Otto von Bismarck

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Otto Eduard Leopold von Bismarck-Schönhausen
Otto von Bismarck

21 de marzo de 1871 – 20 de marzo de 1890
Sucedido por Leo von Caprivi

23 de septiembre de 1862 – 1 de enero de 1873
Precedido por Adolf zu Hohenlohe-Ingelfingen
Sucedido por Albrecht von Roon

9 de noviembre de 1873 – 20 de marzo de 1890
Precedido por Albrecht von Roon
Sucedido por Leo von Caprivi

Datos personales
Nacimiento 1 de abril de 1815
Flag of Prussia Schönhausen, Prusia
Fallecimiento 30 de julio de 1898 (83 años)
Flag of the German Empire Friedrichsruh, Alemania
Cónyuge Johanna von Puttkamer
Firma Firma de Otto von Bismarck

Otto Eduard Leopold von Bismarck-Schönhausen (Schönhausen, Magdeburgo; 1 de abril de 1815[1] - Friedrichsruh; 30 de julio de 1898[1] ) fue un estadista, político y burócrata alemán, considerado como el fundador del moderno Estado alemán. Durante sus últimos años de vida se le apodó "El canciller de Hierro" por su mano dura y determinación,[nota 1] que consitía en crear un sistema de alianzas internacionales que aseguraran la supremacía de Alemania.[1]

Cursó estudios de leyes y a partir de 1835 trabajó en los tribunales de Berlín y Aquisgrán, actividad que abandonó tres años más tarde para dedicarse al cuidado de sus posesiones territoriales.[2] En 1847 entró a formar parte del Landtag prusiano,[2] donde muy pronto se convirtió en líder del ala conservadora.[2] Se enfrentó duramente a la revolución de 1848 y por esa época comenzó a perfilar lo que sería su principal objetivo político: la unificación de Alemania y la creación del Reich desde presupuestos auritorios y antiparlamentarios.[3]

Al ser nombrado, en 1862, primer ministro de Prusia, emprendió una importante reforma militar que le permitió disponer de un poderoso ejército para llevar a cabo sus planes de unificación. De esta forma, en 1864 consiguió arrebatar a Dinamarca los ducados de Laurenburg,[4] Schleswig[4] y Holstein,[4] y dos años más tarde, en lucha contra Austria, consiguió la anexión de Hesse,[4] Frankfurt,[4] Hannover[4] y Nassau,[4] lo que dio lugar a la creación de la Confederación de Alemania del Norte,[5] con Bismarck como canciller.[5] Por último, la guerra contra Francia, supuso la adhesión de Baviera y otros Estados, y en 1871 fue proclamado el II Reich.[6] Bismarck se convirtió en primer ministro de Prusia y canciller.[6] Durante los diecinueve años que se mantuvo en el poder llevó a cabo una política conservadora, enfrentándose inicialmente a los católicos y combatiendo a la socialdemocracia.[1]

A partir de 1878 rectificó su línea política y favoreció una serie de leyes proteccionistas, que le valieron el apoyo de los terratenientes, del mismo modo que un conjunto de medidas sociales le procuraron el de los católicos y los obreros.[1] Fue también el organizador de la Triple Alianza, con Italia y Austria-Hungría, creada en 1882 para aislar a Francia.[7] Al faltarle el apoyo del emperador Guillermo II, que había subido al trono en 1888, Bismarck presentó su dimisión en 1890 y se retiró a vivir al campo. Falleció en Friedrichsruh; el 30 de julio de 1898 a los ochenta y tres años de edad.[1] [2]

Contenido

[editar] Ascendencia

La familia Bismarck procedía de la antigua nobleza de la Marca (antes de Otto von Bismarck no había salido de su seno ninguna personalidad relevante). El padre, Ferdinand, era un hidalgo de provincias poco influyente, que había renunciado prematuramente a su cargo de oficial del ejército prusiano.[8] En 1806 se había casado con Luise Wilhelmine Mencken, una burguesa hija de un consejero privado vinculado ideológicamente al barón del Imperio Von Stein. Comparada con el tosco hidalgo campesino, su esposa era un personalidad eminente y muy cultivada cuya mayor ambición se cifraba en su hijo. A menudo se ha discutido la influencia que ejerció en el joven Bismarck la disparidad de carácteres y de origen de sus progenitores. La cuestión, sin embargo, es uno de esos arcanos de la naturaleza que la razón humana jamás llegará a descrifrar.[9] [10] En Bismarck parece también confirmarse el hecho de que las personas geniales surgen precisamente de las diversidad. En el futuro, el propio Bismarck se sintiría cada vez más atraído por su padre, a pesar de ser consciente de su primitivismo.[9] Su madre quiso guiarle e influirle en demasía. El hijo afirmaría más tarde

Mi madre era una mujer hermosa, amante del lujo, de inteligencia despejada y viva, pero carente casi por completo de eso que llamamos carácter berlinés.
Otto von Bismarck.[11]

[editar] Biografía

[editar] Los primeros años (1815 - 1847)

[editar] Infancia

Retrato de Otto von Bismarck a la edad de 11 años en 1826, durante esta edad él estudiaba en la Plamannsche Lehranstalt. Dibujo a carboncillo de Franz Krüger.[12]

Bismarck nació el 1 de abril de 1815,[1] año de la derrota definitiva de Napoleón (en la batalla de Waterloo).[13] Fue el cuarto hijo de una familia numerosa. Durante su infancia, no ocurrió ni un suceso destacado. Bismarck se sabía miembro de la nobleza; su formación, no obstante, respondió en las líneas esenciales a los deseos de su madre y fue muy diferente de la que se acostumbraba entonces en elos círculos de la nobleza prusiana. Estudió en Berlín, primero en la Plamannsche Lehranstalt, luego en el Instituto Friedrich-Wilhelm y por último en el Graue Kloster ("Convento Gris").[1] Bismarck no destacó demasiado entre sus maestros y compañeros. Más tarde se diría que abandonó la escuela convertido en un panteísta y convencido de que la república era la forma de gobierno más racional. Tales palabras suponían una crítica retrospectiva a las instituciones docentes de la época, más influidas por el espíritu burgués y el humanismo que por la tradición monárquico-conservadora. No obstante, afirmar su perfecta compenetración con la república es, a todas luces, exagerado.

