Inmigración italiana en Uruguay

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Bandera de Italia Italianos en Uruguay Bandera de Uruguay
Italiani in Uruguay
Flag of Uruguay and Italy.svg
Combinación de las banderas uruguaya e italiana
Otros nombres Tanos, ítalo-uruguayos
Regiones de origen Sur, norte y centro de la península[1]
Población censal 122 000 (personas con nacionalidad italiana residentes en Uruguay)[2]
Descendencia estimada Entre 1 000 000[3]​ y 1 500 000[4]​ (uruguayos de ascendencia italiana)
Idiomas Español rioplatense, italiano, otras lenguas de Italia
Religiones Cristianismo (predomina el catolicismo)
Migraciones relacionadas Italianos, Italianos en Argentina, Italianos en Brasil
Asentamientos y comunidades activas
1.º Flag of Montevideo Department.png Montevideo [1]
2.º Flag of Paysandú Department.svg Paysandú [1]
3.º Resto de Uruguay

La inmigración italiana en Uruguay se refiere a uno de los movimientos migratorios más numeroso que recibió Uruguay. La población italiana, junto a la española, formó la columna vertebral de lo que actualmente es la sociedad uruguaya. Al igual que la de su país vecino, Argentina, la cultura uruguaya expone similitudes importantes con la cultura italiana; en términos de lenguaje, costumbres y tradiciones.[5]​ Los emigrantes italianos comenzaron a llegar en grandes números a Uruguay en los años 1840[6][5]​ y esta corriente migratoria continuó hasta los años 1960.

Un ítalo-uruguayo es un ciudadano uruguayo de ascendencia italiana, completa o parcial. 115 000 ciudadanos uruguayos poseen la ciudadanía italiana. Las fuentes oficiales italianas estiman que alrededor de un millón de personas tiene algún grado de ascendencia italiana,[3]​ si bien en una nota periodística de 2017 esa suma alcanza el millón y medio —el 40% de la población total de Uruguay—.[4]​ Fuera de Italia, Uruguay es el país con mayor porcentaje de italianos en el mundo.[7]

Historia[editar]

Época colonial y primeros inmigrantes[editar]

En el año 1527 el explorador veneciano Sebastiano Caboto —conocido en castellano como Sebastián Gaboto— fundó San Lázaro, el primer asentamiento europeo del Rio de la Plata.[8][9][10]​ Los primeros italianos llegaron a la colonia española en el siglo dieciséis. Estos eran, principalmente, ligures de la República de Génova, que trabajaban en barcos mercantes transoceánicos. El primer poblador de Montevideo fue el genovés Giorgio Borghese —Jorge Burgues en castellano—, quien llegó desde Buenos Aires y construyó él mismo una casa de piedra en una estancia donde crio ganado antes de que se fundara la ciudad.[11]​ Ya entrado el siglo diecinueve se iniciaron las relaciones entre Uruguay y el Reino de Cerdeña, firmándose posteriormente algunos tratados de comercio y navegación.[12]​ Tras las revoluciones de 1820 y 1830 en Italia, algunos revolucionarios escaparon hacia América procedentes del Piamonte, la Ciudad del Vaticano y regiones del Mezzogiorno.[13]

El militar italiano Giuseppe Garibaldi triunfó en la Batalla de San Antonio que tuvo lugar en el departamento de Salto en 1846

El número de inmigrantes comenzó a aumentar a partir del año 1830, después de que se eliminaron las trabas impuestas a la inmigración durante la época colonial,[14]​ lo que además coincidió con la situación política en Argentina que impedía la inmigración.[15]​ Esos primeros inmigrantes se ubicaron en la periferia de Montevideo y eran, en su mayoría, agricultores de Piamonte, quienes llegaron a un Uruguay en ese entonces sin desarrollo industrial, con extensa ganadería pero poca explotación agrícola. Hacia el año 1842 se estimaba que la colonia era de 7945 italianos, predominando los lombardos, dedicados a la agricultura o a servicios domésticos, y también contando con la presencia de marinos genoveses que se dedicaban al comercio de mercaderías italianas.[15][16]​ Hasta el año 1843 los italianos eran el 25 % de los inmigrantes en Uruguay —detrás de los franceses y los españoles—.[17]​ Durante este periodo, aparecieron en Montevideo tres diarios en italiano, destacándose El Legionario Italiano, publicado entre 1844 y 1846.[5]​ Posteriormente, arribó un importante número de pobladores de Cerdeña y durante la Guerra Grande varios italianos participaron en la defensa de la región liderados por Giuseppe Garibaldi.[14]​ Para integrar las filas de la Legione Italiana de Garibaldi se embarcaron en enero de 1851 desde Génova unos cien ex militares voluntarios italianos y una minoría de tesinos y húngaros.[18]​ Se refirió al movimiento político que unía a muchos residentes del Río de la Plata con Garibaldi como corriente garibaldina. Como reconocimiento, hubo muchos tributos en su memoria, incluida una avenida con su nombre, un monumento en la ciudad de Salto y el Hospital Italiano de Buenos Aires. La tendencia migratoria empezó a cambiar desde la Guerra Grande, cuando los italianos —junto a los españoles— se ubicaron en el primer lugar en cuanto a número de inmigrantes.[17]

Los principales puertos de partida se ubicaban en Génova, Savona, Livorno, Palermo y Nápoles. Las travesías en buque a vapor llevaban alrededor de treinta días, mientras que los trayectos en barcos a vela duraban unos cincuenta días.[19]​ En 1850 la población extranjera de Montevideo era del 48 %, de los cuales 10 000 eran italianos.[20]​ Tras la Unificación de Italia, en 1865 se reactivó la llegada de italianos, facilitada por leyes establecidas en los años 1853 y 1858 que favorecían la inmigración a Uruguay.[14]​ Fue a principios de la década de 1860 cuando comenzó a crecer el número de inmigrantes, en su mayoría ligures, lombardos y piamonteses, y más tarde también se registró la llegada de trabajadores provenientes del sur de la península, principalmente de Basilicata y Campania.[12]​ Durante este periodo la inmigración aumentaba año a año de forma ininterrumpida;[21]​ en 1868 se registró la llegada de 8039 italianos, en su mayoría napolitanos y genoveses.[22]

Carteles publicitarios de los años 1892 (arriba) y 1927 (abajo) de la Navigazione Generale Italiana anunciando viajes hacia América, incluyendo Montevideo.

