Felipe IV de España

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Felipe IV de España
Rey de España, Portugal, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, Duque de Milán, Soberano de los Países Bajos y conde de Borgoña
Philip IV of Spain.jpg
Retrato de Felipe IV, por Diego Velázquez. National Gallery de Londres
Rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña
y Duque de Milán
31 de marzo de 1621 - 17 de septiembre de 1665
Predecesor Felipe III
Sucesor Carlos II
Rey de Portugal
31 de marzo de 1621 - 1 de diciembre de 1640
Predecesor Felipe II
Sucesor Juan IV
Soberano de los Países Bajos y conde de Borgoña[1]
13 de julio de 1621 - 17 de septiembre de 1665
Predecesor Isabel Clara Eugenia
Sucesor Carlos III
Información personal
Consorte
Descendencia véase Familia
Casa real Casa de Austria
Padre Felipe III
Madre Margarita de Austria
Nacimiento 8 de abril de 1605
Valladolid, España Flag of Cross of Burgundy.svg
Fallecimiento 17 de septiembre de 1665
(60 años)
Madrid, España Flag of Cross of Burgundy.svg
Entierro Cripta Real del Monasterio de El Escorial
Firma Firma de Felipe IV de España
Escudo de Armas de Felipe II a Carlos II.svg
Escudo de Felipe IV de España

Felipe IV de Austria o Habsburgo, llamado «el Grande» o «el Rey Planeta» (Valladolid, 8 de abril de 1605Madrid, 17 de septiembre de 1665), fue rey de España[2] desde el 31 de marzo de 1621 hasta su muerte, y de Portugal desde la misma fecha hasta diciembre de 1640. Su reinado de 44 años y 170 días fue el más largo de la casa de Austria y el tercero de la historia española, siendo superado sólo por Felipe V y Alfonso XIII, aunque los primeros dieciséis años del reinado de este último fueron bajo regencia.

Durante la primera etapa de su reinado compartió la responsabilidad de los asuntos de Estado con don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares, quien realizó una enérgica política exterior que buscaba mantener la hegemonía española en Europa. Tras la caída de Olivares, se encargó personalmente de los asuntos de gobierno, ayudado por cortesanos muy influyentes, como Luis Méndez de Haro, sobrino de Olivares, y el duque de Medina de las Torres.

Los exitosos primeros años de su reinado auguraron la restauración de la preeminencia universal de los Habsburgo, pero la guerra constante de la Europa protestante y la católica Francia contra España condujeron al declive y ruina de la Monarquía Hispánica, que hubo de ceder la hegemonía en Europa a la pujante Francia de Luis XIV, así como reconocer la independencia de Portugal y las Provincias Unidas.

Primeros años[editar]

Felipe Domingo Víctor de la Cruz nació el 8 de abril de 1605 en el Palacio Real de Valladolid. Fue el tercero de los ocho hijos, y primer varón, del matrimonio habido entre Felipe III de España y su prima segunda (sus abuelos Felipe II de España y Carlos II de Estiria eran primos) la archiduquesa Margarita de Austria. A las siete semanas de nacer fue llevado a la pila bautismal de la iglesia conventual de San Pablo de Valladolid en brazos del ambicioso valido de Felipe III, el Duque de Lerma.

Reinado[editar]

Etapa del Conde-duque de Olivares (1621-43)[editar]

Cuando se aproximaba el fin del reinado de Felipe III, las intrigas palaciegas se disputaban la confianza del futuro rey, el Príncipe de Asturias que llegaría a ser Felipe IV. El valido del rey, el Duque de Lerma, luchaba por obtener el favor del monarca con el apoyo de su yerno, el Conde de Lemos y de su primo, Fernando de Borja, gentil hombre de la cámara del príncipe, frente a sus dos hijos, el Duque de Uceda y el Conde de Saldaña. Olivares, que durante tanto tiempo había sido un personaje aislado en aquella casa, se había convertido en un estrecho aliado de los hijos contra su padre.

También aprovechó el Conde-duque la posición de su tío Baltasar de Zúñiga en el Consejo de Estado (que él mismo había propiciado) para mover los hilos de palacio.

