Historia económica de Argentina

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La historia económica argentina comprende diversos períodos en el cual se suelen distinguir diferentes ciclos, la historia económica de Argentina comienza en realidad desde su mismo poblamiento, cuando las tribus aborígenes migratorias se dedicaron a la caza y recolección de frutos de la tierra; la Argentina indígena (prehistoria- 1516).

Argentina colonial o primer período económico[editar]

El primer hito económico es el descubrimiento del Río de la Plata por parte de Juan Díaz de Solís, quien inauguraba la época de la conquista y colonización del actual territorio argentino (1516-1810). Además, el descubrimiento fue motivado por lo económico y lucrativo de encontrar el legendario lugar de "El dorado", donde se decía que había más oro que en ninguna parte del mundo. Este período comprendido tres subperíodos: Temprano (1516-1650), Medio (1650-1776) y uno Tardío (ó de retirada) (1776-1810). Cada uno caracterizado por los cambios en la configuración de los circuitos regionales, el centro de atención económica y la organización del comercio (sobre todo ultramarino con la corona europea y las demás monarquías del continente).

Subperiodo temprano (1516-1650)[editar]

La represión de los indígenas de los Valles Calchaquíes, la entrega en mita de muchos de ellos para trabajar en las minas del Potosí, el proceso de mestizaje, y sobre todo el colapso demográfico de la población indígena, hicieron que las encomiendas que alguna vez florecieran en el Tucumán fueran menguando. En la segunda mitad del siglo XVI, tanto el Alto Perú, el Tucumán, como el Paraguay exigían la creación de un puerto en el Atlántico sur para poder establecer lazos de comercio más cercanos con España y a la vez disminuir su aislamiento. Es por estos motivos, y por la amenaza de incursiones extranjeras en el Río de la Plata que la Corona española autoriza la segunda fundación de Buenos Aires.

En el Río de la Plata, la colonización se había concentrado en el Paraguay, donde los guaraníes eran numerosos y sedentarios, pasibles de ser encomendados. En 1573 el gobernador Juan de Garay marchó a repoblar Buenos Aires. En el camino, decidió fundar en el lugar una ciudad intermedia: Santa Fe de la Vera Cruz. La tarea se completó en 1580, cuando fundó la ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, que con el tiempo sería conocida como Ciudad de Buenos Aires, como parte del Virreinato del Perú.

Durante el periodo colonial, la actual Argentina, tenía pocas ventajas económicas en comparación con otras partes del Imperio Español como México o Perú, ya que carecía de oro y de otros metales preciosos,[1] asumiendo una posición periférica dentro de la economía de las colonias españolas.[2] Argentina tampoco tenía establecidas civilizaciones nativas por lo que tampoco era una nación relevante para la encomienda.

Solo dos tercios de su porcentaje territorial actual estuvieron ocupado durante el periodo colonial, mientras que el otro tercio consistía en la Meseta Platagónica, que continúa sin población hasta la fecha.[1] La agricultura y ganadería del sector era principalmente para el consumo de los mismos productores y para el mercado local, únicamente se asoció con los comerciantes extranjeros al final del siglo XVIII.[2] El periodo entre el siglo XVI y el final del siglo XVIII se caracterizó por la existencia de la auto-suficiencia económica regional, que estaba separada por grandes distancias, faltas de caminos, comunicaciones marítimas o de ríos, y los peligros y dificultades del transporte terrestre.[3] Al final del siglo XVIII, una economía nacional significante comenzó a existir a la par de que Argentina desarrolló un mercado en el que el flujo de capital, labor y bienes que era recíproco y que podía tomar lugar en diferentes partes de diferentes regiones a gran escala. Diferente a lo que se había manejado previamente.[3]

Durante el último tercio del Siglo XVI, gracias a la introducción de la técnica de la amalgama con mercurio, la producción de plata se había duplicado, como así también la mortalidad de los indígenas. El llamado "Valle Imperial", llegó a tener una población de 160.000 habitantes y se convirtió en el principal mercado de consumo de Hispanoamérica. En este contexto, Buenos Aires se convierte en la entrada y salida natural de los productos altoperuanos y del Paraguay. Por un lado entran insumos y miles de esclavos negros para reemplazar a la menguante población indígena y por otro lado sale la plata producida en el cerro de Potosí.

Sin embargo, la corona española había decidido que toda la producción de plata producida en el Alto Perú, debía salir a España vía el puerto de Lima y desembarcar en Sevilla. Debido a la salida no autorizada de metales preciosos por el puerto de Buenos Aires, en 1594 la corona prohíbe el comercio con este puerto, con algunas excepciones para evitar el desabastecimiento de la población: la autorización de fletar dos embarcaciones anuales con productos de la zona (cueros, principalmente). Esta situación lleva como única solución al contrabando, que pasa a ser la actividad económica más rentable de la Buenos Aires colonial.

Durante la era colonial la economía del Tucumán y Cuyo estaba dedicada a la producción de insumos y bienes de consumo para los mercados del Alto y Bajo Perú, Buenos Aires y Paraguay. Así, vinos y aguardiente de Cuyo, mulas de Córdoba, tejidos de Salta y Tucumán, carretas de Córdoba y Tucumán, etc., se producían bajo el amparo del proteccionismo español.

En la región pampeana la principal actividad económica era la ganadera. El origen de la explotación ganadera en las pampas, se remonta a 1536 cuando Pedro de Mendoza introdujo los primeros equinos y a 1580 cuando Garay introduce entre 300 y 500 vacunos. Para el año 1608 si bien el ganado vacuno aún era escaso en Buenos Aires, se menciona oficialmente la existencia de un numeroso plantel de ganado cimarrón que se fue multiplicando en libertad en los campos cercanos.

En 1609 el Cabildo de Buenos Aires acordó la matriculación de todas las personas interesadas en participar en la caza y matanza del ganado vacuno cimarrón, expediciones denominadas oficialmente "Vaquerías". Que tenían por objeto la explotación del ganado vacuno para obtener principalmente su cuero, desechándose muchas veces la carne. Esta etapa duró aproximadamente hasta mediados del siglo XVIII.

Cuando el ganado cimarrón comenzó a disminuir en número, fue necesario internarse cada vez más en territorio bonaerense, agudizándose la pelea con el indígena y aumentando los costos y riesgos de estas operaciones. En ese entonces comienza el momento de las estancias, del ganado marcado, y de una mayor utilización del animal: nacieron entonces las fábricas de cebo y los saladeros. Un importante papel en el nacimiento de las estancias la tuvo la "Ley de Tierras" de 1754 en la medida que la acción de vaquear, sirvió como antecedente para aspirar a la propiedad, contribuyendo así a la distribución latifundista de la tierra.

Subperiodo medio (1650 - 1776)[editar]

La fundación de la Colonia del Sacramento por los portugueses justo frente a Buenos Aires en 1680, vino a reafirmar el crecimiento del contrabando. La lucha entre España y Portugal por el Río de la Plata continuó en 1724, cuando el gobernador español Bruno Mauricio de Zavala funda la ciudad de Montevideo para evitar la toma de esa bahía por un contingente brasileño.

Periodo tardío o de retirada (1776 - 1810)[editar]

Es en 1776 que España para echar a los portugueses del Río de la Plata, decide la creación del Virreinato del Río de la Plata, que abarcaba lo que hoy es Argentina, Uruguay, Paraguay y gran parte de la actual Bolivia.

Con la sanción del Reglamento de Comercio Libre de 1778 bajo los Borbones, la actitud de la corona comenzó a variar, buscando proteger los intereses comerciales de los productores peninsulares en los mercados cautivos coloniales. El comercio libre tuvo consecuencias desastrosas para la economía del interior del virreinato, solo algunos sectores como el aguardiente, las carretas y artículos de montura y transporte, y los tejidos de lana pudieron sobrevivir.

En Buenos Aires, la sanción del Reglamento de Comercio Libre y el "Auto de Internación" de 1777 provoca un verdadero "Boom" exportador, pasándose de 150.000 cueros al año en 1778 a 800.000 en 1801. Desde el punto de vista político, la instalación de la aduana en 1779, del Consulado de Comercio en 1794 y el establecimiento del Sistema de Intendencias en 1782, consolidaron el papel hegemónico de Buenos Aires y el debilitamiento del poder de Lima.

Los ranchos ganaderos coloniales fueron establecidos a la mitad del siglo XVII, aproximadamente.[1] El ritmo de crecimiento de la región creció dramáticamente con el establecimiento del Virreinato del Río de la Plata, en 1776 con Buenos Aires como su capital, y con el incremento del comercio legal permitido por el Acto Libre de Comercio de 1778,[4] que permitió un comercio "libre y protegido" entre España y sus colonias.[5] Este sistema de comercio se desintegró durante la era Napoleónica y en contrabando se volvió, una vez más, muy común.[5]

El deseo de los ingleses de comercializar con Sudamérica creció durante la Revolución Industrial y al perder sus 13 colonias en Norte América durante la Revolución Americana, Gran Bretaña lanzó inicialmente las Invasiones Británicas del Río de la Plata para conquistar ciudades clave en la América española.[6] Cuando se aliaron con España durante las Guerras Napoleónicas, le sugirieron a las autoridades españolas que abriesen el comercio a Gran Bretaña a cambio.[7]

Historiadores como Milcíades Peña consideran que este periodo histórico de América Latina es un pre-capitalismo, ya que la mayor parte de la producción de las ciudades costeras estaba destinado a los mercados cruzando el mars.[8] Rodolfo Puiggrós lo considera, en cambio, una sociedad feudalista, basada en las formas de trabajo de enmienda o esclavitud.[8] Norberto Galasso y Enrique Rivera consideran que no era ni un capitalismo ni un feudalismo, sino un sistena híbrido que resultó por la interacción de la civilización española que se encontraba en la transición de feudalismo a capitalismo y con los nativos quienes aún vivían en la prehistoria.[8]

Comparada con otras partes de Latinoamérica, la esclavitud jugó un rol mucho más pequeño en el desarrollo de la economía argentina, esto se debe principalmente a la falta de minas de oro y de plantaciones de azúcar, que habrían demandado una enorme cantidad de trabajadores esclavos.[9] El Brazil colonial, por ejemplo, importó prácticamente 2.5 millones de africanos en el siglo XVII.[9] En contraste, un estimado de 100,000 esclavos africanos arribó al puerto de Buenos Aires en los siglos XVII y XVIII, la gran mayoría de los mismos iban destinados a Paraguay, Chile y Bolivia.[9]

De la independencia a la organización (1810-1852)[editar]

Las carretas fueron introducidas por los españoles al final del siglo XVI como un transporte para pasajeros y bienes.

