Batalla de Maratón
| Batalla de Maratón | |||
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| Parte de la Primera Guerra Médica | |||
Maratón en la actualidad |
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| Fecha | Septiembre de 490 a. C. | ||
| Lugar | Maratón, Grecia | ||
| Conflicto | Batalla decisiva con la que finalizó la Primera Guerra Médica | ||
| Resultado | Victoria griega decisiva | ||
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La batalla de Maratón (en griego antiguo Μάχη τοῡ Μαραθῶνος, Mache tou Marathonos) fue un enfrentamiento armado que definió el desenlace de la Primera Guerra Médica. Ocurrió en el año 490 a. C. y tuvo lugar en los campos de la ciudad de Maratón a pocos kilómetros de Atenas, en la costa este de Ática. Enfrentó por un lado al rey persa Darío I, que deseaba invadir y conquistar Atenas por su participación en la revuelta jónica, y, por otro lado, a los atenienses y sus aliados ((de Platea, entre otros.) Una proeza recordada en esta batalla fue la de Filípides, que recorrió el camino desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria.
Tras la revuelta de Jonia, Darío decidió castigar a la ciudad griega que había prestado ayuda a sus súbditos rebeldes. Después de tomar Naxos y Eretria, la expedición persa, con el consejo de Hipias, que esperaba recuperar el poder en Atenas, desembarcó en la playa de Maratón. Tras cinco días cara a cara, las falanges ateniense y platense aplastaron a la infantería persa que huyó y se embarcó de nuevo con fuertes bajas. El ejército griego se retiró rápidamente a Atenas para impedir el desembarco de la otra parte del cuerpo expedicionario persa en Falero, uno de los puertos de Atenas.
Esta victoria puso fin a la Primera Guerra Médica. Diez años después, tuvo lugar un nuevo ataque por orden de Jerjes I. La batalla de Maratón jugó un papel político importante mediante la afirmación del modelo democrático ateniense y el inicio de grandes carreras militares para los generales atenienses como Milcíades o Arístides el Justo.
Maratón sigue siendo una de las batallas más famosas de la antigüedad, sobre todo a través de las conmemoraciones que suscitó, como la carrera de maratón en los Juegos Olímpicos de 1896 en Atenas.
[editar] Fuentes históricas
La fuente histórica principal de la batalla es el historiador griego Heródoto, que describe los acontecimientos en el libro VI, en los párrafos 102-117 de su Historia desde el origen de los acontecimientos a fin de preservarlos del olvido.[5] Sin embargo, él personalmente, no estuvo envuelto en los conflictos de la Grecia de su tiempo, ni tampoco en los que se resolvieron en las Guerras Médicas, que tuvieran lugar cuando él nacía. Se cree que escribió su libro después de la paz de Calias (449-448 a. C.), pues hubo de expatriarse de Halicarnaso, su ciudad natal, yendo a escribir su Historia a los confines occidentales de la Hélade. Aun dándose el caso de sentir antipatía por Histieo y Aristágoras de Mileto, promotores de la sublevación de los jonios, según Heródoto por motivos personales, creía en la justicia de la victoria griega y admiraba tanto las virtudes helenas cono la sabiduría de los pueblos orientales, tanto a Atenas como a Esparta. Con cierto escepticismo, procuró permanecer apartidario y relativista, e intentó establecer un criterio unitario, dando cabida a las distintas posiciones y organizar los hechos en un todo coherente.[6]
Avalaba la animadversión y actitud negativa de Heródoto hacia los jonios el historiador alemán Hermann Bengtson, quien opinaba que la revuelta era absurda y estaba predestinada al fracaso.[7] Otros especialistas argumentan que sí existían unas causas remotas y profundas, pese a que la autoridad persa en las poleis griegas de Asia Menor no era muy opresiva, la única condición impuesta por Darío, la obediencia a un poder de naturaleza autocrática, era innegociable para los griegos. Y aunque la tradicional obediencia griega había resultado cómoda como instrumento de control, las tiranías habían pasado ya en esta etapa histórica, con lo que el odio de los griegos asiáticos albergaban hacia ese tipo de gobierno acarreaba a los persas mayor hostilidad.[8] Aducen también estos autores cuestiones de naturaleza económica como causa remota de la rebelión, aunque este punto resulta polémico, dado que Mileto estaba en su apogeo. De todas formas el aprecio de Heródoto como historiador ha aumentado progesivamente a partir d ela primera corriente crítica histórica alemena, que hacían suyo el prejuicio de Plutarco hacia el de Halicarnaso y su cortedad de visión, plasmada en las Moralia, Sobre la malevolencia de Heródoto. Fue Hauvette el que comenzó a dar la vuelta a esta situación historiográfica de la Alemania del Kaiser Guillermo II.[9]
Otos historiadores griegos, aparte de Plutarco, como Tucídides, le critican y reprochan su falta de rigor.[10] Esta visión, como se deduce de manera implícita del párrafo anterior, se perpetuó hasta el siglo XX. Después los descubrimientos arqueológicos de dicho siglo vienen a confirmar la versión de los hechos narrados por Heródoto,[11] y es raro que haya historiadores contemporáneos que continúen estimando que inventó la mayor parte de su relato.[12]
La Biblioteca histórica de Diodoro Sículo (siglo I) es la otra gran fuente antigua sobre la batalla. Obtuvo la información en parte de una obra anterior, de Éforo de Cime. Hay alusiones en las obras de Plutarco (como la ya mencionada), Ctesias, Esquilo,[13] e incluso Cornelio Nepote.[14]
[editar] Contexto
Los autores antiguos remontaban los orígenes de la Primera Guerra Médica a la ya mencionada revuelta jónica,[15] inscrito de hecho en el vasto movimiento expansionista del Imperio aqueménida.[16] Darío I ya había puesto el pie en Europa, con la conquista de Tracia y la sumisión del Reino de Macedonia, que fue forzado a sumarse a la alianza persa.[17] Sin embargo, la revuelta jónica llevaba una amenaza directa sobre la integridad del Imperio, y Darío tomó la decisión de castigar a todos aquellos que se encontraban implicados, como las ciudades del Egeo y de la Grecia continental. Atenas y la ciudad eubea de Eretria enviaron 25 trirremes en ayuda de las ciudades de Asia Menor, mientras, un cuerpo expedicionario arrasaba Sardes antes de replegarse y de ser vencido en Éfeso por el sátrapa Artafernes, hermano de Darío. En 494 a. C., después de seis años de conflicto, Darío terminó aplastando las ciudades rebeldes. Después, los persas sometieron por la fuerza o la diplomacia las islas del mar Egeo. Numerosas ciudades continentales recibieron embajadas del rey aqueménida pidiendo su sumisión y su doblegamiento. Atenas y Esparta se negaron e incluso, según Heródoto, asesinaron a los emisarios.[18] [19] [20]
Anteriormente, en 511 a. C., con la ayuda de Cleómenes I, el rey de Esparta, el pueblo ateniense expulsó a Hipias, tirano de Atenas. Éste huyó a Sardes, a la corte del sátrapa más cercano, Artafernes, y le prometió el control de Atenas si lograba restaurarlo en el poder.