[editar] Estudios universitarios

Retrato de Bismarck de la época en que era estudiante de Gotinga. Autor anónimo, hacia 1836.[14]

En 1832, a los diecisiete años, ingresó en la Universidad de Göttingen para estudiar leyes. De todos sus profesores, Bismarck sólo se interesó por Heeren, historiador y profesor de Derecho público cuyas ideas sobre el mapa político europeo le dominarían en gran medida en el futuro.[15] Bismarck se hizo miembro del Corps Hanovera, pero apenas aprovechó las posibilidades intelectuales que le ofrecía aquella ciudad universitaria, tan famosa en su tiempo, sino que se entregó cuerpo y alma a las alegrías de la vida estudiantil. Muchas de sus aventuras, de mayor o menor gusto, en ocasiones le crearon conflictos con las autoridades académicas. El mismo habló con franqueza e ironía de su "vida silenciosa", a través de la cual se desfogaba una personalidad aún sin moldear. Entre sus amigos, además de los miembros de la nobleza Corps Hanovera, se contaban dos importantes personalidades extranjeras. En aquella época Bismarck, sin verdad alguna por su parte, reconocía su fuerza interior; en una carta dirigida a un amigo de juventud escribía:

Seré el último pelagatos o el hombre más grande de Prusia.[16]

En esa época no existe el más leve indicio de opiniones políticas que dejen vislumbrar la futura obra del creador del Reich. Bismarck finaizó sus estudios en Berlín sin haber aprovechado las posibilidades científicas que la universidad le ofrecía. También en este aspecto se desfogó su vigorosa naturaleza. Por lo que a los estudios se refiere, Bismarck se limitó a aprender lo necesario para aprobar, práctica entonces no tan habitual como hoy. En 1835 realizó su examen de licenciatura en Derecho, que no nos ilustra demasiado su ideario, pues respondía más a las preguntas del examinador que a los intereses del examinado.[5] Bismarck, cargado de deudas muy a pesar de su padre, debió de reírse en su interior de que se le preguntase a él sobre la necesidad del ahorro.

[editar] Labor en los tribunales

Los años siguientes los pasó en los tribunales de Berlín y Aquisgrán. Su meta final era la diplomacia, pues descartaba dedicarse a la otra carrera posible para un joven noble, la de las armas.[5] Su labor en los tribuanles acrecentó su aversión hacia la burocracia y hacia el formalismo de un servicio rígidamente reglamentado, aversión que conservaría durante toda su vida. Tener jefes fue siempre algo superior a las fuerzas. En Aquisgrán también se consagró por entero a los placeres de la vida, y durante meses y sin permiso, viajó siguiendo los pasos de una joven inglesa. Posteriormente continuaría su labor en Potsdam. En Aquisgrán, sus superiores reconocían su capacidad, pero opinaban que debía ser más disciplinado en el servicio. A este respecto, Bismarck comentaba con aquella sinceridad tan característica en él:

Creo que el gobierno de Aquisgrán me ha dado notas más altas de las que realmente merezco.[17]

[editar] Retiro de la actividad burocrática

Retrato de Otto von Bismarck hacia 1847. Retrato anónimo.[18]

En 1838, Bismarck renunció a la actividad burocrática y al rígido servicio público.[5] [17] Esta decisión maduró con lentitud y no contó con la aprobación de sus padres.[17] Para Bismarck, ser funcionario y ministro no era precisamente suerte. La misión del funcionario -pensaba- se reducía a impulsar de oficio, sin aportar iniciativas propias, la maquinaria administrativa.

Pero yo deseo hacer la música, la música que a mí me gusta, o permaneceré en silencio.
Otto von Bismarck.[19]

Este rechazo de la burocracia, por los demás muy extendido entre la nobleza, simboliza en Bismarck una profunda ansia de una actividad independiente. Las declaraciones de estos años dejan de traslucir cierta inclinación por las tareas de estadista. Para él, lo esencial entonces era su deseo de tener en la práctica un margen de actuación. El presidente o ministro, decía, "no tratan con personas, sino con papel y tinta únicamente".[20]

Más tarde, durante muchos años, Bismarck se dedicó a administrar posesiones agrícolas, mientras en el plano teórico se preparaba con estudios que nos asombran por su amplitud. El servicio militar, cumplido a disgusto y de manera muy irregular, interrumpió esas actividades. Durante este período continuaron los incesantes viajes y la vida agitada; sus vecinos llamaban a Bismarck el "desenfrenado".[19] [20] [21] Su dedicación a la agricultura se complementó con una abundante lectura de obras históricas, filosóficas y literarias.[19] Se interesó especialmente por Shakespeare y Byron, dejando a un lado a Goethe: el verso que afirma que el hombre podría, sin odio, automarginarse del mundo, le horrizó.[20] Leyó también, sin comprenderlos a veces, a los filósofos radicales de su tiempo: Strauss, Ludwig Andreas Feuerbach y Bruno Bauer.[19] El mismo hablaba de su "desnudo teísmo".

A la larga, Bismarck comprendió que la vida campesina, a pesar de los viajes y la lectura, tampoco colmaba sus aspiraciones más íntimas. Llegó a decir que la experiencia le había hecho ver el carácter ilusorio de la felicidad arcádica de un agricultor fervoroso de la contabilidad de partida doble.[20] Sus opiniones de los años cuarenta contienen una severa autocrítica; en un pasaje dice que se "dejaba llevar a la deriva por el río de la vida".[19] Sus relaciones con amigos pietistas y el conocimiento de Johanna von Puttkamer provocaron cambios en su intimidad.[22] Marie von Thadden, novio de uno de sus amigos, y amiga íntima a su vez de Johanna, intentó convertir a Bismarck que todavía mantenía opiniones muy heterodoxas en el tema religioso. Pero sería la enfermedad mortal de Marie la que condujo a lo que se ha dado en llamar la conversión de Bismarck,[20] el cual comenzó a frecuentar los círculos protestantes y cristianos, aunque sin contraer un compromiso religioso estrecho. La ideología esencialmente protestante-cristiana de Bismarck, íntimamente ligada a su compromiso matrimonial y a su boda, no puede abstraerse de su modo de pensar global como político y estadista; no obstante, el calificativo de "político cristiano" tampoco parece muy ajustado.

Bismarck había entrado en contacto con Johanna von Puttkamer gracias a su amiga Marie von Thadden. En diciembre de 1846, poco después de la muerte de esta última, Bismarck pidió a Von Puttkamer la mano de su hija en una carta sobradamente conocida. En ella Bismarck hablaba con toda franqueza de su evolución religiosa, limitándose así a cuestiones ya sabidas por su futuro suegro, el cual, por lo demás, debía de albergar ciertos reparos sobre la vida anterior de Bismarck.[23] Este, como era habitual en él, supo hallar un tono conveniente y preciso para agradar al destinatario de la carta, mezclando en ella la sinceridad y la habilidad diplomática.[24] La misiva muestra, sin género de dudas, en sus rasgos esenciales los verdaderos sentimientos de su autor.

