Historia de Murcia

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Escudo de la ciudad de Murcia.

Murcia ciudad española, capital de la comunidad autónoma de la Región de Murcia que tiene 441.345 habitantes (INE 2010).

Sus orígenes son inciertos, pero hay constancia de que fue mandada fundar con el nombre de Madina Mursiya en el año 825 por el emir de al-Ándalus Abderramán II, probablemente sobre un asentamiento muy anterior. Durante la Edad Media fue capital de distintos reinos de taifas de creciente importancia y entre 12431266 se incorporó a la Corona de Castilla como capital del Reino de Murcia, siendo además ciudad con voto en cortes y sede episcopal desde 1291.

Tras la profunda crisis vivida en el siglo XIV, en el XVI creció económica y poblacionalmente.

En el siglo XVIII la ciudad disfrutó de una importante expansión que se reflejó en las artes y el urbanismo, hasta el punto de que puede hablarse de un Siglo de Oro murciano, con figuras tan descollantes como Francisco Salzillo y José Moñino, Conde de Floridablanca.

A finales del siglo XX Murcia se convirtió en capital de la nueva comunidad autónoma de la Región de Murcia y vivió un gran auge económico y demográfico que la ha situado como el séptimo municipio español por población.

Orígenes y toponimia[editar]

Monumento a Abderramán II en Murcia.

Existen muchas dudas sobre los orígenes de la ciudad de Murcia. Hay constancia de que fue fundada sobre una pequeña elevación a orillas del río Segura por mandato del emir de al-Ándalus Abderramán II en el año 825, recibiendo el nombre de Madina Mursiya. El objetivo era sofocar los conflictos tribales entre yemeníes y muladíes establecidos en esta zona de la Cora de Tudmir, además de potenciar la autoridad del Emirato de Córdoba en una cora escasamente islamizada.

Según cuenta la leyenda sobre dicho conflicto tribal y su relación con la fundación de la ciudad, un yemení cortó la hoja de una parra del huerto de un muladí para tapar su cantaro, eso desencadenó la muerte del yemení y que sus gentes acudieran a la ciudad de Eio -o Yllud- (que algunos expertos sitúan en la actual Algezares) a pedir justicia al jefe muladí. Al no acceder a las peticiones del jefe yemení Abusamar, se desencadenó una lucha. Esto llevó a que el rey Abderramán II ordenara que Eio fuese destruida, y se levantase una nueva ciudad, fuerte, amurallada, rica en jardines y fuentes, con hermosas mezquitas que se llamaría Mursiya, en la que todas las tribus pudieran vivir en paz.[1] La fecha de redacción del acta de fundación de la ciudad de Murcia fue domingo 4 de rabí I del año 210 de la Hégira, es decir, domingo 25 de junio del 825.[2]

Historiadores como Miguel Rodríguez Llopis defienden sin embargo que lo que se produjo en el 825 no fue la fundación sino el traslado de la capitalidad de la Cora de Tudmir a una Murcia ya existente. Abderramán II intentaría con ello garantizar la supremacía de la autoridad estatal andalusí sobre los particularismos locales, ordenando la destrucción de la cercana ciudad de Eio,[3] que se había constituido en centro del territorio que la nobleza hispanogoda mantenía de forma autónoma.[4]

Imagen de un arbusto de mirto.

En ese sentido todo parece indicar que ya existía un pequeño lugar poblado en la misma zona del valle del Segura o en sus proximidades, cuyos órígenes se remontarían a una villa romana denominada Murtia, en clara referencia a la existencia de humedales y mirtos en torno a ella. De este término latino los musulmanes tomarían el nombre de Mursiya.[5]

Incidiendo en esta conexión con la antigüedad y basándose en la abundancia en la zona de mirtos y en la relación de dicho arbusto con la diosa romana Venus Murcia, algunos eruditos postularon un hipotético culto antiguo a dicha diosa en el área en la que ahora se encuentra la ciudad. El primero en proponerlo fue Francisco Cascales, en sus Discursos históricos de la muy noble y muy leal ciudad de Murcia publicados en 1621.[6] Cascales dice textualmente:[7]

Agora pues, quando los Romanos llegados á este Lugar, que Plinio dice Murci, vieron la frescura del río, y todas sus riberas cubiertas de murtas (porque no hay tierra en toda España donde con mayor facilidad, y feracidad nazcan) juzgaron asistir en él como lugar particularmente suyo la Venus Murcia, amiga de aguas, y murtas, y así por la gran devoción que la tenían, es cosa muy verisimil, que añadiendo la letra a, la dirían llanamente Murcia.

Aunque no hay pruebas de la existencia de este culto en la zona, aun así está demostrado arqueológicamente el desarrollo en el valle del Segura de un extenso complejo de villae romanas que aprovechaban la feracidad de las terrazas fluviales y la abundancia del agua del río.[8]

Prehistoria y Edad Antigua[editar]

Sin embargo, las evidencias humanas más antiguas en el actual territorio del municipio de Murcia pertenecen a la Cultura del Argar; cultura desarrollada durante la Edad del Bronce que tuvo su centro en el sureste ibérico con un avanzado concepto de urbanismo, además del dominio de la agricultura y la metalurgia del bronce.

En la época prehistórica, así como en la antigüedad, la mayoría de asentamiento humanos se concentraron en los rebordes montañosos de la depresión prelitoral o vega del Segura. Así, en el reborde sur destacan los yacimientos del Puntarrón Chico de Beniaján de época argárica,[9] o Santa Catalina del Monte del Bronce Final.[10] En el reborde norte destaca y el yacimiento de la cuesta de San Cayetano de Monteagudo, con una secuencia que va desde el Argar, pasando por el Bronce Tardío y el mundo íbero, finalizando en la Roma altoimperial.[11]

Columna del Martyrium de La Alberca. Museo de Arqueología de Murcia.

Con la llegada de la Edad del Hierro, los íberos tuvieron un especial desarrollo en el reborde sur con los yacimientos del Verdolay, en donde aparece un importante poblado, con una necrópolis asociada (el Cabecico del Tesoro) y un santuario (el Santuario de la Luz) datados entre el 500 a. C. y la romanización.[12]

Fue en plena época romana cuando comenzaron los asentamientos en el fondo del valle del Segura, zona de almarjales y aguas estancadas que fueron convertidas al cultivo a través de las primeras evidencias de aprovechamiento hídrico de la zona, como se ha podido comprobar en yacimientos como el de Senda de Granada.[13] Como ya se ha comentado, el origen antiguo de Murcia estaría en una de esas villae que aparecieron en áreas más próximas al río Segura.

