Iglesia católica y ciencia

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «Iglesia Católica y Ciencia»)
Saltar a: navegación, búsqueda

La Iglesia católica, como institución y desde la actividad de sus miembros (en grupo o en particular), ha establecido continuas relaciones con el mundo de la ciencia, sea al impulsar algunos estudios, sea al advertir de eventuales peligros. Conocer la historia de las relaciones entre la Iglesia católica y la ciencia resulta de interés en el mundo contemporáneo, para comprender en qué sentido la Iglesia haya colaborado u obstaculizado la investigación en el mundo científico.

Bajo Imperio romano[editar]

David C. Lindberg y Ronald Numbers dicen que los Padres de la Iglesia no prestaron interés especial en las ciencias o filosofía natural, pero esta actitud era compartida por el mundo pagano y por los intelectuales del Imperio Romano. Excepto por la medicina y la astronomía, el resto de las ciencias no eran tenidas en cuenta.

Los Padres de la Iglesia usaron el conocimiento científico de la Grecia Clásica en defensa de su fe contra las herejías y para la elucidación de las escrituras y en el proceso preservaron y transmitieron durante el período de caos y violencia del primer siglo del cristianismo.[1]

Los primeros cristianos no temían defender su fe contra los paganos utilizando la razón. Entre los escritores critianos conocidos como apologistas se destacan san Justino, san Ireneo de Lyon, san Hipólito de Roma, Novaciano, Tertuliano; formando la Escuela de Alejandría, Orígenes —el padre de la Teología—, san Panteno, san Cipriano y san Clemente; y, de la Escuela de Antioquía, san Luciano. Otros, como Taciano proclamaban la falta de utilidad de la cultura pagana.

Durante el primer milenio del cristianismo, la ciencia tenía un papel secundario, muy distinto a la hegemonía intelectual y autonomía que goza en el siglo XXI, pero tampoco fue víctima de la intolerancia de la Iglesia católica. La ciencia no fue enemiga del cristianismo sino una valorable (sino enteramente confiable) sirvienta de la Iglesia.

La tradición científica de la experimentación creada por los filósofos presocráticos ya había sido relegada en su mayor parte por el pensamiento místico de Pitágoras y Platón. Durante el Imperio Romano la ciencia experimental prácticamente no existió así como el desarrollo de las matemáticas. Carl Sagan señala a la científica Hipatia —asesinada por una turba por razones políticas —como la última representante de la ciencia. La pagana Hipatia fue maestra del obispo Sinesio de Cirene —con quien mantuvo una importante correspondencia. No hubo más actos violentos contra los filósofos paganos de la Escuela neoplatónica de Alejandría siguió activa hasta la conquista musulmana de Egipto en el año 640, sin que su actividad se viera interrumpida siquiera por el cierre de la Academia de Atenas en tiempos de Justiniano I.[2]

Contemporáneo de Hipatia fue San Agustín.

San Agustín sostenía que la Biblia no tiene ninguna autoridad en temas científicos: ”El Espíritu de Dios que hablaba por medio de los autores sagrados, no quiso enseñar a los hombres estas cosas (de astronomía) que no reportan utilidad alguna para la vida eterna” (De Genesi ad literam o De la interpretación literal del Génesis, 2:9).

Según los científicos Roger Penrose y Paul Davies, San Agustín tuvo una «intuición genial» acerca de la relación espacio-tiempo, adelantándose 1500 años a Albert Einstein y a la Teoría de la Relatividad cuando Agustín afirma que el universo no nació en el tiempo sino con el tiempo, que el tiempo y el universo surgieron a la vez.[3]

Agustín, quien tuvo contacto con las ideas del evolucionismo de Anaximandro, sugirió en su obra La ciudad de Dios que Dios pudo servirse de seres inferiores para crear al hombre al infundirle el alma, defendía la idea de que a pesar de la existencia de un Dios no todos los organismos y lo inerte salían de Él, sino que algunos sufrían variaciones evolutivas en tiempos históricos a partir de creaciones de Dios.[4]

Durante el Bajo imperio romano y el Período de las Grandes Migraciones, los monasterios y abadías se dedicaron a proteger el legado cultural del Mundo Clásico.

El centro más importante de preservación y transmisión de la cultura clásica se hallaba en la Abadía de Montecasino gracias a la labor de recopilación de los monjes benedictinos.

Otro centro en donde se preservó la cultura de la Antigüedad clásica fue el Monasterio de Vivarium fundado por Casiodoro.[5]

Según Thomas Cahill, la civilización occidental fue salvada gracias a los monjes irlandeses y a la Misión hiberno-escocesa. Tiempo después, la cultura clásica preservada en los manuscriptos recopilados y transcriptos por los monjes irlandeses, se conservaron en las Islas Británicas y con la llegada de Alcuino de York a la corte de Carlomagno, reintrodujo la cultura clásica al continente y dio comienzo al Renacimiento carolingio.

