Asedio del Alcázar de Toledo

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Asedio del Alcázar de Toledo
Frente del Centro - Guerra Civil Española
Кольцов Осада Алькасара Толедо 11сент26 1936.JPG
Soldados republicanos durante el asedio.
Fecha 21 de julio27 de septiembre, 1936
Lugar Toledo (España)
Coordenadas 39°51′29″N 4°1′14″O / 39.85806, -4.02056
Resultado Victoria de los sublevados.
Consecuencias
Beligerantes
Bandera de España República Española Bandera de España[1] Fuerzas sublevadas.
Comandantes
Bandera de España José Riquelme
Bandera de España Álvarez-Coque
Bandera de España Antonio Rúbert
Bandera de España Luis Barceló Jover
Bandera de España Ricardo Burillo
Bandera de España Salvador Sediles
Bandera de España Cándido Cabello
Bandera de España Juan Guilloto León
Bandera de España Enrique Líster
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg José Moscardó
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Pedro Romero Bassart

Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Ricardo Villalba Rubio
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Víctor Martínez Simancas

Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Blas Piñar Arnedo[2]
Fuerzas en combate
1ª División Orgánica
• 5.500 milicianos[3]
• Apoyo artillero
• 2-3 tanquetas
Aviación Republicana
• Apoyo aéreo
Fuerzas sublevadas
• 1.028 efectivos[4]
• 2 piezas de artillería
Bajas
Elevadas[5] • 48 muertos
• 438 heridos
• 22 desaparecidos

El Asedio del Alcázar de Toledo fue una batalla altamente simbólica que ocurrió en los comienzos de la Guerra Civil Española. En ella se enfrentaron fuerzas gubernamentales compuestas fundamentalmente por milicianos del Frente Popular y guardias de Asalto contra las fuerzas de la guarnición de Toledo, reforzadas por la Guardia Civil de la provincia y un centenar de civiles militarizados sublevados contra el Gobierno de la República. Los sublevados se refugiaron en el Alcázar de Toledo, entonces Academia de Infantería, Caballería e Intendencia, acompañados de sus familias. Las fuerzas republicanas empezaron el asedio sobre el fortín de los sublevados el 21 de julio de 1936 y no lo levantarían hasta el 27 de septiembre, tras la llegada del Ejército de África al mando del general José Enrique Varela, haciendo Franco su entrada en la ciudad al día siguiente.

Precedentes[editar]

El general Emilio Mola Vidal fue el director del golpe. El 17 de julio de 1936, Francisco Franco no proclamó ninguna sublevación militar de las fuerzas españolas en Marruecos, Franco se adhirió. En consecuencia, el 18 de julio el gobernador militar de la provincia de Toledo, el coronel José Moscardó, se puso al mando de la Guardia Civil de dicha provincia.

Durante el 19 y el 20 de julio, el Ministerio de Guerra del Gobierno republicano hizo varios intentos para obtener munición en la Fábrica de Armas de Toledo. Cada vez que era requerida la munición, el coronel Moscardó rehusaba entregarla, por lo que fue amenazado con que fuerzas provenientes de Madrid serían enviadas contra él.

Fuerzas enfrentadas[editar]

Fuerzas republicanas[editar]

Las fuerzas republicanas asentadas en Toledo consistían aproximadamente en 5.000 milicianos[3] de la CNT-FAI y la UGT, además de Guardias de Asalto. Tenían varias piezas de artillería, unos pocos vehículos blindados y 2 ó 3 tanquetas. Las Fuerzas Aéreas de la República realizaron tareas de reconocimiento, apoyados por la artillería y bombardearon el Alcázar en 35 ocasiones.

