Masacre de Badajoz

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Masacre de Badajoz
Badajoz panoramica.jpg
Lugar Badajoz, España
Blanco(s) civiles y militares afectos a la Segunda República Española.
Fecha agosto de 1936
Tipo de ataque fusilamientos masivos
Arma(s) fusiles y ametralladoras
Muertos entre 1800 y 4000 (según versiones)
Perpetrador(es) Ejército sublevado, Guardia Civil y miembros de Falange Española
Motivo represión durante la Guerra Civil Española

La masacre de Badajoz se produjo en los días posteriores a la Batalla de Badajoz, durante la Guerra Civil Española, y fue el resultado de la represión ejercida por el Ejército sublevado contra civiles y militares defensores de la II República, tras la toma de la ciudad de Badajoz por las fuerzas sublevadas contra la II República española, que se llevó a cabo el 14 de agosto de 1936 por la noche y el 15 de agosto de 1936 por la mañana.[1]

Constituye uno de los sucesos más controvertidos de la guerra, pues el número de víctimas de esta matanza varía ostensiblemente dependiendo de los historiadores que la han investigado. Además, al resultar vencedor de la contienda el bando sublevado, jamás se produjo una investigación oficial sobre lo sucedido en la ciudad extremeña. En cualquier caso, las estimaciones más comunes apuntan que entre 1800 y 4000 personas fueron ejecutadas (aunque algunos estudiosos del tema las reducen a 200), en unos hechos calificados por varias asociaciones de derechos humanos como crímenes contra la humanidad.[2] También se denunciaron estos hechos como genocidio en 2007. La denuncia ante la Audiencia Nacional no prosperó al encontrarse fallecidos los máximos responsables de la matanza y ser un delito que no estaba tipificado cuando se cometió.[3] [4] [5]

Al mando de las tropas que perpetraron la masacre de Badajoz se encontraba el coronel Juan Yagüe, quien, tras la guerra civil, fue nombrado ministro del Aire por el general Franco. A partir de estos hechos, Yagüe fue popularmente conocido como el carnicero de Badajoz.[6]

Según el censo, Badajoz tenía 41 122 habitantes en 1930, por lo que de ser correcta la cifra de 4000 ejecutados, el porcentaje de represaliados alcanzaría el 10% de la población.[7]

La toma de Badajoz[editar]

Mapa de las operaciones entre agosto y septiembre de 1936. Como se puede observar, la toma de Badajoz era vital para el Bando sublevado, pues comunicaba el grupo de ejércitos del Sur con la zona Norte controlada por el general Mola. En rojo se puede ver la zona controlada por la república, en azul el territorio bajo control de los sublevados y en verde los avances de éstos en este período.

La ocupación de Badajoz formó parte del avance desde Andalucía del ejército sublevado hacia el norte de la península. Su asalto era vital para ellos, pues significaba la unión del ejército del sur con el del general Mola que dominaba el norte. La ciudad se encontraba aislada tras la caída de Mérida unos días antes. El asedio fue llevado a cabo por 2.250 legionarios, 750 regulares marroquíes, y cinco baterías de artillería, al mando del entonces teniente coronel Juan Yagüe. El ataque final se produjo la tarde del 14 de agosto, tras bombardear la ciudad por tierra (a través de la artillería) y aire (mediante bombarderos trimotor, probablemente Savoia-Marchetti S.M.81 italianos) durante la mayor parte del día. El recinto amurallado era defendido por unos 3.000 milicianos republicanos y 500 soldados, al mando del coronel Ildefonso Puigdendolas. Tras abrir una brecha en las murallas por el este, junto a la Puerta de la Trinidad, y lograr el acceso también a la alcazaba, por la Puerta de Carros, se produjo una encarnizada lucha cuerpo a cuerpo, y la ciudad cayó en manos del ejército sublevado.