Cuando Atenas exigió a Persia que entregara a Hipias para ser enjuiciado, los persas se negaron, lo que provocó que la ciudad ática, en vísperas de la revuelta jónica (499–494 a. C.), enviara 20 trirremes en ayuda de los jonios. La ciudad de Eretria también había enviado ayuda, aunque no sirvió de mucho ya que la rebelión fue subyugada. Esto alarmó a Darío, que deseaba castigar a las dos ciudades. En 492 a. C., envió un ejército bajo el mando de su yerno, Mardonio, a Grecia continental. Empezó con la conquista de Macedonia y obligó a Alejandro I a abandonar su reino, mientras que en el camino al sur, hacia las ciudades estado griegas, la flota persa fue arruinada en una tormenta en el promontorio del monte Athos, perdiendo 300 naves y 20 000 hombres. Mardonio fue forzado a retirarse a Asia. Los ataques de los tracios infligieron pérdidas al ejército aqueménida en retirada.[21]
Algunas poleis creyeron que una victoria persa era inevitable y desearon probablemente asegurar una posición mejor en el nuevo régimen político que era seguir la conquista persa de Atenas. Darío, deseando aprovecharse de esta situación para conquistarla, que aislaría a Esparta, conquistaría al resto de los griegos en el Egeo y consolidaría su control sobre Jonia. Para esto Darío pensaba en hacer dos cosas:
- Sacar al ejército de sus murallas y derrotarlo en campo abierto.
- Lograr la rebelión de la ciudad para rendirse a los persas.
A finales de 491 o inicios de 490 a. C., una expedición naval de 600 trirremes, zarpó rumbo a Jonia al mando de Artafernes, hijo del sátrapa de Lidia (el que hizo el trato con Hipias), y Datis, un general de Mardonio, fue enviada para aplastar a los insumisos. Ahora bien, desde Cilicia no arrumbaron las naves a lo largo de la costa asiática en dirección al Helesponto y Tracia, sino que a partir de Samos, costearon Icaria y navegaron entre las islas Cícladas, pues no se atrevían a circunnavegar el Monte Athos dado que dos años antes sufrieron un desastre mientras surcaban dichas aguas, y además para tomar la isla de Naxos, debían seguir esa ruta.[22] Naxos fue saqueada, sus templos quemados, y los naxios que pudieron escapar huyeron a la zona central de la isla. Después la flota izó velas hacia Eretria, que fue conquistada tras siete días de asedio. Fue incendiada y su población reducida a la esclavitud. Los 4000 clerucos atenienses enviados a socorrerlos tuvieron que darse a la fuga. Según se desprende del texto herodotiano, se trataba de una expedición para castigar a atenienses y eritreos, y los persas enviaron una flota que carecía de naves destinadas al transporte de caballos y sin apoyo de une ejército de tierra. Según Carlos Schrader, el número de barcos «probablemente no superaría el centenar y, como todos los contingentes persas iban embarcados, su número oscilaría sobre los 30 000 hombres».[23] Mientras los persas asolaban Naxos, los delios, abandonaron su isla y emprendieron la huida hacia Tenos. Datis, sin embargo dio orden de no atracar en Delos y ordenó que las naves fondearan en Rinia.
La flota persa viró acto seguido hacia Atenas, siguiendo los consejos de Hipias, el viejo tirano ateniense depuesto veinte años antes, esperaba recuperar el poder merced a sus partidarios en el seno de la ciudad. Aconsejó a los persas atracar en la playa que orilla la llanura de Maratón, situada a 38 kilómetros de distancia de Atenas, de alrededor de unos cuatro km de larga y apropiada para maniobras de caballería.[24] [25] [26] [27] [20]
[editar] Fecha de la batalla
Heródoto facilita una fecha del calendario lunisolar, del cada ciudad griega tenía su variante. Los cálculos astronomía|astronómicos permiten obtener una fecha en el calendario juliano proléptico. En 1855, August Böckh determinó que la batalla tuvo lugar el 12 de septiembre de 490 a. C., fecha comúnmente admitida. Si el día 12 fue el del desembarco de las tropa, el enfrentamiento habría tenido lugar el 17 de septiembre.[28] Según otro cálculo, es posible que el calendario espartano estuviera un mes avanzado con respecto al calendario ateniense, en cuyo caso sería el 12 de agosto.[29] Sin embargo, los griegos eligieron comenzar las celebraciones del 2500 aniversario de la batalla el 1 de agosto para culminarlas en septiembre.[30]
[editar] Batalla
[editar] Preludio
El ejército ateniense, capitaneado por Milcíades el Joven, el strategos (general) ateniense más experimentado en la lucha contra los persas, fue enviado a bloquear las salidas de la llanura de Maratón para impedir el avance del ejército aqueménida por tierra.[31] Paralelamente, Fidípides, un corredor mensajero, fue despachado para solicitar refuerzos a Esparta. Es posible que Atenas tuviera un pacto previo de ayuda militar mutua (epimaquia), y por consiguiente despacharan a dicho mensajero[32] Sgún G. Busolt, los atenienses enviaran al correo cuando ya habían decidido salir al encuentro de los persas.[33] Pero la ciudad laconia celebraba la Carneas, fiestas que implicaban una tregua militar hasta el plenilunio siguiente. Las tropas espartanas no podían partir más que al cabo de diez días. Los atenienses que habían recibido el refuerzo de un pequeño contingente de Platea estaban casi solos.[34] [35]
Los persas navegaron por la costa de Ática, y anclaron en la bahía de Maratón, a unos 40 kilómetros de Atenas, con el asesoramiento del tirano exiliado ateniense Hipias (que había acompañado a la expedición).[36]
Los dos ejércitos estuvieron frente a frente durante cinco días. La espera favorecía a Atenas, ya que cada jornada que pasaba se acercaba al día en que los refuerzos espartanos llegarían.[35]
[editar] Fuerzas enfrentadas y tácticas
[editar] Fuerzas
Heródoto no aporta cifras para las fuerzas griegas. Cornelio Nepote,[37] Pausanias[38] y Plutarco[39] las cifran en 9000 atenienses y 1000 platenses. Justino[40] informa de 10 000 atenienses y 1000 platenses. Estas cifas equivalen a las dadas para la Batalla de Platea,[41] y parecen poco probables. Son aceptadas generalmente por los historiadores contemporáneos.[35] [42] [20] El armamento de los griegos era el propio de una infantería pesada: los hoplitas atenienses y sus aliados platenses se protegían con un casco, un escudo, un coraza, cnémidas y brazales de bronce. Blandían una espada, una larga lanza (dory) y asían un escudo de piel con láminas de metal. Los hoplitas combatían en filas cerradas (acorde a la formación de la falange), sus escudos formaban delante de ellos una muralla.[43] [44] Los esclavos atenienses fueron liberados poco antes de la batalla para servir de infantería ligera,[45] honderos y lanzadores de jabalina.[46] Su número y su papel durante la batalla son desconocidos, debido a que los hechos y gestas de esclavos no eran juzgados dignos de ser relatados por los autores antiguos.[46]
Las tropas atenienses estaban dirigidas por diez stratogoi (los generales, uno por cada tribu) bajo la autoridad militar y religiosa de un polemarca, Calímaco. Cada estratego mandaba en el ejército durante un día. No obstante, parece que cada vez, los estrategos confiaban el mando a uno solo de ellos, Milcíades.[47] Este general conocía la debilidad del ejército aqueménida por haber luchado con ellos durante la campaña de Darío contra los escitas.[48]
El ejército persa estaba bajo el mando de Artafernes, un sobrino de Darío, a la cabeza del ejército de tierra, y Datis era el almirante de la flota.[49] Según Heródoto,[50] la flota aqueménida estaba compuesta de 600 trirremes, y en cuanto a la infantería simplemente dice que era numerosa. Simónides de Ceos evaluó el cuerpo expedicionario persa en 200 000 hombres. Para Cornelio Nepote,[51] los persas tenían 200 000 infantes, de los cuales 100 000 habían sido enviados con la flota a atacar Atenas, contorneando el cabo Sunión, y 10 000 jinetes. Plutarco,[39] Pausanias[52] y la Suda[53] estiman el total de las fuerzas aqueménidas en 300.000 individuos.[54] Platón[55] y Lisias[56] facilitan la cifra de hasta 500.000 hombres, mientras que Marco Juniano Justino la sube a 600 000 soldados.[40] Valerio Máximo da un número de 300 000.[57] Los historiadores modernos proponen una horquilla entre 20 000 y 100 000 hombres con más o menos un consenso de 25 000 infantes y 1000 jinetes.[58] [59] [60] [61] Para el historiador de Persia, Pierre Briant, sus efectivos son imposibles de cifrar,[62] pero el ejército de Datis era de cualquier modo «muy numeroso».[63] El ejército estaba compuesto de soldados de diferentes procedencias, no hablaban las mismas lenguas y no tenían la costumbre de combatir juntos. Además, el armamento persa, con escudos de mimbre y lanzas cortas, convertía a la infantería persa vulnerable en el combate cuerpo a cuerpo.