Después de que Argentina se convirtió en una nación independiente el año 1810, el control del comercio por un pequeño grupos de peninsulares llegó a su fin.[10] La Primera Junta, el primer gobierno patrio establecido después de la Revolución de Mayo de 1810, osciló entre políticas aperturistas y proteccionistas. El Primer Triunvirato (1811-1812), influenciado por Bernardino Rivadavia, promovió un comercio sin restricciones con Gran Bretaña.[11] El Segundo Triunvirato (1812-1814) y José Artigas (quien controlaba la Liga Federal durante el periodo de 1815-1820) buscaba restaurar la política proteccionista inicial, mas el Director Supremo restauró el comercio libre una vez más.[12] Por lo tanto, la economía del Río de la Plata se convirtió en una de las economías más abiertas del mundo.[10]

Entre 1812 y 1816, se desarrollaron divisiones entre una facción centralista (los unitarios) apoyada en el poder de Buenos Aires, y una facción federal en las provincias, que eventualmente abrirían paso a una serie de guerras civiles que terminarían en la conquista de Buenos Aires por los caudillos federalistas en la Batalla de Cepeda (1820).[13]

Cada provincia emitía su propio dinero, que tenía un diferente valor de una provincia a otra; inclusive el valor variaba entre ciudades de la misma provincia.[14]

El reporte de John Murray Forbes a John Quincy Adams, el sexto presidente de los Estados Unidos, en 1824 mencionó que Gran Bretaña tenía una gran influencia en el poder económico del país: el gobierno en Buenos Aires estaba tan deseoso de estar en buenos términos con Gran Bretaña y ganar el reconocimiento de su declaración de independencia que la mayoría de sus instituciones oficiales (como el banco) estaban bajo el control de Gran Bretaña, y que Gran Bretaña tenía un control similar sobre la economía argentina como lo tenía en sus colonias, sin los costos financieros, civiles y militares.[15] La falta de una flota mercante argentina dio a Gran Bretaña el control del comercio marítimo.[16] El testimonio de Forbes debe ser apreciado desde la perspectiva contemporánea Anglo-Americana de rivalidad comercial, en luz de la naturalidad parcialidad y sus "celos e incluso antipatía" hacia los ingleses en Río de la Plata.[17]

A mitad de los 1820's, cuando Manuel José García era Ministro de Finanzas de Bernardino Rivadavia pidió un empréstito de 2.800.000 libras esterlinas[18] Finalmente, sólo llegaron a Buenos Aires unas 570.000 libras esterlinas, en su mayoría en letras de cambio. Ninguna de las obras previstas se realizó con ese dinero. El empréstito se terminaría de pagar ochenta años más tarde. Por el empréstito de $2.800.000 se hayan terminado pagando 23.700.000, es decir, prácticamente 8 veces más.[19] [20] En los 1820's el peso papel comenzó a devaluarse rápidamente con respecto al peso fuerte, que estaba ligado directamente al precio del oro.[21]

Las exportaciones de oro, permitidas por las políticas de libre comercio, agotaron rápidamente las reservas nacionales. Esto representó un gran problema, ya que el oro era el medio de cambio de la economía local. Rivadavia buscó resolver este problema al establecer el "Banco de Descuento", un banco central para imprimir dinero. A pesar del rol que jugaba el banco central, este banco no estaba en manos del Estado, sino de inversores privados británicos.[15]

Miembros de la "Sociedad El Camoatí" (1848-1856), la primera casa de bolsa de Buenos Aires

, durante el breve gobierno de Rivadavia, en 1827 el peso papel se devaluó en 33% y nuevamente en 68% en 1829.[21] [18]

Los territorios argentinos, frenados por sus economías cerradas, la falta de actividad vinculada al comercio extranjero y la escasa cantidad de trabajo y capital que recibían constantemente, cayó muy por detrás de las otras áreas del mundo colonial que participaban en el comercio extranjero.[22] Sólo las actividades asociadas con un centro de exportación dinámica disfrutaron de cierto grado de prosperidad, como ocurrió en Tucumán, donde se manufacturaba ropa y en Córdoba y en Litoral, donde se practicaba la ganadería con motivo de proveer a las minas del norte de Perú.[22]

Castillo Lassoing en las pampas, 1794 litografía por Fernando Brambilla

Los primeros historiadores argentinos, como Bartolomé Mitre, atribuyen el libre comercio a La Representación de los hacendados un reporte económico escrito por Mariano Moreno, pero está actualemtne considerado comoun resultado de una negociación general entre Gran Bretaña y España, como se ve reflejado en el tratado de Apodaca-Canning, de 1809.[23] The actions of Baltasar Hidalgo de Cisneros in Buenos Aires reflected similar outcomes emanating from the other Spanish cities of South America.[23]

El mandato de Martín Rogríguez (1820-1824) y su ministro Bernardino Rivadavia, después Las Heras y finalmente el mismo Rivadavia como el primer presidente de Argentina de 1826 a 1827, desarrolló un plan económico denominado como "La experiencia feliz". Este plan incrementó la influencia británica en la política nacional. Estaba basado en cinco pilares principales: el comercio totalmente libre y nada de proteccionismo en contra de las importaciones británicas, finanzas con un banco central manejado por inversionistas británicos, absoluto control del puerto de Buenos Aires como la única fuente de ingreso para el país, explotación británica de los recursos naturales y un Unitarismo nacional centralizado en Buenos Aires.[24] Después de la resignación de Rivadavia en 1827, terminó la "experiencia feliz" y el federalista Manuel Dorrego asumió el poder como gobernador de Buenos Aires, pero fue ejecutado por el unitarista Juan Lavalle durante un golpe militar.

Las exportaciones de oro, permitidas por las políticas de libre comercio, agotaron rápidamente las reservas nacionales. Esto representó un gran problema, ya que el oro era el medio de cambio de la economía local. Rivadavia buscó resolver este problema al establecer el "Banco de Descuento", un banco central para imprimir dinero. A pesar del rol que jugaba el banco central, este banco no estaba en manos del Estado, sino de inversores privados británicos.[15]

Miembros de la "Sociedad El Camoatí" (1848-1856), la primera casa de bolsa de Buenos Aires

Periodo de organización nacional (1852 - 1880)[editar]

Imagen de una locomotora de 1850 en Buenos Aires.

El período que podría llamarse de organización comprende los años 1810-1870, donde la economía argentina se ve signada primero por un período de deterioro de su agricultura y ganadería litoraleña, a consecuencia de una prolongada guerra de independencia hasta la rendición de los realistas. También por la pérdida del hinterland con el Alto Perú (proveedor de metálico para acuñar moneda), y una guerra civil organizada en torno al modelo político a seguir en la república (unitario o federal) y los roces caudillistas entre el litoral, Buenos Aires y el interior. En los últimos veinte años asistimos a una merma de la guerra civil y a la unificación de la Argentina con la provincia de Buenos Aires, pero la triple alianza trastorna el desarrollo económico que terminaría recién a comienzos de la presidencia de Sarmiento.

En 1828, la oligarquía terrateniente bonaerense que domina la Legislatura consiguió modificar la Ley de Enfiteusis. Juan José Viamonte combatió la cláusula de la ley que prohibía a los enfiteutas adquirir nuevas tierras. La enfiteusis dejó como consecuencia la concentración de la tierra de 1822 a 1830, 538 propietarios en total obtuvieron 8.656.000 hectáreas. Siendo los enfiteutas más beneficiados colaboradores del propio régimen de Bernardino Rivadavia, entre ellos las famlias Anchorena, Alzaga, Alvear, Azcuénaga, Basualdo, Bosch, los Díaz Vélez, Lynch, los Ocampo, Olivera, Ortiz Basualdo, Pacheco, Sáenz Valiente, entre otras otras. [25] la Enfiteusis puso más de ocho millones de hectáreas a disposición de arrendatarios y enfiteutas quienes en general no pagaban o pagaban cánones muy bajos a la provincia, esta ley tendió a favorecer la gran concentración de la propiedad pampeana en unas pocas decenas de familias.[26]

A partir de 1850 comenzó el auge del lanar: ese año la exportación total de lanas alcanzó la cifra de 7681 toneladas; en 1855 llegó a 12 454 toneladas, y un año más tarde, a 14 972 toneladas. Al promediar la década de 1860, las estancias dedicadas al ganado lanar en la provincia de Buenos Aires comprendían una superficie de 16 millones de hectáreas; estando una cuarta parte de ellas en manos de inmigrantes irlandeses y escoceses, y una gran proporción bajo control de inmigrantes vascos. El total de ovinos en la provincia llegó a la cifra de 40 millones.[27] Gracias a ello, Buenos Aires vivía una notable expansión económica sustentada por el ciclo lanar y las rentas de la aduana. En tanto la red ferroviaria, la primera de Latinoamérica, pasó de 573 kilómetros en 1868, a 1331 km en 1874.[28]

Durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento se construyeron grandes puertos, como los de Zárate y San Pedro (Buenos Aires). Se proyectó un puerto moderno en Buenos Aires,[29] se tendieron unos 5000 km de líneas telegráficas.[30] En 1873 se creó el Banco Nacional, que prestó el dinero a bajo interés.[cita requerida]

En el período de transición que abarca la década del 1870, donde las políticas migratorias, de desarrollo agrícola y fomento de la exportación, abren camino al modelo que imperaría hasta bien entrado el siglo siguiente.

