y Lévi-Strauss), y finalmente Althusser estranguló a su mujer una noche de angustia extrema, inconsciencia y locura. Sin olvidar que un año antes el filósofo marxista Nicos Poulantzas se había suicidado abrazado a sus libros y arrojándose desde el piso 32 de la megalítica torre de Montparnasse, símbolo total de capitalismo francés. Para volverse locos.

    Tres años después, Foucault moría de sida, y 10 años más tarde Deleuze se suicidaba por defenestración. Pero aún quedaban dos miembros notables en relación con esa escuela: el más viejo y el más joven, Lévi-Strauss y Derrida, hace algún tiempo muertos, por lo que se puede decir que se trata de una escuela que ha pasado íntegramente a la historia.

    Vista desde cierta distancia, creo que ha sido una gran escuela de pensamiento en la que se han albergado tres generaciones en el más amplio sentido del término: los padres (Lévi-Strauss, Sartre y Lacan), los hijos (Barthes, Deleuze, Foucault, Lyotard...) y los nietos (Baudrillard y Derrida), y en la que el marxismo, el existencialismo y, finalmente, el estructuralismo conformaron sus tres grandes ramas que en ciertos momentos se tocaron, en otros se entrelazaron y en otros se combatieron con furor casi vesánico. A su vez, todos ellos tenían como antepasado fundamental a Freud, con frecuencia en mayor grado que a Kant, Hegel, Marx, Nietzsche y Heidegger.

    Concebida la escuela de forma simbólica, podría decirse que levantaron una hermosa torre de Babel, que luego fue destruida por sus últimos miembros y entre cuyos escombros ahora nos movemos. Dos generaciones de constructores, algunos muy ambiciosos y faraónicos, y otra más de demoledores desenfrenados y bastante neuróticos. Suele pasar hasta en las mejores escuelas y las mejores familias. Construir y destruir: pura unidad dialéctica ya proclamada en el Eclesiastés.

    En muchos aspectos representaron el fin de un mundo y el comienzo de otro. Unos teorizaron la desarticulación del saber y otros llegaron incluso a encarnarla trágicamente.

    Al margen de las irresponsabilidades en las que pudieron caer a veces, para mí representaron la parcela más noble y desinteresada del mundo de París. Eran amables y accesibles, les gustaba vivir, eran generosos con la virtud y el vicio, y les habría escandalizado el moralismo siniestro de nuestros días.

