Golpe de Estado en España de julio de 1936

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Este artículo trata sobre las circunstancias históricas y el desarrollo del pronunciamiento. Para la visión que la propaganda franquista dio de estos hechos, véase Alzamiento Nacional.
Golpe de Estado de julio de 1936
Golpe de Estado en España de julio de 1936

Situación del país hacia el 25 de julio de 1936.


Contexto del acontecimiento
Fecha: 17-23 de julio de 1936
Sitio: Flag of Spain 1931 1939.svg España
Merchant flag of Spanish Morocco.svg Marruecos español
Impulsores: Emilio Mola[n. 1]
José Sanjurjo
Gonzalo Queipo de Llano
Francisco Franco
Manuel Goded
Motivos: Descontento del ejército, revolución obrera, conflictividad agraria, conflictividad religiosa, conflictividad social, nacionalismos periféricos.
Influencias ideológicas de los impulsores: Nacionalismo español, nacionalcatolicismo, fascismo, conservadurismo, tradicionalismo

Gobierno previo
Gobernante: Manuel Azaña
Forma de gobierno: República parlamentaria

Gobierno resultante
Gobernante: Flag of Spain 1931 1939.svg Zona republicana: Manuel Azaña
Flag of Spain (Civil) alternate colours.svg Zona nacional: Miguel Cabanellas
Forma de gobierno: Flag of Spain 1931 1939.svg República parlamentaria
Flag of Spain (Civil) alternate colours.svg Dictadura militar

El golpe de Estado de julio de 1936 fue una sublevación militar dirigida contra el gobierno de la Segunda República Española y cuyo fracaso parcial condujo a la Guerra Civil Española y, derrotada la República, al establecimiento de la dictadura de Francisco Franco, que se mantuvo en el poder en España hasta 1975.

Contenido

[editar] Antecedentes

[editar] Situación política y social en la Segunda República

Artículo principal: Segunda República Española

A lo largo de la Segunda República Española el clima político español se había ido volviendo cada vez más extremista y violento, destacando la Revolución de 1934 y la consiguiente represión.

En las elecciones generales del 16 de febrero de 1936 se manifestó la polarización de la vida política. La izquierda se presentó unida en una coalición denominada Frente Popular que abarcaba desde la Unión Republicana de Diego Martínez Barrio hasta el PCE, pasando por el PSOE, ERC y la IR de Manuel Azaña. Enfrente la mayor parte de los partidos de derecha se agruparon en el Frente Nacional Contrarrevolucionario (CEDA, Renovación Española, Comunión Tradicionalista carlista, Lliga Catalana, etc.), del cual sin embargo no formaron parte ni la Falange ni el PNV. Ganó el Frente Popular con mayoría absoluta.

A partir de ese momento se desató una oleada reivindicativa con numerosas huelgas. Pronto entraron en acción grupos paramilitares, principalmente falangistas, que con sus atentados buscaban crear una espiral de acción-reacción. Los militantes de partidos de izquierda respondieron con más violencia, creando también milicias paramilitares. Únicamente en el mes de febrero de 1936 se contabilizaron 441 asesinatos en todo el país.[1]

[editar] La conspiración golpista

Desde el mismo momento de la victoria electoral del Frente Popular, oficiales reaccionarios y monárquicos comenzaron la preparación de una sublevación militar.[2] El 10 de agosto de 1932 tuvo lugar el primer intento de golpe de Estado contra la República, liderado por el general Sanjurjo y llamado por ello "La Sanjurjada".[3] Fracasó y Sanjurjo fue capturado. Más tarde Sanjurjo se exilió en Portugal, desde donde siguió participando en conspiraciones golpistas. En 1934 el rey Alfonso XIII, que estaba exiliado en Italia, pidió apoyo a Mussolini para "un eventual golpe de Estado que se produjera en España para (...) restaurar la Monarquía" y consiguió que el gobierno fascista italiano se comprometiese a aportar 1.500.000 pesetas, 200 ametralladoras, fusiles y granadas de mano. Firmaron el acuerdo por parte española el general Barrera y representantes de los partidos Renovación Española (monárquico) y Comunión Tradicionalista (carlista).[4] [5]

