Imperio romano

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «El imperio romano»)
Saltar a: navegación, búsqueda
IMPERIVM ROMANVM
Imperium Rōmānum
Imperio romano

Spqrstone.jpg
Map Gaels Brythons Picts GB.png
Dacia 82 BC.png
RomanEmpire117 Aegyptus.svg

27 a. C.-476 d. C.[1] [2]

Flag of Palaeologus Dynasty.svg
Labarum.svg

Bandera Escudo
Bandera Escudo
Lema nacional: SENATVS POPVLVS QVE ROMANVS
(latín: «El Senado y el pueblo romano»)
Ubicación de Roma
Capital Roma (27 a. C.330)
Constantinopla (330—)
41°53′N 12°29′E / 41.883, 12.483
Idioma principal Latín
Otros idiomas Griego, galo, bereber, egipcio demótico, arameo, fenicio-púnico etc.
Religión Religión romana (27 a. C.380)
Cristianismo (380476)
Gobierno Monarquía
Emperador
 • 27 a. C.-14 d. C. César Augusto
 • 475-476 Rómulo Augústulo
Cónsul
 • 27 a. C.-23 a. C. César Augusto
 • 476 Basilisco
Período histórico Edad Antigua
 • César Augusto es proclamado emperador 16 de enero de 27 a. C.
 • Batalla de Accio 2 de septiembre de 31 a. C.
 • Diocleciano divide la administración imperial entre Oriente y Occidente. 1 de mayo de 285
 • Constantino I declara Constantinopla nueva capital imperial. 11 de mayo de 330
 • Rómulo Augústulo es depuesto por Odoacro 4 de septiembre de 476
Superficie
 • 117 6 500 000 km²
Población
 • 117 est. 88 000 000 
     Densidad 13,5 hab./km²
Moneda Denario, Sestercio, Sólido bizantino

El Imperio romano (en latín: IMPERIVM ROMANVM; pronunciado: /imperium rōmānum/) fue una etapa de la civilización romana en la Antigüedad clásica, posterior a la República romana y caracterizada por una forma de gobierno autocrática. El nacimiento del Imperio viene precedido por la expansión de su capital, Roma, que extendió su control en torno al mar Mediterráneo. Bajo la etapa imperial los dominios de Roma siguieron aumentando hasta llegar a su máxima extensión durante el reinado de Trajano, momento en que abarcaba desde el océano Atlántico al oeste hasta las orillas del mar Caspio, el mar Rojo y el golfo Pérsico al este, y desde el desierto del Sahara al sur hasta las tierras boscosas a orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia al norte. Su superficie máxima estimada sería de unos 6,5 millones de km².

El término es la traducción de la expresión latina «Imperium Romanum», que significa literalmente «El dominio de los romanos». Polibio fue uno de los primeros hombres en documentar la expansión de Roma aún como República. Durante los casi tres siglos anteriores al gobierno del primer emperador, César Augusto, Roma había adquirido mediante numerosos conflictos bélicos grandes extensiones de territorio que fueron divididos en provincias gobernadas directamente por propretores y procónsules, elegidos anualmente por sorteo entre los senadores que habían sido pretores o cónsules el año anterior.

Durante la etapa republicana de Roma su principal competidora fue la ciudad púnica de Cartago, cuya expansión por la cuenca sur y oeste del Mediterráneo occidental rivalizaba con la de Roma y que tras las tres Guerras Púnicas se convirtió en la primera gran víctima de la República. Las Guerras Púnicas llevaron a Roma a salir de sus fronteras naturales en la península Itálica y a adquirir poco a poco nuevos dominios que debía administrar, como Sicilia, Cerdeña, Córcega, Hispania, Iliria, etc.

Los dominios de Roma se hicieron tan extensos que pronto fueron difícilmente gobernables por un Senado incapaz de moverse de la capital ni de tomar decisiones con rapidez. Asimismo, un ejército creciente reveló la importancia que tenía poseer la autoridad sobre las tropas para obtener réditos políticos. Así fue como surgieron personajes ambiciosos cuyo objetivo principal era el poder. Este fue el caso de Julio César, quien no solo amplió los dominios de Roma conquistando la Galia, sino que desafió la autoridad del Senado romano.

El Imperio Romano como sistema político surgió tras las guerras civiles que siguieron a la muerte de Julio César, en los momentos finales de la República romana. Tras la guerra civil que lo enfrentó a Pompeyo y al Senado, César se había erigido en mandatario absoluto de Roma y se había hecho nombrar Dictator perpetuus (dictador vitalicio). Tal osadía no agradó a los miembros más conservadores del Senado romano, que conspiraron contra él y lo asesinaron durante los Idus de marzo dentro del propio Senado, lo que suponía el restablecimiento de la República, cuyo retorno, sin embargo, sería efímero. El precedente no pasó desapercibido para el joven hijo adoptivo de César, Octavio, quien se convirtió años más tarde en el primer emperador de Roma, tras derrotar en el campo de batalla, primero a los asesinos de César, y más tarde a su antiguo aliado, Marco Antonio, unido a la reina Cleopatra VII de Egipto en una ambiciosa alianza para conquistar Roma.

A su regreso triunfal de Egipto, convertido desde ese momento en provincia romana, la implantación del sistema político imperial sobre los dominios de Roma deviene imparable, aún manteniendo las formas republicanas. Augusto aseguró el poder imperial con importantes reformas y una unidad política y cultural (civilización grecorromana) centrada en los países mediterráneos, que mantendrían su vigencia hasta la llegada de Diocleciano, quien trató de salvar un Imperio que caía hacia el abismo. Fue éste último quien, por primera vez, dividió el vasto Imperio para facilitar su gestión. El Imperio se volvió a unir y a separar en diversas ocasiones siguiendo el ritmo de guerras civiles, usurpadores y repartos entre herederos al trono hasta que, a la muerte de Teodosio I el Grande en el año 395, quedó definitivamente dividido.

Finalmente en 476 el hérulo Odoacro depuso al último emperador de Occidente, Rómulo Augústulo. El Senado envió las insignias imperiales a Constantinopla, la capital de Oriente, formalizándose así la capitulación del Imperio de Occidente. El Imperio oriental proseguiría casi un milenio en pie (bajo el moderno nombre historiográfico) de Imperio bizantino), hasta que en 1453 Constantinopla cayó bajo el poder otomano.

El legado de Roma fue inmenso; tanto es así que varios fueron los intentos de restauración del Imperio, al menos en su denominación. Destaca el intento de Justiniano I, por medio de sus generales Narsés y Belisario, el de Carlomagno así como el del propio Sacro Imperio Romano Germánico, pero ninguno llegó jamás a reunificar todos los territorios del Mediterráneo como una vez lograra la Roma de tiempos clásicos.

Con el colapso del Imperio romano de Occidente finaliza oficialmente la Edad Antigua dando inicio la Edad Media.

Las primeras dinastías[editar]

Véase: Lista de emperadores romanos

Los primeros emperadores desde Augusto hasta la muerte de Nerón (27 a. C. - 68) formaron la dinastía Julio-Claudia, que tras el periodo del 68 al 69, el año de los 4 emperadores, dio paso a la dinastía Flavia con tres emperadores del 69 al 96 y a la dinastía Antonina, los 5 buenos emperadores, del 96 al 180. El 180 se inició la dinastía Severa que duró hasta la muerte de Alejandro Severo el 235.

Augusto (27 a. C.-14 d. C.)[editar]

Augusto fundó el Imperio Romano.

Con la victoria de Octavio sobre Marco Antonio, la República se anexionó de facto las ricas tierras de Egipto, aunque la nueva posesión no fue incluida dentro del sistema regular de gobierno de las provincias sino convertida en una propiedad personal del emperador legable a sus sucesores. A su regreso a Roma el poder de Octavio fue enorme, tanto como lo fue la influencia sobre sus legiones.

En el año 27 a. C. se estableció una ficción de normalidad política en Roma, otorgando a Augusto, por parte del Senado, el título de Imperator Caesar Augustus (emperador César Augusto). El título de emperador, que significa «vencedor en la batalla», lo convertía en comandante de todos los ejércitos. Aseguró su poder manteniendo un frágil equilibrio entre la apariencia republicana y la realidad de una monarquía dinástica con aspecto constitucional (Principado), en cuanto compartía sus funciones con el Senado, pero de hecho el poder del príncipe era completo. Por ello, formalmente nunca aceptó el poder absoluto aunque de hecho lo ejerció, asegurando su poder con varios puestos importantes de la República y manteniendo el orden sobre varias legiones. Después de su muerte, Octavio fue consagrado como hijo del divus (divino) Julio César, lo que lo convertiría, a su muerte, en dios.