El matrimonio con Johanna se celebró en julio de 1847.[24] Bismarck, en una carta dirigda a su hermanos, la definió como "una mujer de inteligencia y nobleza de sentimientos muy singulares".[25] Bismarck halló en ella sostén y ayuda a lo largo de toda su existencia, precisamente porque evitó con exquisito cuidado influenciarla políticamente en el más estricto sentido de la palabra.[25]

[editar] El Landtag unificado (1847 - 1851)

[editar] Elección y desarrollo como miembro del Landtag

Bismarck comenzó su actividad pública algunas semanas antes de su boda; en mayo de 1847 la nobleza le había elegido miembro del Landtag unificado prusiano.[26] El Landtag unificado de 1847 fue el primer parlamento verdadero de la historia alemana. En él, los liberales moderados disponían de mayoría absoluta. El grupo de las derechas, que defendía la autoridad de la corona y los intereses de la nobleza latifundista, contaba con una representación muchos más reducida. Uno de sus miembros era Bismarck, que sufrió, en principio, la decepción de ser nombrado diputado suplente.[27]

Bismarck, diputado por el estamento de la nobleza de Jerichow en el primer Parlamento territorial unificado, 1847. Grabado en madera.

Bismarck ya tenía cierta experiencia en estas lides, pues anteriormente había ejercido como Deichhauptmann de las Dietas.[26] El futuro detractor del parlamentarismo se inició, por tanto, en la vida política dentro de una actividad constitucional y parlamentaria.[27] Bismarck se alineaba entonces con las fuerzas conservadoras. En su primer artículo periodístico, Bismarck defendía el derechos de los nobles terratenientes a practicar monterías en las fincas de sus campesinos, y además la preservación del derecho patrimonial, oponiéndose con ello tanto a las exigencias de los liberales como al credo de los absolutistas.[28] Bismarck estrechó los lazos con Leopold von Gerlach,[26] amigo íntimo de Federico Guillermo IV. Gerlach representaba a la conrriente cristiano.constitucionalista-conservadora y rechazaba el autoritarismo del Estado.

En su actuación dentro del Landtag unificado, Bismarck se reveló como un ultraderechista a ultranza y un riguroso hombre de partido.[29] Ya en 1847 escribía a su prometida:

El hombre se aferra a los principios mientras éstos no son puestos a prueba, porque cuando eso sucede, uno los desecha igual que el campesino sus viejas abarcas, y corre con todo el vigor que le permiten sus piernas, que para eso las tiene.
Otto von Bismarck.[27]

[editar] Defensa por la clase alta

En principio, Bismarck defendió los derechos de la corona y de la nobleza,[27] cosa natural en él si tenemos en cuenta que era miembro de la última.[30] Bismarck salto a la fama con un burdo discurso en el que atacaba decididamente la tesis -no expresada, como es lógico, con estas palabras- de que en 1813 la lucha del pueblo prusiano contra la dominación extranjera había tenido un único móvil: lograr una constitución. Semejante discurso provocó, por supuesto, una sesión tormentosa del Landtag, y evidenció, por un lado, su temperamento combativo y violento y, por otro, su calma impertubable frente a cualquier ataque.[31] Cuando, por ejemplo, se le prohibió intervenir durante algún tiempo, Bismark, sacó un periódico de su bolsillo y se puso a leerlo.[32] Pero hasta una parte de sus amigos conservadores pensaban que sus ideas suponían una simplificación errónea de los problemas objeto de discusión. Con todo, el incidente convirtió a Bismarck en el luchador por antomasia contra el liberalismo y la constitución.[32] Los discursos de Bismarck de esta época evidencian un ardor combativo y beligerante falto de argumentaciones objetivas y pronto a dar rienda suelta a su cólera contra las circunstancias entonces imperantes y contra los liberales.[31]

Entrada de los diputados de la Asamblea Nacional Alemana en la Iglesia de San Pablo (Paulskirche) de Frankfurt, el 18 de mayo de 1848.

Semejante actitud se hizo evidente sobre todo en 1848. Los discursos de los años 1848-49 llevan emparejados su marcado belicismo y su desprecio por el enemigo. En estas épocas tempranas se echó de menos ese autodominio que Bismarck demostraría en el futuro sin abdicar de su dureza. En un debate sobre la emancipación de los judíos, Bismarck reconoció con orgullo que él había recibido aquellos prejuicios con la lecha materna.[32] Se declaraba partidario del Estado cristiano y consideraba la lucha contra los judíos -era el sentir general de la época- básicamente como una lucha confesional. Para Bismarck un judío dejaba de serlo en cuanto se convertía a uno de los credos cristianos. En el Parlamento de Erfurt le disgustó verse obligado a actuar de secretario al lado de un presidente judío (Simson),[32] que durante el mandato de Bismarck se convertiría en el primer presidente del Tribunal Supremo de Justicia del Imperio Alemán.[31]

[editar] Seguidor del Prusianismo

Durante el año revolucionario de 1848, Bismarck fue un luchador decidido en pro del prusianismo y de la monarquía.[32] Horrorizado por las muestras de debilidad del monarca, pretendió llevar una columna de campesinos armados a Berlín,[31] y cuando la reinó excusó a su esposo, alegando que dormía muy poco, Bismarck contestó en tono grosero:

¡Un rey tiene que poder dormir![33]

Bismarck, en el fondo, no era consciente de que el movimiento de 1848 estaba apoyado por sectores muy amplios ni comprendía su base nacional. Plenamente identificado con la ideología prusiano-conservadora, hablaba de la "codicia de los proletarios". Más tarde editó un poema que los oficiales prusianos cantarían en Potsdam con motivo de los sucesos del 21 de marzo.[32] Los versos más importantes, que sin duda reflejaban los sentimientos del propio Bismarck, decían así:

Y entonces un grito partió el corazón:

No seréis ya prusianos, seréis alemanes [...]
Termina aquí, Zollern, tu historia gloriosa,

Aquí cayó un rey, pero no en la contienda.
Fragmento de un poema de Otto von Bismarck.[34]
Johanna von Puttkamer, en 1847, año en que se casó con Bismarck.