En 1935 el líder de la CEDA, José María Gil-Robles, consiguió la cartera de ministro de la Guerra en el Gobierno y procedió a nombrar a generales derechistas para los puestos clave: Franco como jefe del Estado Mayor Central, Fanjul como subscretario de Gil-Robles, Goded responsable de Aeronáutica y Mola jefe de las fuerzas en Marruecos. En esta época la derechista Unión Militar Española se dividió entre los que seguían queriendo dar un golpe de Estado para acabar con la democracia y los que preferían "penetrar" el sistema político desde el poder.[5] En enero de 1936 el presidente de la República disolvió las Cortes y convocó elecciones para el 16 de febrero. Varios generales acordaron entonces sublevarse el 19 de febrero si el Frente Popular ganaba las elecciones.[6] Cuando efectivamente la izquierda ganó, tanto Gil-Robles como Franco presionaron al presidente del Gobierno saliente para declarar el estado de guerra pero este se negó. No hubo sin embargo sublevación militar, aparte de un intento de Fanjul.

El nuevo presidente, Manuel Azaña destituyó a Fanjul y trasladó a Franco, Goded y Mola a destinos alejados de Madrid y con responsabilidades menos importantes. Estos generales se reunieron con otros de ideas similares en Madrid el 8 de marzo, antes de partir hacia sus nuevos puestos, y acordaron llevar a cabo un golpe de estado en caso de amenaza grave a "la unidad de la patria" y quiebra límite del orden público.[7] Acordaron también ofrecer la jefatura al exiliado general Sanjurjo y que el coordinador en España fuera el general Rodríguez Barrio.[6]

El general Gonzalo Queipo de Llano, que estaba organizando otra conspiración golpista por su cuenta, visitó a Mola en Pamplona el 12 de abril. Tras informarse mutuamente de sus respectivos planes decidieron colaborar.[7] El 19 de abril el general Rodríguez del Barrio intentó un alzamiento militar en Madrid y fracasó. La coordinación de la conspiración pasó entonces a Mola,[8] que en los meses siguientes hizo circular una serie de "instrucciones" o directivas en las que detallaba sus planes para la sublevación. El 7 de junio Mola recibió la visita sorpresa del Director General de Seguridad, en busca de pruebas contra los conspiradores, pero se salvó gracias a un aviso recibido doce horas antes.[7] Mola entabló una negociación con la Comunión Tradicionalista para que el Requeté carlista, fuerza paramilitar concentrada principalmente en Navarra y el País Vasco, se uniese a la sublevación. Mola se negó inicialmente a aceptar las exigencias de los carlistas, partidarios de una monarquía clerical que querían luchar bajo la bandera rojigualda y el Sagrado Corazón de Jesús, mientras que Mola defendía una "dictadura republicana" donde la Iglesia siguiera estando separada del Estado.[9] Sin embargo el 11 de julio Sanjurjo aceptó las principales reivindicaciones carlistas y el 14 estos anunciaron su adhesión al levantamiento.[7] El 10 de julio también se unieron al plan de Mola José Calvo Sotelo y su partido, Renovación Española.[7]

En paralelo los conjurados alquilaron un avión para que Franco pudiera trasladarse de Canarias al Marruecos español y tomar allí el mando del sublevado Ejército de África. Para ello el financiero Juan March facilitó fondos al marqués de Luca de Tena, propietario del diario ABC. El corresponsal de ABC en Londres, Luis Bolín, contrató un de Havilland D.H.89 Dragon Rapide que partió de Inglaterra el 11 de julio y llegó a Gran Canaria el día 15.[10]

[editar] Sucesos de julio de 1936

En la dinámica de venganzas y represalias de aquellos días, y con la fecha del pronunciamiento fijada para los días 10 al 20 de julio,[11] el 12 de julio fue asesinado por pistoleros de extrema derecha, carlistas para algunos historiadores, falangistas para otros,[12] el teniente de la Guardia de Asalto José Castillo.

Castillo era conocido por haberse negado a intervenir contra los manifestantes de la Revolución de 1934. Además era miembro de la UMRA e instructor de las milicias de la juventud socialista.[12] El 16 de abril de 1936, durante unos disturbios en Madrid, uno de sus hombres había matado a Andrés Sáenz de Heredia, primo de José Antonio Primo de Rivera y el propio Castillo había herido a un manifestante carlista. Castillo era el número dos en una lista negra de oficiales de izquierdas supuestamente confeccionada por la UME y cuyo número uno, el capitán Carlos Faraudo, ya había sido asesinado.[13]

El mismo día, en Ketama (Marruecos), los principales mandos del Ejército de África coincidieron en unas maniobras en el Llano Amarillo y perfilaron los detalles de la ya inminente sublevación.

