Tomás de Aquino

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Santo Tomás de Aquino
St-thomas-aquinas.jpg
Proclamado Doctor de la Iglesia el 11 de abril de 1567 por el papa san Pío V
Nombre Tommaso d'Aquino
Apodo Doctor Angélico; Bos Mutus (El buey mudo)
Nacimiento 1224 ó 1225
Roccasecca, Nápoles, Reino de Sicilia
Fallecimiento 7 de marzo de 1274
Abadía de Fossanuova, Lacio, Italia
Venerado en Iglesia católica
Canonización 18 de julio de 1323 por el papa Juan XXII en Aviñón
Festividad 28 de enero Novus Ordo
7 de marzo Vetus Ordo
Atributos Hábito dominico, libro, sol en el pecho, iglesia bajo el brazo
Patronazgo Todos los establecimientos educativos católicos

Tomás de Aquino, en italiano Tommaso D'Aquino (Roccasecca o Belcastro,[1] Italia, 1224/1225-Abadía de Fossanuova, 7 de marzo de 1274) fue un teólogo y filósofo católico perteneciente a la Orden de Predicadores, el principal representante de la enseñanza escolástica, una de las mayores figuras de la teología sistemática y, a su vez, una de las mayores autoridades en metafísica, hasta el punto de que, después de muerto, sea el referente de varias escuelas del pensamiento: tomista y neotomista. Es conocido también como Doctor Angélico, Doctor Común y Doctor de la Humanidad, apodos dados por la Iglesia católica, la cual lo recomienda para los estudios de filosofía y teología.

Sus obras más conocidas son la Summa theologiae, compendio de la doctrina católica en la cual trata 495 cuestiones divididas en artículos, y la Summa contra gentiles, compendio de apología filosófica de la fe católica, que consta de 410 capítulos agrupados en 4 libros, redactado a petición de Raimundo de Peñafort.

Asimismo, fue muy popular por su aceptación y comentarios de las obras de Aristóteles, señalando, por primera vez en la Historia, que eran compatibles con la fe católica. A Tomás se le debe un rescate y reinterpretación de la metafísica y una obra de teología aún sin parangón, así como una teoría del Derecho que sería muy consultada posteriormente. Canonizado en 1323, fue declarado Doctor de la Iglesia en 1567 y santo patrón de las universidades y centros de estudio católicos en 1880. Su festividad se celebra el 28 de enero.

Vida[editar]

Juventud[editar]

Santo Tomás de Aquino (1650), de Murillo. Óleo sobre lienzo. 96x68 cm.

Tomás de Aquino nació en 1225 en el castillo de Roccasecca, cerca de Aquino, en el seno de una numerosa y noble familia de sangre germana.[2] Su padre, Landolfo, descendiente a su vez de los condes de Aquino, estaba emparentado con el emperador Federico II. Su madre, Teodora, era hija de los condes de Taete y Chieti.

Recibió Tomás su primera educación cumplidos los cinco años, en la abadía de Montecasino, de la que era abad su tío. Ya por estas fechas sus biógrafos más reputados (Guillermo de Tocco, Bernardo Guido o Pedro Calo) destacan una singular devoción, señalando que, desde bebé, se aferraba fuertemente a un papiro que tenía escrita el Ave María.[3] Le enseñaron primariamente gramática, moral, música y religión hasta 1239, cuando el emperador Federico II decretó la expulsión de los monjes. A finales del mismo año el joven Tomás entró en un centro más avanzado, acorde a sus facultades: la Universidad de Nápoles, que, mediante las artes liberales, le introdujo en la lógica aristotélica. En 1244, sintiéndose intensamente llamado a la vida austera e intelectual de los frailes dominicos que había conocido en un convento de Nápoles, ingresó excepcionalmente rápido en su Orden, gracias a la amistad que había trabado con el Maestro General Juan de Wildeshausen. La decisión contrarió en sobremanera a su familia, que tenía planificado que Tomás sucediera a su tío al frente de la abadía de Montecasino. Enterados de que Tomás se iba a dirigir a Roma para iniciarse en los estudios del noviciado sus hermanos lo raptaron y retuvieron durante más de un año en el castillo de Roccasecca con la intención de disuadirlo de su ingreso definitivo en la orden. Tras haber sido tentado varias veces, logró huir del castillo, y, para alejarse de su familia tuvo que ser trasladado a París. El Aquinate sorprendió a los frailes cuando estos vieron que se había dedicado a leer y memorizar la Biblia y las Sententias de Pedro Lombardo, incluso había comentado un apartado de las Refutaciones sofísticas de Aristóteles que eran las referencias para los estudios de la época.

Formación universitaria[editar]

Estatua de Santo Tomás de Aquino, ubicada en Santiago de Chile.

La Universidad de París era ideal para las aspiraciones del joven Tomás, por su marcada predisposición al Trivium (ya tradicional en París) y por sus escuelas de teología. Tuvo por maestros más destacados a Alejandro de Hales y a Alberto Magno, ambos acogedores de la doctrina aristotélica (especialmente el segundo). Entre sus compañeros estaba Buenaventura de Fidanza con quien mantuvo una singular relación de amistad, aunque también de cierta polémica intelectual. Antes de que Tomás acabara los estudios, Alberto Magno, sorprendido por el entendimiento de su alumno napolitano, le encarga un Acto escolástico, y a sus fortísimos argumentos el alumno responde con perfecta distinción, deshaciendo el discurso del Doctor alemán, el cual dijo a la asamblea:

Vosotros llamaís a éste el Buey mudo, pero yo os aseguró que éste Buey dará tales mugidos con su saber que resonarán por el mundo entero

Barbado Viejo, F. Introducción General en Tomás de Aquino Suma teologica Tomo I. BAC 1947, p.12

Alberto Magno, seguro del potencial del novicio, se llevó a éste consigo, a Colonia, a enseñarle y estudiar profundamente las obras de Aristóteles, que ambos habrían de defender posteriormente. En esa época Tomás fue ordenado sacerdote. Tomás volvería a París en 1252 para continuar sus estudios, pero encontraría una fuerte oposición a las Órdenes mendicantes, liderada por los profesores seculares, que perseguían el abandono de la Universidad, en señal de protesta contra el encarcelamiento de alumnos delincuentes. Pero el objeto último de su ira eran los maestros mendicantes: su singular pobreza, constancia y hábito de estudio llenaba sus clases de alumnos (Véase el caso de Alberto Magno) y ponía en evidencia a los seculares.

