Síndrome del intestino irritable

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Síndrome del intestino irritable
Clasificación y recursos externos
CIE-10 K58
CIE-9 564.1
CIAP-2 D93
DiseasesDB 30638
MedlinePlus 000246
eMedicine med/1190
MeSH D043183
Sinónimos
  • Colitis espasmódica
  • Colitis espástica
  • Colitis mucosa
  • Colitis nerviosa
  • Colon espasmódico
  • Colon espástico
  • Colon irritable
  • Colopatía funcional
  • Enfermedad del colon irritable
  • Enfermedad del intestino irritable
  • Síndrome del colon irritable
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El síndrome del intestino irritable (SII) es una enfermedad digestiva crónica funcional de origen desconocido y que afecta de manera desigual a un amplio porcentaje de la población, pudiendo oscilar entre un 5% hasta alcanzar en algunas series a un 25% en población general, según los países y el tipo de población estudiada.[1] ·[2] ·[3]

Se trata de un conjunto de trastornos funcionales del intestino bastante frecuente, ya que se estima que representa aproximadamente entre el 20 y el 50% del total de consultas ambulatorias llevadas a cabo por los gastroenterólogos. [cita requerida]

Características[editar]

El SII se caracteriza por la presencia de molestias abdominales de repetición o por la presencia de dolor abdominal de carácter cólico y naturaleza intermitente. Los dolores suelen afectar a la porción inferior del abdomen, aunque tanto la ubicación como su intensidad son variables, incluso en un mismo individuo. También se presentan cambios en la frecuencia de la evacuación intestinal y/o en la consistencia de las heces, traducido por la presencia de diarrea crónica o recurrente, estreñimiento, o ambos ocurriendo de forma alternante.

Presentan estreñimiento alternando con diarrea. El primero suele ser episódico, pero se puede hacer continuo e intratable con el empleo habitual de laxantes.

El síntoma más frecuente es el dolor abdominal o el dolor generalizado asociado con períodos de dolor abdominal. El dolor puede ser aliviado con la defecación y/o la expulsión de gases.

No existe un examen o diagnóstico exacto que determine con seguridad la presencia de un SII, razón por la cual esta condición fue tratada originalmente como un problema exclusivamente psicológico. Algunos investigadores lo consideran un fenómeno psicosomático.

Existe una aparente relación entre del SII con el estrés, el dolor pélvico crónico, la fibromialgia y varios desórdenes mentales (en una pequeña minoría). Dado que no existe una buena explicación para este fenómeno, se fortalece el punto de vista de que hay un factor neurológico y un factor psicológico importante para el SII.[4] ·[5]

Epidemiología[editar]

La frecuencia es entre un 10-20% en la población general de países occidentales con una esperanza de vida mucho más alta. La incidencia es semejante en la India, Japón y la China. El SII se presenta con una menor frecuencia en Tailandia y en áreas sudafricanas rurales. En países occidentales, pero no en India, ni en Sri Lanka. Las mujeres tienen un riesgo mayor de desarrollar SII que los hombres, a nivel mundial.[cita requerida]

De las personas que tienen los síntomas de SII, sólo una pequeña proporción busca ayuda médica. Sin embargo, no existe disponible un método de cribado sencillo para hacer un diagnóstico en población general.

Etiología[editar]

Su diagnóstico esta basado en los síntomas porque se desconoce su origen y el tema es muy debatido. Su etiología es materia de investigación desde el ámbito médico y desde el ámbito psicológico para encontrar un patrón de motilidad o de un perfil psicológico característico en estos pacientes que aún no se halla. Existen distintas hipótesis. Investigaciones llevadas a cabo para intentar descifrar la etiología del SII dieron a luz resultados discordantes. Los cambios en la motilidad de colon y causas inmunológicas son discutidas. La ultrasensibilidad del intestino es un hallazgo mayor en pacientes de SII.[6] ·[7] ·[8] Los factores psicosociales son los de mayor relevancia en la etiología del SII.[9] Quedan muchos interrogantes y la ciencia aún no tiene respuestas por lo que es considerada un trastorno psicosomático ya que los síntomas tienden a aparecer y desaparecer influidos por factores psicológicos.[10] [11] [12]

El SII se podría considerar como un conglomerado de distintos desórdenes que cursan con síntomas semejantes pero con una etiología posiblemente diferente.