A primeras horas del día siguiente, 13 de julio, un grupo de guardias de asalto salió a vengar la muerte de su compañero en la persona de algún político de derechas. Buscaron primero a Antonio Goicoechea y a Gil-Robles pero, al no encontrar a ninguno de ellos, mataron al diputado José Calvo Sotelo, líder de Renovación Española. Este asesinato causó gran conmoción en la opinión pública. El Gobierno lo condenó rápidamente y ordenó el arresto inmediato de quince oficiales[cita requerida] de la Guardia de Asalto. El asesinato de Calvo Sotelo contribuyó a decantar a favor del golpe de Estado a algunos militares que estaban indecisos, entre ellos y según Paul Preston, a Franco.

[editar] Plan militar de la sublevación

Plan golpista trazado por Emilio Mola.[14]

Inicialmente, temiendo que las guarniciones de Andalucía no apoyarían la sublevación, Mola tuvo que limitarse en sus planes a esperar que la 2ª División Orgánica (Sevilla), al igual que la 1ª, “si no se suman al movimiento, por lo menos adopten una actitud de neutralidad benévola…”[15]

Inicialmente Mola fijó el 10 de julio como fecha para el golpe.[16]

El 24 de junio Mola modificó sustancialmente el plan de la sublevación, estableciendo que el Ejército de África debería “organizar las columnas mixtas, sobre la base de la Legión, una en la Circunscripción Oriental y otra en la Occidental, que desembarcarán, respectivamente, en Málaga y Algeciras.”[17] Desde estos puertos los sublevados convergerían en Córdoba y a continuación marcharían sobre Madrid por Despeñaperros.[14]

Las instrucciones de Mola estipulaban que todas las unidades implicadas en el alzamiento estuvieran ‘’dispuestas’’ el día 17 a las 5 de la tarde (el 17 a las 17 horas), para empezar el Alzamiento en Marruecos.[18] En puntos clave de la península empezaría el día 18, y en otros sitios (incluida Pamplona), el 19. La noticia de la sublevación en Marruecos sembró la confusión entre los conspiradores de la península: ¿Tenían que atenerse a la fecha planeada, o también tenían que adelantar su actuación?[19]

[editar] Desarrollo: 17 al 20 de julio de 1936

[editar] Sublevación en Melilla

La sublevación militar que daría lugar a la Guerra Civil Española comenzó en Melilla. En la mañana del 17 de julio, los oficiales de Melilla comprometidos con la conspiración celebraron una reunión en el departamento de cartografía del Cuartel general. El Coronel Juan Seguí, jefe de la falange local y de la sublevación en el Marruecos oriental, comunicó a sus compañeros la hora exacta en que comenzaría la sublevación: las 5 de la mañana del día siguiente.[20] Uno de los dirigentes locales de Falange, Álvaro González, traicionó a los conspiradores e informó al dirigente local de Unión Republicana, quién se le confió al presidente de la Casa del Pueblo, quien a vez se lo comunicó a Romerales.[20] Cuando los conspiradores volvieron a la sala de cartografía después de comer, y cuando ya se habían repartido las armas, el teniente Zaro rodeó el edificio con soldados y policías.[20] Sorprendidos, uno de estos, el Coronel Darío Gazapo, preguntó jovialmente a Zaro:

Darío Gazapo:¿Qué le trae por aquí, teniente?.
Teniente Zaro:Tengo que registrar el edificio en busca de armas.
Gazapo dijo entonces que se necesitaba una orden del general de la Circunscripción y telefoneó a Romerales
D. G.:¿Es cierto, mi general, que ha dado usted órdenes de que se registre el departamento cartográfico?.
Romerales:Sí, sí, Gazapo, hay que hacerlo.
Hugh Thomas, La Guerra Civil Española[21]
Vista de la zona histórica de Melilla.

