Presidente de la Nación Argentina

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Presidente de la Nación Argentina
Standard of the President of Argentina.svg
Estandarte Presidencial
Presidente Macri en el Sillon de Rivadavia (cropped).jpg
Titular
Mauricio Macri
Desde el 10 de diciembre de 2015

Tratamiento Señor/a Presidente/a (informal) Excelentísimo/a Señor/a (formal)
Residencia Quinta de Olivos (Residencia Presidencial)
Bandera de Argentina Olivos, Buenos Aires, Argentina
Sede Casa Rosada (Sede de Gobierno)
Bandera de Argentina Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Designado por Elección mediante votación popular directa
Duración 4 años, con derecho a una sola reelección inmediata
Primer titular Bernardino Rivadavia
Creación Constitución de 1826
Salario AR$ 1 680 000 al año.
Sitio web Presidencia de la Nación Argentina
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El presidente de la Nación Argentina es el jefe de Estado y jefe de Gobierno, responsable político de la administración general de la República Argentina y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.[1]

El presidente es elegido mediante el Sufragio directo con posibilidad de una segunda vuelta electoral para un periodo de cuatro años. Desde la reforma de la Constitución Argentina de 1994, el mandatario tiene la posibilidad de una reelección inmediata, pudiendo repetir nuevamente el mandato después de transcurrido un período. En caso de muerte, destitución, dimisión o renuncia de un presidente, el vicepresidente asume la presidencia.

Hubo cuarenta y nueve personas que asumieron el cargo. De las personas elegidas para el cargo, cuatro fallecieron en el cargo, doce son presidentes de facto y siete dimitieron. Bernardino Rivadavia fue nombrado «presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata», cargo y título creado por ley del Congreso del 8 de febrero de 1826. Después de su renuncia desapareció el cargo en la legislación argentina hasta que en 1853 se aprobó una nueva constitución que restableció el cargo disponiendo que la elección se realizaba por seis años, sin posibilidad de reelección inmediata; la designación se hacía por votación indirecta en un Colegio Electoral y si ningún candidato lograba más de la mitad de los votos, decidía el Congreso entre los dos más votados. Justo José de Urquiza fue el primer elegido de acuerdo al nuevo régimen y desempeñó el cargo como «presidente de la Confederación Argentina», al igual que su sucesor, Santiago Derqui, quien luego de las reformas constitucionales de 1860, asumió como «presidente de la Nación Argentina», título vigente hasta la fecha.

En la actualidad, el actual presidente es Mauricio Macri desde el 10 de diciembre de 2015, quien ejerce el cargo desde la Casa Rosada, situada frente a la Plaza de Mayo, sede del poder ejecutivo de la Nación Argentina, y la residencia del presidente y su familia es la Quinta de Olivos.

Orígen[editar]

Nicolas Avellaneda fue el primer presidente más joven de Argentina asumiendo con 37 años.

Los orígenes de la Argentina como nación se remontan a 1776 cuando, en el marco de las llamadas reformas borbónicas, el rey de España creó el Virreinato del Río de la Plata –que abarcaba aproximadamente los territorios de las actuales Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay y sur de Brasil– separándolo del Virreinato del Perú. El jefe de Estado seguía siendo el rey, representado localmente por el virrey que, en general, eran nacidos en España.

Bernardino Rivadavia fue el primer responsable del Poder Ejecutivo en ser denominado «presidente».

En la Revolución de Mayo del 25 de mayo de 1810, se formó en Buenos Aires el primer gobierno autónomo en el territorio del virreinato, conocido como la Primera Junta, que sustituyó al virrey pero continuó gobernando en nombre del rey de España. Más tarde se transformó en la Junta Grande, cuando se unieron representantes de otras ciudades del interior y luego el gobierno se delegó primero en un triunvirato y luego en un poder ejecutivo unipersonal con el nombre de Director Supremo creado por la Asamblea Nacional de 1813.

El cargo de Director Supremo se mantuvo cuando, luego de declarada la independencia el 9 de julio de 1816 por un Congreso reunido en la ciudad de San Miguel de Tucumán, se aprobó una Constitución en 1819, pero debido a circunstancias políticas, la misma nunca entró en vigor, el poder central se disolvió y el país quedó como una confederación de provincias.