El punto álgido de aquel enfrentamiento, que llegó a amenazar la vida de los mendicantes, llegó cuando el doctor Guillermo de Saint Amour publicó sus tratados: Libro del anticristo y sus ministros y Contra los peligros de los novísimos tiempos. Tomás escribió en octubre de 1256, unos meses más tarde del segundo panfleto de San Amour, Contra los que impugnan el culto divino y, el Papa Alejandro IV, ese mismo mes, excomulgaría a San Amour, prohibiéndole la enseñanza y los sacramentos. El joven napolitano contaría, a raíz de su respuesta a Saint Amour, con la confianza papal en cuestiones teológicas, y se le asignó la revisión del Libro introductorio al Evangelio eterno, de influencias joaquinistas.

Enseñanza universitaria[editar]

Tras aquella destacada actuación se le concedió el doctorado con la excepcional edad de 31 años, por lo cual, en 1256 ejerce como maestro de Teología en la Universidad de París. Allí escribe varios opúsculos de gran profundidad metafísica, como De ente et essentia y su primera Summa o compendio de saber: el Scriptum super Sententias. Además, goza del puesto de consejero personal del Rey Luis IX de Francia.

En junio de 1259, Tomás es llamado a Valenciennes, junto con Alberto Magno y Pedro de Tarentaise (futuro papa Inocencio V), para organizar los estudios de la Orden, aprovechando que tenía que trasladarse a su Italia natal. Estuvo durante un periodo de diez años enseñando en Nápoles, Orvieto, Roma y Viterbo. En esta era de su vida Tomás termina la Summa contra gentiles, que sería la guía de apología de la Orden en España, encarga la traducción de numerosas obras de Aristóteles a su amigo erudito Guillermo de Moerbeke, para evitar ciertos errores de interpretación cometidos por los árabes, y comienza la redacción de la Summa Theologiae. Es menester señalar que el Papa Urbano IV lo nombró consejero personal, y que le encargó la Catena aurea (Comentario a los cuatro Evangelios), el Oficio y misa propia del Corpus Christi y la revisión del libro Sobre la fe en la Santísima Trinidad, atribuído al obispo Nicolás de Durazzo.

El Aquinate fue enviado de vuelta a París, debido a la gran oposición que se había alzado en contra de su figura y doctrina. Ésta época, por ser la última, es la más madura y fecunda del Aquinate, el cuál se enfrentó a tres brazos del pensamiento: los idealistas agustinistas, encabezados por Juan Peckham, los seculares antimendicantes, dirigidos por Gerardo de Abbeville y, por último los averroístas, cuya figura visible era Sigerio de Brabante. Tomás ya había asumido públicamente, numerosas ideas aristotélicas y completó las Exposiciones de las más destacadas obras de Aristóteles, del Evangelio de Juan y de las Cartas de Pablo el apóstol. Por otro lado, escribe sus famosas cuestiones disputadas de ética y algunos opúsculos en respuesta a Juan Peckham y Nicolás de Lisieux, al tiempo que terminaba la segunda parte de la Summa Theologiae.

Pero su gran lucha vino contra los averroístas: Sigerio de Brabante, máxima figura de la Facultad de Artes, había manifestado en sus clases (no en sus obras, de lógica y física, como el Sophisma y su comentario a la Física de Aristóteles) que el hombre no tenía naturaleza espiritual por lo que la razón podía contradecir la fe sin dejar ambas de ser verdaderas. Tomás, líder indiscutible de la Facultad de Teología, respondería ese mismo año con su De unitate intellectus contra averroistas terminando dicho opúsculo en una declaración sin par:

He aquí nuestra refutación del error. No está basada en documentos de fe sino de razón, y en los asertos de los filósofos. Si hay, pues, alguien que, orgullosamente engreído en su supuesta ciencia, quiera desafiar lo escrito, que no lo haga en un rincón o ante niños, sino que responda públicamente si se atreve. El me encontrará frente a sí, y no sólo al mísero de mí, sino a muchos otros que estudian la verdad. Daremos batalla a sus errores o curaremos su ignorancia

GK Chesterton Santo Tomás de Aquino. Espasa-Calpe 1941, p.84

Tras este desafío singular se dice, pues no consta entre sus biógrafos, que ambos se enfrentaron públicamente[4] y no sería descabellado, ya que Tomás había disputado con, por ejemplo, Peckham ante la universidad[5] pero lo históricamente válido es que Tomás salió ampliamente victorioso tras la publicación del opúsculo, ya que, en primer lugar, Siger se retractó de muchas cuestiones en su De anima intellectiva, y en segundo lugar, el obispo de París, Esteban Tempier condenaría a los pocos meses hasta trece cuestiones esenciales del averroísmo, lo que provocó una gran huelga en la Facultad de Artes.

