Tabaco

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Cigarrillo de tabaco encendido posado sobre un cenicero.
Plantación de tabaco en Pensilvania, Estados Unidos.

El tabaco es un producto agrícola procesado a partir de las hojas de Nicotiana tabacum. Se consume de varias formas, siendo la principal por combustión produciendo humo. Se utiliza desde hace milenios y tiene su origen en el continente americano, desde donde se extendió a Europa en el siglo XVI y posteriormente al resto del mundo. Se comercializa legalmente en todo el mundo (salvo en Bután),[1] [2] aunque en muchos países tiene numerosas restricciones de consumo, por sus efectos adversos para la salud pública. Entre las numerosas sustancias de su composición, el tabaco incluye un alcaloide que se encuentra en las hojas en proporciones variables, la nicotina, una sustancia altamente adictiva[3] que se asocia a una serie de efectos negativos en la salud y que en dosis altas es potencialmente letal.[4]

El género Nicotiana abarca más de 50 especies clasificadas en cuatro grupos principales: Nicotiana tabacum, Nicotiana petunoides, Nicotiana rustica y Nicotiana polidiclia. La especie Nicotiana tabacum, se puede clasificar en cuatro variedades: havanesis, brasilensis, virgínica y purpúrea, que son el origen de las distintas variedades usadas en la comercialización.

El consumo de tabaco es un factor de riesgo para muchas enfermedades, especialmente las que afectan al corazón, el hígado y los pulmones, así como muchos tipos de cáncer. En 2008, la Organización Mundial de la Salud definió al tabaco «como la principal causa en el mundo de muerte evitable».[5] Así mismo, a comienzos del siglo XXI, la OMS estimaba que el tabaco era el responsable de más de 5 millones de muertes cada año y de unas 100 millones de muertes en todo el siglo XX.[6] Según las estimaciones de la propia OMS, de seguir las tendencias actuales, la cifra de muertes por tabaquismo podría elevarse a 8 millones anuales en el 2030, hasta totalizar un estimado de 1000 millones de muertos a lo largo del siglo XXI a causa del tabaco.[6] Desde la década de 1990, se han promovido legislaciones en países desarrollados e iniciativas internacionales, como el Convenio Marco para el Control del Tabaco (OMS),[7] para frenar su consumo, aunque a nivel mundial este ha aumentando en las últimas décadas, especialmente en países en vías de desarrollo,[8] mientras que en los países desarrollados se ha estacando o disminuido.[8]

Historia[editar]

Origen y consumo en la América precolombina[editar]

Los expertos en vegetales han determinado que el centro del origen del tabaco se sitúa en la zona andina entre Perú y Ecuador. Los primeros cultivos debieron tener lugar entre cinco mil y tres mil años a. C. Cuando se coloniza América, el consumo estaba extendido por todo el continente. Fumar (inhalar y exhalar el humo del tabaco) era una de las muchas variedades de consumo en América del Sur. Además de fumarse, el tabaco se aspiraba por la nariz, se masticaba, se comía, se lamía, se bebía, se untaba sobre el cuerpo, se usaba en gotas en los ojos y se usaba en enemas. Se usaba en ritos como soplarlo sobre el rostro de guerreros antes de la lucha, se esparcía en campos antes de sembrar, se ofrecía a los dioses, se derramaba sobre las mujeres antes de una relación sexual, y tanto hombres como mujeres lo utilizaba como narcótico.

