Melville Sewell Bagley

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Melville Sewell Bagley

Melville Sewell Bagley (n. 10 de julio 1838 en Bangor, Maine, Estados Unidos - m. 14 de julio 1880 en Buenos Aires, Argentina) fue el creador del licor arquetípico de nacionalidad argentina: Hesperidina, y titular de la primera patente y marca registrada en Argentina de ese producto.

Bagley fue un hombre de negocios americano que vivió la mayor parte de su vida en Argentina, pero nació en 1838 en el estado de Maine. Los miembros de su familia vivieron en Durhamy Bangor. Emigró primero a Nueva Orleans, Louisiana, donde trabajó en una tienda de telas. En 1861, con el estallido de la guerra civil americana, emigró a Buenos Aires. El joven Melville recaló en nuestro país de su Boston (EE.UU.) natal en 1862 a la edad de 24 años como representante de una editorial.

El joven emprendedor vio grandes oportunidades en esta tierra virgen y creyó que algo podría hacer para sobrevivir en estas estepas pobladas únicamente por llanuras y gauchos. Bagley trabajó un tiempo como ayudante en la farmacia “La Estrella” de Defensa y Alsina de A. Demarchi y Hnos. Fue justamente allí, entre los tubos de ensayos y los yuyos curativos, donde nació la idea de crear un tónico para venderlo como “remedio salvador de todos los males”.

Melville experimentó con diferentes fórmulas, pero se centró en una en particular a base de corteza de naranjas amargas o agrias que crecían como arbustos ornamentales en su casona de Bernal (aún en pie).

No se sabe a ciencia cierta si el joven inventor tuvo alguna vez conciencia de lo que estaba creando, o le salió por casualidad, pero ciertamente creemos que tenía ciertos conocimientos en química y preparados y sabía que en las cortezas de las naranjas amargas se hallaban los flavonoides, que tienen múltiples propiedades no solamente digestivas sino curativas.

Ya por aquel entonces se conocía que en la península ibérica se utilizaban diversos cítricos como antídotos contra venenos, como así también para mejorar la digestión la inflamación y reactivar la circulación sanguínea.

Hoy en día se sabe más sobre los bioflavonoides que son sustancias químicas que se encuentran naturalmente en ciertas plantas y alimentos, y que han demostrado disminuir la incidencia de enfermedades como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y las alteraciones inmunológicas y se han identificado más de 6.000 flavonoides diferentes en plantas, pero generalmente ocupan una porción insignificante en la dieta diaria.

Es por eso que el producto acabado que inventó el joven Melville revolucionó por aquel entonces el mercado de las bebidas, sólo ocupado por las aguas ardientes como grapas o ginebras.

Melville, ni bien supo que su tónico iba a dar resultado, ideó una inusual campaña publicitaria para dar a conocer su producto, manteniendo la intriga y el suspenso.

Dos meses antes de lanzarlo a la venta, mandó pintar las aceras de los empedrados de la Capital con el nombre de “Hesperidina” en letras negras. Para aquel entonces, esto era toda una novedad y la gente se preguntaba “qué seria aquello que se anunciaba”.

El 24 de diciembre de 1864, un anuncio apareció en los diarios y reveló lo que era la Hesperidina:

“Una bebida curativa que prevenía que protege al estómago de las úlceras y es un antialérgico que se utiliza para el tratamiento de la fiebre del heno”, además, recalcaba que la bebida ya estaba en venta en cafés, bares, boticas y droguerías.

Así fue como Melville Sewell Bagley empezó a fabricar la Hesperidina con los frutos amargos de su casona de Bernal de Dorrego y Zapiola. La bebida tuvo tanto éxito que Bagley realizó una extensa plantación de naranjos en su propia casa y también requería los frutos de localidades vecinas como Florencio Varela y Adrogué que tenían en sus calles de ornamento árboles de naranjos amargos.

Según el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia el nombre de la bebida salió de la mitología griega, que cuenta que “cuando los griegos navegaban por las costas de Valencia las naranjas en medio de las hojas verdes parecían frutos de oro”, “frutos de oro del jardín de las Hespérides”, de allí el nombre de Hesperidina.