Tras la muerte del rey en 1621 debido a unas fiebres que contrajo en 1619 al regreso de un viaje a Portugal, donde su hijo había sido jurado como heredero de la corona portuguesa, el nuevo rey Felipe IV escogió al Conde-duque de Olivares como valido.

Política interior[editar]

Felipe IV (c. 1627-1628), cuadro de Gaspar de Crayer, expuesto en el Museo Metropolitano de Arte (Nueva York).

Durante su etapa como valido, el Conde-duque realizó una serie de reformas para poder mantener la hegemonía en Europa. Estos cambios se concretaron en cuatro aspectos: reformar la vida pública, fomentar la economía, mejorar la hacienda e impulsar la formación de un ejército común.

El valido intentó imponer las leyes y costumbres castellanas en su propósito de unir la Monarquía hispánica en una comunidad nacional, con una fiscalidad, Administración y Derecho comunes. Pero no alcanzó su propósito debido a la oposición de la nobleza a las nuevas propuestas del valido.

Moral pública[editar]

Para ello luchó contra la corrupción del reinado anterior. Ordenó encerrar al duque de Uceda y al duque de Osuna, confiscó los bienes del duque de Lerma y sometió a Rodrigo Calderón a un juicio en el cual se decretó su ejecución.

Mediante un decreto obligó a hacer un inventario de la fortuna de aquellas personas que desempeñasen cargos públicos y de relevancia. Para controlar este decreto formó la Junta de Reformación, que más tarde se encargaría de velar por la vida pública de los ciudadanos.

Uno de los aspectos que se aplicó con mayor trascendencia fue el aumento de la demografía española; para ello el Conde-duque prohibió la emigración y favoreció la inmigración y las familias numerosas.

Para favorecer la educación de los españoles, mandó construir el Colegio Real de Madrid en 1629 y otras instituciones, dirigidas principalmente por jesuitas.

Dentro de esta dinámica de reforma de la moral, dos pragmáticas tomadas por Felipe IV en el siglo XVII, en un ambiente de "reformación de las costumbres", pretendieron de repente abolir la prostitución en todos los territorios de la monarquía.

Reforma hacendística[editar]

Se recurrió a la introducción de nuevos impuestos a la Corona, repartidos de manera más equitativa. Los reinos periféricos pusieron resistencia a estos nuevos impuestos, muchas veces con motines. La nobleza no aceptó un impuesto sobre las elevadas rentas del reino ni la tasa sobre productos de lujo, y bloqueó continuamente estas medidas.

Esta reforma fracasó en un momento en que los gastos aumentaron. Por ello el Conde-duque tuvo que buscar dinero en: la emisión de juros, préstamos a banqueros judíos portugueses, nuevas contribuciones votadas en Cortes y la declaración de bancarrota (en realidad, suspensión de pagos) en momentos de extrema necesidad.

El Conde-duque intentó crear un banco nacional con el fin de facilitar el comercio y contribuir a los gastos de la Monarquía. Para formar un capital solicitó una contribución especial sobre los patrimonios superiores a 2000 ducados de renta, pero la nobleza volvió a oponerse, lo cual causó su fracaso.

La monarquía española de Felipe IV se vio envuelta en una recesión económica que afectó toda Europa, y que en España se notó más por la necesidad de mantener una costosa política exterior. Esto llevó a la subida de los impuestos, al secuestro de remesas de metales preciosos procedentes de las Indias, a la venta de juros y cargos públicos, a la manipulación monetaria, etc. Todo con tal de generar nuevos recursos que pudiesen paliar la crisis económica.[3]

Unión de Armas[editar]

Olivares decidió forzar la unidad de los reinos peninsulares. Con este fin formuló en 1626 el proyecto de la Unión de Armas. A cada territorio de la Corona se le exigió que colaborase con una cantidad de soldados proporcional a su población. Pero las Cortes de Cataluña se negaron. Olivares suspendió las Cortes, comenzando así un conflicto con el Principado.