[editar] Estrategia
Las estrategias de los ejércitos griego y persa no se conocen con certeza, los escritos de los autores antiguos son en ocasiones contradictorios, y varias hipótesis son posibles. Los mecanismos de desencadenamiento de la batalla que se derivan de estas diferentes posibilidades, también son especulaciones.
Los atenienses no esperaron tras las murallas de su ciudad, sino que fueron al encuentro del enemigo. A ellos se unieron sus aliados de Platea. Estaban en desventaja en Maratón: debieron movilizar a todos los hoplitas disponibles, y pese ello estaban en inferioridad numérica (por lo menos uno contra dos).[35] [64] Además, se tuvo que desguarnecer la defensa de la ciudad. Si fueran atacados por atrás, se dividirían las fuerzas, mientras que cualquier ataque contra ella no encontraría resistencia. La derrota en Maratón también significaría la aniquilación total del ejército ateniense. Los atenienses debían bloquear a los persas en la playa de Maratón, impidiendo que escaparan y evitar ser desbordados por los flancos. Se llevó a cabo el primer objetivo. No fue necesario desencadenar la batalla antes de tiempo. Por otra parte, los hoplitas eran vulnerables a la carga de la caballería persa y constituía un riesgo.[35] [65] El campamento griego estaba protegida por los flancos por un pequeño bosque o por estacas (dependiendo de la traducción), logrando así el segundo objetivo.[66] [64] Esta hipótesis parece contradecir la versión de Heródoto, según la cual, Milcíades deseaba atacar tan pronto como fuera posible.[67]
La estrategia de los persas también sigue siendo hipotética. Según E. Levy, querían vaciar la ciudad de defensores, bloquearlos en Maratón desembarcando la mitad de sus tropas y rodear a los hoplitas para tomar Atenas por el mar, con las puertas abiertas por los hombres de Hipias.[27] Este era un motivo por el que, a pesar de su superioridad numérica, los persas no habrían atacado de inmediato. Otro es que se recelaban de los hoplitas, mucho más poderosos que su infantería ligera.[68] Una partee de las tropas persas, incluida la caballería, pudieron haber reembarcado, teniendo por objetivo el puerto de Falero, a fin de llegar rápidamente a la Acrópolis de Atenas.[65] Las tropas restantes habrían cruzado el Caradra, el pequeño arroyo que atravesaba la llanura de Maratón antes de perderse en las marismas litorales, con el fin de impedir el regreso de las fuerzas griegas hacia la ciudad.
[editar] Táctica
Antes de la batalla, los ejércitos estaban separados al menos ocho estadios, es decir, unos 1500 metros. Milcíades convenció a Calímaco, el polemarca, a alargar la línea de soldados griegos. Dispuso las tropas de dos tribus situadas en el centro del dispositivo (los Leóntidas capitaneados por Temístocles y los Antióquidas por Arístides) en cuatro fila, mientras que las otras tribus fueran dispuestas en ocho filas.[69] [70] De hecho, la gran fuerza de las falanges griegas consistía en el impacto frontal capaz de dislocar las líneas de infantes enemigos, siendo su punto flaco que eran poco maniobrables y muy vulnerables por los flancos: era pues crucial para los griegos, ya que estaban en inferioridad numérica, no dejarse desbordar,[71] [72] en particular por la caballería persa.[65] Era imperativo, por una parte, proceder al despliegue del frente en orden de combate, y por otra parte, que las falanges laterales fueran más fuertes para hacer recular las alas enemigas y así con movimiento de pinza envolver el centre del ejército persa donde se hallaban las mejores tropas. Algunos comentaristas han incluso sugerido que el retroceso del centro griego fue voluntario, para facilitar esta maniobra,[43] pero Lazenby minora estas consideraciones porque sería suponer que los antiguos estrategos griegos pensaban como los estrategas contemporáneos, pero ello entrañaría también un nivel de entrenamiento que no tenían los hoplitas.[73]
[editar] Detonante
En estas condiciones, en las que cada ejército estaba a la defensiva, era difícil saber qué desencadenaría la batalla. Según todas las hipótesis, un movimiento persa el quinto día después del desembarco habría empujado a los griegos a pasar al ataque. Según Heródoto,[67] Milcíades quería atacar a los persas lo antes posible. Sin embargo, mientras que los otros estrategos le otorgaban el mando cada día, él esperaba, a pesar suyo todo el día, el designio de la suerte. Esta pasaje de Heródoto plantea problemas: ¿por qué atacar antes de la llegada de los espartanos? ¿Y para qué esperar en dicho caso? Según Lazenby,[74] Heródoto podría haber creído que Milcíades estaba impaciente por atacar y había ideado el sistema de mando rotatorio, del cual no hay pruebas reales, para justificar el transcurso de entre la llegada de los atenienses y el comienzo de la batalla.[75]
Heródoto es sin embargo muy claro: los griegos cargaron contra el ejército aqueménida. Es probable que un cambio en el equilibrio de fuerzas les empujara a pasar al ataque. El cambio pudo deberse al reembarco de la caballería persa desapareciendo así su principal ventaja.[65] Las falanges griegas eran muy vulnerables a un ataque por el flanco por parte de las unidades de caballería que las obligaría a dislocarse deviniendo así vulnerables ante una infantería ligera menos coordinada, pero muy superior en número. Esta hipótesis se apoya en el hecho de que Heródoto no menciona la caballería, mientras que la Suda sí lo precisa: χωρίς ἰππεῖς («sin caballería»).[75] Esta teoría está reforzada por la hipótesis de un reembarco del ejército persa, cuya caballería marchó para atacar Atenas, mientras que el resto de la infantería frenaba a los hoplitas en Maratón. El reembarco sí que lo menciona Heródoto,[76] pero lo sitúa cronológicamente después de la batalla. Si se considera que habría sido antes de la batalla, podría haberla desencadenado.[65]
Otra hipótesis abona la idea de que los persas habían obtenido una posición defensiva (en el plano estratégico), obligando a los atenienses a abandonar su posición defensiva por una ofensiva (en el sentido táctico) y pasar al ataque.[nota 1] Los arqueros persas eran una amenaza para un tropa estática a la defensiva. La ventaja de los hoplitas residía en la cohesión, que privaba a los arqueros de la posibilidad de acertar.[77] Pero, en cuyo caso, ¿porqué los persas pasaron al ataque después de haber esperado varios días? Se han avanzado dos hipótesis: un rumor habría anunciado la llegada inminente de refuerzos griegos; o simplemente, se hastiaron del statu quo y atacaron para no estar indefinidamente en la playa.[78]
[editar] Choque
Cuando la línea griega estuvo formada en orden de combate, Milcíades dio una simple orden: «¡Al ataque!».[65] Según Heródoto,[80] los griegos corrieron toda la distancia que les separaba de los persas profiriendo su grito de guerra: «¡Ελελευ! ¡Ελελευ!». Es sin embargo dudoso, ya que la armadura completa (panoplia), pesaba por lo menos 20 k, por lo que era bastante pesada. La carrera sería una marcha, en filas cerradas, cuya aceleración devino en una carga en los últimos 100 metros, para llegar con plena velocidad hasta el enemigo.[81] Esta táctica presentaba la ventaja de estar menos tiempo bajo la lluvia de flechas de los arqueros persas, cuyo alcance máximo era 200 metros.[82] Heródoto sugiere que fue la primera vez que un ejército griego corrió hacia su adversario. Tal vez fue debido a que era la primera ocasión en que se enfrentaba a un enemigo con tal potencia arquera.[82] Según Heródoto, los persas se quedaron sorprendidos, porque dicha carga rayaba en la locura, daddo que no tenían caballería o arqueros. Los persas estaban habituados a que sus adversarios griegos les tuvieran miedo y huyeran en lugar de avanzar.[83]
La griegos atravesaron sin atascarse ante las andanadas de flechas persas, protegidos por sus armadura, y golpearon las líneas enemigas. Los persas fueron sorprendidos, esperaban que sus oponentes fueran un blanco fácil y fácil de detener su progresión. El choque de la falange de hoplitas fue devastador: los hoplitas permanecían en contacto mediante sus lanzas y sus hombros, y hay que tener en cuenta la masa total de la falange y su energía cinética, ya que llegó a toda velocidad. La energía acumulada por la falange fue tal que el impacto arrolló a los infantes persas.[71] [84] [85] En los combates entre griegos, los escudos entrechocaban y las lanzas llegaban a las armaduras de bronce. Los persas no tenían ni escudos ni armaduras apropiados. No disponían prácticamente más que de su piel para oponerse al "blindaje" griego y no tenían apenas nada que pudiese penetrar el muro de escudos.