La batalla de Accio, de Lorenzo A. Castro, 1672.

En el plano militar Augusto estableció las fronteras del Imperio romano en lo que él consideraba debían ser sus límites máximos de extensión al norte; el limes Elba-Danubio. Asimismo, finalizó la conquista de Hispania doblegando a las últimas tribus del norte de las montañas cantábricas: cántabros y astures, que permanecían aún al margen del control militar romano. Esta sangrienta lucha final sería conocida como las Guerras Cántabras. Tan difícil fue la tarea que Augusto se trasladó personalmente con toda su corte a la península Ibérica estableciendo Tarraco como capital provisional imperial. En este periodo la urbe experimentó un gran crecimiento urbanístico. Hacia el 17 a. C. Hispania pasa a dominio romano por completo, y su territorio queda organizado en 3 provincias: Lusitania, Tarraconensis y Baetica, además de la provincia Transduriana, que organizaba los territorios recién conquistados del Noroeste, de cuya existencia tenemos noticia por un epígrafe recientemente descubierto en el Bierzo: el Edicto del Bierzo.

Al norte, Augusto también obtuvo grandes victorias y anexionó Germania Magna, con lo que el Imperio se expandió hasta el río Elba. Pero esta situación no duraría mucho: Augusto confió la dirección de la provincia a un inexperto gobernador, Publio Quintilio Varo. Su ineptitud y su escaso entendimiento de las culturas locales, nada acostumbradas a plegarse ante un conquistador, incrementaron los recelos de los lugareños. Así fue como en 9 a. C. una revuelta protagonizada por Arminio aniquiló las 3 legiones de Varo en una brutal emboscada conocida como la batalla del bosque de Teutoburgo. La reacción romana permitió evacuar no sin problemas el resto de cuerpos militares acantonados en Germania. Augusto, escandalizado ante el desastre militar, exclamaría: «¡Quintilio Varo, devuélveme mis legiones!». Finalmente, y a pesar de los deseos iniciales de Augusto, las legiones se retiraron a defender el frente del Rin. Así el sistema de limes septentrional se mantendría estable hasta el colapso del Imperio en la menos firme frontera Rin-Danubio. Augusto recomendó a su sucesor Tiberio que no tratara de extender más allá sus dominios.

La dinastía Julia-Claudia (27 a. C.-69 d. C.)[editar]

Expansión del Imperio Romano en 218 a. C. (Rojo), 89 a. C. (Rosa), 44 a. C. (Naranja), 14 d. C. (Amarillo), y 117 d. C. (Verde).

Los sucesores de Augusto no demostraron ser especialmente dotados, lo que evidenciaba las debilidades de un sistema dinástico hereditario. Tiberio, Calígula y Nerón fueron especialmente despóticos e incluso se dejaron llevar por excesos que pusieron a prueba la fortaleza del sistema consolidado bajo la administración de Octavio.

Tiberio (14-37 d. C.)[editar]

Tiberio era hijo de Livia Drusilla y de Tiberio Claudio Nerón. El 18 de septiembre del año 14, después de la muerte de Octavio, quedó solo en la regencia que había obtenido con la acumulación de títulos de los años anteriores. No adoptó el título de emperador y demostró su desafección al poder desde inicios de su reinado. Una de sus primeras decisiones fue reformar las instituciones, para lo cual aumentó el poder del Senado dándole la facultad de nombrar magistrados, de manera que los Comicios, instituciones cuya principal tarea era esa, fueron debilitadas. Al aumentar el poder del Senado y anular el del pueblo, Tiberio buscó un equilibrio, aumentando de 3 a 9 cohortes los efectivos pretorianos y asignándole un campamento permanente en Roma, la Castra Praetoria. El Senado comenzó la publicación de numerosas leyes, y recuperó su antiguo poder, al tiempo que volvía a ser la entidad fiscalizadora sobre los gobernadores de las provincias romanas.

A los pocos años del inicio de su reinado, en las regiones de Panonia y Germania, los legionarios se sublevaron exigiendo el pago de sus salarios atrasados. Germánico, un joven y brillante general, y el hijo de Tiberio, Julio César Druso, fueron enviados para sofocarla. Así, Germánico unió a los rebeldes a su causa y emprendió una campaña en Germania, atravesando el Rin. Estos hechos, unidos a que Germánico recuperara las águilas de las legiones destruidas en la Batalla del Bosque de Teutoburgo, generaron euforia entre el pueblo y la popularidad de Germánico se disparó. En 17, tras decenas de años sin victorias, Germánico celebró un triunfo. En 19, Germánico murió envenenado, sin conocerse el asesino, aunque muchas sospechas recayeron en Tiberio. En 23, tras la muerte de su hijo Druso, Tiberio se sumió en un estado depresivo, y lentamente fue delegando poderes en su prefecto del pretorio, Lucio Elio Sejano, quien ejercía el cargo desde 15, hasta que, finalmente, en 26, Tiberio se retiró a la isla de Capri y dejó el poder absoluto a Sejano, a quien quería mucho. Los 9000 hombres que Sejano tenía a su mando le daban el poder de Roma. La muerte de Livia Drusilla, la temible mujer, envalentonó al, hasta entonces, moderado Sejano. Comenzó una serie de juicios contra sus enemigos, ejecutando y robando sus propiedades, y desterró a la descendencia de Germánico el año 30. En 31 se erigió en cónsul junto a Tiberio. Ese mismo año un complot senatorial lo llevó a juicio y posteriormente a la muerte. Fue reemplazado como prefecto del pretorio por Nieve Sutor Macre. Al enterarse de esto, Tiberio volvió rápido a Roma e inició una carnicería que diezmó las filas senatoriales, y ejecutó a casi todos sus miembros. Muchos otros patricios fueron ejecutados, exiliados o encarcelados, debido a la caída de Sejano, amigo personal de Tiberio. En este tiempo, empezaron a salir a la luz rumores de supuestos actos indebidos de Tiberio durante su estancia en Capri, entre ellos, de perversión sexual. Tras terminar sus ejecuciones, Tiberio se retiró del poder y se aisló completamente, dejando que el Imperio funcionara por sí solo. Finalmente muere en la miseria, el 16 de marzo de 37, supuestamente asesinado por Macre o por Calígula, a quien dejaría el poder en su testamento por ser hijo de Germánico, junto a su nieto, Tiberio Gemelo.

Calígula (37 - 41 d. C.)[editar]

Su nombre real fue Cayo Julio César Germánico. En su niñez acompañó a su padre en sus campañas, siendo objeto de aprecio por parte de los soldados, que le apodaron de forma cariñosa "Calígura", diminutivo de Caligae, las botas-sandalias militares de la época. Calígula asume el poder el 13 de marzo del año 37. El testamento de Tiberio le dejaba el poder junto al nieto de este, Tiberio Gemelo. Con la ayuda del prefecto del pretorio, Nieve Sutor Macre, este anuló el testamento y se declaró emperador. Calígula había estado junto a Tiberio en su estancia en Capri y se había congraciado con él. El 28 de marzo, hacía una entrada triunfal en Roma, debido a que el recuerdo de su padre, el gran general Germánico, unido a la alegría por la muerte de Tiberio y la sed de juventud, hacía augurar buenos tiempos. Los primeros 6 meses fueron bastante prometedores. Calígula repartió una serie de recompensas monetarias a los pretorianos, a las tropas urbanas y a las fronterizas. Absolvió a todos los condenados y exiliados del régimen de Tiberio y los alentó a volver a Roma. Pero, después de 6 meses de reinado, cae gravemente enfermo y cambia radicalmente su forma de gobernar, aunque no se conoce qué enfermedad padeció. Sin embargo, Calígula continuó con sus buenos actos, publicando sus gastos personales y reformando profundamente las políticas económicas del Imperio. No obstante, ordenó una serie de asesinatos sin juicio, incluyendo Macre, que lo elevó al trono.