Gazapo, que era un oficial miembro de la Falange, telefoneó a una unidad de la Legión extranjera para que acudiera a auxiliarle; Ante la presencia de la Legión, Zaro vaciló y se rindió.[21] Entonces, el coronel Seguí se dirigió al despacho de Romerales, donde entró pistola en mano. En el interior del despacho se estaba produciendo un altercado entre unos oficiales de Romerales que insistían en que el general debía dimitir, y otros que querían resistir. Casares Quiroga, que había sido informado de la aviesa reunión en el departamento cartográfico, había ordenado a Romerales que detuviera a Gazapo, Seguí y todos aquellos oficiales que se mantuvieran insurrectos. Pero en una situación como aquella, ¿Quién iba a llevar a cabo una orden como aquella? Romerales permanecía indeciso.[21]

Entonces Seguí entró en el despacho y, a punta de pistola, obligó al general a rendirse. Los oficiales insurrectos declararon el estado de guerra, ocuparon todos los edificios públicos de Melilla (incluido el aeródromo) en nombre del General Franco como Comandante en Jefe de Marruecos (a pesar de que todavía se encontraba en las Canarias), cerraron la Casa del Pueblo y los centros izquierdistas, deteniendo a todos aquellos dirigentes de grupos republicanos o de izquierdas.[21] Varios enfrentamientos tuvieron lugar en los alrededores de la casa del Pueblo y en los barrios obreros, pero los trabajadores fueron cogidos por sorpresa y carecían de armas. Todos los detenidos que se habían resistido a la rebelión fueron fusilados, incluidos Romerales, el delegado del gobierno y el alcalde.[21] Al atardecer, se habían conseguido listas de miembros de sindicatos, partidos de izquierdas y logias masónicas. Todas las personas que figuraban en las listas también fueron detenidas. Cualquiera del que solamente se supiera que había votado por el Frente Popular en las elecciones de febrero estaba en peligro.[21] A partir de entonces Melilla se rigió de acuerdo por la Ley marcial. En la Base de Hidroaviones del Atalayón, a pocos Km. de Melilla, el Comandante Leret Ruiz fue uno de los pocos que logró resistir efectivamente a los sublevados. Estuvo resistiendo durante varias horas hasta que agotó la munición y él y sus pocos hombres se vieron superados ante los 2 tabores de regulares que fue enviada para suprimir su resistencia.[21]

Esta forma de insurrección fue el modelo que se siguió en el resto de Marruecos y en España.[21]

[editar] Protectorado de Marruecos y Ceuta

Entretanto, el coronel Seguí telefoneó a los coroneles Eduardo Sáenz de Buruaga y Juan Yagüe, encargados de la organización de la conspiración en Tetuán y Ceuta, respectivamente: la primera era la capital del Marruecos español, y la segunda una importante plaza fuerte.[22] También telegrafió a Franco (que se encontraba en Las Palmas para asistir al entierro del General Balmes), explicándole el por qué el Alzamiento en Melilla había comenzado antes de la hora convenida. Sáenz de Buruaga y Yagüe pasaron entonces a la acción, improvisando 12 horas antes de lo que estaba previsto día 18.[22]

En Madrid, el presidente Casares Quiroga intentó localizar al general Gómez Morato, general en jefe del Ejército de África. Lo encontró en el Casino de Larache:

Casares Quiroga: General, ¿qué ocurre en Melilla?
Gómez Morato: ¿En Melilla?
C.Q.: ¿Pero no sabe usted nada?
G.M.: No, señor ministro.
C.Q.: ¡Se ha sublevado la guarnición!
Hugh Thomas, La Guerra Civil Española[22]

Gómez Morato salió del casino y tomó un avión para dirigirse a Melilla, donde fue arrestado nada más bajarse. En Tetuán los coroneles Asensio, Beigbeder y Saénz de Buruaga también se habían sublevado para entonces. Este último telefoneó al Alto comisario en funciones, Álvarez Buylla que se encontraba en su residencia, y, dirigiéndose a él arrogantemente, le pidió que dimitiera.[22] Álvarez Buylla telefoneó a Casares Quiroga, quién le ordenó que resistiera a toda costa, diciéndole que la Marina y las fuerzas aéreas le proporcionarían ayuda al día siguiente. Pero el alto comisario se encontraba encerrado en su propia casa, acompañado por unos oficiales que se mantenían leales.[22] En el exterior, la 5ª Bandera de la Legión, al mando de Antonio Castejón, estaba cavando trincheras en la plaza.[23] Poco después, el comandante De la Puente Bahamonde (primo del General Franco), telefoneaba al Alto Comisario desde el Aeródromo de Sania Ramel para decir que él y su escuadrilla aérea permanecerían leales al gobierno. Resistid, resistid, les animó Álvarez Buylla, tal como Casares le había alentado a él. Pero, lo cierto, es que para entonces, la residencia del Alto Comisario y el aeródromo de Sania Ramel eran los únicos puntos de Tetuán que no habían caído en manos de los coroneles sublevados, quienes (al igual que sus compañeros de armas de Melilla), habían aplastado toda resistencia de los grupos sindicalistas o de izquierdas y republicanos.[22]