Fuerzas sublevadas[editar]

Los defensores del Alcázar eran 800 hombres de la Guardia Civil,[6] 8 cadetes de la Academia de Infantería, 1 de la de Artillería y 110 civiles. Las armas de las que disponían eran según el relato de Moscardó:

  • Se contaba con el armamento de la Guardia Civil, Academia, Escuela de Gimnasia y Guardias de Asalto y Seguridad;
  • 800.000 cartuchos de fusil y ametralladora (procedentes de las Fábricas de Armas);
  • 1.200 fusiles Mauser y mosquetones;
  • 200 petardos pequeños de trilita;
  • 50 granadas rompedoras de 7 cm;
  • 50 granadas de mortero Valero de 51 cm;
  • 50 disparos de rompedora;
  • 13 ametralladoras Hotckiss de 7 mm;
  • 13 fusiles ametralladores, de la misma marca y calibre, todo en uso por los alumnos en sus prácticas;
  • 4 cajas (200 granadas) de granadas de mano ofensivas Laffite;
  • 2 piezas de montaña de 7 cm;
  • 1 explosivo eléctrico;
  • 1 mortero de 50 mm;
  • 1 caja (25 granadas) de granadas de mano incendiarias. Pero los oficiales y la Guardia Civil habían logrado traer munición abundante.[7]

Aproximadamente 670 civiles (500 mujeres y 50 niños[8] ) vivieron en el Alcázar durante el asedio. Muchos de éstos eran familiares de los miembros de la Guardia Civil mientras que otros se habían refugiado allí desde diversas partes de la ciudad para salvar sus vidas de los milicianos anarquistas y socialistas. Las mujeres no participaron en la defensa del Alcázar, por su seguridad no se les permitía ni siquiera cocinar o curar a enfermos y heridos. Sin embargo, su presencia en el Alcázar elevó el valor de los hombres para continuar en la defensa. Los civiles que se encontraban dentro del Alcázar estuvieron a salvo de los ataques de las tropas gubernamentales, excepción hecha de los rehenes que los sitiados tomaron en sus salidas del Alcázar y que no salvaron la vida. Las cinco muertes de civiles afines a los sublevados que hubo fueron por causas naturales. Hubo dos nacimientos durante el sitio.

Simbolismo[editar]

El Alcázar de Toledo se convirtió en la residencia temporal de la Monarquía Hispánica después de la reconquista de Toledo contra los musulmanes, pero fue abandonada por Felipe II y en 1850 fue convertida en Academia Militar, bajo el nombre de Colegio de Infantería. Después de un fuego en 1886 partes del Alcázar fueron reforzadas con acero y vigas de hormigón.

El Alcázar se había convertido para ambos bandos en símbolo y cuestión moral. El fracaso ante el Alcázar fue un duro golpe para el bando republicano y una inyección de moral para el nacional.

Cronología del asedio[editar]

21 de julio de 1936[editar]

Esquema de la destrucción del Alcázar de Toledo por la artillería republicana.

La declaración de «Estado de Guerra» fue leída por el capitán Vela Hidalgo, de la Academia Militar, a las 7 de la mañana en Zocodover, la plaza principal de Toledo. Se dieron órdenes para el arresto de conocidos activistas de izquierda de Toledo, pero solamente detuvieron al maestro de la prisión local, Francisco Sánchez López de la Torre, que había preparado a Luis Moscardó para oposiciones, y a algunos militantes de base. Moscardó nombró a un nuevo gobernador civil, el notario Justo del Pozo Iglesias, pues el anterior, Manuel Mª González, se refugió en el Alcázar con su familia. Los sublevados distribuyeron fuerzas por la ciudad: Hospital de Tavera, Fábrica de Armas, Convento de los Carmelitas Descalzos, bancos, Ayuntamiento, Catedral, Plaza de Zocodover, Correos, Teléfonos, Matadero, Cuartel de Asalto (Plaza de Padilla), Prisión Provincial, puertas de la muralla y puentes sobre el Tajo. Los guardias civiles llenaron camiones de munición en la Fábrica de Armas con destino al Alcázar. El Ministerio de la Guerra ordenó el bombardeo aéreo de los sublevados; a las 18 horas, el último de los camiones fue alcanzado de lleno cuando estaba llegando a su destino.