El tabaco era usado por los mayas para celebraciones rituales y religiosas, fue conocido por los europeos en 1492 con ocasión de la llegada de Cristóbal Colón y sus expedicionarios. Otras versiones tomadas de cronistas españoles proponen que «tabaco» proviene de la castellanización del lugar donde la planta fue descubierta, ya sea Tobago, una isla antillana, o la localidad mexicana de Tabasco. Sin embargo, lo más verosímil es que proceda del árabe «tabbaq», nombre que se aplicaba en Europa desde al menos el siglo XV a diversas plantas medicinales. La variedad maya conocida como Cikar (fumar), se extendió por todo el continente gracias al comercio. Rodrigo de Jerez y Luis de la Torre, compañeros de Cristóbal Colón, fueron los primeros europeos en conocer su existencia. Rodrigo, a su vuelta a España, fue encarcelado por la Inquisición acusado de brujería, ya que solo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca.[9]

La primera obra escrita en la que se relata la forma nativa de aspirar el humo proveniente de rollos de hojas encendidas es Apologética historia de las Indias de Bartolomé de las Casas (1527). Posteriormente Gonzalo de Oviedo y Velázquez, en la Historia General de las Indias, describe la planta y sus usos (1535).

Adopción en Europa[editar]

Por orden de Felipe II, el médico y botánico Francisco Hernández de Boncalo, fue quien llevó las primeras semillas de tabaco a Europa en 1577. Estas semillas fueron plantadas en los alrededores de Toledo, en una zona llamada los Cigarrales porque solían ser invadidas por plagas de cigarra. Allí se inició el cultivo de tabaco en Europa y, por este motivo, algunos historiadores asocian el nombre de cigarro con estas fincas.

Su extensión por el continente europeo fue gracias al embajador francés en Portugal Jean Nicot 1530-1600, en su honor Linneo introduce la denominación "Nicotiana" en su clasificación de Botánica (Species Plantarum de 1753). Este lo introdujo en su forma aspirada (rapé) y la popularizó al, supuestamente, «curar» a Catalina de Médicis (esposa de Enrique II) de unas migrañas, por lo que se le denominó hierba de la reina, Catalinaria Nuduca y hierba del embajador.

El tabaco no constituyó un problema de salud hasta la Revolución Industrial, momento en el que comenzó la producción masiva. La publicidad, principalmente en los niños y jóvenes, se convertía en su modelo de comportamiento, emitiendo diversos mensajes. Pero es cierto que, debido a ello, la cifra de muertos a causa del tabaquismo era de un 27,2 % superior al dado actualmente según confirma la Agencia Internacional sobre el Cáncer.[10]

Trabajadora clasificando tabaco por longitud y color en Java (Indonesia), alrededor de 1920.

Polémicas y campañas contra el tabaco[editar]

Durante el siglo XX, numerosos estudios médicos fueron demostrando los perjuicios del tabaco, y negando su posible utilidad terapéutica. Por otro lado, su consumo pasa de ser mayoritariamente masculino a un mayor equilibrio entre sexos.

No fue hasta la década de 1990 cuando se empezó a hacer eco del efecto nocivo del tabaco aunque, debido a la falta de pruebas, no se tenía del todo en cuenta la gravedad de la situación. A pesar de ello, una sentencia de 1992 del Tribunal Supremo de España estableció que las empresas tabacaleras solo incurrían en delito si ocultaban al consumidor información sobre los efectos nocivos del tabaco, mientras que numerosas demandas presentadas contra ellas habían sido desestimadas.

La Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud (OMS), intentaron prohibir en 2001 la publicidad del tabaco en todo el mundo, aunque solo algunos países lo adoptaron. A partir de 2004, las empresas tabacaleras se vieron obligadas a especificar los aditivos que utilizan en la fabricación del tabaco y todas las cajetillas se empezaron a comercializar con la leyenda: «Fumar mata», «Fumar puede matar» o «Fumar daña gravemente su salud y la de las personas que están a su alrededor».

Un estudio mostró que la nicotina es absorbida por las plantas y que las plantas también son «fumadoras pasivas». Bien porque lo absorben por las raíces, o por absorción desde un suelo contaminado.[11]

Tendencias[editar]

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), «los países que han reconocido la importancia primordial de informar al público, han logrado un descenso en el consumo de tabaco». Panos, agencia londinense de información, añade: «en muchos hogares, lugares públicos y centros de trabajo del Norte, ya no se considera socialmente aceptable fumar»,[cita requerida] y muchas personas se ven impedidas de hacerlo en lugares públicos cerrados por las prohibiciones adoptadas en varios países. Estas restricciones son más rígidas en los países desarrollados que en los subdesarrollados, razón por la cual las empresas tabacaleras dirigen su publicidad más hacia las naciones con menos prohibiciones o con leyes más laxas.