Rodney Stark sostiene:[6]

Si los seguidores de Jesús se hubiesen mantenido como una oscura secta judía, la mayoría de ustedes no habrían aprendido a leer y el resto de ustedes estaría leyendo de rollos copiados a mano. Sin una teología comprometida con la razón, el progreso y la igualdad moral, hoy el mundo entero estaría como las sociedades no europeas estaban, digamos, en 1800: un mundo con muchos astrólogos y alquimistas, pero no con científicos. Un mundo de déspotas, carente de universidades, bancos, fábricas, anteojos, chimeneas y pianos. Un mundo donde la mayoría de los niños no llegan a la edad de cinco y muchas mujeres muriendo durane el trabajo de parto, un mundo verdaderamente viviendo en "edades oscuras".

En la corte de Carlomagno se destacó el monje y astrónomo irlandés Dungal quien al explicar el doble eclipse del año 810 se basó en los escritos de Macrobio y de Plinio el Joven.

El emperador bizantino Miguel II envía a Aquisgrán las primeras copias de la obra de filosofía platónica de Pseudo Dionisio Areopagita, obra que luego inspiró el pensamiento de Nicolás de Cusa. Hilduino de Saint-Denis y Juan Escoto Erígena tradujeron la obra del Pseudo Aeropagita del griego al latín.[7]

Paul Butzer sostiene que la corte de Carlomagno estuvo en contacto con los conocimientos matemáticos de los árabes de España.[8]

La Alta Edad Media[editar]

Durante los seiscientos años que van desde el 400 al 1000, las contribuciones a la filosofía natural fueron casi inexistencia. La contribución de la Iglesia al movimiento científico fue solo de preservación y transmisión. Los pocos nombre que se pueden mencionar que hayan hecho contribuciones a la filosofía natural y a la ciencia son los de Isidoro de Sevilla y el de Beda el venerable.[5]

La Edad Media[editar]

Según el erudito en Historia Medieval Robert Bartlett, en la Edad Media los fenómenos naturales tenían tanto una explicación natural como sobrenatural, y ambas no se contradecían. Un ejemplo de esto es la explicación que da el sacerdote y luego cardenal Oliver de Paderborn sobre la toma de Damieta por los cruzados en 1218. Un eclipse de luna ayudó a los cruzados para tomar a la ciudad de noche. El clérigo sabía que el eclipse era un fenómeno natural y así lo expresa, pero también lo atribuye a la intervención divina. Recordemos el aporte a la ciencia que le dieron religiosas como, Roswita de Ganderscheim, quien en su interés por las ciencias del trivium y quadrivium, tradujo los principales obras científicas árabes, o Hidegarda de Bingen, médico y naturalista. En el Siglo XII, como parte del Renacimiento del siglo XII, la Escuela de Chartres fue el centro de reunión de una comunidad de filósofos y pensadores que realizaron grandes contribuciones al conocimiento humano. Fue esta escuela catedralicia en donde se sostuvo la idea que Dios creó el Universo y que lo regula a través de leyes creadas por Él mismo, por lo tanto, el mundo y todo lo creado podía ser mensurado y cuantificado usando el intelecto y la matemática.

Tomás de Aquino sostenía que la ciencia y la fe no se contraponen sino que se complementan.

La Escuela de Chartres[editar]

El fundador de la Escuela fue el abad Fulberto, discípulo de Gerberto de Aurillac, quien a su vez fue el producto de la reforma educativa que iniciara Alcuino en el reinado de Carlomagno.

Thierry de Chartres sostenía que los cuerpos celestes como planetas y cometas, estaban constituidos de los mismos materiales con lo que estaba construida la Tierra, y no como sostenían los pensadores clásicos, que los cuerpos celestes debían estar compuestos de una "materia divina" o hasta "tener alma".

Thomas Goldstein describe la importancia última de la escuela de Chartres en los siguientes términos:

Formulando las premisas filosóficas, definiendo los conceptos básicos del cosmos de los cuales posteriormente se fueron especializando las ciencias, reconstruyendo sistemáticamente el conocimiento científico del pasado y emplazando el porvenir evolutivo de la ciencia occidental en una sólida vía cada uno de estos pasos parecen tan cruciales que, tomados en conjunto, pueden significar una sola cosa: que en un período de 15 o 20 años en torno a la mitad del siglo XII, un manojo de hombres estaban conscientemente comprometidos a lanzar la evolución de la ciencia occidental y dieron los grandes pasos que se necesitaban para lograr tal fin.