Política exterior[editar]

Durante esta etapa la política se centró en el mantenimiento de la reputación de la Monarquía en Europa. Encontramos una época de conflictos en Europa en la que España se verá influenciada.

Guerra de los Treinta Años (1618-48)[editar]
Países Bajos[editar]

Los Países Bajos volvieron a la Corona española por la falta de descendencia de Isabel Clara Eugenia. Finalizada la Tregua de los Doce Años con las Provincias Unidas en 1621, empezaron las hostilidades. Comenzaron así operaciones de bloqueo y contra los intereses holandeses en los puertos europeos. En tierra, la guerra se concretó en grandes asedios a ciudades, como en Breda, plaza tomada por Ambrosio de Spínola en 1625.

La respuesta de los holandeses se concentró en el mar. Tomaron Recife de Pernambuco, en la costa del Brasil portugués. En 1628 el corsario Piet Heyn se apoderó de la flota de Indias.

El cardenal-infante don Fernando, hermano del rey, tras vencer en los campos alemanes de Nördlingen (1634) a protestantes y suecos, invadió en 1635 el territorio holandés, en un esfuerzo por acabar con la guerra. La iniciativa quedó paralizada por el inicio de la guerra contra Francia. Más tarde, con la batalla naval de las Dunas en 1639, se perdió la posibilidad de enviar refuerzos a Flandes y la situación de la monarquía en los Países Bajos se hizo insostenible.

Inglaterra[editar]

La ascensión al trono inglés de Carlos I provocó la reanudación de hostilidades entre España e Inglaterra. En 1625 una flota inglesa llevó a cabo un ataque fallido contra Cádiz. Pero ese fracaso simbolizó la obtención, por parte de Holanda, de un nuevo aliado contra la Monarquía y el impedimento de establecer relaciones marítimas con Europa por el mar Cantábrico. La rivalidad comercial entre ambos países en las Indias occidentales condujo en 1655 a la guerra anglo-española contra la Commonwealth inglesa durante el Protectorado de Oliver Cromwell.

Francia[editar]

Nerviosa por la presencia de territorios de los Habsburgo en la mayor parte de las fronteras, inició una política de enfrentamientos contra la monarquía hispánica tras la llegada al poder del cardenal Richelieu, primer ministro de Luis XIII de Francia. En 1635 las victorias de los ejércitos imperiales en la Guerra de los Treinta Años la decidieron a intervenir del bando de los protestantes. Se declaró la guerra a España.

Con la ayuda de las tropas imperiales, los españoles vencieron a los franceses en la batalla de Corbie en 1635. Al año siguiente, el cardenal-infante don Fernando, hermano de Felipe IV, estuvo a las puertas de París en 1636, pero se retiró por escasez de recursos. La reacción francesa fue rotunda y consiguieron amenazar el norte de Italia, cortar la vía de comunicación entre Italia y Flandes y enviar sobre los Pirineos a sus ejércitos. En 1639 se perdió la fortaleza de Salses en el Rosellón.

La crisis de 1640[editar]

Castilla, el único reino que había colaborado con los gastos de las empresas de la Monarquía, mostraba señales de agotamiento. Por ello, el valido exigió a los demás reinos una contribución equivalente y se dispuso a paliar las trabas institucionales que pudieran existir. Durante esta última etapa se producen las diferencias con Cataluña, Portugal y Andalucía.

Cataluña[editar]
Felipe IV de castaño y plata por Velázquez (National Galery, Londres).

El conflicto comenzó con la negación de Cataluña a colaborar en la Unión de Armas que el conde-duque propuso en 1626. La guerra contra Francia dificultó aún más el entendimiento de la Generalidad de Cataluña y el Consejo de Ciento con el Estado.

Las tropas castellanas e italianas que habían entrado en Cataluña para combatir con los franceses en el Rosellón, causaron grandes desmanes en el medio rural, al actuar como un ejército de ocupación. Hubo graves incidentes en varias ciudades catalanas hasta que el 7 de junio de 1640, día del Corpus, entraron en Barcelona un grupo de unos 400 o 500 segadores, trabajadores eventuales que acudían de todos los puntos del principado, los cuales se amotinaron y provocaron graves disturbios que finalizaron con la muerte de trece personas, entre ellos el propio Virrey Conde de Santa Coloma en lo que se ha venido en llamar el Corpus de Sangre. La actitud de la Generalidad y de su Presidente Pau Claris fue en aquellos momentos conciliadora, pues temían que la revuelta popular se les escapara de las manos, así como de la represión que la monarquía podría instaurar. Finalmente, el día 11 de junio fue posible sacar a los amotinados fuera de la ciudad.