Regreso y muerte[editar]

Terminada su labor en Francia, se le encargó la fundación de un nuevo capítulo provincial en su Nápoles natal. Antes de ello Tomás visitó su familia, así como sus amigos el cardenal Anibaldo degli Anibaldi y el abad de Montecassino Bernard Ayglier. En Nápoles debe destacarse que fue recibido como un rey, así como la numerosa correspondencia que mantuvo, respondiendo dudas al mismo Bernard Ayglier entre muchos otros. Sin embargo, tan pronto comenzó la tercera parte de la Summa Theologiae tuvo una singular experiencia mística (ya las había tenido antes, está bien documentado[6] ) tras la cual se le haría imposible escribir:

Me han sido reveladas semejantes cosas que lo que he escrito me parece paja.

Forment (2005, p. 21)

Al menos accedió a la invitación del Papa Gregorio X para asistir al Concilio de Lyon II. Sin embargo, desde el arrebato místico estaba muy débil, y hubieron de acogerle en la Abadía de Fossanova. Tras varias profecías y milagros[7] documentados y con numerosos testimonios, Tomás murió haciendo una enérgica profesión de fe el 7 de marzo de 1274, cerca de Terracina. Posteriormente, el 28 de enero de 1369, los restos mortales del filósofo y teólogo fueron trasladados a Tolosa de Languedoc, motivo por el cual la Iglesia católica celebra su memoria en esta fecha.

Después de su muerte, algunas tesis de Tomás de Aquino, confundidas entre las averroístas, fueron condenadas por el obispo de París, Étienne Tempier, quien en 1277 lanzó una gran condena de 219 tesis respecto a la Universidad de París. A pesar de que era una condena importante, pero local, Tomás de Aquino fue canonizado rápidamente, el 18 de enero de 1323. Las condenas de 1277 fueron inmediatamente levantadas en lo que respecta a Tomás de Aquino el 14 de febrero de 1325.

Tomás de Aquino es, junto con Aristóteles, Agustín, Leibniz, Kant y Hegel, uno de los intelectuales más profundos, sistemáticos y fecundos de la Historia.

Obra[editar]

La obra escrita de Tomás de Aquino es inmensa y, cuando se tiene en cuenta que murió a los cuarenta y nueve años y había recorrido casi 10.000 kilómetros en viajes a pie se considera una hazaña inigualable. Josef Pieper comentaba: Apenas puede creerse todo lo que escribió los últimos años en París.[8]

Sus obras más extensas, y generalmente consideradas más importantes y sistemáticas, son sus Sumas: la Summa Theologiae, la Summa contra Gentiles y su Scriptum super Sententias. Aunque el interés y la temática principal siempre es teológico, cuenta también con varios comentarios a obras filosóficas, destacándose, como se ha dicho antes, en Aristóteles con obras filosóficas, polémicas o litúrgicas. A lo largo de la historia se le han atribuido obras espurias, que con el paso del tiempo han dejado de ser consideradas de su autoría. Así, sus obras se encuentran divididas en:

  • Tres síntesis teológicas, o summas
  • Nueve tratados en la forma de disputas académicas
  • Doce disputas quodlibetales
  • Nueve exégesis sobre las Sagradas Escrituras
  • Una colección de glosas de los Padres de la Iglesia sobre los Evangelios
  • Once exposiciones sobre los trabajos de Aristóteles
  • Dos exposiciones de trabajos de Boecio
  • Dos exposiciones de trabajos de Proclo
  • Cinco trabajos polémicos
  • Cinco opiniones expertas, o responsa
  • Quince letras sobre teología, filosofía o temas políticos
  • Un texto litúrgico
  • Dos oraciones famosas
  • Aproximadamente 85 sermones
  • Ocho tratados sobre teología

Pensamiento[editar]

Fe y Razón[editar]

El pensamiento de Tomás de Aquino partía de la superioridad de las verdades de la teología respecto a las racionales, por la sublimidad de su fuente y de su objeto de estudio: Dios. Aunque señaló que la razón era muy limitada para conocer a Dios, ello no le impidió mostrar que la filosofía era un modo de hallar conocimientos verdaderos:

En primer lugar porque no contradice a la teología, así lo dice:

Lo naturalmente innato en la razón es tan verdadero que no hay posibilidad de pensar en su falsedad. Y menos aún es lícito creer falso lo que poseemos por la fe, ya que ha sido confirmado por Dios. Luego como sólamente lo falso es contrario a lo verdadero, como claramente prueban sus mismas definiciones, no hay posibilidad de que los principios racionales sean contrarios a la verdad de la fe

Tomás de Aquino (2007, p. 53)

En segundo lugar, porque es la herramienta natural del hombre para conocer el mundo y el Aquinate, como se ha visto, considera imposible pensar en la falsedad de la razón por lo connatural que no es. No obstante, Tomás señalaba que si se llegaba a una contradicción real y no aparente entre una conclusión de fe y otra racional, la errónea sería la de razón ya que Dios es infalible. Un ejemplo de contradicción aparente sería la cuestión de la Trinidad:

Tomás, por razón, señala que "Dios es simple", y, por fe, que es "trino", pero para ser trino (que no triple) hace falta ser uno, es decir simple, por lo que fe y razón no se contradicen, sino que la gracia de la fe supone (acepta) y eleva (perfecciona) la naturaleza, racional en este caso.

Ontología[editar]

Tomás, como máximo exponente de la figura de Aristóteles, tiene en el ser el punto de partida de su esquema del pensamiento. El Aquinate comienza su ciencia en el ente, que se define como lo que está siendo, y distingue entre ente lógico (meramente pensado) y ente existente.