Las tropas republicanas enviadas de Madrid, avanzadillas de la columna del general Riquelme, primero llegaron al Hospital de Tavera, donde fueron rechazadas por las fuerzas al mando del Comandante Ricardo Villalba Rubio profesor de la Escuela Central de Gimnasia y sobrino del General José Riquelme López-Bago. Dicho comandante ostentaba, desde las 18:00 horas de la tarde del día 17 de de julio, el mando de tres capitanes, cuatro tenientes, un alférez, cuatro sargentos y 32 de tropa, guarnición que fue reforzada por un destacamento de la Guardia Civil con 40 hombres y dos oficiales. Al amparo de estas fuerzas se acogieron mujeres, niños, algunos huérfanos, hombres enfermos, las hermanas de la Caridad del Hospital y el capellán del mismo: en total 60 personas no combatientes.[9] Estratégicamente, la posición defendida por dicho comandante era imprescindible para que la Guardia civil, que se encontraba en la fábrica de Armas, pudiera subir la munición al reducto del Alcázar.[10] Los defensores del Hospital de Afuera recibieron a las tropas del general Riquelme con fuego de ametralladora, rechazándolos. Poco después, uno de los carros de combate que acompañaban a la columna atacante se lanzó al asalto del hospital y el Comandante Villalba, junto con el capitán Badenas, salieron del Hospital y lanzaron cargas explosivas que inutilizan el vehículo.[11]

Parada la ofensiva, el Comandante Villalba ordenó la retirada al Alcázar que se hizo de forma ordenada y sin perder un solo elemento bajo sus órdenes.[12] Tras el fracaso ante el Hospital de Tavera, la fuerza del General Riquelme se dirigió a la Fábrica de armas. Un destacamento de 200 guardias civiles estacionado en la Fábrica de Armas empezó a negociar con los republicanos. Durante estas conversaciones, la Guardia Civil envió carros cargados con la munición de la fábrica al Alcázar antes de evacuar y destruir la fábrica. Riquelme telefoneó esa noche al sublevado Moscardó conminándole a rendirse.

22 de julio – 13 de agosto de 1936[editar]

Milicianas republicanas durante el Asedio del Alcázar de Toledo durante la Guerra Civil Española

El 22 de julio está ya en Toledo la columna madrileña: dos compañías de infantería, guardias de asalto, una batería de 105mm y un número indeterminado de milicianos ácratas de las «Águilas Libertarias»; además, una compañía de ametralladoras del Regimiento León nº 2 y milicianos del Colegio de Abogados de Madrid, lo que hace un total aproximado de 2500 hombres, frente a los 1250 del Alcázar, en su mayoría profesionales de la milicia. Controlaban la mayor parte de Toledo hacia las 20 horas, y comenzó a organizarse el cerco en torno al Alcázar. Esa noche el ministro de Instrucción Pública, Francisco Barnés, volvió a apelar a Moscardó, para que se rindiese.

El 23 de julio el Coronel Moscardó recibió la llamada del representante del Frente Popular, el jefe local de Izquierda Republicana y secretario del colegio de abogados de Toledo[13] Cándido Cabello quien le conminó a rendirse advirtiéndole que de no hacerlo así, su hijo Luis, quien había sido detenido, sería fusilado. Las fuentes del bando sublevado (confirmadas por numerosos testimonios) tienen un tono heroico, lacónico, patriótico y religioso al hablar del contenido de la conversación (posteriormente se le llegó a comparar con Guzmán el Bueno). La amenaza de matar a Luis Moscardó no se materializó de momento sino que fue enviado a la Prisión Provincial (acusado al parecer, de ser hijo del Coronel Moscardó) pero un mes después de estos hechos, tras un bombardeo aéreo, los milicianos asaltaron la prisión, lo incluyeron en una saca de, al menos, cuarenta prisioneros y fue asesinado.[14] Por otra parte, el presidente de la Diputación hizo todo lo posible por proteger a la esposa y al hijo menor de Moscardó, Carmelo, durante los meses del Toledo revolucionario.[15]