Los flancos griegos dispersaban fácilmente a las tropas que se les enfrentaban, porque consistían en tropas reclutadas en el imperio o jonios poco motivados y por ende más débiles en el centro. Dichas tropas se desbandaron y subieron presas del pánico a bordo de sus barcos. El centro persa resistió mejor porque estaba compuesto de tropas de élite (los melóforos, entre otros), quienes, a su vez, hundieron el centro de una línea delgada de hoplitas griegos, hasta que los flancos griegos lograronn envolverlos. De hecho, las tropas griegas dispuestas en las alas renunciaron a perseguir a las tropas persas derrotadas y cayeron en el centro del ejército persa en una maniobra de tenaza perfecta. El centro persa se replegó en desorden hacia las naves, perseguidos por los griegos.[86] Dichos combatientes del centro del ejército persa fueron masacrados hasta en el agua, En la confusión, los atenienses perdieron más hombres que en el momento del choque entre los dos ejércitos.[87] Soldados persas huyeron hacia las marismas donde se ahogaron.[88] [89] Los atenienses lograron la captura de siete naves persas, mientras que las otras lograron escapar. Heródoto refiere que Cinegiro, hermano de Esquilo, había atrapado un trirreme persa e intentando sacarlo a la playa, un miembro de la tripulación persa le seccionó la mano. Murió a causa de la amputación.[90]
[editar] Carrera hacia Atenas
Después de esta victoria, los griegos debían prevenir una segunda ofensiva persa con el ataque de sus mejores tropas que habían reembarcado después de la batalla, según Heródoto,[91] antes de la derrota según los historiadores contemporáneos.[nota 2] Los Leóntidas y los Antióquidas, los efectivos de las tribus situadas en el centro de la falange y que habían sufrido enormemente, permanecieron en el campo de batalla, mandados por Arístides.[92] La flota persa necesitaba una decena de horas para poder doblar el cabo Sunión y arribar a Falero. Con una marcha forzada de siete u ocho horas,[93] con una batalla a las espaldas, los hoplitas griegos llegaron justo antes que las escuadras navales enemigas.[94] Los persas, al percatarse de la maniobra, renunciaron a desembarcar.[95] Este éxito marcó el final de la Primera Guerra Médica.
Algunos días más tarde, llegaron los refuerzos espartanos, 2000 hoplitas quienes felicitaron a atenienses y platenses.[96] [97]
[editar] Balance militar
Heródoto estima en 6400, los cuerpos de guerreros persas contabilizados en el campo de batalla,[98] y que la cifra de los desaparecidos en los pantanos se desconoce. Siete naves fueron capturadas. Arroja un balance de 192 atenienses muertos y 11 platenses. Calímaco y Estesilao formaron parte de los caídos en batalla.[99] Parece que la tribu de los Ayántidas fue la que pagó un precio más alto.[100] Según Ctesias, Datis también murió,[101] huyó según Heródoto.[102] Tal diferencia de bajas entre uno y otro lado no tiene nada de extraordinario, pese a que las cifras de pérdidas persas es exagerada. De hecho, se ha constatado con frecuencia, en las diversas batallas en que se enfrentaron los griegos a los pueblos de Asia en aquella época, que por cada baja griega había veinte o treinta en los ejércitos orientales.[20]
[editar] Consecuencias, implicaciones y rédito
A los muertos de Maratón se les concedió un honor especial, fueron enterrado donde fenecieron,[103] y no en el cementerio del Cerámico de Atenas.[104] Simónides de Ceos compuso el dístico elegiaco grabado en la tumba. Hacia 485 a. C., Atenas hizo erigir en Delfos un templo conmemorativo, el Tesoro de los atenienses, en la pendiente que conduce al Templo de Apolo. Posteriormente, en Atenas se realizaron representaciones de la batalla: Pausanias menciona una pintura de ella en un pórtico del Ágora, la Stoa Pecile adornada con pinturas, entre las que se hallaban «los que lucharon en Maratón (...) Allí esá pintado también el héroe Maratón, del que recibe el nombre la llanura».[105] Es posible que el relieve que representa un combate entre griegos y persas en la fachada sur del Templo de Atenea Niké de la Acrópolis plasme esta batalla.[106] Una inscripción griega encontrada entre las posesiones de Herodes Ático conmemoraba la batalla e indicaba la lista de los soldados caídos en combate.[107]
La batalla de Maratón se convirtió en un símbolo para los griegos y confirió un gran prestigio a Atenas. La propaganda y la diplomacia atenienses utilizaron su victoria para justificar su hegemonía sobre el mundo griego. Según Tucídides, los atenienses se vanagloriaban de haber vencido a los persas sin la ayuda de ninguna otra ciudad. Los espartanos estaban considerados hasta 490 a. C. la mayor potencia militar griega.[108] De manera general, Maratón constituyó una justificación ideológica del poder ateniense, en particular durante la fundación de la Confederación de Delos en 472 a. C. y de la transformación de esta alianza en un verdadero imperio, que sometía a sus aliados a un tributo.[109] Por consiguiente, los otros acontecimientos de la Primera Guerra Médica, las victorias persas, la participación de otros griegos, especialmente los platenses, fueron eliminados completamente de la memoria ateniense.[110]
Sus futuros dirigentes, Arístides, Milcíades y Temístocles obtuvieron su rédito político.[111] La generación de los «combatientes de Maratón» (los maratonomacos) se convirtieron en una referencia, en particular para los círculos conservadores y tradicionalistas:[112] en 426 a. C., un personaje de Las nubes de Aristófanes, al alabar el sistema educativo que defiende, concluye «gracias a estos carcamales fueron formados los guerreros de Maratón».[113]
La guerra y las armas jugaron un papel político y social en el mundo griego: la caballería era el arma de la aristocracia, los pequeños propietarios de tierras (zeugitas) constituían la base de la falange, los más pobres, los thetes, como no tenían medios económicos para procurarse una panoplia, servían en la marina de guerra. Maratón constituyó también la victoria de un nuevo sistema político, la democracia y sus ciudadanos-soldados (los hoplitas), puesto que el tirano Hipias partió al exilio a Persia, y su familia, los Pisistrátidas, no recuperaron el poder.[114] La victoria consagró las nuevas instituciones, ello significaba que los dioses les habían sido favorables.[115] La ideología no evolucionó hasta casi un siglo después, los opositores a la democracia como Platón,[116] exaltaban a los hoplitas de Maratón, símbolos de un régimen moderado, y denigraban la victoria de Salamina, obtenida durante la Segunda Guerra Médica por los hombres de los trirremes, símbolos de la democracia abierta a todos y del Imperialismo ateniense, culpable a sus ojos de haber provocado la Guerra del Peloponeso y de la derrota de 404 a. C. infligida por Esparta.[117] Esta división es, no obstante, una relectura partidista posterior, dado que durante todo el siglo V a. C. tanto los hoplitas como los marinos eran partidarios de la democracia y de la hegemonía ateniense.[118]
Para los persas, se trataba sobre todo de un desembarco fallido y de un revés insignificante en una expedición que alcanzó ampliamente sus objetivos sometiendo el Mar Egeo al poder de Darío I.[119] La reacción del Gran Rey a esta derrota fue de entrada preparara su venganza y una nueva expedición.[120] pero estalló una revuelta en Egipto, dirigida por el sátrapa Ariandes que ocupó los últimos meses del reinado de Darío.[120] Murió en 486 a. C. y su hijo jerjes I le sucedió en el trono aqueménida.