Como consecuencia de la situación económica que atravesaba Italia y el gran número de emigrantes, varios agentes se dedicaron a embarcarlos a América para su beneficio propio, cobrando comisiones por cada uno de los emigrantes transportados. Tales condiciones llevaron a enrolamientos masivos y fueron comparadas con el tráfico negrero por el historiador Juan Oddone.[23]​ Según Oddone los agentes transportaban «marginales, prófugos, políticos, desertores o renuentes al servicio militar, enfermos y defectuosos no admitidos por las vías regulares; niños exportados y vendidos como mercancías, deudores fallidos, prostitutas» hacia el otro lado del océano.[24]​ En algunos casos se vendían en Italia pasajes para barcos a vapor que luego resultaban ser embarcaciones a vela; en otras ocasiones los boletos vendidos a los emigrantes hacia el Río de la Plata solamente cubrían el traslado hacia Marsella, donde se los abandonaba, y no era inusual que emigrantes con destino a Montevideo terminaran desembarcando en Nueva York.[25]

Consolidación de la inmigración[editar]

Hacia 1870 el número de italianos en Uruguay era de entre sesenta y setenta mil;[26][27]​ no solo se ubicaban en la capital sino también en el interior del país: en la ciudad de Mercedes unos 6000 se dedicaban al comercio, en Paysandú eran 2000 y se dedicaban al cabotaje naval y a la agricultura, mientras que en Salto eran la mitad dentro de una población total de 9000 personas. Los napolitanos solían desempeñar tareas más rusticas, adaptándose al estilo de vida del campo, en cambio, según observó el vicecónsul en ese entonces, Luigi Petich, los genoveses hacían valer su «instinto mercantil» y su «vocación marítima» en el litoral.[26]​ Entre 1870 y 1872, debido a los daños sufridos por los trabajadores italianos como consecuencia de la Revolución de las Lanzas, se produjeron momentos de tensión diplomática entre Italia y Uruguay. En ese entonces, el ministro italiano Della Croce se refirió al asunto: «los extranjeros son los solos que vienen a fertilizar sus suelos, los únicos que sufren más que los otros de las continuas guerras civiles y de la constante amenaza que, por obra solamente de los nacionales, azotan desgraciadamente estas comarcas». En 1873 la firma de un acuerdo diplomático entre ambas partes subsanó los reclamos de los trabajadores italianos.[28]​ Coincidiendo con la agitación económica y política que sufría la región, se produjo un descenso en la llegada de inmigrantes italianos.[29]

A pesar de que se negó el desembarco a los transatlánticos «Matteo Bruzzo» —proveniente de Génova con 1500 pasajeros— y «Nord America» debido a algunos casos de cólera en el barco, en el año 1885 arribaron a Uruguay unos 8805 italianos.[30]​ En 1887 los italianos llegaban a ser el 20 % y el 30 % de la población total de Montevideo.[31][5]​ Fue durante esta década que se produjo el boom de la inmigración italiana al Uruguay y se dieron los primeros intentos de parte de ambos países por incentivar la llegada de inmigrantes.[18]​ Se firmó el «Contrato Taddei» que preveía trasladar al país entre dos mil y tres mil familias italianas, principalmente agricultores y jornaleros, aunque muchos de los que finalmente iban a llegar poseían otros oficios —muchos de ellos fueron reembarcados de vuelta a Italia por el gobierno uruguayo—.[32]​ Se continuó estimulando la llegada de italianos mediante propagandas consulares.[33]

Mientras que entre los años 1880 y 1889 habían llegado a Montevideo 63 000 italianos, solo entre 1887 y 1889 arribaron más de 45 000.[32]​ Un censo de 1889 indicó que la mitad de la población de Montevideo había nacido en Uruguay y los italianos eran casi la mitad de la población extranjera.[34][16]​ Al año siguiente se estableció la «Ley de Inmigración y Colonización» que favorecía a los inmigrantes. Con respecto a esa nueva ley, el escritor uruguayo Eduardo Acevedo indicó en su libro Anales históricos del Uruguay:

Era una ley muy completa, que fijaba las funciones de los cónsules en materia de propaganda inmigratoria; que acordaba a los inmigrantes alojamiento y manutención durante una semana, y la traslación gratuita a los puntos del territorio nacional donde resolvieran fijar su residencia; autorizaba el anticipo de pasajes a favor de toda persona o empresa que quisiera hacer venir inmigrantes, bajo la obligación de efectuar el reembolso de las sumas anticipadas dentro de un plazo amplio de dos años y medio; también establecía normas generales para impedir que, a título de fomento de la inmigración, embarcaran los capitanes de buques y trajeran a Montevideo enfermos de afecciones contagiosas, mendigos, incapacitados para el trabajo y mayores de sesenta años. También la ley creaba una oficina de trabajo destinada a encargarse de la colocación de los inmigrantes.[35]

Sin embargo, hacia el año 1890 se produjo una crisis económica que iba a afectar el ingreso de inmigrantes.[35]​ El país tomó medidas restrictivas con respecto a la inmigración, como por ejemplo la eliminación de la Comisaría General de Inmigración —ocupada del alojamiento, alimento y puestos de trabajo para los recién llegados—.[36]​ Dichas condiciones desviaron gran parte del flujo migratorio hacia Buenos Aires.[35]

Siglo veinte[editar]

Durante el primer quinquenio del siglo veinte se produjo la llegada de unos 15 000 italianos, cifras relativamente bajas en comparación con décadas previas. En 1903 llegó al poder José Batlle y Ordóñez y, tras una guerra civil, la situación del país se estabilizó y las condiciones de los inmigrantes mejoraron. En estos años se creó el Consejo Honorario de Inmigración y se planificó la construcción del Hotel de Inmigrantes. En 1908 los italianos eran el grupo extranjero más numeroso de Montevideo con 63 357 habitantes, superando a los españoles que contaban con 54 885 habitantes.[36]​ En 1910 los inmigrantes italianos eran 100 000, el 10 % de la población en un Uruguay de un millón de habitantes.[37][38]​ En este periodo la comunidad ya había «echado raíces» en el suelo oriental, creando las bases que iban a recibir a los nuevos inmigrantes;[39]​ hacia 1918 el país contaba con varias asociaciones e instituciones italianas, veintiséis de ellas solamente en la capital.[40]

Con la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial se redujo el flujo migratorio e incluso algunos italianos residentes en Uruguay se alistaron.[12]​ El 11 de noviembre de 1918 en Uruguay se festejó la firma del armisticio que marcó el fin del conflicto bélico.[12]​ Como afirmó el ministro de Uruguay en Italia Manuel Bernardez tras la guerra, entre los países de América «en ninguno como en el Uruguay florece con tanto orgullo la italianidad» y agregó que «de los empréstitos italianos de guerra, Uruguay fue la nación sudamericana que suscribió per cápita los más altos porcentajes».[41]​ Las óptimas relaciones entre ambos países durante ese período se incrementaron con la llegada a la presidencia de José Serrato en 1922, hijo de un inmigrante italiano,[42]​ y del Ministro de Relaciones Exteriores Pedro Manini, también de padre italiano. En 1923 se firmó el «acuerdo sobre abolición de de la visación de pasaportes».[12]​ Con el ascenso del fascismo en Italia, el número de emigrantes hacia el puerto de Montevideo no fue notable, durante la década de 1920 llegaron a Uruguay 18 830 inmigrantes.[43]

