Batalla de Madrid
| Batalla por Madrid | |||
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| Parte de la Guerra Civil Española | |||
Búnker en el Parque del Oeste. |
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| Fecha | Asalto: 8 – 23 de noviembre de 1936 Sitio: 23 de noviembre de 1936 – 28 de marzo de 1939 |
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| Lugar | Madrid (España) | ||
| Resultado | Decisiva victoria republicana. | ||
| Consecuencias |
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| Cambios territoriales | Los sublevados ocupan Carabanchel, la Casa de Campo y buena parte de la Ciudad Universitaria. | ||
| Beligerantes | |||
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| Comandantes | |||
| Fuerzas en combate | |||
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| Bajas | |||
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La Batalla de Madrid (denominada también la defensa de Madrid) es el conjunto de episodios bélicos sucedidos en la zona de Madrid durante el transcurso de la Guerra Civil Española. Tras el pronunciamiento del 17 y 18 de julio de 1936 la sublevación militar diseñada por el General Mola tiene lugar con éxito en el protectorado español de Marruecos y parte del norte de España. Tras el fracaso de la rebelión en Madrid, en los días posteriores al pronunciamiento con la caída del Cuartel de la Montaña y el de Campamento, la ciudad queda bajo el dominio gubernamental de la Segunda República Española. Desde este instante, la toma de la ciudad de Madrid era un objetivo militar para las tropas sublevadas. Desde el norte las tropas del general Mola y posteriormente desde el Sur-Este por las tropas del General Varela y del General Yagüe.
El intervalo que va desde el pronunciamiento hasta los primeros combates en noviembre ambos bandos van reforzando sus efectivos, y se van preparando para la confrontación, los militares sublevados reciben material militar y soldados de Alemania, Estados Unidos e Italia, así como el bando republicano de Francia, México y la Unión Soviética. Durante este intervalo ambos bandos se reorganizan políticamente y se renuevan sus estructuras de mando. El combate se realizó en un relieve de la Meseta Central, donde los obstáculos geográficos no son de relevancia para las operaciones militares y es relativamente fácil la maniobra de las fuerzas militares en ambos bandos. Con la excepción de las montañas septentrionales del Sistema Central. El iniciador del plan fue el General Mola que analizando la situación diseñó un plan de avance centrípeto debido al poco apoyo previsto inicialmente por la Primera División Orgánica. La posesión de la capital era decisiva para el desenlace del conflicto, pues decidiría qué contendiente se haría con el control, ya que Madrid era un importante centro político, militar, estratégico y económico de primer orden además de la capital política y sede del gobierno de la República. Los combates realizados en la Sierra Norte de Madrid con las columnas provenientes de Pamplona, Valladolid y Burgos quedan estabilizadas a finales de julio de 1936. A partir de ese instante las tropas que avanzan por el sur comandadas por el General Franco tienen el protagonismo.
A pesar de que los principales combates tendrán lugar entre el otoño de 1936, y la primavera de 1937, desde el comienzo de la guerra hubo también importantes combates en áreas cercanas a la capital durante el verano y el otoño de 1936. La Defensa de Madrid tiene como particularidad haber sido la primera en la que se bombardeó a objetivos civiles dentro de una ciudad, algo que después se realizó en diversas ciudades españolas durante el conflicto español y después durante la Segunda Guerra Mundial.
Contenido |
[editar] Antecedentes
[editar] La lucha en la Sierra de Madrid
El proyecto del General Emilio Mola, al que Manuel Azaña (Presidente de la República) había depuesto del puesto como jefe del Ejército de Marruecos y en su lugar enviado a una guarnición de Pamplona, fue trazando un complot para desarmar al Gobierno de la República mediante un complot dividido en trece Instrucciones Reservadas, cada una de ellas firmada por él mismo como el Director. En la segunda, datada del 25 de mayo de 1936, ya se fija como objetivo Madrid. El plan trazado es de carácter centrípeto (al contrario que los planes anteriores de la Junta de Generales que era de carácter centrífugo).[2] En él se atacaría a Madrid desde las guarniciones de Valencia, Zaragoza, Burgos y Valladolid. El Alzamiento tuvo una acogida diferente en la geografía española, en parte debido a diversos factores: como la inicial indecisión de algunos mandos, a la ignorancia de las directivas de Mola en algunos ámbitos militares, al periodo veraniego que tenía a un porcentaje de mandos intermedios de permiso de vacaciones. En Madrid a pesar de existir algunos cuarteles rebeldes, permanecía la mayoría de ellos leales al Gobierno y no todas las guarniciones siguieron los planes establecidos. A pesar de todo Mola logró destacar tres columnas motorizadas procedentes de Valladolid, Burgos y Pamplona. La columna de Pamplona estaba compuesta por civiles requetés entrenados desde hace meses antes, se acompañó de tres batallones de infantería comandados por el coronel Francisco García-Escámez. La de Burgos era comandada por el coronel José Gistau Algarra y partió el día 20 de julio. El 22 partió la columna de Valladolid comandada por el coronel Serrador. Esta fuerza quedó detenida en diversos lugares de las laderas septentrionales del Sistema Central, y serían las primeras en hostigar a Madrid por el norte. Finalmente, la situación llegó a un punto muerto el 27 de julio. Esta situación relevaba, ya a finales de julio, que el plan inicial de Mola estaba fracasado, en lo que al avance por el norte se refería.
[editar] Los sublevados se acercan a la capital: comienza la defensa
A principios de octubre, con la moral de los sublevados muy elevada y sus fuerzas en el Frente del Tajo reorganizadas, se reinició el avance hacia Madrid. Mola había establecido el 3 de octubre la confluencia de una serie de columnas por el Norte, el Oeste y, sobre todo, por el Sur. Pero ante la resistencia republicana en la Sierra, este plan sería modificado y daría prioridad a los avances desde el Sur. E inmediatamente se pone de manifiesto el endurecimiento de la resistencia republicana, a pesar de que no puede ponerse freno a las tropas sublevadas. La punta de lanza de esta ofensiva seguía estando compuesta por regulares africanos y legionarios como venía siendo desde que comenzara su avance en Sevilla hacía dos meses, pero estas tropas se encontraban desgastadas en gran manera. Lister destacará que durante un contraataque republicano fueron capturados unos 50 moros que fueron enviados a su cuartel de retaguardia, descubriendo allí que son españoles vestidos con el uniforme de los regulares moros. Tal era la escasez de soldados africanos que por el miedo que provocaban, Franco había ordenado vestir a soldados españoles como regulares africanos.