En la actualidad, el consumo de tabaco es la principal causa de mortalidad evitable en el mundo. Habida cuenta de los 4,9 millones de defunciones anuales relacionadas con el tabaco, ningún otro producto de consumo es tan peligroso ni mata a tantas personas como el tabaco. Se está trabajando en tratados y leyes en donde se podrá proteger a miles de millones de personas de las devastadoras repercusiones del consumo del tabaco y de la exposición al humo de tabaco.

En el mundo hay más de 1000 millones de personas que fuman tabaco. El porcentaje de fumadores ha disminuido en muchos países desarrollados pero está aumentando en los países en vías de desarrollo. En la mayoría de poblaciones, entre el 20 y el 66 % de los hombres fuma. Aunque el porcentaje de mujeres que fuman está aumentando, este suele ser inferior al de los hombres que fuman.[12]

Perjuicios para la salud[editar]

Gráfico comparativo del daño físico y grado de dependencia entre las drogas más consumidas. El tabaco aparece en el segundo grupo de drogas más peligrosas y como la tercera droga que mayor grado de dependencia (adicción) crea, solo por detrás de la cocaína y la heroína.[13] Estudio publicado en la revista The Lancet en 2007.

Las patologías más frecuentes asociadas al tabaquismo son la bronquitis y el enfisema. Se trata de dos fenómenos esencialmente de tipo inflamatorio y destructivo, pero que pueden complicarse con lesiones obstructivas, de fibrosis alveolar e incluso de neumotórax. La nicotina tiene también un efecto directo sobre el sistema vascular, pudiendo producir gangrena como complicación de la enfermedad de Buerger. Por otra parte, se considera que el hábito del tabaquismo puede influir negativamente en la potencia sexual masculina.[14]

En términos generales, las complicaciones derivadas del consumo de tabaco se perciben a largo plazo. Es la acción prolongada y continuada de las distintas sustancias que componen los cigarrillos sobre el organismo humano lo que desencadena el desarrollo de patologías severas como tumoraciones, problemas cardiovasculares, respiratorios, etc. Tal es el caso, por ejemplo, del cáncer de labio en los fumadores de pipa, el cáncer de vejiga y el cáncer de esófago. En este último, se aprecia un mayor riesgo de padecerlo en pacientes adictos al tabaco negro. Los alquitranes y otras sustancias químicas que acompañan a la nicotina en la composición del cigarrillo son considerados altamente nocivos, siendo los principales responsable del desarrollo de tales complicaciones. Sin embargo, está demostrado también que el tabaco mascado «sin humo» también produce cáncer de la cavidad oral. El uso simultáneo del alcohol aumenta la carcinogenicidad del tabaco respecto al cáncer de cabeza y cuello.[15] El tabaco es el responsable del diagnóstico de casi la totalidad de casos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), de enfisema y de cáncer de pulmón. Desde la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) se hace especial hincapié en el carácter crónico del tabaquismo.[16] El alto poder adictivo de las sustancias que contiene el tabaco disminuye exponencialmente las posibilidades de lograr mantener la abstinencia durante un tiempo prolongado tras una primera tentativa de abandono. El paciente tiende a desarrollar numerosas características propias de otras patologías no reversibles. La lucha contra la adicción al tabaco debe, pues, plantearse en un marco de acción a largo plazo. Se requiere una interacción estrecha entre los profesionales sanitarios y el fumador, siendo necesario actuar sobre determinados patrones educacionales, al mismo tiempo que se programa una terapia conductal adecuada y se lleva a cabo un seguimiento personalizado del enfermo. Si bien hasta el momento los profesionales sanitarios tendían a mostrarse reacios a la hora de asesorar a los pacientes sobre cuestiones de tabaquismo al considerar poco eficaz su labor en esta materia (la concienciación suele ser menor que en otras patologías crónicas como la diabetes o la hipertensión arterial), la situación tiende a revertirse.