Entre 38 y 39 se desencadenó una grave crisis económica debido a la quiebra del emperador, quien había vaciado las arcas imperiales en numerosos juegos, banquetes, recompensas monetarias y en la construcción de obras públicas. Comenzó a multar e incluso a asesinar a muchos senadores y caballeros romanos para arrebatarles su patrimonio y así resolver su maltrecha situación. Asimismo, gravó con impuestos bodas, prostíbulos y juicios. Además, comenzó a cantar públicamente en los actos del circo ante el pueblo, rebajando su dignidad. Tergiversó muchos testamentos para recibir los bienes que se establecían. Los centuriones devolvieron sus propiedades recibidas en saqueos, y algunos funcionarios públicos fueron multados por corrupción e incompetencia. Se desató una enorme hambruna que asoló el Imperio, debido, según muchos historiadores, al mismo Calígula y sus mandatos. En obras públicas, reconstruyó los puertos de Regium y Sicilia, y terminó el Teatro Pompeyo y el Templo de Augusto. Se construyeron los canales de Aqua Claudia y Anio Novus. Con el ascenso de Calígula, el Senado perdió el poder adquirido con Tiberio, lo que agravó sus relaciones. Ejecutó y humilló a numerosos senadores sin ningún motivo. En el plano militar, Calígula conquistó Mauritania y preparó una invasión a Britania. Desde el año 40, Calígula comenzó a aparecer en público caracterizado como dios o semidiós. Así, construyó 3 templos en su propio honor y comenzó a reemplazar a los dioses romanos por su propia imagen. En su vida privada, Calígula fue un verdadero maníaco sexual, embarazó y prostituyó a sus hermanas, e incluso se dice que quiso que Incitato, su caballo, fuera cónsul y sacerdote. Finalmente fue asesinado el 24 de enero del año 41 por Casio Querea, apoyado por el Senado después de un año de homicidios por parte del demente emperador. Obviamente puede que sus actos cometidos fueran gravemente exagerados por los cronistas de la época.

Claudio (41-54 d. C.)[editar]

Claudio era el tío de Calígula e hijo de Antonia la Menor y Nerón Claudio Druso. Los días posteriores a la muerte de Calígula, fue proclamado emperador por la Guardia Pretoriana, frustrando los planes de Casio Querea de asesinar a toda la familia imperial y restaurar la República. Había estado alejado de la política debido a que padecía de cojera, tartamudez, numerosas enfermedades respiratorias, y un carácter tímido. Sólo fue cuando Calígula lo nombró cónsul y senador que asumió un poco de protagonismo. Su nombramiento, el 24 de agosto del 41, se realizó con la aprobación del Senado. Este había sido nombrado porque se le creyó un sujeto fácilmente manipulable. En vez de eso, Claudio demostró ser uno de los emperadores más grandes de la historia romana, siendo un hábil juez, excelente legislador, un genio militar, y una persona autoritaria, pero también piadosa, humilde y amable. La expansión militar fue notable, anexando Tracia, Nórica, Licia, Panfilia y Judea. En el año 43, Claudio envió al general Aulo Plauco, junto a 4 legiones, a preparar la invasión de Britania, que constituiría el mayor éxito militar de Claudio. Finalmente, la victoria romana fue celebrada en el 44.

En obras públicas, terminó los acueductos o canales de Aqua Claudia y Anio Novus. Construyó el puerto de Ostia, facilitando el transporte de suministros a Roma. En materia judicial, llegó a juzgar numerosos pleitos. Comenzó a invitar a la aristocracia de otros pueblos, bárbaros incluidos, a venir a Roma e incluso nombró a algunos senadores. Llegó a decretar 20 edictos por día. Favoreció los derechos de los esclavos en detrimento de sus amos, prohibiendo la eutanasia por parte de estos hacia sus esclavos. Con el Senado, se mostró humilde, negándose a ocupar su trono en medio de la sala y sentándose con el resto de los senadores. Además, les concedió el control de antiguas provincias imperiales, les permitió acuñar sus propias monedas e incluso rechazó todos los títulos que merecía por ganárselos cuando fuera el momento. Formó un Senado más eficiente y representativo. Sin embargo, muchos senadores intentaron derribarlo, generando una dura respuesta de Claudio, que ejecuta a muchos sediciosos. Concedió un lugar especial a los libertos, dándoles una amplia plataforma de acción en los órganos burocráticos. El 38, se casó con Valeria Mesalina. Durante su matrimonio, se conocieron numerosos escándalos de Mesalina, que era libertina en exceso. Sin embargo, el escándalo que la llevaría a la muerte fue cuando se casó con Cayo Silio públicamente en Roma, el 48. Para evitar la humillación, la envió a ejecutar. Se casó, por cuarta vez, siendo esta vez la elegida Agripina la Menor, el 49. El 13 de octubre de 54, muere, según muchos, envenenado por su esposa, Agripina.

Nerón (54-68 d. C.)[editar]

Nerón asumió el trono tras la muerte de su padrastro, Claudio, gracias a las conjuras de su madre, Agripina la Menor, esposa del difunto emperador, en vez del propio hijo de Claudio, Británico, quien tenía más derecho al trono que Nerón, que era hijo de Ahenobarbo. Tras asumir el trono, el 13 de octubre, fue realmente su madre quien tomó el poder, mientras que Nerón tomaba las decisiones nominalmente. Los 5 primeros años de su gobierno fueron moderados, debido en gran parte a la influencia que en él ejercían el filósofo y su tutor personal, Séneca, y el prefecto de la Guardia Pretoriana, Sexto Afranio Burro. Entre sus medidas estuvo intentar frenar la corrupción que se había instalado en el Senado. Sin embargo, pronto quiso tomar las riendas del poder con sus propias medidas, y fue arrebatando a su madre la influencia. Agripina, enojada, intentó conspirar contra Nerón, intentando, ahora, derribar su hijo y suplantarlo por Británico. Sin embargo, Nerón, adelantándose a su madre, mandó envenenar en un banquete a Británico, acabando con el único sucesor posible, cuando éste había cumplido 14 años, el 12 de febrero de 55. Fue en ese entonces, cuando Nerón expulsó a Agripina del Palatino, la residencia imperial. Durante este tiempo, aburrido de su matrimonio con Octavia, hija de Claudio, inició un famoso romance con una de sus libertas, Claudia Actea. Tras la expulsión de su madre, su autonomía aumentó y comenzó a imponer su voluntad, reduciendo el papel de Burro y Séneca a moderadores. El 58, inició un romance con Popea Sabina, esposa del general Marco Salvio Otón. En el 59, queriendo librarse de su madre, la mandó asesinar, consiguiéndolo al tercer intento. Con ello, comenzó a bajar su popularidad. El 62, muere Burro y Séneca es acusado de corrupción, de manera que se retira de la vida pública. Después de esto, el mismo año, se divorcia y destierra a Octavia y se casa con Popea. Elige a Cayo Tigelino como prefecto del Pretorio, siendo un hábil secuaz y maléfico alentador de los planes malvados de Nerón.

El 64, se produjo el famoso incendio de Roma, que destruiría por completo la ciudad. Muchos testigos aseguraron que vieron pretorianos prendiendo fuego en distintos puntos de la ciudad, y la creencia de que Nerón cantó un poema viendo el incendio de Roma, emulando el de Troya, hace levantar muchas dudas sobre el auténtico responsable del desastre. Nerón, tratando de liberarse de la inquina pública, culpó a los cristianos, que ya eran una comunidad numerosa en Roma, e inició una feroz persecución contra ellos. Las sospechas fueron confirmadas cuando comenzó una serie de remodelaciones en el Palatino, con un coste de más de 100 millones de sestercios, tras el incendio. El 65 fue descubierta una conjura del senador Cayo Calpurnio Pisón para derribarlo, por su exceso de poder y por su tiranía. Tras ser ejecutados muchos patricios, Séneca se suicidó después admiten que había escuchado de la conspiración. En esta época, muere Popea, asesinada accidentalmente por Nerón después de darle una patada en el vientre, estando ella embarazada. El arrepentimiento de Nerón se ve en su búsqueda infructuosa de un amante que la reemplazara, en la que mantuvo relaciones homosexuales y con travestis. Nerón se vuelve famoso por su afición a la actuación, la poesía y el canto, indignando a la aristocracia romana con sus actuaciones públicas tanto en Roma como en otras partes del Imperio. Un año antes, el 66, había estallado en Judea una poderosa revuelta aplastada oportunamente por el general Tito Flavio Vespasiano. El 60, la reina bárbara Boudica se había sublevado contra el Imperio, siendo sofocada la revuelta. Entre el 67 y el 68, el gobernador de la Galia Lugdunensis, Cayo Julio Vindex, sublevó a sus tropas contra Nerón. Lucio Vergina Rufo, gobernador de la Germania Superior, le derrotó, debiendo suicidarse. En junio del 68, el gobernador de la Hispania Tarraconense, Servio Sulpicio Galba, se sublevó y el Senado lo declaró emperador, declarando al mismo tiempo a Nerón enemigo de Roma. Nerón huyó y se suicidó el 9 de junio del 68.