Las tensiones entre las autoridades catalanas y la monarquía española continuaron hasta que en el mes de septiembre, la Generalidad oficializó su ruptura con la monarquía de Felipe IV e inmediatamente se iniciaron los contactos con el enviado del rey de Francia, Du Plessis Besançon. En enero, Pau Claris efectuó la proclamación de la República catalana y días después, ante la amenaza que suponían las tropas castellanas que ya penetraban por el sur de Cataluña, se materializó la entrega del Principado de Cataluña al rey Luis XIII de Francia. El 26 de enero de 1641, el marqués de los Vélez fue derrotado por los catalanes en la batalla de Montjuïc. El conflicto se anunciaba largo y de difícil resolución.

Aragón[editar]

Debido a la política del Conde Duque de Olivares en la Corona de Aragón, además del conflicto en Cataluña, hay que añadirle un problema en el Reino de Aragón, que no tuvo la misma transcendencia pero fue importante a su vez. Por los altos impuestos establecidos en los territorios de Aragón, la mayoría de la nobleza aragonesa pretendió desvincularse del Reino de Castilla, proclamando rey al Duque de Híjar. Pero las tropas castellanas sofocaron la revuelta y dado que no tuvo demasiada transcendencia, al Duque de Híjar no se le condenó a la muerte, sino a permanecer recluido en sus feudos sin poder participar en las Cortes Aragonesas.

Portugal[editar]

El regreso de las hostilidades con las Provincias Unidas repercutió sobre las colonias portuguesas en Asia y Brasil. En diciembre de 1640 una conspiración, encabezada por la nobleza, proclamó rey de Portugal al duque de Braganza con el nombre de Juan IV de Portugal quién firmó la paz con los holandeses (pero no sin antes expulsarlos de Angola y de Brasil, en 1656) y obtuvo el apoyo de ingleses y franceses. Se inicia entonces la conocida como Guerra de Restauración portuguesa obligando el conde-duque a combatir en muchos frentes. De hecho, para este conflicto apenas pudo reunir un ejército que fue derrotado en la Batalla de las Líneas de Elvas.

Andalucía[editar]

En 1641 el marqués de Ayamonte y el duque de Medina Sidonia desarrollaron una conspiración contra la Monarquía. El intento de rebelión se fundamentaba en el descontento de la nobleza y el pueblo y estaba apoyado por Portugal. Debido a que Andalucía no era un pueblo de tradición política independiente, la conspiración fue deshecha.

Caída de Olivares[editar]

Estatua de Felipe IV en la basílica romana de Santa María la Mayor.

El ataque contra los catalanes, en el que intervino el propio Felipe IV, fue detenido en Lérida. El Rey, a su regreso a Madrid ordenó, el 23 de enero de 1643, el destierro del conde-duque de Olivares. Sus propósitos de unión no funcionaron e incluso estuvo a punto de conseguir la ruptura de la Monarquía hispánica, que continuó como una confederación de reinos. Sin embargo, Felipe IV decidió conservar su título de "Rey de todas las Españas", aunque en este tiempo esta expresión incluía a Portugal. De esta forma quedó fijada la denominación y los límites geográficos de la actual España.

La autonomía de cada territorio se reafirmó, dentro del llamado neoforalismo y desde el respeto exquisito a los fueros.

Etapa de gobierno personal (1659-65)[editar]

Tras la caída de Olivares, el Rey pareció decidido a llevar personalmente las tareas de Estado, pero pronto tomó la decisión de nombrar, en 1659, como valido a Luis Méndez de Haro, sobrino de Olivares, con el título de primer ministro. Su objetivo fue el de acabar con los conflictos interiores y alcanzar la paz en Europa.