Los historiadores Herbert Southworth[16] e Isabelo Herreros[17] dudan de la versión oficial sobre la conversación y el fusilamiento, y añaden como datos nuevos que Luis Moscardó tenía tendencias liberales y que su entrada en el registro del cementerio de Toledo tuvo carácter retroactivo (Herreros dice que fue en abril de 1956 cuando su cuerpo se trasladó a la cripta del Alcázar junto a la de su padre recientemente fallecido). Después de la aparición de ambos libros se publicó la obra de Alfonso Bullón de Mendoza y Luis Eugenio Togores El Alcázar de Toledo: final de una polémica[18] en la que en base a una exhaustiva investigación bibliográfica y numerosa documentación inédita, entre la que cabe destacar las cartas escritas por Moscardó a su mujer a lo largo del sitio, y su diario personal, queda claro que Moscardó habló con un sólo interlocutor y que éste le amenazó con fusilar a su hijo si no rendía el Alcázar. Hay que señalar que ya muchos años antes, en su libro The Yoke and the Arrows,[19] el periodista norteamericano Herbert L. Matthews había dudado de la versión tradicional de la defensa del Alcázar y la conversación de Moscardó con su hijo, pero que se retractó públicamente tras la publicación de la documentada obra que en respuesta publicó el también periodista Manuel Aznar.[20]

El 24 de julio los sitiados realizaron una salida para conseguir alimentos. Posiblemente bajo la influencia de las amenazas efectuadas contra Luis Moscardó efectivos de la guardia civil asesinaron al Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Toledo, el ex-diputado, periodista y líder histórico de la UGT-PSOE Domingo Alonso Jimeno, que se resistió a sus captores y fue muerto en plena calle, cerca de su vivienda de la calle de la Sierpe, mientras veía cómo arrastraban a su mujer y a su hija al Alcázar. Tales detenciones no fueron del agrado del coronel Moscardó, tal y como dejó escrito en una de las cartas a su mujer: "ayer en una salida que se intentó hacer para requisar víveres, la Guardia Civil tuvo la malhadada ocurrencia de detener a la familia del Concejal Domingo Alonso y traerlos detenidos en rehenes. Me desagradó hasta el extremo, pues creerán que la salida fue únicamente para cogerlos como garantía y yo no soy capaz de hacer eso, es más, me repugna y de buena gana los soltaba; aquí están bien cuidados y atendidos en lo que cabe, por lo menos igual que las familias de los Guardias."[21]

En las Cartas a su mujer, el coronel Moscardó confiesa pasar por varios episodios depresivos, que él llama «blandura»; varias veces confiesa a su esposa que no se suicidará, y surgen por doquier reflexiones religiosas, pues la rutina diaria de las familias católicas no se alteró durante el asedio en el interior de la fortaleza. La capacidad de mando de Moscardó, unánimemente refrendada por sus apologistas, es puesta en duda por algunos historiadores,[22] que sostienen que el verdadero artífice de la defensa del Alcázar fue el teniente coronel de la Guardia Civil Pedro Romero Bassart. Sin embargo, ninguno de los diarios publicados (algunos muchos años después de la muerte de Moscardó) por quienes participaron en la defensa del Alcázar, es decir, por quienes fueron testigos presenciales y protagonistas de los hechos, pone en duda el papel que jugó en la defensa.

El 25 de julio, ante la imposibilidad de comunicarse por radio por falta de electricidad, el capitán Luis Alba Navas salió del Alcázar con la intención de enlazar con las tropas del general Mola y hacerles ver que la rendición del Alcázar difundida por Unión Radio de Madrid ese día era completamente falsa. Para pasar inadvertido se vistió con un mono azul de miliciano. En las proximidades de Torrijos fue reconocido por un antiguo soldado que había estado a sus órdenes; lo apresaron y fue ejecutado cerca de Burujón.