En las últimas décadas, las políticas de salud pública de una gran parte de los gobiernos occidentales tienen en el tabaquismo su caballo de batalla. Proliferan las reformas legislativas que tienen como objetivo controlar el margen de beneficios de las grandes tabaqueras, así como aumentar las cargas impositivas al tabaco o restringir los espacios en los que se permite fumar. En España la Ley 28/2005, del 26 de diciembre de 2005,[17] estableció un nuevo marco legal para la regulación de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad del tabaco. Sucesivas enmiendas y anexos se han incorporado al texto inicial, hasta que en 2011 entró en vigor la «Ley antitabaco» que estableció la prohibición total de fumar en lugares públicos cerrados. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) respalda activamente la adopción de tales medidas. En un comunicado de prensa publicado en 2008, instaba a los gobiernos a comprometerse con la prevención del tabaquismo mediante la prohibición total de toda forma de promoción, publicidad y patrocinio en torno al tabaco.[18]

Pulmón de un fumador enfermo de cáncer de pulmón. Las áreas negras están cubiertas por los componentes de tabaco y han quedado endurecidas, mientras que la mancha blanca es el cáncer producido por el tabaco.

En España, según informa el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT)[19] se calcula que cada año mueren cerca de 3000 personas al verse expuestas al humo del tabaco ambiental. Dicho organismo recoge que en torno al 12 % de los no fumadores son fumadores pasivos y casi la mitad de los no fumadores vive expuesta al humo ambiental. Se estima que una parte importante de los fumadores se inicia en el tabaco antes de los 18 años, de los que casi un 25 % lo hace antes de cumplir los 10 años. Por eso se buscan en la actualidad nuevas estrategias que permitan proteger a este sector poblacional tan sensible frente al influjo ejercido por la presencia recurrente del tabaco en todo tipo de soportes audiovisuales como el cine, la televisión, las revistas o las vallas publicitarias. Sin embargo, aunque el nivel de concienciación sobre los efectos nocivos del tabaquismo ha aumentado sensiblemente, se percibe una cierta permisividad con respecto a otras sustancias afines.

En un estudio realizado en el Reino Unido, se analizó el daño que provocaban veinte sustancias psicoactivas y se calculó un valor relativo en una escala de 0 a 100 que refleja el daño que traen dichas sustancia para quien la consume, además de incluir una segunda variable que refleja el daño provocado a terceros. El valor relativo combinado de las dos variables (daño propio y daño a terceros), ordenado de mayor a menor peligrosidad, muestra: alcohol (72), heroína (55), crack cocaína (54), metanfetamina (33), cocaína (27), tabaco (26), anfetamina (23), ácido gamma-hidroxibutírico (GHB) (19), benzodiacepinas (15), ketamina (15), metadona (14) y otras menos dañinas para terceros, aunque lo sean para los usuarios: (éxtasis, mefedrona, solventes, LSD, hongos alucinógenos, cannabis). El alcohol, como puede verse, es tres veces más dañino en conjunto (para sus consumidores y para quienes los rodean) que la cocaína, el tabaco y las anfetaminas; y mucho más nocivo que la marihuana.[20]

El profesor emérito de ciencias del comportamiento Hanan Frenk y el psicólogo Reuven Dar, ambos de la Universidad de Tel Aviv, cumpliendo estudios en parte patrocinados y financiados por las mismas multinacionales tabaqueras, publicaron un libro en el que cuestionan la credibilidad de los resultados estadísticos de los estudios sobre la toxicidad y potencial adictivo de la nicotina, y afirman que estas nociones son una construcción falsa; este libro hasta el momento es la única publicación científica, contra miles, que cuestiona la toxicidad y el potencial adictivo de la nicotina.[21]