La masacre[editar]

Antecedentes[editar]

La situación en Extremadura al estallar la guerra civil el 18 de julio de 1936, contenía una serie de aditamentos que la diferenciaban del resto del país, especialmente debido a la Ley de Reforma Agraria, que otorgó a los campesinos (más del 50% de la población activa) la posibilidad de ser dueños de las tierras que trabajaban, a través de la expropiación a los latifundistas y que produjo un enorme enfrentamiento entre clases sociales, sobre todo cuando en marzo los campesinos de Badajoz decidieron acelerar la entrada en vigor de la ley e invadieron las fincas a las que iba a afectar.[8]

Desde el estallido de la guerra, se habían producido en la zona algunos sangrientos sucesos, denominados como "represión republicana" que resultaron fatales para el desenlace de Badajoz, pues generales como Queipo de Llano promovieron acciones criminales ejemplarizantes para castigar estas matanzas.

Tanto el historiador Francisco Espinosa (La columna de la muerte, 2001), como el ex alcalde socialista y diputado provincial Cayetano Ibarra (La otra mitad de la historia que nos contaron, 2005), relatan estos hechos, especialmente Ibarra, que escribe en el libro citado:[9]

Localidades como Almendralejo, Azuaga, Burguillos del Cerro, Campanario, Campillo de Llerena, Quintana, etc., fueron escenarios de la represión republicana en los primeros momentos del alzamiento. Pero en ninguno de estos lugares, como en Fuente de Cantos, los hechos ocurridos como reacción de las izquierdas ante la sublevación militar, se producen de forma tan inmediata.

Los hechos a los que se refiere el texto fueron el encierro de 56 personas en una iglesia de Fuente de Cantos, y la quema posterior de ésta, entre el 18 y 19 de julio de 1936. Perecieron 12 personas, ocho de ellas quemadas. Según cuenta Cayetano Ibarra en este libro, las tropas franquistas, tras la toma del pueblo, matarían a unas 300 personas.[10]

Esta operación se repitió en Almendralejo el 7 de agosto con los encerrados en la cárcel, de los que 28 fueron ejecutados, y en Badajoz, donde también se produjeron ejecuciones entre los partidarios del bando franquista.

Acontecimientos[editar]

Una de las columnas que tomaron Badajoz entrando en Guareña, en septiembre de 1936.


Durante toda la jornada, se produjeron asesinatos por las calles de la ciudad, incluso de niños, a cargo de soldados moros.[11] El mismo día 14, Yagüe ordenó el confinamiento de todos los prisioneros -la mayoría civiles- en la plaza de toros. Según diversas crónicas, se instalaron focos en los tendidos para iluminar la arena, y esa noche, comenzaron las ejecuciones indiscriminadas y sin juicios previos. Algunos historiadores, como José Luis Gutiérrez Casalá, sostienen que la plaza de toros se utilizó más bien como lugar de encierro de los prisioneros para su posterior ejecución, al margen de que en los primeros momentos fueran llevados a cabo fusilamientos en ella.[12]

Según artículos publicados por los corresponsales de Le Populaire, Journal de Genève, Le Figaro, Paris-Soir, Diário de Lisboa y Chicago Tribune se produjeron ejecuciones en masa, y las calles aparecían sembradas de cadáveres.[13] Durante la primera jornada, existen testimonios de que hubo mil fusilados.[14] El periodista norteamericano Jay Allen, en su crónica para el Chicago Tribune habló de 1800 víctimas (hombres y mujeres) sólo la primera noche.

El 15 de agosto, el enviado del Journal de Genève (actual Le Temps), Jacques Berthet, enviaba su crónica:

"alrededor de mil doscientas personas han sido fusiladas (…) Hemos visto las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre (…) Los arrestos y las ejecuciones en masa continúan en la Plaza de Toros. Las calles de la ciudad están acribilladas de balas, cubiertas de vidrios, de tejas y de cadáveres abandonados. Sólo en la calle de San Juan hay trescientos cuerpos (…)".[14]

El 18 de agosto, Le Populaire publicaba:

«Elvas, 17 de agosto. Durante toda la tarde de ayer y toda la mañana de hoy continúan las ejecuciones en masa en Badajoz. Se estima que el número de personas ejecutadas sobrepasa ya los mil quinientos. Entre las víctimas excepcionales figuran varios oficiales que defendieron la ciudad contra la entrada de los rebeldes: el coronel Cantero, el comandante Alonso, el capitán Almendro, el teniente Vega y un cierto número de suboficiales y soldados. Al mismo tiempo, y por decenas, han sido fusilados los civiles cerca de las arenas».[15]