A Riquelme le sucede en el mando de la plaza el teniente coronel de infantería Francisco del Rosal, y a éste el comandante Ulibarri a finales de julio. El gobierno de la República trasladó a Toledo piezas de artillería de gran calibre. Se confiaba entonces en un pronto desenlace, pues la situación en el Alcázar era dramática: los alimentos escaseaban, el agua estaba racionada y la moral estaba muy baja. Se producían suicidios y deserciones (en la segunda semana de agosto ya habían huido de la fortaleza 23 personas para unirse a las filas republicanas). La moral se intentaba mantener con la publicación de un periódico tirado a multicopista, El Alcázar, a cargo del dirigente del Partido Radical Amadeo Roig.

14 de agosto–17 de septiembre de 1936[editar]

El escritor y periodista soviético Mijaíl Koltsov, en el centro, contemplando el asedio republicano.
El comandante republicano Luis Barceló Jover, herido durante los combates.

El 14 de agosto, los republicanos cambiaron de táctica después de constatar que las defensas de la zona norte del Alcázar habían sido notablemente reducidas. Durante las 5 semanas siguientes, los republicanos atacaron once veces la casa del Gobierno Militar, pero fueron repelidos en cada uno de ellos. Si hubieran capturado la casa del Gobernador Militar, habrían podido ubicar en masa a un gran número de tropas a sólo 40 metros del Alcázar. No obstante, la mayoría de los milicianos carecía de instrucción militar y desperdiciaban municiones disparando vanamente fusiles y arillería ligera contra los gruesos muros del Alcázar. En tanto el Alcázar era una fortaleza excavada en roca, un ataque terrestre eficaz debía basarse en la artillería pesada y en explosivos, pero los milicianos carecían de tales armas así como de líderes militares que les dirigieran en su uso.

El 20 de Agosto el comandante Víctor Martínez Simancas funda el cuadernillo de noticias del Alcázar, que ayudaba a mantener la moral y el espíritu de combate de los encerrados tras los muros de la fortaleza y que posteriormente se convertirá en el Diario de tirada Nacional El Alcázar.[23] Dicha hoja informativa, embrión del diario El Alcázar, elaborada por los asediados como hoja informativa diaria en la que recogían con precisión quirúrgica los hechos acaecidos, aderezados de diversos comentarios, informaciones y consignas, fue vital para mantener alta la moral y la buena organización en el interior de la fortaleza.[24]

El 9 de septiembre, un enviado de los republicanos, el Comandante Rojo entró en el Alcázar para hablar con el Coronel Moscardó acerca de una posible rendición. El Coronel la rechazó, pero pidió un sacerdote para bautizar a dos niños recién nacidos durante el asedio y también para decir misa.

Vázquez Camarasa, canónigo magistral de Madrid con ideas izquierdistas, entró en el Alcázar la mañana del 11 de septiembre y confesó a los sitiados. Esa tarde, Rojo habló con Moscardó acerca de una posible evacuación de las mujeres y los niños. Las mujeres unánimemente contestaron que no querían rendirse y que estaban dispuestas a empuñar las armas para defender el Alcázar.[25] Camarasa murió exiliado en Burdeos, Francia, en 1946.

El embajador chileno en España, Aurelio Núñez Morgado, habiendo oído que los anteriores intentos de rendición habían resultado fallidos, fue el 13 de septiembre a intentar la rendición del Alcázar. El coronel Moscardó envió a su ayuda de campo para saludar al embajador por un altavoz y para decirle que le prestarían atención sólo si el mensaje se cursaba «a través del Gobierno Nacional de Burgos». A partir de ese momento ya no hubo diálogo.[26]

18 de septiembre de 1936[editar]

Desde el 16 de agosto, los republicanos habían estado cavando dos minas en la parte sudoeste del Alcázar. La mañana del 18 de septiembre, las minas fueron detonadas por orden de Francisco Largo Caballero,[27] destruyendo completamente la torre sudoeste del edificio y matando a los dos defensores que se encontraban en ella.