[editar] Conmemoración moderna de la batalla
[editar] Instrumentalización de la Historia
El símbolo de la civilización de unos pocos atenienses salvando la civilización frente a una horda de bárbaros fue tomada por razones políticas o nacionalistas en la historia moderna.[121] Los revolucionarios franceses comparaban la Batalla de Valmy con Maratón, los persas correspondían a los prusianos y los austriacos, Hipias a Luis XVI.[122] Los españoles se identificaron con los atenienses dando el papel de Darío a Napoleón Bonaparte. Los aliados de la Primera Guerra Mundial compararon la Batalla del Marne con Maratón, porque «salvó la civilización».[123]
Los griegos modernos han recurrido a menudo a Maratón: los turcos eran los persas.[124] Primero, durante la Guerra de independencia de Grecia, después la propaganda de la Dictadura de los coroneles organizó una recreación de la batalla filmada para la televisión.[125] El nacionalismo griego sitúa regularmente el conflicto greco-turco en el marco mítico de un enfrentamiento milenario entre Europa y Asia.[126]
[editar] La carrera
La carrera de maratón fue inventada por el académico Michel Bréal para las pruebas de los Juegos Olímpicos de Atenas 1896. Este amigo de Pierre de Coubertin le sugirió, tras el congreso para la restauración de los Juegos Olímpicos de 1894, organizar una «carrera de Maratón», como dijo entonces, entre el lugar de la batalla al borde del mar y la Pnyx. Se propuso incluso ofrecer una copa de plata al vencedor.[127]
La carrera se funda en las leyendas en torno a la batalla de Maratón. La tradición relata dos proezas; la de Eucles,[128] enviado de Maratón a Atenas para avisar de la victoria y que murió de agotamiento unas horas después de la carrera. La otra hazaña fue la de Fidípides que recorrió 240 kilómetros para avisar a los espartanos del desembarco persa en Maratón.[34] [129] Sea cual fuera la historicidad de estos episodios, la proeza deportiva fue colectiva con la marcha de los hoplitas atenienses, justo después de la victoria, para impedir el desembarco persa en Falero. Es esta marcha la que Bréal decidió conmemorar. Dos rutas se ofrecieron para el recorrido, tal y como se ofrecieron a los hoplitas. La ruta directa pasaba por las montañas, Cefisia (actual Kifissia) y Marusi. Era más corta pero más difícil. había un camino litoral más largo por Rafina que rodeaba el Pentélico. Se juzgó que este último fue el más probable que hicieron los hoplitas y fue escogido para la «carrera de Maratón» de 1896. Es también el de la Maratón de Atenas anual y el de los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004.[130]
En 1982, oficiales de la Royal Air Force decidieron verificar si la afirmación herodotea da la carrera de Fidípides era plausible, principalmente su llegada a Esparta «al día siguiente». En dicho año, la distancia de 246 km (150 millas) fue cubierta por John Foden en 37 horas y 37 minutos. El año siguiente para la primera edición del spartathlon, el griego Yánnis Koúros empleó 21 horas y 53 minutos (en 1984, estableció el récord en 20 horas y 25 minutos). El texto de Heródoto ha sido verificado de manera fehaciente.[130]
Según Heródoto, la flota enviada por Darío consistió en 600 trirremes, mientras que, según Cornelio Nepote, había solamente 500. Las fuentes históricas no revelan cuántos transportes con exactitud envió. Según Heródoto, 3000 naves de transporte acompañaron a 1207 naves durante la invasión de Jerjes en 480 a. C. Stecchini estima que la flota entera abarcó 600 naves en conjunto: 300 trirremes y 300 transportes; mientras que Peter Green dice que había 200 trirremes y 400 transportes. Diez años antes, 200 trirremes no pudieron someter Naxos, así que una flota de 200 o 300 trirremes es quizás inadecuada para los tres objetivos. Heródoto no estima el tamaño de cualquier ejército. Del ejército persa, dice que eran un ejército de infantería bien equipado. Entre las fuentes antiguas, el poeta Simónides, otro cercano-contemporáneo, dice que las fuerzas de la campaña contaban con 200 000; mientras que un escritor posterior, el romano Cornelio Nepote estima la caballería en 10 000 y en 200 000 la infantería, de la cual solamente 100 000 combatieron en la batalla, mientras que el resto fue cargado en la flota que rodeaba el cabo Sunión; Plutarco y Pausanias dan independientemente 300 000, al igual que la enciclopedia bizantina Suda; Platón y Lisias afirman 500 000; y Marco Juniano Justino 600 000. Los historiadores modernos también han hecho varias estimaciones. Kamporis ha observado, que las 600 naves eran buques de guerra y no de transporte, ya que los soldados no solo descendían, sino que una parte se quedaba a defender la flota misma para combatir en caso de contienda (típica táctica persa usada después de la batalla naval de Lade y durante la invasión de Jerjes), 18 000 es el número que aventura. Pero puesto que la flota sí tenía naves de transporte, debían, por lo menos, haber llevado a la caballería persa. Mientras que Heródoto dice que llevaron a la caballería dentro de los trirremes, la flota persa había dedicado las naves para esta empresa, y según Éforo, la flota de la invasión de Jerjes fue acompañada por los 800 transportes 10 años más tarde.
Las estimaciones para la caballería están generalmente en la gama de 1000 a 3000, sin embargo Cornelio Nepote da 10 000. Otros historiadores modernos han propuesto otras cantidades de efectivos para la infantería. Bengtson: 20 000 persas; Paul K. Davis: 20 000 persas; Martin Moerbeek: 25 000 persas; How & Wells: 40 000; Bussolt y Glotz: 50 000; Stecchini: 60 000 soldados persas en Maratón; Kleanthis Sandayiosis: de 60 000 a 100 000 soldados persas; Peter Green; 80 000, Meier: 90 000. Los eruditos que estiman unos números relativamente pequeños para las tropas persas opinan que el ejército no podría ser muy grande para caber en las naves. En cuanto al ejército griego, las fuerzas de Eretria, combinadas con los atenienses y platenses podría igualarlo, y se habría buscado posiblemente dar batalla fuera de Eretria. Naxos solamente registró 8 000 soldados griegos en el 500 a. C. y con esta fuerza se defendió con éxito contra la invasión persa de 200 naves 10 años antes. El tamaño del ejército ateniense es otro tema de discusión. Algunos historiadores recientes han dado alrededor de 7000 a 8000, mientras que otros afirman que fueron 10 000. Pausanias afirma que no sobrepasó los 9000, mientras que Justino y Cornelio Nepote dan 10 000 como el número total de atenienses.