Una nueva constitución aprobada en 1826 creó por primera vez el cargo de presidente, para el cual fue electo Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino. Debido a la guerra entre Argentina y Brasil, Rivadavia renunció después de un breve período de tiempo, y la oficina se disolvió poco después.

Una guerra civil entre “unitarios“ (unitaristas, es decir gobierno central con sede en Buenos Aires) y “federales” (federalistas con plena autonomía de las provincias) se produjo en las décadas siguientes. En este momento, no había una autoridad central y lo más cercano a ello era el representante de relaciones exteriores, por lo general el gobernador de la Provincia de Buenos Aires. El último en llevar este título fue Juan Manuel de Rosas que, en los últimos años de su gobierno, fue elegido jefe supremo de la Confederación Argentina, adquiriendo poder efectivo en el resto del país.

En 1852, Rosas fue derrocado y se convocó a una asamblea constituyente. Esta constitución, aún en vigor, estableció un gobierno federal nacional, con la oficina del presidente, electo mediante el Colegio electoral. El período de mandato se fijó en seis años, sin posibilidad de reelección. El primer presidente elegido en virtud de la Constitución fue Justo José de Urquiza. Después de una breve interrupción en 1860, la sucesión de presidentes se realizó respetando las normas legales hasta que a partir de 1930 fue interrumpida por varios golpes de Estado, con lo cual se intercalaron presidentes de facto y otros legalmente elegidos.

En 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976, golpes militares depusieron los presidentes electos. En 1930, 1943 y 1955 las Fuerzas Armadas designaron militares con el título de presidente. Como resultado de los golpes de estado de 1966 y de 1976, el gobierno federal fue ejercido por una junta militar integrada por los jefes de cada una de las tres ramas de las Fuerzas Armadas (Ejército, Fuerza Aérea y Armada) la que, a su vez, designó a un militar como presidente. En 1962, antes que los militares alcanzaran a nombrar un nuevo presidente, asumió ese cargo el presidente provisional del Senado que era el reemplazante legal del presidente depuesto.

Es discutible si estos jefes de estado militares adecuadamente pueden ser llamados presidentes, dada la ilegitimidad de sus gobiernos. La posición del gobierno argentino actual es que los militares que desempeñaron el Poder Ejecutivo entre 1976 y 1983 no fueron explícitamente presidentes legítimos, por lo cual no se les ha reconocido derecho a una pensión presidencial. La situación de los anteriores presidentes militares no está definida, si bien todos ellos en la actualidad ya han fallecido.

Poderes y deberes[editar]

Bartolomé Mitre, primer presidente de la nación unificada.
Juan Domingo Perón fue el presidente en asumir el gobierno con mayor edad, contando con 78 años en 1973.
Arturo Umberto Illia accedió al cargo de presidente de la Nación Argentina en un escenario de proscripción del Partido Justicialista y con alto porcentaje de voto en blanco.

Artículo 99[editar]

El presidente de la Nación tiene las siguientes atribuciones:

Poderes ejecutivos[editar]

El presidente es el jefe supremo de la Nación, jefe de gobierno y responsable político de la administración general del país (inciso 1), y está a la cabeza del poder ejecutivo del gobierno, cuya responsabilidad es «Expedir las instrucciones y reglamentos que sean necesarios para la ejecución de las leyes» (inciso 2). Para llevar a cabo este deber, se le otorga el control de los cuatro millones de empleados del poder ejecutivo federal.

Al presidente le corresponde el nombramiento y remoción de varios miembros del poder ejecutivo. Embajadores, miembros del Gabinete y otros oficiales federales, son todos designados por el presidente con el «consejo y consentimiento» de una mayoría del Senado (inciso 7). Los nombramientos realizados mientras el Senado no está en periodo de sesiones son temporales y expiran al final de la siguiente sesión del Senado (inciso 19).

Supervisa el ejercicio de sus ministros y puede pedir los informes que crea convenientes (inciso 10 y 17). Generalmente, el presidente puede cesar y llenar vacantes a los funcionarios ejecutivos a su discreción (inciso 19).

