José María Gil-Robles

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
José María Gil-Robles
José María Gil-Robles

6 de mayo-14 de diciembre de 1935
Presidente Alejandro Lerroux
Joaquín Chapaprieta
Predecesor Carlos Masquelet
Sucesor Nicolás Molero

6 de julio de 1931-2 de febrero de 1939

Datos personales
Nacimiento 22 de noviembre de 1898
Salamanca, España Bandera de España
Fallecimiento 14 de septiembre de 1980 (81 años)
Madrid, España Bandera de España
Partido
Cónyuge Carmen Gil-Delgado Armada
Hijos José María Gil-Robles
Álvaro Gil-Robles
Profesión Abogado y político
Alma máter Universidad de Salamanca
Religión Católico

José María Gil-Robles y Quiñones de León (Salamanca, 22 de noviembre de 1898 - Madrid, 14 de septiembre de 1980) fue un político y abogado español.

Biografía[editar]

Formación[editar]

Se licenció en Derecho en la Universidad de Salamanca a los 21 años, siguiendo la carrera jurídica ejercida por su padre, Enrique Gil Robles. Militó desde su juventud en organizaciones políticas y sociales católicas. Doctorado en la Universidad Central de Madrid, obtuvo en 1922 la cátedra de Derecho Político de la Universidad de La Laguna (San Cristóbal de la Laguna, en la provincia canaria de Santa Cruz de Tenerife), que apenas ejerció. Nuevamente en Madrid, formó parte relevante de la redacción del diario católico El Debate, dirigido por Ángel Herrera Oria. Secretario de la Confederación Nacional Católico-Agraria, en 1922 se integró en el Partido Social Popular, liderado por Ángel Ossorio y Gallardo.

Durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)[editar]

Un año más tarde, iniciada la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, colaboró con José Calvo Sotelo, director general de la Administración Local, en la redacción del Estatuto Municipal.

La República (1931-1936)[editar]

Presentado en las candidaturas del Bloque Agrario, fue elegido diputado en las primeras elecciones de la II República, celebradas en junio de 1931, dos meses después de la proclamación de ésta. Intervino en las Cortes Constituyentes, en las que destacó por su oposición a la política religiosa del nuevo régimen republicano desde su calidad de miembro de la comisión redactora del proyecto constitucional.

Intervino en el debate de la cuestión religiosa en la Constitución de 1931 en defensa de la línea católica “posibilista” preconizada por el cardenal Francisco Vidal y Barraquer, en el que (según el historiador Manuel Álvarez Tardío) tras recordar el rechazo de los católicos al principio de la libertad de conciencia, se mostró dispuesto a aceptar, con matices, la declaración del laicismo del Estado, siempre que se reconocieran los “derechos de la Iglesia”, incluidos los de las órdenes religiosas.[1] Su intervención concluyó con una advertencia:

Nosotros entendemos que el proyecto constitucional, tal como viene redactado es un proyecto de persecución religiosa y, por consiguiente, nosotros en estas condiciones no podemos aceptarlo... Afirmamos que, dentro de la legalidad, sin violencias, sin apelaciones a la fuerza, sin guerras que nuestra doctrina nos prohíbe, declararemos hostilidad al proyecto de Constitución en la hipótesis que se aprobara una medida persecutoria, tanto en el texto constitucional como en potencia para el porvenir; que, desde el momento en que se aprobara un texto de esta naturaleza, por nuestra parte declararíamos abierto un nuevo periodo constituyente (Grandes rumores)[2]

En 1931 pasó a militar en Acción Nacional, creada poco antes por Ángel Herrera Oria y rebautizada en 1932 como Acción Popular, cuando Gil-Robles era ya uno de sus principales dirigentes.

Defendió la postura del accidentalismo, según la cual lo importante no era la forma del Estado (monarquía o república), sino que éste defendiera los intereses de la Iglesia. Esto chocó con otras posiciones derechistas, que se declararon opuestas a la República desde el principio.

A finales de febrero y principios de marzo de 1933 participó en la creación de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), al integrar en ella la Acción Popular. Su nuevo partido obtuvo la victoria en las elecciones de noviembre de 1933, pero con una escasa mayoría (115 escaños de 450), lo cual le imposibilitaba para formar gobierno en solitario. Apoyó al nuevo gabinete presidido por Alejandro Lerroux desde ese mismo mes, así como a los siguientes, encabezados también por otras figuras del Partido Republicano Radical de Lerroux.

Ministro de la Guerra[editar]

El 6 de mayo de 1935 fue nombrado ministro de la Guerra por Lerroux, promocionando a una serie de militares que tendrían un gran protagonismo durante la posterior Guerra Civil. Así, ordena que el general Francisco Franco se haga cargo del mando del Estado Mayor Central, el general Emilio Mola vuelve al servicio activo y toma el mando de las fuerzas del Protectorado español de Marruecos, el general Joaquín Fanjul es nombrado subsecretario y se asciende a general de brigada al bilaureado coronel José Enrique Varela. Como contrapartida, desaparecen del ministerio los hombres de Manuel Azaña, se restablecen los Tribunales de Honor y se autorizan los actos religiosos en los cuarteles.

Prosiguió en el cargo en el gabinete siguiente, presidido desde septiembre de ese año por el independiente Joaquín Chapaprieta. Su actitud política, contraria a la dirección dada por éste a la economía, provocó su dimisión en diciembre de 1935 y el consiguiente final de su desempeño ministerial.