Adelardo de Bath es otro destacado representante de la Escuela de Chartres. Tradujo del árabe los Elementos de Euclides, la Introducción a la Astrología de Albumasar y las Tablas Astronómicas de Al-Juarismi.[9]

Un momento de gran importancia en el desarrollo de la ciencia en la Europa cristiana de la Edad Media fueron las Condenas de la Universidad de Paris. Durante el Siglo XIII los obispos de París condujeron una serie de investigaciones destinadas a investigar y prohibir ciertas enseñanzas de Aristóteles y de Averroes que eran consideradas heréticas y contrarias al dogma cristiano. Las primeras investigaciones se llevaron a cabo en 1210. Entonces, el Sínodo Provincial reunido en Sens. A las Condenas de 1210 le siguieron las Condenas de 1270 y 1277. Pierre Duhem sostiene que si se pudiese establecer una fecha para el nacimiento de la ciencia moderna, esta sería el año 1277. La condena del Obispo de Paris Étienne Tempier

Las condenas cayeron sobre los profesores Sigerio de Brabante y Boecio de Dacia.

A pesar de tratarse de un claro acto de intolerancia y persecución contra el libre pensamiento por parte de la Iglesia católica, algunos historiadores han destacado los efectos beneficiosos que estas investigaciones aportaron a la ciencia. Es Pierre Duhem quien le otorga una importancia crucial: Duhemm dice que si se pudiese establecer una fecha para el nacimiento de la ciencia moderna, esta sería el año 1277. La prohibición de la enseñanza de las ideas de Aristóteles propició a que los intelectuales de la época se desembarazaran de los rígidos dogmas aristotélicos y comenzaran a tratar de experimentar.

Stanley L. Jaki dice que al censurar mucha ideas panteísticas de Aristóteles, ayudó a los pensadores medievales a estudiar al mundo. para Jaki, la concepción panteísta de muchas civilizaciones impidió el nacimiento de la ciencia, que la ciencia "nació muerta".[10]

El mundo islámico y la preservación de la Cultura Clásica[editar]

Si bien el contacto de Occidente con el Mundo Islámico fue de gran importancia para el Renacimiento cultural de Europa del Siglo XI, se ha menospreciado el papel de los propios occidentales y en particular de la Iglesia en la preservación y difusión del conocimiento del Mundo Clásico.

Entre los primeros traductores de Aristóteles estuvo Jacobo de Venecia, muerto alrededor de 1150.[11] Jacobo vivió por muchos años en la corte de Constantinopla y tradujo las obras de Aristóteles directamente del griego al latín mucho antes que Raimundo de Toledo asumiera como obispo y diera inicia a la Escuela de Traductores de Toledo.

El profesor Sylvain Gouguenheim relativiza el papel del Islam en la preservación de la Cultura Clásica y de su posterior introducción al Occidente.[12]

Gouguenheim sostiene que el papel islámico en la protección del legado griego no fue decisivo. Occidente, por ejemplo, siempre mantuvo vínculos con el Bizancio cristiano, vínculos por los que circulaban los textos de los antiguos griegos.

Entre otros puntos, Gouguenheim señala que:

  • del año 685 al 752, buena parte de los papas son de origen griego y sirio
  • entre el 758 y el 763, el rey franco Pipino el Breve pide al papa Pablo I que le envíe textos griegos, en especial la Retórica de Aristóteles
  • en Sicilia y Roma nunca faltaron lectores de griego
  • Occidente nunca olvidó que los evangelios se escribieron en griego y que los Padres de la Iglesia citaban a los filósofos clásicos
  • desde Carlomagno (con Alcuino y su "renacimiento carolingio") hasta el Siglo XIII, hubo en Europa varios "renacimientos parciales" cuando las circunstancias lo permitían; en ellos no hubo especial aportación desde el mundo islámico
Abadía de Mont-Saint-Michel.

Gouguenheim defiende que los traductores de la abadía francesa de Mont-Saint-Michel tuvieron un papel primordial. Tradujeron casi toda la obra de Aristóteles directamente del griego al latín, y lo hicieron varias décadas antes de que la Escuela de Traductores de Toledo tradujera las obras de Aristóteles del árabe al latín.

En el Siglo XII el uso de la lógica empírica de la tradición de los filósofos presocráticos fue rescatada por los pensadores del medioevo.

