Sinesio de Cirene

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Sinesio o Sinesio de Cirene (Griego: Συνέσιος; Cirene, c. 370 - Ptolemaida, 413 ó 14) fue un filósofo neoplatónico y clérigo griego, natural de la Pentápolis de Cirenaica, en la actual Libia. Rico aristócrata, fue discípulo de la filósofa alejandrina Hipatia y amigo del patriarca de Alejandría, Teófilo. En 409 ó 410 fue elegido obispo de Ptolemaida, cargo que aceptó con renuencia.

Biografía[editar]

Sinesio pertenecía a una de las familias más importantes de Cirene, que se decía descendiente de uno de los compañeros de Heracles.[1] Educado inicialmente en la elocuencia, bebió de la tradición clásica a través de Aristóteles, Homero y Platón, sintiéndose heredero de Dión Crisóstomo. También iniciado en las ciencias, al ser Cirene patria de Teodoro y Eratóstenes, fue un apasionado de la caza, las armas y los ejercicios ecuestres, entretenimientos propios de la aristocracia tardorromana.

Antes del 395 Sinesio residió durante tres o cuatro años en Alejandría. Allí conoció a Hipatia, filósofa neoplatónica e hija del matemático Teón, convirtiéndose en su alumno y discípulo.[2] Se formó en astronomía, matemáticas y neoplatonismo, abarcando el amplio espectro que separa los extremos de la ciencia aplicada y la metafísica.

Concluidos sus estudios, Sinesio viajó a Atenas, pero tanto la propia ciudad como su activa escuela neoplatónica le decepcionaron profundamente.[3] De regreso a Cirene, en el año 399 sus conciudadanos le encomendaron encabezar una embajada para solicitar al emperador que redujera los impuestos exigidos a la Pentápolis. Para cumplir su cometido, Sinesio se desplazó a Constantinopla, donde permaneció tres años. En el discurso Acerca de la realeza, pronunciado ante el emperador Arcadio, criticó el abuso de poder y la corrupción, así como el hecho de que la defensa de las fronteras se encomendara a germanos, a los que Sinesio consideraba bárbaros.[4]

En el año 402 volvió con éxito: había logrado una rebaja significativa en los tributos. Se desplazó a Alejandría, donde se casó con una cristiana, perteneciente a la nobleza de la ciudad.[5] El patriarca Teófilo de Alejandría casó personalmente a la pareja.[6]

De vuelta a Cirene, se implicó personalmente en la defensa de las fronteras, construyendo un nuevo modelo de catapulta y reforzando las fortificaciones. A finales de 409, o en 410, en agradecimiento por los servicios prestados, el clero y el pueblo de Ptolemaida le eligieron como su obispo. Sinesio se resistió a aceptar el cargo, pero acabó asumiéndolo en 411, no sin antes exponer ante el patriarca Teófilo sus condiciones: no renunciaría a su matrimonio ni a sus convicciones filosóficas, que le impedían aceptar algunas creencias comunes.[7] A juicio de Quasten, hasta el final de sus días Sinesio siguió siendo «más platónico que cristiano, como lo revelan sus escritos».[6] Con todo, a partir de su nombramiento como obispo no vuelve a hacer referencia a su mujer en sus cartas, por lo que algunos investigadores sospechan que el patriarca le obligó a renunciar a su vida conyugal.[8]

Ya obispo, Sinesio utilizó su autoridad para defender a sus compatriotas de los ataques de las tribus del desierto y de los abusos de Andrónico, un alto funcionario del gobierno que llevaba años oprimiendo a la población; Sinesio pronunció contra él la primera excomunión solemne de la que se tiene noticia.[9]

A pesar de la prudencia y buen criterio que demostró como obispo, los últimos años de Sinesio fueron muy amargos. Su hermano se vio forzado a huir para evitar ser nombrado decurión, cargo que suponía la ruina económica del interesado, obligado a responder con sus bienes por la recaudación de impuestos.

En el año 413, tras perder a sus tres hijos, escribió a su maestra Hipatia que había sufrido «tantos infortunios como es capaz de sufrir un hombre», y le reprochó que ni ella ni sus amigos de Alejandría hubieran respondido a sus cartas.[10] Ese mismo año, falleció, consumido por el recuerdo de sus hijos muertos.[11]

Pensamiento[editar]

Las obras de Sinesio, "obispo filósofo", dan fe de su esfuerzo por conciliar los dogmas cristianos y la filosofía neoplatónica. Se aprecian también en sus tratados ideas gnósticas y herméticas. Sinesio enfatiza el carácter trascendente de Dios y su unidad absoluta, que no resulta incompatible con la Trinidad, por ser ésta "interna a la unidad". Dentro de la unidad divina, el Padre engendra al Espíritu Santo y ambos al Hijo. Sólo a través del mito puede el hombre columbrar a Dios y comprender la naturaleza del alma, que se encuentra atrapada en la materia (opuesta a Dios) y anhela regresar a la patria celeste, de la que procede.[12]