El rey juzgó la actitud de Bismarck en aquello días con las siguientes palabras:

Debe usarse únicamente cuando la bayoneta campe por sus respetos.[35]

Después de la revolución, Bismarck ingresó en la "camarilla" creada por los hermanos Gerlach.[35] Le decepcionó no resultar elegido para la Asamblea Nacional Prusiana. A comienzos de 1849 se convirtió en miembro de la segunda Cámara del Landtag prusiano, reelegido en varias ocasiones, y posteriormente también del Parlamento Erfurt.[36] En esta época, Bismarck pronunció su famoso discurso sobre el Tratado de Olmütz, que constituitía el punto culminante de su actividad parlamentaria.[36] Por entonces intentaba por todos los medios a su alcance defender el poder de la corona y los privilegios de la nobleza. Participó en la fundación del Kreuzzeitung ("Diario de la cruz") y en la asamblea constituyente de la "Asociación para la defensa de la propiedad y para el fomento del bienestar de las clases populares",[36] considerada por el pueblo, no sin motivo, como el parlamento de los Junkers.[37] Los problemas de la política interior acaparaban por entones todo el interés de Bismarck. La cuestión alemana sólo cobró importancia para él cuando la elección del emperador en Frankfurt la convirtió en un asunto más de la política prusiana.

Bismarck dirigió con decisión y firmeza sus ataques contra cualquier tentativa liberal o democrática. Pensaba que la opinión del pueblo, base del movimiento de 1848, había sido más o menos dirigida. Cada uno había entendido por pueblo lo que le "convenía", por regla general una agrupación de individuos adictos a la propia opinión. Su desprecio hacia el pueblo no le impidió un intento de manipular o dirigir la opinión pública. Bismarck escribió a su hermanos pidiéndole le enviase a Berlín adhesiones, "muchas adhesiones de particulares, aunque cada una de ellas sea firmada por unas pocas personas, y a ser posible de cada ciudad; no importa que estén firmadas por una sola persona, porque en este caso no se darán a conocer. Sopla, herrero, y ganarás dinero".[37] Defensor a ultranza de los derechos de la nobleza terrateniente, Bismarck enjuiciaba la política fiscal como una especie de confiscación; llamaba a las elecciones de una lotería y criticaba con extrema dureza cualquier asomo de parlamentarismo; defendió contra viento y marea la ejecución de Blum.[36] Por otro lado, reiteradas declaraciones de esta época revelan que Bismarck no tenía en muy alta estima el talento político de sus iguales de la nobleza. Prusia carecía de la clase social que hacía política en Inglaterra. Al igual que otros muchos nobles, Bismarck dirigió sus ataques contra el absolutismo y contra la opinión manifestada por Federico Guillermo I:

Concibo el poder comme un rocher de bronze.[36]

Creía que la revolución saldría del funcionariado y de la clase media pretendidamente culta de las grandes ciudades. Atacaba con energía incansable la codicia de las capas sociales más bajas y pensaba que el constitucionalismo era la fórmula más cara. Combatía el matrimonio civil. Todas estas ideas evidenciaban una indudable influencia de Stahl,[38] cuyas teorías sobre el Derecho público habían causado una impresión muy honda en Federico Guillermo IV.

Primera sesión de la Asamblea Nacional Alemana en la Paulskirche. Su presidente era el barón Heinrich von Gagern, Litografía, 1848.

Su actitud en política interior determinó también en gran medida la posición de Bismarck con respecto a los planes alemanes de la Asamblea Nacional de Frankfurt. No la combatió, como con frecuencua se ha afirmado, porque rechazase sus concepciones sobre política interior. Bismarck, hombre de ideología prusiana y conservadora, no deseaba en absoluto que por entonces se solucionase la cuestión alemana. En los tiempos más bajos del poder prusiano hay ciertas manifestaciones de Bismarck en las que resuenan ecos de una política nacional. Pero dichas apreciaciones desaparecerán cuando la posterior evolución le permita a Bismarck cifrar de nuevo sus esperanzas en Prusia. Bismarck pretendía exclusivamente situar a Prusia a la altura de las grandes potencias, mientras que en política interior dedicaba todas sus energías a combatir la revolución. En su opinión, los planes de la Paulskirche apuntaba contra Prusia, intentando minar su posición y su base política.

El verdadero interés por la cuestión alemana se despertará cuando la elección de emperador en Frankfurt provoque diferencias en Berlín. Por entonces, Bismarck, como oposición a la "patraña alemana", solía referirse una y otra vez a su acendrado prusianismo."¡Prusianos somos, y pusianos queremos seguir siendo!",[39] exclamó en cierta ocasión. Bismarck tampoco enjuiciaba desde una perspectiva nacionalista la suerte de Scheleswig y Holstein, que tan profundas preocupaciones suscitaba en los ambientes político. para él, la lucha de los habitantes de Scheswig y Holstein significaba una sublevación contra su legítimo señor, el rey de Dinamarca.[40]

Bismarck se oponía tajantemente a que el rey de Prusia aceptase su elección como emperador decidida por la Asamblea Nacional de Frankfurt. Además desconfiaba de las instituciones oficiales, que se habían dejado impresionar por la tramoya de la Paulskirche. En abril de 1849 opinaba que Prusia debía seguir siendo Prusia, ya que así estaría en condiciones de dar leyes a Alemania, dando a sus palabras un tono y un acento nuevos:

Si le preguntáis a cualquiera que hable alemán por la unidad alemana, os responderá que la desea; pero a mí, con esta constitución, no me parece en absoluto deseable.[40]

En realidad, Bismarck sólo pretendía que reinara la armonía y la concordia entre los distintos Estados alemanes y rechazaba de plano cualquier política unificadora que limitara el poder y la autonomía de Prusia.[40]

Así lo demuestra con especial claridad la oposición de Bismarck a la política de unificación que llevó a cabo el fallido intento de conseguir, gracias al gobierno prusiano, los objetivos en los que había fracasado la Asamble Nacional de Frankfurt.[40] Bismarck combatió al cabecilla de dicha tendencia unificadora (Joseph von Radowitz) con todos los medisoa a su alcance y lo convirtió en blanco de sus burlas. Bismarck, que defendía el nacionalismo prusiano como un factor específico, temía que la monarquía prusiana desapareciera en la "hedionda agitación revolucionaria que estaba sumiendo en el caos al sur de Alemania".[40] Bismarck aún no había oído cantar a ningún soldado alemán ¿Was ist des Deutschen Vaterland? ("¿Qué es de la patria alemana?").[40] Y cuando un diputado liberal lo calificó de hijo pródigo de Alemania, Bismarck respondió:

Mi casa paterna es Prusia, y yo ni la he abandonado ni la abandonaré jamás.[41]

Poco tiempo antes había afirmado que había que hablar al sentido común del hombre prusiano, no a los corazones alemanes, enfocando así la cuestión desde la perspectiva de la individualidad de Prusia y de belicismo en política interior, suponen la más dura crítica a las aspiraciones alemanas de su tiempo.[41] Por entonces Bismarck no tenía aún conciencia de que la política prusiana era tan poco realista como la de los liberales. Él quería establecer una unión íntima con Rusia, animado -como los Gerlach- en su fuero interno por la convicción de la solidaridad conservadora de las grandes monarquías.[40]

A decir verdad, ya en 1849 hay una serie de indicios que dejan de traslucir la superación por parte de Bismarck de sus rígidas ataduras a la política interior. En unca carta dirigida a su esposa afirmaba que la cuestión alemana se resolvería por medio de la diplomacia o de las armas;[42] en uno de sus discursos opinó que Federico II el Grande no había fomentado la unificación política, sino "el rasgo más destacado del nacionalismo prusiano: el militarismo".[42]

Él sabía que hoy, al igual que en los días de nuestros padrers, el sonido de la trompeta, invitando a los prusianos a alistarse en los ejércitos de su soberano, conserva todos sus atractivos para los oídos de las gentes de Prusia, ya que se trata de defender las propias fronteras o de buscar gloria y la grandeza de Prusia.

Federico, tras haber roto con Frankfurt, pudo haber elegido unirse a su antiguo aliado, Austria, y asumir así el brillante papel que desempeñó el emperador de Rusia, es decir, aniquilar, aliado con Austria, al enemigo común, la revolución. También habría podido, con el mismo derecho que ocupó Silesia, imponer a los alemanes, después de rechazar la corona imperial que se le ofreció en Frankfurt, una determinada constitución, aun a riesgo de desequilibrar con su espada el fiel de la balanza. Esto habría sido una política nacional prusiana, que habría dado a Prusia (en el primer caso en colaboración con Austria, y en el segundo por sí misma) el rango necesario para conseguir para Alemania la autoridad que merece en Europa. Estas palabras preludiaban sin sombra de duda el planteamiento político de problemas que predominarían luego en los años cincuenta. En el mismo discurso llegó a afirmar que el "águila prusiana" debía extender sus "alas protectoras y dominar el espacio desde el Niemen inferior hasta las Donnersberge". Estas palabras constituyen el primer indicio de que Bismarck aspiraba a la hegemonía de Prusia en el norte de Alemania.[43] Pero en conjunto, la posición de Bismarck no se diferenciaba con nitidez de la que mantenían sus amigos más íntimos (Leopold von Gerlach sobre todo): éstos no querían restingirse exclusiavamente al gran rey prusiano y se esforzaban por evitar una lucha con Austria en interés de los objetivos comunes de política interior de ambas potencias.

A este respecto, Bismarck defendió, el 3 de diciembre de 1850, el tratado preliminar de Olmütz (firmado el mes anterior),[43] por el cual Prusia renunciaba a su política de unificación y llegaba a un acuerdo con Austria, cediendo a las presiones de Rusia. El hecho supuso una seria derrota para la política prusiana. A pesar de todo, Bismarck defendió con habilidad y brillantez el acuerdo en el famoso discurso pronunciado ante la segunda Cámara, de lo que quizá se puede deducir no era plenamente consiente de que, desde una perspectiva imperialista, tal suceso significaba una derrota para el Estado prusiano. Más tarde se justificaría aduciendo que en aquella época el ejército prusiano no estaba en condiciones de afrontar una guerra. Sin embargo, la verdadera razón de la actitud de Bismarck fue muy otra: por entonces estaba absorbido e influenciado por plasmar la solidaridad en política interior contra "la democracia negra, roja y oro", y dedicó todos sus esfuerzos a mantener la paz.[43] La destitución de Radowitz le lleno de júbilo. En las cartas que escribía a su esposa comparaba la patraña alemana y la cólera hacia Austria. Creía que la paz también le interesaba a "nuestro partido". Los ejércitos conservadores no debían aniquilarse entre sí; según él, no era honorable "condenar con la palabra el camino de la revolución y, sin embargo, seguirlo en la práctica".[43] Prsuai y Austria, en pie de igualdad, debían reconciliarse entre sí a expensas de los estados más pequeños.

A pesar de las poderosas ataduras que la política interior le imponía a su concepción de la política exterior, el discurso contiene formulaciones divergentes con las teorías sobre política exterior de sus amigos conservadores:

La única base sana de un gran Estado -que marca demás diferencias esenciales con los estados menores- es el egoísmo estatal y no el romanticismo; no es, por tanto, digno de un Estado poderoso luchar por una causa distinta a sus propios intereses.[44]

Para un estadista es muy fácil llamar a la guerra, pronunciar discursos enardecidos y "confiar al mosquetero, que se desangra sobre la nieve, la obtención o no de la victoria y la gloria para su sistema. Sí, nada más fácil para el estadista, pero ¡ay de aquel que en estos tiempos no halle motivos plausibles para emprender una guerra".[45] Bismarck se oponía a la calificación de Austria como país extranjero,[45] y de hecho llamaba a su monarca heredero de una larga serie de emperadores alemanes.

Extraña modestia la que nos obliga a no considerar a Austria una potencia alemana. La única razón que se me ocurre es que Austria tiene suerte de dominar zonas extranjeras que en la antigüedad fueron sometidas por las armas alemanas.[46]

Esta declaración de Bismarck se ha interpretado, erróneamente, en sentido pangermanista;[47] sin embargo, su concepción estaba en clara oposición a la situación entonces imperante: Austria era un Estado cuyo rasgo fundamental no era el estar habitada por población alemana, sino su carácter de gran potencia que había blandido a menudo y con éxito la espada alemana.[45]

Esta serie de ideas, sin embargo, permanecían aún englobadas dentro de la espinosa cuestión de la política interior. El honor prusiano pasaba por rehusar cualquier tipo de unión contra natura con la democracia. Austria y Prusia eran las dos potencias protectoras, con iguales derechos, de Alemania. Bismarck todavía creía por entonces en la auténtica igualdad de ambas potencias y estaba dispuesto a conseguirla de facto a costa de los estados alemanes más pequeños.[45] Cuando poco después fue nombrado embajador del Parlamento de Frankfurt, acudió allí considerándose amigo de Austria. Ya en 1849 había arrendado su patrimonio familiar y ya se había trasladado a Berlín. Así pues, al llegar la tormentosa época revolucionaria, Bismarck había renunciado a su profesión de hidalgo campesino.[45]