Entre los nombres a mencionar:

Uno de los discípulos de Buridan fue Enrique de Langenstein.Enrique de Langenstein o Enrique de Hesse parece haber desempeñado una importante función en el desarrollo de las matemáticas en Viena y, a través de allí, en Alemania. Trató de modo especial cuestiones astronómicas, contribuyendo a desacreditar las creencias astrológicas. Rechazó la teoría aristotélica sobre la diferente naturaleza del mundo celeste y el sublunar.[10] Otros discípulos de Buridan fueron Alberto de Sajonia y Marsilio de Inghen.[13]

Número de manuscriptos producidos en la Edad Media.

En el Siglo XI Anselmo de Canterbury sostenía que Dios actúa mediante un poder absoluto o potentia absoluta y un poder ordenado o potentia ordinata; si bien Dios tiene un poder absoluto y puede hacer de una piedra un elfo, iría en contra de la misma dignidad de Dios hacer del mundo un caos. Dios rige al mundo a través del orden y de leyes que Él mismo creó. De esta manera tiene sentido en hablar de milagros; un milagro es un suceso que — por designio de Dios— rompe con las leyes de la física y si el mundo fuese caótico no podríamos distinguir un milagro de algo que no lo es. Esta idea sería retomada y trabajada siglos después por Juan Duns Scoto[14]

Según Thomas Woods: "la contribución de los musulmanes a la ciencia, ocurrió 'a pesar' del Islam más que debido a él. Los académicos ortodoxos islámicos rechazaban absolutamente toda concepción del universo que implicara leyes físicas consistentes, debido a la absoluta autonomía de Alá, que no podía ser restringida por leyes naturales. Las leyes naturales eran nada más que mero hábitos de expresión, por parte de Alá y podrían ser discontinuadas en el tiempo".[15]

Si se quisiera separar, mediante una línea precisa, el reinado de la ciencia antigua del reinado de la ciencia moderna, nos parece, habría que trazarla en el instante en el cual Juan Buridan concibió esta teoría, en el instante en el cual se dejó de considerar a los astros como movidos por seres divinos, en el cual se admitió que los movimientos celestes y los movimientos sublunares dependían de una misma mecánica.

[16]

La obra científica de Jean Buridan fue luego desarrollada por Juan Cancio.

Con su teoría del impetus Jean Buridan sentó las bases para el posterior desarrollo de la teoría de la inercia, desarrollada luego por Galileo y Newton.

Guillermo de Conches decía:[5]

Puesto que ellos mismos ignoran las fuerzas de la naturaleza y desean tener a todos los hombres como compañeros de su ignorancia, están poco dispuestos a que alguien las investigue, a cambio prefieren que creamos como los campesinos y no ahondemos en las causas (naturales) (de las cosas). Sin embargo nosotros decimos que la causa de todas las cosas debe investigarse.(...) Pero esta gente, (...) si sabe de alguien que piense así, le proclama hereje.

Guy de Chauliac es considerado como el padre de la cirugía moderna. El Papa Juan XXI también hizo grandes aportes a la medicina.

En la astronomía se destacó Johann Müller Regiomontano, obispo de la Iglesia católica y discípulo del cardenal Basilio Besarión, un erudito griego emigrado a Occidente luego de la caída de Constantinopla.

Poco antes del cataclismo apocalíptico de la Peste Negra un grupo de matemáticos relacionados con el Merton College y conocidos como los Calculadores de Oxford se abocaron a la tarea de tomar un acercamiento lógico-matemático a los problemas filosóficos. Este grupo, compuesto por Thomas Bradwardine, William Heytesbury, Richard Swineshead y John Dumbleton. su labor cientíifica se basó en las investigaciones previas de Walter Burley y Gerardo de Bruselas. El físico e historiador científico Clifford Truesdell, escribió:[17]

Las fuentes ahora publicadas nos demuestran, por encima de cualquier duda, que las principales propiedades cinemáticas de los movimientos uniformemente acelerados, aún atribuidas a Galileo por los textos de física, fueron descubiertas y probadas por académicos del Merton College (...)

Las universidades[editar]

David C. Lindberg dice:[18]

Debo decir enfáticamente que dentro del sistema educativo el maestro medieval tenía un gran nivel de libertad. el estereotipo de la Edad Media nos muestra al profesor como un ser invertebrado y servil, un esclavizado seguidor de Aristóteles y de los Padres de la Iglesia (exactamente como una persona puede ser un seguidor esclavizado de ambos, el estereotipo no lo explica), temerosos de apartarse de una iota de las demandas de la autoridad. Existía un límite importante en lo que se refería a la teología, desde luego, pero dentro de esos límites el maestro medieval disfrutaba de una libertad de pensamiento y expresión verdaderamente remarcable; casi no hubo doctrina filosófica o teológica, que no fue sometida a un escrupuloso escrutinio y crítica por los eruditos en la Universidad medieval.