Factores desencadenantes[editar]

El estrés, la ansiedad emocional o la depresión suelen empeorar los síntomas.[13] ·[14]

Los síntomas del SII y la enfermedad celíaca pueden ser indistinguibles, en especial cuando predominan la diarrea, la hinchazón o el dolor abdominal. Algunos pacientes de intestino irritable son hipersensibles al gluten del trigo, cebada, centeno, levaduras, leche, grasas y podrían tener la enfermedad celíaca. Debido a la hipersensibilidad, aquellas comidas que producen gases intestinales son también poco toleradas por los pacientes así como los cambios bruscos de dieta o hábitos.[15] ·[16] ·[17]

Aunque no existen pruebas relevantes, se ha asociado esta enfermedad con el síndrome de Gilbert, debido a que muchos pacientes refieren ambas patologías o bien muestran síntomas relevantes correspondientes a ambas, llegando en algunos casos a confundirse entre sí.[cita requerida]

También puede ser un síntoma de enfermedades genéticas que afectan al tejido conectivo como el síndrome de Ehlers-Danlos y el síndrome de hiperlaxitud articular.[cita requerida]

Clasificación[editar]

Existen tres tipos de SII, dependiendo de qué síntoma es el que predomina: diarrea predominante (SII-D), el que cursa con estreñimiento predominante (SII-C) y el SII que presenta un patrón mixto o alternante (SII-A).

Cuadro clínico[editar]

Los síntomas son variados y dispersos, caracterizados principalmente por molestias o dolor abdominal, en algunos casos dolor lumbar intenso, diarrea, despeños diarreicos o estreñimiento crónicos a veces alternados o a veces con sólo uno de estos síntomas y sensación de plenitud. Pero siempre se trata de molestias abdominales con algún tipo de disfunción en la motilidad intestinal y con resultado negativo de todos los análisis realizados en el tracto digestivo, desde estudios contrastados del intestino, tránsito intestinal, analítica, endoscopias, TAC con y sin contraste, resonancia magnética nuclear, etc. Otro dato indicativo es la hipersensibilidad a cualquier distensión abdominal producida por gases o alimentos irritantes.

La determinación de los niveles de calprotectina en heces, es un parámetro de elevada sensibilidad, para diferenciar pacientes con SII de otros procesos inflamatorios del intestino, tales como la enfermedad inflamatoria intestinal (EII).[18]

Suele ser una afección crónica y acompaña al paciente a lo largo de toda su vida, unas veces con síntomas leves que no precisan acudir al médico, otras veces suponiendo un importante trastorno en su vida diaria.[19] ·[20]

Diagnóstico[editar]

El síndrome del intestino irritable es eminentemente clínico y se encuadra dentro de los trastornos digestivos funcionales junto con la Dispepsia Funcional (DF), caracterizados ambos por presentar frecuentes molestias abdominales, sin existir una causa orgánica asociada.

Su diagnóstico se basa en la presencia crónica de síntomas digestivos, en ausencia de lesión alguna. Por ello, antes de dar un diagnóstico de SII, el paciente debe ser siempre minuciosamente evaluado para descartar la existencia de causas orgánicas que justifiquen sus síntomas, como por ejemplo, la enfermedad celíaca.

Se han descrito síntomas de alarma que deben alertar al médico. Estos síntomas son:

Para poder mantener el diagnóstico de síndrome de colon irritable (SII), los estudios que se realicen al paciente deberán estar comprendidos dentro de límites normales o ser negativos para otras enfermedades.

Según la última conferencia de consenso de expertos (criterios de Rome III) y los dictados por la Asociación Americana de Gastroenterología y otras sociedades médicas internacionales en desórdenes intestinales funcionales, se puede realizar un diagnóstico de SII si se cumplen los siguientes criterios.[21] [22] ·[23]

Por lo menos en 12 semanas, no necesariamente consecutivamente, en los 12 meses previos que preceden al malestar o dolor abdominal, el paciente tuvo que presentar 2 ó 3 de las siguientes características :

  1. Alivio de los síntomas con la defecación.
  2. Cambio en la frecuencia y/o consistencia de las deposiciones.
  3. Cambio en la forma (apariencia y/o consistencia) de las deposiciones.