Organización administrativa del Protectorado de Marruecos.

El Coronel Beigbeder, acudió a informar al jalifa Muley Hassan, y al gran visir de Tetuán de lo que estaba pasando, y consiguió su apoyo.[22] Muley Hassan era un títere de España desde 1925 y no tardaría en proporcionar ayuda física, en forma de voluntarios marroquíes. En Ceuta, a las 11 de la noche, Yagüe con la 2ª Bandera de la Legión se apoderó de la ciudad fácilmente, sin necesidad de disparar ni un solo tiro.[22] En Larache, la única ciudad importante que quedaba en el Marruecos español, en la costa atlántica, la sublevación se produjo a las 2 de la madrugada del 18 de julio, encontrándose con una encarnizada lucha. Murieron 2 oficiales rebeldes y 5 guardias de asalto fieles al gobierno, pero al amanecer toda la ciudad estaba en manos de los rebeldes, y todos los escasos efectivos que se habían mantenido fieles al gobierno, habían sido encarcelados, fusilados o habían huido al Marruecos Francés.[22]

Para esas horas, en Tetuán, el Comandante De la Puente Bahamonde había rendido el aeródromo (no sin antes haber inutilizado los aviones de su escuadrilla) ante el cerco de los hombres de Saénz de Buruaga. Al atardecer del 18 de julio, acababa en África (concretamente en Tetuán) la última resistencia republicana.[24] La lucha en África había sido corta pero encarnizada, y dejó huella en el Ejército y en la población civil. El general en jefe del Ejército de África, Gómez Morato, estaba en la cárcel, y el comandante de la Circunscripción Oriental, Romerales, había sido fusilado (el comandante de la Circunscripción Occidental, el General Capaz, se encontraba en Madrid de permiso).[24] En la Legión Extranjera, el inspector fue destituido junto con el comandante de la 1ª Bandera, mientras que el comandante de la 2ª Bandera, Yagüe, asumió el mando general. De los 5 jefes de tropas nativas, 3 (los coroneles Asensio, Barrón y Delgado Serrano) se unieron a la sublevación; El cuarto, el coronel Caballero, fue fusilado en Ceuta por negarse a unirse al Alzamiento mientras que el quinto, Romero Bassart, se había opuesto y huyó al Marruecos francés.[25]

[editar] Canarias

[editar] Sevilla

Mapa de los principales combates en Sevilla y alrededores entre el 19 y el 23 de julio.[26]

[editar] Resto de Andalucía

[editar] Navarra y País Vasco

[editar] Castilla la Vieja

[editar] Aragón

[editar] Madrid

En Madrid se encontraba la principal concentración de fuerzas militares. La organización militar territorial se componía de los cuarteles de la primera División Orgánica, once regimientos, cuatro batallones independientes, dos grupos de artilleros especializados, las fuerzas y parques dimisionarios y de cuerpo de ejército, el depósito de Remonta, algunas escuelas militares y la administración de los ejércitos. En los alrededores estaban los aeródromos militares de Getafe y Cuatro Vientos con ocho escuadrillas operativas, junto con el recién estrenado de Barajas, de uso civil.[27] Mola había diseñado el plan para Madrid confiando sólo en tres generales: general Fanjul, el general García de la Herrán y el general Villegas, a cada uno de los cuales se le dio un cometido específico para el día 19. La situación de la conspiración en Madrid era completamente caótica: nadie parecía saber qué hacer y Mola no había conseguido coordinar las acciones de los conspiradores y no se conocía la actitud de los oficiales del ejército que rodeaban a Joaquín Fanjul o si el comandante de la 1ª Brigada de Infantería (el general Miaja) estaba o no con los rebeldes.[28] En el último minuto ni siquiera se sabía quién dirigía la sublevación en Madrid, si el políticamente activo Fanjul o García de la Herrán, general al mando del regimiento de Carabanchel.[29] Según los planes iniciales de Mola el general Fanjul se debía hacer cargo de la Primera División,[30] y García de la Herrán del Campamento de Carabanchel como apoyo. La instrucción de última hora enviada, procedente de Mola a los tres generales de Madrid es la de contemporizar con el Gobierno hasta la llegada de tropas del norte, y en caso de verse copados sacar las tropas de los cuarteles y dirigirse a la Sierra de Madrid.