Tabaquismo y componentes perjudiciales del tabaco[editar]

El tabaquismo es la adicción al tabaco por efecto de la nicotina,[3] sustancia presente de forma natural, aunque sobre todo por añadidos artificiales en el proceso de manufactura del tabaco, que precisamente se añade para potenciar su efecto adictivo y así procurar vender más cantidad de producto. El tabaco en forma de cigarrillo es muy perjudicial para la salud; los perjuicios para la salud expuestos anteriormente se deben fundamentalmente a los numerosos componentes tóxicos que contiene (alquitrán, CO, sulfatos, etc), radiactivos (0,01 becquerelios por gramo de tabaco, en el que se han encontrado los isotopos radiactivos plomo-210 y polonio-210)[22] y cancerígenos (por añadidos artificiales a la planta). La nicotina, además de adictiva,[3] es altamente tóxica y puede provocar la muerte a partir de la ingestión de unos 50 mg.[4] De considerarse el tabaco un producto alimenticio, cientos de sus aditivos serían considerados ilegales bajo las leyes actuales.[23]

Tabaco y Cáncer[editar]

El tabaco ha sido relacionado con al menos 17 tipos de cáncer, entre los cuales aparecen: cáncer colorrectal, cáncer de pulmón, cáncer de laringe, cáncer de faringe, cáncer de ovario, cáncer de cérvix, cáncer hepático, cáncer renal, leucemia mieloide aguda, cáncer de vejiga, cáncer de boca, cáncer de estómago y cáncer de esófago. La contribución del tabaco a la aparición de este tipo de tumores se debe a la gran mezcla de compuestos químicos que se encuentran tanto en el humo como en el tabaco que aún no ha sido quemados. Únicamente analizando los componentes del humo, se han llegado a encontrar hasta 60 carcinógenos, de entre los cuales pueden destacarse 3 grupos de compuestos[24] :

Mecanismo de acción[editar]

Desde el punto de vista biológico, estos carcinógenos son activados por el citocromo P450, el cual , y bajo circunstancias fisiológicas, produciría su metabolismo para posterior excreción. Sin embargo, ante acumulación de estos agentes de naturaleza química, la activación por parte del citocromo P450 permite que estos carcinógenos puedan interactuar con el DNA debido a su naturaleza electrofílica y afinidad de unión al DNA. De esta interacción entre los compuestos del tabaco y las bases nitrogenadas del material genético aparece la formación de aductos de DNA. Estos son uniones de los productos químicos al DNA que provoca daño e impiden la correcta y completa repliación del material genético, aumentando así la probabilidad de que aparezcan nuevas mutaciones, que lleven al desarrollo de cáncer.

En circunstancias fisiológicas normales los sistemas de reparación del DNA se encargan de reparar estas estructuras y eliminarlas, pero si persisten a esta reparación y además se disponen en regiones donde se encuentran oncogenes tales como Myc y Ras o bien en regiones de genes supresores de tumores como P53. Esto provoca una pérdida de control sobre el crecimiento celular, lo cual será la fase inicial de la formación de tumores.

También se han descrito otros mecanismos de actuación relacionados fundamentalmente con la nicotina y derivados. Estos compuestos son capaces de unirse a la superficie celular, concretamente a receptores nicotínicos, activando diversas proteinas y factores que llevan a una disminución del proceso de apoptosis, junto con un aumento de la proliferación celular y transformación maligna de las células. Se ha descrito que la nicotina es capaz de activar el proceso de angiogénesis que favorece el mantenimiento y crecimiento tumoral[25] .

Cada uno de los procesos o mecanismos capaces de generar mutaciones en las células somáticas deja en el genoma de la misma una firma mutacional[24] .

