Epístola a los filipenses

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Epístola a los filipenses.

La Epístola a los filipenses es un libro de la Biblia en el Nuevo Testamento. Es una carta escrita por Pablo de Tarso a los cristianos de Filipos. Escrita alrededor del año 61 d. C., en una prisión de Roma, consta de 4 capítulos. Su propósito principal fue agradecer a los cristianos de Filipos la ofrenda que ellos le enviaron. Pablo trata también temas como la humildad, el gozo, la unidad y la vida cristiana.

Filipos era una ciudad griega de la provincia de Macedonia, donde Pablo había fundado una comunidad cristiana cerca del año 50 d. C.,durante su segunda gira misional.

Datación[editar]

La epístola fue escrita alrededor del año 60 o 62 d. C., desde la prisión en Roma, la denominada primera prisión. Sabemos que fue en Roma y en prisión por la misma carta, donde hace referencia a su prisión y a la guardia pretoriana. Se cree que el primer periodo de prisión de Pablo en Roma data del 59 d. C. al 61 d. C.

Contenido[editar]

Capítulo 1[editar]

  • Filipenses 1:7 Se interpreta que Pablo escribió esta carta desde la prisión de Éfeso. Los hechos de los apóstoles mencionan que tuvo problemas en aquella ciudad con Demetrio y los plateros Hechos 19:23-40. A esta situación parece aludir cuando dice:

En mis prisiones, en mi defensa y en la confirmación del Evangelio sois todos participantes de mi gracia.

Insiste en ello poco después cuando dice: mis cadenas se han a conocer en todo el pretorio Filipenses 1:13-14..

Capítulo 2[editar]

(Flp 2,6-11)

San Pablo exhorta a los Filipenses a mantener la unidad y la paz en su comunidad, y a tal fin los invita a seguir el ejemplo de humildad dado por el Señor: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús. Él, a pesar...» (v. 5); estas palabras enlazan con el texto del Cántico que para Nácar-Colunga es de extrema importancia dogmática porque en él se declara el triunfo de Cristo por la cruz y el anonadamiento sin dejar de ser Dios.]

Se rebajó, por eso Dios lo levantó.

Pablo está urgiendo a la comunidad de Filipos la unidad eclesial, cuyo presupuesto básico es la humildad (Flp 2,1-4). Les propone ahora, como acicate, un formidable ejemplo: la humillación de Cristo que desemboca en su glorificación.

Los vv. 6-11 constituyen un precioso himno a Jesucristo. En él aparecen los elementos característicos de los himnos cristológicos.

El tema central de la perícopa es el contraste entre la humillación de Cristo y la gloria de su resurrección, por la que queda constituido Señor de cielos y tierra.

Pablo piensa en el Cristo histórico, en el complejo teándrico: Dios y hombre. Pues bien, como Hijo de Dios, tenía por esencia todos los atributos divinos. Pudo haber manifestado exteriormente la gloria, que desde siempre poseía, y, por lo tanto, aparecer glorioso en su humanidad. Pero no lo hizo así. Hecho hombre, asumió la condición puramente humana, como uno de tantos, cargado con las debilidades comunes a los mortales, excepto el pecado. Su humillación culminó en la obediencia a la muerte de cruz.

Por este anonadamiento y obediencia, el Padre lo glorificó constituyéndolo sobre toda la creación, y ordenando que toda criatura reconozca a Jesucristo como Señor, como Dios.

En Cristo se cumplió, como en ningún otro, lo que él había advertido a los demás: «El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» (Mt 23,12).

(Flp 2,6-11) 6Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; 7al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, 8se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

9Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; 10de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, 11y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

http://www.franciscanos.org/oracion/canticofilip2.htm

Capítulo 3[editar]

  • Filipenses 3:1-2 La carta a los filipenses tiene una cesura de carácter que no pasa desapercibida. Se puede decir que transcurre placidamente cuando, de pronto, Pablo espeta:

¡Ojo a los perros! ¡Guardaos de los malos obreros! ¡Cuidado con la mutilación!.[1]

Estas advertencias y el polémico contenido que viene después sustenta la hipótesis de que esta epístola es en realidad una fusión de dos cartas independientes o que fue escrita con alternancia de dos estados de ánimo diferentes. Los capítulos 1 y 2 serían de la carta laudatoria y el capítulo 3 de la carta polémica. En cuanto al capítulo 4 es en su mayor parte tranquilo aunque algunos versículos pueden considerarse como pertenecientes a la polémica.

  • Filipenses 3:5-6 contiene unos apuntes biográficos donde Pablo declara su origen judío, en concreto de la raza de Israel, de la tribu de Benjamin.[2] Añade, además, que es por la ley, fariseo. Este dato tiene su complemento en el libro de los Hechos donde se dice que fue alumno de Gamaliel,[3] un reputado escriba conocido también a través de fuentes judías.

Capítulo 4[editar]

  • Filipenses 4:15-16 Pablo mantenía una relación especial con la comunidad de Filipos que Pablo recuerda agradecido. Afirma que Filipos se hacía cargo de su debe y de su haber, es decir, que le pagaba sus deudas y que sostuvieron su actividad en Tesalónica. Este hecho es también recordado en 2 Corintios 11:7-9.

Notas[editar]

  1. Referencia más bien despectiva a la circuncisión.
  2. En Romanos 11, 1 dice que soy israelita, del linaje de Abraham, de la tribu de Benjamín.
  3. Hechos 22:3

Bibliografía[editar]

  • Den Heyer, C.J.: Pablo, un hombre de dos mundos. Ediciones El Almendro. ISBN 84-8005-061-6.
  • Bart D. Ehrman: Simón Pedro, Pablo de Tarso y María Magdalena. Editorial Crítica. Barcelona 2007. ISBN 978-84-8432-889-6

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]