La referida zona de la Cordillera Sur vivió otro impulso poblacional durante la época tardorromana-visigoda, con los yacimientos del Martyrium de La Alberca del siglo IV[14] y la Basílica del Llano del Olivar de Algezares (siglo VI).[15]

Edad Media[editar]

Época musulmana (siglos IX–XIII)[editar]

Aunque la explotación agraria a gran escala y el aprovechamiento hídrico del valle en donde se encuentra Murcia se remonta a tiempos romanos, fueron los árabes los que, aprovechando el curso del río Segura que atraviesa la depresión prelitoral, perfeccionaron y ampliaron una compleja red hidrológica formada por acequias, brazales y regaderas. Las acequias principales de dicha red son la Aljufía y Alquibla. Canales que el geógrafo árabe Al-Himyari describió como

Conducciones de agua hechas por los antiguos que riegan el norte y el sur de Mursiya.[16]

Ambas toman sus aguas del río Segura en el azud denominado la Contraparada. Este sistema de riego dio prosperidad a la ciudad convirtiéndola en uno de los centros de producción agraria más importantes de Al-Andalus. Esto llevó a que a partir del siglo X Murcia se convirtiera en capital política y centro económico de la Cora de Tudmir.[17]

Con la crisis del Califato, la ciudad entró en un primer momento en la órbita de la Taifa de Almería, comenzando así un periodo en el que Murcia jugará un importante papel en la historia andalusí.

La primera Taifa (siglo XI)

Taifas en el 1037, donde se aprecia la primera Taifa de Murcia.

No fue hasta la segunda mitad del siglo XI, cuando la ciudad encabezó su primer reino taifa independiente. Bajo el mandato de Abu Abd al-Rahman Ibn Tahir, Murcia logró independizarse de la Taifa de Valencia al caer ésta en manos de la de Toledo. Este primer estado independiente murciano concluyó en el año 1078 cuando las tropas sevillanas de Al-Mutamid entraron en la ciudad[18] de la mano del general Ibn Rašiq.

Una vez anexionada la primera Taifa de Murcia, el visir de Al-Mutamid, Ibn Ammar, ideólogo de la campaña y gobernador de la ciudad tras la toma, se nombró a sí mismo rey y cortó relaciones con Sevilla. Sin embargo su poder no duró mucho, pues comenzó a utilizarlo para fines suntuosos que le granjearon la desafección del pueblo murciano. Ibn Rašiq lideró la oposición a Ibn Ammar, que se vio impelido a abandonar la ciudad y buscar refugio en la Taifa de Toledo en el 1080.

Con la toma castellana del castillo de Aledo (1088), Ibn Rasiq aprovechó la ocasión para desligarse de Al-Mutamid de Sevilla y gobernar Murcia de forma independiente, apoyando incluso a los castellanos, por lo que fracasó el primer intento de recuperar Aledo por parte de los musulmanes. Esta actitud incomprensible para la ortodoxia islámica decidió al califa almorávide Ibn Tasufin a conquistar al-Andalus, incorporándola como provincia a su imperio. En junio de 1091, tropas norteafricanas al mando del hijo del monarca almorávide sometieron finalmente Aledo y la ciudad de Murcia.[19]

Capital de Xarq al-Andalus con Ibn Mardanis (siglo XII)

Muralla árabe de Murcia. Edificada por el Rey Lobo en el siglo XII.

La ciudad de Murcia capitalizó un segundo reino taifa a mediados del siglo XII de la mano de Ibn Mardanis; conocido por los cristianos como Rey Lobo. El monarca expandió sus dominios luchando contra el Imperio Almohade recién establecido en la península, valiéndose así mismo de alianzas con los reinos cristianos del norte.

Durante este periodo (11471172) la ciudad de Murcia fue capital de un territorio que comprendía desde Jaén y Baza hasta Valencia y Albarracín (Ibn Mardanis llegó a conquistar también Écija y Carmona), viviendo un momento de esplendor convertida en un centro político y cultural comparable a las principales capitales islámicas del momento.[20]

En este contexto de riqueza, Mardanis mandó construir tanto el palacio del Castillejo de Monteagudo como el palacio de Al Dar al Sugra (sobre el que se levantó a partir de 1228 el Alcázar Seguir).[21] También está datada en esta época la construcción de la muralla islámica que defendió la ciudad durante toda la Edad Media y parte de la Moderna sustituyendo a otra anterior del siglo IX,[22] y que con sus potentes muros, antemurallas y 95 torres fue glosada por cronistas medievales como Ramón Muntaner (de la que quedan algunos lienzos).

En esta época de esplendor nació en la ciudad el gran místico sufí, filósofo y poeta, Ibn Arabi, concretamente en el año 1165.

En 1172, con su reino conquistado y la ciudad duramente sitiada por los almohades, moría en Murcia el mítico Ibn Mardanis, el Rey Lobo. Su hijo Hilal, por consejo de su padre, pactó con los sitiadores convirtiéndose en el gobernador almohade de la ciudad.

Según el tratado de Cazola (1171) que delimitaba las futuras zonas a conquistar por los reinos de Castilla y Aragón, Murcia iría a pertenecer a la Corona de Castilla, revocando lo establecido en el anterior tratado de Tudillén, favorable para Aragón.

En el 1177, Alfonso II de Aragón asedió la ciudad con el fin de que se le pagasen los tributos que se le debían por el vasallaje del Rey Lobo.[23]

Pórtico del Alcázar Seguir, levantado por Ibn Hud a partir de 1228.

La tercera taifa (siglo XIII): Ibn Hud gobierna Al-Andalus

Tras la gran victoria cristiana en Las Navas de Tolosa (1212), Castilla se expandió hacia el sur, dirigiéndose hacia Andalucía Occidental y el reino taifa de Murcia, que en su tercer periodo estuvo regido por la dinastía de los Banu Hud.

Esta nueva taifa tuvo su origen en la sublevación que Ibn Hud protagonizó contra los almohades en el valle de Ricote en 1228, entrando en la ciudad de Murcia el 4 de agosto de ese año, expulsando al gobernador almohade y proclamándose emir. Los sucesos acaecidos en Murcia se propagaron por todo al-Ándalus hasta el punto de que en 1229 sólo Valencia y algunos puntos del Estrecho escapaban al control de Ibn Hud y de su estado, capitalizado en Murcia.[24] Durante estos años de esplendor se edificó el Alcázar Seguir en el arrabal de la Arrixaca, sobre los resto del palacio anterior del Rey Lobo.

Sin embargo, la estabilidad duró poco ante las sublevaciones contra Ibn Hud ocurridas en diversos lugares como Granada (siendo el origen del reino nazarí), el avance de la conquista cristiana (bajo su mandato cayó Córdoba en 1236) y la propia muerte de Ibn Hud en 1238, quedando su reino reducido al sureste ibérico.[25]

El protectorado castellano (1243–1264)

La debilidad de la taifa llevó a Ibn Hud al-Dawla (tío del anterior) a solicitar un pacto con Castilla en 1243. Consecuentemente el infante Alfonso de Castilla, futuro Alfonso X el Sabio, en nombre de su padre Fernando III, sometió a Murcia a vasallaje en aquel mismo año a través del Tratado de Alcaraz, incorporando la ciudad y a su reino a la Corona de Castilla (en forma de protectorado).