El mismo día, el Premio Nobel de Literatura francés François Mauriac, publicó en primera plana de Le Figaro un artículo sobre los sucesos de Badajoz que conmocionó a Europa. También el 18 de agosto el diario suizo Journal de Genève informaba en páginas centrales de que 1.500 personas habían sido ya ejecutadas.[16] El 30 de agosto apareció en el Chicago Tribune el famoso artículo de Jay Allen (ver recuadro inferior), en el que narró con gran crudeza los terribles sucesos que había presenciado durante su estancia en la ciudad.

El periodista portugués Mário Neves fue uno de los testigos de primera mano de los sucesos de Badajoz, en las crónicas que remitió al Diário de Lisboa, algunas de las cuales fueron censuradas por el gobierno de António de Oliveira Salazar, afín al bando franquista.[17] [18] Neves regresó a Portugal horrorizado por el espectáculo del que había sido testigo, y se juró no volver jamás a Badajoz, pero lo hizo en 1982, para recorrer los lugares donde presenció estos hechos en un documental para televisión.[19] [20] Parte de este vídeo está disponible en internet.[21]

"Quiero dejar Badajoz cueste lo que cueste, lo más rápido posible y prometiéndome a mí mismo que no volveré nunca. Por mucho que me mantenga en la vida periodística, jamás se me presentará acontecimiento tan impresionante como el que me ha traído a estas tierras ardientes de España y que ha logrado destemplar completamente mis nervios".

Mário Neves
Agosto de 1936.[22]

El método para las ejecuciones fue el fusilamiento o ametrallamiento indiscriminado en grupo de personas participantes en la defensa de la ciudad o sospechosas de simpatizar con la República. Fueron llevadas a cabo por los legionarios y regulares moros procedentes del norte de África, fuerzas de la Guardia Civil y mandos locales de Falange Española (sobre este punto hay diversas versiones que apuntan que los regulares moros no participaron en la represión, pues partieron inmediatamente al frente). Posteriormente, la mayoría de los cuerpos fueron quemados junto a las tapias del Cementerio de San Juan.[23] Según testimonios de algunos supervivientes, los fusilamientos se producían en grupos de 20, y luego se trasladaban los cadáveres en camiones al antiguo cementerio, donde eran incinerados y posteriormente depositados en fosas comunes.[24] También se produjeron fusilamientos en otras zonas de la ciudad. Entre los represaliados se encontraban hombres y mujeres afectos a la República, obreros, campesinos, militares que participaron en la batalla, autoridades locales o simples sospechosos.

Tras la caída de la ciudad, el alcalde Sinforiano Madroñero y el diputado Nicolás de Pablo, ambos socialistas, cruzaron la frontera y huyeron a Portugal, pero fueron localizados por efectivos del régimen portugués y entregados a las tropas franquistas, que los fusilaron en Badajoz el 20 de agosto, frente a un frontón y sin juicio previo.[25]

Posteriormente aparecieron testimonios, publicados el 27 de octubre por el diario La Voz, de Madrid, de que los fusilamientos en la plaza de toros fueron convertidos en una fiesta por los ejecutores, con público en sus gradas presenciando las matanzas, y que incluso algunas víctimas fueron banderilleadas y mutiladas, aunque este extremo nunca pudo ser verificado.[26] En cambio, sí existen evidencias del sadismo con que fue llevado a cabo el exterminio.[14] Tras conocer estos hechos, la propaganda franquista publicitó algunas leyendas y mitos para intentar ocultar la masacre, y algunos de los cronistas internacionales fueron desprestigiados o amenazados.[27]

Testimonios[editar]

Aunque debido a los años transcurridos apenas quedan supervivientes entre los testigos de estos sucesos, el historiador pacense Francisco Pilo localizó a varios de ellos y plasmó sus testimonios en uno de sus libros, Ellos lo vivieron, entre los que destaca el de un empleado del ayuntamiento:

La guardia civil fue a buscarlo a su casa a las tres de la madrugada del 15 de agosto, "porque había trabajo". (...) Uno de los civiles dijo que cogiera el camión del corral, que nos teníamos que ir a la plaza de toros. (...) A las tres y media llegaron a la plaza. "Dentro del ruedo, a mano izquierda, había varios muertos en fila y nos dijeron que los cargáramos en el camión y nos los lleváramos al cementerio". Volvieron a la plaza y dentro "había más muertos, pero no todos juntos, sino un montón aquí y otro más allá. Después supe que los sacaban por tandas y los iban fusilando. Aquel día dimos por lo menos seis viajes".[28] [29]

Consecuencias[editar]

La masacre de Badajoz tuvo una gran influencia en el desarrollo de la guerra. La publicación en la prensa extranjera de estos sucesos ocasionó que Franco a partir de entonces ordenase el cese de matanzas que pudieran tener gran trascendencia mediática y perjudicase la imagen de los sublevados, y por otro lado, la propaganda republicana publicitó enormemente este hecho, convirtiéndolo en justificante de otros sucesos posteriores, como las matanzas de Paracuellos.

A raíz de estos hechos, el oficial Hans von Funck, agregado militar de la Alemania nazi y uno de los pocos militares alemanes de alta graduación que estuvieron presentes en las operaciones del Ejército Sur,[30] envió un informe a Berlín en el que desaconsejaba el envío de tropas regulares alemanas a España, porque, textualmente: "él es un soldado acostumbrado a la lucha, que ha combatido en Francia durante la Gran Guerra, pero que jamás ha contemplado la brutalidad y la ferocidad con que el Ejército Expedicionario de África desarrolla sus operaciones. Por ello desaconseja el envío de tropas regulares alemanas a España, porque, ante tal salvajismo, los soldados alemanes se desmoralizarían".[31] Von Funck era un aristócrata prusiano que tuvo un destacado protagonismo en la Segunda Guerra Mundial como comandante de la 7ª División Panzer.

Versiones y cifras[editar]

Según la Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores en sus páginas sobre Memoria Republicana[14] , el periodista norteamericano Jay Allen dijo que hubo 4000 ejecuciones, César M. Lorenzo aproximadamente 1500, Manuel Tuñón de Lara 1200 antes del 15 de agosto, Ricardo Sanz más de 3000 y James Cleugh 2000. El filósofo cristiano Jacques Maritain protestó contra el crimen de «cientos de hombres».

El escritor y militante socialista Julián Zugazagoitia escribió que "cientos de prisioneros fueron llevados a la plaza de toros donde, atraillados como perros de caza, eran empujados al ruedo para blanco de las ametralladoras que, bien emplazadas, los destruían con ráfagas implacables". Zugazagoitia fue fusilado en noviembre de 1940.

La magnitud de la matanza se trasluce, en mayores proporciones, en la respuesta que el general sublevado Juan Yagüe le dio al periodista John T. Whitaker, del New York Herald Tribune, cuando éste le interrogó sobre lo sucedido:

Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?[32] [33] [34] [35]

Hugh Thomas, que estudió el caso en 1959, dice que los legionarios mataron a todo el que llevaba armas, incluidos unos milicianos que se habían refugiado en el altar mayor de la catedral, y que Badajoz quedó sembrado de cadáveres (aunque dice que posiblemente fueran menos de los 4000 de los que habla Jay Allen). Según Thomas la plaza de toros se convirtió en campo de concentración, pero pone en duda la versión de la matanza en la misma:

El 27 de octubre de 1936, en La Voz, de Madrid, se publicó una versión completamente falsa de esta matanza, en la que se acusaba a Yagüe de haber organizado una fiesta en la que se había fusilado a los prisioneros ante la flor y nata de la sociedad de Badajoz, y que tuvo efectos desastrosos, pues provocó represalias en Madrid.[26]