[editar] Embajador en Frankfurt, San Petersburgo y París

[editar] Bundestag en Frankfurt

El Palacio de Thurn und Taxis en Frankfurt, sede del Bundestag, en 1900

En 1851 Bismarck se convirtió en embajador ante la Dieta de Frankfurt;[48] en ese momento era el cargo más relevante de la diplomacia prusiana, y así lo reconoció el mismo Bismarck. El nombramiento de una persona carente de preparación en el terreno diplomático para ocupar semejante puesto constituía un hecho extraordinario.[nota 2] la propuesta había partido de Leopold von Gerlach, que veía en Bismarck el eterno luchador contrarrevolucinario aliado con Austria. Bismarck marchó a Frankfurt, según sus propias palabras, en estado de "virginidad política".[48]

Durante los primeros momentos, sus ideas sobre política interior permanecieron invariables con respecto a las que había mantenido en la época de 1848.[48] Hasta 1852 siguió perteneciendo a la segunda Cámara prusiana, y en ella desarrolló una lucha radical y muy personal. Ese mismo año una discusión política con el destacado liberal Von Vincke desembocó incluso en un duelo sin consecuencias. Como en el pasado, Bismarck se declaraba partidario de los Junkers[nota 3] y criticaba el sistema constitucional; es más: en una ocasión llegó a decir que el pueblo prusiano haría volver al redil de la obediencia a las grandes ciudades, "aunque para ello tuviera que borrarlas del mapa".[48] Estas palabras le valieron el calificativo de "aniquilador de ciudades".[49] Por otro lado, condenaba sin cesar el absolutismo, equiparándolo a la burocracia liberal. Al recibir su nombramiento de embajador en Frankfurt, Bismarck llegó a burlarse de sí mismo afirmando:

Mi conversión en consejero privado es una ironía con la que Dios me castiga por haber hablado mal de los consejeros privados.[48]
El príncipe Klemens von Metternich, que se vio obligado a dimitir como canciller austríaco en 1848. Poco después fue visitado por Bismarck en Frankfurt.

A su llegada a Frankfurt, Bismarck creía en la igualdad de derechos entre Austria y Prusia. Desde la época de los Hohenstaufen nunca había gozado Alemania de tanto prestigio. Pero este juicio no tardaría en modificarse, a consecuencia de la asistencia a las sesiones del Bundestag: en él las discusiones versaban sobre temas intrascendentes, y Bismarck hablaba de la charlanatería y presunción de sus inteligentísimos miembros, que todo lo reducían a agua de borrajas; criticaba la vida social de Frankfurt, la afición desmedida de los diplomáticos por el baile y los rasgos burgueses de la sociedad de aquella ciudad. Bismarck se veía obligado a bailar el rigodón con las esposas de sus proveedores, pero al menos "la gentileza de tales damas me hacía olvidar la amargura por las desorbitadas facturas y malos géneros que me proporcionaban sus maridos".[50] Era el típico orgullo del Junker frente a la sociedad burguesa de una antigua ciudad imperial carente de nobleza cortesana. A pesar de todo, al principio Bismarck se sentía muy a gusto, hasta el punto de confesar a Gerlach en una carta que "en Frankfurt vivía como Dios".[51]

El problema fundamental para el nuevo embajador lo constituyó la actitud a adoptar frente a Austria, fruto en buena parte del representante de Prusia ante el Bundestag.[51] Antes de 1848, Austria había evitado vencer por la fuerza de los votos a la segunda gran potencia alemana, a pesar de que durante la época de Metternich la superioridad de Austria era, en este terreno, indiscutible. Al iniciarse su estancia en Frankfurt, Bismarck había visitado al ex canciller Metternich en su palacio de Johannisberg;[51] al parecer, ambos estadistas se entendieron a las mil maravillas. Metternich censuraba también la actitud de su sucesor, Schwarzenberg, que recalcaba la supremacía austríaca. A partir de 1848, tras la elección del emperador, los políticos austríacos veían en Prusia a un rival y deseaban relegarla a un segundo plano. Bismarck pronto alzó su voz contra el desconsiderado gobierno de la mayoría, que acabaría por arruinar la Confederación. Se daba cuenta de que, contrariamente a sus propias ideas, Austria no tenía intención de reconocer la igualdad de derechos de Prusia, de modo que el primer objetivo de Bismarck en Frankfurt se centró en batallar por la igualdad, utilizando todos los medios a su alcance.[52] A raíz de este comportamiento el embajador ruso comparó la actuación de Bismarck con la de los estudiantes. Para sus colegas, la rudeza de métodos del joven embajador prusiano evidenciaba una falta de auténtica educación diplomática. Bismarck abogó por la igualdad ante el ministro plenipotenciario de Austria conde Thun, en ocasiones empleando medios visiblemente drásticos.

En el fondo, el motor de la actividad de Bismarck en el Bundestag fue la lucha por la igualdad y no la preparación del terreno para dirimir la hegemonía en Alemania. A finales de noviembre, las diferencias entre Thun y Bismarck se habían ahondado, y el segundo informaba a Berlín:

Thun hablaba y hablaba dejando traslucir su fanatismo pangermanista; yo aducía que la existencia de Prusia, y más después de la reforma, era un factum ciertamente fastidioso, pero también inmodificable; argumenté que teníamos que partir de hechos y no de ideales, y le rogué que meditara si los resultados que Prusia iba a alcanzar por caminos tortuoso podrían compensar las ventajas de la alianza prusiana; porque una Prusia que -con su propias palabras- "renunciaba a la herencia de Federico el Grande", para entregarse de lleno a su verdadero destino providencial de chambelán del imperio, no perjudicaría en Europa, y antes de aconsejar yo a mi país una política semejante, la cuestión tendría que dirimirse por la fuerzas de las armas.[52]

Thun comparó a Prusia con un hombre al que le hubiera tocado el primer premio de la lotería y pretendiese que el acontecimiento se repitiese cada año. Bismarck respondió que si así pensaba Viena, Prusia tendría que volver a jugar a la lotería.[52] Fue ésta la primera vez que Bismarck barajó la posibilidad de una confrontación con Austria, pese a ser consciente de que reinando Federico Guillermo IV esa política era descabellada. Quizá lo que más le molestó de las palabras de Thun fue advertir que escondían, en el fondo, una gran verdad. En años posteriores aplicaría a veces a Prusia la cita de Goethe: "Hemos venido a menos in apenas darnos cuenta".[53]

En aquella época, Bismarck ni quiso ni contribuyó a la ruptura con Austria. La postura de dicha nación se debía, según él, a su propia situación interna. Sin embargo, no tardó en darse cuenta de que la federación era un simple freno para la política prusiana y en consecuencia comenzó a recomendar una política de independencia. En una carta a su hermana escribía que el famoso lied de Heine:

O Bund, du Hund, du bist nicht gesund![53] ¡Ay! Confederación, perra, estás enferma!