Quizás el más importante de todos los poderes presidenciales es su posición al frente de las Fuerzas Armadas de Argentina como su Comandante en Jefe (inciso 12). Mientras que el poder de declarar la guerra corresponde constitucionalmente al Congreso (inciso 15), el presidente comanda y dirige a sus ejércitos y es responsable de planear la estrategia militar y concesionar empleos y grados militares (incisos 13 y 14).

Junto con las fuerzas armadas, el presidente también está al frente de la política exterior. A través del Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Defensa, el presidente es responsable de la protección de los argentinos en el extranjero y de los ciudadanos argentinos en territorio nacional. El presidente decide si hay que reconocer nuevas naciones y nuevos gobiernos, recibe sus ministros y admite cónsules, y negocia tratados con otras naciones, que se hacen vigentes en Argentina cuando son aprobados por las dos terceras partes del Senado (inciso 11). El presidente también puede negociar «acuerdos ejecutivos» con poderes extranjeros que no están sujetos a la confirmación de Senado.

En materia de seguridad interior, el presidente está facultado para declarar el estado de sitio (inciso 16) o la intervención federal (inciso 20) de una o varias provincias en caso de ataque exterior con acuerdo del senado y en caso de conmoción interior debe convocar al congreso para su tratamiento, pero no podrá condenar por sí o aplicar penas (artículo 23).

Poderes legislativos[editar]

El primer poder conferido al presidente por la Constitución es el poder legislativo del veto presidencial. Cualquier proyecto de ley aprobado por el Congreso deberá ser presentado al presidente antes de que pueda convertirse en ley. Una vez que la norma legal ha sido presentada, el presidente tiene tres opciones:

  • Firmarla; el proyecto legislativo se convierte en ley.
  • Vetarla total o parcialmente y devolverla al Congreso con sus objeciones; el proyecto no se convierte en ley, a menos que cada Cámara del Congreso vote para anular el veto con una mayoría favorable de dos tercios de la Cámara.
  • No hacer nada. En ese caso, el presidente ni firma ni veta la legislación. Después de 10 días, se convierte en ley.

Luego las promulga y hace publicarlas en el Boletín Oficial. Además, el presidente tiene capacidad para introducir legislación directamente, a través de decretos de necesidad y urgencia, siempre que no regulen en materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los partidos políticos, en acuerdo general con los ministros y siendo analizados y aprobados por el Congreso (inciso 3).

El presidente puede desempeñar un papel importante en su conformación, sobre todo si el partido político del presidente tiene mayoría en una o ambas Cámaras del Congreso. Los miembros del poder ejecutivo no pueden ocupar simultáneamente su puesto y un escaño en el Congreso, pero es habitual que redacten la legislación y que un Senador o Diputado la presente por ellos. El presidente puede influir de una forma importante en el poder legislativo a través del informe anual, escrito u oral al hacer la apertura de la sesiones ordinarias, que constitucionalmente debe presentar al Congreso. Este discurso a menudo perfila la oferta legislativa para el año próximo (inciso 8). De acuerdo con los artículos 63 y 99 inciso 9, el presidente puede convocar a una o a ambas Cámaras del Congreso para una sesión extraordinaria mediante un decreto, indicando los proyectos de ley a tratar.

Poderes judiciales[editar]

El presidente también tiene la facultad de proponer jueces federales, incluidos miembros de la Corte Suprema de Argentina, en base a una propuesta vinculante del Consejo de la Magistratura (inciso 4). Sin embargo, estos nombramientos requieren la confirmación del Senado por dos tercios de los miembros presentes y esto puede suponer un escollo importante ante la posibilidad de que un presidente quisiera formar una judicatura federal con una postura ideológica particular. También puede conceder perdones e indultos pero no intervenir en acusaciones de la Cámara de Diputados (inciso 5).

El ex presidente Raul Alfonsin. Primer presidente constitucional luego del Proceso de Reorganización Nacional, que inicio el dictador Jorge Rafael Videla.