Una versión de la matanza de la plaza de toros que se pone en duda en la Historia de la Guerra Civil Española de Hugh Thomas citada anteriormente se puede ver en la página web de la Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores en "Memoria Republicana", y otra en la de CENIT (Portavoz de la regional exterior de la CNT-AIT).[14] [36]

El historiador Francisco Sánchez Ruano corrobora la versión de las matanzas de la plaza de toros, pero pone en duda que las cometieran los moros, ya que afirma que éstos partieron al frente inmediatamente después de la toma de la ciudad, atribuyendo a la Guardia Civil la autoría de las ejecuciones.[37]

Otro historiador, David Solar, comparte la idea de que las matanzas en la plaza de toros fueron perpetradas por los mandos locales de Falange y de la Guardia Civil, para vengar su fracasada sublevación. Sitúa el número de víctimas en torno a las 2000.[38]

Francisco Pilo, escritor pacense, que escribió en 2001 dos libros sobre este tema (Ellos lo vivieron. Sucesos en Badajoz durante los meses de julio y agosto de 1936, narrados por personas que los presenciaron y La represión en Badajoz, continuación del anterior) pone en duda tanto la presencia de Jay Allen en Badajoz como el número de ejecuciones que éste refiere, en contra de la opinión mayoritaria defendida,[39] entre otros, por Paul Preston, que considera a Allen un referente del periodismo de guerra.[40] [41]

El escritor Pío Moa, (Los mitos de la Guerra Civil. La Esfera de los Libros, Madrid, 2003. ISBN 84-9734-093-0) niega la existencia de las ejecuciones en la plaza de toros, y propone una cifra de entre 500 y 1500 represaliados.[42]

El historiador Javier Tusell (Franco en la Guerra Civil. Una biografía política, 1992. Premio Comillas de Biografía, Autobiografía y Memorias), además de considerar manipulados los datos de Moa, también llega a la cifra de 4000 asesinados.[43]

Uno de los estudios más exhaustivos y documentados sobre la matanza es el realizado por el historiador Francisco Espinosa, quien, en su libro La columna de la muerte (2003), documenta 1389 ejecuciones, pero constata que las personas asesinadas podrían ser más de 3800.[44]

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que lleva a cabo la tarea de localizar fosas comunes de víctimas de la represión, mantiene que el número de víctimas en Badajoz oscila entre las 4000 y las 9000.[45]

Responsabilidades[editar]

Extracto del famoso artículo de Jay Allen sobre los sucesos de Badajoz:

«Slaughter of 4,000 at Badajoz, City of horrors»

"Esta es la historia más dolorosa que me ha tocado escribir. La escribo a las cuatro de la madrugada, enfermo de cuerpo y alma, en el hediondo patio de la Pensión Central, en una de las tortuosas calles blancas de esta empinada ciudad fortificada. Nunca más encontraré la Pensión Central y nunca querré hacerlo. Vengo de Badajoz, a algunas millas de aquí, en España. Subí a la azotea para mirar atrás. Vi fuego. Están quemando cuerpos. Cuatro mil hombres y mujeres han muerto en Badajoz desde que la legión y los moros del rebelde Francisco Franco treparan por encima de los cuerpos de sus propios muertos para escalar las murallas tantas veces empapadas de sangre. Intenté dormir. Pero no se puede dormir en una sucia e incómoda cama en una habitación que está a una temperatura similar a la de un baño turco, donde los mosquitos y los chinches te atormentan igual que los recuerdos de lo que has visto, con el olor a sangre en tu propio cabello y una mujer sollozando en la habitación de al lado"

"Miles fueron asesinados sanguinariamente después de la caída de la ciudad (.) desde entonces de 50 a 100 personas eran ejecutadas cada día. Los moros y legionarios están saqueando. Pero lo más negro de todo: la "policía internacional" portuguesa está devolviendo gran número de gente y cientos de refugiados republicanos hacia una muerte certera por las descargas de las cuadrillas rebeldes (.) Aquí [en la plaza de la catedral] ayer hubo un ceremonial y simbólico tiroteo. Siete líderes republicanos del Frente Popular fueron fusilados ante 3.000 personas (.) Todas las demás tiendas parecían haber sido destruidas. Los conquistadores saquearon según llegaron. Toda esta semana los portugueses han comprado relojes y joyería en Badajoz prácticamente por nada (.) los que buscaron refugio en la torre de Espantaperros [torre medieval de Badajoz] fueron quemados y fusilados."