Política interior[editar]

Continuaron las sublevaciones de Cataluña y Portugal, a las que se sumó Aragón.

En Nápoles, en 1647, se produjo un levantamiento debido a la falta de alimentos, que se extendió por Sicilia, pero los amotinados fueron controlados por las autoridades locales.

En Cataluña, la guerra se prolongó hasta que en 1652, tras 15 meses de asedio, Felipe IV logró tomar Barcelona.

Ese mismo año por las ciudades andaluzas se produjeron pequeños levantamientos debido a la falta de pan, el descontento por la alteración de la moneda - moneda de vellón -, la presión fiscal y las levas.

Política exterior[editar]

Monumento a Felipe IV en la Plaza de Oriente, presidida por el Palacio Real.

Tras la caída de Olivares los tercios españoles fueron vencidos por los franceses en la Batalla de Rocroi en 1643. Por el Tratado de Westfalia, España reconocía la independencia de las Provincias Unidas y la conservación de Flandes.

La guerra de Francia continuó por la exigencia planteada sobre Flandes, el Franco Condado, y el Rosellón. Como en Francia se produjo una guerra civil y ya se había firmado la paz con Holanda, la balanza se igualó y los españoles vencieron a los franceses en Valenciennes en 1656.

Inglaterra y Francia pactaron en 1657 el reparto del Flandes español, así comenzaron unos fuertes ataques contra la Monarquía hispánica. La difícil situación económica en España y la derrota en la Batalla de Dunkerque ante el ejército anglo-francés llevó al monarca a firmar la Paz de los Pirineos en 1659. Se cedía el Rosellón, la mitad de la Cerdaña, el Artois y otras plazas en el sur de esos territorios. Se estipuló también el casamiento de la infanta María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, con Luis XIV de Francia, con una dote de 500 000 escudos. Así se impuso la hegemonía de Francia sobre España a los cien años del tratado de Cateau-Cambrésis.

Continuó la lucha contra los portugueses los cuales ganaron dirigidos por Alfonso VI de Portugal en 1665 en la Batalla de Villaviciosa, que puso fin a la esperanza de unión entre la Monarquía española y Portugal.

Muerte[editar]

A principios del mes de septiembre de 1665, el rey comenzó a sentirse mal, deponiendo heces sanguinolentas, lo que induce a pensar que cayó enfermo de disentería, de resultas de la cual falleció el 17 del mismo mes, no sin antes padecer notablemente a causa de la enfermedad. Fue enterrado en la Cripta Real del Monasterio de El Escorial, tal como él mismo había dispuesto en su testamento.[4]

Familia[editar]

Matrimonios e hijos[editar]

Primer matrimonio

Felipe IV contrajo matrimonio en 1615 con Isabel de Borbón (hija de Enrique IV de Francia) con quien había sido prometido a la edad de 6 años.[5] Fruto de este matrimonio, nacieron siete hijos (ver lista), de los cuales sólo dos llegaron a adultos.

Segundo matrimonio

Después de la muerte de Isabel en 1644, se ajustaron nuevas nupcias en 1647 con su sobrina Mariana de Austria[6] hija del matrimonio entre su hermana María Ana de España y el emperador Fernando III de Habsburgo. El enlace se celebró en 1649 en la localidad madrileña de Navalcarnero. De esta unión nacieron cinco hijos:

Hijos extramatrimoniales

  • Fernando Francisco Isidro de Austria (15 de mayo de 1626 - 12 de marzo de 1634), fruto de sus relaciones con Maria de Chirel. Falleció en la infancia, y fue póstumamente legitimado por el rey, siendo sepultado en El Escorial.
  • Alonso Henríquez de Santo Tomás (Vélez-Málaga, 9 de junio de 1631 - Málaga, 30 de julio de 1692), habido con Constanza de Ribera y Orozco, dama de honor de la reina Isabel de Borbón. Reconocido por el marido de su madre, rechaza el tardío reconocimiento ofrecido por el rey y entra en religión, siendo luego obispo de Málaga.
  • Alonso Antonio de San Martín (1636 - 1705), habido con Mariana Pérez de Cuevas. En religión desde 1650, llega a ser obispo de Oviedo y Cuenca.
  • Fernando Valdés (1638 - 1702), habido con Ana María de Uribeondo. Fue gobernador de Novara desde 1661.
  • Carlos Fernando de Austria (Madrid 1639 - Guadix (Granada) 1696), habido con la vizcaína Casilda Manrique de Luyando y Mendoza,[7] guarda mayor de las damas de la archiduquesa (posteriormente reina consorte) Mariana de Austria. Tras enviudar, se ordenó sacerdote, llegando a ser canónigo (1691 - 1696) de la Santa y Apostólica Iglesia Catedral de Guadix por designación de su medio hermano el rey Carlos II, a donde se trasladó con su hija Mariana.[8] Con descendencia hasta nuestros días. [9]
  • Juan Cossío (1640 - 1701), habido con Teresa (o Tomasa) Aldana. Fue monje agustino y predicador desde 1655.

Ancestros[editar]

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
16. Felipe I de Castilla
 
 
 
 
 
 
 
8. Carlos I de España
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
17. Juana I de Castilla
 
 
 
 
 
 
 
4. Felipe II de España
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
18. Manuel I de Portugal
 
 
 
 
 
 
 
9. Isabel de Portugal
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
19. María de Aragón
 
 
 
 
 
 
 
2. Felipe III de España
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
20. Fernando I de Habsburgo (=12)
 
 
 
 
 
 
 
10. Maximiliano I de Habsburgo
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
21. Ana de Bohemia y Hungría (=13)
 
 
 
 
 
 
 
5. Ana de Austria
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
22. Carlos I de España (=8)
 
 
 
 
 
 
 
11. María de Austria y Portugal
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
23. Isabel de Portugal (=9)
 
 
 
 
 
 
 
1. Felipe IV de España
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
24. Felipe I de Castilla (=16)
 
 
 
 
 
 
 
12. Fernando I de Habsburgo
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
25. Juana I de Castilla (=17)
 
 
 
 
 
 
 
6. Carlos II de Estiria
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
26. Ladislao de Bohemia
 
 
 
 
 
 
 
13. Ana de Bohemia y Hungría
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
27. Ana de Foix-Candale
 
 
 
 
 
 
 
3. Margarita de Austria-Estiria
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
28. Guillermo IV de Baviera
 
 
 
 
 
 
 
14. Alberto V Duque de Baviera
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
29. María de Baden-Sponheim
 
 
 
 
 
 
 
7. María Ana de Baviera
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
30. Fernando I de Habsburgo (=12)
 
 
 
 
 
 
 
15. Ana de Habsburgo-Jagellón
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
31. Ana de Bohemia y Hungría(=13)
 
 
 
 
 
 

El Siglo de Oro de la cultura española[editar]

Felipe IV fue hombre de gran cultura y mecenas de las artes; la suya fue la mayor colección de pintura que hubo en Europa en su tiempo.[10] Resulta muy significativa en este sentido una carta enviada en 1638 a Londres por el embajador inglés en Madrid en la que señalaba que los españoles «se han vuelto ahora más entendidos y más aficionados al arte de la pintura que antes, en modo inimaginable. [...] y en esta ciudad en cuanto hay algo que vale la pena se lo apropia el rey pagándolo muy bien; y siguiendo su ejemplo, el Almirante [de Castilla], don Luis de Haro y muchos otros también se han lanzado a coleccionar».[11] Reunió para los palacios de la Corona (mediante encargos directos, compras y regalos) centenares de cuadros, la mayoría expuestos o guardados en la actualidad en el Museo del Prado y que se cuentan entre sus mayores tesoros. Solo para decorar el Palacio del Buen Retiro, construido durante su reinado, se adquirieron alrededor de 800.[12] Entre los artistas de los que incorporó obras a la Colección Real figuran Rubens, el pintor más prestigioso de Europa en su época, del que reunió la mejor y más extensa colección que haya existido (aunque posteriormente sufrió graves pérdidas, en especial en el incendio del Real Alcázar de Madrid en 1734), Rafael, Mantegna, Durero, pintores venecianos como Tiziano, Veronese y Tintoretto, múltiples pintores barrocos españoles, flamencos, italianos y franceses (Ribera, Zurbarán, Van Dyck, Reni, Annibale Carracci, Barocci, Lanfranco, Domenichino, Poussin, Claudio de Lorena)... eso, por no aludir a la protección que dispensó a Velázquez a lo largo de cuarenta años. Sin el apoyo de este rey, el pintor sevillano no hubiese desarrollado una carrera tan brillante. Por esta relación de mecenazgo, el grueso de la producción de este pintor se concentra en el Prado.