Franco será consciente de la aparición de una importante amenaza: empiezan a llegar informes alemanes sobre el paso por el Estrecho de los Dardanelos de buques soviéticos cargados de material militar, hecho que está en relación con el envío de un embajador soviético a Madrid y el comienzo de las relaciones entre la Unión Soviética y la II República Española. El líder soviético Iosif Stalin y el Comintern habían decidido romper el aislamiento diplomático de la República y comenzar el envío de asesores y material militar. El 15 de octubre llega a Cartagena el carguero soviético Konsomol cargado con 50 tanques T-26B y asesores militares; Para el 19, ya está siendo enviado el nuevo material soviético hacia el frente de Madrid. Otra de las decisiones del Comintern consistió en la organización de una fuerza de voluntarios para la guerra de España con sede en París, aunque ésta ya se venía organizando desde el pasado verano. Ésta fuerza será conocida como las Brigadas Internacionales y para principios de otoño ya estaba siendo enviada a España hasta Albacete, que será desde entonces el Cuartel General de las mismas. Cabe destacar que al amparo de este apoyo diplomático y militar de la URSS también estaba la interesada infiltración de agentes soviéticos del NKVD entre las instituciones de la República y un gran aumento del poder del PCE, algo que sería posteriormente muy criticado posteriormente pero que se consideró como un mal menor en aquel momento.
El gobierno de Largo Caballero comienza a tomar medidas y prepara la defensa de Madrid con la creación oficial del nuevo Ejército Popular de la República el 10 de octubre, que no estará operativo hasta cierto tiempo después y que pretende poner bajo el mando de un militar profesional a toda la mescolanza de milicias anarquistas, socialistas y comunistas que hasta entonces había consistido en la principal tropa del frente republicano. Estas masas ya habían mostrado su alto espíritu combativo pero su casi nulo valor militar y desde luego, había quedado patente la desastrosa dirección de los líderes políticos en el combate. Después de la sublevación del 18 de julio se había producido la desintegración del estado y las fuerzas armadas de la República, que constituirá un hecho desastroso en la dirección de la guerra en el bando legítimo: A partir de éste momento empezarán a reconstruirse de nuevo con el objeto de hacerse con el control y de detener a los sublevados antes de que sea demasiado tarde. El 29 de octubre tendrá lugar un primer contraataque republicano de importancia en la localidad toledana de Seseña, dónde se produce el primer combate con los T-26 recién llegados aunque finalmente los republicanos son rechazados. Yagüe ya lo había confirmado hacía un mes y ahora se confirmaban los peores augurios de muchos comandantes sublevados, pero se continuó con los planes pues cada vez era más perceptible la cercanía de los combates a las afueras de la capital.
[editar] Preparación de la Batalla
[editar] Los planes de ataque
Tras el pronunciamiento de julio, que no tuvo igual suerte en todo el territorio, ciudades como Madrid permanecieron leales a la República. Las tropas rebeldes de África se fueron agrupando en el sur de la península. Ya desde el 2 de agosto, que comenzaron su avance, Madrid era un objetivo militar. Apenas llevaban tres meses de combates por la zona de Extremadura cuando ya se encontraban en los lindes de la Casa de Campo. Las cuatro columnas atacantes (la de Castejón, Asensio, Barrón, Tella) se sitúan el 6 de noviembre a siete kilómetros de la Puerta del Sol. Las columnas rebeldes encontraron diversos problemas tácticos, pero en ningún momento se impidió o se detuvo su avance. Las dos únicos núcleos de grandes poblaciones atacados durante esos tres meses fueron Badajoz (el 14 de agosto las tropas del general Yagüe) y Toledo (general Varela). Los asaltos de las tropas atacantes tuvieron casi siempre tácticas similares, primero se ejecutaba un ataque frontal muy agresivo apoyado por efectivos de artillería pesada, y luego de se ejecutaba un desbordamiento por los flancos (maniobra envolvente), esto último solía causar pánico entre las tropas milicianas que poseían poca instrucción militar, lo que provocaba una retirada desordenada que acababa deshaciendo la defensa.[3] En algunos casos se procedía a rodear las fuerzas milicianas dejando expedita una vía de escape que era fuertemente bombardeada por la artillería. Estas tácticas fueron ejecutadas repetidas veces durante el avance a Madrid. Sin embargo ahora el objetivo militar era más extenso, y existían diversas posibilidades de ser abordado.
Por un lado se encontraban las agrupaciones de edificios ubicados a la derecha del río Manzanares, estas agrupaciones se prolongan en barrios desde los que se podría establecer una resistencia considerable. El río que se encontraba canalizado desde el Puente de los Franceses al de Princesa, la situación se convertía en peligrosa con algunos edificios dominantes en la orilla izquierda. Desde el río el avance es en cuesta arriba. La idea de llegar a la Ciudad Universitaria y a la Plaza de España, y desde allí se avanzar a lo largo de diversos puntos de la ciudad hasta dominarla era una de las posibilidades más tenidas en cuenta por Varela. Otra de las opciones era estirar el frente hacia el sureste (en dirección a Vallecas) pero quedó desechado al ver que al final no había punto de entrada a la ciudad. Tras evaluar Varela diversas opciones se decide atacar por la Casa de Campo por la Puerta Rodajos y desde allí avanzar cruzando el Manzanares para penetrar en la Ciudad Universitaria. Desde allí estabilizando la zona se procederá a tomar diversas áreas de la ciudad. Se iba a ejecutar como dirección principal de esfuerzo el eje Suroeste-Nordeste para alcanzar la línea del Manzanares entre el Puente de los Franceses y el Hipódromo. Simultáneamente otras columnas deberían tomar los pueblos y barrios al sur de la capital y presionar sobre los puentes de Segovia, de Toledo y Legazpi, distrayendo a las fuerzas de defensa del escenario principal del ataque.
