Escuela monástica

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Escuelas monásticas (en latín: Scholae monasticae) fueron las más importantes instituciones educativas de la cristiandad latina en los siglos oscuros (la antigüedad tardía, siglos IV al VIII); importancia que mantuvieron en el resto del periodo altomedieval, desde el Renacimiento carolingio (cuando funcionó la escuela palatina de Aquisgrán y otras escuelas carolingias)[1] hasta el renacimiento del siglo XII (cuando, sobre las escuelas catedralicias comenzaron a crearse los studia generalia, más tarde conocidas como universidades).[2]

Desde el programa educativo de Casiodoro, el currículum de estas escuelas incorporaba las disciplinas agrupadas en el trivium y el quadrivium, orientadas hacia los estudios religiosos.[3]

Reglas monásticas[editar]

Desde la regla monástica de Pacomio (siglo IV) y las reglas del siglo VII (la Regula Magistri -Regla del Maestro-[4] y la Regla de San Benito o benedictina), a monjes y monjas se les requería una parte más o menos importante de estudio en su actividad, especialmente en la forma de lectura y escritura, especialmente la copia de los escasos manuscritos de todo tipo de materias (tanto religiosas como seculares) que se custodiaban en los scriptorium.[2] [5] Desde el siglo V muchos abades se impusieron la responsabilidad de educar a los jóvenes que entraban en su monasterio. Las primeras de estas escuelas monásticas tenían más de ascéticas y espirituales que de teológicas o escriturísticas; pero precisamente eran esas las cualidades que llevaron a los monjes educados en la escuela monástica de Lerins[6] a ser nombrados obispos.[7]

Casiodoro[editar]

Casiodoro, tras abandonar la vida política (537) se retiró a un monasterio que fundó en sus tierras de Vivarium (Italia meridional), diseñado como un lugar de estudio y proporcionando una guía para ello en sus Institutiones divinarum et saecularium litterarum, donde incluye textos tanto religiosos como de artes liberales. Concebía este programa de estudio como un sustituto de la escuela cristiana que había deseado establecer en Roma junto al papa Agapito I.[8] Complementó las lecturas que estableció en Institutiones con las reglas que diseñó en De orthographia.[9]

Visigodos[editar]

En el reino visigodo de Toledo del siglo VII se establecieron centros de enseñanza en los principales monasterios y sedes episcopales. Los estudiantes del monasterio de los santos Cosme y Damián en Agalí (extramuros de Toledo)[10] aprendían materias científicas, medicina y rudimentos de astronomía.[11]

Irlandeses e ingleses[editar]

La evangelización de Irlanda e Inglaterra dotó a ambas islas de un conjunto de monasterios caracterizados por su producción literaria (Iona, Kells, Canterbury, Lindisfarne, Whitby) de los que partieron a su vez evangelizadores del continente europeo.

Beda el Venerable y otras fuentes (Vida de Gregorio de la abadía de Whitby -705-) recogen la leyenda según la cual el Gregorio Magno decidió la evangelización de Inglaterra al preguntar el origen de unos esclavos en el mercado de Roma, y al respondérsele que eran anglos, entendió que eran "ángeles".[12] [13] [14] En 595 encargó a sus nuncios del sur de la Galia que compraran esclavos anglosajones con el propósito de enviarlos de vuelta a su isla tras ser adecuadamente instruidos en monasterios;[15] [16] aunque los cambios políticos de los reinos británicos permitieron al poco tiempo una presencia abierta de misioneros a mayor escala.

Siglos IX y X[editar]

En las escuelas monásticas de los siglos IX y X, figuras como Alcuino, Rábano Mauro, Erico de Auxerre y Notker Balbulus elevaron el prestigio de sus abadías y atrajeron alumnos de lugares lejanos que deseaban asistir a sus lecciones.[2]

Resistencia del monacato a los studia[editar]

Aunque algunas escuelas monásticas contribuyeron al surgimiento de los studia generalia y las universidades medievales, este proceso no quedó sin respuesta por parte de los monasterios. Algunas figuras monásticas como Bernardo de Claraval consideraban la búsqueda de conocimiento a través de las técnicas escolásticas como un desafío al ideal monástico de simplicidad.[17] Mientras en los monasterios se renovaba la vida ascética, la vida universitaria bajomedieval se convirtió gradualmente en el ámbito natural de la especulación intelectual, cuyo centro pasaron a ser, en perjuicio de aquéllos.[2]

Notas[editar]