Galba[editar]

Servio Sulpicio Galba era el gobernador de la Hispania Tarraconense desde el 61. Tras la revuelta de Cayo Julio Vindex, decidió unirse a su causa después de enterarse de la muerte de Nerón. Así, reclutó tropas en Hispania y marchó a Roma, con el apoyo general, ya que se le consideraba un fiable candidato al trono. Tras vencer a sus rivales, el Prefecto del Pretorio, Ninfidi Sabino, Fonte Capitán y Clodio Macer, se hizo con el poder el 9 de junio. Sin embargo, su avanzada edad le hizo extremadamente manipulable, e influenciado por sus consejeros más íntimos. Tomó muchas decisiones políticas que resultaron un completo desastre, la adopción del senador Lucio Calpurnio Pisón, para intentar subir su popularidad, provocó que el general Marco Salvio Otón se sublevara contra él a principios del 69. Así, fue asesinado en una emboscada el 15 de enero en el Foro, y sus enemigos en la capital declararon a Otón como emperador.

Otón[editar]

Otón fue reconocido como emperador por el Senado el mismo día de la muerte de Galba. El nuevo emperador fue recibido con alivio. A pesar de su ambición y codicia, a Otón no se le conocía que fuera tiránico ni cruel, por lo que se esperaba que fuera un emperador justo. Pero existía el problema de Vitelio, que llevaba días marchando hacia Italia desde la Germania.

Vitelio poseía el mando de las mejores legiones del Imperio, compuestas por veteranos de las guerras germánicas, como la I Germánica y la XXI Rapax. Estos eran sus mejores argumentos para conseguir el poder. Otón no tenía intenciones de iniciar otra guerra civil y envió mensajeros para proponer una paz e invitar a Vitelio a ser su hijo adoptivo. Sin embargo, era ya demasiado tarde, y el ejército de Vitelio golpeó Italia con una serie de victorias menores. Otón fue finalmente derrotado en la batalla de Bedriacum. En vez de huir e intentar un contraataque, Otón decidió poner fin al caos suicidándose. Había sido emperador durante poco más de 3 meses.

Vitelio[editar]

Vitelio tras la noticia del suicidio de Otón, fue reconocido como emperador por el Senado. Con la aceptación garantizada, Vitelio salió de Roma. Sin embargo el comienzo de su reinado no fue favorable. La ciudad acogió con inquietud el acceso al cargo de pontífice máximo por parte de Vitelio en la misma fecha del aniversario de la batalla de Alia (394 a.C.), un día funesto para la supersticiosa sociedad romana.

Los siguientes acontecimientos demostrarían la certeza de estos temores. Con el trono fuertemente asegurado, Vitelio inició una serie de fiestas, banquetes (el historiador Suetonio cita 3 en un mismo día: mañana, mediodía y noche) y desfiles que llevaron a la tesorería imperial a la quiebra. Pronto se acumularon las deudas y los prestadores empezaron a pedir los pagos. Vitelio mostró su naturaleza violenta en reprimir con crueldad el atrevimiento de los demandantes mediante torturas y ejecuciones. Con las finanzas imperiales en un estado pésimo, Vitelio hizo asesinar a todos los ciudadanos que se dijeran como él o su heredero. Se desató entonces una persecución de cualquier posible rival invitándoles a palacio con promesas de poder para luego asesinarlos.

Mientras tanto, las legiones estacionadas en las provincias de Oriente Próximo, Judea y Egipto, aclamaron a Vespasiano como emperador. Vespasiano había sido un comandante excepcional en Judea bajo el mandato de Nerón el año 67 cuando asumió la tarea de sofocar la revuelta judía. Se ganó el apoyo del gobernador de Siria, Cayo Licinio Muciano. Las experimentadas legiones que habían combatido duramente a los rebeldes judíos marcharon sobre Roma al mando de Muciano. Vespasiano viajó a Alejandría, donde fue aclamado como Emperador el 1 de julio obteniendo el control de los vitales suministros de grano de Egipto. Tito, el hijo de Vespasiano, permaneció en Judea para acabar con la revuelta judía. Antes de que las legiones orientales pudieran llegar a Roma, las legiones danubianos de las provincias de Tracia y Mesia aclamaron a Vespasiano como emperador en agosto y encabezaron la invasión de Italia al mando de Marco Antonio Primero. En octubre las fuerzas de Primero obtuvieron una aplastante victoria sobre el ejército de Vitelio en la segunda batalla de Bedriacum.

Rodeado de enemigos, Vitelio hizo un último intento de ganarse el apoyo de la ciudad, sobornó y prometió poder a quien hizo falta. Mientras tanto, los ejércitos del Danubio estaban cada vez más cerca. Ante la inminente amenaza, Vitelio trató de ganar tiempo y envió a unos emisarios acompañados por vírgenes vestales para negociar una tregua e iniciar conversaciones de paz. Al día siguiente, los mensajeros volvieron con la noticia de que el enemigo estaba a las puertas de la ciudad. Vitelio se dispuso entonces a esconderse y huir, pero antes decidió hacer una última visita al palacio. Allí fue asesinado por uno de los hombres de Vespasiano.

El Senado acogió el día siguiente a Vespasiano como emperador. Esto ocurrió el 21 de diciembre del 69, el mismo año que había comenzado con Galba en el trono.

La dinastía Flavia (69-96 d. C.)[editar]

Esta dinastía de los emperadores sobresalió en el aspecto de la administración y la construcción. Mantuvieron protegidas las fronteras mediante campamentos militares y otorgaron derechos de ciudadanía romana a los habitantes de las provincias del imperio.

Vespasiano (69-79 d. C.)[editar]

Vespasiano descendía de una familia del orden ecuestre que había alcanzado el rango senatorial durante los reinados de los emperadores de la Dinastía Julio-Claudia. Siendo designado cónsul en 51, ganó renombre como comandante militar, destacando en la invasión romana de Britania (43). Comandó las fuerzas romanas que hicieron frente a la revuelta de los judíos del año 66. Cuando se disponía a sitiar Jerusalén, la capital rebelde, el emperador Nerón se suicidó, sumiendo al Imperio en un año de guerras civiles conocido como el Año de los Cuatro Emperadores. Tras la rápida sucesión y muerte de Galba y Otón y el ascenso al poder de Vitelio, los ejércitos de las provincias de Egipto y Judea proclamaron emperador a Vespasiano el 1 de julio del 69. En su camino hacia el trono imperial, Vespasiano se alió con el gobernador de Siria, Cayo Licinio Muciano, quien condujo las tropas de Vespasiano contra Vitelio, mientras el propio Vespasiano tomaba el control sobre Egipto. El 20 de diciembre, Vitelio fue derrotado y al día siguiente Vespasiano fue proclamado emperador por el Senado.

Poca información ha sobrevivido del reinado de Vespasiano después de sus diez años de gobierno. Destaca de su reinado el programa de reformas financieras que promovió, tan necesario tras la caída de la Dinastía Julio-Claudia, su exitosa campaña en Judea y sus ambiciosos proyectos de construcción como el Anfiteatro Flavio, conocido popularmente como el Coliseo Romano. Tras su muerte, el 23 de junio de 79, fue sucedido en el trono por su hijo mayor, Tito.

Tito (79-81 d.C.)[editar]

Tito, antes de ser proclamado emperador alcanzó renombre como comandante militar al servir a las órdenes de su padre en Judea, durante el conflicto conocido como la Primera Guerra Judeo-Romana (67 - 70). Esta campaña sufrió una breve pausa después de la muerte del emperador Nerón (9 de junio de 68), cuando su padre fue proclamado emperador por sus tropas (21 de diciembre de 69). En este punto, Vespasiano inició su participación en el conflicto civil que asoló el Imperio durante el año de su nombramiento como emperador, conocido como el año de los cuatro emperadores. Tras este nombramiento recayó sobre Tito la responsabilidad de acabar con los judíos sediciosos, tarea que realizó de forma satisfactoria tras sitiar y destruir Jerusalén (70), el templo fue destruido en el incendio. Su victoria fue recompensada con un triunfo y conmemorada con la construcción del Arco de Tito.

Bajo el reinado de su padre, Tito recogió recelos entre los ciudadanos de Roma debido a su servicio como prefecto del cuerpo de guardaespaldas del emperador, conocido como la Guardia Pretoriana, y también causa de su intolerable relación con la reina Berenice de Cilicia. A pesar de estas faltas a la moral romana, Tito gobernó con gran popularidad después de la muerte de Vespasiano el 23 de junio de 79 d. C. y es considerado como un buen emperador por Suetonio y otros historiadores contemporáneos.

Lo más importante de su reinado fue su programa de construcción de edificios públicos en Roma (Tito finalizó el anfiteatro Flavio, conocido comúnmente como el Coliseo). La enorme popularidad de Tito también se debió a su gran generosidad con las víctimas de los desastres que sufrió el Imperio durante su breve reinado, la erupción del Vesubio en 79 d. C. y el incendio de Roma el 80 d. C. Tras dos años en el cargo, Tito murió a causa de unas fiebres, el 13 de septiembre del 81 d. C. La gran popularidad de Tito hizo que el Senado lo proclamara como dios. Tito fue sucedido por su hermano menor, Domiciano.