En 1931 comenzó el mandato —como presidente primero y como dictador después— del conservador colorado Gabriel Terra, de origen italiano,[44]​ que dos años después estableció un régimen autoritario y se acercó a la Italia de Benito Mussolini y la Alemania de Adolf Hitler. La llegada al poder de Terra fue bien recibida por el diplomático fascista Serafino Mazzolini.[45]​ El escritor Hubert Herring en su libro A History of Latin America describió el mandato de Terra como «uno de los despotismos más amables», añadiendo que «los comunistas y demás agitadores de izquierda eran tratados brutalmente, pero los atentados a la libertad de expresión y de prensa eran raros».[46]​ A pesar de expresar su admiración hacia el régimen de Mussolini, Terra llegó a declarar: «El Uruguay no necesita y no necesitará jamás del procedimiento del fascismo», defendiendo la labor de los dos partidos tradicionales del país sudamericano.[47]​ Bajo la dictadura de Terra se trató de imitar algunas características corporativas y políticas del fascismo italiano,[48]​ se tomaron medidas para restringir la inmigración y se comenzó a construir la la represa hidroeléctrica Rincón del Bonete en el Río Negro —financiada principalmente por los gobiernos de Italia y Alemania—.[12][49]​ Además se firmaron varios acuerdos comerciales que favorecían la exportación de productos uruguayos a Italia.[n. 1]

En 1935 durante la Segunda guerra ítalo-etíope unos ciento veinte voluntarios italianos e ítalouruguayos formaron parte de la Legión 221ª de Fasci Italiani all'Estero, compuesta también por voluntarios de Argentina y Brasil, comandada por Piero Parini.[50][51][52]​ El primer grupo de voluntarios regresó al puerto de Montevideo el 21 de octubre de 1936.[53]​ El diplomático Mazzolini había formado una organización fascista que hacia 1937 contaba con 1100 miembros.[54]​ Según el historiador Juan Oddone los intentos de Mazzolini por «fascistizar» la colectividad italiana en Uruguay «tropezaron por lo pronto con la idiosincracia liberal y republicana, tan arraigada en las tradiciones garibaldinas de la primera fase inmigratoria» y «tampoco pudieron operar en el terreno siempre fértil de los italianos recién llegados, dados los ínfimos aportes migratorios registrados durante los últimos años».[55]

El sucesor de Terra fue Alfredo Baldomir Ferrari —también de ascendencia italiana—,[56]​ que gobernó entre 1938 y 1943. Ya comenzada la Segunda Guerra Mundial, Uruguay —hasta entonces neutral— rompió las relaciones diplomáticas, comerciales y financieras con Italia y los países del Eje en enero de 1942, poco después del ataque a Pearl Harbor.[12]​ El idioma italiano ganó considerable importancia en Uruguay durante esos años, en 1942, bajo la presidencia de Baldomir Ferrari, su estudio se volvió obligatorio en la secundaria.[56]​ Debido al exceso de población rural, la falta de empleo y penurias provocadas por la guerra, la corriente migratoria de italianos hacia Uruguay se reanudó.[57]​ En 1952 se firmó en Roma por primera vez un acuerdo de emigración entre ambos países con el objetivo de «incrementarla y reglamentarla» teniendo en cuenta la solicitud de trabajadores en Uruguay y la mano de obra disponible en Italia, para cubrir principalmente la necesidad de mano de obra agrícola.[58]​ Para entrar al país al trabajador se le exigía tener una condición física sana, buena conducta, profesión u oficio y cierta cantidad de recursos económicos necesarios para su sustento, debiendo permanecer por un mínimo de treinta meses en el sector laboral para el cual había sido admitido; por otra lado, los trabajadores italianos tenían los mismos derechos que los uruguayos y el gobierno uruguayo se hacía cargo de su alojamiento y manutención hasta quince días después de su desembarco.[59][60]

Características de la comunidad italiana[editar]

Hacia el año 1908, la mayoría de los inmigrantes italianos vivía en el departamento de Montevideo. Otras comunidades se habían instalado en Canelones —donde se ubicaban las granjas más importantes—, Colonia, Flores y Paysandú.[61]​ Tras su llegada al Puerto de Montevideo, los trabajadores más solicitados eran los jornaleros, artesanos, modistas, cocineros, albañiles, carpinteros y zapateros.[62]​ Durante la última década del siglo diecinueve la tendencia de los italianos era de ganarse la vida desempeñando un oficio, dedicándose al comercio y trabajando de forma independiente. Además, gran cantidad de italianos invertían sus ahorros en la construcción de sus propias casas y en la compra de terrenos.[63]

Según datos del año 1885, alrededor del 60 % de los inmigrantes provenía del norte de la península itálica. La mayoría, el 32 % había emigrado de Liguria, mientras que el 28 % provenía de regiones del sur, el 14 % de Lombardía, el 10 % de Piamonte, el 4 % de Veneto, Tirol y Friuli y el 12 % de otras regiones.[64]​ Una encuesta de 1906 realizada por la colonia italiana de Salto arrojó que el 59,86 % era originaria del norte de Italia, el 19,10 % del centro y el 17,10 % del sur. En una encuesta similar también realizada en Salto para dar a conocer la tendencia ocupacional, se reveló que el 35 % de los encuestados se dedicaba al comercio, el 25 % a la agricultura, el 28 % a la industria y a las artesanías y el 12 % se dedicaba a otras labores. Entre los italianos del norte, la mayoría eran comerciantes (50 %) y agricultores (19 %), números similares al de los italianos del centro que en su mayoría eran agricultores (50 %), dependientes (25 %) y comerciantes (21 %). En cambio, los inmigrantes originarios del sur eran artesanos (56 %), comerciantes (22 %) y agricultores (15 %).[65]

Si bien en el siglo veinte la emigración italiana hacia Uruguay descendió, en 1976 los uruguayos de ascendencia italiana eran cerca de un millón trescientos mil (más del 40 % de la población total; incluyendo a los ítalo-argentinos residentes en Uruguay).[66]​ En 1996 fuentes italianas estimaban que alrededor de un millón de uruguayos tenía algún grado de ascendencia italiana.[3]​ Uno nota periodística de 2017 publicada por El País de Uruguay estimó que 40 % de la población uruguaya era de ascendencia italiana, afirmando que «los potenciales ítalo-uruguayos superan el millón y medio».[4]​ Teniendo en cuenta dichos números, ese porcentaje de personas con ascendencia italiana es el mayor en todo el mundo.[7]​ Según un estudio realizado en 1992, el 38 % de los uruguayos llevaba en primer lugar un apellido italiano.[5][1]​ De acuerdo con un artículo publicado por el diario uruguayo La República en 2014, la mayor concentración de ítalodescendientes se encentraba en Montevideo y Paysandú, donde alrededor del 65 % de los habitantes eran de origen italiano.[1]

Con respecto a los nacidos en Italia, cifras arrojadas por los censos del Instituto Nacional de Estadística indicaron que, en 1996, los italianos comprendían al 11 % del total de los inmigrantes en Uruguay por detrás de los argentinos, españoles y brasileños; en el censo de 2011 el porcentaje de inmigrantes italianos había bajado a 7,2 %.[67]​ Aunque el número de inmigrantes disminuyó, la cantidad de ciudadanos italianos —la mayoría uruguayos de doble ciudadanía— residentes en Uruguay aumentó a partir del siglo veintiuno, cuando en el contexto de la crisis económica que sufrió el país muchos uruguayos obtuvieron la ciudadanía para emigrar hacia el exterior con el pasaporte italiano. En el año 2005 los ciudadanos italianos registrados en la Cancillería Consular de Italia en Montevideo eran 60 000, en 2014 eran 108 000 y en 2017 llegaron a las 115 000 personas.[4]​ En 2018 eran 122 mil los ciudadanos italianos, de los cuales cinco mil de ellos eran nacidos en Italia.[2]

