Ley de Préstamo y Arriendo

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El Presidente Franklin D. Roosevelt firma la ley de Préstamo y Arriendo el 11 de marzo de 1941.

Préstamo y Arriendo (en inglés: Lend-Lease) es el nombre del programa en virtud del cual los Estados Unidos de América suministraron al Reino Unido, la Unión Soviética, China, la Francia libre y otras naciones aliadas, grandes cantidades de material de guerra entre 1941 y 1945. Se inició con la aprobación por el Congreso de Estados Unidos en marzo de 1941 de la Ley de Préstamo y Arriendo propuesta por el presidente Franklin D. Roosevelt. Constituyó un paso decisivo en la implicación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

Antecedentes[editar]

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial el presidente Roosevelt no pudo apoyar a Francia y a Gran Bretaña como hubiera sido su deseo -ya que estaba convencido de que su derrota afectaría negativamente a los intereses norteamericanos y pondría en riesgo su modo de vida- porque las leyes de neutralidad, aprobadas por el Congreso unos años antes a propuesta de los aislacionistas, impedían que se prestara ayuda, ni siquiera material, a los países en guerra. [1] [2] La rápida victoria de Alemania sobre Polonia en septiembre de 1939 le permitió a Roosevelt abrir una primera brecha en las leyes de neutralidad cuando consiguió que el Congreso aprobara la ley conocida como cash and carry que permitía vender armas y otros bienes a los países envueltos en una guerra si éstos pagaban en efectivo (cash) y se encargaban ellos mismos de transportar lo comprado por sus propios medios asumiendo así todos los riesgos (carry). Esto hizo posible que Francia y Gran Bretaña pudieran comprar en Estados Unidos las armas que necesitaban.[1]

Marineros norteamericanos y británicos examinando cargas de profundidad. Al fondo se ven tres destructores de la clase Wickes antes de ser transferidos a la Marina Real Británica en aplicación del acuerdo de destructores por bases de septiembre de 1940.

Tras la rendición de Francia en junio de 1940, Roosevelt dio un segundo paso mucho más importante en la implicación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Se trató del acuerdo de destructores por bases que fue firmado el 2 de septiembre con Gran Bretaña según el cual la Armada de Estados Unidos transfería a la Marina Real Británica y a la Marina Real Canadiense cincuenta destructores «sobrantes» a cambio de la instalación de bases norteamericanas en Terranova, Nueva Escocia, las islas Bermudas y en distintos puntos del Caribe, todos ellos territorios bajo dominio británico. El acuerdo había sido la respuesta a una petición del primer ministro británico Winston Churchill que necesitaba los destructores para defender las costas de Gran Bretaña ante la amenaza de invasión alemana y para escoltar los convoyes que abastecían a las Islas Británicas y que eran atacados por los submarinos alemanes cuando atravesaban el Atlántico.[3] [4]

Tras la firma del acuerdo, Estados Unidos ya no podía ser considerado estrictamente como un país neutral, como lo prueba la reacción de Alemania que lo calificó como «un acto abiertamente hostil contra Alemania» —como respuesta se llegó a contemplar la ocupación de las islas Azores o de las islas Canarias—. De hecho el acuerdo aceleró las negociaciones entre Alemania y Japón que culminaron con la firma del Pacto Tripartito ese mismo mes de septiembre de 1940 y además, según Ian Kershaw, constituyó una de las razones principales de la decisión de Hitler de invadir la Unión Soviética y de destruirla antes de que Estados Unidos se rearmara, un proceso que él calculaba que se completaría en 1945.[5]

En noviembre de 1940 Roosevelt fue reelegido para un tercer mandato[6] y ese mismo mes el almirante Harold R. Stark, jefe de operaciones navales, presentó el «Plan Dog» sobre la estrategia que debería seguir Estados Unidos en caso de entrar en guerra. En él se decía que la prioridad para Estados Unidos debía ser derrotar a Alemania incluso si estallaba la guerra con Japón en el Pacífico, ya que consideraba que Gran Bretaña no podría vencer a Alemania sin la presencia en Europa de las fuerzas norteamericanas y si Gran Bretaña era derrotada los Estados Unidos se verían seriamente amenazados pues nada se interpondría ya entre ellos y Alemania.[7] El «Plan Dog» sirvió de base para las discusiones que mantuvieron los Estados Mayores de Estados Unidos y de Gran Bretaña en las reuniones secretas que celebraron en Washington —con el nombre clave de ABC-1— entre enero y marzo de 1941 y que dieron nacimiento a la estrategia «Alemania primero» —que fue la que se aplicó cuando Estados Unidos entró en la guerra tras el ataque a Pearl Harbor—. Mientras tanto los problemas económicos de Gran Bretaña para sostener el esfuerzo bélico aumentaban y a finales de 1940 se encontraba ya al borde de la bancarrota.[8] [7]

El proceso que condujo a la aprobación de la ley[editar]