Domiciano (81-96 d.C.)[editar]

Su juventud y los inicios de su carrera transcurrieron a la sombra de su hermano Tito, que logró un considerable renombre militar durante las campañas de Germania y de Judea de los años 60. Esta situación se mantuvo durante el reinado de su padre Vespasiano, coronado emperador el 21 de diciembre de 69, tras un largo año de guerras civiles conocido como el Año de los Cuatro Emperadores. Al tiempo que su hermano gozó de poderes semejantes a los de su padre, él fue recompensado con honores nominales que no implicaban ninguna responsabilidad. A la muerte de su padre el 23 de junio de 79, Tito le sucedió pacíficamente, pero su corto reinado finalizó abruptamente e inesperadamente a su muerte por enfermedad, acaecida el 13 de septiembre del 81. Al día siguiente Domiciano fue proclamado emperador por la Guardia Pretoriana, su reinado, que duraría quince años, sería el más largo desde el de Tiberio.

Las fuentes clásicas lo describen como un tirano cruel y paranoico, situando entre los emperadores más odiados en comparar su vileza con las de Calígula o Nerón. No obstante, la mayor parte de las afirmaciones sobre él tienen su origen en escritores que le fueron abiertamente hostiles: Tácito, Plinio el Joven y Suetonio. Estos hombres exageraron la crueldad del monarca al efectuar adversas comparaciones con los Cinco Buenos Emperadores que le sucedieron.

Los Cinco Buenos Emperadores (96 - 180 d.C.)[editar]

Mapa del Imperio Romano en su mayor extensión, hacia el 150 d. C.

Los Cinco Buenos Emperadores llevaron Roma a su culmen territorial, económico y de poder: Nerva; Trajano, de origen hispano y gran conquistador; Adriano, querido emperador que realizó grandes reformas y visitó numerosas partes del imperio; Antonino Pío; y Marco Aurelio, pensador a la par que defensor de la fronteras.

Nerva (96-98 d.C.)[editar]

Marco Coceyo Nerva llegó al poder tras la muerte de Domiciano en 96, víctima de una conspiración de la Guardia Pretoriana. Para cuando asumió, Nerva era considerado uno de los políticos más experimentados de Roma, teniendo, a la sazón, 65 años de edad. Nerva había sido testigo de diversas etapas históricas del Imperio, incluyendo la crisis anárquica del Año de los Cuatro Emperadores, por lo que su elección pudo verse motivada por la confianza de sus pares del Senado en que su gobierno, que se preveía corto, sería moderado y restauraría el poder del Senado, mermado seriamente durante la administración de Domiciano, quien vio en la institución un enemigo más para sus intereses. Pronto, el longevo emperador comenzó a enmendar los excesos de la gestión anterior, concediendo amnistías a presos políticos, y liberando senadores, además de devolver propiedades confiscadas a los patricios. Para ganarse el vital apoyo del pueblo romano, alivianó la carga tributaria de los más pobres y repartió 75 denarios a cada ciudadano, además del donativum para la Guardia Pretoriana.

Cercano a su muerte, se suscitó una crisis de sucesión, especial preocupación de Nerva, puesto que podría desencadenar otra Guerra Civil. Con el objetivo de ganarse el apoyo de las tropas, con quienes no podía ser carismático. Así, designó como sucesor al general Marco Ulpio Trajano, decisión acertada considerando su popularidad en el Ejército, que jamás simpatizó con Nerva. Finalmente, muere en 98, pero su sabia decisión de adoptar a Trajano aseguró una continuidad de un gobierno progresista y moderado.

Cómodo[editar]

A Marco Aurelio le sucedió su hijo natural Cómodo, con el que reaparecerían muchos de los problemas previamente presentes en cuanto a sucesiones e inestabilidad. A la muerte de Cómodo, el Imperio se sumió en una época de confrontación civil, tras la que asumió el trono Septimio Severo, quien instauró la Dinastía Severa.

La dinastía Severa (193-235 d.C.)[editar]

Septimio Severo (193 - 211)[editar]

Tras la muerte de Cómodo el 31 de diciembre de 192, el general Publio Helvio Pertinax asumió el poder, tras pagar un contundente soborno a la Guardia Pretoriana. Debido a la política financiera de Pertinax, que implicó rebajar la paga de los pretorianos, se sublevó la Guardia Pretoriana, y terminó asesinándolo. El rico senador Didio Juliano compró, en una subasta pública, el trono imperial.

Tras la llegada de la noticia de la muerte de Pertinax, las legiones del Danubio, el Rin y Germania proclamaron emperador a Septimio Severo. Tras un fugaz y torpe reinado de Juliano, éste fue ejecutado el 1 de junio por orden del Senado. El 9 las tropas de Severo entraban en la capital. Para deshacerse de la influencia de los pretorianos, los invitó a un banquete en que fueron desarmados; los reemplazó por soldados leales a él.

En 194, el gobernador de Siria, Pescenio Níger, se rebela contra Severo, quien terminaría aplastándolo en Issos. En Britania, Clodio Albino amenazó el poder del emperador, al tener a su mando un poderoso ejército; sin embargo, Severo le otorgó un consulado y el título de César, apaciguando los ánimos. Sin embargo, poco después, en 195, Severo se enfrentó a Albino, quien marchó con 40.000 hombres contra Severo, en la Batalla de Lugdunum, en 196, tras la cual vence Severo y se suicida Albino.

Entre 197 y 199, llevó una exitosa campaña contra el imperio parto, tras la cual estableció la provincia de Mesopotamia.

Su gobierno, de marcado carácter militar, tendió a otorgarles favores a los militares, tales como la creación de nuevas legiones, el aumento de su salario y de sus privilegios, lo que redundó en un aumento de su situación social, y la fundación de nuevos colegios militares.

Finalmente, emprendió numerosas obras públicas para aumentar la riqueza de Roma. A su muerte, el 9 de febrero de 211, nombró a sus hijos Caracalla y Geta.

Caracalla (211 - 217)[editar]

Tras la muerte de su padre en 211, el Imperio quedó bajo el gobierno de Publio Septimio Geta, hermano de Caracalla, y éste mismo. Sin embargo, el crudo conflicto entre los hermanos terminó con el suicido de Geta, en 212, tras presiones de Caracalla.

Tras esto, Caracalla se retira de Roma y emprende una serie de campañas militares. En Germania, logró la pacificación de las fronteras. En Alejandría, Grecia, sus soldados saquearon y asesinaron a miles de habitantes, tras una humillación al emperador, lo que acrecentó al odio del pueblo, ya bastante fomentado con la muerte de Geta y las masivas ejecuciones que le siguieron.

En obras públicas, mandaría a construir unas espectaculares termas en Roma que llevan su nombre, y, además, decretó la Constitutio Antoniniana, en el 212, que nombraba ciudadanos romanos a todos los habitantes libres de las provincias.

Durante una campaña contra los partos, el Prefecto del Pretorio, Marco Opelio Macrino, terminaría sublevándose contra él. Con esto, fue asesinado en Partia, tomando Macrino el poder, en 217.

Macrino (217 - 218)[editar]

Continuó la campaña en Partia, tras auto-proclamarse emperador, y, tras la Batalla de Nisibis, que resultó en empate, pagó a los partos 200 millones de sestercios para conseguir la paz, que sacó, en parte, del sueldo de los legionarios.

Debido a que se proclamó sin el consentimiento del Senado, éste decidió nombrar a un adolescente llamado Vario Ávito (el futuro Heliogábalo) como sucesor de Caracalla. Así, Macrino vio su situación comprometida. En junio de 218, se enfrentó a las tropas que apoyaban a Heliogábalo, derrotándolo.

Heliogábalo (218 - 222)[editar]

Tras la derrota de Macrino en la Batalla de Antioquía, el 8 de junio de 218, la Legio III Galica, que proclamó a Heliogábalo, lo instaló en el trono gracias a las diligencias de su abuela, Julia Mesa.

Sin embargo, pasaría poco tiempo antes de que las legiones romanas se arrepintieran de haberlo apoyado; su desenfrenada conducta sexual, unida a su devoción por un dios nuevo, generaron amplio rechazo en la sociedad.

Intentó suplantar a Júpiter por el Deus Sol Invictus. Estas conductas, unidas a acusaciones como que se prostituía en el Palacio Imperial, bastaron para que su propia abuela, Julia Mesa, conspirara contra él, apoyada por el pueblo y el Senado romano. Se dice que llegó a casarse 6 veces con hombres. Fue asesinado cuando contaba 18 años, y reemplazado por su primo, Alejandro Severo.

