Rebelión de las Alpujarras

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Rebelión de las Alpujarras
Rebelión de Las Alpujarras.png
Principales focos de la rebelión.
Fecha 1568 - 1571
Lugar Iniciado en Las Alpujarras, se extendió por todo el Reino de Granada,
Causas Resistencia morisca a la Pragmática Sanción de 1567.
Resultado Victoria de la Corona.
Consecuencias Más de 80.000 moriscos granadinos son dispersados por la Península ibérica.
Beligerantes
Flag of Cross of Burgundy.svg Imperio Español Moriscos sublevados
Comandantes
Flag of Cross of Burgundy.svg Don Juan de Austria
Flag of Cross of Burgundy.svg Marqués de Mondéjar
Flag of Cross of Burgundy.svg Marqués de los Vélez
Flag of Cross of Burgundy.svg Luis de Requesens
Abén Humeya
Farax Aben Farax
Abén Aboo
Fuerzas en combate
Ejército español
• 20.000 soldados
25.000 insurgentes

La Rebelión de las Alpujarras fue un conflicto acontecido en España entre 1568 a 1571 durante el reinado de Felipe II. La abundante población morisca del reino de Granada se alzó en protesta contra la Pragmática Sanción de 1567, que limitaba las libertades religiosas y culturales de dicha población. Cuando el poder real consiguió vencer a los sublevados, se decidió dispersar a más de 80.000 moriscos procedentes del reino de Granada por varios puntos de la península Ibérica, para evitar que su concentración provocara nuevas rebeliones. Por la gravedad y la intensidad de sus combates también se la conoce como la Guerra de las Alpujarras.

Índice

Desarrollo[editar]

Antecedentes[editar]

Pedro de Deza, presidente de la Audiencia de Granada, emitió un edicto proclamando la Pragmática el primero de enero de 1567 y comenzó a hacerlo cumplir. En los meses siguientes los moriscos se dispusieron a negociar a través de Jorge de Baeza y Francisco Núñez Muley, sus representantes, quienes defendieron que las tradiciones perseguidas por el edicto no eran incompatibles con la doctrina cristiana y que el comercio, principal actividad económica de la población morisca después de la agricultura, se podía ver afectado, con la consiguiente disminución de ingresos reales. Estos argumentos, que habían funcionado en negociaciones similares en tiempos de Carlos I, no lo hicieron en esta ocasión. Lo cierto es que las sospechas de Felipe II y la corte sobre la lealtad de los súbditos moriscos, unidas a obsesión de la monarquía por la uniformidad religiosa, a cuyo fin funcionaba la Inquisición española, crearon un amplio malestar entre los moriscos.[1]

Los combates[editar]

Tras un año de infructuosas negociaciones, la población morisca granadina decidió levantarse en armas en 1568. No recibieron mucho apoyo en la capital granadina[nota 1] , pero la rebelión se extendió rápidamente por la zona de Las Alpujarras; El estallido de la rebelión fue seguido de una oleada de actos de venganza contra los cristianos.[1] A la cabeza del levantamiento morisco pronto se situó un líder, llamado Fernando de Córdoba y Válor, que fue proclamado rey cerca de Narila y que se hacía llamar en árabe Abén Humeya (o Abén Omeya), por declararse descendiente la dinastía del Califato de Córdoba.[2] Farax Aben Farax, uno de sus seguidores, fue nombrado alguacil mayor del rey. La guerra, que comenzó con incursiones y emboscadas típicas de la Guerra de guerrillas, sorprendió a Felipe II con la mayoría de sus tercios combatiendo en la Guerra de Flandes, en los Países Bajos. En 1569 Abén Humeya sería asesinado, ocupando el puesto de rey su primo Abén Aboo. El Marqués de Mondéjar, en enero de 1569 ocupó las poblaciones de Juviles y Paterna evitando la represión y el pillaje de la tropa contra la población morisca, acción que le concedió fama de contemporizador.[1] La rebelión empezó a ser apoyada militar y económicamente desde Argelia (entonces, un protectorado del Imperio Otomano), con el objetivo de debilitar a Felipe II, pasando de los 4.000 insurgentes en 1569 a los 25.000 en 1570, incluyendo algunos elementos Bereberes y Turcos. La Armada Real mandada por Luis de Requesens y Gil de Andrade hubo de movilizarse para traer refuerzos al Ejército y proteger la costa granadina para evitar la llegada de refuerzos otomanos desde el Norte de África.[1]

