Torre de la Parada

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La Torre de la Parada en un lienzo de Félix Castelo (h.1640).

La Torre de la Parada fue un pabellón de caza que se ubicaba a las afueras de Madrid, en el Monte del Pardo (Parque regional de la cuenca alta del Manzanares), no lejos del Palacio de El Pardo. Hacia 1635-40 fue uno de los principales proyectos arquitectónicos y decorativos del rey Felipe IV, gran aficionado a la caza, que deseaba un caserón de descanso en la zona para las largas jornadas cinegéticas.

El palacete (un edificio de dos pisos de planta rectangular, rematado por torres de finos chapiteles en sus extremos, muy del gusto de los Austrias), fue el resultado de la ampliación y transformación, llevada a cabo en 1636 por el arquitecto Juan Gómez de Mora, por iniciativa del propio Felipe IV, de una pequeña fortaleza con cuatro torres de esquina edificada por encargo del entonces príncipe, futuro Felipe II, al arquitecto Luis de Vega durante los años 1547-49.

Su finalidad última fue la de servir de descanso al monarca durante las largas jornadas cinegéticas a las que fue tan aficionado. El edificio, en forma de torre con pequeños añadidos, se cubría con tejados de pizarra y se rodeaba de un muro perimetral como una fortaleza. Resultó destruido y apenas subsisten imágenes suyas en pinturas de la época.

El principal atractivo del edificio radicó en la extensa serie de pinturas mitológicas, siguiendo el relato de Ovidio, encargada a Rubens en 1636. El ciclo constaba de sesenta y tres lienzos de gran formato y fue realizado por diversos pintores en Amberes conforme a los bocetos aportados por Rubens. El maestro se reservó la ejecución de catorce pinturas, y las restantes se deben a algunos de los colaboradores habituales del maestro flamenco: Jacob Jordaens, Theodor van Thulden, Erasmus Quellinus II, Jan Cossiers, Peeter Symons y otros.

Una serie de paisajes dedicada a vistas de los Sitios Reales se encargó a los españoles Félix Castelo y Jusepe Leonardo. Por su parte, Velázquez aportó los tres retratos con atuendo de cazador, de Felipe IV, su hermano el Cardenal Infante y el príncipe heredero, Baltasar Carlos, los cuadros de los filósofos Esopo y Menipo y el del dios Marte, con algunos de sus retratos de bufones.

Esta decoración pictórica representaba las imágenes de poder apropiadas para la época y para la corte de España. Recuperando el precedente establecido por Felipe II, Felipe IV, se centró fundamentalmente en la Torre de la Parada (que cuando se hizo su inventario en el año 1700, se contó hasta 176 obras pictóricas) y en el Palacio del Buen Retiro de Madrid. La mayor parte de las pinturas que subsisten se guardan en el Museo del Prado, si bien se exhiben pocas de ellas por problemas de espacio.

La torre fue destruida casi en su totalidad en 1714 por el incendio que provocaron las tropas austríacas durante la Guerra de Sucesión Española.[1]

Bibliografía[editar]

  • Warnke, Martin (2007). Velázquez. Forma y reforma. Cap. 4: La Torre de la Parada. Madrid: Centro de Estudios Europea Hispánica. ISBN 9788493464387. 

Referencias[editar]