Alejandro Severo (222 - 235)[editar]

El nuevo emperador, tranquilo y pacífico, terminaría dejando el poder en su madre y abuela, que se dedicaron a reparar los errores cometidos durante la administración de Heliogábalo. Su gobierno fue poco significativo, y, tras una campaña contra los sasánidas, realiza una marcha triunfal en Roma. Durante sus campañas contra los germanos, fue asesinado por sus tropas. Su gobierno marca el último gobierno civil de Roma; con su muerte, se inician 50 años de total anarquía militar en el Imperio y termina la Dinastía Severa.

Crisis del siglo III (235-284)[editar]

Emperadores ilirios (268-284)[editar]

El Bajo Imperio (284-395)[editar]

Diocleciano y la Tetrarquía (284-395)[editar]

La dinastía Constantiniana (305-363)[editar]

La dinastía valentiniana (364-395)[editar]

La división del Imperio (395-476 / 1453)[editar]

El Imperio romano de Occidente es la parte occidental del Imperio romano, después de su división en Occidente y Oriente iniciada con la tetrarquía del Emperador Diocleciano (284-305) y efectuada de forma definitiva por el Emperador Teodosio I (379-395), quien lo repartió entre sus dos hijos: Arcadio recibió el Imperio de Oriente y Honorio recibió el de Occidente.

El fin del Imperio romano de Occidente (395-476)[editar]

A principio del siglo V, las tribus germánicas, empujadas hacia el Oeste por la presión de los pueblos hunos, procedentes de las estepas asiáticas, penetraron en el Imperio Romano. Las fronteras cedieron por falta de soldados que las defendiesen y el ejército no pudo impedir que Roma fuese saqueada por visigodos y vándalos. Cada uno de estos pueblos se instaló en una región del imperio, donde fundaron reinos independientes. Uno de los más importantes fue el que derivaría a la postre en el Sacro Imperio Romano Germánico.

Sólido bizantino de Odoacro en nombre de Zenón.

El emperador de Roma ya no controlaba el Imperio, de tal manera que en el año 476, un jefe bárbaro, Odoacro, destituyó a Rómulo Augústulo, un niño de 15 años que fue el último emperador Romano de Occidente y envió las insignias imperiales a Zenón, emperador Romano de Oriente.

Supervivencia del Imperio romano de Oriente (395-1453)[editar]

El Imperio restaurado: el Sacro Imperio Romano (800-1806)[editar]

Ejército romano[editar]

Recreadores como legionarios de la segunda mitad del siglo I.

El mando supremo del ejército correspondía al Emperador. En provincias el mando correspondía al gobernador provincial (pero éste a su vez estaba supeditado al Emperador que podía apartarlo cuando quisiera), pudiendo también asumirlo temporalmente el Emperador. El número de legiones osciló en toda la época imperial, con un número cercano a la treintena.

Los caballeros y las clases altas habían desaparecido prácticamente del ejército y las legiones debían reclutar entre los ciudadanos, primero en Italia, pero se reclutaron progresivamente en las provincias donde estaban acantonadas, y si era necesario se recurría a mercenarios extranjeros (sobre todo germanos). Con la entrada de los proletarios del ejército tendió a una profesionalización, si bien estos soldados tenían más facilidad para el saqueo. Los ascensos se ganaban por méritos, por favores o por dinero. El tiempo de servicio fue aumentado progresivamente y no eran excepcionales servicios de treinta o más años. Para ejercer algunos cargos municipales había un cierto tiempo de servicio en el ejército.

La legión disponía de arsenales (armamentos) y de talleres de fabricación y reparación. Los soldados recibían un sueldo, donativos imperiales en ocasión del acceso al trono, las fiestas o los motines, regalos (stillaturae) y el botín de guerra. La ración de alimentos diaria fue creciendo y se le proporcionaba trigo, sal, vino, vinagre, carne fresca y carne salada.

Los campamentos se convirtieron en plazas fuertes. Disponían de murallas y torreones y se dividían interiormente en cuatro partes marcadas por dos vías perpendiculares. Contenían sala de baños, sala de reuniones, capillas, oficinas, cárcel, hospital y almacenes. Los mercaderes, artistas, prostitutas y otros acudían a sus alrededores y se establecían constituyéndose aglomeraciones urbanas, y crecían las poblaciones civiles (canabae) y las casas de baños y anfiteatros. Los terrenos próximos se utilizaban como pastos para el ganado, y en general se arrendaban por ello los agricultores de la zona.

Estructura de la legión[editar]

Una legión romana (el emblema de la que era un águila plateada) consistía en diez cohortes (con su respectivo estandarte) cada una de ellas con cinco o seis centurias de 80 hombres subdivididas en 10 contubernios (unidad básica de 8 legionarios que compartían tienda), contando pues cada legión 5.000 o 6.000 hombres de infantería, divididos en cincuenta o sesenta centurias. Contaba también con las guerrillas regulares auxiliares y de caballería (alae) ciento veinte hombres de caballería.

El nombramiento de los legatus legionis, lugartenientes de la legión con funciones de pretor, asistidos por tribunos militares designados todos ellos por el gobernador provincial o por el Emperador, que también podían nombrar a los centuriones.

Junto a los legados de la legión estaban los benefiaciarii (encargados de misiones de confianza), los strato (escuderos), los comentarienses (archiveros), los cornicularii (contadores ) y los actuario (escribientes). Los tribunos militares se dividían en laticlavii (afectos a la administración) y angusticlavii (misiones propiamente militares). Los centuriones los auxiliaba un oficial secundario llamado optio, algunos de los cuales también ejercían funciones administrativas. En caballería el suboficial que mandaba una turma (nueve jinetes) era llamado decurión. Otros suboficiales eran eltesserarius (equivalente a un sargento), el' 'signifer o vexillarius (portaestandartes), el aquilifer (el portador del águila legionaria), el campiductor (instructor) y el pecunarius (furriel).

Las cohortes[editar]

Las cohortes se estructuraban en diez filas de 40 o 60 hileras que en tiempos de Trajano se redujeron a cinco filas. Con Adriano surgió la cohorte familiar (compuesta de 1.200 soldados escogidos) mientras las restantes cohortes fueron llamadas quingentaries y contaban 500 soldados. Desde el reinado de Adriano el reclutamiento se hizo exclusivamente en las provincias donde servía la Legión.

Se estructuraron varias cohortes especializadas: las de infantería (peditata), la de caballería o mixta (equitativa), la policial (togata), la de vigilancia (excubitoria), la de guarnición en una ciudad (urbana), la encargada de apagar incendios (Vigilio) y la encargada de la guardia y custodia imperial o de un caudillo (Praetoriana ). Esta guardia personal del general en jefe fue habitual en el Imperio. Existía el cuartel general (Guardia Pretoriana o guardia del general en jefe) los miembros tenían más sueldo y estaban dispensados de los trabajos del campamento, y que llegaron a ser los árbitros del Imperio.

Las centurias[editar]

Las centurias estaban al mando de centuriones (el centurión de más prestigio era el primus pilus habitualmente el más veterano), por encima del cual había seis tribunos de la legión de rango ecuestre, y el legatus de la legión, de rango senatorial, que había sido anteriormente pretor (en las provincias donde solo había una legión, el legatus de la provincia y el de la Legión era la misma persona).

Equipamiento[editar]

El equipamiento de los legionarios cambiaba sustancialmente dependiendo del rango. Durante las campañas, los legionarios iban equipados con armadura (lorica segmentata), escudo (scutum), casco (galae), una lanza pesada y una ligera (pilum), una espada corta (gladius), una daga (pugio), un par de sandalias (caligae), una sarcina (mochila de marcha), y comida y agua para dos semanas, equipo de cocina, dos estacas (Sude murale) para la construcción de muros, y una pala o cesta.

Armada romana[editar]

Trirreme romano representado en un mosaico.

La Armada romana (en latín classis, literalmente flota) comprendió las fuerzas navales del Antiguo Estado Romano. A pesar de jugar un papel decisivo en la expansión romana por el Mediterráneo, la armada nunca tuvo el prestigio de las legiones romanas. A lo largo de su historia los romanos fueron un pueblo esencialmente terrestre, y dejaron los temas náuticos en manos de pueblos más familiarizados con ellos, como los griegos y los egipcios, para construir barcos y mandarlos. Parcialmente debido a esto, la armada nunca fue totalmente abrazada por el Estado Romano, y se consideraba «no romana».[3] En la antigüedad, las armadas y las flotas comerciales no tenían la autonomía logística que en la actualidad. A diferencia de las fuerzas navales modernas, la armada romana, incluso en su apogeo, no existió de forma autónoma, sino que operó como un adjunto del Ejército romano.