Filmografía[editar]

Televisión[editar]

Año Serie Canal Actor
2009- Águila Roja TVE Xavier Elorriaga
2004 Memoria de España TVE

Cine[editar]

Año Serie Actor
1954 La moza del cántaro Ismael Merlo
1991 El rey pasmado Gabino Diego
2006 Alatriste Simón Cohen
2011 Águila Roja: la película Xabier Elorriaga

Semblanza del Rey Planeta[editar]

El viajero francés Antoine de Brunel dejó un retrato lleno de tópicos pero muy concreto de la imagen que ofrecía el soberano español en fecha tan tardía como 1655:

Todas sus acciones y ocupaciones son siempre las mismas y marcha con paso tan igual que, día por día, sabe lo que hará toda su vida (...) Así, las semanas, los meses y los años y todas las partes del día no traen cambio alguno a su régimen de vida, ni le hacen ver nada nuevo; pues al levantarse, según el día que es, sabe qué asuntos tratar y qué placeres gustar. Tiene sus horas para la audiencia extranjera y del país, y para firmar cuanto concierne al despacho de sus asuntos y al empleo de su dinero, para oír misa y para tomar sus comidas, y me han asegurado que, ocurra lo que ocurra, permanece fijo en este modo de obrar (...) Usa de tanta gravedad, que anda y se conduce con el aire de una estatua animada. Los que se acercan aseguran que, cuando le han hablado, no le han visto jamás cambiar de asiento o de postura; que los recibía, los escuchaba y les respondía con el mismo semblante, no habiendo en su cuerpo nada movible salvo los labios y la lengua.

Por debajo de esta imagen oficial, hierática, Felipe IV siguió siendo un hombre de carne y hueso, apasionado de las artes, en especial de la pintura y el teatro, inteligente, muy culto y lleno de ganas de vivir, aficionado a la caza, a los toros y a las mujeres (con predilección por estas últimas). Igualmente, el tópico de Felipe IV como monarca entregado a sus placeres y gobernado por validos es eso: un tópico. Olivares y sus sucesores no fueron verdaderos validos en el sentido de que gobernaran por el Rey, sino sus primeros ministros, hombres de confianza. En este sentido, se puede afirmar además que el Rey Planeta trabajó tanto en el despacho atendiendo los asuntos de Estado como su abuelo el Rey Prudente.


Predecesor:
Felipe de Austria
Príncipe de Asturias
1608-1621
Sucesor:
Baltasar Carlos de Austria
Predecesor:
Felipe III
Escudo de Armas de Felipe II a Carlos II.svg
Rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña
y Duque de Milán

1621-1665
Sucesor:
Carlos II
Predecesor:
Felipe II
Rey de Portugal
1621-1640[13]
Sucesor:
Juan IV
Predecesor:
Isabel Clara Eugenia y
Alberto de Austria
Soberano de los Países Bajos y conde de Borgoña[1]
1621-1665
Sucesor:
Carlos II

Véase también[editar]

Referencias y notas[editar]