"De pronto vimos a dos falangistas detener a un muchacho vestido con ropa de trabajo. Mientras le agarran, un tercero le echa atrás la camisa; descubriendo su hombro derecho se podían ver las señales negras y azules de la culata del rifle. Aún después de una semana se sigue viendo. El informe era desfavorable. A la plaza de toros fui con él. Fuimos entre vallas al ruedo en cuestión (.) Esta noche llegará el pienso para el "show" de mañana. Filas de hombres, brazos en aire. Eran jóvenes, en su mayoría campesinos, mecánicos con monos. Están en capilla. A las cuatro de la mañana les vuelven a llevar al ruedo por la puerta por donde se inicia el "paseíllo". Hay ametralladoras esperándoles. Después de la primera noche se creía que la sangre llegaba a un palmo por encima del suelo. No lo dudo, 1800 hombres- había mujeres también- fueron abatidos allí en doce horas. Hay más sangre de la que uno pueda imaginar en 1800 cuerpos."


"Volvimos al pueblo pasando por la magnífica escuela e instituto sanitario de la República. Los hombres que los construyeron están muertos, fusilados como 'negros' porque trataron de defenderlos. Pasamos una esquina, 'hasta ayer había aquí un gran charco de sangre renegrida', dijeron mis amigos. 'Todos los militares leales a la República fueron ejecutados aquí, y sus cuerpos se dejaron durante días a modo de ejemplo'. Les dijeron que salieran, así pues, dejaron sus casas precipitadamente para felicitar a los conquistadores y fueron fusilados allí mismo, y sus casas saqueadas. Los moros no tenían favoritos."

Chicago Tribune, 30 de agosto de 1936

Según algunos estudios, la campaña de ejecuciones masivas llevada a cabo en los primeros meses de la guerra obedece a una directriz de los principales líderes de la sublevación, Francisco Franco y Emilio Mola, para "purgar el país concienzudamente de todos los elementos rojos".[46] Esta campaña ha sido denominada como política de exterminio del adversario político.[47]

Jay Allen consiguió entrevistar a Franco, en Tetuán, el 27 de julio anterior. A raíz de la entrevista, Allen publicó un artículo con la siguiente conversación:

Allen: "¿Durante cuánto tiempo se prolongará la situación ahora que el golpe ha fracasado?"
Franco: "No puede haber ningún acuerdo, ninguna tregua. Salvaré a España del marxismo a cualquier precio"
Allen: "¿Significa eso que tendrá que fusilar a media España?"
Franco: "He dicho a cualquier precio".[48]

En el momento de producirse la matanza, los máximos responsables militares en la ciudad eran:

  • Juan Yagüe, teniente coronel al mando de las unidades que tomaron la ciudad y responsable de los fusilamientos. Comandante en jefe de la columna que llevó a cabo el avance sublevado desde el sur de España. El periodista portugués Mário Neves tuvo oportunidad de entrevistarse con él en los primeros días de acontecimientos, y al formularle el comentario "Se dice que más de dos mil personas han sido fusiladas ya en Badajoz", Yagüe espetó un seco "No deben ser tantos".[49] [50]
  • Antonio Castejón, comandante de Infantería, involucrado en matanzas similares en Zafra, Almendralejo y Mérida.
  • Carlos Asensio, teniente coronel de las Fuerzas Regulares Indígenas de Tetuán, que participó en la toma de Badajoz, Toledo y Talavera de la Reina.