A Sarmiento lo sucedió Nicolás Avellaneda. En 1876 se realizó el primer embarque de carne congelada hacia Europa, y al año siguiente las primeras exportaciones de cereales.[31] La extensión de la red ferroviaria tuvo un gran impulso durante el gobierno de Avellaneda, llegándose a los 2516 kilómetros al final de su mandato, un aumento del 89% en seis años.[32] Mediante la llamada Conquista del Desierto, la agricultura pampeana pasó de cultivar unos 2 millones de hectáreas a más de 25 millones, una evolución similar ocurrió con la producción de carne[33]

Periodo de la Argentina agroexportadora (1880 - 1914)[editar]

El tercer período (1880-1914), fue conocido como la "Argentina agro exportadora", donde el desarrollo económico se fundamentó en un modelo agroexportador. Para esto se llevó a cabo una política de poblamiento del territorio nacional, con mano de obra proveniente de Europa y otras partes del mundo, millones de inmigrantes europeos llegaron al país alentados por la posibilidad de la "tierra propia" y de una situación económica mejor. Argentina exportaba principalmente cereales, carnes y demás materias primas agrícolas. Con el advenimiento del transporte refrigerado en 1876, las exportaciones se diversificaron con carne congelada, productos procesados ​​como la harina, manteca de cerdo, carne en conserva y aceite de linaza. Las estrechas relaciones comerciales con Gran Bretaña, el mayor cliente, no se perderían hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando Gran Bretaña comenzó su etapa de declive como potencia mundial frente a EE.UU.[34]

El país experimento un crecimiento anual promedio de 3,4% durante el periodo 1875-1913.[35] Las exportaciones argentinas pasaron de 70 millones de pesos oro en el quinquenio 1880-84, a 380 millones en la década de 1910. Para la década de 1920, las mismas oscilaron en torno de los 800 a 1.000 millones de la misma moneda.[36]

El mismo período se vio gobernado hegemónicamente por el P.A.N (Partido Autonomista Nacional), hasta que en 1916, reforma electoral mediante, el radicalismo accedió al poder, levantando las banderas del voto secreto y obligatorio, y el repudio al fraude. La aristocracia ganadera dominaba los tres poderes del Estado, y de esta época surgen las organizaciones con SRA (Sociedad Rural Argentina).

El auge de capital extranjero durante la década de 1880 financió un sistema de doble moneda: pesos de oro, para ser utilizados principalmente en el comercio exterior y los mercados financieros, y pesos de papel equivalen a aproximadamente la mitad del antiguo valor, para su uso como base monetaria. Atraídos por las altas tasas de retorno, los aseguradores con la influencia del Banco Barings hicieron que los bonos de Argentina y Uruguay los más queridos por los especuladores de Londres durante la década de 1880. Estos instrumentos comenzaron a perder valor a 1890, sin embargo, antes de que la mayoría de los inversores podría descargar, colapsó el esquema piramidal construido por Barings. Las pérdidas (en algunos casos con las familias británicas más prominentes) llevaron a la intervención del Banco de Inglaterra que evitó un colapso financiero. Entre 1887 y 1914, la extensión de la red ferroviaria había aumentado 5 veces aproximadamente de 6700 km a 35500 km[37]

En 1890 fue creado el Banco Hipotecario Nacional, lo que contribuyó al desarrollo temprano de la clase media argentina. La crisis llevó al presidente Carlos Pellegrini a la introducción de la primera caja de conversión en Argentina, que ayudó a estabilizar la moneda y mantener la inversión, la economía se recuperó pronto. En 1914, la deuda pública externa de Argentina se situó en 784 millones de dólares (en su mayoría bonos). El país recibió 3.217 mil millones de dólares en inversión extranjera directa. El país se destacó entre los países latinoamericanos en términos de inversión extranjera directa recibida durante esta época, casi la mitad de la inversión de capitales británicos en el mundo fueron hacía la economía argentina.

A pesar del auge económico y el crecimiento, las mejoras no llegaban a toda la población. En 1904, el diputado socialista Alfredo Palacios con el objetivo de mejorar las condiciones sociales y laborales de la clase obrera impulsó varias leyes, entre las que se encontraban: la prohibición de 1905 de trabajos de riesgo de las mujeres y niños, el establecimiento de una edad mínima para trabajar y la introducción de una jornada laboral semanal máxima de 60 horas, seis días semanales. Sin embargo a pesar de los positivos efectos en las clases obreras en las ciudades, la situación de los trabajadores menos cualificados en el norte no mejoró, cientos de miles de trabajadores de fábricas azucareras y de plantaciones de algodón y tabaco, comenzaron a emigrar en gran número a las zonas urbanas en su propia región y a las prósperas zonas centrales del país. La distribución de los ingresos mejoró notablemente, contribuyendo al éxito del desarrollo del país entre 1870 y 1930.

La modernización de la economía entre 1880-1914 se logró a través de la inversión y las exportaciones a Europa. A cambio Gran Bretaña, Francia y Alemania, invirtieron en el desarrollo del país, particularmente en sectores que estaban orientadas hacia la exportación como los ferrocarriles (Argentina logró tener la red ferroviaría más extensa de América Latina). Gran parte de los recursos económicos fueron destinados a obras de infraestructura, tales como los ferrocarriles –cuya extensión pasó de 2516 a 6161 km durante su mandato–[38]

El aspecto más importante de la inversión extranjera fue su participación en el capital social de la Argentina en relación con el tamaño de las contribuciones nacionales. El ferrocarril y la industria empacadora de carne en particular. El crédito interno era escaso y los costos iniciales a menudo fuera del alcance de los inversionistas locales. Dentro del sector agrícola la Argentina se convirtió en una potencia exportadora que trajo inversiones en casi mil millones de dólares al año por el último decenio de 1920. En total, la inversión extranjera representó el un tercio del capital social de la nación (edificios y equipos) en 1900, y casi la mitad en 1913.

Periodo de sustitución de importaciones[editar]

Temprano (1914 - 1920)[editar]

Mientras que muchos argentinos vieron que su sector exportador en auge trajo en moneda extranjera como un elemento central para el desarrollo de un mercado nacional, los volúmenes de exportación mismos no superan la economía en su conjunto. Las exportaciones promedio de 15-20% del PIB durante la época entre 1870 y 1913. La creciente actividad doméstica representaron la mayor parte del crecimiento económico de la época, a pesar de la estabilidad financiera el país sigue siendo profundamente dependiente de la inversión extranjera y el sentimiento económico internacional.

La inversión extranjera y el mercado de materias primas eran extremadamente volátiles. Debido a que la economía de Argentina apoyó tanto en crédito externo y una demanda para sus productos agrícolas, fue particularmente susceptibles a estos períodos de volatilidad, lo que trajo graves consecuencias para el crecimiento económico del país. La inversión extranjera en Argentina, entonces, era un arma de doble filo. A pesar de que contribuyó al largo período de crecimiento entre finales de los siglos XIX y XX. La inversión extranjera desapareció durante la Primera Guerra Mundial para financiar la guerra europea, y no regresó después de la paz. La economía argentina mantuvo estrechos vínculos con el comercio británico y con sus inversiones, pero después de 1918, estrecho su relación comercial con Estados Unidos, que ahora dominaba el escenario económico internacional.

Tardío (1920 - 1944)[editar]

Bajo el sufragio universal masculino y obligatorio, en 1916 fue electo Hipólito Yrigoyen bajo la Ley Saenz Peña. La nueva administración de Yrigoyen otorgó préstamos subsidiados a campesinos. Tras haber encontrado petróleo en Comodoro Rivadavía se creó en 1922 la empresa pública YPF, a raíz de la preocupación del Estado por asegurarse los recursos básicos para continuar el desarrollo del país. A pesar de que no se convirtió en un monopolio como el caso de PEMEX en México, YPF produjo cerca de 15.000 barriles (2.400 m3) al día en 1930 (una cuarta parte de las necesidades de petróleo de Argentina).

El crecimiento económico fue alrededor del 6% anual durante la década de 1920, por lo que continúo siendo el país más rico de la región, sobre una base del PBI per cápita en 1929. Por ejemplo, había más de 400.000 vehículos de motor en el país (más que cualquier otro en América Latina). El colapso bursátil de 1929, marcó el fin de las esperanzas argentinas para un retorno al modelo de crecimiento impulsado por las exportaciones. El presidente Yrigoyen es derrocado en 1930 por un golpe de Estado que lo puso bajo arresto domiciliario y su hombre clave de YPF, Enrique Mosconi, debió exiliarse.Durante sus ocho años de gestión, el General Mosconi logró casi triplicar la producción de petróleo, de 348 888 metros cúbicos en 1922, a 872 171 metros cúbicos en 1929.[39] Además gracias a los grandes avances, Mosconi rebajó los precios del combustible para competir con los precios de las petroleras extranjeras.