Ahí introduce su innovadora distinción entre esencia y existencia. Ya que podemos actualizar interiormente la esencia de un objeto, independientemente de que exista, hay que concluir que ambos son principios diferentes y Tomás asocia la esencia, por ser limitación, con la potencia aristotélica, y la existencia, por ser perfección, como acto; en esta independencia de la existencia respecto a la esencia radica la cuestión de la contingencia de los objetos. El Aquinate menciona también el caso de Dios, que es plenamente subsistente no-contingente luego su existencia se encuentra en su esencia, se define como el ser propio y absoluto.

La siguiente innovación radica en las propiedades inherentes del ser, o trascendentales, que son tres:

Unidad: Un ente, por Principio de no contradicción, es una realidad simple, es decir, incontradictoria. Esto enlaza con lo que dijo Aristóteles:

El Ser y el Uno son la misma cosa

Aristóteles Metafísica. Alianza Editorial, 2011, p.112

Verdad: Se dice aquí que todo ente es inteligible, que cualquier ente cabe de ser pensado. La verdad sería pues la propiedad de cognoscibilidad del ente, cosa afirmada por Agustín de Hipona y reforzada por Tomás en su famosa definición:

Conformidad del entendimiento con su principio, las cosas[9]

Bondad: Ya que el mal, por ser mera corrupción, no existe como tal, como ente, no hay ente que sea "malo", así pues, todo ente es bueno, apetecible por la voluntad.

La ontología de Tomás no es, pues, una metafísica de las esencias y de las categorías como venía siendo tiempo atrás sino de algo aún más profundo: del ser mismo [10] lo cual conlleva un punto de vista más real, optimista y exacto.

Conocimiento[editar]

La teoría del conocimiento de Tomás de Aquino es un rescate de la defendida por Aristóteles. Para ambos el entendimiento toma la forma genérica y substancial de los objetos del exterior (percibida a través de los individuos, plenamente reconocidos por la intencionalidad del esciente) y la abstrae, dando lugar a la especie o universal en acto. En ello radica la diferencia cognoscitiva entre hombre y animal, ya que el universal es un elemento indispensable para toda ciencia, que sólo puede alcanzar el hombre.

La novedad de Tomás en este tema reside en su respuesta al problema de los universales. Dicho problema, mencionado primeramente por Porfirio en su Isagoge, analiza el modo de ser del universal. Ya que ésta cuestión es de capital importancia antropológica (Está visto arriba), directa o indirectamente las grandes figuras intelectuales de la Edad Media como Agustín de Hipona, Escoto Eriúgena, Anselmo de Canterbury, Pedro Abelardo o Sigerio de Brabante tomaron postura en la polémica. Tomás no sería menos y dio la siguiente solución, destacando tres estados reales del universal:[11]

  • Ante rem (Anteriores a las cosas): En la mente de Dios, por ser Creador del mismo, como arquetipo de los entes de la realidad material.
  • In rem (En las cosas): Como estructura que conforma la especie de un objeto singular. Está mezclado con la materia, por lo que, como tal, en el aspecto sensitivo es potencial e imperceptible.
  • Post Rem (Posteriores a las cosas): Como conceptos lógicos, abstraidos de los entes reales materiales y, necesariamente por lo dicho arriba, inmateriales.

Existencia de Dios[editar]

La demostración de la existencia de Dios, ofrecida en una formulación sintética a través de las así llamadas "Cinco Vías" es un punto breve en la magna obra de Tomás. No obstante, su exposición es tan completa y sistemática que ha hecho sombra a Platón, Aristóteles, Agustín de Hipona o Anselmo de Canterbury y se ha convertido en el modelo de la filosofía clásica respecto a éste punto.[12]

La Primera Vía se deduce del movimiento de los objetos. Tomás explica mediante la distinción de acto y potencia, que un mismo ente no puede mover y ser movido al momento, luego todo aquello que se mueve lo hace en virtud de otro. Se inicia, pues, una serie de motores, y esta serie no puede llevarse al infinito, porque no habría un primer motor, ni segundo (es decir, no habría comunicación de movimiento) por lo tanto debe haber un Primer Motor Inmóvil que se identifica con Dios, principio de todo.

La Segunda Vía se deduce de la causa eficiente (pues todo objeto sensible está limitado por la forma, de ahí que no sea eterno y sí causado). Se inicia, por lo tanto, una serie de causas análoga a los motores que termina en una Causa Incausada, identificada con Dios, creador de todo.

La Tercera Vía se deduce a partir de lo posible. Encontramos que las cosas pueden existir o no, que pueden pensarse como no existentes y por lo tanto son contingentes. Es imposible que las cosas sometidas a la posibilidad de no existir lleven existiendo eternamente pues en algún momento habrían de no existir. Por lo tanto debe haber un Ser Necesario que se identifica con Dios, donde esencia y existencia son una realidad.

La Cuarta Vía se deduce de la jerarquía de valores de las cosas. Encontramos que las cosas son más o menos bondadosas, nobles o veraces. Y este "más o menos" se dice en cuanto que se aproxima a lo máximo y (ya que los grados inferiores tienen su causa en algo genéricamente más perfecto) lo máximo ha de ser causa de todo lo que pertenece a tal género. La causa de la bondad y la veracidad se identifica con Dios, el Ser máximamente bueno.

La Quinta Vía se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Tomás recuerda como los cuerpos naturales, siempre o a menudo, obran intencionadamente con el fín de lo mejor, muchos incluso sin conocimiento. Llegó a decir, fiel a Aristóteles, que cada ente, como causado, debe tener un orden dado, tanto por razón de su forma (esencia) como de su existencia y, remontándonos en la serie de causas finales, ésto sólo es posible si hay un Ser supremamente inteligente, que es Dios.