En cumplimiento de lo pactado, el infante Don Alfonso entró en la ciudad de Murcia con su ejército el día primero de mayo de 1243, siéndole entregado el Alcázar Mayor. Sin embargo, el tratado de Alcaraz proporcionó cierto margen de autonomía a los musulmanes murcianos, sobre todo a sus grupos dirigentes. De hecho, Ibn Hud al-Dawla continuaría figurando como "rey de Murcia",[26] residiendo en el Alcázar Seguir.

El tratado de Almizra firmado en 1244 entre los reyes castellano y aragonés ratificaría la soberanía castellana sobre Murcia.

La sublevación mudéjar y la conquista definitiva de Aragón (1264–1266)

Pintura de Mauricio Federico Ramos (1876), que representa la entrada de Jaime I en Murcia en 1266.

A partir de 1257, el ya rey Alfonso X comenzó a trasgredir los acuerdos de Alcaraz consciente de que si los cumplía no avanzaría su proyecto de asimilación cristiana de la zona. Por este motivo en 1264, los mudéjares; población aún mayoritaria y autónoma en gran medida, se sublevaron contra el dominio cristiano liderados por el miembro de la familia real hudí Al-Watiq, recibiendo el apoyo de Granada y Marruecos. Alfonso X, empleado entonces en el asedio de Niebla (Huelva), pidió ayuda urgente a su suegro Jaime I de Aragón. Tropas aragonesas comandadas por el infante Pedro (el futuro Pedro III el Grande) y el propio monarca sofocaron la rebelión en 1266, eliminando los restos de autonomía musulmana.

El 2 de febrero de 1266 se produjo la entrada oficial de Jaime I en la ciudad, consagrando la mezquita mayor como templo cristiano.[27] Se produjeron deportaciones masivas de los responsables de la sublevación, mientras que el resto de la población musulmana fue concentrada en el campo o en el extrarradio, concretamente en el arrabal de la Arrixaca (actualmente barrio de San Andrés). La ciudad y su huerta fueron repobladas por cristianos, muchos de ellos de origen catalán y aragonés llegados con las tropas de Jaime I.

En esta época surgió otro arrabal en la ciudad, el arrabal cristiano de San Juan del Real, también llamado Murcia la Nueva (hoy día barrio de San Juan).

Época cristiana (siglos XIII–XV)[editar]

La corte de Alfonso X y la llegada del obispado

Alfonso X y su corte.

Fue el rey Alfonso X el Sabio, que visitaba con frecuencia la ciudad, el que tras la conquista definitiva estableció las bases socio-políticas del nuevo municipio cristiano concediéndole el Fuero de Sevilla en 1266. Otorgó además una serie de privilegios que permitieron impulsar el comercio y la convivencia de las diferentes culturas y religiones que habitaban en Murcia. El monarca la convirtió en capital del nuevo reino de Murcia cristiano, haciéndola sede del "Adelantado Mayor del Reino" y ciudad con voto en cortes. En el contexto de la Corona de Castilla, Murcia fue durante el reinado de Alfonso el Sabio una de las tres capitales en las que iba rotando la corte itinerante, junto a Toledo y Sevilla.[28] También en ella tuvo lugar la boda real entre Guillermo VII de Montferrato y la hija del monarca, la infanta Beatriz de Castilla en 1271.[29]

Esta especial relación con la ciudad llevó a Alfonso X a disponer en su testamento (en 1284) la intención de ser enterrado en ella,[30] concretamente en la capilla del antiguo Alcázar Mayor, llamada de Santa María la Real de Gracia.

E pues Dios quiere que nuestras debdas sean cunplidas, e pagadas e cunplidas las mandas, que el nuestro cuerpo sea enterrado en nuestro monesterio de Sancta María la Real de Murcia, que es cabeza de este reyno; el primero lugar que Dios quiso que ganasemos a servicio dél, e a honra del rey Don Fernando, e de nos, et de nuestra tierra

Finalmente fueron sepultados aquí su corazón y sus entrañas. Actualmente despositados en el altar mayor de la catedral murciana.[31]

Puerta de los Apóstoles. Catedral de Murcia. Mediados del siglo XV. Estilo gótico.

En 1278, durante el episcopado de Diego Martínez Magaz, se trasladó la sede obispal de Cartagena a Murcia aunque sin consentimiento oficial alguno. En el año 1291 la ciudad se convirtió de manera oficial en la sede episcopal de la diócesis de Cartagena tras el beneplácito de Sancho IV el Bravo.[32]

Conflictos bélicos y crisis en el siglo XIV

Durante la crisis dinástica de la corona castellana con la minoría de edad de Fernando IV, Jaime II de Aragón ocupó la ciudad en 1296 tras su acuerdo con Alfonso de la Cerda, en virtud del cual, si apoyaba su candidatura al trono castellano cedería el reino de Murcia a la Corona de Aragón. Jaime II devolvió la ciudad y su reino a control castellano en virtud de la Sentencia Arbitral de Torrellas-Elche (13041305).[33]

En 1312 el adelantado del reino de Murcia, el poderoso Don Juan Manuel, se enfrentó a una sublevación de la ciudad que protestaba por su intervencionismo. El conflicto duró 8 largos años en los que el concejo sostuvo una oposición continuada contra Don Juan Manuel.[34]

Durante el siglo XIV se vivió una profunda crisis que afectó a la actividad agrícola de la huerta de Murcia y por ende a la ciudad, compensada en parte por un crecimiento en la ganadería. La superficie cultivable se redujo debido al contexto de inseguridad que se vivía en todo el reino de Murcia, afectado como estaba por una triple frontera (con la corona de Aragón, con un Mediterráneo atestado de corsarios y sobre todo con los musulmanes granadinos). A esto se unieron las epidemias de peste que afectaron a la ciudad en la segunda mitad del siglo, la de 1395–1396 supuso la pérdida de más de 6.000 habitantes.[35]

En tiempos del obispo Pedro de Peñaranda (13371352) se edificó el claustro gótico de la Catedral, siendo por tanto la parte más antigua del complejo arquitectónico, cuyos restos son hoy visitables en el Museo Catedralicio.[36]

Durante la conocida Guerra de los dos Pedros (13561369) entre Castilla y Aragón, uno de los principales escenarios bélicos estuvo en las ciudades de Murcia y Orihuela, cuyas huertas fueron saqueadas y destruidas alternativamente por cada uno de los bandos.[37]

En 1394 empezaron las obras del actual templo gótico de la Catedral por orden del obispo Pedrosa, para lo que se tuvo que demoler previamente la vieja mezquita mayor de la ciudad, convertida ya en templo cristiano desde tiempos de Jaime I (1266).

Pintura de José María Sobejano López (1876) que representa la entrada de los Reyes Católicos en Murcia en 1488.

