Ansiedad

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Ansiedad
Clasificación y recursos externos
CIE-10 F41.9
CIE-9 300.00
CIAP-2 P74
MedlinePlus 003211
MeSH D001007
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La ansiedad (del latín anxietas, 'angustia, aflicción') es una respuesta emocional o conjunto de respuestas que engloba: aspectos subjetivos o cognitivos de carácter displacentero, aspectos corporales o fisiológicos caracterizados por un alto grado de activación del sistema periférico, aspectos observables o motores que suelen implicar comportamientos poco ajustados y escasamente adaptativos.[1]

La ansiedad tiene una función muy importante relacionada con la supervivencia, junto con el miedo, la ira, la tristeza o la felicidad. Para preservar su integridad física ante amenazas el ser humano ha tenido que poner en marcha respuestas eficaces y adaptativas durante millones de años: la reacción de lucha o huida.[2] [3]

En la actualidad se estima que un 20,5% o más de la población mundial sufre de algún trastorno de ansiedad, generalmente sin saberlo.

Descripción general[editar]

Ante una situación de alerta, el organismo pone a funcionar el sistema adrenérgico. Por ejemplo, cuando el organismo considera necesario alimentarse, este sistema entra en funcionamiento y libera señales de alerta a todo el sistema nervioso central. Cuando se detecta una fuente de alimento para la cual se requiere actividad física, se disparan los mecanismos que liberan adrenalina, y se fuerza a todo el organismo a aportar energías de reserva para la consecución de una fuente energética muy superior a la que se está invirtiendo para conseguirla y que normalizará los valores que han disparado esa "alerta amarilla". En esos momentos el organismo, gracias a la adrenalina, pasa a un estado de "alerta roja".

El sistema dopaminérgico también se activa cuando el organismo considera que va a perder un bien preciado. En esta situación, el organismo entra en alerta amarilla ante la posibilidad de la existencia de una amenaza, que no es lo mismo que cuando la amenaza pasa a ser real, pues en ese caso lo que se libera es adrenalina.

Desde este punto de vista, la ansiedad se considera una señal positiva, de salud, que ayuda en la vida cotidiana, siempre que sea una reacción frente a determinadas situaciones que tengan su cadena de sucesos de forma correlativa: alerta amarilla, alerta roja y consecución del objetivo. Si la cadena se rompe en algún momento y esas situaciones se presentan con ansiedad, entonces el organismo corre el riesgo de intoxicarse por dopaminas o por otras catecolaminas. Esas situaciones ayudan al organismo a resolver peligros o problemas puntuales de la vida cotidiana.

Ansiedad patológica[editar]

En las sociedades avanzadas modernas, esta característica innata del hombre se ha desarrollado de forma patológica y conforma, en algunos casos, cuadros sintomáticos que constituyen los denominados trastornos de ansiedad, que tiene consecuencias negativas y muy desagradables para quienes lo padecen. Entre los trastornos de ansiedad se encuentran las fobias, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de pánico, la agorafobia, el trastorno por estrés postraumático, el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de ansiedad social, etc.

En el caso del trastorno de ansiedad generalizada, la ansiedad patológica se vive como una sensación difusa de angustia o miedo y deseo de huir, sin que quien lo sufre pueda identificar claramente el peligro o la causa de este sentimiento. Esta ansiedad patológica es resultado de los problemas de diversos tipos a los que se enfrenta la persona en su vida cotidiana, y sobre todo de sus ideas interiorizadas acerca de sus problemas.

Diferencia entre ansiedad patológica y adaptativa[editar]

La ansiedad normal se presenta en episodios poco frecuentes, con intensidad leve o media y de duración limitada, ante estímulos previsibles y comunes y con un grado de sufrimiento y limitación en la vida cotidiana acotada. En cambio la ansiedad a niveles patológicos se caracteriza por sucederse en episodios reiterativos, de intensidad alta y duración excesiva, con alta y desproporcionada reactancia a la amenaza, provocando gran sufrimiento y notable interferencia en la vida diaria.[4]

Síntomas[editar]

Los síntomas de ansiedad son muy diversos y tal vez los más comunes consistan en hiperactividad vegetativa, que se manifiesta con taquicardia, taquipnea, midriasis, sensación de ahogo, temblores en las extremidades, sensación de pérdida de control o del conocimiento, transpiración, náusea, rigidez muscular, debilidad muscular, insomnio, inquietud motora, dificultades para la comunicación, pensamientos negativos y obsesivos, etc.

La ansiedad se puede manifestar de tres formas diferentes: a través de síntomas fisiológicos, cognitivos y conductuales. Estos hacen referencia a tres niveles distintos, los cuales pueden influirse unos en otros, es decir, los síntomas cognitivos pueden exacerbar los síntomas fisiológicos y éstos a su vez disparar los síntomas conductuales. Cabe notar que algunos síntomas de la ansiedad suelen parecerse, superponerse o confundirse con los de padecimientos no mentales, tales como la arritmia cardíaca o la hipoglucemia. Se recomienda a los pacientes someterse a un examen médico completo para evaluarlos.