[editar] Ordenamiento de las fuerzas defensivas
Tras la liberación de asedio del Alcázar de Toledo las tropas del General Varela avanzaron directamente a Madrid. El 6 de noviembre de 1936 a las ocho de la tarde se convoca al general Miaja y al general Pozas para reunirse con Largo Caballero a ambos generales se les entrega un oficio en sobre cerrado que pone en su membrete "para abrir a las seis horas del día 7".[4] Al salir ambos generales desobedecen las instrucciones del membrete y abren el contenido de su interior. Su sorpresa fue que al abrirla el contenido había sido cambiado, quizás por las prisas por abandonar Madrid. Su contenido era:
El oficio establecía la defensa a toda costa y al mismo tiempo el repliegue a Cuenca, algo que a ojos de Vicente Rojo le era contradictorio desde un punto de vista puramente militar. Miaja debió recibir instrucciones verbales para mantener la Capital durante al menos siete días. Esto daría tiempo para preparar una contraofensiva desde el Jarama guiada por Sebastián Pozas[5] Este oficio entrega a Miaja la responsabilidad de la defensa de Madrid mediante la Junta de Defensa de Madrid. El Gobierno de la República se dirige esa misma noche a Valencia, el 19 de octubre Azaña ya abandonó la capital en dirección a Barcelona.[6] La Junta es a partir de este instante el responsable de las operaciones militares. Miaja decide que Vicente Rojo sea el responsable del Estado Mayor.
Con el Gobierno de la República en Valencia, y el ejército rebelde a escasos kilómetros la Junta para la Defensa de Madrid decide el día 7 de noviembre resistir el ataque. Se organiza lo que se denomina la defensa de Madrid. El planteamiento de la defensa de la ciudad era tal que diversos mandos republicanos se encontraban ubicados en diferentes sectores:
- El Comandante Lister en la línea Villaverde-Entrevías
- El Teniente Coronel Bueno en Vallecas
- Coronel Prada en el Puente de la Princesa
- Comandante Rovira en Carabanchel
- Teniente coronel Arce de la carretera de Extremadura
- Teniente coronel Galán en la Casa de Campo y en el Puente de la República (Puente del Rey)
- Comandante Enciso y Fernández Cavada jefe del Batallón presidencial se destaca en la Casa de Campo.[7]
- Comandante Romero en el Puente de los Franceses
- Comandante Galán en el eje Humera-Pozuelo de Alarcón apoyado por Etelvino Vega.
- Coronel Barceló en Boadilla del Monte tenía como misión contraatacar por la retaguardia de las fuerzas rebeldes que entrara por la Casa de Campo.
Las tropas del General Miaja a lo largo de la batalla fueron aumentando en diversos frentes eran 30.000. Dependiendo de las fuentes, las tropas de Varela consistían entre los 20.000 al comienzo de la contienda. Los ejércitos defensores alcanzan los 30.000 soldados. El incremento de fuerzas debido a la incorporación de las Brigadas Internacionales llega a los cuarentamil (16 de noviembre).
[editar] La Batalla
[editar] 1ª fase: comienzo del asalto y lucha en la Casa de Campo
A comienzos de noviembre la línea del frente se encuentra a las puertas de Madrid: la base aérea de Getafe había caído en manos sublevadas con gran facilidad, hecho de gran importancia para las armas sublevadas pues sus excelentes pistas asfaltadas se encontraban a escasos kilómetros del centro urbano de la capital, recrudeciendo los bombardeos que ya llevaban efectuándose desde finales de agosto. La moral del pueblo madrileño se encontraba hundida y el gobierno de la República empezó a preparar su evacuación y la de los ministerios a Valencia, pues daba por hecho que aunque la ciudad resistiría, finalmente acabaría sucumbiendo. Efectivamente, el 6 de noviembre se produce la salida del Gobierno hacia Valencia, donde será establecida la capital de la República en los siguientes meses. Se creará un organismo específico para que se haga cargo del vacío legal dejado por el conocido ahora como ‘‘Gobierno de Valencia’’ y que se denominará la Junta de Defensa de Madrid, bajo la presidencia y dirección de José Miaja. Desde la estrategia militar, Miaja, junto al muy eficente Vicente Rojo (la organización de la defensa de Madrid es esencialmente obra suya), también se encargará de organizar la defensa de Madrid y empezará la construcción de trincheras, nidos de ametralladores y puestos de artillería a lo largo del río Manzanares.
El 8 de noviembre Varela ordenó el asalto final contra Madrid, comenzando el avance desde la Casa de Campo hacia el Manzanares, mientras que desde el sur se dirigirán para apoyar el principal esfuerzo de los sublevados en el oeste. La resistencia de las brigadas al mando de comandantes como Líster, Barceló o Galán retrasó considerablemente el avance de las columnas sublevadas, de tal modo que los combates en la Casa de Campo seguían todavía los días 9 y 10. En esos días también se producen fuertes combates en torno al Puente de Castilla aunque dichos ataques son finalmente rechazados y el puente es finalmente volado. El día 9, en plena efervescencia de los combates, llegan a Madrid la primera unidad de las Brigadas internacionales, la XI Brigada Internacional al mando de Lazar Stern, más conocido como Emilio Kléber o General Kléber y realizan un desfile por la Gran Vía entre gritos de ¡Vivan los Rusos!. Éstos se dirigirán a la Ciudad Universitaria, instalando su cuartel general en la Facultad de Filosofía y Letras y preparando las posiciones en torno al Manzanares y el Puente de los Franceses: Este era un puente ferroviario que comunicaba la capital con la Sierra y el norte de España.