El lento resurgir del siglo XV

En 1452 las tropas de la ciudad de Murcia junto con las de Lorca vencieron en la batalla de Los Alporchones a huestes musulmanas provenientes del reino nazarí de Granada que regresaban de asolar el Campo de Cartagena,[38] a partir de dicha batalla San Patricio fue nombrado patrón de Murcia, onomástica del día de la victoria.

En el 1465 la Catedral de Murcia quedó oficialmente consagrada.

A finales del siglo XV comenzó una recuperación económica gracias al cese de la amenaza granadina. A partir de 1482, tanto Murcia como Lorca se convirtieron en la base de operaciones para las campañas militares que los Reyes Católicos lanzaron sobre la parte oriental del reino de Granada. Murcia sirvió de residencia a los monarcas en 1488.[39]

Edad Moderna[editar]

Siglos XVI y XVII[editar]

Movimiento comunero y crecimiento económico

En el 1520 la ciudad se unió al movimiento comunero aunque con unos matices totalmente distintos al resto de Castilla por su claro sentimiento antioligarquico que entroncaba con los conflictos que se vivían en la región a finales del siglo XV. Una asamblea de dos mil personas en la plaza de Santa Eulalia juramentó contra regidores y otros cargos concejiles, éstos pidieron ayuda militar al adelantado mayor del reino de Murcia Pedro Fajardo y Chacón (primer marqués de los Vélez) que rehusó dársela, lo que supuso que la primera figura política del reino se implicó en el movimiento comunero. Los comuneros murcianos implantaron una junta de síndicos con cierta representación popular y elegidos por parroquias.[40]

Detalle exterior de la capilla de Junterón.

En el 1521 comenzaron las obras del principal símbolo de la ciudad, la torre de la catedral de Murcia, concretamente se realizó el primer cuerpo de la misma en estilo renacentista-plateresco a cargo de los arquitectos italianos Francisco y Jacobo Florentino. En 1555, cuando se terminaba el segundo cuerpo a cargo de Jerónimo Quijano la obra quedó paralizada durante 2 siglos debido a la inclinación que sufría y que sigue siendo perceptible en la actualidad. Jerónimo Quijano también realizó la Capilla de Junterón del mismo edificio catedralicio, una de las mejores obras renancentistas de la ciudad.

En 1555 se creó uno de los primeros colegios de jesuítas de toda España por iniciativa del obispo Esteban de Almeyda. El inmueble renacentista que lo acogió es actualmente la sede del Gobierno autonómico, siendo denominado Palacio de San Esteban.[41] El panorama de centros docentes en la ciudad se completó con la fundación en 1592 del Seminario Mayor de San Fulgencio, además del Colegio de la Anunciata en 1599, ambos debidos a la iniciativa del obispo Sancho Dávila Toledo.

El retraso murciano en la llegada de la crisis

Durante el reinado de Felipe II, tropas murcianas bajo mando de Luis Fajardo, III marqués de los Vélez y adelantado del reino de Murcia, ayudaron a sofocar la rebelión morisca en el Reino de Granada.[42] Este hecho hará que se le conceda a Murcia el título de Muy noble y muy leal.[43] El conflicto de las Alpujarras supondrá así mismo el hundimiento del sector sedero granadino, y en consecuencia, el auge de la seda murciana que permitirá a la ciudad y su reino esquivar los efectos de la crisis finisecular del XVI a diferencia de Castilla. De hecho, la crisis no llegaría a Murcia hasta la tercera década del siglo XVII,[44] por lo que durante los primeros años de esa centuria se edificó el Contraste (lonja) de la Seda y se reconstruyó el Almudí o pósito de trigo, símbolos del auge sedero murciano de la época.

Según el censo de 1591, la ciudad de Murcia contaba con 16.000 habitantes, siendo por tanto una de las urbes más pobladas de la Corona de Castilla junto a Sevilla, Madrid y Granada.[45]

Como antesala de la crisis, en el año 1613, Felipe III decidió la expulsión de los moriscos murcianos que todavía quedaban en las diseminadas aljamas de la huerta y que tan vitales fueron para la producción sericícola.[46]

En el año 1648 una epidemia de peste proveniente de Valencia generó multitud de víctimas mortales precipitando la llegada de la crisis a la ciudad de Murcia.[47] Situación que se agrabó en 1651 cuando la ciudad fue arrasada por una avenida del río Segura que causó más de 1000 muertos, conocida como riada de San Calixto.[48]

Siglo XVIII[editar]

Estatua del Cardenal Belluga en La Glorieta.

El 26 de septiembre de 1701, una riada del Segura destruyó el puente del siglo XVI que unía la ciudad con la margen derecha del río y que servía de comienzo al camino real de Cartagena. Tras muchos retrasos en 1718 se iniciaron las obras de un puente nuevo que, concluido en 1742, es el más antiguo de los que hoy se conservan en la ciudad y que debido a esa circunstancia recibe el nombre de Puente Viejo.[49]

La Guerra de Sucesión y el Cardenal Belluga

En el año 1705 fue nombrado obispo de Cartagena Luis Belluga y Moncada, figura que sería clave no sólo para la ciudad de Murcia sino para el conjunto del reino en la primera mitad del siglo XVIII. En el contexto de la Guerra de Sucesión Española fue el artífice del triunfo de la causa borbónica en la ciudad, por lo que se tuvo que enfrentar a varios regidores pro austriacos. En 1706 organizó la defensa de Murcia ante el avance de la causa austracista en el sureste, ya que los ingleses tomaron Cartagena y Alicante y en la cercana Orihuela el Marqués de Rafal proclamó rey al archiduque Carlos. Ante una ciudad cercada por tropas austracistas, Belluga ordenó la inundación intencionada de la huerta para evitar que Murcia fuera tomada y organizó las milicias que vencieron en la batalla del Huerto de las Bombas, a las afueras de Murcia. Esta victoria supuso un giro en la Guerra de Sucesión comenzando así el avance de la causa borbónica a nivel nacional que culminaría en la batalla de Almansa. Tras esto Felipe V nombró a Belluga virrey de Murcia y Valencia.[50]

Torre-campanario de la Catedral de Murcia.

Concluida la guerra, el reformismo borbónico característico de la nueva dinastía quedó reflejado en diversas obras como el importante Canal del Reguerón; proyectado en 1734 por Sebastián Feringán, con el que se desvió el cauce del río Guadalentín para hacerlo desembocar en el río Segura aguas abajo de Murcia y así reducir el peligro de inundaciones en la ciudad.