Genocidio[editar]

Términos legales[editar]

La victoria final en la Guerra Civil Española del bando sublevado y la desaparición de todos los archivos municipales y provinciales relacionados con los sucesos de Badajoz han hecho que estos jamás hayan sido llevados ante un tribunal. En la época en que se desarrollan estos hechos la justicia internacional se regía por el Derecho penal internacional. No es hasta después de la Segunda Guerra Mundial, con la Carta de Londres, cuando se crea un tribunal internacional, el Tribunal de Nuremberg, en 1945 para juzgar los delitos cometidos por el régimen Nazi, tipificando delitos hasta entonces no definidos:

  1. Crímenes de guerra, la existencia de asesinatos, torturas y violaciones, hechos contrarios a las Leyes de la Guerra.
  2. Crímenes contra la humanidad, cuando se enfrentaba el exterminio y la muerte en masa.
  3. Genocidio, cuando se daba muerte a todo un grupo étnico determinado.
  4. Guerra de agresión, sobre la base de una premeditación para alterar la paz y entendida como el proceso para atentar contra la seguridad interior de un Estado soberano.

La ONU, que impidió su acceso a España tras la guerra, definió a través de su Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948, los actos que son constitutivos del delito de genocidio, perpretados con "la intención de destruir, total o parcialmente, a un colectivo ideológico, nacional, étnico, racial o religioso".[51]

Informes[editar]

En 2004, la organización para la defensa de los derechos humanos Equipo Nizkor presentó un informe con el título "La cuestión de la impunidad en España y los crímenes franquistas", siendo el primer estudio sobre estos crímenes desde la perpectiva del Derecho Internacional, aludiendo en uno de sus apartados al exterminio de Badajoz como crímenes contra la humanidad en virtud del Estatuto de Nuremberg.[52] El 18 de julio de 2005, Amnistía Internacional, tras tres años de trabajos, presentó su informe «España: poner fin al silencio y a la injusticia. La deuda pendiente con las víctimas de la guerra civil española y del régimen franquista», donde tipifica la masacre de Badajoz de acuerdo a las convenciones de la ONU sobre genocidio.[53]

Denuncias[editar]

En 2006, el PSOE de Badajoz calificó como genocidio los hechos ocurridos en la ciudad en 1936.[5]

El 18 de julio de 2007 varias asociaciones presentaron denuncias ante la Audiencia Nacional para la investigación de los hechos, pero éstas fueron desestimadas, ya que "los delitos habían prescrito o, en todo caso, estaban sujetos a la Ley de Amnistía de 1977". En septiembre de 2008, el juez de Instrucción número 5 de la Audiencia, Baltasar Garzón, volvió a impulsar estas denuncias.[54] El fiscal de la Audiencia Nacional alegó que los delitos de genocidio y crímenes de lesa humanidad no estaban tipificados en el Código Penal de 1932, que regía cuando se cometieron, y que no se pueden aplicar con carácter retroactivo.[3] La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (Armhex), presentó a Garzón los datos documentados de 7.603 asesinados en la provincia de Badajoz, y éste (amparándose en que son delitos que no prescriben) imputó al régimen franquista, el 14 de octubre, un delito de genocidio por estos y otros sucesos.[55] [56]

Finalmente, el 18 de noviembre, el juez declaró extinguida la responsabilidad penal de Franco y de otros 44 altos mandos de su gobierno, tras haber comprobado el acta de defunción de todos ellos. Entre los imputados figuraban los nombres de Juan Yagüe y Carlos Asensio.[57] Además transmitió la investigación de los crímenes a los juzgados de instrucción de las provincias en que están las fosas comunes, entre las que está incluida la de Badajoz.[58] En 2010, el juez del Tribunal Supremo Luciano Varela admitió a trámite una querella interpuesta por Falange Española contra Garzón acusándole de prevaricación por asumir la causa contra el franquismo, al entender que no tenía las competencias para ello.[59]

Homenajes[editar]

Desde 1986, cada 15 de agosto se lleva a cabo en el Cementerio Viejo de Badajoz un acto de homenaje a las víctimas de la masacre de 1936. Además, la principal avenida de la ciudad lleva el nombre del entonces alcalde, Sinforiano Madroñero, del PSOE, que también fue ejecutado durante la matanza.[60]

En 2002, se llevó a cabo la demolición de la antigua plaza de toros, y se levantó en el lugar el nuevo Palacio de Congresos de Badajoz, inaugurado en 2006.[61] En el edificio se ubicó una escultura en recuerdo de las víctimas, obra de Blanca Muñoz, cuya sombra forma unas líneas inconexas pero dibuja una espiral cada 14 de agosto.[62]