Uno de los hechos decisivos durante el Asalto de Madrid fue el golpe de suerte que tuvieron los defensores: un carro de combate italiano que se había perdido dentro de la Casa de Campo, fue puesto fuera de combate y tropas republicanas, inspeccionando el mismo, encontraron una copia del plan general de los sublevados. Al llegar a manos de Rojo, este pudo reorganizar las tropas en los puntos críticos y así saber de antemano los movimientos de los nacionales. La aviación franquista bombardea fuertemente las posiciones del Manzanares, la Gran Vía, las estaciones del Norte y de Atocha y la Casa de Campo. El dominio del aire empieza a ser contestado por los nuevos aviones soviéticos Polikarpov I-15 e I-16, conocidos respectivamente por los republicanos como Chato y Mosca, que logran hacerse con los cielos. Por otro lado, empieza a correr la consigna, posteriormente famosa, No Pasarán, cuyo efecto será elevar la moral de la población madrileña a medida que se hace evidente que la resistencia republicana será dura.
[editar] 2ª Fase: Entrada en el Campus
El 15 de noviembre a las ocho y media de la mañana se produce de nuevo un asalto con fuerte apoyo de blindados por parte de los ejércitos de Varela. Esta ofensiva de las tropas atacantes se realizó antes, sorprendiendo y pillando desprevenidos a las posiciones defensoras que se encontraban preparando su propio asalto. La Orden de Varela fue transmitida por Yagüe a Asensio, quien respondió: «Mañana pasaré el río, con carros o sin carros».[8] El avance fue acompañado de una fuerte batida de artillería, y se dirigió al puente Nuevo (o de Castilla), la defensa de la posición fue encarnizada y al mediodía, en los primeros instantes que se vio comprometido el puente. El avance asaltante queda detenido al embarrancarse todos los blindados en el lecho arenisco del río, un total de dieciocho carros de apoyo a la Columna.[9] Los carros atacantes se abrieron paso a través de un boquete abierto en el muro fronterizo del Manzanares, boquete de aproximadamente cuatro metros abierto por la dinamita, allí quedaron encallados. A las doce se produce la voladura del puente de la carretera (ubicado junto al Puente de los Franceses) y el de los Franceses.[10] La decisión se toma desde el bando defensor por parecer incontenible el avance atacante. Se vuela el puente de Galicia y se refuerza la retaguardia con barricadas para evitar el avance de tanques.
La situación de desgaste por parte de las tropas de Asensio es violenta a lo largo del día 15. El forcejeo causa un elevado número de bajas en el bando atacante, y el objetivo de lograr entrar en el núcleo urbano se desvanece poco a poco. Se hicieron tres intentos consecutivos por parte de las tropas de Asensio para lograr pasar el río. En cada una de las batidas el intenso fuego defensor paraliza los frentes de ataque. Cada batida de las tropas de Asensio coincide con un fuerte contraataque de las posiciones defensoras. Por la tarde se realizan voladuras de las vallas que rodean el Manzanares hasta que por la tarde algunos soldados del Tabor III de Regulares de Tetuán procedente de la Columna de Asensio penetran en el campus.[11] Logran vadear el Manzanares a la altura del picadero del Club de Campo y, a través de la actual Avenida de Séneca, repelidos por el fuego enemigo, se dirijen a la Ciudad Universitaria. El asalto se produce a gran velocidad, la idea es ocupar la Escuela de Arquitectura. Este ataque produce una situación de pánico en la Columna Catalana (Durrutti) destacada en la Ciudad Universitaria. Sólo después de un fuerte bombardeo artillero y aéreo, dos tabores marroquíes y una bandera de legionarios pudieron atravesar el río. Entonces se encontraron con que la "columna Libertad" de los anarquistas se había retirado de improviso y no había sido reemplazada. La junta de Defensa de Madrid decide esa misma noche pedir a las columnas de blindados destinadas en Aravaca que asistan a las fuerzas de Durruti el día 16. La columna de Asensio logra pasar penosamente al anochecer del día 15 a la otra orilla del Manzanares. A cuatrocientos metros al norte del Puente de los Franceses los zapadores tienden una pasarela que denominan de la muerte. La reacción de las fuerzas leales a la República se concreta en una orden:
En esta incursión apoyarán diversos blindados soviéticos destacados en Aravaca.[12] A lo largo del día 15 las fuerzas de la Estación del Norte se dirigen a la carretera de La Coruña y ocupan los edificios, haciéndose fuertes en ellos. La Situación general por ambas fuerzas es que concentran todas las fuerzas disponibles en el campus universitario. Durante el día 15 se han construido diversas barricadas en la Ciudad Universitaria. La XI Brigada Internacional fue enviada entonces para defender las facultades, mientras cada vez más soldados del ejército sublevado iban cruzando el río. La aparición de una avanzadilla cruzando el río causa pánico en la Columna Catalana (Columna López-Tienda o Libertad) y en la gente de Durruti. La noche del 15 al 16 se prepara la Junta de Defensa de Madrid la descongestión de la zona del campus, la idea de la junta es la de que han cruzado 200 moros (Denominadas así las tropas de Tabores).[13] Las bajas en ambos bandos no pueden determinarse con precisión cada día debido a los problemas de evacuación.
[editar] La entrada
Durante la madrugada del día 16 se procede a la voladura de la valla exterior de la Casa de Campo en un lugar más al norte con el objeto de preparar un intenso avance con blindados por esta zona. La columna del comandante Asensio consiguió establecer una cabeza de puente en el Manzanares tras tres intentos fallidos y después de un fuerte bombardeo las tropas nacionales atravesaron el río a la altura de la Ciudad Universitaria. En la madrugada del día 16 ambos bandos son conscientes de la situación en la Ciudad Universitaria. El ejército defensor muestra como novedad la aparición de piezas de artillería de 77 mm., así como la incorporación de la 2ª Brigada Mixta (comandante Gallego). Se ordena el refuerzo de la Ciudad Universitaria desde Chamartín de la Rosa del General Paul Lukács. El día 16 de noviembre las tropas de Asensio toman la Casa Velázquez y la Escuela de Ingenieros Agrónomos en desconexión con los centros de comando y control en la retaguardia. En la Casa de Velázquez se instaló una compañía de brigadas internacionales de polacos. Se produce un bombardeo aéreo sobre Madrid a gran escala, cada día a partir del 16 hasta el 20 Madrid y las zonas de combate en la Moncloa serán bombardeadas insistentemente. El contraataque de la Columna Durruti del día 16 se ve entorpecido por el intenso avance de tropas enemigas desde las Facultades hacia el Clínico, se enclavan en el Asilo de Santa Cristina y allí protagonizan una encarnizada defensa. El 17 la Columna Durruti pierde la posición, retrocediendo al Clínico.[14]
El día 17 la Columna más castigada es la de Asensio. La Columna de Delgado Serrano sufre casi 250 bajas[11] Si el avance es exitoso las columnas deberían avanzar por el casco urbano. La aviación castiga la zona de paseo Rosales, Moret y las dos orillas del Manzanares a primeras horas.