Con fecha de 8 de diciembre de 1940, el primer ministro británico Winston Churchill le envió al presidente Roosevelt una de las cartas más importantes que había escrito en su vida, como recordó más tarde.[9] En ella le pedía «un acto decisivo de no beligerancia constructiva» que consistía fundamentalmente en que la Armada de Estados Unidos participara en la escolta y protección de los convoyes de abastecimiento de las Islas Británicas que atravesaban el Atlántico y que estaban siendo atacados por los U-boot alemanes y que además Estados Unidos le proporcionara buques mercantes que sumaran tres millones de toneladas para reponer las pérdidas navales sufridas —hasta ese momento los submarinos alemanes habían hundido barcos por un valor de más de dos millones de toneladas brutas—. También solicitaba el envío de dos mil aviones al mes. La carta acababa abordando el punto más importante, la «cuestión financiera». Churchill le comunicó al presidente que las reservas británicas de dólares y de oro estaban a punto de agotarse y que los últimos pedidos realizados de acuerdo con la ley cash and carry superaban ya «varias veces el total de los recursos en divisas de que aún dispone Gran Bretaña».[10]

El presidente Roosevelt desembarca del USS Tuscallosa, donde recibió la carta del primer ministro británico Winston Churchill.

Roosevelt recibió la carta el 9 de diciembre a bordo del USS Tuscallosa cuando estaba de vacaciones navegando por el Mar Caribe. Inmediatamente comprendió la gravedad de la situación de Gran Bretaña y en seguida se planteó la forma de sortear las leyes de neutralidad para hacer llegar a los británicos la ayuda que necesitaban. Así fue como surgió la idea del «préstamo y arriendo» (Lend-Lease), que había sido esbozada por primera vez en una reunión del gabinete celebrada el 8 de noviembre, un mes antes de que Churchill escribiera su carta.[11]

Roosevelt volvió a Washington el 16 de diciembre y al día siguiente por la tarde en una conferencia de prensa explicó su idea del Lend-Lease al público norteamericano mediante la parábola de la manguera del jardín (the garden hose parable).[12] A un vecino que tiene su casa en llamas, lo que pone en riesgo la tuya, dijo Roosevelt, no le vendes tu manguera del jardín sino que se la prestas para que una vez que haya apagado el incendio te la devuelva. De esta forma preparó Roosevelt a la opinión pública para que apoyara el proyecto de ley de préstamo y arriendo que iba a presentar al Congreso de Estados Unidos —que fue preparado por el Departamento del Tesoro encabezado por Henry Morgenthau y que recibió el simbólico número de 1776[13] . En cuanto se aprobara la ley el presidente Roosevelt quedaría facultado para «prestar o arrendar» «artículos de defensa» a los «gobiernos de cualquier país que el Presidente considere vital para la defensa de los Estados Unidos».[14] [13] Dos semanas después, en la primera fire chat (charla al amor de la lumbre) desde su reelección emitida por la radio el 30 de diciembre, Roosevelt volvió a defender el Lend-Lease.[10] «Si Gran Bretaña cae, las potencias del Eje controlarán los continentes de Europa, Asia, África, Australasia y los mares —y estarán en posición de disponer de enormes recursos navales y militares contra este hemisferio», dijo. «No podemos salvar nuestra propia piel cerrando los ojos al destino de otras naciones», añadió. Y concluyó con una frase que tendría una enorme repercusión: «Debemos ser el gran arsenal de la democracia». [15] Según las encuestas tres de cuatro norteamericanos habían escuchado el discurso y cerca del 70% estuvieron de acuerdo con lo que el presidente había dicho.[16]

Unos pocos días después, el 6 de enero de 1941, el presidente pronunciaba su discurso anual del Estado de la Unión ante el Congreso, que sería conocido como el Discurso de las Cuatro Libertades, en el que expresó los objetivos de Estados Unidos para el mundo de posguerra sintetizados en «cuatro libertades humanas esenciales»: la libertad de expresión, la libertad religiosa, la libertad de vivir sin penuria y la libertad de vivir sin miedo (freedom of speech, freedom of religion, fredom from want and freedom from fear).[16]

Churchill, por su parte, dijo ante la Cámara de los Comunes que la propuesta del Lend-Lease «era el acto más desinteresado de la historia de cualquier país», pero en privado consideró que las condiciones que acabó imponiendo la Ley de Préstamo y Arriendo eran durísimas, ya que Estados Unidos no concedería ninguna ayuda hasta asegurarse de que Gran Bretaña hubiera agotado completamente sus reservas de oro y divisas —de hecho un buque de la Armada norteamericana fue a Ciudad del Cabo a recoger la última reserva de oro británico—, y además obligaba a vender prácticamente a precio de ganga las empresas de propiedad británica existentes en Estados Unidos —algunas de ellas serían revendidas más tarde a un precio muy superior—. Churchill atribuía la imposición de estas duras condiciones a la necesidad que tenía el presidente Roosevelt de vencer la oposición al Lend-Lease por parte de los sectores aislacionistas que insistían en que Gran Bretaña todavía no había acabado de pagar las deudas contraídas durante la Primera Guerra Mundial. [17] De todas formas, Churchill consideró al programa Lend-Lease como un «momento decisivo» en el esfuerzo bélico británico y un «punto de no retorno» en la implicación de Estados Unidos en la guerra.[18]