En el transcurso de la Primera Guerra Púnica la armada fue expandida masivamente y jugó un papel vital en la victoria romana y en la ascensión de la República romana a la hegemonía en el Mediterráneo. Durante la primera mitad del siglo II a. C. Roma destruyó Cartago y subyugó los Reinos Helenísticos del este del Mediterráneo, logrando el dominio completo de todas las orillas del mar interior, que ellos llamaron Mare Nostrum. Las flotas romanas volvieron a tener un papel preponderante en el siglo I a.C. en las guerras contras los piratas y en las guerras civiles que provocaron la caída de la República, cuyas campañas se extendieron a lo largo del Mediterráneo. En el 31 a. C. la gran Batalla de Accio puso fin a las guerras civiles con la victoria final de Augusto y el establecimiento del Imperio Romano.

Durante el período imperial el Mediterráneo fue un pacífico «lago romano» por la ausencia de un rival marítimo, y la armada quedó reducida mayormente a patrullaje y tareas de transporte.[4]

Sin embargo, en las fronteras del Imperio, en las nuevas conquistas o, cada vez más, en la defensa contra las invasiones bárbaras, las flotas romanas estuvieron plenamente implicadas. El declive del Imperio en el siglo III d. C. se sintió en la armada, que quedó reducida a la sombra de sí misma, tanto en tamaño como en capacidad de combate. En las sucesivas oleadas de los pueblos bárbaros contra las fronteras del Imperio la armada sólo pudo desempeñar un papel secundario. A comienzos de siglo V d. C. las fronteras del imperio fueron quebradas y pronto aparecieron reinos bárbaros en las orillas del Mediterráneo occidental. Uno de ellos, el pueblo vándalo, creó una flota propia y atacó las costas del Mediterráneo, incluso llegó a saquear Roma, mientras las disminuidas flotas romanas fueron incapaces de ofrecer resistencia. El Imperio romano de Occidente colapsó en el siglo V d. C. y la posterior armada romana del duradero Imperio romano de Oriente es llamada por los historiadores Armada bizantina.

Arquitectura[editar]

Acueducto de Segovia

Las ciudades romanas eran el centro de la cultura, la política y la economía de la época. Base del sistema judicial, administrativo y fiscal eran también muy importantes para el comercio y a su vez albergaban diferentes acontecimientos culturales. Es importante destacar que Roma fue, a diferencia de otros, un imperio fundamentalmente urbano.

Las ciudades romanas estaban comunicadas por amplias calzadas que permitían el rápido desplazamiento de los ejércitos y las caravanas de mercaderes, así como los correos. Las ciudades nuevas se fundaban partiendo siempre de una estructura básica de red ortogonal con dos calles principales, el cardo y el decumano que se cruzaban en el centro económico y social de la ciudad, el foro, alrededor del cual se erigían templos, monumentos y edificios públicos. También en él se disponían la mayoría de las tiendas y puestos comerciales convirtiendo el foro en punto de paso obligado para todo aquel que visitase la ciudad. Así mismo un cuidado sistema de alcantarillado garantizaba una buena salubridad e higiene de la ciudad romana.

Curiosamente, este riguroso ordenamiento urbanístico, ejemplo del orden romano, nunca se aplicó en la propia Roma, ciudad que surgió mucho antes que el imperio y que ya tenía una estructura un tanto desordenada. El advenimiento del auge del poder imperial motivó su rápido crecimiento con la llegada de multitud de nuevos inmigrantes a la ciudad en busca de fortuna. Roma nunca fue capaz de digerir bien su grandeza acentuándose más aún el caos y la desorganización. La capital construía hacia lo alto, el escaso espacio propició la especulación inmobiliaria y muchas veces se construyó mal y deprisa siendo frecuentes los derrumbes por bloques de pisos de mala calidad. Famosos eran también los atascos de carros en las intrincadas callejuelas romanas. La fortuna sin embargo quiso que la capital imperial se incendiara el año 64 dC, durante el mandato de Nerón. La reconstrucción de los diferentes barrios se realizó conforme a un plan maestro diseñado a base de calles rectas y anchas y grandes parques lo que permitió aumentar muchísimo las condiciones higiénicas de la ciudad.

Por lo demás toda ciudad romana trataba de gozar de las mismas comodidades que la capital y los emperadores gustosos favorecían la propagación del modo de vida romano sabedores de que era la mejor carta de romanización de las futuras generaciones acomodadas que jamás desearían volver al tiempo en que sus antepasados se rebelaban contra Roma. Por ello, allí donde fuera preciso se construían teatros, termas, anfiteatros y circos para el entretenimiento y el ocio de los ciudadanos. También muchas ciudades intelectuales gozaban de prestigiosas bibliotecas y centros de estudio, así fue en Atenas por ejemplo ciudad que siempre presumió de su presuntuosa condición de ser la cuna de la filosofía y el pensamiento racional.

Para traer agua desde todos los rincones se construían acueductos si era preciso, el agua llegaba a veces con tal presión que era necesario construir abundantes fuentes por todas partes lo que aún aumentaba más el encanto de dichas ciudades, que a pesar de estar construidas en tierras secas recibían la llegada de las bien planificadas canalizaciones romanas.

Las casas típicas eran las insulae (isla). Solían estar hechas de adobe normalmente de unos tres o cuatro pisos aunque en Roma o en otras ciudades de gran densidad se llegaban a construir verdaderos rascacielos cuya solidez muchas veces fue más que dudosa. La gente rica y de dinero, patricios de buena familia o ricos comerciantes plebeyos que habían hecho fortuna se alojaban en casa de una sola planta con patio interior (impluvium) recubierto de mosaicos llamadas domus.

En honor a las victorias se construían columnas, arcos de triunfo, estatuas ecuestres y placas conmemorativas que solían hacer siempre referencia al emperador reinante y sus gloriosas victorias conseguidas en pos de la salvaguarda de la pax romana de la que gozaban inconscientes los ciudadanos de la urbe. Era un motivo que se recordaba constantemente para dar sentido a la recaudación imperial, sin dinero no hay ejército, sin ejército no hay seguridad y sin seguridad no hay ciudades ni comercio. Algo que quedaría patente a finales del bajo imperio.

Con la llegada de la crisis del siglo tercero y, particularmente, ya en el tardío imperio cristiano la seguridad de la que disfrutaron durante tiempo las ciudades romanas había desaparecido. Y muchas de ellas, sobre todo las más fronterizas con los limes acechados por los pueblos germanos se vieron obligadas a amurallarse y recluirse en fortificaciones sacrificando calidad de vida por seguridad. Fue un paso hacia atrás que se materializaría con la desaparición del imperio de occidente, la ruralización, el fin de las actividades comerciales y el surgimiento de los castillos medievales.

Economía[editar]

Monedas de plata del Imperio romano en el Museo Arqueológico de Samsun, en Turquía.
Renta per cápita estimada hacia el 1 d. C. para diferentes regiones del imperio, Italia y la región oriental del imperio tenían mayor renta per cápita. Fuente: World Population, GDP and Per Capita GDP, 1-2010 AD

La economía del Imperio Romano era la propia de un imperio esclavista; los esclavos trabajaban, obviamente sin remuneración alguna, lo cual producía una enorme riqueza. Las diferentes ciudades y provincias estaban conectadas por una red de comunicaciones, vías y puertos, que fomentaban el comercio notablemente.

Aunque la vida se centraba en las ciudades, la mayoría de los habitantes vivían en el campo con un buen nivel, donde cultivaban la tierra y cuidaban el ganado. Los cultivos más importantes eran el trigo, la cebada, la viña y los olivos, también árboles frutales, hortalizas y legumbres. Los romanos mejoraron las técnicas agrícolas introduciendo el arado romano, molinos más eficaces, como el grano, el prensado de aceite, técnicas de regadío y el uso de abono.

Desde el punto de vista económico, la base agrícola varía bastante según las zonas.

  • En el Valle del Po predominaba el pequeño campesinado que convivía con los grandes dominios. El cultivo de cereales, cultivo idóneo para la zona, tiende a desaparecer.
  • El Ager Galicus y el Picenum es una tierra de pequeños campesinos surgidos de la distribución de tierras por el Estado.
  • Etruria y Umbría son tierras de ciudades, cuya organización dificulta el progreso del campesinado.
  • En el Lacio, País Marso y País de los Sabélicos la situación es similar a la de la propia Roma.
  • En Italia del Sur las ciudades están arruinadas y existe poco campesinado.
  • En el Samnio hay una despoblación notable y las ciudades están también arruinadas.
  • En Campania y Apulia las antiguas ciudades han quedado arruinadas, y los repartos de tierras, en general no prosperaran. En parte de Campania las tierras eran Ager Publicus y solo se dejaban a su ocupante a título de arrendatario por tiempo limitado.
  • En el Brucio y Lucania el poblamiento es débil y la agricultura apenas progresa.