Aproximadamente 10 minutos después de la explosión, los republicanos lanzaron cuatro ataques contra el Alcázar con la ayuda de carros blindados y tanques. El ataque fracasó a causa de la enconada resistencia de los defensores pero los republicanos respondieron con continuos bombardeos de artillería durante la noche y durante todo el día siguiente. Además, los escombros de la torre sudoeste fueron en realidad un obstáculo para los atacantes pues sirvieron como buen parapeto para que los sitiados se escondieran hábilmente entre las ruinas e hicieran fuego desde ellas.

19 de septiembre–26 de septiembre de 1936[editar]

El bombardeo de los edificios periféricos dio buen resultado pues la comunicación entre ellos y el Alcázar llegó a ser imposible. La retirada de los edificios fue ordenada la noche del 21 de septiembre, la guarnición fue utilizada para defender lo que quedaba del Alcázar. Los republicanos atacaron los edificios periféricos la mañana del 22 de septiembre, pero el progreso fue muy lento porque desconocían que los edificios habían sido abandonados. Ese mismo día, tropas sublevadas llegaban a 6 kilómetros al sur de Toledo, lo cual motivó que las milicias republicanas se esforzaran en tomar el Alcázar lo antes posible.

A las 5 de la mañana del 23 de septiembre, los republicanos asaltaron las brechas del norte del Alcázar y sorprendieron a los defensores lanzando granadas y dinamita. Los nacionales fueron forzados a retirarse al patio del Alcázar pero contraatacaron para hacer retroceder el asalto. Un nuevo asalto al Alcázar se intentó por la mañana; esta vez un tanque condujo la carga. 45 minutos después de que los soldados republicanos hubiesen atacado las brechas el ataque se había paralizado.

El día 24 de septiembre las tropas rebeldes al mando del general Varela estaban ya en los suburbios de Toledo y las milicias de la República debieron enfrentar sucesivamente a estos refuerzos del bando sublevado junto a los rebeldes del Alcázar, lo cual hizo insostenible las posiciones republicanas. Algunas milicias opusieron resistencia a los sublevados en Toledo, pero la mayoría de los milicianos prefirió retirarse hacia Aranjuez temiendo ser atrapadas en un nuevo cerco, facilitando que las tropas de Varela dominaran por completo la ciudad de Toledo y enlazaran con los sitiados del Alcázar el 27 de setiembre de 1936, terminando así el asedio.

Consecuencias[editar]

Heinrich Himmler visitando el Alcázar junto a José Moscardó en octubre de 1940.

La toma de Toledo por las columnas de Franco había sido espectacular, pero nadie hubiera podido pedir entonces, ni las pidió, responsabilidades a un Gobierno que acababa de asumir sus funciones.[28] Aparte de una fábrica de armas, Toledo era una ciudad sin importancia militar para ninguno de los dos bandos. Las fuerzas nacionales estaban aisladas, mal equipadas y sin condiciones para conducir una operación ofensiva. Aun así, los republicanos se obcecaron en conquistar el Alcázar con hombres, artillería y armas que podían haber sido usados para parar el avance de los nacionales en el frente. El Gobierno republicano pensaba que al estar la guarnición del Alcázar 70 km al sudoeste de Madrid y sin ayuda de otras fuerzas sublevadas, al conquistarlo, sería una fácil propaganda victoriosa. La prensa fue invitada por el Gobierno para ver la explosión de las minas en el Alcázar, el 18 de septiembre, pero hasta el 29 de ese mes no entró en el Alcázar, ya con la invitación de los rebeldes.