La cantidad de emigrantes italianos en Uruguay desde la independencia hasta los años 1960 es de al menos 350.000. Las características de la emigración cambiaron según los diferentes periodos. Durante las primeras dos décadas entre 1830 y 1850, cuando llegaron al menos 20.000 inmigrantes, estos eran casi todos provenientes de Piamonte y Liguria. En la siguiente década, arribó a Montevideo un número de italianos igual de numeroso (25.000 emigraron de Lombardía y Cerdeña). Durante los año 1860 y 1870, ingresó la misma población del noroeste y Livorno, y también de sur y garibaldinos, un total de 90.000 italianos. Las últimas décadas del siglo diecinueve y principios del veinte estuvieron caracterizadas por la emigración en masa estimulada por la propaganda, 110.000 italianos desembarcaron en la proletaria Montevideo, generalmente poco calificados y analfabetos. En el siglo veinte, después de la Primera Guerra Mundial, ingresó al país un número mayormente calificado de italianos, aproximadamente 15.000.[cita requerida]

Fuera de Montevideo, aunque la influencia italiana fue más aislada (solo el 27% de los ítalouruguayos residen fuera de la capital), existen diferentes comunidades italianas, como por ejemplo La Paz, en el departamento de Colonia, conocida como Colonia Piamontesa, y Colonia Valdense; se fundaron varios centros culturales. El departamento de Paysandú, cercano a la frontera con Argentina, tuvo una gran influencia italiana, y se estima que el 60% de su población (de 80.000 habitantes) es de origen italiano.[cita requerida]

Cultura[editar]

La comunidad italiana cuenta con una alta estima por la población uruguaya, además de haber marcado un poceso de italianización de la sociedad, especialmente en la cocina local (por ej. salsa caruso) y el dialecto local (como el lunfardo, que posiblemente deriva de la palabra "Lumbarda" de los inmigrantes de Lombardía).

Algunos de sus descendientes lograron adentrarse en la política y los negocios. Francisco Piria, hijo de inmigrantes genoveses, se transformó en uno de los principales fabricantes del país, e incluso creó un balneario que todavía lleva su nombre, Piriápolis. Los italianos que llegaron durante este período, como también los que llegaron después de la Segunda Guerra Mundial, contribuyeron significativamente a la arquitectura y gastronomía uruguaya. En este período se fundó el Hospital Italiano de Montevideo, llamado Ospedale italiano Umberto I en honor a Humberto I de Italia.

Innumerables escritores de prestigio son de origen italiano, como Delmira Agustini, Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti, entre otros.

Músicos y compositores como Antonio Mastrogiovanni, Jorge Bonaldi, Andrés Stagnaro y Daniel Viglietti.

Pintores: Pedro Figari, entre otros

En 2009, María Lucía Cardarello Rebellato, nacida en Canelones, ganó la medalla de oro en el concurso de descendientes de italianos Regina Italia nel Mondo.[68]

Idioma[editar]

En 1843 durante el Sitio de Montevideo se formó el grupo de teatro «Aficionados Italianos» —activo hasta 1848— que representaba en italiano obras como Saul de Vittorio Alfieri; posteriormente en la década de 1880 actuaban otros conjuntos teatrales como «El Club Dramático Italiano», «Aspirazioni Drammatiche» y la «Compañía Dramática Italiana» que frecuentemente realizaba versiones en italiano de Otelo y Hamlet.[69][70]​ Tal era la proliferación de conjuntos teatrales extranjeros en la capital uruguaya que algunas obras de dramaturgos uruguayos eran traducidas para ser estrenadas en francés o italianos,[70]​ como Samuel Blixen que estrenó en italiano su obra Un cuento del tío Marcelo o Florencio Sánchez que estrenó y llegó a actuar en ese idioma.[71]​ El escritor uruguayo Juan Carlos Sabat Pebet explicó:

Las repetidas temporadas de grandes y pequeños conjuntos itálicos, dan la tónica de que el público montevideano gozaba, entendía y captaba los matices de la lengua dantesca. [...] No sólo los italianos e hijos de los tales se daban cita en plateas y tertulias, sino gentes de otro origen y de variedad de condiciones sociales. Lo cual demuestra que el teatro fue la primera y mas directa cátedra de italiano creada espontáneamente, diríamos, en el país.[70]

Fue con la ciudad de Montevideo sitiada y décadas antes de la Unificación de Italia cuando en el territorio uruguayo se empezó a promover la idea de unidad italiana y el uso de un idioma en común.[72]​ Los primeros inmigrantes que arribaron en la segunda mitad del siglo diecinueve solían hablar la lengua o dialecto de su región de origen y una lengua franca producto de la mezcla de más de un dialecto. La integración de estos inmigrantes a la vida social uruguaya se vio facilitada por la cercanía lingüística con el idioma español. Una vez afincados, la conservación del italiano con el paso del tiempo dependió de varios factores como edad, conformación familiar, nivel cultural, tipo de trabajo desempeñado, vínculos con la madre patria o tradiciones.[73]​ Para el lingüista uruguayo Adolfo Elizaincín era habitual que los hijos de los inmigrantes abandonaran el idioma de sus padres.[74]​ El escritor italiano Vincenzo Lo Cascio reflexionó al respecto:

Durante décadas, los descendientes de italianos siempre consideraron su lengua como símbolo de la generación anterior y, a un tiempo, como símbolo de la pertenencia a una categoría social más baja. A esto se debe añadir la inexistencia de estudios de la lengua italiana y con ello la completa absorción por parte de la cultura española.[73]

Como resultado de la mezcla lingüística entre dialectos italianos y el español nació el cocoliche una jerga hablada en los conventillos por los inmigrantes italianos del Río de la Plata de finales del siglo diecinueve y principios del veinte.[75]​ El termino «cocoliche» surgió a partir de la novela Juan Moreira del escritor argentino Eduardo Gutiérrez, convertida en obra teatral en 1886 por el uruguayo hijo de napolitanos José Podestá.[76]​ Uno de los personajes de Juan Moreira era Francisco (Cocoliche),[77]​ un estereotipo del inmigrante italiano del sur, cómico por su manera de vestir, comportarse y hablar, por ejemplo una de sus líneas decía: «Mi quiamo Franchisque Cocoliche, e songo cregollo gasta lo güese de la taba e la canilla de lo caracuse, amique».[78][79]​ El popular personaje estuvo inspirado en Antonio Cocolicchio, un empleado de la compañía de teatro donde trabajaba Podestá: «Una noche que mi hermano Jerónimo estaba de buen humor, empezó a bromear con Antonio Cocoliche, peón calabrés de la compañía, muy bozal, durante la fiesta campestre de Juan Moreira, canchando con él y haciéndolo hablar. Aquello, resultó una escena nueva, fue muy entretenido y llamó la atención del público y aún de los artistas», explicó Podestá.[77]