En los ocho escasos meses que dura su ministerio logra un mínimo rearme, dotando de cascos de guerra a las unidades, proyectando una fábrica de aviones en Guadalajara y potenciando la Fábrica de Armas de Toledo, incluyendo 350 operarios para fabricar 800.000 cartuchos diarios.

Jefe de la oposición[editar]

Después de la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 se convirtió en el jefe de la oposición parlamentaria. Su figura se vio cada vez más eclipsada por los postulados más radicales de José Calvo Sotelo, asesinado en la noche del 12 al 13 de julio de ese año. Gil-Robles, que había partido hacia el norte poco antes, abandonó España y se dirigió a Francia. Expulsado por el gobierno de Léon Blum, pasó a Portugal.

Papel durante la Guerra Civil Española[editar]

Durante la inmediata Guerra Civil Española encomendó a sus seguidores apoyar al bando franquista, a la vez que entregó los fondos de su partido al general Emilio Mola. Gil-Robles afirmó en sus memorias que no estuvo al corriente de la conspiración militar.[3]

Conspirador por la monarquía[editar]

Finalizado en abril de 1939 el conflicto, apoyó la causa monárquica. Fue miembro del Consejo Privado del conde de Barcelona, (Juan de Borbón, padre del futuro rey Juan Carlos I) e intentó llegar a un acuerdo en 1948 con el líder socialista Indalecio Prieto para lograr la instauración de una monarquía parlamentaria en lo que se llamó el Pacto de San Juan de Luz.

En 1953 regresó a España, donde apoyó a diversos opositores al régimen. Fue desterrado en 1962 por participar en junio de ese año en una reunión antifranquista en Múnich (el llamado Contubernio de Múnich), lo que le valió asimismo ser apartado del entorno del conde de Barcelona. Comenzó entonces a escribir una serie de libros de memorias, en el primero de los cuales, No fue posible la paz (1968), intentó explicar las causas que llevaron a la Guerra Civil y justificar su intervención en los acontecimientos anteriores a la misma.

Vuelta a la política[editar]

Catedrático de la Universidad de Oviedo desde 1968. Fue uno de los abogados de los sindicalistas de Comisiones Obreras (CCOO) en el conocido como Proceso 1001.[4] En 1972 actúa como abogado defensor en Pontevedra en el caso Reace, en 1976 había aparecido otra de sus obras autobiográficas y de carácter político, La monarquía por la que luché.

Tras el fallecimiento de Francisco Franco en 1975, el inicio del reinado de Juan Carlos I y la Transición española, intentó recuperar su papel político defendiendo las posiciones tradicionales de la democracia cristiana europea. Estuvo apoyado en esta tarea por uno de sus hijos, José María Gil-Robles y Gil-Delgado.

Sin embargo, el fracaso de su partido, la Federación Popular Democrática (integrado junto al de Joaquín Ruiz-Giménez, Izquierda Democrática, en la Federación de la Democracia Cristiana) en las elecciones de 1977, en las cuales no obtuvo acta de diputado, le apartó definitivamente de la vida política.

Su hijo José María Gil-Robles pasó posteriormente al Partido Popular (PP) y llegó a ser presidente del Parlamento Europeo. Otro de sus hijos, Álvaro Gil-Robles, fue Defensor del Pueblo.

Estuvo casado con Carmen Gil-Delgado Armada.

Obras[editar]

en español
  • No fue posible la paz, Ariel, 1978
  • Pensamiento político 1962-1969, Hergon, 1970
  • Cicerón y Augusto: vigencia de un planteamiento político, Editorial Ariel, 1974
  • La aventura de las autonomías, Rialp, 1 janv. 1980
  • Marginalia política, Editorial Ariel, 1 janv. 1975
  • Por un estado de derecho, Ediciones Ariel, 1969
  • La monarquía por la que yo luché, Taurus, 1976
  • con José María Gil-Robles y Gil-Delgado, Control y autonomías, Cívitas, 1986
  • con Enrique Gil Robles, Tratado de derecho político: según los principios de la filosofía y el derecho cristianos, A. Aguado, 1961.
en francés
  • L'Espagne dans les chaînes, L'Action paroissiale, 1937
  • con José Calvo Sotelo y Luis Jordana de Pozas, Question 3e: L'autonomie municipale, enquête au sujet des relations entre le pouvoir central et les pouvoirs locaux.



Predecesor:
Carlos Masquelet Lacaci
Escudo de la Segunda República Española (bandera).svg
Ministro de la Guerra

6 de mayo de 1935 - 14 de diciembre de 1935
Sucesor:
Nicolás Molero Lobo

Referencias[editar]

  1. Alvarez Tardío, Manuel (2002). Anticlericalismo y libertad de conciencia. Política y religión en la Segunda República Española (1931-1936). Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. pp. 181–182. 
  2. Juliá, Santos (2009). La Constitución de 1931. Madrid: Iustel. p. 441. 
  3. Según declara en su libro No fue posible la paz:

    Mi actitud en relación con el movimiento

    Ya he dicho, y aquí lo ratifico, que quienes prepararon el movimiento no contaron conmigo ni me tuvieron al corriente de lo que pasaba.

    Era lógica esta actitud. Mi oposición al empleo de la violencia, mi firmeza en propugnar una política de legalidad, me ponía al margen de una tentativa que se basaba fundamentalmente en el empleo de la fuerza. Resultaba, pues, perfectamente explicable que los grupos monárquicos, que con tanta rudeza habían atacado la política oportunista; la Falange, identificada con los métodos de violencia, y el Ejército, depositario del supremo poder de las armas, quisieran dar de lado a un partido eminentemente legalista como la CEDA.

  4. [1]

Enlaces externos[editar]