La decisión de Franco de rescatar a los defensores del Alcázar fue muy controvertida. La ofensiva de Juan Yagüe apuntaba hacia Madrid, pero ocupó antes el valle del Tajo. El día siguiente a la caída de Talavera los nacionales tomaron Irún, después de un cerco muy duro, lo que impedía todo contacto con Francia de la zona vasca leal a la República. El 8 de septiembre se unieron a las tropas de África las de las montañas de Gredos. Todo parecía inclinarse en favor del Movimiento.[29]

Franco no forzó la marcha hacia Madrid aprovechando el ímpetu del ataque y la inadecuada defensa que entonces oponía la ciudad. En vez de ello, hizo girar las tropas hacia Toledo para acudir en auxilio de los sitiados del Alcázar. Como Yagüe protestó (enfadado) contra esta decisión, Franco le sustituyó por Varela, que acababa de tomar la localidad malagueña de Ronda el 18 de septiembre. La ambición política llevó a Franco, entonces un primus inter pares, a convertirse en «el salvador del Alcázar» y jefe indiscutible del Movimiento. Se ha dicho que podía conseguirlo también con la toma de Madrid, pero Toledo suponía un riesgo muchísimo menor.

Con posterioridad, Franco reconoció a un periodista portugués: «Cometimos un error militar y lo cometimos deliberadamente».[30] Prefirió salvar las vidas de sus compañeros sublevados y elevar la moral de su bando con tal golpe de efecto propagandístico. Al día siguiente, el alto mando afín a Franco se reunió en el aeródromo de Salamanca, le confirmó en su condición de Generalísimo y le confirió el cargo de Jefe de Estado. Como resultado de su decisión, las operaciones bélicas se detuvieron desde el 21 de septiembre (toma de Maqueda) hasta el 7 de octubre (reinicio de la marcha sobre Madrid).[31]

Franco convirtió la liberación de Toledo en un valioso golpe de efecto internacional, llegando a recrearlo, recorriendo los escombros, para las cámaras de los noticiarios que se proyectaron en salas de cine de todo el mundo. Toledo es un lugar de enorme importancia simbólica y patriótica desde la Reconquista.[32]

En la cultura popular[editar]

Cine[editar]

El episodio del asedio fue llevado al cine: Sin novedad en el Alcázar (L’assedio dell’Alcazar, Augusto Genina, Italia 1940), ensalzadora del numantinismo y los valores de la causa. El director se propuso responder a El acorazado Potemkin, «film de la revolución destructora», con el episodio del Alcázar, «una revolución constructiva». Rodada en Cinecittà con asesores españoles, la cinta obtuvo la Copa Mussolini en la Mostra de Venecia de 1940.[33]

Notas y referencias[editar]