A principios de 2009, el Ayuntamiento de Badajoz acometió el retapiado de los antiguos muros del Cementerio de San Juan de Badajoz, donde se llevaron a cabo fusilamientos masivos, alegando motivos urbanísticos y el mal estado de los mismos. Varias organizaciones ciudadanas, secundadas por los historiadores Francisco Espinosa, Ian Gibson, Julio Aróstegui, Mirta Núñez, Julián Casanova, Josep Fontana, Paul Preston, Hilari Raguer, Alberto Reig Tapia, Ángel Viñas y Helen Graham llevaron a cabo una campaña y un manifiesto intentando la paralización de la obra,[63] al considerar que se tapaba parte de la memoria de la ciudad, pero al final ésta fue llevada a cabo.[64]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Alberto Reig Tapia, Memoria de la guerra civil. Los mitos de la tribu, Alianza Editorial, Madrid, 1999, p.114-115
  2. Asociación Guerra, Exilio y Memoria Histórica de Andalucía
  3. a b El País: El fiscal pide archivar denuncias por crímenes de la Guerra Civil
  4. Revista Clío: El genocidio del Franquismo
  5. a b Extremadura al día. El PSOE califica de genocidio los hechos ocurridos en Badajoz en agosto de 1936
  6. Spartacus Schoolnet: Biography Juan Yagüe
  7. Instituto Nacional de Estadística: Censo de 1930
  8. Hoy: «Los campesinos extremeños dieron ritmo a la Reforma Agraria»
  9. Una buena historia local, de Cayetano Ibarra.
  10. «Comentario de La otra mitad de la historia que nos contaron en Memoria histórica en Extremadura» (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  11. Blog del historiador Francisco Pilo Referencia al asesinato a patadas de un bebé por un legionario moro.
  12. Gutiérrez Casalá, José Luis; La Guerra civil en la provincia de Badajoz. Represión Republicano-Franquista. Universitas editorial, 2003. ISBN 8488938764, pp.771.
  13. Diario Le Temps. Lunes, 17 de agosto de 1936
  14. a b c d e Las matanzas de Badajoz, por Rafael Tenorio. (Copia del artículo de SBHAC)
  15. Le Populaire. Martes, 18 de agosto de 1936.
  16. Le Temps. «Le Journal de Jenève. Mardi, 18 aôut, 1936» Hemeroteca Le Temps, pág. 8
  17. Cardona, Gabriel; España 1936-1939. La guerra militar. Vol 1. "La guerra de columnas", en colaboración con Fernando Fernández Bastarreche. Pp. 59. Madrid, Historia 16, 1996.
  18. La matanza de Badajoz, selección de artículos de Mário Neves. Editora Regional, 1986.
  19. La Guerra Civil Española. Granada TV, 1984. Capítulo 2: "Revolución, contrarrevolución y terror".
  20. Reedición de La matanza de Badajoz, de Mário Neves.
  21. YouTube «La Guerra Civil española -La matanza de Badajoz» Consultado el 28 de mayo de 2010
  22. El Periódico de Extremadura «¿Qué pasó en la plaza de toros?» Consultado el 18 de junio de 2010
  23. El Mundo: La masacre de Badajoz.
  24. Testimonios recogidos en el libro "Ellos lo vivieron", de Francisco Pilo Ortiz.
  25. El País: Ibarra no quiere ser nombre de calle.
  26. a b Historia de la Guerra Civil Española. Hugh Thomas. Libro II, capítulo 22. Nota 7. ISBN 84-226-0874-X
  27. Extremadura al día: La masacre de Badajoz
  28. Ellos lo vivieron: sucesos en Badajoz durante los meses de julio y agosto de 1936, narrados por personas que los presenciaron de Francisco Pilo Ortiz, 2001, 155 pág., ISBN 84-607-1898-0
  29. El Periódico de Extremadura: ¿Qué pasó en la plaza de toros?
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Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]