Epitafio

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Epitafio del coronel de Lamoricière, catedral de Nantes

Un epitafio es el texto que honra al difunto, la mayoría normalmente inscrito en una lápida o placa. Tradicionalmente un epitafio está escrito en verso, pero hay excepciones. Se han conocido muchos poetas que han compuesto su propio epitafio. El nombre Epitafio, epitaphium en latín, es compuesto de dos voces griegas epi, sobre, y taphos, tumba, es decir inscripción puesta sobre una tumba, inscripción pico.[1]

Muchos son las citas de los textos santos, o aforismos. Se considera que un epitafio bueno es uno que es memorable, o por lo menos hace uno pensar. Un truco torcido de muchos epitafios exitosos es que le 'hablan' al lector y le advierten sobre su propia mortalidad; otro es una demanda del lector para bajar de su lugar descansando, como a menudo él le exigiría al lector que estuviera de pie en la tierra sobre el ataúd leer la inscripción. Algunos graban los logros, (por ejemplo los políticos notan sus logros durante su paso por un Gobierno) pero casi todos (con excepción de la tumba del soldado desconocido dónde esto es imposible) el nombre de la nota, la fecha de nacimiento y fecha de muerte.

Muchos epitafios fueron escritos con algún refinamiento literario, por lo que constituyen un subgénero literario lírico dentro del más general de la elegía o poema de lamento. Son subgéneros emparentados con él epicedio, el treno y el planto.

Historia[editar]

Antiguamente se daba este nombre a los versos que se citaban en honor de los difuntos el día de sus exequias y anualmente se repetían en semejante días. Después se tomó por la inscripción que se pone sobre los sepulcros, como se ve en el día de hoy, unas veces escrita en prosa y otras en verso, a fin de conservar la memoria de los difuntos y erigir un monumento a su gloria.[2]

Los epitafios han sido muy variados, según las costumbres de los reinos y naciones. Los romanos tenían gran cuidado de hacer hablar a sus muertos en los epitafios, cuyos sepulcros, algunas veces estaban acompañadas de bellísimas piezas de escultura y arquitectura que no solamente servían de adorno sino también de instrucción a la posteridad por las acciones ilustres que representaban y los discursos morales que expresaban.

Los epitafios se escribían en prosa y/o en verso y se consideraba que los más cortos eran los mejores, ya que se buscaba que los caminantes pudieran leerlos enteramente al pasar. Por esta razón Platón limitaba los epitafios en verso a cuatro hexámetros. Los más comunes son los de forma de simple discurso conteniendo solamente los nombres de aquellos que están puestos en las sepulturas con una exposición corta de la edad de ellos, del año, el mes y del día en que les tocó morir cual hoy se leen en la mayoría de los nichos de nuestros campos santos.[2]

Epitafios célebres[editar]

El Epitafio que había sobre el sepulcro de Ciro estaba concebido en estos términos:

Yo soy Ciro, hijo de Cambises, fundador del imperio de los persas y dueño y señor del Asia. No me envidies este monumento en que mis huesos reposan.

Epitafios griegos[editar]

En Lacedemonia no se ponían Epitafios sino a los que habían muerto por la patria. Estos Epitafios contenían un corto elogio del difunto tal como el que grabaron sobre una columna en honor de los trescientos espartanos que capitaneados por Leónidas, se sacrificaron defendiendo el paso de las Termópilas:

Pasajero, ve a decir a Esparta que nosotros hemos muerto aquí en defensa de sus santas leyes.

Algunas veces los Epitafios contenían una especie de sátira o una reflexión moral como por ejemplo el que pusieron sobre la tumba de Alejandro:

Sufjkit huic tumulus, cui non suffecerat orbis
Basta esta tumba, para el que no bastaba el orbe

He aquí el Epitafio que grabaron sobre el sepulcro de Platón:

Esta tierra cubre el cuerpo de Platón. El cielo contiene su alma. Hombre, seas quien fueres, respeta sus virtudes si eres honrado.