Los emigrantes italianos que desembarcaron en la segunda posguerra solían tener un nivel educativo superior al de la primera oleada migratoria y en comparación hablaban un italiano más formal, siendo capaces de diferenciarlo del español y evitando mezclas lingüísticas.[80]​ La autora Carol A. Klee indicó que «solamente hablaban el cocoliche los hablantes nativos de italiano que estaban en vías de adquirir el castellano y no lo transmitían a sus hijos».[81]​ Del mismo modo, los escritores José Gobello y Marcelo Oliveri afirmaron que «el primer esfuerzo para hacerse comprender derivó a cocoliche, lenguaje de transición. Lo hablaban los inmigrantes. El segundo esfuerzo, el de los hijos de los inmigrantes, derivó a lunfardo».[75]​ Surgido en los barrios de clase baja del Río de la Plata durante la segunda mitad del siglo diecinueve,[81]​ el lunfardo era otra jerga que combinaba el español con palabras de origen extranjero, mayoritariamente provenientes de dialectos italianos.[82]​ Con el paso de los años el uso de algunos términos del lunfardo se extendió a las clases sociales superiores que anteriormente rechazaban la jerga.[83]​ No se conoce con seguridad el origen de la palabra «lunfardo», pero se especula con que podría derivar de «lumbardo» o «lombardo».[84][85]​ La inmigración italiana influenció en gran medida al español rioplatense, a tal punto de llegar a ser la variante del español con más italianismos.[86]​ Palabras de raíz italiana como «chau», «guarda», «atenti», «minga», «laburo», «facha» o «gamba» pasaron a formar parte del vocabulario rioplatense; además se agregaron sufijos diminutivos o despectivos.[87]

La importante presencia de los inmigrantes en territorio uruguayo dio lugar a la prensa escrita en italiano, que tuvo lugar principalmente desde mediados del siglo diecinueve hasta la década de 1940.[88]​ Entre los años 1960 y 1970 aparecieron los programas de radio en italiano: «la Rai recurría a conductores, actores y actores de doblaje que podían, de esa forma, ayudar también a no perder la pronunciación de la bella lengua», dijo el periodista ítalouruguayo Federico Guiglia.[89]

Alfredo Baldomir Ferrari, presidente de Uruguay, decretó en 1942 el estudio obligatorio del idioma italiano en las escuelas secundarias.[90]​ Desde 1991 el Centro Assistenza Scolastica Italia Uruguay (Casiu) añadió la enseñanza del italiano en más de setenta escuelas públicas uruguayas, alcanzando a unos 14 000 alumnos de cuarto, quinto y sexto de primaria. En el año 2006, el Consejo de Educación Secundaria decidió suprimir el estudio del idioma italiano en los institutos secundarios, lo que generó críticas por parte de los ciento cincuenta profesores que en ese entonces dictaban la materia, llegando a enviar una carta de protesta al presidente. El director del Istituto Italiano di Cultura de Montevideo también discrepó con la decisión, declarando que el italiano «es el patrimonio lingüístico, conocido u olvidado, de un 40 % de la población» de Uruguay.[91]​ Además del Istituto Italiano di Cultura, otros centros que se han encargado de ofrecer cursos de idioma son la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y la Sociedad Dante Alighieri.[92][93]

Instituciones[editar]

En 1918 existían solo en Montevideo veintiséis asociaciones italianas, la más antigua de ellas era la Società Reduci Patrie Battaglie, fundada en 1878.[40]​ Durante el siglo diecinueve también se instaló la Cámara de Comercio Italiana —la primera en el mundo—.[94]​ Entre 1883 y 1907 funcionó el Banco Italiano del Uruguay.[95]​ En 1906 se fundó la Società di Mutuo Soccorso, que contaba con 1906 socios. Otros centros activos en ese entonces eran el Circolo Napolitano —con 1421 socios—, la Scuola Corale Filodrammatica y el Circolo Italiano.[40]​ Por iniciativa de Leone Maria Morelli se fundó en 1886 la Scuola Italiana delle Società Riunite, que en 1918 pasó a llamarse Scuola Italiana di Montevideo.[96]​ Después de la Dictadura cívico-militar (1973-1985) se instalaron en Uruguay diversos patronatos financiados por el Ministerio de Trabajo de Italia con el objetivo de prestar asistencia social a los trabajadores italianos y uruguayos, como los patronatos INCA, ACLI, INAS, INAPA e ITAL-UIL.[97][98]​ Para difundir la cultura y el idioma se instalaron en Montevideo la Sociedad Dante Alighieri y el Istituto Italiano di Cultura.[93][99]​ Las organizaciones italianas en Uruguay llegaron a ser alrededor de setenta,[94]​ incluyendo centros culturales específicos de cada región italiana, como por ejemplo la Asociación Calabresa Del Uruguay o el Circolo Lucano del Uruguay.[100][101]

Billetes emitidos por el Banco Italiano del Uruguay durante los años 1880

En Paysandú se fundaron varias organizaciones italianas, la primera de ellas fue Unione e Benevolenza, que se fundó en 1874 y tuvo una escuela primaria masculina hasta 1885 —también existió una Società Fermminile Unione e Benevolenza—.[40]​ Hacia el año 2017 seguían presentes en esa ciudad asociaciones italianas como el Centro Cultural Italiano, la Asociación Piamontesa, la Asociación Lucana, la Asociación Ligur, la Asociación Campana y el Circolo Napolitano.[102]

Prensa[editar]

La inmigración italiana también llevó al surgimiento de periódicos en italiano como L'italiano, Il Legionario Italiano, L'Italia y L'Italia al Plata, entre otros.[13][103]L'italiano, publicado semanalmente, apareció en 1841 siendo fundado por el ligur Giovanni Battista Cuneo, pionero del periodismo italiano en Sudamérica y primer biógrafo de Garibaldi.[13]​ A pesar de ser bien recibido por la colonia italiana,[104]​ el periódico de Cuneo se publicó por última vez el 10 de septiembre de 1842 con la edición número veintitrés, debido a la falta de fondos y colaboradores.[105]​ En un Montevideo asediado y con los combatientes de Garibaldi defendiendo la ciudad, Cuneo comenzó a distribuir gratuitamente Il Legionario Italiano para «mantener ardiente el espíritu de patriotismo de los legionarios italianos».[106]​ El primer diario sudamericano destinado a los inmigrantes fue La Speranza, editado durante unos pocos meses en 1859 por Giacinto Marchisio Moreno y el milanés Teodoro Silva.[27]​ A finales de 1864 llegó desde Buenos Aires Gustavo Minelli para editar L'Italia —con la colaboración de Luigi Desteffanis, referente de la colectividad italiana—, que tras veintiocho números se cerró por las autoridades montevideanas y a Minelli se lo amenazó para que abandonara el país debido al tono anticlerical, masón y liberal de su publicación.[107]​ Casi dos décadas más tarde, mediante la fusión de L'Era italiana y L'Italia Nuova, nació otro periódico llamado L'Italia, cuyo redactor principal era Luigi D. Desteffanis y estaba acompañado por Giovacchino Odicini y Sagra —hijo de Bartolomé Odicini— un importante periodista de la época que escribía «de la misma forma en la lengua de Cervantes como en la de Boccaccio».[108][109]L'Italia se volvió un punto de referencia de la colectividad italiana.[108]