Edward Grant agrega:[cita requerida]

¿Qué fue lo que hizo posible que la Civilización Occidental desarrollara la ciencia y las ciencias sociales de la manera en la que nunca antes fue hecha? La respuesta, estoy convencido, descansa en un espíritu profundamente arraigado de investigación que fue la consecuencia natural en el énfasis en la razón que se inició en la Edad Media. Con la excepción de las Verdades reveladas, la razón fue entronizada en las universidades medievales como el último árbitro para la mayoría de los argumentos intelectuales y controversias. Fue por demás natural para los eruditos inmersos en el ambiente universitario emplear la razón para investigar de temáticas en áreas que no habían sido exploradas con anterioridad, también como discutir posibilidades que previamente no habían sido seriaamente tratadas.

Otros nombres que se pueden mencionar son los de Dietrich von Freiberg (1250-1310) a quien debemos la primera teoría acerca de la naturaleza del arco iris, Witelo (1220-1277) y San Buenaventura (1217-1274).[19]

Medicina[editar]

Entre los médicos que se destacan se encuentran:[20]

Esfericidad de la Tierra[editar]

Basilio el Grande y San Agustín daban por hecho que la Tierra era esférica, aunque para ellos el tema era irrelevante (San Agustín sostenía que era imposible que hubieran seres humanos habitando en la antípodas de la Tierra). Lactancio y Cosmas Indicopleustes sostuvieron la teoría de la Tierra Plana. En el Siglo VIII, Beda el Venerable defendía la esfericidad de la Tierra y de allí en más todos los pensadores eclesiásticos sostuvieron la teoría de la Tierra con forma esférica.[21] San Alberto Magno también creìa en la esfericidad de La Tierra.

Vida en otros planetas[editar]

El obispo Étienne Tempier sostenía que, al contrario que Aristóteles, Dios pudo haber creado más mundos.[22] Nicolás Oresme, obispo de Lisieux estuvo de acuerdo con la posible existencia de una multiplicidad de mundos a través del tiempo o separado por el espacio.[23] El cardenal Nicolás de Cusa consideró como posible la existencia de vida en la Luna y en el Sol.[24]

En 1600 Giordano Bruno sería quemado en la hoguera no por sus ideas acerca de la existencia de la pluralidad de mundos, sino por sus ideas heréticas de no aceptar la divinidad de Cristo y de negar la existencia de la Santísima Trinidad. Ya Bruno había sido excomulgado por la propia Iglesia católica, por la Iglesia luterana y por el Calvinismo.

Astronomía[editar]

Copérnico[editar]

James Burke señala que la necesidad de establecer un calendario llevó a que Nicolás Copernico postulara la teoría del heliocentrismo.

Galileo Galilei[editar]

Thomas Kuhn dice:[25]

Jean Buridan y Nicolás Oresme, los escolásticos del siglo catorce quienes llevaron a la teoría del ímpetus a sus más perfectas formulacions, son las primeras personas que se conozca de haber visto en los movimientos oscilatorios todo lo que luego vería Galileo.

Wolfgang Strobl señala que el fraile dominico Domingo de Soto fue el primero en establecer que un cuerpo en caída libre sufre una aceleración constante, siendo éste un descubrimiento clave en física, y base esencial para el posterior estudio de la gravedad por Galileo y Newton.[19]

Jacob Bronowski sostiene que:

El efecto del juicio y de la condena a prisión puso un freno total a la tradición científica de los países del Mediterráneo. En adelante la Revolución Científica se movió al Norte de Europa.

Los logros científicos de los jesuitas[editar]

Un apartado especial es la relación que mantuvieron los jesuitas con el astrónomo luterano Johannes Kepler. Diez años antes de que Galileo defendiera la Teoría heliocéntrica, Johannes Kepler publicó una obra que defendía y ampliaba la teoría heliocéntrica de Copérnico. La posición de Kepler en relación a la defensa del heliocentrismo encontró el rechazo de sus colegas protestantes pero obtuvo una buena recepción entre algunos jesuitas de buena reputación por sus logros científicos.[26]

Cuando Kepler se halló en dificultades económicas tales que no poseía un telescopio para poder continuar con sus observaciones, el jesuita Paul Goldin le pidió a otro hermano jesuita, el padre Niccolo Zucchi a que le donara un telescopio a Kepler (en 1616, Zucchi había diseñado el primer telescopio de reflexión cóncavo).[27] [28]

Cuando Kepler sostuvo que los planetas giran alrededor del Sol no en órbitas circulares sino elípticas, fue el astrónomo Giovanni Cassini quien confirmó lo sostenido por Kepler, realizando observaciones en la Basílica de San Petronio.