El General Fanjul debido al cariz de los acontecimientos pensaba viajar a Burgos, pero una visita del comandante Castillo a su vivienda le hizo cambiar de opinión y se personó a mediodía del día 19 en el Cuartel de la Montaña vestido de paisano y acompañado de su hijo.[31] Durante estas horas intentó comunicarse con el Campamento de Carabanchel, justo en esos instantes se interrumpió la comunicación al ser intervenidas por el Gobierno. Las piezas de artillería de 7.5 milímetros no pudieron utilizarse debido a las operaciones de mantenimiento a la que se veían sometidas desde días antes.[32] Entre tanto, el gobierno republicano se decidió finalmente a repartir fusiles, siendo entregados desde el Ministerio de la Guerra hacia los centros de la CNT y la UGT, donde fueron recibidos por las masas que aguardaban impacientes.[33] En este instante se planteó un grave problema: se entregaron 65.000 fusiles, pero de estos solos 5000 tenían cerrojo. Los 60.000 cerrojos restantes estaban en el Cuartel de la Montaña. El ministro de la Guerra ya había ordenado al coronel Serra, al mando del cuartel, que los entregara pero se negó rotundamente y la Dirección General de Seguridad cortó las comunicaciones del cuartel. Su negativa a hacerlo señaló el comienzo de la sublevación militar en Madrid.[34]

A lo largo del día se habían ido reuniendo oficiales de otros cuarteles y bastantes falangistas y monárquicos. El general Fanjul les lanzó un discurso sobre los objetivos del alzamiento y su legalidad.[35] Luego los rebeldes intentaron lanzarse a las calles de la capital, pero para entonces ya se había reunido ante las puertas del cuartel una inmensa multitud. Había presentes un buen número de obreros, así como Guardias de Asalto y Guardia Civil: En total unos 8.000 congregados en torno al cuartel.[36] Lo cierto es que fue un error fatal encerrarse en el Cuartel de la Montaña de esta manera. Allí Fanjul esperó ayuda de la sierra, pero fue al desastre. Ya para las 10 y media de la mañana, Fanjul y Serra estaban heridos. La caída de una bomba en el patio causó algunos heridos más pero, sobretodo, la moral de los sitiados cayó en picado ante el empeoramiento de la situación. La artillería también estaba siendo eficaz.[37] Unos minutos más tarde apareció una bandera blanca en una de las ventanas y la multitud avanzó hacia el edificio para recibir la esperada rendición. Pero fue recibida con fuego de ametralladoras, hecho que se repitió dos veces más y que enloqueció a los atacantes. La cuestión de las banderas se debió más a la confusión reinante dentro de los sitiados que a una decisión premeditada.[38] Pocos minutos antes del mediodía, hasta que al derribarse uno de ellos a mediodía del 20, cuando la Guardia Civil acompañada de la población entró en el Cuartel; La gran puerta del cuartel cedió ante los repetidos asaltos. Y en ese momento la multitud penetró violentamente en el patio donde, durante unos minutos, todo fue histeria y gran carnicería. Murieron varios centenares de los defensores, entre ellos el Coronel Serra, mientras que 12 oficiales heridos sobrevivieron al linchamiento y otros 14 fueron hechos prisioneros, siendo enviados a la Cárcel Modelo. El general Fanjul pudo ser sacado de allí con dificultad para ser juzgado por rebelión militar.[39]

La caída del cuartel de la montaña fue el icono de la victoria gubernamental y de las masas obreras frente a la rebelión. Las demás guarniciones de Madrid no corrieron mejor suerte: un intento de sublevación en la base aérea de Getafe fue aplastado por los militares leales, los cuarteles de Carabanchel se mantuvieron fieles, tras la muerte del general García de la Herrán a manos de sus propios soldados cuando intentó sublevar los cuarteles.[40] La excepción fue el el Regimiento de Transmisiones de El Pardo que siguiendo las instrucciones dadas por Mola, se embarcó en camiones y se dirigió al Puerto de Navacerrada y allí convenció a las tropas de Asalto leales que se dirigían a La Granja para cortar el avance de una columna procedente de Valladlid.