El Siglo de Oro murciano

Durante el siglo XVIII Murcia vivió una importante expansión económica. La base de este crecimiento se cimentó en un impulso agrícola basado así mismo en el aumento de la superficie cultivada. Las roturaciones provocaron una mayor extensión de la huerta de Murcia y de cultivos de secano en la zona de campo, algo que trajo consigo la aparición de asentamientos humanos en dichas áreas (el origen de muchas de las actuales pedanías).[51]

Como afirma el historiador Rodríguez Llopis, Murcia alzanzó a finales de siglo la cifra de 70.000 habitantes, casi tres veces más población de la que disfrutaba a principios del setecientos.[52] En este contexto de riqueza continuó teniendo un importante papel el comercio de la seda, de hecho en 1770 se instaló en Murcia la Real Fábrica de Hilar Sedas a la Piamontesa.[53]

La boyante coyuntura quedó reflejada en las artes y el urbanismo de la ciudad. En este siglo se acometió la reconstrucción de gran parte del patrimonio religioso de la ciudad, como las iglesias parroquiales de San Nicolás, Santa Eulalia o San Juan Bautista, se concluyeron los trabajos en la Iglesia de San Miguel, se reconstruyeron o terminaron los conventos de las Anas, las Agustinas, San Juan de Dios y el Monasterio de los Jerónimos además de las iglesias de los conventos de La Merced y Santa Clara. También se edificaron numerosos palacetes por parte de la aristocracia local, como el Palacio Fontes, el Palacio de los Pérez Calvillo o el Palacio Vinader.

Sin embargo, el paradigma del siglo de oro murciano fueron las intervenciones en la Catedral. Durante este siglo quedaron concluidas, tras doscientos años paradas, las obras de la torre-campanario que con más de 90 metros es hoy una de las más altas de España. También se construyó la nueva fachada principal o imafronte, obra maestra del barroco español, diseñada por Jaime Bort.

Desde el punto de vista del urbanismo, fueron creados el paseo del Arenal (actual Glorieta) y la Plaza de Belluga, articulados ambos espacios en torno al nuevo y majestuoso Palacio Episcopal. El antiguo muro de contención para los desbordamientos del río fue reconstruido y convertido en paseo, el actual paseo del Malecón. La expansión motivó que el asentamiento humano en la margen derecha del Segura se afianzara; el conocido barrio del Carmen, en donde se diseñó una plaza cuadrada con funciones de plaza de toros, la actual plaza Camachos.

José Moñino, conde de Floridablanca, pintado por Goya.

El artista que mejor representa el Siglo de Oro fue el escultor murciano Francisco Salzillo, cuya fecunda actividad abarcó casi toda la centuria.

A finales del siglo XVIII, el también murciano José Moñino Redondo, conde de Floridablanca fue nombrado ministro de Carlos III. Floridablanca favoreció notablemente a la tierra que le vio nacer a través de infraestructuras y medidas de carácter ilustrado.[54]

Edad Contemporánea[editar]

Siglo XIX[editar]

En el año 1802 se produjo la fatídica rotura de la presa del pantano de Puentes, en el alto Guadalentín, que arrasó el valle del mismo nombre y llegó hasta la huerta de Murcia provocando cuantiosos daños, incluida la desaparición total de la pedanía de Buznegra.[55]

La Guerra de la Independencia

Con el estallido de la Guerra de la Independencia española en 1808, en la ciudad de Murcia se creó una Junta Suprema que pretendió extender su autoridad en todo el reino de Murcia ante la ausencia del poder real. El ya anciano conde de Floridablanca; que se encontraba retirado en Murcia, formó parte de la misma y fue uno de los representantes murcianos en la Junta Suprema Central que se reunió en Aranjuez y de la que fue nombrado presidente.[56]

En 1810 se produjo la primera entrada de tropas francesas en el reino de Murcia desde el comienzo de la contienda. Dirigidas por Sebastiani, el día 24 de abril entraron en la ciudad, siendo saqueada brutalmente. Las autoridades habían huido previamente a Alicante por lo que el representante de las mismas que permaneció en Murcia fue asesinado por la multitud enfurecida.[57] Para colmo de los males, en 1811 se desató una terrible epidemia de fiebre amarilla que generó numerosas muertes.[58]

En enero de 1812 las tropas francesas del general Soult entraron también en la ciudad. En la calle de San Nicolás se produjo un encontronazo entre los soldados de Soult y las milicias del general Martín de la Carrera, que murió en dicho combate.

Murcia, ciudad liberal

En 1820, en pleno Trienio Liberal, la causa de liberalismo en la ciudad tuvo como protagonista al vizconde de Huertas. En febrero de aquel año, tras el alzamiento de Riego, el vizconde orquestó con campesinos de la huerta y algunos militares el asalto a la prisión para liberar a los presos políticos. En marzo, junto con comerciantes de la ciudad como los Starico, Estor y Braco, obligó al consistorio a jurar la constitución de 1812.[59]

Con la creación de las actuales provincias en 1833 a través de la reforma liberal de Javier de Burgos, Murcia se convirtió en capital de la de igual nombre, mientras que el antiguo reino de Murcia se dividió en las provincias de Murcia y Albacete.[60]

En el 1836, el entonces amplísimo término municipal vivió la segregación de varias pedanías del alejado Campo de Murcia: los nuevos ayuntamientos de Torre Pacheco, San Javier y San Pedro del Pinatar.[61] Esto supuso que el municipio de Murcia dejó de tener salida al mar, algo que disfrutaba desde tiempos de la Reconquista.

Las mejoras urbanas

A través de la desamortización de Mendizábal, numerosos conventos y monasterios de la ciudad fueron exclaustrados, tales como la Merced, la Trinidad, los Dominicos o el Carmen. Este hecho dio pie a diversas reformas urbanas, como la creación de la hoy llamada plaza de Santa Isabel sobre el derruido convento de las Isabelas.[62] Otro símbolo de los nuevos tiempos fue un proceso ya iniciado con anterioridad, el derribo de los restos del recinto amurallado, y sobre todo de sus puertas, dando fin a tan importante elemento de la fisonomía urbana de Murcia.[63]

Fachada del Teatro Romea, inaugurado en 1862 por Isabel II.

En el año 1840 se creó una universidad en la ciudad, la llamada Universidad Literaria, precursora de la actual, que acabó por cerrar ante la falta de financiación del poder central.[64]

En el 1847 se constituyó el Casino de Murcia, sociedad burguesa que comenzó a construir el lujoso inmueble que hoy día le sirve de sede.

En 1849, por iniciativa del alcalde don Salvador Marín Baldo, se reformaron las antiguas alamedas del viejo partido de San Benito; también llamado barrio del Carmen, dando lugar al histórico jardín de Floridablanca.

En 1862 comenzaron a discurrir trenes entre Murcia y Cartagena y en 1865 la ciudad ya estaba conectada por ferrocarril con Albacete y Madrid.[65] La llegada de este medio de transporte supuso una ampliación urbana hacia el sur, desarrollándose más aún el mencionado Barrio del Carmen, en donde se ubicó y se ubica hoy la estación, inaugurada en visita oficial por Isabel II.