[editar] Establecimiento del Frente
El día 17 de noviembre se produjo el segundo momento decisivo del avance de las tropas atacantes. La Columna de Asensio desde la Escuela de Agrónomos tomó el Asilo de Santa Cristina y atacó el Clínico, edificio en cuyo interior se luchó de forma encarnizada. La columna nº 3 (Delgado Serrano), desde el estadio de operaciones ocupó la Fundación del Amo, ocupa la Residencia de Estudiantes y el Instituto de Higiene. Los combates fueron cruentos, siendo heridos el teniente coronel Delgado y el comandante Mizzian. Ese día Miaja y Rojo, de visita en la Cárcel Modelo, asistieron a una desbandada de la «Columna Catalana» (posiblemente también la de López-Tienda) en el parque del Oeste, que de forma providencial contuvieron, ya que los hombres que huían reconocieron a Miaja y volvieron de nuevo a la defensa. En el Clínico aún se luchó con dureza durante varios días después. La conquista del Hospital Clínico representó el máximo avance del ejército atacante en la Batalla de la Ciudad Universitaria. Aquel mismo día 17, algunas fuerzas de Tabores irrumpieron de nuevo en la Plaza de España y causaron escenas de pánico en las calles de Madrid a lo largo de la Gran Vía. Esta incursión pronto fue abortada desde posiciones milicianas que se reforzaron en la zona.
En este día el poder ofensivo de las columnas atacantes estaba exhausto. El número de efectivos atacantes en la zona no superaba los 2.000, mientras los 11.000 de las defensivas.[15] Las fuerzas atacantes combinaron, junto con los últimos avances del día 17 con un supremo esfuerzo para quebrantar la resistencia de Madrid por medio de bombardeos aéreos. Durante el atardecer cayeron en una hora un par de millares de bombas en el centro de Madrid. Fueron alcanzados hospitales y bocas del Metro. La metralla regó los espacios abiertos, como la Plaza de España. Algunas bombas incendiarias provocaron fuego en los barrios obreros. Se emplearon con preferencia las bombas incendiarias ya que se consideraban que el fuego era el medio más eficaz para extender el pánico, y aquella noche los bombarderos, en oleadas de diez o doce cada vez, guiados por los incendios, soltaron diferentes oleadas de bombas. Madrid carecía de refugios y apenas si tenía cañones antiaéreos.
El día 17 se reanudarán los combates en una nueva planificación de las operaciones militares: Se amplia el terreno avanzando en varios puntos hasta el Hospital Clínico (este último mantenido por los milicianos anarquistas), pero también hasta el instituto de Higiene. El día 19, Buenaventura Durruti cae gravemente herido ante un disparo que se sospecha pudo ser de su propia arma o de un soldado enemigo; Lo cierto es que muere al día siguiente y esto provoca la desmoralización de su unidad, que se retira del frente a punto de crear un desastre entre las líneas republicanas. Finalmente, serán relevados del frente por otra unidad y se lanza un contraataque contra los crecientes avances. La batalla continuará hasta el día 23, paralizándose poco a poco los combates y con un frente que cada vez se va convirtiendo en una línea de trincheras y búnkeres fijos. La defensa constante de la facultad de Filosofía y Letras impidió que los marroquíes avanzaran hacia la plaza de la Moncloa, pero no se pudo evitar la captura de los Institutos de Higiene y del Cáncer así como de la pérdida definitiva del Hospital Clínico (tras la retirada, casi una huida, de los anarquistas catalanes). Los dos ejércitos, casi exhaustos, se dedicaron a mantener y fortificar sus posiciones[16] El día 17 Franco decreta el bloqueo marítimo de los puertos bajo influencia republicana, amenazando con hundir todo aquél buque extranjero que no lo acatara.[17]
Los bombardeos aéreos del 18 de noviembre sobre diferentes zonas urbanas de la capital se suceden constantemente, día y noche.[18] Durante varios días, en los casi destruidos edificios universitarios las fuerzas oponentes conservaban diferentes pisos, gritándose insultos a través de los muros y arrojándose granadas de mano por las ventanas y los huecos de las escaleras. La confusión de la batalla es tal que no se sabe con certeza cual es el frente y donde se encuentran los atacantes o los defensores. El Clínico es un una de las posiciones más disputadas por ambos bandos. Este día entra en combate la XII Brigada Internacional. Las noticias internacionales anuncian la entrada de las tropas nacionales en la Ciudad.[19] Muchas de las calles del Barrio de Arguelles hasta Plaza de España, junto con el Paseo de Rosales se convierten en barricadas: llenos de piedras y sacos terreros. Se hace prácticamente imposible circular por las mismas. Rafael Alberti lo menciona en un poema: "Las barricadas impiden las esquinas".[20]
En la ciudad se acumulan miles de heridos, el alcalde en funciones pide permiso a la Junta de Defensa que se hagan fosas comunes y poder enterrar los muertos que se acumulan debido a la alta mortalidad del frente de la Ciudad Universitaria. Las tropas atacantes no pueden desalojar bajas por la "pasarela de la muerte" y muchos heridos mueren en el campo de batalla.[18] En la Facultad de Filosofía y Letras se lucha con intensidad.[21] En el Estado Mayor se contempla la posibilidad de retirar la columna de Durruti del frente, los milicianos de la Columna López-Tienda se integran en la Quinta Brigada. Alemania e Italia reconocen este día 18 haciendo público internacionalmente como legítimo el Gobierno del General Franco.[17] Esta noticia animó a las tropas de retaguardia nacional.