Antes de la Segunda Guerra Mundial un nuevo modelo de crecimiento económico comenzó a surgir. El Censo Económico de 1935 contaba con más de 600.000 trabajadores en la industria manufacturera (en su mayoría en empresas con menos de cinco empleados). La industrialización de sustitución de importaciones (ISI) fue adoptado como política económica. El gobierno que hasta entonces había adoptado un laissez-faire comenzó a intervenir directamente en la economía. A pesar de la presión de la Standard Oil y la Royal Shell, después del golpe de 1930, el gobierno dio un giro rápido y en 1932, comenzó a gravar con impuestos la gasolina para financiar a nuevas carreteras y comenzó la construcción de primera gran hidroeléctrica.[cita requerida] El 1933 Pacto Roca-Runciman regulaba la política monetaria y el comercio mediante la vinculación más cercana a los mercados británico, fomentar las exportaciones argentinas a los mercados en el Reino Unido y sus colonias, a condición de que estos excedentes se depositarán en el Banco de Inglaterra.

El período las Guerras Mundiales, y la crisis del 29 presentaron desafíos para la economía argentina, como lo hizo para la mayoría de la población mundial. Después de haber recuperado el terreno perdido por la década de 1930. A través de la sustitución de importaciones la economía siguió creciendo moderadamente durante la Segunda Guerra Mundial. La menor disponibilidad de importaciones y los efectos beneficiosos de la guerra tanto en la cantidad y el precio de las exportaciones argentinas se combinaron para crear un excedente comercial de US$ 1,7 mil millones acumulados durante esos años. Se beneficiaron de la financiación innovadores y el gobierno, el valor agregado de la manufactura superó al de la agricultura por primera vez en 1943, y empleó a más de 1 millón de personas en 1947.

Periodo peronista (1946 - 1955)[editar]

Durante la etapa peronista, el país se caracterizará por una gran etapa de obras públicas, una redistribución del ingreso hacía los sectores más desfavorecidos, la ampliación de derechos laborales y una intervención del Estado en la economía.

Uno de los principales objetivos de Perón era lograr la independencia económica de Argentina, para ellos tomo diferentes medidas:

  • Nacionalización del Banco Central en 1946, con el fin de que los industriales tuvieran fondos para facilitar el desarrollo de actividades económicas de interés nacional y para satisfacer las necesidades del comercio externo e interno.
  • Se expandió la Marina Mercante, que a fines de 1943 explotaba cuarenta y dos barcos, afectados todos ellos al servicio de ultramar, con un personal de 15.000 trabajadores.
  • En 1952 el gobierno peronista decide saldar completamente la deuda externa, el país deudor de m$n 12.500 millones se convertía en acreedor por más de m$n 5.000 millones.[40]
  • Entre 1946 y 1948 todas las líneas férreas fueron estatizadas bajo la órbita de la Empresa de Ferrocarriles del Estado Argentino (EFEA, luego Ferrocarriles Argentinos) que antes se encontraban, en su mayoría, en manos de empresas británicas y francesas. Se dio un fuerte impulso a la construcción de nuevos ramales y a la ampliación de la red ferroviaria, que llegó a contar en 1954 con más de 120 000 kilómetros.[41]
  • A través de la empresa estatal Obras Sanitarias de la Nación, se llevó a cabo un programa de obras, para el periodo 1947-51. En 1942 unos 6,5 millones de habitantes tenían provisión de agua corriente y 4 millones, servicios cloacales, y en 1955 los beneficiarios se ampliaron a 10 millones y 5,5 millones respectivamente.
  • Se amplió el sistema de jubilaciones beneficiando a trabajadores independientes, empresarios y profesionales. Se estableció en 1948 el fondo de pensiones para personas sin recursos no acogidas en el sistema jubilatorio y se legisló sobre la pensión para viudas. En 1946 se incorporó como derecho el pago del aguinaldo. Se crearon y se pusieron en funcionamiento los primeros juzgados laborales, se estableció el Estatuto del peón rural y se reglamentaron las convenciones colectivas de trabajo.[42]

Respecto al consumo entre 1945 y 1948 las ventas de cocinas aumentaron 106%, la vente de heladeras 218%, el calzado 133%, los discos fonográficos 200% y la venta de radios 600%, alentados por los programas redistributivos del gobierno y el crédito barato. Los préstamos al sector privado se triplicaron y las tasas de interés no superaban el 5% anual, los préstamos a la industria se sextuplicaron y los préstamos a la agricultura se duplicaron.[43]

La principal fuente del gobierno central de los ingresos no tributarios, el IAPI se benefició del aumento de la demanda internacional de granos y los altos precios durante 1946-1947. Que ayudó a financiar las reformas sociales como las obras de inversión pública (en particular, la construcción de más de 4000 hospitales y clínicas y de más de 8000 escuelas). Créditos hipotecarios y programas de desarrollo de préstamos a pequeñas empresas. El aumento de inversiones públicas y extranjeras revitalizaron la economía, que creció en más de un cuarto en el período 1946-1948. Estos programas, entre otras cosas, ayudaron a erradicar las enfermedades tropicales en el norte y el problema recurrente con las langostas. Entre 1945 y 1948 la economía creció a un récord del 8.5% anual, mientras que el salario real se acrecentó un 46%.[44]

Además inicio a través del Primer Plan Quinquenal un conjunto de importantes obras públicas, destinadas a modernizar la infraestructura del país, necesaria para el proceso de industrialización acelerado. Se construyeron diques con sus respectivas centrales hidroeléctricas como el Escaba en Tucumán, el Nihuil en Mendoza, Los Quiroga en Santiago del Estero y seis diques con usinas en Córdoba, seis en Catamarca, cuatro en Río Negro y tres en Mendoza, así la potencia instalada en centrales paso de 45.000 kilovatios en 1943, a producir 350.000 kilovatios en 1952. También se construyó entre 1947 y 1949 el gasoducto que unió Comodoro Rivadavia con Buenos Aires, con el la distribución de gas aumentó de 300.000 metros cúbicos por día a 15.000.000 de metros cúbicos abarantando en un tercio los costos.[45] El extenso gasoducto, 1605 km, uno de los más largos del mundo en su momento, fue inaugurado el 29 de diciembre de 1949, más tarde la cañería seria extendida hasta Cañadón Seco, logrando extenderse por 100 km más.La Argentina se colocaba así entre los tres países más avanzados en el aprovechamiento del gas natural, junto con los Estados Unidos y la Unión Soviética. La construcción del gasoducto significó un boom de la construcción en Comodoro.[46]

Los precios mundiales de cereales disminuyeron a finales de la década del 1950. Las exportaciones argentinas fueron en gran medida excluidas del auge de los mercados europeos por la presión política de la administración estadounidense de Harry S. Truman. Esto llevó al Presidente a adoptar políticas más favorables hacia las empresas a partir de 1952.

La ley n.º 12.987 conocida como "Ley Savio", fue sancionada el 13 de junio de 1947, junto con el Plan Siderúrgico Argentino y la constitución de la empresa SOMISA, que pasara de una producción de 21 000 toneladas de acero en 1948 a 87 000 en 1954. La empresa argentina Siam fundada en 1911 adquiere gran impulso, expandiéndose mayormente debido sus ventas en productos como las motonetas, ventiladores y otros electrodomésticos, que demandaba el mercado local. Su capacidad industrial le permitió iniciar en 1948 la producción de heladeras a un ritmo de 11 000 anuales, para alcanzar las 70 000 unidades diez años más tarde, llegando a ser la empresa latinoamericana más grande, con más de 9 mil empleados. En 1947 se funda Techint.

En 1953 se promulga la ley n.º 14.122, que trata de otorgar garantías jurídicas a los propietarios; su principal objetivo era atraer empresas a la producción metal mecánica en Córdoba en asociación con la Fábrica Militar de Aviones. Se logró la privatización de la fábrica de tractores que FMA estaba instalando, quedando a cargo de Fiat. También en Córdoba se instaló una fábrica de automóviles denominada Industrias Kaiser Argentina. Ambas empresas obtuvieron créditos generosos de parte del Banco Industrial, garantías de reserva del mercado interno e instalaciones, equipos y personal calificado, logrando así beneficios desde el primer año de actividad. Estos fueron los mayores frutos de expansión industrial asociada con el capital externo, creando el primer y mayor polo metal mecánico del país hasta el momento. Se instalaron grandes fábricas metalmecánicas, para la producción de motores, automotores, locomotoras y aviones. Además de crear la Fábrica Militar de Aviones en IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado) y luego en DINFIA (Dirección Nacional de Fabricaciones e Investigaciones Aeronáuticas).

Las políticas de estimulo a las exportaciones, a la inversión extranjera en petróleo y la industria del automóvil, el mantenimiento de altos salarios, derechos laborales y la fuerte inversión en obra pública, se mantuvo (más o menos) como proyecto general de política económica para los próximos veinte años. Incluso después de un conflicto con la Iglesia Católica que dio lugar al golpe de Estado en 1955.