[editar] Cataluña y Baleares

Mapa de los combates en Barcelona el 19 de julio de 1936.[41]

[editar] Asturias

Véanse también: Sitio de Gijón y Sitio de Oviedo

[editar] Galicia

[editar] Valencia y Murcia

[editar] La represión en las zonas sublevadas

Aunque Mola pensaba probablemente en las autoridades republicanas y dirigentes sindicales y políticos y no en sus compañeros de armas, era consciente de que muchos oficiales sentían escasa simpatía por el movimiento golpista y en una de sus instrucciones advertía:

"Ha de advertirse a los tímidos y vacilantes, que el que no esté con nosotros, está contra nosotros, y que como enemigo será tratado. Para los compañeros que no son compañeros el movimiento triunfante será inexorable".[42]

Las amenazas de Mola se cumplieron plenamente y al estallar la sublevación, ésta vino acompañada sistemáticamente de una represión feroz de la que eran víctimas todos los que oponían resistencia al golpe, incluyendo aquellos militares que optaron por mantenerse leales al poder legalmente establecido o incluso los que mostraron dudas, sin excepciones por parentesco o amistad. Se dio la trágica paradoja de que los oficiales que permanecieron leales a la legalidad republicana se enfrentaron a consejos de guerra en los que sus compañeros golpistas los juzgaban, condenaban y ejecutaban por el delito de rebelión.[43]

A pesar de la descoordinación de los golpistas en todas partes la pauta seguida fue muy similar: insurrección; detención y fusilamiento de jefes y oficiales opuestos o indecisos; adhesión de milicias falangistas y carlistas allí donde existían; control de las calles y puntos estratégicos; incursiones de castigo en los barrios obreros y asesinato de alcaldes, gobernadores civiles, autoridades republicanas y líderes obreros y políticos de izquierda.[44]

[editar] Situación final

Situación tras el fracaso parcial del golpe de Estado, el 23 de julio de 1936. En azul las controladas por los sublevados.[45]

Aunque no existe ninguna fecha oficial para el final de la sublevación, muchos historiadores[46] coinciden en señalar la fecha del 20 de julio de 1936 como el final de la fase de sublevación y el inicio de la guerra propiamente dicha.

En ese momento los sublevados controlaban aproximadamente un tercio del territorio que incluía la práctica totalidad de Galicia, Castilla la Vieja, León, Álava, Navarra, la mitad occidental de Aragón (incluyendo las 3 capitales provinciales), el norte de Cáceres (incluyendo la capital), Canarias (excepto La Palma), Baleares (excepto Menorca), Ceuta, Melilla y todos los territorios coloniales españoles a excepción de la Guinea Española. También estaban bajo control de los sublevados las ciudades de Oviedo, Granada, Córdoba, Cádiz y Sevilla, así como un estrecho corredor que unía a estas últimas.

Los rebeldes controlaban grandes áreas cerealísticas, pero la industria, tanto pesada como ligera, así como las grandes ciudades españolas (Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao) seguían en manos de la República.

Hubo tímidos intentos de llegar a algún compromiso, como por ejemplo una llamada telefónica de Martínez Barrio al general Mola a las dos de la madrugada del 19 de julio, pero ninguno de los bandos en conflicto estaba dispuesto a ceder, por lo que la sublevación se convirtió en una guerra civil que duró 3 años.