Los síntomas que, de presentarse acumulativamente, apoyan el diagnóstico de SII son:

  • Una frecuencia anormal de las deposiciones (en este contexto, “anormal” puede ser definido como más de 3 defecaciones por día y menos de 3 defecaciones por semana).
  • Forma anormal de las heces (heces grumosas/duras o blandas/acuosas).
  • Evacuación anormal de las heces; es decir, con esfuerzo, con sensación de urgencia o con sensación de evacuación incompleta.
  • Presencia de mucosidad en la heces.
  • Hinchazón o distensión abdominal.
  • Malestar general.

Tratamiento[editar]

Ningún tratamiento es definitivo contra este síndrome, pero no tomar medidas puede producir que éste acabe siendo crónico. Los tratamientos existentes se dirigen a atacar y prevenir las crisis sintomáticas. Estas crisis varían en intensidad y en frecuencia de presentación de acuerdo a cada individuo. El tratamiento farmacológico se realiza según el síntoma predominante. Se busca realizar cambios en el estilo de vida, excluir aquellos alimentos o fármacos que pueden precipitar los síntomas y tratar las alteraciones psicológicas asociadas.[24] Dependiendo del tipo de síntomas, el tratamiento puede consistir en:

El uso de medicamentos antiespasmódicos continuado no es recomendable, ya que el beneficio terapéutico es escaso y solo se deben emplear ocasionalmente para el alivio del dolor tipo cólico.

Los medicamentos más recientes introducidos en el tratamiento del SII incluyen Alosetrón, que es un antagonista de los receptores 5-HT3 de serotonina. Los estudios realizados hasta el momento han confirmado su mayor eficacia especialmente en mujeres con predominio de diarrea.[25]

La psicoterapia es otra opción del tratamiento, sin embargo muchos pacientes se niegan a emprenderla. El uso de medicamentos antidepresivos (por ejemplo amitriptilina a dosis bajas) puede ayudar a tratar los síntomas y presenta efectos favorables para algunos pacientes.[26] ·[27]

La cáscara en polvo de Psyllium es altamente efectiva para regular el funcionamiento del intestino, ayudando mucho a controlar la enfermedad y mejorar enormemente la calidad de vida de quienes padecen este trastorno. Es de utilidad sobre todo en los pacientes estreñidos.[28]

La domperidona y similares suelen ser medicamentos de tratamiento sintomático efectivos, al regular la motilidad intestinal.

Los antiespasmódicos funcionan relajando el intestino y de esa forma aliviando el dolor. Tienen el inconveniente de que aumentan el estreñimiento y el paciente llega a desarrollar resistencia a su efecto por tolerancia.


Recomendaciones higiénico-dietéticas[editar]

En los casos que cursan con predominio del estreñimiento, se recomienda una alimentación que contenga fibras hidrosolubles (salvado de avena, cereales integrales con fibras hidrosolubles, verduras crudas y cocidas con celulosa de fácil digestión, frutas frescas, ciertas semillas como las de [psyllium] o de lino remojadas), en tanto ello sea dentro de un sano razonamiento alimentario. Las fibras vegetales no hidrosolubles están contraindicadas en el SII-C, como las de salvados de trigo, arroz o maíz, semillas no digeribles (tomate, pepinos, etc.). Se debe aconsejar el consumo de frutas variadas, especialmente el kiwi por su claro efecto beneficioso en pacientes estreñidos.[29]

Si el cuadro es acompañado de diarrea, entonces se aconseja reducir el contenido de fibra vegetal en la dieta, principalmente en lo referente a las frutas y verduras frescas. Y administrar probióticos y astringentes como el carbón activado e hidrogeles como el agua de lino.[30]

En todos los casos, es recomendable evitar los alimentos que producen gases (meteorismo, flatulencia) en personas sensibles (legumbres secas, garbanzos, alubias, lentejas y coliflor, brócoli, repollo); también evitar las bebidas gasificadas con conservantes habituales o endulzantes sintéticos y el exceso de azúcar refinada.[31]

En general, es importante el equilibrio en la dieta entre grasas - en particular ingerir aceites crudos - (lípidos), hidratos de carbono - restringir los industrializados de alto valor glucémico - y proteínas degradadas. Hay que restringir el consumo de café - en especial torrado - y otras bebidas calientes o frías cafeínicas (ver energizantes) , moderar el alcohol, comer al menos tres a cuatro veces al día, hacerlo con tiempo y relajadamente, así como realizar una gimnasia adecuada de manera regular.