Pronto se convertiría por decisión unánime de los alemanes en himno nacional. Bismarck pensaba que las exigencias prusianas debían ser satisfechas mediante pactos individuales "dentro del ámbito geográfico que la naturaleza nos ha destinado".[53] A Gerlach le informó de las diferencias con Austria, "gracias a las cuales tarde o temprano se irá a pique el carro de la Confederación, en el cual el caballo prusiano tira hacia adelante mientras el austríaco lo hace hacia atrás".[53] En este sentido, Bismarck obró con absoluta coherencia: al negociar los derechos de la prensa, consiguió que no se persiguieran los ataque a la estabailidad de la Federación. Con marcada ironía llegó a afirmar que esas circunstancias a la prensa libre le entusiasmaban. Bismarck criticaba con dureza el egoísmo político de los Estados alemanes que perseguían una política alemana, buscando en realidad su propio interés.[54] Más tarde, siendo canciller del imperio, se comportaría de modo similar y hablaría del abuso de la palabra de Europa por parte de las grandes potencias.[53] Bismarck fue siempore un abierto partidario de defender los intereses del propio Estado, pero también es verdad que presupuso en los demás la misma actitud.

Durante su estancia en Frankfurt, Bismarck desplegó una frenética actividad informativa, que abarca desde escritos oficiales hasta citas privadas. Con toda seguridad no debió de ser un oponente fácil para los austríacos, y por los informes de éstos se sabe que sus manifestaciones no siempre coincidían en el tono con las informaciones que, como embajador, enviaba a sus superiores. La postura de Bismarck era muy sincera y veraz,[55] pero ya entonces desconcertaba a sus interlocutores precisamente por su expresiva franqueza. El estadista inglés Disraeli avisó en cierta ocasión: "cuidado con ese hombre, porque quiere poner en cierta práctica lo que dice".[53] El propio Bismarck se quejó una vez de lo dificultoso que resultaba convercer a los austríacos de la falsedad de la teoría (basada en tradiciones ya obsoletas) de la mentira como factor consustancial a la diplomacia.

[editar] Embajador en San Petersburgo y París

[editar] Fuentes

[editar] Notas

  1. Bismarck tuvo una gran cantidad de seudónimos entre los que destacan "El Canciller de Hierro" y el "Aniquilador de Ciudades".
  2. Tomando como base un comentario; se puede llegar al objetivo de la vida de Bismarck: "Si hoy le pregunta usted a un inglés de a pie: ¿Qué piensa usted de Bismarck?, y si él sabe algo le responderá: Ah, ya, Bismarck, el hombre de la sangre y el hierro. Y continuaría: Sí, Bismarck fue un político realista; inció ese desgraciado camino que conduce de Bismarck a Hitler. Hizo tres grandes guerras en Europa. Sólo creía en el ejército prusiano; luchó, además, a favor de su clase, los junkers prusianos. Fue un auténtico conservador. Se opuso a todas las fuerzas progresistas europeas. Nosotros, los historiadores, tenemos ahora una visión de Bismarck radicalmente distinta. Ya no creemos en esa categorización simplista de idealista y político realista. Todos los políticos tiene que ser realistas si quieren tener éxito. Nosotros consideramos que Bismarck deseó la paz para sí mismo, para su país y también para Europa. Su ideal supremo era la paz. Sólo tras la guerra franco-prusiana consiguió lo que pretendía, y , en mi opinión, dio a Europa una gran época de paz. Cuarenta años de paz; esa fue, en realidad, su magnífica obra".
  3. Los Junkers, en Alemania, eran famosos nobles terratenientes, poseedores de un basto territorio y de mucho dinero.