Las ramas industriales privilegiadas en esta segunda etapa del proceso de sustitución de importaciones, del segundo plan quinquenal fueron la automotriz, la petrolera y petroquímica, la química, la metalúrgica y la de maquinarias eléctricas y no eléctricas, orientadas a ser industrias de base para el país. Las inversiones se orientaron hacia el aprovechamiento de las posibilidades que ofrecía un mercado interno protegido.El sector agropecuario se modernizó: a partir del desarrollo de la industria siderúrgica y petroquímica, se impulsó la tecnificación y la provisión de fertilizantes, plaguicidas y maquinarias, de forma que se hizo incrementar la producción y productividad agropecuaria.[47]

Período industrial desarrollista (1956 - 1966)[editar]

Presidencia de Frondizi[editar]

Frondizi llevó adelante una política industrial desarrollista, con el fin de promover la industrialización acelerada del país, alentó el ingreso del capital industrial extranjero. Profundizó en la política petrolera impulsada en los últimos años de la presidencia de Perón.[48]

Entre 1958 y 1963 se llegó a alcanzar el máximo histórico de las inversiones extranjeras en Argentina: alrededor del 23 % del total del período entre 1912 a 1975. Argentina llegó a tener durante este período la industria más fuerte, moderna y competitiva de América Latina.

El sector agropecuario se modernizo: a partir del desarrollo de la industria siderúrgica y petroquímica, se impulsó la tecnificación y la provisión de fertilizantes, plaguicidas y maquinarias, de forma que se hizo incrementar la producción y productividad agropecuaria.[49] La expansión siderúrgica se logró gracias al impulso de la empresa estatal de Dirección de Fabricaciones Militares. La inversión extranjera se multiplicó por diez, como también se duplicó la inversión interna, lográndose así un gran reequipamiento industrial. Las divisas que antes se gastaban en la importación de combustibles y otras materias primas, ahora se destinaron a la compra de equipos industriales, modernizando la industria y la infraestructura básica. Hubo una inversión de 140 000 000 de dólares en industria petroquímica entre 1959 y 1961.[49]

Entre 1959- 1965 se establecieron numerosas industrias automotricez multinacionales: Citroën y Alcre; De Carlo, A.y L. Decaroli, Deutz Argentina, Peugeot, Renault y Siam Di Tella Automotores S. A.; Además de las nuevas empresas que llegaron, hubo algunas fábricas que ampliaron sus plantas industriales, como Fiat. Además de fundarse algunas poderosas empresas argentinas, como la Siam Di Tella Automotores, Autoar y Goliath Hansa S. A.. el país que entre 1955-1960 debío importar automóviles logró volver a autoabastecerse, hecho que no ocurría desde la presidencia de Perón.[50]

El 25 de julio de 1960, se inauguró el alto horno de San Nicolás de los Arroyos, para la producción de acero, se había empezado a construir en la época de Perón, pero con su derrocamiento, los militares no la habían terminado.[51] Con este alto horno se produjo un total de 248 500 toneladas de acero en 1958, y cuatro años después, en 1962, se triplicó la producción, pasando a 643 400 toneladas de acero. También creció un 1270 % la producción de arrabio: pasó de 29 000 a 397 000 toneladas anuales, dando así un gran crecimiento a la industria siderúrgica argentina.[52] [53] Se construyó también un laminador continuo de chapas en caliente, modelo único en Sudamérica.

Con en crecimiento de la siderurgia, la industria automotriz produjo en 1961 137 000 automóviles y camiones, dándole trabajo a un total de 150 000 obreros, y ahorrando unos 250 millones de dólares en importaciones.[51] [52] Se aumentó la producción: en 1958 se fabricaron diez mil tractores, y tres años después, las unidades llegaron a veinticinco mil.[52] La red vial creció en diez mil kilómetros. Hubo un aumento en la producción industrial de un 10 %. Se inauguró la planta de SOMISA (Sociedad Mixta Siderurgia Argentina).[54] Se inició un plan de construcción de aeropuertos, instalándose diez terminales con alta tecnología.[55]

El 7 de agosto de 1958, fue creada la empresa estatal Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF),[56] que se hizo cargo de la explotación de los yacimientos de carbón hasta su privatización en 1994.[57]

Presidencia de Illia[editar]

Con la llegada al poder de Illia en 1963, tras recibir el apoyo electoral del peronismo, se continuará la etapa desarrollista inaugurada por Frondizi. Durante el gobierno de Illia, se impulsó la explotación del petróleo y los recursos estratégicos por parte del Estado, se fomentó la industria nacional, se destinó el 23% del presupuesto nacional a la educación y se encargaron importantes obras públicas.[58] También creó la Sindicatura de Empresas del Estado, para un control más eficaz de las empresas públicas. El PIB creció un 50% a partir de 1963, los niveles de producción industrial un 60% y las ventas de automóviles se duplicaron. Entre 1963 y 1969, aumentó un 27,1% en las ramas de papel, productos químicos, metales, minerales no metálicos, maquinarias y equipos.[59]

El gobierno decidió aplicar una estrategia basada en el estímulo de la demanda y elaboró un Plan Nacional de Desarrollo para el quinquenio 1965 - 1969. Las buenas cosechas, basadas en el modernización agrícola, junto con la industria competitiva permitió elevar el nivel de las exportaciones con saldo positivo en la cuenta corriente del balance de pagos. El Producto Externo Industrial crecieron a un ritmo vertiginoso, llegando al 19% en 1964, la desocupación pasó de 8,8% en 1963 a 5,2% en 1966. La deuda externa disminuyó de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones, y se registró un constante superávit comercial. El Producto Bruto Interno creció a tasas altas: 10,3% para el año 1964 y del 9,1% para el año 1965. En el plano social se sancionaron las leyes de Salario Mínimo, Vital y Móvil, lo que redundó en una mejora en el ingreso de los trabajadores; y ley de medicamentos, que abarató el costo de los últimos e impulsó la industría farmaceútica nacional, logrando el autoabastecimiento y exportación de medicamentos.[60]

La producción de acero se incrementó durante su presidencia 70%, superando el millón de toneladas, la producción de carbón aumento un 50%, en tanto la producción de energía eléctrica subió hasta 1300 millones de Kw (la mayor de todo Latinoamérica)[61] El stock ganadero paso de 40 millones de cabezas en 1963 a más de 46.7 millones en 1965, al mismo tiempo la superficie sembrada se incrementó un 7% en 1964 y un 5.9% en 1965; y la producción de trigo se incrementó un 31%. A través de un programa de créditos se continúo con la política de modernización del sector agropecuarío, beneficiando a 37.581 productores y elevando la capacidad de almacenaje de granos en un 22%. Durante este período fue récord la venta de tractores y cosechadoras (de origen totalmente argentino), así también la construcción de graneles y silos.[62]

Periodo industrial tardío[editar]

Onganía, Levingston y Lanusse (1966 - 1973)[editar]

El nuevo régimen militar intento llevar adelante en 1966 una política de austeridad, pero la enérgica oposición del lobby de los fabricantes, sumado a la poderosa Unión Industrial Argentina (UIA), resultó en un retorno general al desarrollismo alrededor de 1968. El lanzamiento de obras públicas y la inversión empresarial reavivó el crecimiento económico en 1970.

Durante la dictadura de Onganía el ministro de Economía Adalberto Krieger Vasena (1967 y 1969) aplicó diferentes medidas económicas de corte liberal. La supresión de medidas proteccionistas perjudicaron a productores regionales del Chaco, Tucumán y Misiones. Consecuentemente, el PBI cayo un 1.2 por ciento y aumentaron los precios mayoristas y minoristas. La producción agrícola, disminuyó considerablemente, al igual que el sector industrial que sufrió una crisis. Disminuyeron las reservas, y aumentó la importación de combustibles un 300 por ciento, enfatizando la dependencia extranjera de insumos. Además se produjo una devaluación del 8%[63] [64] Ante el fracazo de las medidas liberales implementadas por Vasena, Onganía lo reemplazó por José María Dagnino Pastore. En 1970 en medio de una crisis económico-social Onganía y su ministro fueron reemplazados, asumiendo el poder Roberto M. Levingston.

Con el aumento de las importaciones y de la inflación en 1970 producto de las reformas liberales de Krieger Vasena y Danino Pastore, se colocó al presidente Levingston en una posición similar a la de Frondizi en la década anterior. Nombró ministro de Economía a Aldo Ferrer, ex ministro de Producción y de ideas desarrollistas. En septiembre de 1970, el presidente junto con Ferrer, el apoyo de Frondizi y otros moderados presentó un proyecto de "Plan quinquenal" para la creación de un organismo nacional de la pequeña empresa prestamista y otros nuevos incentivos para la inversión local en materia de energía e industria.

Levingston fue sustituido, pero las propuestas de Ferrer quedaron en gran parte intactas. Estas se complementaron con la política social del ministro Francisco Manrique de construcción viviendas públicas y programas de salud pública.[cita requerida]

El país, sin embargo, sufrió de un fondo de represión que se había traducido en un aumento del trabajo y la agitación estudiantil, en especial desde 1969. Juan D. Perón presionó al régimen militar para llamar a elecciones libres en marzo de 1973, en las que ganó su Partido Justicialista, resultó en el regreso del anciano líder del exilio de junio de ese año.

Tercer peronismo y el Pacto Social (1973 - 1976)[editar]

Desde 1932 a 1974, la economía de Argentina creció casi cinco veces ( o el 3,8% en términos anuales), mientras que su población sólo se duplicó. Esta expansión fue bien distribuida y así dio lugar a cambios muy positivos en la sociedad argentina, especialmente el desarrollo de la clase media más numerosa proporcional (40% de la población de la década de 1960) de América Latina, así como la clase obrera mejor paga de la región, y una gran sindicalización de los trabajadores.