Mutaciones y formación de tumores[editar]

Algunos tipos de cáncer se encuentran directamente relacionados con el tabaco, como es el caso del cáncer de pulmón y otros cánceres del tracto respiratorio. Esto se debe al contacto directo que presentan las células de estos tejidos con los componentes químicos presentes en el tabaco y que son perjudiciales para la salud. Sin embargo, existen otros tipos de cáncer en tejidos en los que la exposición al tabaco no es de manera directa, en este caso el desarrollo tumoral ha sido atribuido a procesos inflamatorios por depósito de partículas[24] .

Los consumidores de tabaco que necesitan ayuda para dejarlo[editar]

Diversos estudios revelan que pocas personas comprenden los riesgos específicos para la salud que entraña el consumo de tabaco. Por ejemplo, un estudio realizado en China en 2009 reveló que sólo un 38% de los fumadores sabía que el tabaco provocaba cardiopatía coronaria, y sólo un 27% sabía que ocasionaba accidentes cerebrovasculares.

La mayoría de los fumadores que conocen los peligros del tabaco desean dejarlo. El asesoramiento y la medicación pueden duplicar con creces la probabilidad de que un fumador que desea abandonar el tabaco lo consiga.

Sólo 24 países, que representan el 15% de la población mundial, disponen de servicios nacionales integrales para ayudar a los consumidores a dejar de fumar. No hay ningún tipo de asistencia para dejar de fumar en una cuarta parte de los países de bajos ingresos.[26]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Parameswaran, Gayatri (28 de septiembre de 2012). «Bhutan smokers huff and puff over tobacco ban.The world's strictest anti-tobacco laws have anguished sellers and consumers in the remote Himalayan kingdom». Aljazeera (en inglés). Consultado el 8 de mayo de 2014. 
  2. Wangdi, Kencho (12 de abril de 2011). «Do Bhutan's Anti-Smoking Laws Go Too Far?». TIME (en inglés). 
  3. a b c Grana, Rachel; Benowitz, Neal; Glantz, Stanton A. (13 de mayo de 2014). «E-cigarettes: a scientific review». Circulation 129 (19): 1972-1986. doi:10.1161/CIRCULATIONAHA.114.007667. ISSN 1524-4539. PMID 24821826. Consultado el 20 de octubre de 2016. 
  4. a b Brandon, Thomas H.; Goniewicz, Maciej L.; Hanna, Nasser H.; Hatsukami, Dorothy K.; Herbst, Roy S.; Hobin, Jennifer A.; Ostroff, Jamie S.; Shields, Peter G. et al. (1 de febrero de 2015). «Electronic nicotine delivery systems: a policy statement from the American Association for Cancer Research and the American Society of Clinical Oncology». Clinical Cancer Research: An Official Journal of the American Association for Cancer Research 21 (3): 514-525. doi:10.1158/1078-0432.CCR-14-2544. ISSN 1078-0432. PMID 25573384. 
  5. «WHO Report on the global Tobacco epidemic» (en inglés). Organización Mundial de la Salud. 2008. Consultado el 10 de octubre de 2016. 
  6. a b Oliva Peña, Gustavo (1 de junio de 2011). «El tabaco mataría a mil millones en este siglo, en el pasado mató a 100 millones». Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (Acento.). EFE. Consultado el 10 de octubre de 2016. 
  7. «Partes en el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco». Organización Mundial de la Salud. Consultado el 10 de octubre de 2016. 
  8. a b «Smoking Statistics» (en inglés). Organización Mundial de la Salud. 27 de mayo de 2002. Consultado el 10 de octubre de 2016. «Smoking is on the rise in the developing world but falling in developed nations.» 
  9. Epónimos Cientificos http://blog.uchceu.es/eponimos-cientificos/wp-content/uploads/sites/24/2011/10/epo-NICOT.pdf