El 19 de noviembre el silencio en los frentes de la Ciudad Universitaria se ve apagado por los gritos de dolor de los heridos.[22] Durante el intenso bombardeo aéreo de Madrid de los días anteriores se ve afectado el Palacio de Liria (propiedad de los Duques de Alba). El batallón Garibaldi substituye al la batallón Dabrowski a lo largo de la cuenca del Manzanares y de la Puerta de Hierro. El batallón Thälmann substituye al de André en la Ciudad Universitaria (El batallón de Edgar André es el primer batallón internacional que se formó en Albacete (22 de octubre de 1936) habiéndo sufrido fuertes bajas.
Ese día Durruti solicita un coche con conductor, se ha enterado de que sus hombres quieren abandonar a toda costa el Clínico, para dirigirse inmediatamente hacia allí. A las 2:00 p.m. justo al salir del coche fue mortalmente herido a las puerta del Hospital Clínico el líder anarquista Buenaventura Durruti (junto al edificio Junta Municipal de Moncloa). Durruti, días antes se mostraba enfurecido por la mala actuación de sus hombres, les exigió que hicieran sacrificios y que borraran esta vergüenza. Existen cuatro versiones de la muerte de Durruti en la primera se menciona que fue herido por una bala perdida del enemigo destacado en el Clínico, la que surge de los rumores menciona que la bala podría venir de sus propios hombres, la la tercera que menciona haber sido disparado por un miliciano comunista y la cuarta que él mismo se disaparara sin querer con la ametralladora ("Naranjero") al salir del coche. La última persona que le asiste es su colaborador Ricardo Rionda, éste asturiano le acompaña y le oye pronunciar como últimas palabras antes de recibir el disparo: "demasiados comités".
En la madrugada del día 20 Durruti muere en el Hotel Ritz de Madrid, que se había equipado como un hospital de sangre para las tropas catalanas destacadas en la ciudad. El cirujano José Santamaría no logra salvar la vida del líder anarquista. Se oculta la noticia de la muerte unas 24 horas, pero el rumor corre pronto por las calles de Madrid.[23] En la Junta se discute el desarme de la columna Cataluña. El anarquista Ricardo Sanz le sustituye y llega a Madrid en la mañana del día 21. De los 1800 milicianos un tercio ha caído muerto o herido, al final solo unos centenares se quedan en el frente de la Ciudad Universitaria. El resto de los efectivos abandona el frente y regresa a Aragón y Cataluña en los días posteriores. Esa misma tarde del día 20 es sentenciado a muerte y fusilado el líder falangista José Antonio Primo de Rivera en el patio de la cárcel de Alicante, la noticia se ocultó durante algún tiempo en el bando franquista. El combate en la Ciudad Universitaria se centra en el Clínico.
Se concentran ya casi tres mil efectivos atacantes en el otro lado de la orilla del Manzanares, repartidos entre los diferentes edificios de la Ciudad Universitaria. La lucha es tan intensa que muchas unidades se desmoronan, el Batallón Cuenca abandona este mísmo día regresando a su tierra. Vicente Rojo anuncia a la Junta de Defensa de Madrid que escasean municiones básicas, las acciones de reconquista del cerro garabitas han sido infructuosas. La Casa Velázquez arde y el Clínico es retomado de nuevo.
Las tres cuartas partes de la Ciudad Universitaria se encontraba en poder de las fuerzas atacantes. La batalla por Carabanchel se hace casa a casa, piso a piso. La confusión en la zona es tal que no se saben las demarcaciones. Las escaramuzas tácticas se van agotando poco a poco en todos los frentes. En el frente de Usera, en las trincheras defensivas muere el 22 de noviembre el escultor Emiliano Barral participando como miliciano. A su memoria dedicó Antonio Machado unas poesías.[24] El fotógrafo Robert Capa regresa a Madrid. Se empieza a fortificar la segunda línea defensiva de la ciudad.
[editar] La Reunión de Leganes
El 23 de noviembre se produce una reunión en el cuartel de Ferrocarriles de Leganés del Estado Mayor a la que acude por primera vez Franco así como los generales Mola, Saliquet, Varela. El objetivo de la reunión era el de revisar el estado de la situación. En el transcurso se plantea una nueva estrategia que consiste en la renuncia al ataque frontal a la ciudad y dejar de tomar Madrid como primer objetivo militar.[25] Esta renuncia pasaba por estabilizar el frente y aceptar como consecuencia una prolongación de la Guerra Civil que se convertiría en una guerra de desgaste. Esta reunión se tradujo en que la "Batalla de la Ciudad Universitaria" había acabado quedando en un estado de frente permanente y la "Defensa de Madrid" tomaría a partir de entonces nuevos frentes al Noroeste de Madrid. La idea de aislar Madrid mediante maniobras envolventes hace que se desplace el centro de gravedad de la confrontación en diciembre con la Batalla de la carretera de La Coruña, continuó después, en febrero de 1937, con la Batalla del Jarama y, finalmente, en un último intento de de abordar Madrid en marzo de 1937, con la Batalla de Guadalajara mediante las tropas italianas. Por razones de prestigio, el general Franco decidió mantener sus fuerzas en las posiciones más avanzadas que habían alcanzado, en vez de retirarlas a mejores líneas de asedio.[7] El centro de mando avanzado de las tropas atacantes se situó en la Escuela de Arquitectura debido a que era el primer edificio al que se accedía desde la Pasarela de la Muerte. El mantenimiento del frente supuso una nueva modalidad de guerra, desconocida hasta entonces: la guerra de minas.
[editar] Secuelas: Los intentos por aislar Madrid
Tras el fracaso del asalto a Madrid, se decide por una estrategia de asedio de Madrid, abandonando la idea de una rápida resolución del conflicto y preparándose para un largo asedio. Así, se lanzaron una serie de ataques por el oeste de la capital en las que se conocen como las batallas de la Carretera de la Coruña con el objetivo de aislar Madrid del frente de la sierra. Entre el 29 de noviembre de 1936 y el 14 de Enero de 1937 hubo una serie de 3 batallas en las que las tropas franquistas avanzaron unos kilómetros y lograron cortar algunos tramos de la carretera, pero no consiguieron su objetivo principal de aislar la capital.