La ansiedad también puede convertirse en un trastorno de pánico, en el cual la persona cree que va a desmayarse, fallecer o sufrir algún otro percance fisiológico. Es común que las personas con este trastorno visiten la sala de urgencias con cierta frecuencia, y, típicamente, se sienten mejor después de ser atendidas.

Escala de Hamilton[editar]

Hamilton (y otros autores) en su escala de ansiedad, enumera y categoriza los diferentes síntomas tanto somáticos como psíquicos que puede experimentar una persona que padece ansiedad:[5] [6]

Síntomas Cardiovasculares:

Síntomas respiratorios:

  • Sensación de ahogo o de falta de aire (disnea); sensación de opresión o constricción en el tórax.
  • Suspiros.
  • Ritmo respiratorio acelerado y superficial (hiperventilación)

Síntomas gastrointestinales:

Síntomas genitourinarios:

Síntomas neurovegetativos:

  • Sequedad de mucosas, especialmente de boca y lagrimales.
  • Sudoración y salivación excesiva, en algunos pacientes es la viceversa.
  • Sensación de desmayo inminente.
  • Rubor o palidez.
  • Vértigos.
  • Cefaleas.
  • Erectismo piloso (piel de gallina).

Síntomas neurológicos:

  • Temblores.
  • Hormigueo o parestesias.
  • Hipersensibilidad a los ruidos, olores o luces intensas.
  • Mareos o inestabilidad.
  • Insomnio: dificultad para conciliar el sueño, sueño interrumpido, sueño insatisfactorio o no reparador, sensación de fatiga al despertar, pesadillas, terrores nocturnos.

Síntomas somáticos musculares:

  • Cefaleas tensionales, especialmente en la nuca.
  • Contracturas musculares; espasmos musculares y calambres.
  • Rígidez muscular.
  • Dolor muscular.
  • Tics.
  • Rechinar de dientes.
  • Voz vacilante.

Síntomas somáticos sensoriales:

  • Zumbido de oídos.
  • Visión borrosa.
  • Oleadas de frío o calor.
  • Sensación de debilidad.
  • Parestesias (pinchazón, picazón, hormigueos).

Otros síntomas psicofísicos:

  • Fatiga y agotamiento; fatigabilidad.
  • Astenia (neurastenia).
  • Sensación de tensión e inquietud.
  • Llanto fácil.
  • Imposibilidad de relajarse.
  • Impaciencia.
  • Rostro preocupado.
  • Suspiros, respiración rápida, palidez facial, deglución de saliva, eructos, tics.
  • Tartamudez.
  • Disminución o aumento del apetito.

Funciones Intelectuales y cognitivas:

  • Dificultad o falta de atención-concentración.
  • Dificultad para dejar la mente en blanco.
  • Problemas de memoria.
  • Pensamiento acelerado, o al contrario, embotamiento.

Síntomas Mentales, Cognitivos o subjetivos:

  • Ansiedad o angustia: Si es persistente, da lugar a alteraciones de las funciones mentales superiores, además de generar pensamientos, ideas e imágenes negativas. Los temores o miedos que pueden llegar a ser muy intensos, llegando al terror o pánico.
  • Temor anticipatorio (ansiedad anticipatoria): se espera que suceda lo peor.
  • Sensación de inseguridad.
  • Irritabilidad.
  • Aprensión.
  • Preocupación.
  • Sentimientos de minusvalía o inferioridad.
  • Incapacidad de afrontar diferentes situaciones.
  • Sentirse amenazado, como anticipando eventuales peligros.
  • Indecisión.
  • Apatía, pérdida de interés, anhedonia.
  • Humor variable a lo largo del día.
  • Pérdida de la objetividad y de la capacidad para pensar con lucidez.
  • Humor depresivo.

Pronóstico[editar]

En general se considera que la ansiedad es una condición que existe de por vida en cierto grado. No todos los pacientes responden de la misma manera a los tratamientos, pero un porcentaje importante de ellos pueden lograr una recuperación parcial o casi completa a largo plazo con la ayuda de la terapia psicológica (terapia cognitivo-conductual). Se cree que la prognosis de la ansiedad se ve afectada por la creencia común (posiblemente una creencia negativa e incorrecta) por parte de los pacientes de que su condición es especialmente grave, más grave que la de cualquier otra persona que se haya recuperado. La principal razón por la cual la ansiedad es crónica es su efecto retroalimentador: la ansiedad es la expresión del miedo, y si ésta es percibida como una amenaza en sí misma, genera más miedo y por ende más ansiedad.

Pánico escénico[editar]

Una de las formas de ansiedad más padecidas en el mundo es el miedo escénico, una forma de ansiedad social que se manifiesta frente a grupos y ante la inminencia de tener que expresarse en público o por efecto de imaginar dicha acción. Puede ser tratado con terapia cognitivo-conductual, incorporando una o varias de estas técnicas: auto-observación, reestructuración cognitiva, terapia de relajación, ensayo de conducta, representación de roles, desensibilización sistemática, visualización y entrenamiento asertivo.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]