Bernardo de Chartres

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Bernardo de Chartres (en latín Bernardus Carnotensis) fue un filósofo neoplatónico, erudito y administrador del siglo XII. Estuvo especialmente ligado a la catedral de Chartres, donde sirvió como canciller de 1117 a 1124. Probablemente era de origen bretón. Un estudio reciente aventura que Bernardo habría sido el obispo de Quimper, conocido como Bernard de Moelan, y que editó las Vitae de San Corentin y San Ronan. Su hermano sería Thierry de Chartres.

Obra[editar]

La única obra suya que ha sobrevivido es el tratado De expositione Porphyrii, y casi todo que sabemos de él se encontramos en las escrituras de Juan de Salisbury (ca. 1115-1180) y Guillermo de Conches. Se le ha atribuido un comentario sobre Platón

De lo poco que se conoce sobre su pensamiento, destaca su postura ante la idea de que Dios creó de la nada la materia y unas formas nativas, copias de las ideas existentes en la inteligencia de Dios. Por unión de la materia y la forma se originaría el mundo sensible.

Quizás la contribución cultural más famosa del filósofo sea la cita «a hombros de gigantes» que le fue atribuida (ca. 1130) por su discípulo Juan de Salisbury, quien en su obra Metalogicon de 1159 (III, 4) escribe:

Dicebat Bernardus Carnotensis nos esse quasi nanos, gigantium humeris incidentes, ut possimus plura eis et remotiora videre, non utique proprii visus acumine, aut eminentia corporis, sed quia in altum subvenimur et extollimur magnitudine gigantea Decía Bernardo de Chartres que somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no porque la agudeza de nuestra vista ni por la altura de nuestro cuerpo, sino porque somos levantados por su gran altura.

Repercusión[editar]

La idea subyacente en Metalogicon fue repetida una y otra vez en diversas obras de pensadores medievales y renacentistas, incluso Prisciano (un gramático latino del siglo VI) que escribió: «quanto juniores, tanto perspicaciores».

Cabe citar una importante fuente moderna, Diego de Estella, que en el siglo XVI, en su Eximii verbi divini Concionatoris Ordinis Minorum Regularis Observantiae (1578) nos exhorta así: «Unos pigmeos subidos a los hombros de unos gigantes verán más lejos que los gigantes mismos».[1] También a Robert Burton, que en su grandiosa La anatomía de la melancolía (publicada en 1621), afirma que «un enano subido a los hombros de un gigante puede ver más lejos que el mismo gigante».[2]

La cita se suele atribuir a Isaac Newton como pionero, pues, en una carta remitida el 15 de febrero de 1676 (el 5 de febrero de 1675 en el calendario juliano de la época) a Robert Hooke, escribió: «Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes».[3] Pero no es así; además de los citados, en el siglo XVII hubo grandes figuras como John Donne (1625), George Hakewill (1627) y Marin Mersenne (1634), que lo repitieron.[4]

El gran sociólogo Robert K. Merton, ha realizado una gran indagación al respecto en un erudito, profundo y muy divertido ensayo A hombros de gigantes.[5]

La frase se ha repetido muy a menudo, con más o menos fortuna. Recientemente, el destacado historiador británico Peter Burke, hablando críticamente de las formas de conocimiento en el presente, decía que "podemos convertirnos en gigantes de la información, pero también en enanos del conocimiento".[6]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. «Pygmaeos gigantum humeris impositos, plusquam ipsos gigantes videre».
  2. «A dwarf standing on the shoulders of a giant may see farther than a giant himself».
  3. «If I have seen further, it is by standing upon the shoulders of giants».
  4. Este es el resultado de la indagación de Robert Merton, A hombros de gigantes, Península, 1990, p. 257
  5. Merton, A hombros de gigantes, Península, 1990
  6. Peter Burke, Historia social del conocimiento, II, Paidós, 2012