Pronóstico[editar]

El SII no es un proceso preocupante en absoluto, ni está ligado al desarrollo de otras enfermedades graves del intestino. Sin embargo, debido al dolor crónico, las frecuentes molestias que origina, el absentismo laboral, las fobias sociales y otros efectos negativos de la calidad de la vida pueden ser comunes en ciertos casos.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Sperber, AD; Drossman, DA; Quigley, EM; et al. (2012). «The global perspective on irritable bowel syndrome: a Rome Foundation-World Gastroenterology Organisation symposium». Am J Gastroenterol 107:  p. 1602-9. 
  2. Mearin, F; Rey, E; Balboa, A (2012). «Functional and motility gastrointestinal disorders». Gastroenterol Hepatol 35 (Suppl 1):  p. 3-11. 
  3. Almansa, C; Rey, E; Bolaños, E; et al. (2007). «Spanish physicians point of view on irritable bowel syndrome (IBS). Results of a Delphi survey». Rev Esp Enferm Dig 99:  p. 210-7. 
  4. Nellesen, D; Chawla, A; Oh, DL; et al. (2013). «Comorbidities in patients with irritable bowel syndrome with constipation or chronic idiopathic constipation: a review of the literature from the past decade». Postgrad Med 125:  p. 40-50. 
  5. Rodrigo, L; Blanco, I; Bobes, J; et al. (2013). «Remarkable prevalence of coeliac disease in patients with irritable bowel syndrome plus fibromyalgia in comparison with those with isolated irritable bowel syndrome: a case-finding study». Arthritis Res Ther 15 (6):  p. R201. 
  6. Li, Q; Winston, JH; Sarna, SK; et al. (2013). «Developmental origins of colon smooth muscle dysfunction in IBS-like rats». Am J Physiol Gastrointest Liver Physiol 305:  p. G503-12. 
  7. Camilleri, M; Vázquez-Roque, M; Iturrino, J; et al. (2012). «Effect of a glucagon-like peptide 1 analog, ROSE-010, on GI motor functions in female patients with constipation-predominant irritable bowel syndrome». Am J Physiol Gastrointest Liver Physiol 303:  p. G120-8. 
  8. Konturek, PC; Brzozowski, T; Konturek, SJ; et al. (2011). «Stress and the gut: pathophysiology, clinical consequences, diagnostic approach and treatment options». J Physiol Pharmacol 62:  p. 591-9. 
  9. Concepción Fernández Rodríguez (1989). «Tratamiento psicologico en el sindrome del intestino irritable». Psicothema 1 (1-2):  pp. 71-85. ISSN 0214-9915. http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2027978. 
  10. Angel Garma (1954). Génesis psicosomática y tratamiento de las úlceras gástricas y duodenales. Buenos Aires, Editorial Nova, OCLC 14667948. 
  11. María Angélica Plata Ordóñez, Juliana Lemos Uribe, Beatriz Eugenia Vega Trujillo, Alejandro Gallón Londoño (2008). «Factores individuales, relacionales y estilo de vida en personas diagnosticadas con sindrome de intestino irritable». Revista CES Psicología 1 (1):  pp. 2. ISSN 2011-3080. http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3178402. 
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  25. Cremonini, F; Nicandro, JP; Atkinson, V; et al. (2012). «Randomised clinical trial: Alosetron improves quality of life and reduces restriction of daily activities in women with severe diarrhoea-predominant IBS». Aliment Pharmacol Ther 36:  p. 437-48. 
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  30. Hammerle, CW; Crowe, SE (2011). «When to reconsider the diagnosis of irritable bowel syndrome». Gastroenterol Clin North Am 40:  p. 291-307. 
  31. Litschauer-Poursadrollah, M; El-Sayad, S; et al. (2012). «Abdominal spasms, meteorism, diarrhea: fructose intolerance, lactose intolerance or IBS?». Wien Med Wochenschr 162:  p. 506-12. 

Bibliografía[editar]

  • Thompson WG, Longstreth GL, Drossman DA et al. (2000). Desórdenes funcionales de Intestinos.
  • Drossman DA, Corazziari E, Talley NJ, et al (eds.). Roma II: Los Desórdenes Gastrointestinales Funcionales. El diagnóstico, Pathophysiology y el Tratamiento. Un Consenso Multinacional.

Enlaces externos[editar]