Heródoto nos dice que en la batalla de Platea, once años más tarde, los atenienses enviaron 8000 hoplitas,mientras que otros al mismo tiempo fueron contratados como «epíbatas» en la flota que luchó más adelante en la batalla de Mícala. Pausanias anotó los nombres de los anteriormente esclavos que fueron liberados a cambio de servicio militar tras la batalla. También es posible que los griegos no atenienses (metecos) que residían en Atenas fueran reclutados, puesto que tenían obligaciones militares hacia Atenas en tiempos de gran emergencia (por ejemplo en 460 a. C.). Sin embargo, para Maratón, esto no es mencionado por ninguna fuente que haya llegado a nuestros días, y su número en Atenas no era tan significativo en 490 a. C. pues fue más adelante cuando Atenas se convirtió en cabeza de la liga de Delos.
[editar] Antes de la batalla
Durante cinco días, los ejércitos se enfrentaron en forma pacífica, esperando progresos, con el ejército ateniense estrechando lentamente la distancia entre los dos campos, y arrimándose hacia los árboles que cubrían sus lados contra los movimientos de la caballería, para así impedir su movimiento. El tiempo iba a favor de los atenienses; era probablemente el ejército persa el que decidiría moverse primero. En el sexto día, cuando Milcíades era el general del prytanevon, posiblemente el 12 de septiembre o 12 de agosto de 490 a. C. los persas decidieron atacar Atenas. Los atenienses ya habían visto pelear a la caballería persa durante la revuelta jónica por lo que era esencial para los griegos evitar que los persas la usaran. Varios historiadores han supuesto que esto no era cierto, porque la caballería que había subido a las naves, no estaba en el campo de batalla sino rumbo a los muros de Atenas, por lo tanto existe un interrogante con respecto a si los persas usaron caballería o no en la batalla. Según Heródoto, en ese punto los generales habían decidido entregar la dirección, rotatoria entre generales del prytanevon, a favor de Milcíades. Él eligió el día en que su tribu sería conducida para el ataque, quizás porque deseó llevar la responsabilidad completa de la batalla. Decidió moverse contra los persas muy temprano por la mañana, pidió a dos tribus que formaran el centro de la falange, la tribu de Leontis conducida por Temístocles y la tribu de Antiochis que fue conducida por Arístides, la profundidad era de 4 filas, mientras que el resto de las tribus estarían en los lados con 8 filas de hombres.
La distancia entre los dos ejércitos era de 1.500 metros. A veces se podía escuchar el grito de guerra de los atenienses: Ελελευ! Ελελευ!” (Eleleu, Eleleu), esto fue una sorpresa para los persas que creyeron que los atenienses habían enloquecido por el combate. Es también una cuestión de discusión si el ejército griego atacó desde el principio o marchó hasta que alcanzaron el límite de la eficacia de los arqueros en la “zona de guerra”. Los autores de la última opinión observan que es muy duro moverse con la pesada armadura de los hoplitas por lo tanto era algo imposible movilizar un ejército a esa distancia, aunque también se justifica ya que en esa época los soldados poseían una muy buena condición física, por lo tanto existía una posibilidad de que hubiese comenzado el ataque desde esa distancia. El trabajo del hoplita se había convertido, recientemente, en un deporte olímpico, o sea que si hubiera atacado desde el inicio, la distancia entera habría sido cubierta en cerca de 5 minutos, mientras que si hubieran marchado, habría tomado probablemente 10, bastante tiempo para que los persas pudieran reaccionar, cosa que no hicieron.
[editar] Formación y composición de los persas
Los ejércitos persas, que aunque estaban mayoritariamente formados por infantería, poseían gran cantidad de arqueros bien entrenados, dado que muchos de los soldados profesionales persas estaban obligados a saber tirar con el arco y la flecha, lo que los hacía capaces de desempeñarse en varios tipos de combate, sin embargo esto no significaba que fueran expertos en dichas disciplinas. Otros soldados que poseían era los takabara, pero éstos eran mayormente utilizados para propósitos marinos. La infantería persa estaba compuesta por la sparabara (infantería pesada con escudo); en ningún momento Heródoto menciona que hubiera una muralla de escudos persas, típica táctica persa para atacar, sin embargo, sí la describe en las posteriores batallas de Platea y de Mícala. La táctica de los persas consistía en debilitar las líneas enemigas y desorganizarlas para terminar de exterminarlas en retirada con la ayuda de la caballería. La caballería (si es que estuvo o no) era utilizada de la manera tradicional: embestida en caso de carga y de un excelente cambio de golpes en campo cerrado, tenemos que remarcar que la caballería que utilizaban los persas era una de las mejores en su tiempo, ya que era reclutada en tierras como Armenia, Bactria, Sogdiana, regiones que se caracterizaban por el manejo y combate a caballo. Los ejércitos persas tenían generalmente tropas iraníes de élite, las cuales eran puestas en el centro de la formación. Heródoto confirma que éstos pusieron en orden al ejército persa en el campo de batalla.
[editar] Formación y composición de los griegos
Durante la revuelta jónica la falange griega fue diezmada con el ataque de las flechas persas y aniquilada con la caballería. Milcíades tenía experiencia en el ejército persa, ya que fue testigo en una campaña en Escitia en el 513 a. C. El ataque de los persas con arqueros hace creer que desorganizó a la línea principal de los griegos, sin embargo, Heródoto menciona que la formación de los griegos siguió el patrón normal, acatando las órdenes y destaca que en ningún momento se rompió la línea en la etapa inicial. Esto es apoyado por el hecho de que había pocas muertes en esa fase de la batalla.
El centro griego fue reducido a cuatro filas, de las ocho habituales. Las alas mantuvieron sus ocho filas. Si Milcíades hubiera deseado solamente extender la línea y evitar que la línea persa traspasase a los griegos, habría debilitado, uniformemente, el ejército entero para no dejar puntos débiles.
Pero Heródoto categóricamente indica que era una decisión consciente para consolidar los lados, probablemente para tener una fuerza para derrotar las alas de los persas, de manera que al haber menor cantidad hubiera más lucha en un campo cerrado.
El frente del ejército griego estaba formado por 250 × 2 individuos (para las tribus de centro) más 125 × 9 (para las tribus laterales y los platenses)=1.625 hombres. Si los persas tenían la misma densidad que los griegos y eran 10 filas fuertes, entonces el ejército persa que se oponía a los griegos sería de 16.000 hombres.
El frente tenía una separación de 1,4 metros entre los soldados persas, por un metro para cada griego y tenía una densidad de 40 a 50 filas, como parece ser el máximo posible para el ejército persa llano, incluso hubo lucha con 110 líneas, entonces el ejército persa se numeraba en 44.000 a 55.000. Las líneas persas contaban con 2000 hombres por línea y poseían una formación de 30 líneas, lo que significa que el ejército contaba con 60.000 hombres. Kampouris sugiere esta cifra de 60.000, que desde entonces era el tamaño estándar de una formación persa.
