De officiis

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El De officiis de Marco Tulio Cicerón. Tapa de una edición impresa Christopher Froschouer del 1560.

El De officiis (Sobre los deberes, o De oficios) es una obra filosófica de Cicerón que trata de los deberes a los cuales cada hombre debe atenerse en cuanto miembro del Estado. Fue compuesto en los últimos meses del año 44 a. C., en menos de cuatro semanas en Roma, Pozzuoli y Arpino, fue su última obra.

Está estructurada como un tratado de ética práctica, estrictamente ligada a la acción político-social, y tiene un tono preceptístico desconocido en otras obras filosóficas ciceronianas, concebidas en forma de diálogo y con un tono más relativista. Por esto fue leído por mucho estudiosos como el intento de delinear una verdadera y propia moral para la clase dirigente romana, para tratar de impedir que el poder se concentre en una sola persona.

Orígenes[editar]

En el 44 a. C. Cicerón estaba todavía políticamente activo, comprometido en el intento de contrarrestar a Antonio con las famosos Filípicas para imperdir que las tensiones revolucionarias se apoderasen de la república romana. A pesar de sus esfuerzos, el sistema republicano estaba destinado a caer, y así a acabar con las esperanzas que habían renacido después del asesinato de Julio César.

El tratado está dedicado y dirigido al hijo Marco que en aquel tiempo estudiaba filosofía en Atenas. Es igualmente probable que Cicerón tuviese en mente dirigirse a un público más numeroso.

De officiis fue definido como un esfuerzo de definir los ideales de la moral pública. Su autor, en muchos pasajes, se muestra crítico hacia el dictador apenas salido de escena, Julio César, y hacia su dictadura.

La obra, inspirada a un análogo trabajo del estoico Panecio (siglo II a. C.), está dividida en tres libros: el primero trata del concepto de honestum (bien moral) en relación al cual se estableces los deberes, es decir los comportamientos moralmente válidos y que se desarrolla en cuatro virtudes fundamentales (sabiduría, justicia, templanza, magnimidad); el segundo trata sobre lo útil, donde los deberes establecidos en base a este criterio son los mismos del libro precedente; finalmente el tercer y último libro trata del conflicto entre útil y honesto. Cicerón replantea las concepciones filosóficas helenísticas para ofrecerlas como punto de referencia para una clase dirigente romana que sepa contrarrestar la caída de la república. La obra está ilustrada con numerosos ejemplos sacados de la vida diaria, de la mitología, de la literatura y de la historia griega y romana.

Contenidos[editar]

Cicerón está profundamente influenciado por la filosofía griega y, en particular, por el estoicismo medio, inaugurado en Roma por Panecio de Rodas, que había integrado el pensamiento estoico de los origínes con la recuperación de Sócrates y Platón, en un horizonte más ecleptico y mundano. Las virtudes del estoicismo en Cicerón son definidas en las cuatro partes de la honestidad, que son la justicia, la sabiduría, la fortaleza y la templanza.

La virtud del conocimiento está puesto en segundo plano respecto a la acción, en la cual se manifiesta en cambio plenamente la virtud. Esta postura viene dictada por la situación en la que Cicerón se encuentra escribiendo, que ve el progresivo abandono de la política por las clases medias que, en su opinión, son responsables de velar por la república.

La justicia es virtud fundamental. Su interrupción puede ocurrir de forma activa, por codicia por el dinero o el ansia de poder, pero también por omisión, es decir descuidando el propio deber hacia la sociedad. El proyecto político de Cicerón se basa en la armonía entre los boni, es decir la clase media, que debe ser capaz de sacrificar el propio interés inmediato, incluso su propia gloria en el nombre del país. A ellos por lo tanto no les debe faltar la templanza, pero debe cumplir con lo que es conveniente, es decir con el decoro.

Lo útil no puede coincidir con lo honesto y debe siempre subordinarse a ello. Lo útil que persigue en cambio interés particulares es fruto de malicia.

Herencia[editar]

La herencia de la obra es enorme. A pesar que no es una obra cristiana, San Ambrosio, en el 390, declaró legítimo el uso para los cristianos, así como cualquier otra obra de Cicerón o del filósofo Séneca, popular en igual medida. Durante el Medioevo el ensayo asumió autoridad moral: muchos de los padres de la Iglesia, tanto Agustín de Hipona, como Jerónimo de Estridón, y todavía más Tomás de Aquino, se familiarizaron con este escrito.

A mostrar la importancia hay multitud de copias de amanuenses, sobrevivientes en las librerías de todo el mundo, datadas de antes de la invención de la impresión. Solo el gramático latino Prisciano está mejor atestiguado, con casi 900 copias de amunuenses todavía existentes. Después de la invención de la impresión, el De officiis fue el segundo libro que se imprimió, precedido solo por la Biblia de Gutenberg

Véase también[editar]

Recursos y profundizaciones[editar]

  • Por qué el De officiis de Cicerón (en Inglés) de Ben R. Schneider, Jr. Profesor emérito de inglés en la Lawrence University
  • Marcus Tullius Cicero et al., Cicero: On Duties (Cambridge Texts in the History of Political Thought), Cambridge University Press, 21 de febrero de 1991
  • Nelson, N. E., Cicero's De officiis in Christian Thought, University of Michigan Studies in Language and Literature, 10, (1933)

Enlaces externos[editar]

  • Guglielmo Ferrero: Grandeza y decadencia de Roma (Grandezza e decadenza di Roma, 1901-1907), en 6 volúmenes; texto español en el sitio de la Biblioteca Tercer Milenio.
    • Vol. III, 8: El "De officiis".