Paleografía

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Imagen de una página del Papiro de Artemidoro.

La paleografía (del idioma griego παλαιός : palaiós, ‘antiguo, viejo’ y γράφειν: graphein, ‘el escrito’ o γράφεια: graphía, ‘escritura’) es el estudio de las escrituras antiguas; es la ciencia que se encarga de descifrar las escrituras antiguas y estudiar su evolución, así como datar, localizar y clasificar los diferentes testimonios gráficos objeto de estudio.

Origen[editar]

La paleografía acompaña a la diplomática en el auxilio de la crítica histórica, formando un elenco de disciplinas, cumpliendo cada una su misión pero, con el solo objetivo de hacer de la historia un objetivo análisis de los hechos pasados.

Es con la codicología donde aporta sus más valiosas luces en orden de la crítica histórica, en especial cuando se refiere a la datación y origen de manuscritos como producto de un ambiente cultural, con respecto a los textos manejados por el autor. No podemos olvidar que para este estudio crítico que hace la Paleografía con la codicología, se incluyen abreviaturas, los errores de copias, notas marginales y miniaturas. Este conjunto de elementos son de suma importancia para que nuestras disciplinas puedan determinar con exactitud, el origen y el sentido de un escrito antiguo.

Desarrollo histórico[editar]

Página del Códice Mendoza, que recoge escritos aztecas.

Los datos más antiguos del estudio sistemático los tenemos del siglo primero antes de Cristo. Sin embargo para los siglos xii y xvi fueron entrando el uso de las lenguas vulgares en las escrituras antiguas apagando un poco la latina, y la apaga más aún la invención de la imprenta, quedando siempre un pequeño resto donde la caligrafía manuscrita es utilizada sobre todo por escribas y notarios. Podemos hablar entonces del desarrollo de la paleografía latina del siglo i al siglo xviii.

Primeros siglos[editar]

Los historiadores grecorromanos fueron los primeros en utilizar los escritos antiguos como referencias en sus relatos, entre ellos se encuentran Tucídides, Tito Livio, Polibio y Flavio Josefo, que tienen en cuenta documentos, contratos y edictos imperiales para este cometido. Del siglo i data una obra sobre los problemas paleográficos, de Valerio Probo y su especialidad fue la recopilación de abreviaturas. Este interés por las abreviaturas continuó siendo objeto de estudio en la Edad Media.

Edad media[editar]

En la edad media también encontramos las primeras clasificaciones de las distintas escrituras, sin ningún valor científico, solo estético. Los escritores medievales utilizaron mucho una obra llamada El Maior de Donato (siglo ix) y una nueva redacción de la misma la encontramos en el siglo xiii.

Tanto la paleografía como la diplomática recibieron grandes aportaciones en el periodo medieval, por las organizaciones cancillerescas, por la persecución y creación de preceptos legales contra la falsificación, el uso de los diplomas para la confección de obras históricas y el estudio de los documentos en su aspecto jurídico.

Edad moderna[editar]

En la edad Moderna, con el humanismo, por caracterizarse el erudito como escrutador y crítico, se espera que aumente o se oficialice el carácter científico de estas dos disciplinas, pero surgen demasiadas polémicas entre los eruditos de la época en su desesperada búsqueda de manuscritos y su interpretación. Lo que si podemos dejar es que en medio de esta polémica surge la primera condición para el carácter científico que se les dará después a estas disciplinas. Se considera a Petrarca como precursor científico de nuestra disciplina por sus conocimientos sobre códices y documentos. Con la creación de la imprenta se logró un gran avance en la diplomática y la paleografía, ampliando sus áreas de conocimiento. Con el surgimiento de un afán historicista, en esta época, incluso con la polémica histórica-religiosa con respecto a la reforma protestante aumentaron las investigaciones y la crítica sobre las fuentes paleográfica-diplomática.

Jean Mabillon[editar]

Página del Códice Brixianus, que contiene el evangelio de Lucas.

La paleografía y la diplomática nacen como ciencia en Francia, fruto de los estudios científicos que a fines del siglo xvii conforman la cultura europea. Fueron los monjes benedictinos de San Mauro quienes hicieron de la abadía de Saint-Germain des Près un centro de gran erudición. En él, Jean Mabillon dedicó seis años de profundo estudio en los archivos monacales de Francia, Italia y Alemania. El problema surge cuando se declaran falsos documentos conservados en los monasterios franceses y entre ellos, diplomas merovingios del de Saint-Denis. Por investigar si hay o no falsedad en estos documentos Mabillon comienza con la observación de un gran número de documentos, cuya autoridad crítica analiza la estructura libraria e introduce la distinción sistemática de los diversos estilos escriturísticos y el tiempo en que fueron utilizados. Distingue entonces dos clases de escritura, una libraria, en códices, y otra diplomática, en documentos. La libraria la divide en: Romana, antigua, gótica, Salónica, francogálica y lombarda y en la romana distingue mayúscula, minúscula y uncial. Pone énfasis en sus puntos de vista sobre abreviatura, ortografía y signo de puntuación.