Hacia fines del siglo diecinueve la comunidad italiana poseía la mayor cantidad de periódicos de presa extranjera en Uruguay —concentrada en la capital—, siendo los más populares L'Italia y L'Italia al Plata.[110][111]​ Junto al movimiento anarquista italiano también surgieron publicaciones propagandísticas en forma de folletos, revistas y diarios. En 1885 apareció el primer periódico socialista en italiano, La Colonia Italiana. Posteriormente se editaron diarios de similares tendencias, entre ellos el comunista-anarquista Il Socialista, que se declaraba como «irreligioso, antipatriótico, redactado por los trabajadores».[112]​ Hacia principios del siglo veinte la prensa italiana también desarrollaba su actividad en otras ciudades del territorio como Salto, donde vivían 3000 italianos, o Paysandú.[113]​ Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial se inició una nueva etapa en el periodismo italiano en Uruguay, con publicaciones como Il Bersagliere —escrito también en español— que dedicaba gran parte de su contenido a la guerra, principalmente a la situación del frente italiano en Europa.[114]​ Fue en este periodo que surgieron las primeras preocupaciones por el futuro de la prensa italiana en Uruguay, según el escritor Pantaleone Sergi «la caída del flujo migratorio y la ya casi completa asimilación de la vieja emigración» no favorecía la situación de la prensa inmigrante, señalando que en los siguientes años iba a tener una difusión menor.[115]​ Durante la era del fascismo en Italia surgieron en Uruguay varios periódicos que se adhirieron a esa ideología: a partir de 1925 se editó L’Era Nuova. Settimanale fascista: organo ufficiale del Fascio Italiano dell’Uruguay, en 1928 surgió Los deberes del hombre y en 1933 se editó Fascismo en Salto.[116][117]​ Por otro lado, había diarios de perfil antifascista como La Patria Italiana en el Uruguay, que se publicó hasta 1944.[90]

En la década de 1940 el periodismo italiano se caracterizó por el uso de la radio por sobre la prensa; uno de los programas más destacados era Il Giornale dell'Aria, transmitido por la estación CXA Radio El Espectador de Montevideo.[88]​ Ante la ausencia de medios impresos en el territorio uruguayo, los italianos e ítalodescendientes recurrieron a periódicos, tanto fascistas como democráticos, que llegaban de Buenos Aires.[118]​ Después de la desaparición de L'Italiano en 1940, en 1946 ya no había ningún periódico italiano impreso en Uruguay.[119]​ Finalmente, en 1949, se publicó Messaggero italico, el primer periódico de la posguerra.[120]​ No obstante la prensa continuó siendo escasa y tardó en recuperarse; entre los años 1952 y 1955 se editó en español e italiano Il Mattino d'America, entre 1956 y 1958 se difundió Gazzetta d'Italia y entre 1952 y 1954 se distribuyó el Annuario Aiufre.[121][122]​ Por iniciativa del calabrés Gaetano Cario, en 1964 se lanzó L'Eco d'Italia. Con una comunidad italiana dividida políticamente entre seguidores y detractores del fascismo, el diario siguió una línea democrática dirigida hacia todos los italianos sin distinción de tendencia política. De entre los periódicos surgidos durante la posguerra, L'Eco d'Italia fue el que se mantuvo el mayor tiempo en actividad hasta desaparecer en el año 2010, cuando se le negó la financiación que llegaba desde Roma.[123]​ A partir de 2005 se imprimió en Montevideo una versión del diario La Gente d'Italia, redactado en Roma y en la capital uruguaya, distribuido primero junto a Últimas Noticias y después junto a La República.[124]

Radio y televisión[editar]

A mediados de la década de 1950 la colectividad se puso en contacto mediante la radio. Uno nombre importante del periodismo radial italiano era el del mantuano Tullo Guiglia, que llegó a Montevideo en 1952 y a partir de 1954 condujo el programa informativo Trenta Minuti con L'Italia, primero en Radio Femenina, más tarde en Radio Rural y finalmente en Radio Italia.[122]​ Desde 1958 hasta 1973 cuando regresó a Italia, Guiglia se hizo cargo del popular programa de música italiana La Voce d'Italia, transmitido por CX 58 Radio Clarín. En 1963, también por Radio Clarín, se comenzó a transmitir el programa dominical La Voce dei calabresi.[89]​ Tres años más tarde la emisora Radio Carve transmitía cada martes el programa Hoy en Italia.[125]

En junio de 1966 llegó a Montevideo la compañía italiana Rai, siendo inaugurada ante la presencia de representantes de ambos países, y la sede se ubicó en el centro de la capital sobre la Avenida 18 de Julio. Al mismo tiempo, el Canal 4 transmitía cada quince días un programa sobre la actualidad de Italia, incluyendo espectáculos, deportes y entrevistas.[125]​ Entrado el nuevo milenio La Voce dei calabresi continuaba al aire ahora en CX 28 Radio Imparcial y se transmitían nuevos programas como Buongiorno dall'Italia en Radio Fénix CX40 y Spazio Italia en Radio Sarandí; también había programas conducidos por ítaloruguayos en otras ciudades uruguayas como Tacuarembó, Salto y Paysandú.[126]​ El conductor radial montevideano Italo Colafranceschi se dedicó también a la televisión realizando los programas Zoom Italiano, Italia Italia y Panorama italiano. El político, periodista y arquitecto Aldo Lamorte condujo Italia ti chiama por el canal VTV, ocupándose de asuntos referentes a la comunidad ítalouruguaya.[127]

Deporte[editar]

El nombre de uno de los dos equipos de fútbol más importantes de Uruguay, el Club Atlético Peñarol, surgió a partir de la deformación de Pinerolo, pueblo de origen de Giovanni Battista Crosa —castellanizado como Juan Bautista Crosa—, un inmigrante piamontés.[128][129]​ Crosa llegó a Uruguay en 1765 donde instaló una chacra y más tarde, en la misma percela, abrió una pulpería llamada «El Penareul».[130][128]​ Debido a costumbres de aquella época era común que apareciera el pueblo de origen de los inmigrantes en los documentos personales, de esa forma Crosa comenzó a aparecer como Crosa Pinerolo, que más tarde fue castellanizado como Crosa Peñarol. La zona en que se había afincado pasó a llamarse Villa Peñarol; Crosa falleció en 1790.[128]​ Otra teoría afirma que el nombre del barrio pudo haber derivado de otro poblador italiano, el agricultor Pedro Pignarolo, quien al arribar al país habría perdido su apellido original por el nombre de su pueblo de origen.[131][132]​ En 1891 se fundó el Central Uruguay Railway Cricket Club (CURCC) y en 1913 cambió su nombre a Peñarol. Durante esos años el plantel del equipo solía estar integrado por obreros italianos del ferrocarril, mientras que su clásico rival sentía mayor afinidad por los criollos y también había atraído inmigrantes españoles, dando lugar al dicho: «Blanco, gallego y de Nacional; colorado, italiano y de Peñarol».[133][134]

Selección uruguaya de fútbol ganadora del Campeonato Sudamericano 1917.
De izquierda a derecha (arriba): Jorge Pacheco, José Vanzzino, Cayetano Saporiti, Gregorio Rodríguez, Manuel Varela, Alfredo Foglino;
(abajo): José Perez, Héctor Scarone, Ángel Romano, Carlos Scarone, Pascual Somma.