En 1973 tras la dictadura es electo presidente el peronista Héctor José Cámpora, que llevó adelante junto con Perón el denominado Pacto Social, sus primeros resultados fueron absolutamente positivos: La alta inflación que amenazaba continuamente a la Argentina entre 1955 y 1973, menguó (del 62% al 17% anual), los salarios reales se recuperaron en un 13,33%, se revirtió la situación de la balanza de pagos gracias a la acumulación de superávit por el comercio exterior. El incremento de los salarios y la expansión del gasto público alentaron la actividad interna.[65]

Tras unos meses en el poder se realizan nuevas elecciones que dan como ganador con más del 62% de los votos a Juan Domingo Perón que confirmó como ministro de economía a José Ber Gelbard, a si mismo mantuvo el "pacto social" que media los aumentos salariales, y establecía controles de precios sobre los bienes de consumo. Esto dio como resultado en el registro los salarios reales promedio un 50% superiores a las de 1963 y una nueva aceleración del crecimiento (6% anual en 1973-74 y 80% por encima de los niveles de 1963). Se dio un nuevo impulso al comercio exterior ampliando la flota de la Marina Mercante Argentina (que contaba a fines de 1973 con 198 barcos) con la incorporación de seis cargueros nuevos y la construcción 27 barcos.[66] A principios de ese año se inaugura Atucha I siendo la primera central nuclear de Latinoamérica y comienzan los trabajos de la central Embalse I para abastecer con energía nuclear los requerimientos de 3 a 4 millones de personas.[67] En 1973 se alcanzó un superávit comercial de más de mil millones de dólares.

Luego de la muerte de Perón en julio de 1974, asume la presidencia María Estela Martínez de Perón, jaqueada por la presión de su base política (los sindicatos, en particular) y de las fuerzas armadas, decide dar un drástico giro en la política económica y nombra a Celestino Rodrigo ministro de economía que aplicó una devaluación del peso respecto al dólar.[68] Si bien Argentina fue casi autosuficiente en petróleo, la crisis de los precios del petróleo impactó negativamente en la balanza financiera, el país paso de importar petróleo por $ 60 millones en 1973 a $ 600 millones en 1974.[69]

Periodo neoliberal[editar]

Durante la primera parte del período neoliberal, entre 1975 y 1990, el PIB per cápita disminuyó en un 32.5%; el PIB industrial per cápita lo hizo en un 2.7%; la inversión bruta declinó en un 68%; la deuda externa trepó de 7.800 a 65.000 millones de dólares, los desocupados pasaron de 722.000 a más de 2.000.000.

La inflación anual de tres dígitos fue una constante en esos quince años. Respecto a la distribución del ingreso durante la época neoliberal se observó un marcado deterioro. Entre 1976 y 1990 las familias del decil más opulento en la distribución del ingreso acrecentaron su participación en la riqueza nacional en un 33%, mientras que los hogares de los tres deciles intermedios (clase media) perdieron un 9.5%, y los hogares de los tres deciles más bajos perdieron un 27.5%. En 1974, antes de la implementación del liberalismo económico, sólo un 3% de los hogares estaba situado por debajo de la línea de la pobreza, en octubre de 1988 esa proporción oscilaba, entre un 22 y un 29%. Para aumentar en 1989/1990 al 45% en los grandes centros urbanos.[70]

Liberalismo cívico-militar 1976 - 1983[editar]

El plan económico del Proceso de Reorganización Nacional fue diseñado por José Martínez de Hoz, Ministro de Economía desde marzo de 1976 hasta el 29 de marzo de 1981. José Martínez de Hoz siguió los nuevos lineamientos económicos de la Escuela de Chicago, que habían sido impuestos por primera vez por la dictadura de Augusto Pinochet en Chile en 1973.

Las políticas económicas neoliberales impuestas a través del golpe de Estado de 1976, fueron catastróficas para la próspera economía argentina. El plan neoliberal produjo la declinación de la actividad industrial, la concentración de la riqueza, la población perdió el nivel de vida que había alcanzado a mediados del siglo XX. El período se caracterizo además por un aumento exponencial de la deuda externa nacional, que se elevó de 7.875 millones de dólares al finalizar 1975, a 45.087 millones de dólares en 1983.[71] La relación porcentaje de deuda externa sobre PBI, paso a ser una de las más elevadas de América Latina, lo que significaría un serio obstáculo para las políticas de desarrollo.

En el plano laboral Martínez de Hoz decretó el congelamiento de salarios provocando una caída del nivel de vida de la población sin precedentes, así mismo prohibió el derecho a huelga, e intervino todos los sindicatos. El salario real, sobre una base 100 en 1970, había subido a 124 en 1975, pero 1976, en un solo año, cae a 79, el nivel más bajo desde los años '30 (OIT 1988). La participación del salario en el PBI entre 1975 y 1977, se redujo del 43 al 25 por ciento.[72]

La pobreza, que desde los años '40 se ubicó siempre debajo del 10%, y que era del 5,8% en 1974, subió al 37,4% en 1982, cifras inéditas para el país.[73] Además el plan económico se caracterizó por altas tasas de inflación durante toda la dictaura. Así mismo se incrementó la brecha en la distribución del ingreso, el coeficiente de gini paso de 0.365 en 1975 a 0.423 en 1982, observándose un marcado deterioro.[74]

El plan de Martínez de Hoz consistía en una reducción arancelaria que llegó a su máximo nivel en 1978, para darle competitividad a la economía y promover sus «ventajas naturales». El resultado fue un proceso de importaciones masivas y un efecto desastroso sobre la industria. Grandes empresas industriales cerraron sus plantas:General Motors, Peugeot, Citroen, Chrysler, Siam, Decca (Deutz-La Cantábrica), la planta de vehículos utilitarios de Fabricaciones Militares, Aceros Ohler, Tamet, Cura, Olivetti, y miles de medianas y pequeñas empresas industriales. Para 1980 la producción industrial había reducido un 10% su aporte al PBI, y en algunas ramas como la textil, la caída superó el 15%.[75]

En 1978, el plan del ministro neoliberal Martínez de Hoz dio indicios de ser un fracaso total: la inflación anual llegó al 160 por ciento, y el PBI descendió durante ese año cerca de un 3,2%. En 1979 la tasa de inflación llegó 139,7, con una economía estancada. Además se generó una fugaba del 25% de los depósitos de los depósitos bancarios, los cuatro bancos más importantes del sistema fueron liquidados. Durante su gestión la deuda externa la deuda creció de 7.000 millones de dólares a más de 40.000 millones de dólares, es decir, que en siete años se multiplicó casi seis veces.[76] Durante 1980 las exportaciones cayeron un 20% respecto del año anterior, las importaciones subieron un 30%. En ese contexto se produjo el “crack bancario” de 1980, que puso fin a la etapa de la denominada “plata dulce”. La quiebra del Banco de Intercambio Regional junto con el cierre de otras 37 entidades financieras, que a su vez repercutió en sectores industriales, originando una fuerte corrida bancaria y fuga de divisas.[77]

En medio de una profunda crisis económica y una corrida bancaria, el presidente de factoJorge Rafael Videla y su ministro José Alfredo Martínez de Hoz renuncian, asumiendo Viola. El 29 de marzo de 1981 asume Lorenzo Sigaut, que dispone una nueva devaluación que provocó que el Peso perdiera un 35% de su valor respecto al dólar, mientras el PBI caía un 6% inteanual. Tras estas medidas iniciales desdobló el mercado cambiario en financiero y comercial, mientras que los precios aumentaron un 155%, el resultado de estas medidas fue profundizar la recesión con alta inflación.[78] El nuevo presidente del BCRA, Domingo Cavallo, decidió en septiembre de 1982 la estatización de 17.000 millones de dólares de deuda externa privada que paso a ser deuda pública. La deuda de diferentes empresas como Alpargatas S.A., Grupo Macri, Banco Francés del Río de la Plata, Banco de Galicia, FATE -ASTRA, Bunge y Born S.A., Grafa S.A., Molinos Río de la Plata, Loma Negra S.A, Ledesma, Papelera del Plata S.A., Pérez Companc S.A., Banco Río S.A., ACINDAR S.A., Bridas SAPIC - Papel Tucumán S.A., fue transferida al Estado para que este las pague.[79] [80]

Presidencia de Alfonsín (1983 - 1989)[editar]

Tras más de 7 años de dictadura militar, el 10 de diciembre de 1983 se retoma la democracia, asumiendo la presidencia Raúl Alfonsín. Si bien contaba con un amplio respaldo del electorado, la situación económica heredada después del desastre económico producido por la aplicación de la escuela económica monetarista traería serias dificultades durante su mandato: la deuda externa había aumentado de 7.875 millones de dólares (1975) a 45.087 (1983), la pobreza del 5% en 1975 al 37% en 1982, siendo récord en el país. Así mismo la tasa de inflación era superior al 400% y la deuda externa llegaba al 70% del PBI, ahogando las finanzas públicas.