La misma monarca inauguró en 1862 el Teatro de los Infantes; edificado sobre terrenos del desamortizado convento de Santo Domingo, señero templo de la interpretación conocido hoy día como Teatro Romea,[66] en honor al actor murciano del XIX Julián Romea.

El periodo revolucionario

Cabecera del periódico El Cantón Murciano, editado en Cartagena en 1873.

Durante el Sexenio Democrático, se produjeron dos levantamientos en Murcia de carácter federal. El primero en 1869 por la supresión de las quintas y consumos, y en 1872 a favor de la república federal y en contra de la monarquía de Amadeo I. Ambos levantamientos fueron dirigidos por el revolucionario murciano Antonio Gálvez Arce, conocido popularmente como Antonete Gálvez.[67]

El 13 de julio de 1873 se constituyó en la ciudad la denominada Junta revolucionaria del Cantón Murciano,[68] adhiriéndose de esta forma al ente creado en Cartagena el día anterior. En la mañana del 15 de julio se publicaron los acuerdos adoptados por dicha "Junta" entre las que se incluía el izado de la bandera roja en el Ayuntamiento y luego en el Palacio Episcopal, que quedó convertido en sede de la misma.

La Revolución Cantonal duró en la capital del Segura hasta el 12 de agosto, cuando la cercanía de las tropas centralistas de Martínez Campos motivó la huida de los revolucionarios a la fortificada Cartagena.

Desastres y avances finiseculares

Grabado de la riada de Santa Teresa a su paso por Murcia el 15 de octubre de 1879.

El 15 de octubre de 1879 acaeció la riada de Santa Teresa, una de las mayores de la historia de Murcia, la región murciana y toda la cuenca del Segura, que produjo cerca de 800 muertos en la ciudad y su huerta. El río Segura llegó a superar el Malecón, alcanzando los 10 metros de altura frente al Almudí. Los daños fueron tales que motivaron campañas de ayuda en toda Europa, entre la que destaca la publicación de la revista benéfica París-Murcie con grabados de Gustave Doré. Con motivo de la riada Alfonso XII visitó la ciudad.[69]

En 1884 la ciudad de Murcia quedó unida con Alicante por vía férrea, conectando también a las localidades cercanas de Orihuela y Elche. En 1885 se inauguró la línea Murcia-Lorca a través del valle del Guadalentín. Desde Lorca la línea se bifurcó enlazando con Andalucía en 1888 y con la localidad murciana de Águilas en 1890.[70]

En 1897 comenzaron las obras del Puente Nuevo o de Hierro, que sería el segundo puente urbano sobre el Segura tras el Puente Viejo, llamado también Puente de los Peligros, que data del s. XVIII

Primeros años del siglo XX (1901–1930)[editar]

Fachada del Casino de Murcia, obra de Pedro Cerdán. Principios del siglo XX.

En el año 1902 fue inaugurado el Puente Nuevo o de Hierro, que comunica el barrio de San Juan con el del Carmen.[71]

En esta época también se concluyen las obras del Casino de Murcia; centro de reunión de la burguesía de la capital, con la finalización de la fachada de estilo ecléctico de la calle Trapería.

En el año 1908 se inauguraron los jardines fluviales de Ruiz Hidalgo, situados entre el cauce del río y el antiguo muro de contención de la margen izquierda, cuya entrada se econtraba enfrente del Martillo del Palacio Episcopal. Fueron ideados por el ingeniero forestal Ricardo Codorníu y Stárico.[72]

A finales de 1914 se produjo la fundación oficial de la actual Universidad de Murcia, hito largamente esperado por la sociedad murciana del momento, inaugurándose su primera sede en el Barrio del Carmen.[73] [74]

Durante los años 20 fue elaborado el primer proyecto de ampliación urbana de Murcia. Conocido como Plan Cort por su autor César Cort, no pudo llevarse a cabo por falta de financiación.

Segunda República y Guerra Civil (1931–1939)[editar]

En las elecciones municipales de abril de 1931 se produjo la victoria del bloque antimonárquico. José Ruiz del Toro, presidente provincial del PSOE, tomó posesión del ayuntamiento como alcalde dirigiéndose al Gobierno Civil para instar al gobernador a proclamar la república.[75] Importante papel en la proclamación tuvo también Mariano Ruiz-Funes, catedrático de la Universidad de Murcia, presidente provincial del Grupo de Acción Republicana, posterior ministro de agricultura de la Segunda República y ponente de la Constitución de 1931.

En los disturbios del 11 de mayo de 1931 con motivo de la inauguración en Madrid del Círculo Monárquico y los incidentes posteriores, en la ciudad de Murcia se produjo el asalto e incendio del antiguo Convento de los Franciscanos (hoy desaparecido).[76]

Las elecciones a Cortes constituyentes de junio de 1931 confirmarían el triunfo de la coalición republicana-socialista, que fue absoluto en la capital y en toda la provincia.[77]

En 1933 fue inaugurada la vía férrea Murcia-Caravaca, así como la nueva estación terminal de Zaraiche, situada al norte de la ciudad de entonces. Este ferrocarril comunicaba a Murcia con pueblos de la vega como Espinardo (ahora barrio), Molina de Segura y Alguazas, y las comarcas del río Mula y del Noroeste (Bullas, Cehegín y Caravaca).[78]

En las elecciones de 1936 se produjo la victoria en la ciudad del Frente Popular. La izquierdas lograron el 60% de los votos, las derechas el 26% y el centro el 11%.[79]

Durante el pronunciamiento del 17 y 18 de julio de 1936, la indecisión de las autoridades militares y civiles ante la situación generada se vio sobrepasada por la actuación popular. El Cuartel de Artillería fue rodeado por los obreros de la capital para frenar cualquier acción golpista provocando el fracaso de la sublevación en la ciudad.[80]

Durante la guerra civil Murcia permaneció fiel a la República hasta el 28 de marzo de 1939, cuando tras la caída de Madrid, el conservador y exdiputado republicano Francisco Medina Clares se autonombró Gobernador Civil, propiciando la apertura de las cárceles y el dominio de la calle por grupos falangistas. Al día siguiente entraron en Murcia las tropas de la IV División Navarra comandadas por Camilo Alonso Vega.[81]

Dictadura franquista y desarrollismo (1939–1975)[editar]

La represión franquista en los primeros momentos de la posguerra se hizo notar con la detención y posterior fusilamiento del alcalde de Murcia durante el bienio 19361938, el socialista Fernando Piñuela.[82]

La Gran Vía, polémica arteria cuya construcción dio comenzó en 1953.

Durante la dictadura, concretamente en los años 40, se elaboró otro plan de expansión y ordenación urbana, el Plan Blein. A través de éste plan la ciudad de Murcia superó los tradicionales límites de su casco antiguo y del barrio del Carmen al otro lado del río, creándose los nuevos barrios de Santa María de Gracia y Vistabella, áreas antiguamente de huerta.