La Ley de Préstamo y Arriendo fue aprobada por el Congreso el 8 de marzo de 1941 cuando fue votada a favor por el Senado de Estados Unidos y el presidente Roosevelt la firmó el 11 de marzo.[17] [13] En la cena anual con los corresponsales en la Casa Blanca celebrada cuatro días después Rossevelt dijo:[19]

No dejemos que los dictadores de Europa o Asia duden de nuestra unanimidad en este momento. Sí, las decisiones de nuestra democracia puede que lleguen lentamente, pero cuando se toma una decisión, es proclamada no con la voz de un solo hombre sino con la voz de ciento treinta millones. Nos compromete a todos. Y el mundo no debe tener ninguna duda. Esta decisión es el final de cualquier intento de apaciguamiento en nuestro país; el final del compromiso con la tiranía y las fuerzas de la opresión. Y la urgencia es ahora. Creemos firmemente que cuando nuestra producción esté a pleno rendimiento, las democracias del mundo podrán demostrar que las dictaduras no pueden ganar.

Aunque el alto mando de la Wehrmacht califico la aprobación de la ley como «una declaración de guerra» y en parecidos términos se expresó el ministro de Propaganda Joseph Goebbels,[18] Hitler reaccionó con cautela porque en esos momentos Alemania estaba embarcada en los preparativos de la invasión de la Unión Soviética, así que rechazó la petición del almirante en jefe de la Kriegsmarine Erich Raeder de desencadenar una gran ofensiva submarina en el Atlántico occidental que incluyera la zona de seguridad norteamericana de las 300 millas, lo que probablemente hubiera provocado la entrada de Estados Unidos en la guerra.[20] Por su parte el ministro de Asuntos Exteriores Ribbentrop expresó su deseo de que Gran Bretaña fuera derrotada antes de que el armamento norteamericano se convirtiera en un elemento decisivo en su esfuerzo bélico.[20]

La aplicación del programa Lend-Lease[editar]

Un total de 50,1 mil millones de dólares (equivalentes a casi 700 mil millones de dólares a precios de 2007) fue el valor de los suministros que se enviaron:

  • 31,4 mil millones de dólares al Reino Unido,
  • 11,3 mil millones de dólares a la Unión Soviética,
  • 3,2 mil millones de dólares a la Francia libre
  • 1,6 mil millones de dólares a China.

En total, los Estados Unidos de América enviaron a la Unión Soviética las siguientes mercancías:

  • Armamento: 14.795 aviones y 7.537 carros de combate, 8.218 cañones antiaéreos, 131.633 metralletas y 345.735 toneladas de explosivos.
  • Material de transporte: 51.503 jeeps, 35.170 motocicletas, 8.700 tractores, 375.883 camiones de diversos tonelajes y 3.786.000 ruedas.
  • Equipamiento ferroviario: 1.981 locomotoras, 11.155 vagones de ferrocarril, 540.000 toneladas de raíles de acero.
  • Cable telefónico: más de un millón de kilómetros.
  • Comida: por un valor de 1.312 millones dólares.
  • Recursos básicos: 2.670.000 toneladas de petróleo y 842.000 toneladas de productos químicos diversos.
  • Equipamiento para los soldados: 49.000 toneladas de cuero y 15 millones de pares de botas.

Todo ello por un valor total de 11.260.343.603 dólares.

En contraste con los préstamos a los aliados en la Primera Guerra Mundial, no había disposiciones para el reembolso durante la posguerra.

Referencias[editar]

  1. a b Beevor, 2014, p. 78.
  2. Kershaw, 2007, p. 189; 196.
  3. Murray y Millet, 2005, p. 352.
  4. Kershaw, 2007, p. 218.
  5. Kershaw, 2007, p. 219-220.
  6. Kershaw, 2007, p. 221.
  7. a b Kershaw, 2007, p. 234.
  8. Beevor, 2014, p. 257-258.
  9. Kershaw, 2007, p. 224.
  10. a b Beevor, 2014, p. 258.
  11. Kershaw, 2007, p. 222; 224-226.
  12. Kershaw, 2007, p. 226-228.
  13. a b c Kershaw, 2007, p. 231.
  14. Beevor, 2014, p. 258-259.
  15. Kershaw, 2007, p. 229-230.
  16. a b Kershaw, 2007, p. 230.
  17. a b Beevor, 2014, p. 259.
  18. a b Kershaw, 2007, p. 232.
  19. Kershaw, 2007, p. 231-232.
  20. a b Beevor, 2014, p. 260.

Bibliografía[editar]

  • Murray, Williamson; Millet, Allan R. (2005) [2000]. La guera que había que ganar. Historia de la segunda guerra mundial [A War to be Won]. Edición de bolsillo. Barcelona: Crítica. ISBN 84-8432-595-4. 

Véase también[editar]