  1. Catholic Encyclopedia, fuente citada en en:Carolingian Schools
  2. a b c d Kottje, op. cit.
  3. Riché, op. cit. pgs. 126-7, 282-98
  4. *Knowles, David (1964). Great historical enterprises. Problems in monastic history. London; New York: Nelson. 
    • Corbett, Philip B. (1958). The Latin of the Regula Magistri : with particular reference to its colloquial aspects / a guide to the establishment of the text. Louvain: Universite catholique. 
    • Eberle, Luke (1977). The rule of the Master = Regula magistri (an english translation). Kalamazoo, Mich.: Cistercian Publications. 
    Fuentes citadas en en:Rule of the Master.
  5. Riché, op. cit., pgs. 112-20
  6. *Abbaye de Lérins website Fuentes citadas en en:Lérins Abbey.
  7. Riché, op. cit., pgs. 100-5
  8. Riché, op. cit., pgs. 132-4
  9. Riché, op. cit., pgs. 158-69
  10. *MONASTERIOS FUNDADOS EN ÉPOCA VISIGODA
    • Continuidad y discontinuidad en el mundo "mozárabe", los monasterios de los santos Cosme y Damián de Agalí (Toledo) / Abellar (León)
    • "Año 554 ... Atanagildo funda el Mº de San Cosme y San Damián, o Mº de Agalí (junto al Tajo y muy cerca de Toledo), muchos de cuyos abades serán luego metropolitanos de Toledo (desaparecido a finales del s. VIII)" Cronología histórica.
    • "...situado in suburbio Toletano" ..."Las actas del concilio Toledano XI —que fue provincial de la Cartaginense— ofrecen la particularidad de que 5 de los abades firmantes dejaron constancia del título de sus respectivos cenobios. Y estos 5 monasterios —S. Miguel, Sta. Leocadia, Stos. Cosme y Damián (Agalí), Sta. Cruz y Sta. Eulalia— estaban todos emplazados en la ciudad de Toledo o en sus alrededores"»). Este grupo de abades toledanos fueron, durante el nuevo período conciliar, asistentes habituales a los concilios que se celebraban en la Urbe regia" (José Orlaríais, ABADES Y CONCILIOS EN LA HISPANIA VISIGÓTICA, en Los visigodos. Historia y civilización, ANTIGÜEDAD Y CRISTIANISMO (Murcia) HI, 1986).
    • Alguna fuente diferencia el monasterio de San Cosme y Damián del de Agalí o Agaliense: "El monasterio más importante es el denominado de Agali, Agalí o Agaliense. Además de éste, las fuentes literarias nos hablan de los monasterios de San Miguel, Santa Eulalia, el denominado Deibiense y el de los santos Cosme y Damián. (...) Monasterio de los Santos Cosme y Damián: Se sabe de éste que su abad, llamado Gratinido, firmó las actas del Concilio XII de Toledo. Pero en el relato de Cixila, la “Vita Ildephonsi”, al hablar de la actividad de San Ildefonso como abad del monasterio agaliense se hace constar que éste tenía la advocación de los santos galenos. Por ello los autores han mantenido la identificación de ambos monasterios como uno solo, situado “in suburbio Toletano”, sin más precisiones. Vega ha señalado que se trata de dos monasterios diferentes, al ejercer San Ildefonso el diaconado en el de los santos Cosme y Damián y ser abad del de Agali. Puertas Tricas supone que se trata del mismo monasterio, el agaliense, cuya iglesia estaría dedicada a estos santos, por lo que se explica así esta creencia de que se trate de dos monasterios diferentes. El monasterio Agaliense: Su situación “in suburbio Toletano” dada por las diversas fuentes que de este monasterio tratan no se halla aún resuelta. Si bien es indudable su proximidad a la ciudad de Toledo, todavía su ubicación es controvertida. Ya desde antiguo se han propuesto diversos puntos de la zona septentrional de Toledo como solar del monasterio de Agali. Uno de ellos, situado en la Dehesa de Carrasco-Valparaíso, ha sido indicado por Moraleda y Esteban a causa de su toponimia, ligando el nombre de Agali a un fenómeno botánico: el de la formación de las “agallas” en las encinas, debido a la picadura de un insecto (Cinips galliae tintoriae) en las hojas de estos árboles, a consecuencia de la cual se forma una excrecencia, la agalla (contracción latina de “afero” -llevar- y otra palabra, “gallia”, que significa lugar productor de agalla tintórea). Y así, de esta característica natural de un terreno se derivaría -siempre según este autor- el término de agaliense dado al cenobio. Otros orígenes para el término de agaliense han sido dados por diferentes autores; así, en el siglo XVII, Salazar de Mendoza dice: “llamado Agaliense por una caseria le caya cerca, llamada Agalula. El qual distava menos que ciento y cincuenta passos de la iglesia de San Pedro y San Pablo de Palacio, entre poniente y septentrión”; mientras tanto Guillermo Téllez sostiene que su nombre, como el de “galiana” pudiera indicar el camino de las Galias. El monasterio fue fundado en la segunda mitad del siglo VI, parece ser que con una influencia oriental, según anota García Moreno, y en el siglo VII dio cuatro prelados a la Catedral Primada: Eladio, Justo, Eugenio I y el más conocido de todos, San Ildefonso, quien siguió siendo el abad de este monasterio mientras se hallaba al frente de la sede metropolitana. En este cenobio se desarrolló una intensa actividad cultural, pues contaba con una excepcional biblioteca y allí se dieron cita las principales mentes de la iglesia visigoda, sobre todo, una vez unificada. La fama y el prestigio del monasterio hizo que fuese muy visitado y considerado, especialmente en la época de San Ildefonso y sus sucesores." (Toledo visigodo)
  11. Riché, op. cit., pgs. 296-7
  12. Bede History of the English Church and People pp. 99–100
  13. Mayr-Harting The Coming of Christianity pp. 57–59
  14. Fletcher Barbarian Conversion p. 112
  15. Markus "Chronology of the Gregorian Mission" Journal of Ecclesiastical History pp. 29–30
  16. Fletcher Barbarian Conversion pp. 113–114
  17. Leclercq, Jean (1982) [1961], The Love of Learning and the Desire for God: A Study of Monastic Culture (Third edición), New York: Fordham University Press, pp. 198–207, ISBN 0-8232-0407-3 

Bibliografía[editar]

  • Kottje, R. (1999), «Klosterschulen», Lexikon des Mittelalters, 5, Stuttgart: J.B. Metzler 
  • Riché, Pierre (1978) [1976], Education and Culture in the Barbarian West: From the Sixth through the Eighth Century, Columbia, SC: University of South Carolina Press, ISBN 0-87249-376-8 
  • Ferzoco, George; Muessig, Carolyn, eds. (2000), Medieval Monastic Education, New York: Leicester University Press, ISBN 0-7185-0246-9