Durante los años 50 también se craron los nuevos viales para tráfico rodado en las zonas de expansión, las conocidas rondas y la actual Plaza Circular. Más polémicos fueron los nuevos viales que se abrieron en pleno casco antiguo, como la actual Gran Vía, comenzada en 1953, expresión máxima del desarrollismo franquista que supuso la demolición entre otros monumentos de los Baños Árabes de Madre de Dios y un daño irreparable para el centro histórico de la ciudad.[83]

En la década de los 60 comenzaron los trabajos de encauzamiento total del río Segura en su tramo urbano, que trajo consigo la desaparición de los jardines fluviales de Ruíz Hidalgo. En esta época también se construyeron los puentes de la Fica, el antiguo puente del Hospital y la pasarela Miguel Caballero.

En 1960, con motivo de la expansión urbana de la ciudad, la pedanía de Espinardo; villa desde 1618 y municipio independiente durante varios periodos en el siglo XIX, pasó a ser un barrio de Murcia. La parte que no se anexionó formó la pedanía de El Puntal.

Transición y democracia (1975–2000)[editar]

En 1978 se produce la segregación de la pedanía de Santomera,[84] que pasó a formar un municipio independiente junto a los núcleos de El Siscar y La Matanza.

En las primeras elecciones municipales de la Transición celebradas en 1979, el PSRM-PSOE fue el partido más votado[85] por lo que el socialista José María Aroca Ruiz-Funes se convirtió en el primer alcalde democrático de la Transición en Murcia.

En 1979 se aprueba el Plan de Manuel Ribas i Piera.[86]

Tras el fin de la dictadura franquista y con la nueva organización territorial por autonomías, la ciudad se convirtió en capital de la comunidad autónoma de la Región de Murcia, siendo la sede de la presidencia y las distintas consejerías, no así del parlamento autonómico, sito en la ciudad de Cartagena.

Durante la década de los 80 se elaboró el Plan estatal en defensa contra las avenidas que trajo consigo la regulación especial del río Segura y sus afluentes, además de su encauzamiento desde la Contraparada y el recorte de meandros. Este plan supuso la desaparición del secular peligro de desbordamiento del río Segura, cuyo último peligro real de desborde a su paso por Murcia tuvo lugar en 1989. Sin embargo, el problema pasaría a ser la alta contaminación urbana e industrial que alcanzó dicho río, creando un grave deterioro medioambiental en la zona.

El 21 de mayo de 1987 10,2 km² de la pedanía de Cañada Hermosa se incorporaron al municipio de Alcantarilla.[87]

En las elecciones municipales de 1991 el partido más votado pasó a ser el PP[85] de la mano de su candidato a alcalde Ramón Luis Valcárcel (posterior presidente autonómico), pero la alianza entre el PSRM-PSOE e IU permitieron al socialista José Méndez Espino mantener la alcaldía una legislatura más.

Pasarela de Vistabella sobre el río Segura. Obra de Santiago Calatrava. Tras el puente se divisa el edificio del Auditorio y Centro de Congresos.

Durante los últimos gobiernos socialistas se llevó a cabo la remodelación de los Molinos del Río Segura; convirtiéndolos en un museo hidraúlico y sala de exposiciones. Se creó así mismo un amplio pulmón verde en el centro de la ciudad con la apertura de los jardines de la Seda y el Salitre (éste último antigua fabrica militar). En 1994 se inauguró el moderno edificio del Auditorio y centro de Congresos de la ciudad.

El edificio anexo del ayuntamiento, diseñado por Rafael Moneo, al lado del antiguo Palacio Episcopal.

En las elecciones municipales de 1995 el PP alcanzó la alcaldía por primera vez al conseguir mayoría absoluta de la mano de Miguel Ángel Cámara Botía. Durante su primera legislatura se inauguraron importantes reformas urbanas (proyectadas por el último gobierno de José Méndez) como los nuevos puentes que cambiaron la fisonomía de la ciudad (la pasarela del Malecón diseñada por Javier Manterola, el remodelado puente del Hospital y la pasarela de Vistabella ambos de Santiago Calatrava), o el edificio anexo del ayuntamiento diseñado por el afamado Rafael Moneo. También se llevó a cabo la peatonalización de espacios del casco antiguo, como la señera Plaza de Santo Domingo.

En 1996 se creó una nueva universidad en la ciudad, de carácter privado, llamada Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM). Su campus está situado en el antiguo monasterio de los Jerónimos en la pedanía de Guadalupe.

Murcia vivió un gran auge económico y demográfico en las últimas décadas del siglo que la situaron como el séptimo municipio español por volumen de población, llegando a alcanzar los 357.000 habitantes en el año 2000.

Siglo XXI[editar]

En el 2001, Murcia fue sede del 22 al 26 de julio de las VI Jornadas Olímpicas de la Juventud Europea, donde participaron 2.500 jóvenes deportistas sub-18 de 46 países europeos que compitieron en diez modalidades deportivas diferentes.

La inauguración de este acto deportivo tuvo lugar en el complejo del Cuartel de Artillería, antiguo acuartelamiento situado en el Barrio del Carmen que durante los primeros años del siglo XXI sufrió una serie de reformas y rehabilitaciones que lo han convertido en un complejo polivalente ganado para la ciudad, sede de diversos museos, el nuevo conservatorio superior de música, biblioteca pública etc.

En el año 2006 fue inaugurado el estadio de fútbol Nueva Condomina, en las áreas comerciales del norte de la ciudad, con una capacidad para más de 30.000 espectadores, siendo el partido inaugural un encuentro amistoso entre las selecciones absolutas de fútbol de España y Argentina.