Cuando Kepler fue expulsado por los luteranos de la Universidad de Tubingen en 1596 y excomulgado por el obispo luterano de Linz, fueron los jesuitas los que le dieron asilo y protección.[29] [30] [31] [32] Los jesuitas intecedieron ante el emperador para que Kepler no fuera expulsado de la universidad de Graz, cuando el emperador ordenó la expulsión de todos sus súbditos que no fuesen católicos.

Los jesuitas participaron en el diseño de los primeros telescopios.[33]

El sacerdote jesuita Angelo Secchi fue uno de los pioneros de la espectroscopia estelar, un sistema para estudiar a distancia la composición química de los astros. Basándose en sus observaciones, propuso un sistema de catalogación de estrellas en cuatro tipos. Asimismo hizo importantes estudios sobre el Sol.

El sacerdote jesuita Ruđer Bošković ha sido llamado como el "padre de la moderna teoría atómica".[34]

Los jesuitas Tomás Falkner y Florián Paucke realizaron estudios etnográficos en América del Sur y Falkner descubrió el primer fósil de un megaterio.

En la astronomía se destacaron, entre otros, Johann Adam Schall von Bell (1591-1666), Mario Bettinus (1582-1657), Cristóbal Clavio (1537-1612), Honoré Fabri (1607-1688), Athanasius Kircher (1608-1680), Matteo Ricci (1552-1610), Christopher Sheiner (1575-1650), Gaspar Schott (1608-1688) y Grégoire de Saint-Vincent (1584-1667).

Humbodlt hace notar que los primeros astrónomos que identificaron a Ácrux fueron los jesuitas Fontaney, Noel y Richaud, entre 1681 a 1687.

El sacerdote jesuita José de Acosta fue un naturalista español que recogió gran cantidad de información sobre la flora y la fauna de América. Las obras de Acosta fueron leídas por el naturalista alemán Alexander von Humboldt. Acosta propuso que las especies americanas evolucionaron de otras especies provenientes de Europa; si bien la idea de que las especies americanas proviniesen de Europa es errónea, propuso la idea de la evolución de las especies 300 años antes que lo hiciera Charles Darwin y también propuso que estas especies se adaptaban al medio que la circundaban.[35]

Un importante centro de investigación astronómica fue el Observatorio de Viena siendo uno de sus directores el prestigioso astrónomo Maximilian Hell. Su sucesor fue el jesuita Franz de Paula Triesnecker; en la Luna el Cráter Triesnecker lleva su nombre.

Cabe destacar que treinta y seis cráteres de la Luna llevan los nombres de matemáticos y científicos jesuitas.[36]

A manera de guisa, a los nombres ya mencionados, se pueden citar los nombres los siguientes sacerdotes jesuitas dedicados a la ciencia:

Siglos XV a XIX[editar]

Busto de Maria Gaetana Agnesi.

En 1425 se funda la Universidad católica de Lovaina-Bélgica. En 1603 se funda la Academia Pontificia de las Ciencias. En 1737 nace Luigi Galvani, mèdico, fisiòlogo, fìsico y miembro de la Orden Franciscana Seglar, sus estudios permitieron descifrar la naturaleza del impulso nervioso. El escolapio Giovanni Battista Beccaria es considerado uno de los pioneros en la investigación de la electricidad.

En 1900 el sacerdote brasileño Roberto Landell de Moura es el primer ser humano en transmitir la voz humana a través de un dispositivo inalámbrico.

Entre los científicos de este período que además fueron clérigos de la Iglesia católica se puede mencionar a:

Derecho[editar]

La Iglesia ha hecho grandes contribuciones al Derecho. Fue en la Escuela de Salamanca en donde se establecieron las bases de los Derechos humanos.[38] Fueron precisamente los profesores de la Escuela de Salamanca como Francisco de Vitoria los que defendieron los derechos de los americanos que se debatieron en la reunión conocida como la Junta de Valladolid.

Muchos siglos atrás, ya San Agustín como Ratramno de Corbie elucubraban acerca de si los homres con cabeza de perro o cinocéfalos existían, y si de ser así, eran descendientes de Adán y por lo tanto humanos y por ende si la Iglesia tenía la obligación de evangelizarlos. Agustín decía que quizás los cinocéfalos no existían y de ser así, debían ser mortales y racionales para ser considerados humanos.

Nicolás de Cusa elucubró acerca de la existencias de otros planetas y de la existencia de extraterrestres.

Los habitantes de América no se mencionaban en la Biblia y no se encontraban dentro del linaje de Adán.