No obstante, el auxilio otomano a la rebelión fue de poca consideración y nunca llegó a alcanzar un carácter decisivo.[nota 2] En 1570, ante el grave cariz que tomaba la revuelta, el rey destituyó al |marqués de Mondéjar como Capitán General de Granada y nombró en su lugar a su hermanastro don Juan de Austria, quien comandó un ejército regular traído de Italia y del Levante, que sustituyó a la milicia local. Don Juan entró a sangre y fuego en las Alpujarras, donde destruyó casas y cultivos, pasando a cuchillo a hombres y haciendo prisioneros a todos los niños, mujeres y ancianos moriscos que encontraron a su paso.[1] Entre los que pelearon contra los moriscos estuvo el escritor Diego Hurtado de Mendoza, cuya presencia le permitió a posteriori escribir sobre la guerra, siendo su testimonio de las pocas fuentes históricas directas de la época que se conocen.

El final[editar]

Juan de Austria lograría sofocar la revuelta en la zona de las Alpujarras hacia 1571. Los últimos rebeldes, tras perder el Fuerte de Juviles, fueron asediados en sus cuevas, donde murió Aben Aboo apuñalado por sus seguidores en una cueva de Bérchules. En la Serranía de Ronda se mantuvieron algunas últimas resistencias que fueron dominadas a finales de 1570 por Antonio de Luna y Arévalo de Zuazo.[1]

Consecuencias[editar]

Los moriscos de Granada que sobrevivieron (se estiman unos 80.000) fueron dispersados hacia otros lugares de la Corona de Castilla, especialmente hacía Andalucía Occidental y las Dos Castillas,[3] para evitar otra rebelión. Para el Reino de Granada las consecuencias fueron mucho más graves, ya que la expulsión provocó un gran vacío de población que no se pudo llenar durante décadas y que además provocó el hundimiento de la economía, ya que los moriscos constituían el principal motor de la economía granadina. A esto habría que sumar la destrucción de numerosos campos de cultivo, huertas y talleres industriales durante la duración de la campaña militar.[1]

Finalmente en 1609 Felipe III decretó la total Expulsión de los moriscos españoles, aunque esta medida apenas si afectó al Reino de Granada dado que apenas si quedaba algún morisco en este territorio después de 1571.[4]

En la Literatura[editar]

Pedro Calderón de la Barca en 1659 escribió el drama histórico Amar después de la muerte, o El tuzaní de la Alpujarra dedicado a la rebelión.[5]

Existe una novela histórica escrita por Ildefonso Falcones llamada "La Mano de Fátima" (2009), cuya trama tiene como entorno la rebelión de los moriscos y que se convirtió rápidamente en un gran éxito vendiendo cincuenta mil ejemplares el día de su estreno, el 10% de la tirada inicial.[6]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Tras la fracasada Revuelta morisca del Albaicín de 1499, la ciudad de Granada se había fortificado y se había convertido en Capitanía General de Granada. En estas circunstancias, se había planteado como centro de respuesta ante cualquier sublevación de la población morisca del Reino de Granada.
  2. El centro de las operaciones navales entre el Imperio Español y el Imperio Otomano se encontraba más en el Mediterráneo oriental, de la misma forma que los esfuerzos militares de los turcos se centraron en esta zona.

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g Fernando García de Cortázar, Atlas de Historia de España, pág. 291
  2. Diario Ideal, lunes 9 de enero de 2012
  3. ALVAR, Carlos (director). A buen bocado. Volumen 1 de la Gran Enciclopedia Cervantina. 2005.
  4. Fernando García de Cortázar, Atlas de Historia de España, pp. 324-325
  5. Pedro Calderón de la Barca (1659). Amar después de la muerte, o El tuzaní de la Alpujarra , CATEDRA, 2008. ISBN 9788437624655
  6. Ildefonso Falcones arrasa con 'La mano de Fátima'

Enlaces externos[editar]