Aunque la rivalidad entre Nacional y Peñarol iba a continuar, el rechazo entre extranjeros y criollos quedó atrás con la integración de los primeros a la sociedad uruguaya.[133]​ A principios del siglo veinte Peñarol era conocido como «el cuadro del pueblo» y más tarde como «manyas», un sobrenombre acuñado por Carlos Scarone el 26 de julio de 1914. Su padre, Giuseppe Scarone, había llegado a Uruguay desde Savona (Liguria) en 1887. Carlos Scarone debutó en Peñarol —todavía llamado CURCC— en 1909 y permaneció con éxito en el club hasta 1913 cuando, buscando mejores ingresos, decidió probar surte en Buenos Aires. Fue en una conversación con su padre antes de partir que le explicó —refiriéndose a su mala situación económica— que en Peñarol se iba a quedar «para comer... ¿qué? ¿Mierda? ¿A mangiare merda?». Al año siguiente Scarone volvió a Montevideo pero esta vez para jugar en Nacional; en julio de 1914 se enfrentó a su antiguo equipo en un partido amistoso donde Scarone tuvo una jornada tensa y agresiva, a menudo gritando: «Jueguen ustedes, que son unos mangiamerda. ¡Manyas!».[135]

CURCC fue el primer equipo uruguayo en contar en sus filas con hijos y nietos de inmigrantes,[136]​ algunos de ellos fueron los primeros futbolistas destacados de Peñarol, como Lorenzo Mazzucco y José Piendibene, ambos de padres italianos.[137]​ Por otro lado, Pedro Petrone —de ascendencia lucana— y Ángel Romano integraron la plantilla de Nacional.[138][139]​ El plantel uruguayo que se coronó campeón en la Copa Mundial de Fútbol de 1930 contaba con Alberto Suppici como director técnico y entre los titulares que vencieron a Argentina en la final estaban el capitán José Nasazzi —de padre lombardo—,[140]Ernesto Mascheroni y el hermano menor de Carlos Scarone, Héctor Scarone.[137]​ Tras conseguir la Copa Mundial, Scarone fue transferido al Ambrosiana-Inter y debutó en la temporada 1931-32 como el primer jugador oriundo de la historia en ese club. En el Inter se ganó el sobrenombre de «Garibaldi» por parte de la afición cuando, con el rostro ensangrentado tras recibir una patada, le marcó dos goles a la Lazio.[141]​ Jugó las siguientes dos temporadas en el Palermo antes de volver a Montevideo. Otro campeón del mundo, Pedro Petrone, llegó a la liga italiana también en 1931 para jugar en la Fiorentina. Durante dos temporadas en el conjunto toscano el delantero llegó a anotar 37 goles en 44 partidos,[142]​ y ya en su temporada debut logró ser máximo goleador de la liga, el primer extranjero capocannoniere de la historia de la Serie A, y también el primer extranjero en vestir la camiseta de la Fiorentina.[143]

La presencia de futbolistas ítalouruguayos en la liga italiana no era casual, incluso alguno de ellos llegaron a integrar la Selección de fútbol de Italia durante la década de 1930, como Raffaele Sansone, Ricardo Faccio, Emanuel Fillola, Francisco Frione, Roberto Porta, Héctor Puricelli y Ulisse Uslenghi.[144]​ Nacido en Paysandú en 1894, Julio Bavastro llegó a Italia a los dieciséis años de edad para jugar primero en el Milan y después en el Inter, entre 1910 y 1915.[144]​ Su carrera se vio interrumpida por el estallido de la Primera Guerra Mundial; Bavastro se enroló en el ejercito —llegando a teniente— y fue abatido en el altiplano de los Siete Municipios en Gallio, en 1918, luchando contra el ejército austrohúngaro.[145]​ Otro de los primeros jugadores uruguayos en regresar a la madre patria fue Francisco Fedullo, cuyos padres habían emigrado a Montevideo desde Salerno; Fedullo pasó la gran parte de su carrera en el Bologna y alcanzó a vestir la camiseta azzurra, marcando tres goles en dos partidos.[146]​ La selección italiana que se alzó con la Copa Internacional 1933-35 tenía tres jugadores ítalouruguayos en su plantel: Ernesto Mascheroni —campeón del mundo con Uruguay—, Ricardo Faccio y Roberto Porta.[147]Miguel Andreolo, de ascendencia salernitana, también represento al seleccionado peninsular y se coronó campeón del mundo en la Copa Mundial de Fútbol de 1938, siendo incluido además en el Equipo de las Estrellas de la competición.[148][149][150]​ El de Andreolo fue el único caso de un jugador nacido en Uruguay y campeón del mundo con una selección distinta a la uruguaya.[151]

En cambio, Ernesto Vidal —nacido como Ernesto Servolo en el entonces territorio italiano de Istria— emigró a Sudamérica, donde se formó como futbolista, y fue parte del equipo titular del Uruguay campeón de la Copa Mundial de Fútbol de 1950.[152]​ Además de Vidal, en ese Mundial el equipo uruguayo incluía a Roque Maspoli —de ascendencia tesina—, Schubert Gambetta —de ascendencia franco-genovesa—, Rodolfo Pini, Alcides Ghiggia y Juan Alberto Schiaffino.[153][154]​ Asimismo, tanto Ghiggia como Schiaffino jugaron en Peñarol, Roma y Milan durante las décadas de 1950 y 1960. Ghiggia, cuya familia había emigrado de la comuna tesina de Sonvico,[155]​ vistió la camiseta azzurra durante la clasificación para la Copa Mundial de Fútbol de 1958 pero Italia no logró clasificarse.[152]​ El abuelo paterno de Schiaffino había llegado a Uruguay a principios del siglo veinte y era originario de Camogli o Portofino (Liguria), razón por la cual su nieto pudo jugar como oriundo en la selección italiana, coincidiendo con Ghiggia.[156][151]

Política[editar]