Muchas de las numerosas críticas a esta propuesta de Tomás se deben a tres fenómenos corregibles:

Lectura imprecisa
Se le ha criticado que no explicaba la solución a la serie de infinitos, ni la contingencia de los cuerpos o que emplea el principio de razón suficiente y mal[13] pero ninguna afirmación es cierta, como hemos podido ver.
Formación insuficiente
Un caso muy notorio a este respecto es el del genético Richard Dawkins señalaba, entre otros, tres aspectos imposibles de las Cinco Vías:
Que la causalidad habría de aplicarse igualmente a la Dios, por ser supuestamente objeto de estudio (y de causa) por lo que no sería tal (citando a Immanuel Kant).
Que también los valores negativos, como "la hediondez", necesitaban de un máximo igualmente, por lo que Dios no sería tal
Por último, que la omnipotencia de Dios le haría conocedor de su futuro y apto para negarse a sí por lo tanto no sería tal.[14]

Lo que Dawkins no reconocía era:

  • Que se ha difamado el argumento: la causalidad ha de detenerse necesariamente, por ley científica, en un punto incausado, también llamado Dios.
  • Que la hediondez es una corrupción de la bondad (verdadero valor) en cuanto olfativa
  • Por último, que Dios no tiene futuro, no existe término alguno en él pues es absolutamente inmutable e inmóvil.
Error terminológico
Arthur Schopenhauer criticaba que la necesidad era un efecto de un principio. Esa definición, bien conocida por Tomás, se aplica a la analítica lógica, por eso es incompleta. Tomás se refiere a la necesidad como tal de la existencia, que se contiene en la naturaleza divina.

También se le ha criticado que dicho Dios no tiene por qué ser el Dios cristiano, sino que podría ser el Uno de Plotino o la Causa Incausada de Aristóteles. A esto hay que decir que el Dios de las Cinco Vías es el ser por esencia, el acto puro y propio que se lee en el Éxodo, capítulo 3, versículo 14:

"Yo soy el que es[15] "

A pesar del gran optimismo de Tomás respecto a la cognoscibilidad de Dios, éste no estaba dispuesto aceptar cualquier vía para demostrar la existencia de Dios. Su realismo aristotélico provocó numerosos enfrentamientos con los agustinistas, y, entre otras cuestiones, con el muy discutido argumento ontológico; es poco menos que impresionante apreciar que Tomás, por defender la verdad, es capaz de negar uno de los pilares doctrinales de un Doctor de la Iglesia, que él, como devoto creyente, considera casi infalible.

Tomás, muy por delante de las futuras exposiciones empíricas (Hume y Kant), da dos razones simples y fáciles de entender para negar la conclusión del argumento.

Una radica en la evidencia de la idea de Dios:

Que Dios existe, es ciertamente evidente en sí, porque es su mismo ser, pero con respecto a nosotros, Dios no es evidente. Que el todo sea mayor que las partes es, en sí, absolutamente evidente. Pero no lo es para el que no concible el todo. Y así sucede con nuestro entendimiento

Tomás de Aquino (2007, p. 60)

Otra radica en la existencia de la idea de Dios:

Y de que concibamos intelectualmente el significado del término "Dios" no se sigue que Dios sea existente sino concebido en el entendimiento. Y en consecuencia, el ser más perfecto que se pueda pensar no es necesario que se de fuera del entendimiento

Tomás de Aquino (2007, p. 60)

Aquí el Aquinate distingue "pensar algo como existente" y "pensar algo ya existente", señalando que la existencia que pide Anselmo es necesariedad, es un deber-ser meramente intelectual, no existencial.

Asimismo, Tomás defendió, con gran éxito, frente a Juan Peckham la posibilidad de que el mundo fuera causado y eterno al mismo tiempo, es decir, con término de ser pero no de movimiento físico, demostrando su cercanía con el pensamiento clásico griego:

La causa completa y su efecto son simultáneos, pero a Dios no le falta ningún complemento luego su efecto siempre puede darse

«Sobre la eternidad del mundo».

Esencia de Dios[editar]

Tomás, como se ha visto, dejó claro que (Debido a su inmensidad) no podemos contemplar a Dios como tal y señaló que la mejor forma de conocer a Dios sería mediante su Revelación directa: la Biblia, especialmente el Nuevo Testamento, la Tradición apostólica y el Magisterio de la Iglesia. Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente filosófico, se habría de conocer a Dios no mediante dichas fuentes sino del modo en que está ordenada la razón natural: tomando las cosas sensibles (los efectos) y abstraerse a sus principios (la causa) o fines. Una vez realizado ese proceso se establece qué tienen en común y qué no, es decir, las dos Vías del Conocimiento de Dios:

Vía negativa
El Aquinate afirma en su Summa contra gentiles que en Dios no hay composición, violencia, corporeidad o potencia alguna, no porque le falten dichos rasgos y parezca,así, incompleto, sino porque está por encima de todo límite o posibilidad.

De esta manera, eliminando predicados "negativos" obtenemos una imagen más exacta de Dios, que es, por oposición, simple, natural, incorpóreo y acto puro.

Vía afirmativa
Se trata de predicar de Dios todos aquellos atributos de bondad, veracidad y otros valores "positivos" pues él es causa de todo cuanto bueno hay en la tierra, y por lo tanto, como está dicho en la Cuarta Vía, él es la pura Bondad, Verdad etc...