Cuando Epaminondas, después de haber ganado la batalla de Leutres, se hallaba entre los jueces y le advirtieron que iban éstos a pronunciar su sentencia de muerte por haber conservado el mando del ejército tebano por un poco más de tiempo del que estaba fijado por la ley, se volvió a los que le rodeaban y dijo:

Ruego a mis compatriotas que graben sobre la lápida que ha de cubrir mi sepulcro esta inscripción: Perdió la vida por haber salvado la República.

Cuyo reproche avergonzó de tal manera a sus jueces que le absolvieron de su pretendido delito y le devolvieron el mando del ejército.

Simónides y Temístocles pusieron este Epitafio a un tal Timacreon de Atenas, el cual era atleta, poeta muy mordaz y satírico, en venganza de haberles denigrado en sus versos:

Pasé mi vida comiendo, bebiendo y diciendo mal de todo el mundo

El filósofo Aristipo dispuso que sobre su lápida sepulcral se grabara un libro, un compás y unas flores con esta inscripción:

Aquí yace quien os aguarda.

Epitafios romanos[editar]

Los términos sta viator, párate viajero, abi viator, pasajero alójate, etc. que se encuentran en un gran número de Epitafios, hacen alusión a la costumbre que tenían los romanos de enterrar los muertos junto a los caminos, algunos de los cuales tomaron el nombre de ciertas familias cuyos sepulcros estaban en la inmediación de las vías públicas. Se asegura que estando Virgilio muriendo dictó él mismo su Epitafio, el cual en dos versos contiene el lugar de su nacimiento, de su muerte, de su sepultura y la enumeración de sus obras:

Mantua me genuit, Calabri rapuere, tenet nunc
Parthenope. Cecini, pasqua, rura, duces.

Marco Tulio Cicerón puso sobre el sepulcro de su querida hija Tulia esta lacónica inscripción cuyo significado es "Tulia (en diminutivo cariñoso), hijita":

Tulliola, filiola.

El más bello elogio que creían poder hacer los romanos a una mujer era poner sobre su losa sepulcral el siguiente Epitafio:

Conjugi univira
A la mujer que no ha tenido más que un esposo, es decir, que no ha pasado a segundas nupcias

En los Epitafios romanos se solía leer la fórmula:

Sit tibi terra levis
Séate la tierra ligera, que se expresaba con las solas iniciales: S. T. T. L., las cuales han sido sustituidas por el cristianismo con las: R. I. P. Requiescat in pace: Que descanse en paz.

Epitafios modernos[editar]

Sobre el sepulcro de Cristóbal Colón, que se halla en la Catedral de la Habana, se lee la inscripción siguiente:

A Castilla y a León
Nuevo mundo dio Colón.


Estoy dispuesto a encontrarme con mi Creador.
Si mi Creador está preparado para la gran prueba de reunirse conmigo, es otra cuestión.

--Winston Churchill


Os dije que estaba enfermo.

--Spike Milligan


Si alguien va a mi funeral con una cara larga, nunca le hablaré de nuevo.

--Stan Laurel


Perdonad que no me levante.

--Groucho Marx popularmente se creía que estaba en su tumba,pero es falso.[1]

Recuerdame cuando pases a mi lado,
Como tú eres ahora, fui yo una vez,
Como yo soy ahora, serás tú,
Prepárate para la muerte y sígueme.

--Con algunas variaciones, un epitafio común en países de idioma inglés (Remember me as you pass by/ As you are now, so once was I/ As I am now, you will be /Prepare for death and follow me)

Así como el Epitafio era una recompensa militar que los griegos y a su imitación los romanos concedieron a aquellos que se sacrificaron defendiendo su patria o sus leyes; entre nosotros regularmente el nacimiento, la clase, la fortuna y la vanidad es lo que los erige.[1]

Referencias[editar]

  1. a b El Trivio y el cuadrivio, Joaquín Bastús, 1868
  2. a b Diccionario general de teología, 1846, Abate Bergier

Enlaces externos[editar]