  42. Lawrence D. Kritzman, Brian J. Reilly,M. B. DeBevoise, The Columbia History of Twentieth-Century, Columbia University Press, 2007, ISBN 0231107900, pg. 595.
  43. Sistema de las contradicciones económicas o Filosofía de la miseria, traducido por Pi y Margall (1870). El libro de Marx en una edición actual.
  44. Ennemis publics, Flammarion, 2008, ISBN 2081218348.
  45. Alberto Buela, citando a Javier Esparza, en La relación con el pasado [1]
  46. Siempre vivirá con la culpa de haber pertenecido a los 17 años a las SS hitlerianas. Había hablado de ello en los sesenta, pero cuando se publicó en agosto en Alemania "Pelando la cebolla"... el Nobel se enfrentó a una avalancha de críticas en su país y fuera de él (Juan Cruz, reseña en El País, 17/05/2007). Cita declaraciones del autor: Me preguntaba cómo un chico que no era tonto había creído hasta el final en la victoria final. Cómo fue posible que no lo pusiera en duda... Es verdad que durante mi adiestramiento en la lucha de tanques, que me embruteció durante el otoño y el invierno, no se sabía nada de los crímenes de guerra que luego salieron a la luz, pero la afirmación de mi ignorancia no podía disimular mi conciencia de haber estado integrado en un sistema que planificó, organizó y llevó a cabo el exterminio de millones de seres humanos. Aunque pudiera convencerme de no haber tenido una culpa activa, siempre quedaba un resto, que hasta hoy no se ha borrado, y que con demasiada frecuencia se llama responsabilidad compartida. Viviré con ella los años que me queden, seguro (
  47. El historiador catalán Pere Ysás dice en un reciente libro, que el escritor Camilo José Cela, fallecido hace dos años, fue informador del régimen franquista, y en concreto de Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo. Añade que Cela recomendó, incluso, utilizar el "soborno" a intelectuales para garantizar que no fueran críticos con la dictadura. Noticia en La Vanguardia, 25/09/2004.
  48. Aranguren como delator franquista. Polémica durante el verano de 1999, en filosofia.org
  49. Noticia en La Vanguardia; Arrabal, Lévy, Houellebecq y Yasmina Reza defienden a Kundera.
  50. No trabajaba para la policía secreta que perseguía a la oposición, cabe aclararlo. Como tantos otros periodistas y profesionales en aquellos años, fue presionado por el régimen para que se convirtiera en informador, y lo hizo por convicción ideológica. No sería justo juzgarlo con los criterios de hoy. Él vivió una época muy particular, fue un comunista convencido durante un largo período, un hombre que había crecido durante la Segunda Guerra, el nazismo, y que creyó que el comunismo encarnaba el futuro de la humanidad. Después, poco a poco, se fue desengañando y se distanció de ese sistema al que llegó a criticar en algunos de sus libros. En los últimos años de su vida, decepcionado por los fracasos del sistema en Polonia, seguía siendo un hombre de izquierda, pero no estaba vinculado a ningún partido. Artur Domoslawski Kapuscinski Non-Fiction (entrevista, La Nación, 15 de abril de 2011).
  51. Francis Fukuyama: "L'Amérique a perdu de sa superbe", en LE MONDE MAGAZINE, 09.09.11
  52. Frase de atribución discutida, pero afirmada por testigos presenciales (Carlos Floria entrevista en Criterio, diciembre de 1996).
  53. Nonagenarios en la manifestación, en El País, 19 de junio de 2011. Cita a Indignaos de Hessel (prologado por Sampedro) y a La vía para el futuro de la humanidad de Morin. La intervención de García Calvo ante los acampados en la Puerta del Sol, Madrid, 19 de mayo de 2011.
  54. Vidéos de Jean Louis Le Moigne réalisées par Denis Failly autour d'"Intelligence de la complexité" issu du Colloque de Cerisy 2005. La théorie du système général. Théorie de la modélisation, sous forme de e-book en version intégrale. Entretien avec Jean Louis Le Moigne sur les thèmes des think tanks, de la dignité de l'homme et des politiques de civilisation: article sur le site de l'Observatoire Français des Think Tanks Interview de J. L. Le Moigne par Denis Failly à propos du livre "Le constructivisme, modéliser pour comprendre" http://nextmodernitylibrary.blogspirit.com/archive/2006/01/11/le-constructivisme-modeliser-pour-comprendre-t3.html Site du réseau "Intelligence de la Complexité" animé par Jean-Louis Le Moigne : http://www.mcxapc.org/ Fuentes citadas en fr:Jean-Louis Le Moigne.
  55. Columbus As A Dead White European Male: The Ideological Underpinnings of the Controversy Over 1492, en The World and I, The Washington Times, 1991. Fuente citada en en:Dead white males. También se usa dead white European male y el acrónimo DWEM. Bernard MacGregor Walker Knox: The Oldest Dead White European Males and Other Reflections on the Classics. 1993. Nachdruck 1994. Günter Rieger: Political correctness. In: Dieter Nohlen, Rainer-Olaf Schulze: Lexikon der Politikwissenschaft. Band 2, N–Z. C. H. Beck, München 2005, ISBN 3-406-54117-8, S. 696. Fuentes citadas en de:Dwem.
    • Para las mujeres intelectuales véase Walsh, V: "Transgression and the Academy: Feminists and Institutionalization", in "Feminist Academics:Creative Agents for Change", Taylor and Francis, 1995. Heward, C: “Women and Careers in Higher Education: What is the Problem?”, in “Breaking Boundaries: Women in Higher Education”, Taylor and Francis, 1996. Barton, L, “Heres a few you missed..”, en The Guardian, 2004 (consultado en Nov. 2007). Allen, C., “Feminist Fatale”, en “Independent Women’s Forum”, 2005 (consultado en Nov.2007). Fuentes citadas en en:Female public intellectuals.
    • Para la conformación contemporánea de la identidad, véase Benedict Anderson y la bibliografía citada en las notas del párrafo final de la introducción de Edad Contemporánea.
  56. Antonio Gramsci, La formación de los intelectuales, también titulado Los intelectuales y la formación de la cultura, 1924.
  57. Mijaíl Bulgákov, El Maestro y Margarita
  58. Jorge Semprún (1977) Autobiografía de Federico Sánchez, Barcelona: Planeta (obtuvo el Premio Planeta). Atribuye la utilización (contra él mismo) de la expresión intelectuales cabezas de chorlito a Irene Falcón, secretaria de La Pasionaria. En otros textos se atribuye la expresión a la propia Dolores Ibárruri: David Ruiz (2000) De la guerrilla a las fábricas. Oposición al franquismo del Partido Comunista de España (1948-1962), en Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Hª Contemporánea, t. 13, págs. 105-124.
  59. Esperanza Aguirre, ¿Intelectuales de derechas?, 7 de enero de 2013 (publicado en ABC, accesible en la web de la autora). Es respuesta a unas declaraciones de Alberto San Juan en entrevista en El Mundo (29 de noviembre de 2012): No hay intelectuales de derechas.
  60. Public intellectuals: an endangered species?, Rowman & Littlefield, 2006, ISBN 0742542556.
  61. en:Paul Berman: The Flight of the Intellectuals; Power and the idealists, or, The passion of Joschka Fischer and its aftermath; A tale of two utopias: the political journey of the generation of 1968
  62. http://www.el-universal.com.mx/editoriales/38262.html
  63. José María Rosa (1977) Historia Argentina t. X. Editorial Oriente S.A. Buenos Aires
  64. An Interview with Milton Friedman en Reason Magazine, diciembre de 1974.

Enlaces externos[editar]

Véase también[editar]