Rápidamente la bebida se hizo muy famosa y se impuso como moda, no sólo en los hombre de campo sino en las grandes ciudades y también entre las mujeres, que en aquel tiempo no bebían en público, pero el nuevo tónico de Melville era considerado de baja graduación alcohólica comparado con la grapa o la Ginebra Llave.

Melville Bagley se casó con Juana Hamilton, ciudadana inglesa, con la que tuvo ocho hijas: Edith María Amelia, Daisy Edith, Gertrudis Lucía, María, Julia Walker, Melville Sewell, Sarah, y Mabel.

Para 1866, a dos años de su lanzamiento la Hesperidina se encontraba azotada por una ola de imitadores que, aprovechándose de la falta de una legislación que protegiera las marcas, intentaban lograr un lugar en este nuevo mercado.

Al comienzo Bagley sólo podía defenderse mediante piezas publicitarias como por ejemplo un curioso volante repartido en las calles que alertaba al público: “A elegir sólo las botellas que tengan los rótulos con mi nombre y firma al pie, que sean vendidos por los respetables depositarios de mi Hesperidina anunciados por los diarios, que su precio no sea inferior a 300 pesos la docena o 30 pesos la botella, debiendo desconfiarse de todo artículo que se ofrezca a precio menor, y que no procedan de venta en público porque mi Hesperidina nunca se ha vendido ni se venderá en remates”

Si bien ya por aquel entonces las botellas fabricadas por Cristalería Rigolleau eran muy características y un gran reto para los obreros sopladores de vidrio, ya que eran rayadas y llevaba su nombre en relieve, la piratería y falsificaciones llevó a Melville a encargar etiquetas a Estados Unidos a la misma imprenta que hacia los dólares estadounidenses la “Bank NoteCompany de New York”.

No contento con eso emprende una campaña para lograr un registro único de marcas y patentes argentino. Convenció al por entonces presidente Nicolás Avellaneda de su creación y en 1876 se abre la repartición y Hesperidina se convierte en la primera patente y marca registrada con licencia Nº 1 en la Argentina

Se podría hablar muchísimo más de la Hesperidina y del joven Melville, como que fue uno de los primeros que se preocupó por el transporte en la zona sur, inaugurando el tranvía a caballo 1873 en Quilmes, o que fue también pionero en la fabricación de galletitas en la Argentina, que por aquel entonces se importaban del Reino Unido, poniendo su planta primero en la calle Maipú y luego en el emblemático lugar de General Hornos 256; o que la Hesperidina fue utilizada como tónico curativo en la Guerra de la Triple Alianza(1864- 1870), más precisamente en las tiendas de campaña para “revitalizar a los heridos” por sus propiedades terapéuticas que contrarrestaban problemas estomacales originados principalmente por la poca potabilidad del agua.

La Hesperidina también es sinónimo de “argentinidad” y fue homenajeada con un tango y nombrada en cuentos de Julio Cortázar y Juan Carlos Casas, así como también dibujada en almanaques tradicionales como el del recordado Florencio Molina Campos.

Por otro lado, se sabe que el gran explorador Francisco Pascasio Moreno, más conocido como Perito Moreno, llevaba siempre consigo en sus largas y crudas excursiones como fiel compañera a la Hesperidina para atenuar la rudeza del clima.

Melville Sewell Bagley murió muy joven, a la edad de 42 años, sin poder disfrutar nunca de sus logros, el 14 de julio de 1880. Está enterrado en el Cementerio Británico de la Ciudad de Buenos Aires: la causa de su muerte, el tifus, no pudo curarla ni su famosa Hesperidina.

Lo increíble de toda esta historia es que todo lo realizado por Bagley lo logró en sólo 18 años de arduo trabajo, pero sus productos y su fábrica lo sobrevivieron por más de 120 años y su nombre hoy es sinónimo y emblema del progreso y desarrollo del país.