Rodrigo Calderón

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Rodrigo Calderón de Aranda
I conde de la Oliva de Plasencia y I marqués de Siete Iglesias
Rodrigo calderon.jpg
El Conde de la Oliva de Plasencia a caballo (c. 1612), cuadro de Peter Paul Rubens propiedad de la Royal Collection expuesto en el Castillo de Windsor.
Información personal
Nacimiento 1576
Amberes, Países Bajos Españoles (actual Bélgica)
Fallecimiento 21 de octubre de 1621
Madrid
Entierro Convento de las Calderonas (Valladolid)
Familia
Padre Francisco Calderón de Aranda
Madre María de Aranda Sandelín
Consorte Inés de Vargas y Trejo

Rodrigo Calderón de Aranda (Amberes, 1576 - Madrid, 21 de octubre de 1621) fue un político y militar español al servicio de Felipe III, quien le recompensó con los títulos de I conde de la Oliva de Plasencia (1612) y I marqués de Siete Iglesias (1614) y valido o favorito del duque de Lerma.

Biografía[editar]

Nació en Amberes (Bélgica) en 1576. Sus padres, primos hermanos entre sí, fueron Francisco de Calderón y Aranda y María de Aranda y Senaelijn, procedían de una familia de mercaderes de Valladolid, que había sido ennoblecida por Carlos I. El padre llegó a capitán de la armada y más tarde a «comendador mayor» de Aragón, presumiblemente con la ayuda de su hijo. Rodrigo Calderón fue señor de Oliva de Plasencia, título que después le sería elevado a condado; de Rueda y de Siete Iglesias, este último también elevado posteriormente a marquesado.

A lo largo de su carrera militar desempeñó los cargos de comendador de Ocaña en la Orden de Santiago, capitán de la guardia alemana de Felipe III, alguacil mayor de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, regidor perpetuo y correo mayor de la ciudad de Valladolid, secretario de Cámara de Felipe III, privado del duque de Lerma y embajador en Flandes.

En 1598 se encontraba al servicio del duque de Lerma, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, siendo su secretario. La llegada de Felipe III al trono español ese mismo año hizo que el duque de Lerma, quien tuvo gran influencia sobre el rey, fuese nombrado grande de España. Calderón, que era un hombre activo, ambicioso y sin escrúpulos, se convirtió en el hombre de confianza del duque. Fue nombrado conde de Oliva, comendador de Ocaña y secretario de la cámara, o lo que es lo mismo, secretario del rey. Además, contrajo un ventajoso matrimonio en Valladolid con Inés de Vargas y Trejo, heredera del señorío de la Oliva de Plasencia.

Por su personalidad insolente, fue especialmente odiado por los enemigos del duque de Lerma. Dos religiosos, Juan de Santa María, fraile franciscano, y Mariana de San José, priora de La Encarnación, trabajaron con la reina Margarita, bajo cuya influencia Calderón fue relegado de su puesto de secretario en 1612. Sin embargo, conservó el favor del duque de Lerma, un hombre indolente para quien el trabajo de Calderón era indispensable.

Cuando la reina Margarita murió durante un parto en octubre de 1611, Calderón fue acusado de haber utilizado brujería contra ella. En 1612 fue enviado a una misión especial en Flandes y a su regreso se le nombró marqués de las Siete Iglesias en el año 1614. Más tarde se supo que ordenó el asesinato de un soldado llamado Francisco de Juaras.

Cuando el duque de Lerma fue conducido hasta la Corte en 1618 por las acusaciones de su propio hijo, el duque de Uceda, y del confesor del rey, el dominico Aliaga, Calderón fue utilizado como chivo expiatorio para calmar las voces del pueblo. Fue arrestado la noche del 20 de febrero de 1619 en su palacio de Valladolid y conducido a Madrid[1] donde fue salvajemente torturado para conseguir que confesase los cargos que contra él pesaban de asesinato y brujería. Confesó el asesinato de Juaras, pero rechazó firmemente el resto de los cargos que le acusaban de asesinato y brujería.

Murió ejecutado en la plaza Mayor de Madrid el 21 de octubre de 1621, al comienzo del reinado de Felipe IV. Su dignidad y valentía ante la adversidad de la muerte le hizo merecedor del refranero español: "Tener más orgullo que Don Rodrigo en la horca", aunque no fue ahorcado, sino degollado, al ser de condición noble.

Calderón, coleccionista de arte[editar]

Calderón fue un ávido coleccionista de obras de arte. Donó numerosos cuadros al convento de Porta Coeli de Valladolid, que él mismo había financiado. Durante su estancia en Flandes, adonde fue como embajador, compró una importante colección de cuadros de arte flamenco, especialmente de Rubens, entre los que destaca La Adoración de los Reyes Magos, pero también de Jan Brueghel de Velours, Otto van Veen o Pieter van Avont, muchos de los cuales figuran hoy en el Museo del Prado.[2] Además compró tapices, joyas y mobiliario.

Don Rodrigo en la literatura[editar]

Sepulcro de Rodrigo Calderón de Aranda y de su mujer Inés de Vargas, en el convento de Porta Coeli, Valladolid.
Casa-palacio de los Condes de la Oliva de Plasencia en Almendralejo (Badajoz). Hoy día sólo queda la fachada aunque existen viviendas en su interior.

Poema de Francisco de Quevedo y Villegas "En la muerte de don Rodrigo Calderón":


Tu vida fue invidiada de los ruines,
tu muerte de los buenos fue invidiada;
dejaste la desdicha acreditada,
y empezaste tu dicha de tus fines.


Del metal ronco fabricó clarines
fama, entre los pregones disfrazada,
y vida eterna, y muerte desdichada
en un vilo tuvieron los confines.


Nunca vio tu persona tan gallarda
con tu guarda la plaza, como el día
que por tu muerte su alabanza aguarda.


Mejor guarda escogió tu valentía,
pues que hizo tu ángel con su guarda
en la gloria lugar a tu agonía.


Poema de Luis de Góngora y Argote "En la muerte de don Rodrigo Calderón":


Sella el tronco sangriento, no lo oprime,
de aquel dichosamente desdichado,
que de las inconstancias de su hado
esta pizarra apenas le redime;


Piedad común, en vez de la sublime
urna que el escarmiento le ha negado,
padrón le erige en bronce imaginado,
que en vano el tiempo las memorias lime.


Risueño con él, tanto como falso,
el tiempo, cuatro lustros en la risa,
el cuchillo quizá envainaba agudo.


Del sitial después al cadahalso
precipitado, ¡oh cuánto nos avisa!,
¡oh cuánta trompa es su ejemplo mudo!


Poema del conde de Villamediana "Al mismo Rodrigo Calderón":


Aquí de un hombre el poder,
yace mejorado en suerte;
perdió el ser y fue su muerte
tal que cobró mayor ser.


Caminante, ¿dónde vas?
No estén de tu nombre ajenos:
si fue más para ser menos,
fue menos para ser más.


Hoy de fortuna el desdén
dio aquí una muerte inmortal
a quien el bien hizo mal
y a quien el mal hizo bien.

Bibliografía[editar]

Referencias[editar]

Véase también[editar]