  1. a b El título de duque de Borgoña comprendía al conglomerado de territorios heredados del Estado borgoñón. En la Pragmática Sanción de 1549 los territorios de las 17 provincias de los Países Bajos constituyeron una unión política indivisible bajo el mismo soberano (Werner Thomas, Robert A. Verdonk (2000), Encuentros en Flandes: relaciones e intercambios hispanoflamencos a inicios de la Edad Moderna, Leuven University Press, pág.21). En el acta de cesión de 6 de mayo de 1598, Felipe II renunció a los territorios de los Países Bajos y de Borgoña, y a los correspondientes títulos, pero mantuvo para sí y sus descendientes el título de duque de Borgoña como soberanos de la Orden del Toisón de Oro (Patrice F. de Nény (1784), Mémoires historiques et politiques des Pays-Bas Autrichiens, Fauche, Favre & compagnie, pág.240), y por tanto Felipe III de España podría ser el duque Felipe VI de Borgoña y Felipe IV de España el duque Felipe VII de Borgoña. Tras el tratado de Münster (1648), el Rey de España reconoció la independencia de la República de los Siete Países Bajos Unidos, y por ello renunció a los títulos de Conde de Holanda, Zelanda y Zutphen, Señor de Frisia y de las ciudades, pueblos y tierras de Utrech, Overijssel y Groninga.
  2. La titulación variaba de unos territorios a otros, hasta 1648 comprendía en su totalidad:
    Rey de Castilla y de León (como Felipe IV), de Aragón, de Valencia, de Mallorca, de Portugal, de las dos Sicilias (Nápoles y Sicilia) (como Felipe III), de Navarra (como Felipe VI), de Jerusalén, de Hungría, de Croacia, de Dalmacia, de Granada, de Toledo, de Galicia, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las islas Canarias, de las Indias orientales y occidentales, de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, Archiduque de Austria,
    Duque de Borgoña (como Felipe VII), de Brabante y Lotaringia, Limburgo, Luxemburgo, Güeldres, Milán, Atenas y Neopatria,
    Conde de Habsburgo, de Flandes, de Artois, Palatino de Borgoña, de Tirol, de Henao, de Holanda, de Zelanda, de Namur, de Zutphen, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdaña,
    Príncipe de Suabia,
    Margrave del Sacro Imperio Romano, Marqués de Oristán y Conde de Gociano,
    Señor de Vizcaya y de Molina, de Frisia, Salins, Malinas, y de las ciudades, pueblos y tierras de Utrech, Overijssel y Groninga
    Dominador en Asia y África.
  3. Biografías y Vidas. «Felipe IV». Consultado el 6 de julio de 2004.
  4. Testamento de Felipe IV de España.
  5. Acuerdo matrimonial, Fontainebleau, 30 de abril de 1611.
  6. Acuerdo matrimonial, 20 de mayo de 1647.
  7. "Por tierras de Granada. La Accitania o Tierra de Guadix". Carlos Asenjo Sedano, 1979. ISBN 84-85551-14-1
  8. "La espada de Miramamolín". Antonio Enrique, 2009. ISBN 978-84-92429-77-6
  9. Hernández Montalbán, Carmen, 2013. "Sangre de Reyes". Periódico "Ideal", Granada. 12-01-2013, página 22.
  10. Solana, Guillermo (13 de marzo de 2002). «La almoneda del siglo». El Cultural. Consultado el 25 de abril de 2013.
  11. Morán Turina, Miguel, «Colección de Felipe IV», en Fundación Amigos del Museo del Prado, Enciclopedia online del Museo del Prado (2006), http://www.museodelprado.es/enciclopedia/enciclopedia-on-line/voz/coleccion-de-felipe-iv/, consultado el 16 de agosto de 2011 
  12. «El Palacio del Rey Planeta». Museo Nacional del Prado (2005). Consultado el 29 de abril de 2013.
  13. El 15 de diciembre de 1640 fue proclamado Juan IV como rey de Portugal, lo que no fue aceptado por la corona española hasta 1668.

Bibliografía[editar]

  • Elliot, John H. (2004). El conde-duque de Olivares. Barcelona: Crítica. ISBN 84-8432-582-2. 
  • Alcalá-Zamora, José (coord.) (2005). Felipe IV. El hombre y su reinado. Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica. ISBN 84-934643-0-9. 
  • Colomer, José Luis (dir.) (2003). Arte y diplomacia de la Monarquía Hispánica en el siglo XVII. Madrid: Fernando Villaverde. ISBN 84-933403-0-8. 

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