En 2007 se inauguró el tramo experimental del tranvía de Murcia de 2 km de longitud, que está siendo ampliado en la actualidad con la construcción de la Línea 1 de 17 km que comunicará los campus de Espinardo (UMU) y Guadalupe (UCAM) con el centro, y también con los centros comerciales del norte y el estadio Nueva Condomina.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. http://www.laverdad.es/murcia/20080915/murcia/moros-cristianos-recrean-belluga-20080915.html
  2. http://santdo.es.tripod.com/Fundacion-de-Murcia.htm
  3. Rodríguez Llopis, pag. 43
  4. Rodríguez Llopis, pag. 41
  5. Rodríguez Llopis, pag. 44
  6. de Hoyos, Antonio (1975). «Murcia, Mursiya y otros topónimos de origen indoeuropeo». Murgetana (040). http://www.regmurcia.com/docs/murgetana/N040/N040_001.pdf. Consultado el 12 de mayo de 2009. 
  7. Cascales, Francisco (1775). Discursos históricos de la muy noble y muy leal ciudad de Murcia. Consultado el 12 de mayo de 2009. 
  8. Juan González Castaño, Breve historia de la Región de Murcia, pag. 69
  9. E. García Sandoval (1962). Informe de la primera campaña de excavaciones en el yacimiento argárico de Puntarrón Chico, Beniaján (Murcia). Murcia.  Parámetro desconocido |tomo= ignorado (se sugiere |volumen=) (ayuda)
  10. Juan González Castaño, Breve historia de la Región de Murcia, pag. 29
  11. Medina Ruiz, Antonio Javier (2003). «Excavaciones en la Cuesta de San Cayetano (Monteagudo, Murcia)». Arqueomurcia. Memorias de Arqueología (011). http://www.arqueomurcia.com/archivos/publicaciones/memo11/8_sancayetano.pdf. Consultado el 13 de septiembre de 2010. 
  12. Juan González Castaño, Breve historia de la Región de Murcia, pag. 37
  13. «Asociación de Vecinos de Senda de Granada» (2010). Consultado el 15 de enero de 2010.
  14. «Regmurcia. Patrimonio. Arqueología. Yacimientos de la Región de Murcia. Tardoantiguo. El Martyrium de La Alberca.» (2012). Consultado el 27 de marzo de 2012.
  15. «Regmurcia. Patrimonio. Arqueología. Yacimientos de la Región de Murcia. Tardoantiguo. La Basílica del Llano del Olivar.» (2012). Consultado el 27 de marzo de 2012.
  16. «Región de Murcia Digital. Sistemas hidráulicos en la Región de Murcia» (2012). Consultado el 28 de enero de 2012.
  17. Rodríguez Llopis, pag. 44
  18. Rodríguez Llopis, pag. 53
  19. Rodríguez Llopis, pag. 54
  20. Rodríguez Llopis, pag. 56
  21. Rodríguez Llopis, pag. 61
  22. Emilio Estrella Sevilla, pag. 47
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  24. Rodríguez Llopis, pag. 58
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  28. Nueva Enciclopedia Larousse. Barcelona: Editorial Planeta. 1981. p. 306. ISBN 84-320-4274-9.  Parámetro desconocido |tomo= ignorado (se sugiere |volumen=) (ayuda)
  29. «Descubriendo Murcia. Una boda real en Murcia» (2013). Consultado el 14 de junio de 2013.
  30. Del Arco y Garay, Ricardo (1954). «XVI». En Instituto Jerónimo Zurita. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Sepulcros de la Casa Real de Castilla. Madrid. pp. 267–268. 
  31. Rodríguez Llopis, pag. 80
  32. Rodríguez Llopis, pag. 95
  33. Rodríguez Llopis, pags. 100–101
  34. Rodríguez Llopis, pags. 108
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  36. «Museo de la Catedral de Murcia». Servicio de Museos y Exposiciones (2007). Consultado el 15 de mayo de 2009.
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  39. Comunidad Autónoma de la Región de Murcia (ed.): «Murcia y los Reyes Católicos». Región de Murcia Digital. Consultado el 26 de mayo de 2009.
  40. Rodríguez Llopis, pags. 222–224
  41. Emilio Estrella Sevilla, pags. 115–117
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  45. Rodríguez Llopis, Atlas Histórico Ilustrado de la Región de Murcia y su antiguo reino pags. 146
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  62. Emilio Estrella Sevilla, pags. 108
  63. Murcia. Guía Artística, pags. 30
  64. Universidad de Murcia (ed.): «La Universidad Literaria de Murcia (1840)». Consultado el 17 de septiembre de 2009.
  65. Rodríguez Llopis, pags. 395
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  67. Juan Bautista Vilar (1983). El Sexenio democrático y el Cantón Murciano. Murcia: Academia Alfonso X el Sabio. p. 221. ISBN 84-00-05402-4. 
  68. Antonio Pérez Crespo, Incidencia en la Región Murciana del fenómeno cantonalista, pag. 296
  69. La riada de Santa Teresa (1879) en Región de Murcia Digital
  70. Rodríguez Llopis, pag. 395
  71. Calvo García-Tornel, Francisco (1997). «Las transformaciones de los espacios urbanos fluviales en zonas áridas: lecciones de la cuenca del Segura» (pdf). Documents d'analisi geografica (Servei de Publicacions de la Universidad Autónoma de Barcelona) (31):  p. 110. ISSN 0212-1573. http://ddd.uab.cat/pub/dag/02121573n31p103.pdf. Consultado el 8 de abril de 2009. 
  72. Rodríguez Llopis, Atlas histórico ilustrado de la Región de Murcia y su antiguo reino, pag. 325
  73. Universidad de Murcia (ed.): «Murcia en 1914. Cuando se concedió la Universidad a Murcia». Consultado el 10 de mayo de 2009.
  74. http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Historia_de_Murcia&action=edit&section=10
  75. Rodríguez Llopis, Atlas histórico ilustrado de la Región de Murcia y su antiguo reino pags. 264
  76. Casanova Ruiz, Julian (1976-1979). Editorial Crítica, ed. La Iglesia de Franco. Madrid. pp. 32–33. ISBN 84-8432-675-6. 
  77. Rodríguez Llopis, Atlas histórico ilustrado de la Región de Murcia y su antiguo reino pags. 265
  78. Rodríguez Llopis, Atlas histórico ilustrado de la Región de Murcia y su antiguo reino, pag. 359
  79. Rodríguez Llopis, Atlas histórico ilustrado de la Región de Murcia y su antiguo reino pags. 267
  80. Rodríguez Llopis, pags. 437
  81. Rodríguez Llopis, pags. 443
  82. Gran Enciclopedia de la Región de Murcia, tomo VII, pag. 145
  83. Rodríguez Llopis, Atlas histórico ilustrado de la Región de Murcia y su antiguo reino pags. 246
  84. Rodríguez Llopis, Atlas histórico ilustrado de la Región de Murcia y su antiguo reino, pag. 217
  85. a b Rodríguez Llopis, Atlas histórico ilustrado de la Región de Murcia y su antiguo reino, pag. 274
  86. www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?sit=a,87,c,373,m,1871&r=ReP-7244-DETALLE_REPORTAJESPADRE
  87. «Historia». Ayuntamiento de Alcantarilla (2005). Consultado el 7 de octubre de 2009.

Bibliografía utilizada[editar]

  • Rodríguez Llopis, Miguel (2004). Historia de la Región de Murcia. Murcia: Tres Fronteras. ISBN 84-7564-200-4. 
  • Estrella Sevilla, Emilio (2007). Dos siglos a la sombra de una torre. Murcia: Contraste Producciones, S.L. ISBN 978-84-612-0451-9. 
  • Rodríguez Llopis, Miguel (2006). Atlas histórico ilustrado de la Región de Murcia y su antiguo reino. Murcia: Fundación Séneca. ISBN 84-935446-0-4. 
  • González Castaño, Juan (2009). Breve historia de la Región de Murcia. Murcia: Tres Fronteras. ISBN 978-84-7564-527-8. 
  • Consejería de Cultura, Educación y Turismo (1988). Murcia. Guía Artística. Murcia: I. G. Jiménez Godoy. ISBN 84-7564-068-0. 

Enlaces externos[editar]