La obra de Mabillon es eminentemente diplomática como lo podemos observar en los datos mencionados, sobre todo en la intención del autor (comprobar la autenticidad de un documento). Sin embargo encontramos grandes aportes paleográficos en algunos capítulos de la obra de modo que puedan ser considerados como el primer tratado de paleografía.

Bernardo de Montfaucon[editar]

Otro benedictino, Bernard de Montfaucon, fue el primero que dio el nombre de paleografía, a nuestra ciencia en una obra publicada en 1708, Paleographia graeca sirve di ortu et progressu litterarum. Perfecciona la obra de Mabillon y establece los manuscritos característicos, la fecha de los mismos y clasifica la escritura desde el punto de vista histórico. Ciencia de desarrollo reciente cuyo propósito es el estudio de los signos utilizados en la escritura de los documentos antiguos. Tiene que ver con las características caligráficas personales de los escritores o copistas, las cuales exigen un detenido análisis para determinar su auténtica identidad. Los conocimientos paleográficos son, pues, indispensables para comprender los deocumentos de la antigüedad, en particular los anteriores a la invencíon de la imprenta. Con la ayuda de esta ciencia es posible, en primer lugar, descifrar el significado de ciertos manuscritos; luego determinar aproximadamente la fecha en que se escribieron, a veces con toda exactitud, y descubrir, en muchas ocasiones, quien fue el autor.

Francesco Scipione Maffei[editar]

Un paso decisivo fuera de Francia lo dio Scipione Maffei, estudioso italiano, que publica un trabajo sobre la Biblioteca Capitular de Verona, cuyos códices identificó en 1713. En 1726 publicó su Storia diplomática che serve d´introduzione all`arte critica, donde se ocupa de los documentos con fuertes observaciones sobre la escritura. Para Maffei existe únicamente una clase de escritura, la romana y se divide en tres: mayúscula, minúscula y cursiva. Este autor prepara el camino de la paleografía moderna haciendo derivar de la escritura romana la escritura medieval. En Francia para los años 1750-1765 René Prosper Tassin y Charles Toustain publicaron en París 6 volúmenes con el título de Nouveau traitè de Diplomatique, aportando perspectivas nuevas a los estudios de paleografía y diplomática.

Edad contemporánea[editar]

Comienza entonces el proceso de integrar nuestras disciplinas en el pensum academicum universitario, inicialmente en la facultad de derecho. Johann Christoph Gotterer, docente en Gotinga, reunió un rico material y creó el primer seminario de paleografía, anejo a la cátedra de Diplomática. En 1801 Karl T. C. Schönemann publicó Versuch eines Vollständigen Systemes der allgemeinem, besonders älteren Diplomatik, en la que estudia con claridad el desarrollo de la escritura latina, distinguiendo la Mayúscula de la Minúscula dividiéndola en capital y uncial y la segunda en recta y cursiva. Y comienza también el proceso de separación del objeto de estudio de la paleografía y la diplomática.

Ciencias relacionadas con la paleografía[editar]

Ciencias estrechamente relacionadas con la paleografía, y hasta cierto punto subordinadas a ella, son la epigrafía, la bibliología, la diplomática y la numismática, las cuales no se limitan al estudio de los caracteres gráficos de sus objetos materiales sino que examinan la autenticidad, el estilo, el formulismo y otras particularidades de los documentos sobre los que versan. Esta ciencia se divide en:

  • paleografía general, que se ocupa de toda clase de manuscritos, papiros o códices antiguos. Puede subdividirse en:
    • vulgar o común, que sólo trata de leer y descifrar los escritos.
    • crítica, que estudia la autenticidad y fecha del escrito atendiendo únicamente a sus elementos gráficos.
  • paleografía especializada, que se limita a los escritos y demás monumentos literarios que son propios de otras ciencias estrechamente relacionadas con la paleografía. Se subdivide en:

El paleógrafo[editar]

El paleógrafo debe dominar bien la lengua de los textos y sus particularidades gráficas, o sea, los estilos, las abreviaturas y los anagramas, ligogramas y nexogramas, entre otras. Dichos conocimientos son esenciales para que el paleógrafo pueda descifrar el texto antiguo, así como asignarle una fecha y un lugar de origen.

El paleógrafo es como un detective de lo antiguo, un arqueólogo de las letras y los textos, que con su trabajo ayuda a descifrar muchas incógnitas del pasado histórico de la humanidad, aunque siempre bajo la limitación de lo estrictamente escrito, es decir, que puede descifrar lo que un texto antiguo dice, pero nunca —solo por el simple acto del desciframiento— acreditar como verídico o real lo que se dice en el mismo, tarea esta que finalmente quedará relegada a la disciplina arqueológica, quien finalmente se encargará de confirmar, o refutar, los datos revelados por el trabajo del paleógrafo.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]