  1. En los primeros momentos de la Guerra, las fuerzas sublevadas no tenían una bandera diferente a la del resto del ejército. El 29 de agosto de 1936 un decreto de la Junta de Defensa Nacional (organismo que ostentaba la Jefatura del Estado en la zona nacional) restableció la bandera bicolor, roja y gualda.
  2. El Mundo «Más franquista que Franco» Consultado el 13 de marzo de 2014
  3. a b La Razón «Guerra y propaganda en el Alcázar» Consultado el 4 de febrero de 2012
  4. Estos efectivos estaban compuestos por Guardias Civiles, soldados, cadetes y paisanos armados
  5. Contando los numerosos muertos durante los combates y muertos por heridas de combate, así como los muertos en incursiones externas hechas por los sitiados en el Alcázar. A esto, hay que sumar 57 rehenes de los sublevados que fueron ejecutados. Y, por último, están los milicianos y todo aquel que fue hecho prisionero por las Columnas del Ejército de África cuando éstos conquistaron Toledo.
  6. Keene, Judith, Luchando por Franco: Voluntarios europeos al servicio de la España fascista, 1936–1939, p. 61, Salvat, 2002, ISBN 84-345-6893-4.
  7. Luchando por Franco, p. 63.
  8. Luchando por Franco, p. 62.
  9. General Casas de la Vega, “El Alcazar”, edit G del Toro., p. 64 y siguientes.
  10. General Casas de la Vega, “El Alcazar”, editG del Toro., p. 68.
  11. General Casas de la Vega, “El Alcazar”, edit G del Toro., p. 105.
  12. General Casas de la Vega, “El Alcazar”, edit G del Toro., p. 107 y sig..
  13. Ruiz Alonso, José María (2004). La Guerra Civil en la provincia de Toledo. Almud. pp. tomo I, p. 176. 
  14. Reig Tapia, Alberto. El asedio del Alcázar. Mito y símbolo político del franquismo. Dialnet. p. 21
  15. José María Ruiz Alonso, La guerra civil en la provincia de Toledo. Utopía, conflicto y poder an el sur del Tajo (1936-39), Añil, Ciudad Real 2004, ISBN 84-932833-5-5
  16. Southworth, Herbert R., El mito de la Cruzada de Franco, Plaza & Janés Editores, Barcelona, pp. 92–120. Referenciado en Luchando por Franco, página 74.
  17. Herreros, Isabelo, Mitología de la cruz de Franco. El Alcázar de Toledo, Vosa, Madrid, 1995. Referenciado en Luchando por Franco, página 74.
  18. Bullón de Mendoza y Gómez de Valugera y Togores Sánchez, Alfonso y Luis (1997). El Alcázar de Toledo: final de una polémica. Madrid: Actas. 
  19. MATTHEWS, Herbert L. (1957). The Yoke and the Arrows. Nueva York: George Braziller. 
  20. Aznar, Manuel (1957). El Alcázar no se rinde. Replica a unas páginas del libro titulado "El Yugo y las Flechas" del escritor norteamericano Herbert. L. Matthews. Madrid. 
  21. Bullón de Mendoza y Togores. El Alcázar de Toledo: final de una polémica. p. 108. 
  22. Hugh Thomas, La guerra civil española, 1979, vol. 2, p. 179; Gabriel Cardona, Franco y sus generales. La manicura del tigre, 2001, pág. 30.
  23. Diario Abc, 2 de octubre de 1952. Reconocimiento y homenaje al General Víctor Martínez Simancas como fundador del diario El Alcázar en el asedio de dicha fortaleza-Academia
  24. [1]
  25. Geoffrey Moss, El asedio del Alcázar, Nueva York, A. A. Knopf, 1937, p. 203.
  26. Aurelio Núñez Morgado, Los sucesos de España vistos por un diplomático, Buenos Aires, 1941, págs. 214-221, para el relato del embajador; The red domination in Spain, Madrid 1946, págs. 325-337, para el relato de Moscardó. Citados por Gabriel Jackson, La República Española y la guerra civil, RBA, Barcelona 2005, pág. 245, ISBN 84-473-3633-6.
  27. Moss, op.cit., p. 217.
  28. Ángel Viñas, El escudo de la República, Crítica, Barcelona, 2007, pág. 476, ISBN 978-84-8432-892-6.
  29. Pierre Vilar, La guerra civil española, Crítica, Barcelona 2000, pág. 74, ISBN 84-8432-019-7.
  30. Armando Boaventura, Madrid-Moscovo. Da ditadura à IIª República e à Guerra Civil de Espanha, Lisboa, Parceria António Maria Pereira, 1937, pág. 212.
  31. Paul Preston, El gran manipulador. La mentira cotidiana de Franco, Ediciones B, Barcelona 2008, págs. 63-64,</ISBN 978-84-666-3829-6.
  32. Helen Graham, Breve historia de la guerra civil, Austral, Madrid 2006, pág. 60, ISBN 84-670-2015-6.
  33. Román Gubern, 1936-1939: la guerra de España en la pantalla, Filmoteca Española, Madrid 1986; Jorge Nieto, La memoria cinematográfica de la Guerra Civil española (1939-1982), Publicacions de la Universitat de València, Valencia 2008, ISBN 978-84-370-6907-4; véase también Vicente Sánchez-Biosca, Cine y guerra civil española. Del mito a la memoria, Alianza editorial, Madrid 2006, ISBN 84-206-4745-4.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

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