Cloaca Máxima

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La Cloaca Máxima (latín Cloaca Maxima) era una de las más antiguas redes de alcantarillado del mundo. Construida en la Antigua Roma con el fin de drenar los pantanos locales y eliminar los desperdicios de una de la ciudades más pobladas del mundo antiguo, llevaba un efluente hacia el río Tíber, el cual corría a la par de la ciudad.

El nombre significa literalmente "La Alcantarilla Mayor". De acuerdo con la tradición, su construcción pudo haber iniciado alrededor del año 600 A.C. por órdenes del rey de Roma Lucio Tarquino Prisco. Esta obra pública fue mayormente lograda gracias a la dirección de ingenieros etruscos y al trabajo semiforzoso de grandes cantidades de obreros provenientes de las clases más pobres de la ciudadanía romana.[1]

Mapa del subsuelo de Roma en los tiempos del Imperio romano, mostrando la Cloaca Máxima.

A pesar de ser descrita por Tito Livio como excavada en el subsuelo de la ciudad, otras fuentes (y el propio trazado del alcantarillado) indican que el sistema original se trataba de un canal a cielo abierto que recogía las aguas de los cursos naturales descendentes de las colinas, drenando también la planicie del Foro Romano; este canal, algunas veces excavado por debajo del nivel del suelo, fue cubierto progresivamente debido a las exigencias de espacio del centro de la ciudad. Posiblemente, ambas teorías sean correctas, y, ciertamente, algunas de las partes más bajas de la Cloaca Máxima parecen haber sido construidas originalmente bajo el suelo.

La Cloaca Máxima se mantuvo en buen estado durante toda la época imperial. Por ejemplo, existen indicios de una inspección y trabajos de mantenimiento en la alzada de Agripa en el año 33 a. C. Los restos arqueológicos revelan intervenciones en épocas distintas, con diversos materiales y técnicas de construcción. Su funcionamiento continuó durante mucho tiempo tras la caída del Imperio romano.

Desde la red principal partían muchas otras ramas, pero parece ser que eran tomas "oficiales" que conducían los desperdicios desde baños públicos, retretes públicos y otros edificios de este tipo. Las residencias privadas de Roma, incluidas las más lujosas, debían conformarse con un pozo ciego o algún otro arreglo similar.


La Cloaca Maxima fue periódicamente supervisada a lo largo del Imperio, y algunos indicios señalan que quizás estuvo en funcionamiento hasta después de la caída del Imperio romano de Occidente. En el año 33 a.C, se sabe que había sido inspeccionada y drenada por orden de Marco Vespasiano Agripa, y los estudios arqueológicos han revelado evidencias procedentes de distintas eras, que indican que los sistemas sanitarios recibían una atención periódica. En épocas más recientes, los pasajes aún existentes se han conectado a la moderna red de alcantarillado de Roma, principalmente para enfrentarse a la corriente contraria del río. Se pensaba que la Cloaca Maxima era presidida por la diosa Cloacina.

Salida de la Cloaca Maxima tal como es posible verla hoy.

Se sabe que los romanos habían arrojado cuerpos de fallecidos a las alcantarillas en lugar de enterrarlos propiamente -en cifras variables, según la fuente-. Entre ellos, el emperador Heliogábalo o San Sebastián: Esta última escena es incluso el tema de una obra de arte de Lodovico Carracci. La salida de la Cloaca Maxima al río Tiber es todavía visible hoy desde las cercanías del Puente Rotto con el Puente Palatino. Hay una escalera de acceso que desciende visiblemente desde la Basilica Julia, en el Foro. (Algunas imágenes aquí, y aquí.) Parte es visible desde la superficie situada en frente de la iglesia de San Giorgio al Velabro.

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Referencias[editar]

  1. The Cloaca Maxima and the monumental manipulation of water in archaic Rome, por John N. N. Hopkins, en página del Institute for Advanced Technology in the Humanities (en inglés)