Sociedad[editar]

Un hombre con una toga.

La sociedad romana original (comienzos de la República) se configura de dos clases sociales que tenían la ciudadanía romana: una aristocracia de propietarios (patricii, patricios) y una clase popular que luchaba por conseguir derechos (plebs, plebeyos). Como ya se ha dicho anteriormente, la economía estaba basada en el sistema de producción esclavista, donde la mayoría de los esclavos eran prisioneros de guerra. Existían mercados de esclavos donde se comerciaba con ellos como si fuesen simples mercancías.

Así pues la sociedad romana en sus orígenes estaba dividida en:

  • Patricios: eran la clase dominante que poseía todos los privilegios tanto fiscales, como judiciales, políticos y también culturales.
  • Plebeyos: eran el pueblo que no gozaba de todos los derechos ni privilegios.
  • Esclavos: no tenían derechos y eran posesión de sus amos. El esclavismo era toda una institución social en Roma. No fue un esclavismo de raza, como sí lo sería siglos después. En Roma cualquiera podía ser esclavo; la fuente de esclavos provenía sobre todo de pueblos conquistados, pero también de delincuentes u otra gente que fuera degradada a esa clase social por algún motivo. En realidad el esclavismo no era más que la clase social más baja. Y como toda clase, también era posible ascender a veces comprando la propia libertad, o simplemente por el deseo expreso del amo que se formalizaba con el acto de manumisión, un privilegio exclusivo de todo propietario que convertía al esclavo en liberto (esclavo liberado).

Al evolucionar la República y convertirse en Imperio, esta sociedad evolucionó con ella dando origen a nuevos grupos o transformando otros. Ya hacia finales del siglo IV a.C se había formado la clase de los optimates (o aristocracia patricio-plebeya), resultado de la fusión de los antiguos patricios con los plebeyos más ricos.

En la medida que Roma entró en el gran circuito económico del Mediterráneo se desarrolló la clase de los caballeros (u orden ecuestre), dedicada a los negocios (empresarios mineros, grandes comerciantes, prestamistas, etc).

Por su parte, la antigua clase media campesina, propietaria de tierras en Italia, se arruinó con las guerras y con la competencia de los latifundios y los productos agrícolas a bajo precio venidos de las provincias. Los campesinos pobres que la formaban emigraron a Roma y a las grandes ciudades de Italia, transformándose en el proletariado romano, una masa ociosa y llena de vicios, cuyos integrantes solían engrosar la clientela de los políticos profesionales y a quienes vendían sus votos. El proletariado fue sostenido por el aporte económico de sus patrones y, durante el Imperio, por las arcas fiscales y los recursos de los emperadores.

La sociedad siguió evolucionando durante el Imperio.

Romanización y lenguas del imperio[editar]

Se tiene constancia de más de 60 lenguas diferentes habladas en los territorios que alguna vez formaron parte del Imperio romano. El proceso de romanización que tuvo lugar en los territorios controlados de manera prolongada por el Imperio Romano comportó en muchos de ellos un proceso de sustitución lingüística que llevó a la desaparición de lenguas autóctonas. Sin embargo, este proceso no fue siempre de corta duración y típicamente abarcó diversas generaciones e incluso siglos, en los que el bilingüísmo con el latín o incluso el multilingüismo fue frencuente.

La mayor parte de lenguas en la parte europea del Imperio Romano eran lenguas indoeuropeas de los grupos anotolio, celta, germánico, greco-armenio e itálico, además de algunas otras lenguas indoeuropeas más difíciles de clasificar (a veces llamadas lenguas paleobalcánicas). Aunque también están testimoniadas lenguas no indoeuropeas autóctonas como el aquitano y las lenguas tirsénicas, cuya principal representante es el etrusco. En el norte de África y Oriente Próximo, también tienen presencia mcuhas ramas de las lenguas afroasiáticas (egipcio, bereber y semítico).

Religión[editar]

Escultura de la diosa Diana.

La religión de los romanos era politeísta (adoraban un gran número de dioses). Los más venerados eran Júpiter, Minerva y Juno. En honor a ellos se construyeron templos y se ofrecieron sacrificios de animales. El emperador era adorado como un dios y en todo el Imperio se practicaba el culto imperial.

También veneraban, en casa, a los dioses protectores del hogar y de la familia; en cada casa había un altar dedicado a esos dioses. Además, los romanos eran muy supersticiosos y, antes de tomar una decisión consultaban la voluntad de los dioses, expresada por medio de los oráculos.

Las fiestas religiosas[editar]

El calendario religioso romano reflejaba la hospitalidad de Roma ante los cultos y divinidades de los territorios conquistados. Originalmente eran pocas las festividades religiosas romanas. Algunas de las más antiguas sobrevivieron hasta el final del imperio pagano, preservando la memoria de la fertilidad y los ritos propiciatorios de un primitivo pueblo agrícola. A pesar de eso, se introdujeron nuevas fiestas que señalaron la asimilación de los nuevos dioses. Llegaron a incorporarse tantas fiestas que los días festivos eran más numerosos que los laborales. Las más importantes eran las fiestas lupercales, saturnales, equiria y de los juegos seculares.

Tiempo después, terminadas las persecuciones contra los cristianos, el cristianismo fue tolerado con el emperador Constantino. Según la leyenda, antes de la batalla de Puente Milvio vio una cruz en el cielo, bajo la cual una inscripción decía «bajo éste símbolo vencerás». Al día siguiente grabó en los escudos de todos sus soldados la cruz y obtuvo una gran victoria, si bien sólo se bautizó unos días antes de su muerte. Sólo con el emperador Teodosio I el Grande el cristianismo se convertió en religión oficial del Imperio.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Bunson, Matthew (1995). A dictionary of the Roman Empire. Oxford University Press US. p. 463. Consultado el 14 de octubre de 2011. 
  2. McMeans, Julia (2010). Differentiated Lessons and Assessments: Social Studies. Teacher Created Resources. p. 138. Consultado el 14 de octubre de 2011. 
  3. Potter, 2004, pp. 77–78
  4. Map of the Roman Fleet

Bibliografía[editar]

  • Frank Frost Abbott (1901). A History and Description of Roman Political Institutions. Elibron Classics. ISBN 0-543-92749-0.
  • John Bagnell Bury, A History of the Roman Empire from its Foundation to the death of Marcus Aurelius, 1913, ISBN 978-1-4367-3416-5
  • Winston Churchill, A History of the English-Speaking Peoples, Cassell, 1998, ISBN 0-304-34912-7
  • J. A. Crook, Law and Life of Rome, 90 BC–AD 212, 1967, ISBN 0-8014-9273-4
  • Donald R. Dudley, The Civilization of Rome, 2nd ed., 1985, ISBN 0-452-01016-0
  • Arther Ferrill, The Fall of the Roman Empire: The Military Explanation, Thames and Hudson, 1988, ISBN 0-500-27495-9
  • Freeman, Charles (1999). The Greek Achievement: The Foundation of the Western World. New York: Penguin. ISBN 0-670-88515-0.
  • Edward Gibbon, The History of the Decline and Fall of the Roman Empire, 1776–1789
  • Adrian Goldsworthy, The Punic Wars, Cassell & Co, 2000, ISBN 0-304-35284-5
  • Adrian Goldsworthy, In the Name of Rome: The Men Who Won the Roman Empire, Weidenfield and Nicholson, 2003, ISBN 0-297-84666-3
  • Adrian Goldsworthy, The Complete Roman Army, Thames and Hudson, 2003, ISBN 0-500-05124-0
  • Michael Grant, The History of Rome, Faber and Faber, 1993, ISBN 0-571-11461-X
  • Tom Holland, Rubicon, Little Brown, 2003, ISBN 0-316-86130-8
  • Andrew Lintott, Imperium Romanum: Politics and administration, 1993, ISBN 0-415-09375-9
  • Edward Luttwak, The Grand Strategy of the Roman Empire, Johns Hopkins University Press, ISBN 0-8018-2158-4
  • Reid, T. R. (1997). "The World According to Rome". National Geographic 192 (2): 54–83. http://ngm.nationalgeographic.com/.
  • Antonio Santosuosso, Storming the Heavens: Soldiers, Emperors and Civilians in the Roman Empire, Westview Press, 2001, ISBN 0-8133-3523-X

Enlaces externos[editar]