Como seres humanos, a los aborígenes de América se le reconocieron los tres derechos fundamentales de todo ser humano: la vida, la libertad y la propiedad.

Es de destacar que esta tradición de defensa de los Derechos Humanos se plasmó siglos después con Peter Benenson, abogado inglés militante de izquierda que luego de haberse convertido al catolicismo funda Amnistía Internacional.

Teoría del Big Bang[editar]

El modelo de la Teoría del Big Bang es la teoría cosmológica actualmente aceptada por la comunidad científica y que trata del origen y temprano desarrollo del Universo conocido. Fue propuesta por primera vez por el sacerdote belga Georges Lemaitre, astrónomo y profesor de física en la Universidad de Lovaina. Lemaitre fue uno de los primeros en aplicar la Teoría de la Relatividad en la cosmología. Lemaitre teorizó en los años veinte que el Universo comenzó como un punto geométrico al que llamó el "átomo primordial", que estalló y que aún sigue expandiéndose.[39]

El Evolucionismo[editar]

La única condena contra la Teoría de la Evolución fue hecha por el Concilio de Obispos de Alemania de 1860. Pío IX no realizó una condena explícita a la evolución ni en la Quanta cura ni en el Syllabus. La Comisión Bíblica en 1909 sostuvo que no se ha de buscar rigor científico en el Libro del Génesis en cuanto a la Creación del mundo.

La posición de la Iglesia fue cauta. La Iglesia advirtió y sancionó solo a unos pocos eclesiáticos que adhirieron a la Teoría de la Evolución, entre ellos el dominico Marie-Dalmace Leroy, el sacerdote americano John Augustine Zahm, el sacerdote italiano Raffaello Caverni, el obispo italiano Geremia Bonomelli y el obispo John Hedley. El biólogo británico George Jackson Mivart fue excomulgado por la Iglesia pero esto no tuvo que ver en nada por ser Mivart adherente al evolucionismo.[40]

En España, entre los adherentes al evolucionismo se puede mencionar al cardenal Ceferino González y el teólogo místico y biólogo Juan Tomás González de Arintero.[41]

En la encíclica Humani generis se deja perfectamente claro que la Iglesia no se opone al evolucionismo en cuanto a la búsqueda del origen del cuerpo, pero sí se opone cuando a partir del evolucionismo se intenta explicar el origen del alma humana. El mismo documento se opone al poligenismo, es decir, cuando se pretende sostener que la humanidad surgió no de una sola pareja macho y hembra, sino de una multiplicidad de ellas.[42]

Actualidad[editar]

Durante los siglos XIX y XX científicos católicos han hecho grandes aportes a la ciencia. Louis Pasteur, Madame Curie, Enrico Fermi, Guillermo Marconi, Alexander Fleming y E.T. Whittaker, fueron católicos practicantes. Jérôme Lejeune descubridor del síndrome de Down resignó el Premio Nobel por su postura en defensa a la vida.[43]

Entre los nombres a destacar se halla el del jesuita americano George Coyne. Entre los representantes de la nueva generación de sacerdotes dedicados a la ciencia se puede mencionar al jesuita americano Guy Consolmagno, el jesuita español Manuel Carreira y al jesuita argentino José Gabriel Funes.

En noviembre de 2009 se realiza la primera Conferencia de Astrobiología en la Academia Pontificia de las Ciencias y la conferencia fue organizada por el padre José Gabriel Funes. Uno de los conferencistas el profesor Chris Impey de la Universidad de Arizona dijo:

Este diálogo y los resultados de la ciencia están siendo presentados en la casa del Papa, está ocurriendo en el corazón de la Iglesia católica. La receptividad de la información es la cosa más importante.

Relación de la Iglesia con la Revolución científica[editar]

En 1875 el químico e Historiador John William Draper escribió un obra titulada Historia de los conflictos entre la Religión y la Ciencia en donde se presentaba a la Iglesia católica como enemiga de la ciencia. La obra fue refutada y criticada por anticatólica por Tomás de la Cámara, Miguel Mir y Marcelino Menéndez Pelayo. A la tesis de Draper adhiere Andrew Dickson White.