Este modo de relacionar sujetos entre sí por su parecido, fruto de la proporcionalidad de ciertos predicados es lo que Tomás llama analogía. Aunque es una herramienta definida y empleada como tal por primera vez por Aristóteles, no era sino un aspecto de la sofística sin analizar internamente, de lo cual se ocuparía Tomás. Éste distinguió dos clases de analogías:

De proporcionalidad
Se da en un conjunto de objetos, con distinta naturaleza por la distinta entidad de éstos. Es de forma "horizontal" y según el atributo, puede ser propia o metafórica.
De atribución
Se da desde un "primer analogado" activo o un "analogado" pasivo, por lo que es de forma "vertical".

La novedad de Tomás radica no sólo en tal distinción sino en emplear éste nexo lógico en un campo existencial y sumándole el concepto de "eminencia" (Dios posee el atributo de modo supremo por lo que está absolutamente identificado con tal).

El alma y el cuerpo[editar]

La enseñanza filosófica del Aquinate sobre la entidad y relación del alma y cuerpo viene recogida, en gran medida, en la respuesta que da al averroísmo y a su Teoría de la unidad del intelecto o entendimiento:

Fruto de la exégesis neoplatónica de Alejandro de Afrodisias de los textos aristotélicos, así como del extremismo teocentrista arábigo, el filósofo árabe Averroes, evolucionando la opinión del verdadero precursor, Avicena, defendió que el intelecto agente, el actualizador del universal, era Alá, y que tal universal el género humano lo asimilaba y hacía ciencia con él en el intelecto posible (que era único para todos) por lo que ninguna alma tenía, como individuo, nada incorpóreo; así pues, ninguna era inmortal. Averroes indicaba que la relación entre entendimiento y alma humana se daba mediante la fantasía, entendida como facultad de conocimiento sensitivo, propia del animal. A esto dicho filósofo añadía, como nos ha dejado constancia Tomás, que ésta era la opinión de Aristóteles, pues él decía que el entendimiento era impasible, inmixto y separado[16]

Para entender la singular energía de Tomás en respuesta a esta opinión habría que caer en la cuenta de dos aspectos de la misma.

Vistos estos puntos se puede entender la energía del Aquinate en responder a Sigerio, pero no lo hace desde el sentimiento y la sofística sino, como se verá, desde el sentido común y la sencillez:

El individuo es hombre porque entiende mediante su entendimiento posible. Si este hombre tiene una fantasía distinta de aquél pero no otro entendimiento posible sino uno idéntico, seguíriase que son dos animales y un único hombre, que es evidentemente imposible, luego no hay un único entendimiento posible

Tomás de Aquino (2007, p. 528)

Los fantasmas o imágenes, que son entendidos en potencia, son diversos, lo que da la especie ha de ser uno pues la especie es una y a lo uno corresponde luego el hombre no recibe la especie por los fantasmas

Tomás de Aquino (2007, p. 529)

Si el entendimiento posible es algo del alma humana y se multiplica en atención a los individuos, como ya se demostró, por proporción igual será el entendimiento agente, y no uno para todos

Tomás de Aquino (2007, p. 554)

Del mismo modo, criticaría que la opinión de Aristóteles no era tal pues él afirmó por escrito que el entendimiento es potencia genérica del alma mediante el cual opina y entiende[17] por lo tanto el que esté separado e inmixto se toma respecto a otras potencias del individuo.

A partir del asentimiento de Tomás a el intelectualismo del alma, afirmará, por ser recipiente del universal, que ésta es inmaterial e incorruptible. Respecto al cuerpo, Tomás criticó a Platón de rechazarlo y de afirmar la unión de ambos como accidental, por lo que defendió la unidad sustancial de ambos y su identidad como un solo sujeto.

Ley natural[editar]

El fin último del hombre es el bien de su especie, su plenitud-perfección, alcanzar la felicidad. Para obtenerla debe responderse a su naturaleza, a su forma humana, y que el ser humano entiende a Dios, Sumo Bien, por el dictamen de su intelecto es como llega al bien (del cual da Dios razón) de las cosas [18] Ya que todo ente tiene una forma, con sus límites y medidas, según esas leyes de naturaleza, el hombre alcanza su bien, su virtud. A ello se le llamaría ley natural.

En consecuencia, la ley positiva, si es contraria a la ley natural, es injusta pues atenta contra el bien del hombre. De este modo, la ley natural expresa la libertad del hombre y exige una ordenación racional de su conducta. Esto explica que, para Tomás de Aquino, la peor forma de gobierno es la tiranía. Tomás de Aquino recoge las virtudes aristotélicas cuya realización está en el justo medio. Esto se ve corroborado, profundizado y trascendido por la revelación cristiana. Según ésta, el compendio de la ética es el amor al prójimo, que es querer el bien de todo hombre.

Influencias y repercusiones[editar]

Tomás, aun siendo teólogo, destacó por haber leído y estudiado exhaustivamente a todos los intelectuales referenciales del momento, filosóficos incluidos, de ahí que pudiera alcanzar una síntesis tan extensa y consistente. Los materiales para su pensamiento son de muy diverso origen:

En primer lugar de Platón. A él se le debe cierta doctrina de la participación (aún no plenamente metafísica), para explicar la relación entre Dios y las criaturas, asi como la cuestión de los grados de perfección. Tomás también conocía a los estoicos como antecedentes de la idea tomista de ley natural.

De Aristóteles coge sus teorías principales, aunque con la perspectiva cristiana del ser, como se ha visto antes. Los conceptos de forma y materia, acto y potencia, substancia y accidentes y Dios como fundamento último de los movimientos de la realidad (primera y quinta Vía). Asume toda su teoría del conocimiento y las bases de su antropología: la concepción formal del alma, su división tripartita etc.. En Ética y Política recoge el concepto y la clasificación aristotélica de la virtud y completa sus aportaciones sobre la ley natural (base del derecho natural, que, aún defendido por John Locke e Inmanuel Kant, es metafísico), y completa estos esquemas con la referencia a la ley eterna y las virtudes teologales (ajenas a la misma cultura griega). Por otra parte, la Lógica la acepta íntegramente desde su juventud.