Proceso de elección[editar]

Elegibilidad[editar]

En la Constitución de 1994, en su artículo 89 de la sección segunda, sobre el poder ejecutivo, marca los requisitos para ser presidente:

  • Haber nacido en territorio argentino o ser hijo de ciudadanos nativos
  • Las demás cualidades exigidas para ser elegido senador: Tener la edad de 30 años, Haber sido seis años ciudadano de la Nación, Disfrutar de una renta anual de dos mil pesos fuertes o una entrada equivalente.
  • Inhabilitación a ejercer otro cargo durante el ejercicio de la presidencia. (artículo 92)

Elección y juramento[editar]

La campaña presidencial contemporánea comienza antes de las elecciones primarias, cuando los partidos políticos hacen una selección de candidatos. En las elecciones primarias, quedan habilitados a las elecciones generales quienes pasan el piso del 1,5% del padrón electoral.

Desde 2015, los candidatos participan en debates televisados a escala nacional. Los nominados de cada partido hacen campaña a lo largo de todo el país para explicar sus programas electorales, convencer a los votantes y solicitar contribuciones a la campaña.

Despacho presidencial, en la Casa Rosada

En 1994 se reformó la Constitución y dispuso, que el candidato es elegido directamente por el pueblo en doble vuelta. La elección es efectuada dentro de los dos meses anteriores a la finalización del mandato del presidente saliente. En la primera vuelta, si la fórmula obtiene el 45 % más uno de los votos, u obteniendo 40 % supera por 10 % al segundo, computando únicamente los votos afirmativos, esto es excluyendo los votos en blanco o nulos, sus integrantes serán proclamados como Presidente y Vicepresidente.[2] En la segunda vuelta, a los 30 dias posteriores a la elección, la formula será proclamada por mayoría simple de los votos afirmativos.

De acuerdo con el artículo 91, el mandato presidencial comienza el mismo día en que cesa el mandato anterior. Esta fecha marca el principio del mandato de cuatro años tanto del presidente como del vicepresidente. Antes de poder ejercer, debe realizar un acto de toma de posesión del cargo y, de acuerdo con la Constitución, se requiere que preste el juramento presidencial en manos del presidente del Senado y ante ambas cámaras del congreso:

Yo, Nombre del Presidente, juro desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de presidente de la Nación y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina.

Artículo 93, Capítulo II, Sección 2º de la Constitución.

Aunque no es una exigencia, los presidentes han utilizado tradicionalmente una Biblia para prestar el juramento, y añadiendo al principio del mismo «Juro por dios, nuestro señor, y estos santos evangelios.» y hacia el final «Si así no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden».

Traspaso del Baston y la Banda presidencial de Raúl Alfonsín a Carlos Menem en el Salón Blanco de la Casa Rosada, 8 de julio de 1989

El acto comienza con el recorrido desde la Casa Rosada hacia el Congreso por la Avenida de Mayo. El presidente electo es recibido en el Salon de los Pasos Perdidos por el presidente Provisional del Senado y el presidente de la Cámara de Diputados. Mientras se dirige a la Cámara de Diputados donde está reunida la Asamblea Legislativa, saluda a los invitados y hace una reverencia a la copia de la Constitución de 1853. Una vez llegado allí el Presidente del Senado invita al Vicepresidente y al Presidente a prestar juramento. Tras ello, el Vicepresidente invita al Presidente a dar un discurso para luego dirigirse a la Casa Rosada para recibir los atributos presidenciales (la banda y el bastón de mando) de manos del Presidente saliente, tomar juramento a su equipo de gobierno y recibir a delegaciones extranjeras en el Palacio San Martín.

Duración del cargo[editar]

De acuerdo a la reforma aprobada en 1994, la duración del mandato del presidente es de cuatro años con posibilidad de reelección inmediata por otros cuatro años. Una persona que cumplió dos mandatos consecutivos queda habilitado para otra reelección una vez transcurrido al menos un período presidencial desde que dejó el cargo.

Estas restricciones se aplican en la misma forma para quienes hayan desempeñado como vicepresidentes en uno o en los dos períodos.

Según la Constitución de 1853, el presidente tenía mandato por seis años, sin posibilidad de reelección consecutiva. La reforma de 1949 permitía la reelección sin limitación alguna pero fue dejada sin efecto por resolución del gobierno militar surgido en 1955, que ratificó la convención constituyente de 1957, con lo cual se retornó al régimen de 1853. El gobierno surgido del golpe militar de 1966 limitó la duración del mandato a cuatro años mediante un estatuto transitorio que solo se aplicó para una elección y luego no fue ratificado.