[editar] Fuerzas sublevadas

Tal como señala el general Casas de la Vega, las guerras las hacen los ejércitos que se enfrentan. En este caso y por tratarse de una guerra civil, en la Guerra de España de 1936 a 1939 intervino un solo ejército que se partió en dos y combatió consigo mismo en una de las más trágicas contiendas de la historia:

Si hemos de ver por qué se combate y cómo se combate en nuestra guerra, parece indispensable saber, primero por qué y cómo se partió el Ejército único e inicial, qué eran aquellos dos Ejércitos que se combaten , quiénes los mandaban y dónde estaban ubicadas sus unidades
Rafael Casas de la Vega, Franco, militar página 327

[editar] Consideraciones jurídicas

En un auto dictado el 16 de octubre de 2008, Baltasar Garzón introdujo el "alzamiento nacional" como nuevo objeto del procedimiento de denuncia de las desapariciones forzadas, tipificándolo como delito contra los altos organismos de la nación y la forma de gobierno, objeto competencia de la Audiencia Nacional.[47]


[editar] Notas

  1. Mola también falleció, pero no fue durante la sublevación, sino en el transcurso de la guerra.

[editar] Fuentes

[editar] Referencias

  1. Hurtado, pp.12-13
  2. Jackson, pag. 206
  3. Maura, Miguel (2007). «capítulo II: La Sanjurjada». En Joaquín Romero Maura. Así Cayó Alfonso XIII. Marcial Pons Historia. ISBN 978-84-96467-44-6. , p.457 y siguientes
  4. Urbano, Pilar (2011). El precio del trono. Barcelona: Planeta. ISBN 978-84-08-10717-0. , pp.17-18
  5. a b Objetivo: Acabar con la República, Historia 16 Extra III de junio de 1977, Manuel Tuñón de Lara.
  6. a b José Luis Martín Ramos, "La sublevación de julio de 1936" en Víctor Hurtado, La sublevación, pp.4-7
  7. a b c d e Ferrer Muñoz, Manuel (1994). «Navarra y País Vasco, 1936: Conspiración contra la República». Cuadernos de Sección. Historia-Geografía (22):  pp. 239-264. http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/vasconia/vas22/22239264.pdf. 
  8. Ruiz Manjón-Cabeza, Octavio (1986). La Segunda República y la guerra. Historia general de España y América (2 edición). Rialp. ISBN 9788432121159. , p.278
  9. Salas, Nicolás (1992). Sevilla fue la clave: república, alzamiento, Guerra Civil (1931-1939). Castillejo. ISBN 8480580003. , p.199
  10. Hurtado, Víctor, pp.28-29
  11. Jackson pag. 209
  12. a b Jackson pag. 211
  13. Preston pag. 176
  14. a b Hurtado, p.15
  15. Ortiz, p.50
  16. Ortiz, p.74
  17. Ortiz, p.55
  18. Hugh Thomas, pág. 241
  19. Hugh Thomas, pág. 241
  20. a b c Hugh Thomas, pág. 239
  21. a b c d e f g h Hugh Thomas, pág. 240
  22. a b c d e f g h i Hugh Thomas, pág. 241
  23. Hugh Thomas, pág. 241
  24. a b Hugh Thomas, pág. 248
  25. Hugh Thomas, pág. 249
  26. Hurtado, p.37
  27. Ruiz Manjón-Cabeza, Octavio (1990) (en es). La Segunda República y la guerra (1ª edición). Madrid: Rialp. pp. 405. ISBN 84-321-2115-0. 
  28. Hugh Thomas, p. 269
  29. Hugh Thomas, p. 269
  30. García Venero, Maximiano (1967) (en es). El general Fanjul: Madrid en el alzamiento nacional (1ª edición). Madrid: Ediciones Cid. pp. 261. 
  31. Cit. opus Madrid en Guerra, pag.49
  32. Montoliú, Pedro (2000) (en es). Madrid en la Guerra Civil - La Historia. I (2ª edición). Madrid: Sílex. ISBN 84-7737-072-9. 
  33. Hugh Thomas, p. 254
  34. Hugh Thomas, p. 255
  35. Hugh Thomas, p. 269
  36. Hugh Thomas, p. 269
  37. Hugh Thomas, p. 270
  38. Hugh Thomas, p. 270
  39. Hugh Thomas, p. 271
  40. Hugh Thomas, p. 271
  41. Hurtado, p.55
  42. Instrucción Reservada nº5 emitida el 20 de junio de 1936. Citada en Blanco pag. 201
  43. Blanco pag. 201
  44. Juliá
  45. Hurtado, pp.74-75
  46. por ejemplo en Jackson pag. 213 ó García de Cortázar pag. 480
  47. El Tribunal Supremo imputa al juez Garzón por prevaricación | España | elmundo.es

[editar] Bibliografía

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