Del pensamiento musulmán y judío, además de acoger sus comentarios a Aristóteles destaca por su atención a Avicena en su distinción (aún inexacta, debido a su esencialismo) entre esencia y existencia, y en la formulación de la Tercera Vía. Por otro lado, de Maimónides recoge la defensa de la creación de la nada y su modo de entender las relaciones entre la fe y la razón. En cuanto a lo cristiano, es fundamental recordar su adhesión inquebrantable a la Biblia, los Decretos de los Concilios y los Papas (destaca Gregorio Magno por sus tratados morales y pastorales). Entre los Padres de la Iglesia destaca, eminentemente, Agustín de Hipona en la relación de los atributos de Dios, la idea de la creación o la tesis de la inmaterialidad del alma, la cuestión de la Trinidad entre muchas otras (afinadas por su aristotelismo)

De otros neoplatónicos como Pseudo Dionisio Areopagita asume los aspectos neoplatónicos de sus obras, como el concepto de participación y las grados de perfecciones, en clave teológica. De Boecio, sus aportes a los dogmas trinitarios y cristológicos. Alberto Magno, en último lugar, le introduje en el conocimiento de Aristóteles y le inició en la cuestión de los trascendentales.

Respecto a su influencia posterior, Tomás jugó un papel capital, nunca antes visto en la Iglesia católica, como referencia y modelo de pensamiento, tanto en la Inquisición como en el Concilio de Trento. En el Siglo XV sus seguidores son muy diversos: el canciller Juan Gerson, el inquisidor Tomás de Torquemada y Girolamo Savonarola. En el Siglo XVI defienden su doctrina y figura el Papa Pío V (que lo nombró Doctor de la Iglesia) y un buen número de distinguidos españoles como el fundador de la Compañía de Jesús Ignacio de Loyola (cuya lectura él decreta en el Cap. 14, punto 4° de las Constituciones[19] ), el Doctor místico Juan de la Cruz (que emplea constantemente sus principios para explicar los mecanismos espirituales), el cardenal Tomás Cayetano, Francisco de Vitoria y Domingo de Soto. Más tarde, asentando la reforma contra el protestantismo en el Siglo XVII, destacan el obispo Francisco de Sales, Juan de Santo Tomás, Francisco Suárez y Domingo Báñez.

En el siglo XVIII, a pesar de la poderosa aparición del racionalismo y, a raíz de él, el empirismo (entre ilustrados) y ontologismo (entre católicos como Nicolas de Malebranche) cabe mencionar las aportaciones del cardenal Juan Tomás de Boxadors y los obispos Alfonso María de Ligorio y Jacques Bossuet.

Ante las nuevas corrientes: idealismo romántico, nihilismo vitalista, filosofía de la conciencia (Henri Bergson) y Fenomenología, así como una rama fideísta ultra-católica (Louis Eugène Marie Bautain, Louis de Bonald y el joven Félicité Robert de Lamennais) la Iglesia católica recomendó directamente a Tomás para un estudio veraz, acorde a la fe católica. Ya en el Siglo XIX Tomás es recomendado por los Papas Leon XIII (es famoso por su encíclica Aeterni Patris) y Pio X (destacó su motu propio Doctoris Angelici) con el apoyo de los cardenales Désiré Félicien-François-Joseph Mercier y Zeferino González y Pierre Mandonnet. Y, al fín, en el Siglo XX se trata de los Papas Pío XI (Studiorum Ducem), Juan Pablo II (formado en el Angelicum), el cardenal Henri de Lubac, el canciller Etienne Gilson, Josef Pieper, Reginald Garrigou-Lagrange, Jacques Maritain y Antonin-Dalmace Sertillanges

En la Iglesia en general, es la referencia de los Concilios Trento y Vaticano I (en la constitución Dei Filius), a la vez que se coloca como paradigma de estudios en general en el Vaticano II (se vuelve a nombrar como autoridad a seguir en cuestiones especulativas y metafísicas[20] ) y en el Código de Derecho Canónico (can. 589 y 1366). De hecho, hoy, numerosos escritos de los Papas vuelven constantemente a él.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Fra' Giovanni Fiore da Cropani, historiador calabrés del siglo XVII, en su obra Della Calabria illustrata (De la Calabria ilustrada) sostiene que Tomás de Aquino había nacido en Belcastro; una tesis sostenida también por Gabriele Barrio en su obra De antiquitate et situ Calabriae (Sobre la antigüedad y el lugar de Calabria, en cinco libros), y por Girolamo Marafioti, teólogo de la Orden de los Menores Observantes en su obra Cronache ed antichità della Calabria (Crónicas y antigüedades de la Calabria).
  2. Pieper, 1948, p. 22.
  3. Forment, 2005, p. 14.
  4. Louis de Wohl La luz apacible: novela sobre Santo Tomás de Aquino y su tiempo. Palabra. 1996, p.341
  5. Forment, 2005, p. 20.
  6. Forment, 2005, p. 18.
  7. Forment, 2005, p. 23.
  8. Pieper, 1948, p. 27.
  9. Tomás de Aquino. Suma Teológica Tomo I. BAC, 1947, pg. 639
  10. Reale y Antiseri, 2010, p. 219.
  11. Reale y Antiseri, 2010, p. 172.
  12. Tomás de Aquino Summa Theologiae Vol 1/6 Cuestión 2, art1. Biblioteca de Autores Cristianos, 2010
  13. «Refutaciones a las 5 vías tomistas de la existencia de Dios».
  14. Richard Dawkins El espejismo de Dios Capítulo 3. Espasa. 2007
  15. Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer, 1999, p.68
  16. Tomás de Aquino, 2007, p. 519.
  17. Tomás de Aquino, 2007, p. 501.
  18. Tomás de Aquino, 2007, v. 2/2, p. 117.
  19. Ignacio de Loyola Obras. BAC, 1997 (6.ª ed.) p. 497
  20. Documentos completos del Vaticano II. Bilbao: El Mensajero del Corazón de Jesús. 1965. p. 318. 