Tradicionalmente la comunidad italiana residente en Uruguay apoyó al Partido Colorado.[157][158]​ Mientras que el Partido Colorado favorecía la inmigración italiana,[159]​ mayoritariamente urbana y mercantil, el otro partido tradicional del Estado Oriental del Uruguay, el Partido Nacional, estaba más ligado a las antiguas tradiciones rurales españolas.[160]​ Durante la Guerra Grande el militar Giuseppe Garibaldi formó la Legione Italiana —integrada por unos 630 inmigrantes italianos— y luchó del lado de los colorados comandados por Fructuoso Rivera para defender la ciudad de los blancos y Buenos Aires, que esperaban invadir desde la periferia.[161][162]​ El 2 de junio de 1882, cinco días antes de la muerte de Garibaldi, se fundó el «Círculo Legionario Garibaldino», una sociedad en su honor.[163]​ Por sus luchas en Italia y Sudamérica a Garibaldi se le llamó «el héroe de dos mundos» y a principios del siglo veinte, inicio de la hegemonía política del Partido Colorado, se enalteció la figura del militar italiano como un símbolo de la italianidad y del ideal de libertad.[164][165]​ Conmemorando el primer centenario de su nacimiento, el 4 de julio de 1907 el entonces presidente de Uruguay José Batlle y Ordóñez decretó una fiesta nacional y presidió una celebración ante unas cuarenta mil personas en Montevideo. En 1915, el presidente sucesor, Feliciano Viera —también colorado— declaró fiesta nacional el 20 de septiembre.[165]​ Cada 20 de septiembre se realizaba el evento más importante de la comunidad italiana —también difundido en Argentina y Brasil— y durante ese día, en 1919, también se celebró una fiesta nacional uruguaya conocida como «el día de Italia».[164]

Uno de los hombres más influyentes durante el mandato de Batlle y Ordóñez fue Domingo Arena, escritor y abogado además de político, llegó a Uruguay a los seis años de edad junto a sus padres proveniente de Calabria.[166]​ Como político perteneciente al Partido Colorado y hombre de confianza de Batlle, Arena ayudó a impulsar leyes de justicia social y según el historiador uruguayo Gerardo Caetano «era un bohemio, un libertario. Es difícil pensar en él sin pensar en la libertad. Romántico, idealista, pasional, hacía política persiguiendo utopías».[167]​ Otros dirigentes colorados de principios del siglo veinte eran de origen italiano, como Eduardo Lenzi o Rómulo Rossi, entre otros,[168]​ aunque todavía en esa época el número de políticos no era proporcional a la población de origen italiano en el país.[169]​ En 1922 resultó electo presidente el candidato colorado José Serrato, hijo de un inmigrante de Giustenice (Liguria).[170]​ Durante su mandato se creó la Corte Electoral y se inauguró el Palacio Legislativo.[171][172]​ En las elecciones de 1930 se eligió a otro presidente de ascendencia italiana, Gabriel Terra, que en 1933 dio un golpe de estado permaneciendo como presidente de facto. Varios integrantes de su administración también eran descendientes de italianos, como el ministro Pedro Manini Ríos,[173]​ y se mantuvo una relación cercana con el país europeo, de acuerdo con la historiadora Ana María Rodríguez Ayçaguer «para los gobernantes uruguayos, Italia no era un país más».[174]​ Tras siete años en el poder, Terra fue sucedido por Alfredo Baldomir Ferrari.[56]

Lista 15 de Montevideo, presentada en las elecciones de 1946 en las que resultó electo Presidente de Uruguay el colorado Tomás Berreta, hijo de inmigrantes italianos.

Tras las elecciones de 1946 asumió la presidencia Tomás Berreta, hijo de inmigrantes italianos dedicados a la agricultura.[175]​ Berreta complió sus funciones entre marzo y agosto de 1947, antes de morir por causas naturales y ser sustituido por su vicepresidente, Luis Batlle Berres. En 1960, como integrante del Partido Nacional, Benito Nardone presidió el Consejo Nacional de Gobierno; Nardone nació en el seno de una familia humilde, hijo de un obrero portuario originario de Gaeta (Lazio).[176][177]​ Como jefe de estado realizó una visita oficial a Italia, donde fue recibido por el presidente italiano Giovanni Gronchi y visitó el municipio de su padre.[178][179]​ Al año siguiente Gronchi devolvió la visita al país rioplatense.[180]​ Durante la dictadura cívico-militar en Uruguay (1973-1985), las fuerzas armadas designaron a Alberto Demicheli (en 1976) y Rafael Addiego Bruno (en 1985) como presidentes de facto.[181]

El primer presidente electo por la ciudadanía uruguaya después de la dictadura fue Julio María Sanguinetti del Partido Colorado, que gobernó entre 1985 y 1990, y fue reelecto en 1994. Su bisabuelo era un inmigrante de Génova: «A veces no nos damos cuenta los uruguayos hasta que punto, siendo españoles como somos en origen y en cultura, tenemos más hábitos de comportamiento propios de la familia italiana. En la gastronomía, en el sentido de la familia, en el modo como nos manejamos», declaró Sanguinetti.[182]​ También comparó la influencia contemporánea en la política de las organizaciones italianas con la que solían tener entre el siglo diecinueve y la década de 1930, afirmando que «luego el italiano pasó a ser tan uruguayo que hoy las instituciones italianas existen pero no tienen ninguna fuerza especial».[183]Jorge Batlle, presidente entre 2000 y 2005, también tenía ascendencia genovesa, por vía materna.[184]​ «Mi bisabuelo era un italiano que emigró a América. En mis casa el Dante era la cosa más importante», declaró.[185]​ En el año 2000 el gobierno italiano invitó a veintinueve legisladores uruguayos de origen italiano a una conferencia en Roma con el objetivo de «delinear una política que a la plena valorización del patrimonio histórico, económico y cultural que representan los italianos en el mundo añada una atención particular por las problemáticas que interesan a las nuevas generaciones».[186]​ En 2009 resultó vencedora la fórmula presidencial del Frente Amplio con José Mujica Cordano como presidente y Danilo Astori como vicepresidente. La familia materna de José Mujica —de apellidos Cordano y Giorello— emigró desde el valle de Fontanabuona (Liguria) a Carmelo (Colonia) en 1860.[187][188]

Un fenómeno posterior es la participación de la comunidad ítalouruguaya en las elecciones italianas. El derecho al voto de los ciudadanos italianos fuera de Italia fue una medida tomada por Silvio Berlusconi tras ser electo Presidente del Consejo de Ministros de Italia en 2001.[189]​ De los 630 diputados y 315 senadores que tiene el Parlamento de la República Italiana, se elijen en el exterior doce diputados y seis senadores, y a su vez a América del Sur le corresponde la elección de cuatro diputados y dos senadores.[190]​ De esta forma, en las elecciones de 2006 en Uruguay fue donde se registró mayor participación, con el 64 %.[189]​ Hacia el año 2018 los ciudadanos habilitados para votar residentes en Uruguay eran 85 mil.[191]

Notas[editar]

  1. El 19 de enero de 1935 se firmó el «Acuerdo sobre el pago de créditos comerciales italianos en Uruguay» y el 28 de diciembre del mismo año se firmó en Roma el «Acuerdo Comercial Permanente». El 27 de diciembre de 1938 se firmó el «Protocolo Adicional al Acuerdo Comercial Permanente» redactado el 28 de diciembre de 1935, acuerdo de duración trienal en el cual Italia se comprometía a importar productos uruguayos por un valor mínimo de 180 millones de liras a partir del 1 de enero de 1939. El 26 de noviembre de 1941 se firmó el «Acuerdo financiero de pagos y protocolo» del 27 de diciembre de 1938.[12]

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Referencias externas[editar]