[editar] El combate
Los griegos avanzaron de ambos lados retrasando el centro para formar las alas de ataque que, aunque con menos tropas, tendrían el espacio suficiente para enfrentarse al ejército persa. Heródoto menciona que aunque la fila central retrocedió, no se rompió. Tampoco las filas laterales se rompieron puesto que las muertes totales fueron bajas, y la mayoría fueron sostenidas durante la fase pasada de la batalla. El retraimiento griego en el centro, además de tirar de los persas hacia adentro, también atrajo a las alas griegas al centro, acortando la línea griega. El resultado fue un envolvimiento doble y la batalla terminó cuando el ejército persa, apretado en la confusión, se vio obligado a retirarse. Sucumbiendo ante el pánico los persas se retiraron a sus naves que más tarde fueron perseguidas por los griegos. Los lados fueron dejados abiertos de modo que las filas persas se rompieran, puesto que incluso su ejército derrotado seguía manteniendo unaventaja numérica después de la batalla. Algunos, desconocedores del terreno local, corrieron hacia los pantanos donde se ahogaron. Heródoto refiere que 6400 cuerpos persas fueron contados en el campo de batalla, y se desconoce cuántos fallecieron en los pantanos. También se mencionan siete naves persas capturadas y ninguna hundida. Los atenienses perdieron 192 hombres y los Platenses 11, más durante la persecución final cuando su armadura pesada resulbó ser una desventaja. Entre los muertos estaba el polemarca Calímaco y el General Estesilao. Según Ctesias, Datis murió en la batalla, Heródoto, sin embargo, lo menciona vivo después de esta, y que le ofrendaron una estatua de Apolo en Delos que había quitado anteriormente su ejército, aunque él no lo menciona cuando el ejército vuelve a Asia.
[editar] Después del combate
Al finalizar la batalla, y sabiendo del ataque de la flota persa a la ciudad, Milcíades decide enviar a su soldado más veloz, el corredor Filípides, con órdenes de anunciar la victoria de Atenas en Maratón sobre el ejército persa. La leyenda cuenta que Filípides recorrió el camino desde el campo de Maratón hasta Atenas, sumando alrededor de 42 000 metros, al llegar a la ciudad anunció ¡Hemos Vencido! y, sin más fuerzas, cayó muerto. En homenaje a esta proeza se realiza el llamado “Maratón”, un recorrido de 42 195 kilómetros en carrera a pie, aproximadamente la misma distancia que recorrió Filípides (los 195 metros se añadieron en Londres, en 1908, para que el final de la carrera coincidiera con el palco presidencial donde estaba la reina).
Tan pronto como los persas vencidos se hicieron a la mar, las dos tribus del centro permanecieron para guardar el campo de batalla y el resto de los atenienses marcharon a Atenas. Un escudo había sido levantado sobre la montaña cerca del llano de la batalla, que era la señal de una victoria sobre el imperio persa o para que ellos se retiraran (según Heródoto). Artafernes, tuvo una oportunidad de desembarcar; sin embargo no lo hizo y regresó a Asia. Al día siguiente, el ejército espartano llegó, cubriendo los 220 kilómetros en solamente tres días. Algunos historiadores modernos dudan que viajaran tan rápido. Los espartanos llegaron a Maratón y se encontraron con que los atenienses habían obtenido una gran victoria frente a los persas. Esto produjo un gran trastorno para los persas que no habían sido derrotados en tierra durante varias décadas, ni siquiera por masagetas ni por escitas, cuyas tribus era nómadas. De esta manera se demostró la vulnerabilidad de los persas. Mucha gente sujeta al Imperio persa se rebeló siguiendo la derrota de Maratón y el orden no fue instaurado hasta después de muchos años. Los atenienses concedieron a los muertos de Maratón el honor especial de ser los únicos que fueran enterrados donde murieron en vez del cementerio principal de Atenas, el Cerámico. En la tumba de los atenienses, Simónides escribió:
La tumba fue excavada en 1880 por arqueólogos alemanes. El equipo, sin embargo, no incluyó a ningún antropólogo y, por lo tanto, no podían determinar el número de cuerpos en la tumba. El mismo equipo también encontró, en una zanja, un contenedor con una gran cantidad de huesos humanos precipitados y enterrados que fueron identificados como el lugar del entierro de los persas. Para los atenienses, la victoria dio confianza a la gente. Dos años más tarde se puso a prueba el ostracismo y su primera víctima fue un amigo de Pisístrato.
[editar] Conclusión
Maratón no fue una batalla decisiva frente a los persas, pero llenó a éstos de preocupación e intranquilidad, ya que era la primera vez que los griegos derrotaban a los persas en campo abierto. La victoria dotó a los griegos de una fe con la que resistieron tres siglos los embates persas, durante los cuales florecieron su cultura y pensamiento, que serían las bases para el posterior desarrollo del mundo occidental. John Stuart Mill opinó que "fue un acontecimiento más grande que la batalla de Hastings". Kampouris ve la batalla como "falta de operaciones puramente marítimas, debido a sus debilidades inherentes". Algunos historiadores opinan que fue una maniobra al azar de Milcíades ¿Cómo era Cannas antes de esta batalla? En batallas hoplíticas, las dos alas eran generalmente más fuertes que el centro, porque cualquiera de ellos tenía el punto más débil (derecho) o el punto más fuerte (lado izquierdo). Sin embargo, antes de Milcíades y después de él, hasta Epaminondas, ésta era solamente una cuestión de calidad, no de cantidad. Milcíades tenía experiencia personal sbore el ejército persa y sabía de sus debilidades. Pues su disciplina fue demostrada después en la toma de las islas Cícladas, él tenía una estrategia integrada sobre derrotar a los persas, por lo tanto no hay razón para que él no hubiera podido pensar en una buena táctica. El envolvimiento doble se ha usado desde entonces: el ejército alemán utilizó una táctica similar en la batalla de Tannenberg.
Heródoto menciona para varios acontecimientos a la fecha en el calendario lunisolar, del cual cada ciudad-estado griega utilizó una variante. El cómputo astronómico permite que derivemos una fecha absoluta en el calendario Juliano que fuera muy utilizada por los historiadores como marco cronológico. August Böckh en 1855 concluyó que la batalla ocurrió el 12 de septiembre de 490 a. C. del calendario Juliano, y ésta es la fecha convencionalmente aceptada. Sin embargo, esto depende de cuándo Esparta llevó a cabo su festival y es posible que el calendario espartano fuera un mes anterior al de Atenas. En ese caso, la batalla ocurrió el 12 de agosto de 490 a. C.
[editar] Notas
- ↑ Véase defensiva y ofensiva
- ↑ Cf. hipótesis supra
[editar] Referencias
- ↑ Jorgensen, 2007, pp. 13. Principalmente hóplitas
- ↑ Jorgensen, 2007, pp. 12. Fuerzas totales estimadas para la expedición.
- ↑ Jorgensen, 2007, pp. 14. Principalmente infantería.
- ↑ a b Jorgensen, 2007, pp. 15
- ↑ Heródoto, Historia I.1
- ↑ Herman Strasburger, Herodots Zeitrechnung, Wiesbaden, Steiner, 1956, pp. 129-161. Br. Sd aus Historia. Widmung des Verf.
- ↑ Hermann Bengtson, Grieschische, Geschichte von de Anfängen bis in der römische Kaiserzeit, 2ª ed., Munich, 1960, pp. 147 y sigs.