Obras[editar]

  • Acerca de la realeza (Εἰς τὸν αὐτοκρἀτορα Ἀρκάδιον περὶ βασιλείας), discurso dirigido al emperador Arcadio sobre el ideal platónico del rey-filósofo.
  • Cartas (Ἐπιστολαί).
  • Dión. Toma a Dión Crisóstomo como modelo. Constituye un rechazo a cualquier tipo de dogmatismo.
  • Egipto o Sobre la providencia (Αἰγύπτιος ἢ περὶ προνοίας). Obra alegórica, a través del mito egipcio sobre la lucha de Osiris con su hermano y enemigo Seth (Tifón), relata el enfrentamiento entre dos hermanos, ambos prohombres del imperio: Aureliano (protector de Sinesio) y el godo Gainas, según otros se refiere a Cesario, hermano de Aureliano.
  • Elogio de la calvicie (Φαλάκρας ἐγκώμιον), sátira burlesca. Es quizá su primera obra, escrita en respuesta al Elogio de cabellera de Dión Crisóstomo.
  • Himnos (Ὕμνοι). En estas nueve piezas, Sinesio ensaya una fusión de principios neoplatónicos y cristianos.
  • Sobre los sueños (Περὶ ἐνυπνίων), tratado en que defiende que los sueños son revelaciones que provienen de la divinidad.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Hans von Campenhausen (1974). Los padres de la Iglesia. T. 1: padres griegos. Ediciones Cristiandad. ISBN 978-84-7057-155-8.  pág. 158.
  2. Las cartas de Sinesio son una de las pocas fuentes de las que disponemos para acceder a la figura de Hipatia, a la que Sinesio se dirige con afecto como su «madre, hermana y maestra, benefactora mía en todo, y todo lo que para mí tiene valor en dichos y hechos» (Carta 16).
  3. «La Atenas de hoy no tiene de venerable nada más que los nombres famosos de sus lugares. Y al igual que una víctima sacrificada de la que sólo la piel nos dice una vez que fue una criatura viva, también de la filosofía que se ha marchado de esta ciudad no ha quedado nada para sus admiradores más que la visión de la Academia y el Liceo, y en verdad también la pintada Stoa, de la cual ha recibido su nombre la filosofía de Crisipo (...) En nuestros días los egipcios se enriquecen con la cosecha que les ha hecho recoger Hipatia; la ciudad de Atenas, antaño sede de sabiduría, es famosa hoy día sólo por su miel. Lo mismo sirve para la pareja de sabios Plutarcos, quienes no reúnen a la juventud en sus aulas por su sabiduría, sino por las mieles del Himeto» (carta 136, a su hermano).
  4. (Campenhausen 1974: 162).
  5. (Campenhausen 1974: 160).
  6. a b Johannes Quasten (1962). Patrología II. La edad de oro de la literatura patrística griega. BAC. ISBN 978-84-7057-155-8. 
  7. Según la interpretación de von Campenhausen (1974: 168), Sinesio defiende la preexistencia del alma, la eternidad del universo y una interpretación alegórica de la resurrección. Escribe en su carta 105, dirigida a su hermano: «Seguro que yo nunca sostendré la creencia de que el origen del alma es posterior al del cuerpo. No admitiré que al cosmos y a sus partes les espera una destrucción conjunta. La tan traída y llevada resurrección la considero algo sagrado e inefable y bien lejos estoy de coincidir con las opiniones de las masas. (...) Si esto me lo consienten las leyes del ministerio sagrado que voy a desempeñar, podría ejercerlo de la siguiente manera: en privado me dedicaré a la filosofía, pero en público contaré fábulas (μῦθοι) en mis enseñanzas (δυναίμην ἂν ἱερᾶσθαι τὰ μὲν οἴκοι φιλοσοφῶν τὰ δ’ ἔξω φιλομυθῶν)» (Cartas, tr. Francisco Antonio García Romero, Madrid: Gredos, pp. 208-9).
  8. (Campenhausen 1974: 169).
  9. (Campenhausen 1974: 170). El decreto de excomunión forma parte de sus Cartas, la 42.
  10. Cartas, carta 10, p. 46.
  11. Carta 16.
  12. Ferrater Mora, Diccionario de filosofía, s.v. Sinesio.

Bibliografía[editar]

  • Sinesio de Cirene (1995). Cartas. Intr., trad. y notas de F. A. García Romero. Rev.: C. Serrano Aybar. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 9788424916824. 
  • – (1993). Himnos. Tratados. Introducción, traducción y notas de F. A. García Romero. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 9788424916275. 
  • – (2008). Elogio de la calvicie. Traducción de Helena González. Introducción y notas de Iván de los Ríos. Madrid: Editorial Errata Naturae. ISBN 9788493637460. 
Bibliografía analítica

Enlaces externos[editar]