Tras el fracaso en el flanco occidental, un mes después las tropas sublevadas lanzan una nueva ofensiva, esta vez el objetivo se trata de la carretera de Valencia (actual N-III), para cortar las comunicaciones de la capital con los puertos del levante y endurecer así el asedio de la capital. El 6 de febrero empezó la ofensiva desde Pinto con la intención de alcanzar la carretera; los intentos de los sublevados por avanzar continuarían hasta el 15 de febrero, con una fallida contraofensiva republicana el día 17. El 27 de febrero las operaciones se encuentran finalizadas aunque los republicanos han cedido terreno, han logrado detener a los asaltantes franquistas y evitar el corte de la carretera.
Fracasado el intento de cerrar la carretera de Valencia, los sublevados se encuentran con todas sus tropas del frente de Madrid agotadas y sin reservas. Los republicanos, por el contrario, están también exhaustos pero han logrado poner freno a todas las ofensivas franquistas aún a costa de perder unos cuantos Km. de territorio. Es entonces cuando aparecen en escena los oficiales italianos del Corpo Truppe Volontarie (CTV) que presentan a Franco un audaz plan con el que atacar el frente republicano de Guadalajara, atacando por la espalda a las tropas que estaba en el frente del Jarama y cerrando, así, el cerco sobre Madrid desde el Norte. El 8 de marzo comenzó la ofensiva ante una débil resistencia republicana, pero la posibilidad de una rápida victoria se vio frustrada por las lluvias que empantanaron los campos de Guadalajara así como un progresivo aumento de la resistencia republicana. En unos pocos días la ofensiva italiana se estanca y los republicanos pasan al contraataque, logrando recuperar terreno perdido e infligir una humillante derrota a los italianos. Para Franco supone la confirmación de que Madrid es un hueso demasiado duro de roer y pasa a la defensiva en este frente, prefiriendo dirigir la mirada hacia el Frente Norte.
Según el historiador Ramón Salas Larrazábal, el Coronel Carlos Romero Giménez fue el "héroe máximo de la defensa de Madrid".[26]
[editar] El largo asedio de la ciudad
Desde abril de 1937 la presión franquista sobre Madrid quedó limitada a un asedio que no cesará ni un solo momento: Franco es paciente y prefiere esperar a que Madrid esté agotada para atacar. Y es que, tras los reiterados fracasos por hacerse con Madrid la estrategia de los sublevados pasa por hacerse con el control de la franja norte que se mantiene leal al poder republicano. Tras la ofensiva de Vizcaya y la caída de Bilbao, las tropas de los sublevados continúan con sus planes, con el punto de mira puesto sobre Santander. Ante esta situación el Estado Mayor republicano decidió dar un golpe de efecto sobre una posición que distrajera (y retrasara) a las tropas del Frente norte: las únicas tropas que habían demostrado estar a la altura de las circunstancias eran las fogueadas tropas del frente del centro, por lo que la ofensiva quedó claro que sería en este sector.
La idea que se presentó era sencilla: tratar de rodear a las fuerzas que asediaban Madrid desde el oeste mediante un ataque desde dos frentes en forma de tenaza. El ataque comienza el 6 de julio conquistando numerosas poblaciones (entre ellas, Brunete) y aunque mantiene un fuerte impulso por parte republicana los primeros días, la balanza se inclina finalmente ante los sublevados que lograrán contraatacar y reconquistar Brunete y otras localidades perdidas anteriormente. Para el 26 de julio todo combate ha acabado y la batalla había acabado sin que el plan republicano se efectuase aún con gran cantidad de bajas y perdidas materiales por ambos bandos. Después de Brunete no se volvió a efectuar ninguna ofensiva más en la zona. La ciudad aguantará durante meses el asedio hasta prácticamente el final de la guerra, y a pesar del progresivo endurecimiento de las condiciones para la población madrileña, que veían cada vez más reducido el racionamiento de alimentos y medicamentos. Los bombardeos aéreos y el cañoneo desde el Cerro Garabitas empeoraban el ya difícil día a día de los madrileños, aunque se adaptaron a la situación lo mejor que pudieron. Los republicanos intentarán varias ofensivas y ataques en torno a Madrid para aliviar la presión sobre la ciudad. A lo largo de 1937 y 1938 se realizaron numerosos asaltos sobre el Cerro Garabitas para intentar desalojar el puesto artillero que había allí pero ninguno logrará su objetivo; En torno a la Ciudad Universitaria se producen también tiroteos y la pasarela construida para comunicarla con la Casa de Campo es destruida por la artillería republicana en numerosas ocasiones pero ello no supone problema para las posiciones franquistas en la Casa de Campo, pues la pasarela será levantada de nuevo tantas veces como sea destruida por la artillería republicana.
Cuando caiga el Frente Norte, Franco volverá a poner la vista sobre Madrid y planea para ello una ofensiva final para el invierno de 1937-38, que repetiría las operaciones de Guadalajara con un número de fuerzas mucho mayor al de la ofensiva anterior. La inteligencia republicana se da cuenta de la acumulación de material y el Jefe de Estado Mayor, Vicente Rojo, decide atacar Teruel para distraer a los sublevados de sus intenciones sobre Madrid: Efectivamente, Franco suspende sus planes sobre Madrid y acude a Teruel. La situación del frente de la capital permanecerá completamente invariable, si bien se produce un constante descenso en el racionamiento de alimentos que durante el año 1938 no se detiene en su descenso. Si hay algo por lo que se distingue en esta época es por la escasez de combates si acaso tiroteos esporádicos o algún asalto a posiciones débilmente defendidas, si bien el ánimo y la moral republicanos van decayendo cada vez más.
[editar] El golpe de estado de Casado y la rendición final
A comienzos de 1939 la moral de las tropas que guarnecían el frente de Madrid se encontraba prácticamente hundida ante el devenir general de la guerra y el exiguo racionamiento que cada vez va a menos. Tras la caída de Cataluña se hizo evidente que la guerra estaba completamente perdida pero además empieza a crecer el rechazo hacia los comunistas y al propio presidente, Negrín, por su filiación hacia la URSS y la política propugnada por Negrín de resistencia ultranza. La caída de Cataluña había provocado la salida del gobierno republicano, lo que provocó un momentáneo vacío de poder que fue aprovechado por algunos elementos militares disconformes con Negrín. Entre ellos destacaba el coronel Segismundo Casado, comandante del Ejército del Centro republicano desde la primavera pasada y un anticomunista convencido que llevaba tiempo disconforme con la influencia comunista en el ejército y que tras la Batalla del Ebro había establecido contactos con miembros de la quinta columna madrileña.