Cese o incapacidad[editar]

Adolfo Rodríguez Saá, entonces gobernador de San Luis, asumió el cargo en diciembre de 2001 tras la renuncia de Fernando de la Rúa y la aplicación por primera vez de la ley de acefalia.

La oficina presidencial puede quedar vacante por varias circunstancias: muerte, dimisión y destitución.

En el caso de la destitución, en el artículo 53 de la constitución faculta a la Cámara de Diputados acusar ante el Senado al Presidente, Vicepresidente, Jefe de Gabinete, Ministros y Jueces de la Corte Suprema por «mal desempeño o por delito en sus funciones; o por crímenes comunes» por la mayoría de dos terceras partes. Así se inicia el proceso de juicio político (artículos 59 y 60) por parte del Senado presido por el presidente de la Corte Suprema (en el caso de que el presidente sea el acusado), siendo declarado culpable por las dos terceras partes con destitución del cargo e inhabilitación para ejercer cargos públicos y la condena según el Código Procesal Penal.

En caso de que el presidente no pudiese continuar ejerciendo el cargo, por motivos tales como enfermedad, ausencia, muerte, renuncia o destitución, el cargo es ejercido por el vicepresidente (artículo 88 de la Constitución nacional).

En caso de falta de presidente y vicepresidente la sucesión está reglamentada por la Ley 20.972 de acefalía. La ley actual establece que transitoriamente el Poder Ejecutivo debe ser desempeñado por el presidente provisorio del Senado, a falta de este el presidente de la Cámara de Diputados, y a falta de ambos por el presidente de la Corte Suprema de Justicia. Ese funcionario estará a cargo del Poder Ejecutivo sin asumir el título de «presidente».

Si la vacancia es transitoria estos funcionarios deben ejercer el Poder Ejecutivo hasta el retorno del presidente. Si la vacancia no es transitoria, el Congreso en asamblea, dentro del plazo de dos días debe elegir un presidente para gobernar hasta que se realicen nuevas elecciones (artículo 88 de la Constitución nacional). Ese funcionario debe ser elegido entre los senadores, diputados o gobernadores.

El vicepresidente[editar]

José Figueroa Alcorta, entonces Vicepresidente, asumió el cargo tras la muerte de Manuel Quintana en 1906.

El vicepresidente es el compañero de fórmula del presidente, siendo ambos los dos únicos miembros electos del poder ejecutivo argentino. El vicepresidente es el reemplazante del presidente en caso de viajes o licencias. Un caso notable fue el del vicepresidente Marcos Paz, quien reemplazó de manera interina al presidente Bartolomé Mitre, durante cinco años, mientras este último dirigía en el frente las tropas argentinas en la Guerra del Paraguay. Paz murió mientras ejercía la presidencia, lo que obligó a Mitre a retornar a Buenos Aires para reasumir el mando. Es también el reemplazante del presidente en caso de muerte o renuncia, de forma definitiva. Tales fueron los casos de los vicepresidentes Vicente López y Planes en 1827, Juan Esteban Pedernera en 1861, Carlos Pellegrini en 1890, José Evaristo Uriburu en 1895, José Figueroa Alcorta en 1906, Victorino de la Plaza en 1914, Ramón Castillo en 1942 y María Estela Martínez de Perón en 1974.

Asimismo, también es presidente del Senado de la Nación Argentina, aunque sin derecho a voto salvo caso de empate.[3]

En caso de requerirse un reemplazo para el presidente en una circunstancia en la que no se disponga de un vicepresidente, la Constitución establece en su art. 88 que corresponde al Congreso establecer quien asumirá el cargo. A tal fin se sancionó la Ley 20.972, de Acefalía,[4] estableciendo la línea sucesoria para ese caso. Tales fueron los casos de José María Guido en 1962, Italo Argentino Luder en 1975; Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde en 2001 y 2002; y Federico Pinedo en 2015.

Caso especial de asunción de José María Guido[editar]

Guido asumió en marzo de 1962 tras el derrocamiento de Frondizi tras interpretarse el caso como una acefalia.