Para solucionar los urgentes problemas económicos del país, Alfonsín recurrió al esquema económico utilizado con éxito durante la presidencia de Arturo Illia. Su primer ministro de economía Bernardo Grinspun, proponía un plan neodesarrolista. En 1985 Juan Vital Sourouille asumió el ministerío de economía, y propuso el Plan Austral: se creó una nueva moneda, el Austral; se implementó un fuerte control de precios; las tarifas de los servicios públicos (por entonces en manos del Estado) se congelaron, y se establecieron listas de precios máximos para los bienes de la canasta básica. Para octubre la inflación bajo a menos del 2% (cifra inédita desde el período pre dictadura), los ingresos fiscales mejoraron considerablemente al desaparecer el efecto Olivera-Tanzi, con lo que el esquema resultó sostenible en el mediano plazo. Además de frenar la elevada inflación heredada de la aplicación de las teorías monetaristas durante la dictadura, se logró un equilibrio fiscal. Así mismo la pobreza bajó considerablemente de un 37,7% al asumir el gobierno en 1983 a menos del 24,3% en 1986.[81] Entre 1983 y 1986 se logró una estabilidad económica, acompañada de una significativa reducción del déficit público, del 11% en junio de 1985 a menos del 4% hacia fin de año.[82]

Pero hacía 1988 el plan económico comenzó a mostrar dificultades, sumado el rechazo de las principales centrales obreras. En agosto de 1988 la inflación alcanzó el 27,6% mensual. En octubre el gobierno puso en práctica un plan de salvataje, el Plan Primavera, cuyo objetivo primordial era llegar a las elecciones con la economía bajo control. Los operadores cambiarios rechazaron dicho plan. La inflación, que en febrero de 1989 era del 9,6% mensual, alcanzó 78,4% en mayo. El fracasó del Plan Primavera llevó a un adelantamiento de las elecciones, donde triunfó el peronista Carlos Saúl Menem.

Presidencia de Carlos Menem (1989 - 1999)[editar]

Carlos Menem asumió la presidencia el 8 de julio de 1989. El nuevo gobierno se plegó a los principios del Consenso de Washington, para esto introdujo una serie de reformas neoliberales: con la aprobación de la Ley de Reforma del Estado que otorgó superpoderes al poder ejecutivo para privatizar varias empresas estatales sin la aprobación previa del congreso.

La privatización de ENTel fue una de las primeras y más importantes del gobierno menemista, dirigidas por el entonces ministro de Obras y Servicios Públicos, José Roberto Dromi. El proceso fue conducido por la ministra de la UCD María Julia Alsogaray, quien tenía a cargo la empresa. Por las irregularidades en su privatización, Alsogaray fue condenada por fraude a la administración pública y condenada a cuatro años de prisión.[83] se destacó porel incrementó el valor de las tarifas telefónicas de manera abrupta. El 7 de febrero de 1990 el aumento fue del 112 %, elevándose a más del 300 % a fines del mismo mes.[84] ENTEL fue cotizada en 1.900.000 dólares, cuando según estimaciones, su valor real triplicaba esa suma.[85] A ENTel le siguió Aerolíneas Argentinas; estas privatizaciones y otras posteriores condujeron a numerosas críticas y denuncias de irregularidades, omisiones y casos de corrupción. Pronto se privatizaron también la red vial, los canales televisivos (con la excepción de ATC, hoy Canal 7), gran parte de las redes ferroviarias, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Yacimientos Carboníferos Fiscales, Gas del Estado, Subterráneos de Buenos Aires, el CEAMSE, la Casa de la Moneda, etc.[86]

Se desreguló la economía, reduciendo cupos, aranceles y prohibiciones de importaciones, y se estableció la libertad de precios. Con el aumento de impuestos como el IVA (del 19% al 21%) y Ganancias aumentó la recaudación fiscal. A pesar de dicho aumento y de los ingresos generados por las privatizaciones, la situación económica se mantuvo convulsionada y a fines de 1989 se produjo una segunda hiperinflación. El ministro de economía Erman González, apeló al Plan Bonex: confiscó los depósitos a plazo fijo y los cambió por bonos de largo plazo en dólares.

Según estudios de la Fundación de Investigación para el Desarrollo revelan que entre junio de 1989 y mayo de 1992 el salario real descendió un 25%, a pesar de la estabilización monetaria.[87] Durante este gobierno la deuda externa pública se multiplicó desde los us$ 45.000 millones en 1989 hasta us$ 145.000 millones en el 2000.[88]

El nuevo Ministro de Economía Domingo Cavallo asume en 1991. Impulsó la Ley de convertibilidad que estableció un nuevo régimen cambiario, fijando el tipo de cambio en 10.000 australes igual a 1 dólar estadounidense, y luego, en 1992, en 1 peso igual a 1 dólar estadounidense. Luego de ganar la reelección del año 1995, Menem, le pide la renuncia y nombra en su lugar a Roque Fernández.[89] Después de que Cavallo denunciara varios hechos de corrupción que rozaban al gobierno menemista.

Al asumir el gobierno, los valores de desocupación y subocupación eran de 8,1 y 8,6% respectivamente. En 1995 el desempleo y el subempleo habían alcanzado picos históricos de 18,4 y 11,3% en mayo. Para el final de su gobierno, estas cifras eran de 13,8 y 14,3%. Contribuyeron al aumento del desempleo y el subempleo, los despidos masivos en las empresas públicas privatizadas, la terciarización de actividades y las sucesivas medidas de flexibilización laboral. Hacia 1997/1998 la pobreza había aumentado a más del 36% de la población (13,4 millones de personas, se encontraban bajo la línea de pobreza). En tanto que el 8,6 por ciento (3,2 millones de personas) vivían en la indigencia. En las regiones del noroeste, nordeste y Cuyo la pobreza superaba el 50% de la población y la indigencia roza el 20%.[90]

Presidencia de Fernando de la Rúa (1999 - 2001)[editar]

Fernando de la Rúa asume la presidencia el 10 de diciembre de 1999, ya desde mediados de 1998 la economía argentina había ingresado en una crisis económica. La inestabilidad económica provocó constantes cambios en el Ministerio de Economía, pasando por él José Luis Machinea (1999 - marzo de 2001), Ricardo López Murphy (marzo - abril de 2001) y por último Domingo Cavallo, que ya había sido Ministro de Economía entre 1991 y 1996 y que había impulsado la Ley de Convertibilidad.

Al asumir encontró un elevado déficit fiscal, con un rojo de más de mil millones de pesos, una deuda externa del orden de los 145 mil millones anuales con vencimientos de casi 25 mil millones en el año próximo.[91] [92] Debido a esto, De la Rúa tomó severas medidas de ajuste con el propósito de sanear las finanzas: dispuso un recorte de sueldo entre 8 y 20% a los empleados públicos, docentes, fuerzas de seguridad y empleados judiciales que afectaron a más de 140.000 personas, recortartes en el presupuesto de Universidades Nacionales y el despido de 10 000 empleados, como parte de un paquete de ajuste exigido por el FMI.[93] [94] Sin embargo las medidas no dieron resultado, para el año 2000 la crisis continuó y la economía se contrajo 0,5% del PBI y la desocupación alcanzó el 14,7%.[95]

En marzo de 2001 asumió como ministro Ricardo López Murphy que llevó a cabo un severo programa de ajuste fiscal por 2500 millones de dólares, de los cuáles 1100 millones pertenecen al aréa educativa. También se eliminaron partidas por 660 millones de pesos/dólares destinadas a las provincias, recorte en el presupuesto universitario por 361 millones para el 2001 y 541 millones para el 2002, recortes en sueldos docentes por 220 millones, rebajas en el salario familiar por 129 millones, recortes en jubilaciones por 127 millones y postergación en el pago de las mismas, anulación de pensiones y becas estudiantiles, achique y recorte en los programas sanitarios por 50 millones, IVA del 15 al 21% para espectáculos culturales, fútbol, teatro y cine, eliminación de ayuda aproductores rurales de siete provincias por 180 millones, despido inmediato de 40.000 empleados públicos, flexibilización laboral aumentando el período de prueba de 3 a 12 meses y recortes en las indemnizaciones por despido, privatización de las casas de juego y de parte del Banco Nación.[96] [97]

El duro recorte supuso la ruptura de la coalición gobernante, miembros del Frepaso dentro del Gabinete renunciaron luego de presentado el programa económico. Debido a esto, López Murphy se vio obligado a retirarse a 16 días de haber asumido.[98] Se convocó a ocupar la cartera a Domingo Cavallo, ex Presidente del BCRA durante la dictadura y Ministro de economía del menemismo. Cavallo junto a su equipo económico integrado por Patricia Bullrich, Ministra de Trabajo anunciaron más ajustes. Se aprobó el impuesto a las operaciones bancarias, un recorte del 13% en haberes previsionales que afectaron a 533.401 jubilados, recortes del 13% sobre el salario de empleados estatales, y se emitió deuda por 3000 millone.s[99] [100] Estas medidas enfriaron el consumo y conllevaron a una mayor caída de los niveles de empleo. El déficit fiscal se disparó a 4000 millones de dólares.[101] El desempleo pasó de 14,7% en el año 2000 a 25% a comienzos de 2001 (niveles que marcaron un récord histórico en el país, superior incluso a los de la crisis de 1930).[102]

Durante el 2001 la situación económica se deterioró rápidamente: las tasas interbancarias orillaban el 900% anual, el riesgo país se disparó[103] (en marzo superó 800 puntos y en octubre llegó a 1859 puntos, el más alto del mundo), acompañado de una baja de 540 millones de pesos en depósitos bancarios en un solo día.[104] En octubre el desempleo fue récord 4,8 millones entre desocupados 18,3% de la población activa y una subocupación del 16.3%.[105] La deuda pública llegó a 132.000 millones de dólares, se registró una contracción mayor al 11% en la actividad fabril y al 20% en construcción en términos anuales, el PBI per cápita bajó 10% y la inversión un 30% y un déficit de 8.500 millones (sin contar el de las provincias).[106] Ante una brusca caída de depositos y fuga de divisas el 3 de diciembre de 2001, el decreto 1570/2001,[107] que establecía prohibiciones para el retiro de dinero de las entidades financieras por parte del público. Al restringir bruscamente la liquidez monetaria estas medidas ahogaron todo movimiento económico, paralizando el comercio y el crédito, rompiendo las cadenas de pago. Las restricciones al retiro de dinero, sumada a la incautación de los depósitos promovida por Domingo Cavallo fueron conocidas popularmente como Corralito.