Negrín volvió a España en Febrero pero las conspiraciones ya se encontraban en un estado muy avanzado y finalmente un golpe de estado dirigido por Casado tuvo lugar el entre el 5 y el 6 de marzo de 1939. Con él se sublevaron otros jefes militares como Miaja o Mera y políticos como Julián Besteiro (y con él, el ala moderada del PSOE) así como anarquistas y algunos republicanos moderados en el denominado Consejo Nacional de Defensa. La sublevación prosperó en un principio en Madrid y buena parte de la zona centro, pero la reacción de las tropas fieles a los mandos comunistas no se hizo esperar: Luis Barceló Jover se autonombró comandante del Ejército del Centro y desde este nuevo cargo respondió a los partidarios de Casado. Entre los días 6 y 8 tienen lugar combates en las calles de Madrid entre los dos bandos, los cuales a punto están de rendir a las fuerzas de Casado pero la llegada de refuerzos casadistas al mando (entre otros) de Cipriano Mera inclina la balanza; Luís Barceló es fusilado en las tapias del cementerio de Madrid el 15 de marzo y la situación controlada por Casado.
Casado había tenido la esperanza de poder lograr una paz honrosa con Franco (ahora sin comunistas presentes en el bando republicano) pero el líder de los sublevados se muestra inflexible y solo aceptará la rendición incondicional. Ante el fracaso de las negociaciones y lo evidente de la descomposición republicana, Franco ordena a sus tropas avanzar: sin encontrar resistencia alguna, las tropas franquistas entran en Madrid el 28 de marzo y con ello termina el largo sitio de Madrid, el más largo de toda la guerra.
[editar] Referencias
- ↑ Hugh Thomas, pág. 515.
- ↑ Puell, Fernando (2007) (en es). Atlas de la Guerra Civil española. Justo A. Huerta (1ª edición). Madrid: Síntesis. ISBN 978-84-975642-9-8.
- ↑ de Lojendio, Luís María (1940). Montaner & Simon. ed. Operaciones militares de la guerra de España: 1936-1939 (1ª edición). Madrid. p. 226. ISBN 84-321-2115-0.
- ↑ Rojo Lluch, Vicente (1967) (en es). Así fue la defensa de Madrid: aportación a la historia de la Guerra de España, 1936-39 (1 edición). México: Ediciones Era. pp. 55.
- ↑ Error en la cita: El elemento
<ref>no es válido; pues no hay una referencia con texto llamadaBande - ↑ de Guzmán, Eduardo (1939). Ediciones del C. de A. y D. pro C.N.T.-F.A.I.. ed. Madrid rojo y negro: milicias confederales (1ª edición). Madrid. pp. 155-157. «Se realiza una descripción novelada de la marcha del Gobierno.»
- ↑ a b Ruiz Manjón-Cabeza, Octavio (1990). «Tomo 17». En Rialp. La Segunda República y la guerra (primera edición). Madrid. p. 408. ISBN 84-321-2115-0.
- ↑ Calleja, Juan José (1963). Yagüe. Un corazón al rojo. Barcelona: Juventud. pp. 125-126.
- ↑ Maristany, José (15 de abril de 1941). Ejército. ed. La pasarela de la Muerte de la Ciudad Universitaria (15 edición).
- ↑ Parte de guerra del 15 de noviembre del Jefe de la 4ª Brigada Mixta
- ↑ a b López Muñiz, Gregorio (1941). La batalla de Madrid (primera edición). Madrid: Ed. Gloria. pp. 39.
- ↑ a b Aróstegui, Julio (1984). Comunidad de Madrid. ed. La Junta de Defensa de Madrid. Jesús A. Martínez (primera edición).
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- ↑ Juan Urra Lusarreta, (1942), En las trincheras del frente de Madrid - memorias de un capellán de requetés, herido de guerra, Madrid
- ↑ Véase op. cit. Martínez Bande, José Manuel (1968), pág. 141
- ↑ Hugh Thomas, pág. 531
- ↑ a b Tuñón de Lara, Manuel (2000). La España del siglo XX. Madrid: AKAL. pp. 616-619. ISBN 84-460-1491-2.
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- ↑ Le Temps, 18 de noviembre de 1936, comenta en un artículo los intensos bombardeos a la ciudad.
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- ↑ Zugazagoitia, Julián (1979). Ayuso. ed. Madrid, Carranza 20 (1ª edición). Madrid. p. 35.
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- ¡Madrid, Madrid! ¡Que bien tu nombre resuena
- Rompeolas de todas las españas!
- La tierra se desgarra, el cielo truena
- Tú sonríes con plomo en las entrañas
- ¡Madrid, Madrid! ¡Que bien tu nombre resuena
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- ↑ Thomas, Hugh (1985). La Guerra civil española: 1936-1939. 1 (1ª edición). Madrid: Grijalbo.
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[editar] Bibliografía
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- Rojo Lluch, Vicente; «Así fue la defensa de Madrid» (1967).
- Historia del Ejército Popular de la República. Salas Larrazabal. Capítulos "ad hoc" de la obra.
- Thomas, Hugh (1967). La Guerra Civil Española, París: Ruedo Ibérico.
- Bahamonde Magro, Ángel; Cervera Gil, Javier (2000). Así terminó la Guerra de España, Madrid: Marcial Pons, Ediciones de Historia. ISBN ISBN(13): 9788495379092.
- Geoffrey Cox, Defence of Madrid, Victor Gollancz, 1937.
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- Tomo IX. MALERBE, Pierre; TUÑÓN DE LARA, Manuel; GARCÍA-NIETO, María del Carmen y MAINER, Juan Carlos: La crisis del Estado: dictadura, república, guerra (1923-1939).