El 29 de marzo de 1962 se produjo un levantamiento militar con el objetivo de derrocar al presidente Arturo Frondizi, del partido Unión Cívica Radical Intransigente, quien se negó a renunciar. Frondizi fue detenido por los militares y llevado a la Isla Martín García, previendo los rebeldes que al día siguiente, el teniente general Raúl Poggi, líder de la insurrección victoriosa, asumiría la presidencia.

La noche del 29 de marzo de 1962, algunas personalidades civiles encabezadas por un miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el doctor Julio Oyhanarte, elaboraron una maniobra para evitar que el quiebre institucional fuera total. Fue así que tomaron la detención de Frondizi como un caso de acefalía[4] que permitía asumir la presidencia a quien estuviera en el primer lugar de la línea sucesoria según la Ley 252, que en el caso era el doctor José María Guido, un senador del mismo partido que Frondizi que presidía provisionalmente la Cámara de Senadores, debido a la renuncia anterior del vicepresidente Alejandro Gómez. Basados en esa interpretación hicieron que esa misma noche Guido jurara ante la Corte Suprema de Justicia como nuevo presidente.

Los militares golpistas terminaron aceptando la situación y convocaron a Guido en la Casa Rosada para comunicarle que sería reconocido como presidente, en tanto y en cuanto se comprometiera por escrito a ejecutar las medidas políticas indicadas por las Fuerzas Armadas, siendo la primera de ellas anular las elecciones en las que había ganado el peronismo. Guido aceptó las imposiciones militares, firmó un acta dejando constancia de ello y fue entonces habilitado por estos para instalarse con el título de presidente, pero clausurando el Congreso Nacional e interviniendo todas las provincias.

De este modo Guido asumió los poderes ejecutivo y legislativo del país, bajo control y supervisión de las Fuerzas Armadas, que se reservaron el derecho de removerlo, pero manteniendo intacto el Poder Judicial.

Gobiernos de facto[editar]

Jorge Rafael Videla asumió el 24 de marzo de 1976 tras derrocar a Isabel Perón, iniciando el Proceso de Reorganización Nacional hasta 1983, última dictadura militar.

A raíz de golpes militares de Estado que derrocaron a los gobiernos constitucionales hubo presidentes militares y civil de facto en 1930-1932, 1943-1944, 1955-1958, 1962-1963, 1966-1973 y 1976-1983 que ejercieron además de las facultades propias del presidente también las que correspondían al Congreso. El análisis sobre la validez posterior de sus actos llevó a la formulación posterior de la doctrina de los gobiernos de facto.

Esa doctrina fue dejada sin efecto por la reforma constitucional de 1994 (artículo 36), la que declaró «usurpadores» a quienes hayan interrumpido la observancia de la Constitución por actos de fuerza.

El artículo 29 de la Constitución de 1853 tenía un artículo que consideraba la suma del poder público como «traición a la Patria», pero estaba referida a los gobernantes de jure. Por ese motivo en la reforma constitucional de 1994 se incluyó el artículo 36 que dice:

Artículo 36. Esta Constitución mantendrá su imperio aún cuando se interrumpiere su observancia por actos de fuerza contra el orden institucional y el sistema democrático. Estos actos serán insanablemente nulos.

Sus autores serán pasibles de la sanción prevista en el Artículo 29, inhabilitados a perpetuidad para ocupar cargos públicos y excluidos de los beneficios del indulto y la conmutación de penas.

Tendrán las mismas sanciones quienes, como consecuencia de estos actos, usurparen funciones previstas para las autoridades de esta Constitución o las de las provincias, los que responderán civil y penalmente de sus actos. Las acciones respectivas serán imprescriptibles.

Todos los ciudadanos tienen el derecho de resistencia contra quienes ejecutaren los actos de fuerza enunciados en este artículo.

Atentará asimismo contra el sistema democrático quien incurriere en grave delito doloso contra el estado que conlleve enriquecimiento, quedando inhabilitado por el tiempo que las leyes determinen para ocupar cargos o empleos públicos.

El Congreso sancionará una ley sobre ética pública para el ejercicio de la función.

En síntesis este artículo establece:

  • Nulidad absoluta de los actos dictados por gobiernos instalados por la fuerza;
  • Los autores serán penados como "infames traidores a la Patria";
  • Estos delitos son imprescriptibles y sus autores no pueden recibir el beneficio del indulto;
  • Todo ciudadano tiene derecho a la resistencia contra estos actos de fuerza.