Presidencias de Néstor y Cristina Kirchner (2003-2015)[editar]

A mediados de 2002 se comienzan a vislumbrar signos de reactivación económica[108] y desde 2003 a 2007, el país registró una fase de crecimiento económico con tasas que oscilaron en torno al 9% (8,8% en 2003, 9% en 2004, 9.2% en 2005, 8.5% en 2006, 8.7% en 2007, 6,8% en 2008, 9.2% en 2010, 8.9% en 2011),[109] en parte debido a una política económica de dólar alto destinada a favorecer la sustitución de importaciones, que ha incrementado la competitividad de la industria argentina.

El PIB per cápita para 2011 medido en paridad de poder adquisitivo de USD 17 376, es el más alto de América Latina.[110] En los niveles de desempleo se observa una constante baja durante este período: 17,3% 2003; 14,8% en 2004; 11,6% en 2005; 8,7% en 2006; 7,9% en 2008.[111] En 2011 el desempleo bajó al 6.7 por ciento, la tasa tocó un mínimo en 20 años, es el nivel más bajo desde octubre de 1991.[112] Además la desigualdad medida a través del Coeficiente de Gini se redujo de 0,534 en 2003[113] a 0,371 en 2013[114] convirtiéndose en el país mas igualitario de América Latina.[115]

Hacía el 2011 el Cepal informó que la pobreza descendió al 5.7 por ciento y la indigencia al 1.9 por ciento, posicionando a la Argentina como el país con menos pobreza de Latinoamérica y el segundo con menor indigencia.[116] La clase media en Argentina se duplicó en la última década, destacándose además como el país latinoamericano con el mayor aumento de su clase media como porcentaje de la población total, la clase media aumentó en ese periodo de 9.3 millones a 18.6 millones de personas.[117]

En los últimos años, las exportaciones argentinas se multiplicaron por más de cuatro veces, solo entre 2002 y 2006 crecieron cerca del 80%.[118] Las exportaciones totalizaron en 2008 los 70.589 millones de dólares y las importaciones llegaron a 57 413 millones de dólares, el saldo neto de la balanza comercial fue de 13 176 millones de dólares, con un aumento del 19% respecto del año anterior. En el año 2009 las exportaciones llegaron a US$ 56.555,[119] en tanto en 2010 treparon a US$ 68.127.[120] A pesar de la crisis internacional, el comercio exterior argentino y en particular las exportaciones siguieron creciendo fuertemente, alcanzando en 2011 un récord de US$ 84.295 millones, incrementándose un 24% en términos interanuales.[121] [122] Entre 2003/2011 hubo un crecimiento del 260 por ciento en las exportaciones de manufacturas de origen industrial (MOI), un crecimiento de exportaciones de productos primarios del 212 por ciento y 182 por ciento de las manufacturas de origen agropecuario.[123] Sólo en la industria, el comercio y los servicios se crearon unas 200 mil nuevas empresas.[124]

La inversión extranjera directa en la Argentina alcanzó los 9.753 millones de dólares en 2008, experimentando un gran crecimiento con respecto a años anteriores y por sobre el promedio del período 1992-2008 de 5.300 millones de dólares.[125] En el primer semestre de 2012, los ingresos de IED al país fueron un 42% superiores a los de igual período de 2011.[126] Durante el año 2012 la inversión extranjera directa llegó a 12.551 millones de dólares, la cifra más alta en la última década. Registró un aumento del 27% respecto del 2011, frente a un crecimiento de 6,7% del resto de América Latina.[127] La medidas impulsadas por el gobierno han alentado la reinversión de ganancias en el mercado interno argentino, que alcanzaron en 2012 los 7.984 millones de dólares, más del doble que en 2011.[128] Argentina se convirtió en el quinto país latinoamericano con mayor recepción de IED, por detrás de México (12.659 millones) y por delante de Perú (12.240 millones).[129]

La Inversión Bruta Interna Fija en 2009 representó el 20,6% del PBI Creció fuertemente en 2010 y 2011, hacia el 2012 alcanzó el nivel récord del 24.1% del PBI, finalizando el año en 25.1% del PBI.[130] El nivel promedio de inversión, que entre 1993 y 2001 fue del 19 por ciento del PBI, escaló a una media del 22,5 por ciento entre 2006 y 2011, con un pico del 24,5 por ciento en 2011.[131]

A partir del crecimiento económico luego de la crisis de 2001, los bancos otra vez ganaron depósitos: pasaron de $114.462 millones en diciembre de 2004 a $169.729 en diciembre de 2006, lo que implica un crecimiento de más del 48%.[132] En 2012 los plazos fijos del sector privado aumentaron más del 50 por ciento[133] Hacia 2013 los depositos en pesos alcanzaron los $618.617 millones (aproximadamente 117.000 millones de dólares).[134]

Según datos del FMI, la Argentina experimento en la última década una reducción del 73 por ciento de su deuda externa respecto al Producto Bruto Interno (PBI). Argentina resultó ser el país con mayor nivel desendeudamiento del mundo. Se destaca también que de acuerdo al ritmo del crecimiento del producto bruto de la Argentina, en cinco años, la relación deuda/PBI será aún menor y bajará al 40 por ciento.[135] [136] [137] La Argentina contaba a fin de 2011 con u$s 251 mil millones en activos externos, de los cuales u$s 46 mil millones eran reservas internacionales Tiene una posición acreedora neta de u$s 52 mil millones (+11%/PBI).[138]

En los últimos diez años la producción de automóviles se incrementó desde los 169.621 vehículos fabricados en 2003 al récord histórico de 828.771 unidades en 2011. Lo que representó un crecimiento del 388 por ciento, y que se ajusta al 350 por ciento de incremento a lo largo de los últimos diez años. La industria automotriz es el segundo sector industrial más relevante en términos de Inversión Extranjera Directa, en el período 2008-2013, se registró inversiones por 16.900 millones de pesos en empresas automotrices, orientados a la producción de nuevos modelos, ampliación de plantas, desarrollo de proveedores y capacitación.[139] El sector automotriz, experimentó durante la última década un crecimiento exponencial de producción de casi el 400%.[140]

La Inversión Extranjera Directa (IED) orientada a la minería, creció a una tasa anual de 47 por ciento entre 2007 y 2012. En 2003, la minería generaba 79.000 puestos de trabajo -directos e indirectos-, contra los 505.000 actuales, en el caso de las exportaciones de minerales, en 2003 equivalieron a 2.900 millones de pesos, crecieron a 23.059 millones. Entre 2003 y 2013 los proyectos de inversión en ejecución pasaron de 18 que había en 2003 a 614 en 2013, mientras que la producción de minerales que se multiplicó por diez.[141]

La década 2003-2013 en el sector de la construcción y el desarrollo inmobiliario en la Argentina fue uno de los mejores períodos que atravesó el país en los últimos 50 años, coinciden distintos analistas. En el año 2002 la construcción contaba con 70.000 obreros registrados y creció hasta los 380.000 actuales.[142] También hubo un fuerte crecimiento en la producción de electrodomésticos se espera que en 2013 una producción de 1.056.000 lavarropas automáticos, y unos 380.000 semiautomáticos, lo que marcará un nuevo récord histórico para este sector, superando el máximo registrado en 2012. A su vez él se alcanzó un valor agregado argentino de 85% de sus componentes, y sólo un 15% de piezas importadas.[143]

Respecto al sector agropecuario la soja, que se constituyó en el principal cultivo de Argentina, alcanzó en la temporada 2009/2010 una cosecha récord de 52 millones de toneladas, la producción de maíz paso de 23,7 millones de toneladas producidas en la temporada 2010/2011 al récord de 25 millones para la temporada 2012/2013.[144] Este crecimiento en el sector agropecuario también se vio replicado en cultivos menores, como el arroz y la cebada, que alcanzaron producciones cercanas a las 2 millones de toneladas en el primer caso, y de 5 millones en el segundo.

En los últimos años se encararon una gran cantidad de obras públicas como la inversión en energía por más de 80.000 millones de pesos, instalando más de 8.700 megavatios, tendiendo más de 4.000 kilómetros de líneas de alta tensión y ampliando en 20 millones la capacidad de los gasoductos[145]

Períodos[editar]

Período Subperíodos Duración
Indígena Único prehistoria-1516
Colonial Temprano (Potosino), Medio y Tardío (Porteño) 1516-1810
Independiente Guerra de Independencia, Caudillismo y Nacional 1810-1869
Transicional Sarmiento y Avellaneda 1869-1880
Agroexportador Temprano y Tardío 1880-1939
Sustitución de importaciones Temprano y Tardío 1914-1920, 1930-1944
Peronista (Nacionalista) Temprano y Tardío 1944-1956
Marchas y contramarchas (stop and go) Inicial, Frondicista, Gradualista 1956-1966
Industrial Tardío Onganía, Lanusse 1966-1973
Tercer Peronismo Pacto Social, Crisis del modelo 1973-1976
Neoliberal Temprano, Medio, Tardío y de Crisis 1976-1983, 1989-2001
Crisis de los '80 Gradualista, De Shock, Crítico (hiperinflación) 1983-1989
Modelo Kirchnerista Inicial y Final 2003-2007, 2007-2015

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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