- ↑ Cf. Heródoto, Historia IV.133, 136-137
- ↑ Ameédeé Hauvette-Besnault, Hérodote, historien des guerres médiques, París, Hachette et cie, 1894
- ↑ Guy Bourdé, Hervé Martin, Les écoles historiques., pp. 26-27
- ↑ Holland, 2006, p. 377
- ↑ Fehling, 1989
- ↑ Perseus
- ↑ Cornelio Nepote, Milcíades, 4
- ↑ Briant, 1996, p. 170
- ↑ Briant, 1996, p. 171
- ↑ Holland, 2006, p. 47-62
- ↑ Holland, 2006, p. 171-178
- ↑ Heródoto, op. cit. VI.49 y VII.133
- ↑ a b c d Hanson, 1999, p. 82-84
- ↑ Heródoto, op. cit VI.43-45
- ↑ Heródoto, op.cit. VI.95.2
- ↑ Schrader, Carlos (1981) (en español). Heródoto. Historia. Libros V-VI. Madrid: Editorial Gredos. pp. 343, nota 465. ISBN 978-84-249-0086-3.
- ↑ Heródoto, op. cit. VI.102
- ↑ Green, 2008, p. 68
- ↑ Heródoto, op. cit. VI.94-102
- ↑ a b Lévy, 1997, p. 19
- ↑ Brun, 2009, p. 23
- ↑ D.W. Olson et al., "The Moon and the Marathon", Sky & Telescope Sep. 2004, pp. 34—41.1
- ↑ Athens +, suplemento de e-Kathimerini.
- ↑ Cornelio Nepote, Milcíades, IV
- ↑ Heródoto, VI.105. Cf. Tucídides, op. cit. I.44; V.47, 48 et pássim
- ↑ G. Busolt, Grieschische Geschichte bis zur Schalcht bei Chaeroneia II-III, 2ª ed. Gotha, 1895-1904, p. 580
- ↑ a b Heródoto, op. cit.VI.105
- ↑ a b c d e Holland, 2006, p. 187-190
- ↑ Heródoto, op. cit. VI.102
- ↑ Milcíades, V
- ↑ Pausanias, Descripción de Grecia X.20
- ↑ a b Morlia, 305 B
- ↑ a b II.9
- ↑ Heródoto, op. cit. IX.28
- ↑ Lazenby, 1993, p. 54
- ↑ a b Green, 2008, p. 76-77
- ↑ Hanson, 1999, p. 58-60
- ↑ Pausanias, op. cit. X.32.2
- ↑ a b Brun, 2009, p. 46
- ↑ Heródoto, op. cit. VI.103 y 109-110.
- ↑ Heródoto, op. cit. IV.137
- ↑ Heródoto, op. cit. VI.94
- ↑ VI.94-95
- ↑ Cornelio Nepote, Milcíades, IV
- ↑ Pausanias, op.cit. IV.22
- ↑ Hipias
- ↑ Pausanias, IV.25
- ↑ Platón Menexeno, 240a
- ↑ Lisias Oración fúnebre, 21
- ↑ Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables V.3
- ↑ Holland, 2006, p. 390
- ↑ Lazenby, 1993, p. 46
- ↑ Green, 2008, p. 103-105
- ↑ Lloyd, 2004, p. 164
- ↑ Briant, 1996, p. 544
- ↑ Pierre Briant, Darius: Les Perses et l'Empire, Gallimard, 2001, p. 88
- ↑ a b Lazenby, 1993, p. 56
- ↑ a b c d e f Holland, 2006, p. 191-195
- ↑ Cornelio Nepote, Micíades, VI
- ↑ a b Heródoto, op. cit. VI.100
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- ↑ Heródoto, op. cit. VI.111-112
- ↑ Plutarco, Arístides, V
- ↑ a b Phalange Histoire du monde.net (en francés)
- ↑ Lazenby, 1993, p. 64
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- ↑ Lazenby, 1993, p. 59-62, 67 et 256
- ↑ Lazenby, 1993, p. 59-62
- ↑ Las avispas, versos 1081 a 1084
- ↑ Heródoto, op. cit. VI.112
- ↑ Brun, 2009, p. 56
- ↑ a b Lazenby, 1993, p. 66-69
- ↑ Heródoto, op. cit. VI.110 y 112
- ↑ Holland, 2006, p. 194-197
- ↑ Hanson, 1999, p. 92
- ↑ Heródoto, op. cit. VI.113
- ↑ Green, 2008, p. 78
- ↑ Pausanias, op. cit. I.32
- ↑ Lazenby, 1993, p. 71
- ↑ Heródoto, op. cit. VI.114-115
- ↑ Heródoto, VI.115
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- ↑ Heródoto, VI.116
- ↑ Heródoto, VI.120
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- ↑ Heródoto, VI.117
- ↑ Heródoto, VI, 114-115 y 117
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- ↑ Plutarco, Moralia II, citando a Heráclides Póntico
- ↑ Hanson, 2000, p. 93
- ↑ a b LLewellyn Smith, 2004, p. 182-185
[editar] Bibliografía
[editar] Fuentes antiguas
- Heródoto VI.107, VI.117, V.65, V.96, VI,121, VI.94, VI.95, VII.97, V.31, VI.94, IV.30, VIII.42, VIII.18, VI.96, VI.99, VI.100, VI.108, VI.102, VI.109, VI.110, VI.108, VI.110, VI.113, VI.111, VI.113.1, VI.114, VI.113.2, VI.117, VI.115, VI.117, VI.114, VI.118, VI.115, VI.116, VI.120, VI.105,
- Pausanias, Descripción de Grecia IV.22, IV.25, X.20.2, IX.4.2, I.15.3, I.32.3
- Aristóteles, Constitución de los atenienses, 22 y 26
- Plutarco, Arístides, 5
- Plutarco, Teseo 35
- Plutarco, Moralia, 347 C
- Cornelio Nepote, Milcíades, IV y V
- Ctesias, Persica, 24
- Claudio Eliano, Varia Historia,8,40
- Platón, Leyes, III 6923 D, 698 E
- Marco Juniano Justino, Epítome de las "historias filípicas" de Pompeyo Trogo II.9
[editar] Fuentes modernas
- Marie-Françoise Baslez, Histoire politique du monde grec antique, Armand Colin, 2010
- Pierre Briant, Histoire de l'empire perse, Fayard, 1996
- Patrice Brun, La bataille de Marathon, París, Larousse, 2009. ISBN 978-2-03-584829-1
- Detlev Fehling, Herodotus and His "Sources": Citation, Invention, and Narrative Art., Leeds, Francis Cairns, 1989. ISBN 978-0-905205-70-0
- Peter Green, Les guerres médiques, París, Taillandier, 2008. ISBN 978-2-84734-390-8
- Victor Davis Hanson, Les guerres grecques: 1400 - 146 av. J.C., París, Autrement (reimpr. 2000) (1ª ed. 1999). ISBN 2-86260-972-2
- Tom Holland, Persian Fire: The First World Empire and the Battle for the West, Nueva York, Abacus, 2006. ISBN 0-385-51311-9
- J. F. Lazenby, The Defence of Greece: 490-479 BC, Warminster, Aris & Phillips Ltd, 1993. ISBN 978-0-85668-591-0
- Edmond Lévy, La Grèce au Ve siècle: de Clisthène à Socrate, París, Points Seuil, 1997. ISBN 978-2-02-013128-5
- Michael LLewellyn Smith, Olympics in Athens. 1896: The Invention of the Modern Olympic Games, Londres, Profile Books, 2004. ISBN 1-86197-342-X
- Alan Lloyd, Marathon: The Crucial Battle That Created Western Democracy, Souvenir Press, 2004. ISBN 0-285-63688-X
- Jorgensen, Christer. Grandes batallas. Los combates más trascendentes de la Historia. Editorial Parragon Books, 2007 (2009 versión en español). ISBN 978-1-4075-5248-4
[editar] Enlaces externos
Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Batalla de Maratón. Commons- Plano animado de la batalla (en inglés)
- Bataille de Marathon dans Fifteen Decisive Battles of the World (en inglés)
- Conmemoración de la batalla en la página web de la ciudad de Maratón (en griego)