Salario y complementos[editar]

El presidente y vicepresidente disfrutan de un sueldo pagado por el Tesoro de la Nación, que no podrá ser alterado en el período de sus nombramientos. Durante el mismo período no podrán ejercer otro empleo, ni recibir ningún otro emolumento de la Nación, ni de provincia alguna.[5] El sueldo del presidente en bruto es de 131.421 pesos argentinos.[6]

Casa Rosada, sede de gobierno de la República Argentina

El presidente tiene su oficina en la sede del Gobierno, la Casa Rosada. Desde 1862, el entonces presidente Bartolomé Mitre se instaló en el antiguo Fuerte de Buenos Aires, que había sido residencia de gobernadores y virreyes españoles, y demas autoridades de los sucesivos gobiernos patrios: las Juntas, los Triunviratos, los Directores Supremos, los Gobernadores de Buenos Aires y el Primer Presidente de la Argentina, Bernardino Rivadavia. Su sucesor, Sarmiento, decidió embellecer la morada del Poder Ejecutivo Nacional, dotándola de jardines y pintando las fachadas de color rosado, con el que, posteriormente, se continuó caracterizando. La construcción de la actual Casa de Gobierno comenzó en 1873, cuando por decreto se ordenó construir el edificio de Correos y Telégrafos en la esquina de Balcarce e Hipólito Yrigoyen. Pocos años después, el presidente Julio A. Roca decidió la construcción del definitivo Palacio de Gobierno en la esquina de Balcarce y Rivadavia, edificación similar al vecino Palacio de Correos. Ambos edificios se unieron en 1886 mediante el pórtico que hoy constituye la entrada de la Casa Rosada que da hacia Plaza de Mayo. [7]

La residencia oficial ha ido cambiando a lo largo de la historia. Rivadavia (1826-27) residió en la Casa de los Virreyes, en el antiguo Fuerte de Buenos Aires, mientras que sus sucesores residieron en sus casas particulares. La excepción fue Roque Saenz Peña quien acondicionó un cuarto en el primer piso en la Casa Rosada debido a que su enfermedad le impedia movilizarse con facilidad. A mediados de la década del 30 el estado adquiere la propiedad de Carlos Madariaga y su esposa Josefina Anchorena, ubicada en la calle Suipacha 1034 de la Ciudad de Buenos Aires, para convertirla en Residencia Presidencial. El primer presidente que la utiliza es Roberto Ortiz junto a su señora María Luisa Iribarne. En 1937 (durante la presidencia de Justo) el estado adquiere la residencia construida por Mariano Unzué y Mercedes Baudrix en 1887, ubicada en un espléndido parque diseñado por Thays, rodeado por las calles Agüero, Alvear (Libertador) y Austria, en el barrio de Recoleta, Buenos Aires. El primer y único presidente que la utilizó de forma permanentemente fue Juan Domingo Perón y su señora Eva Duarte.

Quinta de Olivos, residencia oficial del presidente.

La Quinta presidencial de Olivos fue donada por la familia Anchorena Olaguier en 1918 bajo la presidencia de Yrigoyen. Desde 1918 los presidentes la fueron utilizando cómo residencia ocasional y de verano, pero el primero que habita de forma permanente es Aramburu. De ahí en adelante, hasta el actual presidente Mauricio Macri, se utilizó como residencia oficial y permanente, a excepción del Presidente Illia que durante la semana acostumbraba quedarse a dormir en la Casa Rosada para ahorrar el tiempo de traslado, el General Videla (presidente de facto) que vivió los dos primeros años de su mandato en Campo de Mayo, al igual que el General Galtieri (presidente de facto). En la Quinta de Olivos falleció el presidente Juan Domingo Perón el 1 de julio de 1974 mientras ejercía su tercer mandato, siendo hasta ahora el único presidente que murió allí.