  10. Agencia Internacional sobre el Cáncer
  11. de Toledo, José (15 de abril de 2015). «Las plantas también son fumadoras pasivas». Yahoo! Noticias. Consultado el 10 de octubre de 2016. 
  12. «Tabaco Tabaquismo pasivo y activo». GreenFacts. 2015. Consultado el 17 de febrero de 2016. 
  13. Escala de clasificación de los daños originados por las diferentes drogas. Fuente: artículo de Nutt, David, Leslie A King, William Saulsbury, Colin Blakemore de 24 de marzo de 2007. "Development of a rational scale to assess the harm of drugs of potential misuse" The Lancet 2007; 369:1047-1053. (PMID 17382831; doi:10.1016/S0140-6736(07)60464-4)
  14. infodoctor.org. «Tabaco e impotencia». 
  15. «11th Report on Carcinogens by the U.S. Department of Health and Human Services». Archivado desde el original el 27 de noviembre de 2015. Consultado el 27 de octubre de 2006. 
  16. Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (2010). «Guía de tratamiento del tabaquismo». Internet Archive. Editorial Respira. Consultado el 10 de octubre de 2016. 
  17. Gobierno de España (27 de diciembre de 2005). «BOE número 309». Boletín Oficial del Estado. Consultado el 10 de octubre de 2016. 
  18. «La OMS quiere una prohibición total del tabaco». Organización Mundial de la Salud (OMS). 30 de mayo de 2008. Consultado el 11 de octubre de 2016. 
  19. ,Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo
  20. Nutt D.J., King L A. & Phillips L.D., The Lancet, Vol. 376, Is. 9752, Pag. 1558-1565, 2010
  21. Hanan Frenk, Ph.D. & Reuven Dar Ph.D., A Critique of Nicotine Addiction, Kluwer Academic Publishers, 2000. En este libro se cuestiona la adicción a la nicotina.
  22. Bader, Jean-Michel (27 de agosto de 2008). «Le secret du polonium 210 dans la fumée de cigarette». Le Figaro. p. Internet Archive Wayback Machine. Consultado el 11 de octubre de 2016. 
  23. Pintanel Bassets, Mónica; Lluís Capdevila Ortís i Jordi Niñerola Maymí. Psicologia de la actividad física y salud (en español). Gerona: Documenta Universitaria, 2006. ISBN 84-934959-1-3
  24. a b c Alexandrov, Ludmil B.; Ju, Young Seok; Haase, Kerstin; Loo, Peter Van; Martincorena, Iñigo; Nik-Zainal, Serena; Totoki, Yasushi; Fujimoto, Akihiro et al. (4 de noviembre de 2016). «Mutational signatures associated with tobacco smoking in human cancer». Science (en inglés) 354 (6312): 618-622. doi:10.1126/science.aag0299. ISSN 0036-8075. PMID 27811275. Consultado el 21 de febrero de 2017. 
  25. Hecht, Stephen S. (1 de octubre de 2003). «Tobacco carcinogens, their biomarkers and tobacco-induced cancer». Nature Reviews Cancer (en inglés) 3 (10): 733-744. doi:10.1038/nrc1190. ISSN 1474-175X. Consultado el 21 de febrero de 2017. 
  26. «Tabaco». Organización Mundial de la Salud. 2015. Consultado el 17 de febrero de 2016. 

Bibliografía[editar]

  • Agustín González Enciso, Rafael Torres Sánchez: Tabaco y economía en el Siglo XVIII, 1999, ISBN 84-313-1730-2.
  • Octavio Rodríguez Araujo, Tabaco: mentiras y exageraciones, 2010, ISBN 978-607-7521-03-7.
  • Real Academia Española; Diccionario de la Lengua Española. Vigésima segunda edición, 2005.
  • Drogas: + Información, - Riesgos. Tu guía. Plan Nacional Sobre Drogas, Ministerio del Interior, EDEX (2001).
  • Es fácil dejar de fumar si sabes cómo. Allen Carr. Madrid: Espasa-Calpe (2003).
  • Las drogas en el mundo laboral de Andalucía. Sevilla, Comisionado para la Droga (1999).
  • Hanan Frenk, Ph.D. & Reuven Dar Ph.D: A Critique of Nicotine Addiction, Kluwer Academic Publishers (2000).

Enlaces externos[editar]