Instrucción de príncipes

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El espejo o instrucción de príncipes o caballeros (a veces incluso alcaldes y corregidores) es un subgénero literario entre los espejos o manuales didácticos cuyo fin era enseñar a quienes iban a ser reyes, nobles o gobernantes a administrar bien su reino o estados.

Historia[editar]

Es un género muy antiguo y se cultivó en las culturas egipcia, china, hindú, musulmana y cristiana. Estos manuales constituyen a la vez una teoría de la administración pública y un manual práctico de ejecución. Tocan a distintas disciplinas: pedagogía, religión, ética, historia, política, economía, administración. La Ciropedia del griego Jenofonte ya constituye un tratado en ese sentido; Cicerón escribió muchos tratados centrados en la formación del orador como hombre público perfecto, de los que se sirvió tiempo después Marco Fabio Quintiliano. Ya en la Edad Media Egidio da Colonna redactó su De regimine principum, traducido por Juan García de Castrojeriz al español en 1494 y, ya en el Renacimiento, tal vez el más famoso sea El príncipe, de Nicolás Maquiavelo, pero también Erasmo con su Enchiridion y Baltasar de Castiglione con su El cortesano, traducido por Juan Boscán al español.

España[editar]

En España escribió su Lámpara de príncipes Randaqah al Turtushí (1059-1131). Se sospecha que el motivo central de composición del Libro de Alexandre en el primer tercio del siglo XIII fuera el de elaborar un modelo de conducta para Fernando III el Santo o su hijo Alfonso X el Sabio y varias obras de esta intención escribió su pariente don Juan Manuel (Libro de las tres razones, Libro infinido, Libro del caballero y del escudero); a similar cometido responden otras obras suyas, entre ellas la más famosa, la colección de apólogos El conde Lucanor. El anónimo Castigos e documentos del rey don Sancho obedece a idénticas premisas. Otras obras de este género son el Libro de los doce sabios, Borinum, Flores de Filosofía y Poridad de poridades. El Rimado de palacio de Pedro López de Ayala y los Proverbios morales de Sem Tob tienen mucho de espejo de príncipes, así como Imbuido de alegoría y sentido enciclopédico está la Visión deleitable del Bachiller Alonso de la Torre. En verso escribió en 1478 Gómez Manrique su Regimiento de príncipes. Consejo y consejeros del príncipe de Pedro Gómez Barroso. Fray Antonio de Guevara se hizo famoso en toda la Europa del XVI por su Relox de príncipes. En 1584 aparece el Tratado del consejo y de los consejeros de los príncipes de Bartolomé Felipe. Otors escribieron en ese siglo Alonso de Castrillo, Felipe de la Torre, Sebastián Fox Morcillo, Juan Ginés de Sepúlveda, Micer Juan Costa, Pedro de Rivadeneyra y Jerónimo Castillo de Bobadilla.

En el siglo XVII el género fue muy fecundo; baste mencionar a Juan Orozco y Covarrubias, a Lorenzo Ramírez de Prado, a Juan Pablo Mártir Rizo, a Pedro Fernández de Navarrete, a Nieremberg, a Claudio Clemente, a Pedro González de Salcedo, a Diego Saavedra Fajardo, que adoptó para su exposición el género del emblema, a Pedro Maldonado y a Alonso Núñez de Castro, entre otros. Resulta un caso curioso el Norte de príncipes, virreyes, presidentes y gobernadores, y advertencias políticas sobre lo público y lo particular de una monarquía, importantísimas a los tales, fundadas en materia y razón de estado y de gobierno del secretario Antonio Pérez, elaborado para uso exclusivo y reservado del Duque de Lerma.

Véase también[editar]