Bibliografía[editar]

De Tomás de Aquino[editar]

  • Tomás de Aquino (1989). La monarquía. Traducción Laureano Robles y Ángel Chueca. Madrid: Tecnos. ISBN 84-309-1764-0. 
  • — (1996). De Veritate. Traducción Humberto Giannini y Óscar Velásquez. Chile: Editorial Universitaria. ISBN 956-11-1265-5. 
  • — (1997). De las Virtudes. Traducción de Patricia Serrano Guevara. Santiago-Chile: Universidad de los Andes. ISBN 956-7160-12-0. 
  • — (2000). Comentario a la Ética a Nicómaco de Aristóteles. Traducción de Ana Mallea. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-1761-2. 
  • — (2000). Cuestión disputada sobre las virtudes en general. Traducción de Laura E. Corso de Estrada. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-1806-6. 
  • — (2001). Comentario a los libros de Aristóteles, Sobre el sentido y lo sensible, Sobre la memoria y la reminiscencia. Traducción de Juan Cruz Cruz. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-1846-5. 
  • — (2001). Comentarios a la Política de Aristóteles. Traducción de Ana Mallea. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-1904-6. 
  • — (2002). Comentarios a las sentencias de Pedro Lombardo. 1/1, El misterio de la Trinidad. Nombres y atributos de Dios. Edición preparada por Juan Cruz Cruz. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-2031-1. 
  • — (2004). Comentarios a las sentencias de Pedro Lombardo. 1/2, Nombres y atributos de Dios. Edición preparada por Juan Cruz Cruz. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-2175-X. 
  • — (2007). Laureano Robles Carcedo y Adolfo Robles Sierra, ed. Suma contra los gentiles 1/2. Biblioteca de Autores Cristianos. ISBN 978-84-7914-893-5. 
  • — (2010). Francisco Barbado Viejo, ed. Summa Theologiae 1/6. Biblioteca de Autores Cristianos. ISBN 978-84-220-1433-1. 
  • — (2012). Eudaldo Forment, ed. Obra completa. Biblioteca de Grandes Pensadores. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-3664-8. 

Sobre Tomás de Aquino[editar]

  • Reale, Giovanni; Antiseri, Dario (2010). Historia de la Filosofía. 1/3 Tomo 1/2 Patrística y escolástica. Herder. ISBN 978-84-254-2658-2. 
  • Forment, Eudaldo (2005). Id a Tomás (2ª edición). Fundación GRATIS DATE. ISBN 9788487903694. 
  • Octavio Nicolás Derisi (1945). La doctrina de la inteligencia de Aristóteles a Santo Tomás. Buenos Aires: Cursos de cultura católica. 
  • Marie Dominique Chenu OP (1954). Introduction a l’étude de Saint Thomas d’Aquin. Paris: Institute d'études médiévales. 
  • Gustavo Flores Quelopana (2006). El realismo metafísico de Tomás de Aquino. Lima: Instituto de la Paz. 
  • Ángel Luis González (1979). Ser y participación. Estudio sobre la cuarta vía de Tomás de Aquino. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-0576-2. 
  • Eduardo Hugon, O. P. (1985, undécima edición). Las veinticuatro tesis tomistas. México D.F.: Porrúa. ISBN 84-239-0020-7. 
  • Gilbert Keith Chesterton (1985, undécima edición). Santo Tomás de Aquino. Madrid: Espasa-Calpe. ISBN 84-239-0020-7. 
  • C. Fabro, F. Ocáriz, C. Vansteenkiste, A. Livi (1990, segunda edición). Tomás de Aquino, también hoy. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-0678-5. 
  • Haya Segovia, Fernando (1992). Tomás de Aquino ante la crítica. La articulación trascendental de conocimiento y ser. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-1171-1. 
  • — (1997). El ser personal. De Tomás de Aquino a la metafísica del don. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-1487-7. 
  • Louis Lachance (2001). Humanismo político, Individuo y Estado en Tomás de Aquino. Traducción Jorge Cervantes y Juan Cruz Cruz. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-1872-4. 
  • Pieper, Josef (1948). Introducción a Tomás de Aquino. Centenario. Rialp. 
  • Eudaldo Forment (2002). Santo Tomás de Aquino. El oficio de sabio. Ariel, 2007. ISBN 84-344-5227-8. 
  • William E. Carroll (2002). La creación y las ciencias naturales, Actualidad de Santo Tomás de Aquino. Traducción de Óscar Velásquez. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Católica de Chile. ISBN 956-14-0705-1. 
  • Gabriel Chalmeta (2002). La justicia política en Tomás de Aquino. Una interpretación del bien común. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-1988-7. 
  • F C. Copleston (2007). El pensamiento de Santo Tomas. Breviarios Fondo de Cultura Económica. ISBN 978-968-16-1215-3. 
  • Losada Sierra, Manuel (julio-diciembre 2009). «Origen y desarrollo del iusnaturalismo en Tomas de Aquino». Revista de Relaciones Internaciones, Estrategia y Seguridad 4 (2):  pp. 110-111. 

Enlaces externos[editar]