La Quinta se trata en verdad de un gran complejo residencial compuesto de un vasto parque situado en la localidad de Olivos en la Ciudad de Vicente López. La residencia presidencial ocupa el edificio principal, de líneas neoclásicas, construido por Prilidiano Pueyrredón en 1854. Si bien las fachadas se conserva prácticamente como era en el siglo XIX, los interiores y el parque sufrieron reformas con el paso de los diferentes presidentes. Durante el mandato de Carlos Saúl Menem el complejo llego a tener cancha de golf, tenis, paddle, gimnasio, ring, polígono de tiro, una pajarera y hasta un zoológico.[8]

Dispone de una residencia de verano en la localidad de Chapadmalal (provincia de Buenos Aires), la que se denomina Unidad Presidencial de Chapadmalal. La casa de Chapadmalal, construida durante el primer gobierno de Perón, cuenta con una playa privada, un mirador con vista a la costa y varios jardines. Fue remodelada por última vez en los 90, durante la presidencia de Carlos Menem.[9]

Tango 01, avión presidencial entre 1992 y 2015.

La Casa Militar junto a las fuerzas de seguridad federales son los encargados de la protección del presidente y su familia. Para desplazarse el mandatario utiliza aviones que forman parte de la Agrupación Aérea Presidencial:

El automóvil presidencial que actualmente se utiliza es una Chrysler Town & Country, un Chrysler 300, y se han visto varias unidades BMW.[cita requerida]

Postpresidencia[editar]

Los expresidentes Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en un homenaje al primero.

Cada presidente una vez terminado su mandato puede ejercer otros cargos políticos como en el caso de Néstor Kirchner que, luego de ser presidente, fue elegido el secretario general de la Unasur. Carlos Menem fue electo senador nacional de La Rioja en 2005.

Los exmandatarios y exmandatarias poseen tras terminar su mandato la protección vitalicia de la Policía Federal Argentina y perciben una asignación mensual vitalicia equivalente al sueldo de un juez de la Corte Suprema, según la Ley 24.018. Al fallecer, la pensión pasa a la viuda o viudo que cobrará el 75% pero tendrá que renunciar a toda pensión estatal. Para el goce de estos beneficios, deben residir dentro del territorio argentino.[10] Solo Arturo Illia y Raúl Alfonsín donaron todos sus años de jubilación a la caridad.

Los presidentes cuentan con un lugar en donde están sus pertenencias del mandato como el Museo del Bicentenario (creado del antiguo Museo Presidencial Casa Rosada) cuya colección está conformada por objetos personales, retratos, esculturas y documentos de quienes han ocupado el cargo de «presidente» y objetos referentes al contexto social, económico y político de cada etapa presidencial, incluyéndose presidencias recientes, y el Museo Histórico Sarmiento.

Véase también[editar]

Anexos relacionados con los presidentes argentinos[editar]

Artículos[editar]

Referencias[editar]

  1. Constitución Nacional: Atribuciones del Poder ejecutivo, art. 99, p. 14
  2. Constitución Nacional - Art. 97 y 98
  3. Constitución Nacional - Artículo 57
  4. a b Al igual que las demás palabras que terminan en -cefalia ―que forma sustantivos femeninos para designar cualidades o estados relacionados con la cabeza: «hidrocefalia» (‘dilatación anormal del encéfalo’) o «macrocefalia» (‘tamaño excesivo de la cabeza’)―, la palabra «acefalía» es grave o llana (no aguda): «acefalía» es incorrecto.
    Véase el artículo Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2005). «acefalía». Diccionario panhispánico de dudas (1.ª edición).
  5. Constituciòn Nacional. «Honorable Senado de la Nación». Archivado desde el original el 25 de noviembre de 2015. Consultado el 14 de diciembre de 2010. 
  6. «El sueldo de Mauricio Macri aumentó un 30% - Perfil.com». Perfil.com (en es-LA). Consultado el 20 de febrero de 2016. 
  7. «Historia de la Casa Rosada». casarosada.gob.ar (en es-LA). Consultado el 18 de enero de 2017. 
  8. «HISTORIA DE LAS RESIDENCIAS PRESIDENCIALES EN ARGENTINA» (en es-LA). Consultado el 18 de enero de 2017. 
  9. «Cómo es la residencia presidencial de Chapadmalal - 10 Ahora». 10 Ahora (en español de España). 2015-02-16. Consultado el 2017-01-18. 
  10. Cuánto cobran de pensión vitalicia los ex presidentes de América latina - lanación.com

Enlaces externos[editar]