John Hedley Brooke dice que “en sus formas tradicionales, la tesis (religión vs. ciencia) ha sido largamente desacreditada”. David Lindberg dice que “a pesar de un consenso desarrollado entre los eruditos que la ciencia y la religión no han estado en guerra, la noción de conflicto se niega a morir”. Steven Shapin dice que "en los últimos años de la Era Victoriana era muy común escribir acerca del 'estado de guerra entre la ciencia y la religión' y en suponer que estos dos cuerpos de cultura habrían de estar en permanente conflicto. Sin embargo, estas suposiciones han sido sostenida por muy largo tiempo por los historiadores de la ciencia." Edward Grant dice que “si los pensamientos racionales revolucionarios fueron expresados en la Era de la Razón (el Siglo XVIII), sólo fue posible debido a la larga tradición medieval que estableció el uso de la razón como una de las más importantes actividades humanas”.[44]

Un gran número de mitos se han creado respecto al conflicto de la ciencia con la religión. En el libro Cero: la biografía de una idea peligrosa, Charles Seife sostiene falsamente que la Iglesia católica prohibió el uso del cero. En 1543 Andrés Vesalio afirma erróneammente que la Iglesia prohibió la disección de cadáveres. Carl Sagan sostenía que en 1456 el papa Calixto III excomulgó al Cometa Halley[45]

El mito del papa Calixto III y el Cometa Halley fue creado por Pierre Simon Laplace y elaborado por François Arago, Camille Flammarion, Jacques Babinet, Robert Grant (astrónomo, 1814-1892), William Henry Smyth, Henry Draper y Andrew Dickson White.[46]

Sobre el origen de la Revolución científica del Siglo XVII varias teorías se han elaborado; el sociólogo Robert K. Merton la atribuye al puritanismo, la historiadora Frances Yates lo atribuye a la magia hermética y Thomas Kuhn a sus sistema de períodos de normalidad científica y de revolución.[47]

El sacerdote benedictino Stanley L. Jaki y el historiador Pierre Duhem atribuye el surgimiento de la ciencia en Europa Occidental gracias a la teología católica. Thomas Woods adhiere también a esta idea. Woods niega que la Iglesia haya sido enemiga de la ciencia moderna; muy por el contrario, la Iglesia tiene un papel importante en el nacimiento de la ciencia moderna sino crucial.

Alistair Cameron Crombie, David C. Lindberg, Edward Grant, Thomas Goldstein y J. L. Heilbron han destacado las contribuciones de la Iglesia al desarrollo de la Ciencia moderna.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Beyond War and Peace: A Reappraisal of the Encounter between Christianity and Science"
  2. La escuela filosófica de Alejandría ante la crisis del año 529, por Gonzalo Fernández.
  3. El universo según Penrose
  4. Evolucionismo y cristianismo
  5. a b c Los inicios de la ciencia occidental
  6. The victory of the Reason
  7. The Irish Monastery Movement
  8. Mathematical analysis
  9. Las traducciones
  10. a b Nicolás Oresme, Gran Maestre del Colegio de Navarra, y el origen de la ciencia moderna
  11. James of Venice
  12. ¿Fue relevante el Islam para conservar y transmitir la cultura griega a los medievales?
  13. Stanford Encyclopedia of Philosophy
  14. Teología
  15. Como la Iglesia Católica construyó la civilización occidental
  16. Fe y Razón
  17. Truesdell, Clifford (1975). Ensayos de Historia de la Mecánica. Editorial Tecnos. ISBN 978-84-309-0597-3. 
  18. How the Catholic Church Built Western Civilization
  19. a b Orígenes filosóficos de la Ciencia Moderna
  20. Época Medieval
  21. Las ciencias y el cristianismo en la historia
  22. Acerca de Dios y extraterrestres
  23. El debate de la vida extraterrestre
  24. El hombre que inventó a los extraterrestres
  25. Christianity and the Birth of Science
  26. The Galileo Controversy
  27. How the Catholic Church Built Western Civilization by Thomas E. Woods, Page 111
  28. The Galileo Project
  29. The Galileo Affair
  30. Galileo
  31. The dispute between Galileo and the Catholic Church
  32. Catholic churchmen in Science
  33. Jesuits and the Telescope
  34. How the Catholic Church Built Western Civilization
  35. José de Acosta
  36. How the Catholic Church Built Western Civilization
  37. Página 12
  38. Nuevos mundos, colonialismo
  39. El Universo de Stepehen Hawking: En el Principio
  40. St. George Jackson Mivart (1827-1900): On the Genesis of the Species, 1871
  41. Juan Pablo II, el papa que perdonó a Charles Darwin
  42. Humani generis
  43. Médico que "perdió" el Nobel por defender la vida, se acerca a los altares
  44. The Mythical Conflict between Science and Religion
  45. Science and religion: a history of conflict?
  46. Ciencia y la Iglesia
  47. Medieval Science, the Church and Universities

Bibliografía[editar]

  • Wiker, Benjamin: The Catholic Church and Science. Saint Benedict Press/Tan Books Publishers Inc., 2011. ISBN 978-0-89555-910-4.