[editar] Referencias

  1. a b c d e f g h Mommsen, Wilhelm, “Introducción”..., pág. 7.
  2. a b c d Richter, Werner, “Prólogo de un luchador”..., pág. 9.
  3. Lerman, Katharine Anne, “Resumen de su vida”..., pág. 7.
  4. a b c d e f g Pflanze, Otto, “La unificación de Alemania”, pág. 233.
  5. a b c d e Pflanze, Otto, “El nuevo estado”, pág. 245
  6. a b Pflanze, Otto, “La gran Alemania”, pág. 262.
  7. Pflanze, Otto, “El balance del poder”, pág. 337
  8. Mommsen, Wilhelm, “La juventud de Bismarck”..., pág. 17.
  9. a b Richter, Werner, “Infancia”..., pág. 12.
  10. Feuchtwanger, E. J. “Nota del autor, Bismarck; misterios”..., pág. 10.
  11. Mommsen, Wilhelm, “La juventud de Bismarck”..., pág. 18.
  12. Mommsen, Wilhelm, “La juventud de Bismarck”..., pág. 20.
  13. Ruiz, Raúl, “Napoleón”..., pág. 15
  14. Mommsen, Wilhelm, “La juventud de Bismarck”..., pág. 22.
  15. Feuchtwanger, E. J. “Juventud, estudios y pensamientos”..., pág. 18.
  16. Fragmento de una carta contenida en el libro de Hans Rothfels, Vierteljahrshefte für Zeitgeschichte.
  17. a b c Richter, Werner, “Infancia”..., pág. 25.
  18. Mommsen, Wilhelm, “La juventud de Bismarck”..., pág. 25.
  19. a b c d e Richter, Werner, “Infancia”..., pág. 26.
  20. a b c d e Mommsen, Wilhelm, “La juventud de Bismarck”..., pág. 24.
  21. Pflanze, Otto, “Comienzos”..., pág. 35
  22. Feuchtwanger, E. J. “Juventud, estudios y pensamientos”..., pág. 28.
  23. Mommsen, Wilhelm, “La juventud de Bismarck”..., pág. 25.
  24. a b Mommsen, Wilhelm, “La juventud de Bismarck”..., pág. 26.
  25. a b Richter, Werner, “Infancia”..., pág. 27.
  26. a b c Mommsen, Wilhelm, “El Landtag unificado”..., pág. 27.
  27. a b c d Richter, Werner, “Oficio”..., pág. 29.
  28. Feuchtwanger, E. J. “El oficio del luchador”..., pág. 48.
  29. Mommsen, Wilhelm, “Pensamientos”..., pág. 187.
  30. Feuchtwanger, E. J. “El oficio del luchador”..., pág. 50.
  31. a b c d Richter, Werner, “Oficio”..., pág. 30.
  32. a b c d e f Mommsen, Wilhelm, “El Landtag unificado”..., pág. 28.
  33. Pflanze, Otto, “Desempeño en el Parlamento de Fráncfort”, pág. 159.
  34. Pflanze, Otto, “Desempeño en el Parlamento de Fráncfort”, pág. 160.
  35. a b Mommsen, Wilhelm, “El Landtag unificado”..., pág. 30.
  36. a b c d e Mommsen, Wilhelm, “El Landtag unificado”..., pág. 31.
  37. a b Richter, Werner, “Oficio”..., pág. 45.
  38. Mommsen, Wilhelm, “El Landtag unificado”..., pág. 32.
  39. Mommsen, Wilhelm, “El Landtag unificado”..., pág. 33.
  40. a b c d e f g Mommsen, Wilhelm, “El Landtag unificado”..., pág. 34.
  41. a b Richter, Werner, “Oficio”..., pág. 49-50.
  42. a b Mommsen, Wilhelm, “El Landtag unificado”..., pág. 35.
  43. a b c d Mommsen, Wilhelm, “El Landtag unificado”..., pág. 36.
  44. Mommsen, Wilhelm, “El Landtag unificado”..., pág. 37.
  45. a b c d e Mommsen, Wilhelm, “El Landtag unificado”..., pág. 38.
  46. Lerman, Katharine Anne, “El Landtag”..., pág. 59
  47. Lerman, Katharine Anne, “El Landtag”..., pág. 60
  48. a b c d e Mommsen, Wilhelm, “Embajador en Frankfurt, San Petersburgo y París”..., pág. 39
  49. Bismarck, Der Mensch und der Staatsmann, 1944
  50. Comentario de Otto von Bismarck en Mommsen, Wilhelm, “Embajador en Frankfurt, San Petersburgo y París”..., pág. 40
  51. a b c Mommsen, Wilhelm, “Embajador en Frankfurt, San Petersburgo y París”..., pág. 40
  52. a b c Mommsen, Wilhelm, “Embajador en Frankfurt, San Petersburgo y París”..., pág. 41
  53. a b c d e f Mommsen, Wilhelm, “Embajador en Frankfurt, San Petersburgo y París”..., pág. 42
  54. Krockow, Christian von, “Die Persönlichkeit der Kämpfer”..., pág. 126
  55. Krockow, Christian von, “Die Persönlichkeit der Kämpfer”..., pág. 127

[editar] Bibliografía consultada

  • Feuchtwanger, E. J. Bismarck. 287 páginas, impreso en Frankfurt, Alemania.
  • Krockow, Christian von, Bismarck - Eine Biographie, DVA, Stuttgart, ISBN 3-423-30784-6
  • Mommsen, Wilhelm. Otto von Bismarck. 195 páginas, edición número 2, impreso en Barcelona, España. ISBN 84-345-8145-0
  • Lerman, Katharine Anne. La historia de un luchador: Otto von Bismarck. 298 páginas, impreso en la Universidad Metropolitana de Londres, Inglaterra.
  • Pflanze, Otto. La vida de Otto von Bismarck. 526 páginas.
  • Richter, Werner. Otto von Bismarck. 660 páginas, edición número 6.
  • Ruiz, Raúl. Forjadores del mundo contemporáneo... Secc. El canciller de Hierro. Edición de 1979.

[editar] Bibliografía complementaria

[editar] Principal

  • Gedanken und Erinnerungen. Herbig, München 2007 (1898–1919), ISBN 978-37766-5012-9.
  • Die politischen Reden des Fürsten Bismarck. Historisch-kritische Gesamtausgabe besorgt von Horst Kohl. 14 Bände. Cotta, Stuttgart 1892–1905.
  • Bismarckbriefe 1836–1872. 6., stark verm. Auflage. Hrsg. von Horst Kohl. Velhagen & Klasing, Bielefeld und Leipzig 1897.
  • Gesammelte Werke. Briefe, Reden und Aktenstücke. Ges. und hrsg. von Bruno Walden. 4 Bd. Fried, Berlin 1890f.
  • Die politischen Berichte des Fürsten Bismarck aus Petersburg und Paris (1859–1862). Hrsg. von Ludwig Raschdau. Bd. 1: 1859–1860. Bd. 2: 1861–1862. Hobbing, Berlin 1920.
  • Bismarcks Briefwechsel mit dem Minister Freiherrn von Schleinitz. 1858–1861. Cotta, Stuttgart und Berlin 1905.
  • Bismarck und der Staat. Ausgewählte Dokumente. 2. Aufl. Eingeleitet von Hans Rothfels. Wiss. Buchgesellschaft, Darmstadt 1953 (1925).
  • Die Ansprachen des Fürsten Bismarck 1848–1894. Hrsg. von Heinrich von Poschinger. Dt. Verlags-Anstalt, Stuttgart u.a. 1895.
  • Fürst Bismarcks Briefe an seine Braut und Gattin. Hrsg. vom Fürsten Herbert von Bismarck. Cotta, Stuttgart 1900.
  • Bismarcks Briefe an seine Gattin aus dem Kriege !870/71. Cotta, Stuttgart und Berlin 1903.
  • Briefe Ottos von Bismarck an Schwester und Schwager Malwine von Arnim geb. v. Bismarck u. Oskar von Arnim-Kröchlendorff 1843–1897. Hrsg. von Horst Kohl. Dieterich, Leipzig 1915.
  • Bismarck. Briefe, Berichte, Denkschriften, Erlasse, Gespräche, Reden, Verträge. Hrsg. von Karl Mielcke. Limbach, Braunschweig 1954.
  • Bismarcks spanische ‚Diversion‘ 1870 und der preußisch-deutsche Reichsgründungskrieg. Quellen zur Vor- und Nachgeschichte der Hohenzollern-Kandidatur für den Thron in Madrid 1866–1932. 3 Bd. Hrsg. von Josef Becker unter Mitarbeit von Michael Schmid. Schöningh, Paderborn u.a. 2003–2007.

[editar] Mitos y leyendas sobre Otto von Bismarck

[editar] Literatura de la época de Bismarck

[editar] Enlaces externos

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