Visión aristotélica de la mujer

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La visión aristotélica de la mujer influenció a los pensadores occidentales posteriores, que lo citaron como autoridad hasta finales de la Edad Media, y es por tanto una importante cuestión en la Historia de la mujer. Aristóteles consideraba que la mujer estaba sometida al hombre, pero se encontraba por encima de los esclavos. En el capítulo 12 de su Política, escribe: «El esclavo está absolutamente privado de voluntad; la mujer la tiene, pero subordinada; el niño sólo la tiene incompleta».[1]

Diferencias entre hombre y mujer[editar]

Aristóteles creía que la naturaleza ordenaba no sólo las diferencias físicas entre machos y hembras, sino también las diferencias mentales. En comparación con el hombre, argumentaba, la mujer es «más pícara, menos simple, más impulsiva (…) más compasiva (…) más propensa a las lágrimas (…) más celosa, más quejosa, más apta para reprender y herir (…) más proclive al desaliento y menos esperanzada (…) más descarada y más mentirosa, más engañosa, con mejor memoria [y] (…) también más alerta, más apocada [y] más difícil de inducir a la acción» (Historia de los animales, 608b. 1-14). Además, de acuerdo con la costumbre de la sociedad aristotélica de no permitir que las chicas y a las mujeres comieran más que la mitad que los chicos y los hombres, añadió que las mujeres «requieren una menor cantidad de alimentos» (Historia de los animales, 608b. 14).[2] Aristóteles escribió extensamente sobre sus puntos de vista de la naturaleza del semen. En la actualidad, su opinión de cómo se decide el sexo de un bebé está obsoleta.

También afirmaba que solo las mujeres de piel clara, y no las de piel oscura, tenían flujo sexual y llegaban al clímax. También creía que este flujo podía incrementarse ingiriendo alimentos picantes. Aristóteles pensaba que el flujo sexual de una mujer era similar al de un hombre estéril o castrado.[3] [4] Concluía que ambos sexos contribuían al material de generación, pero la contribución de la hembra estaba en su flujo (al igual que la del macho) en lugar de encontrarse en el ovario.[3]

Su idea de la procreación era la de un elemento masculino activo, generador de almas, que instila la vida en un elemento femenino pasivo.[5]

Aristóteles explica cómo y porqué la asociación entre hombre y mujer adquiere carácter jerárquico comentando la autoridad masculina sobre los «bárbaros» o no griegos. «Por consiguiente, la hembra y el esclavo son por naturaleza distintos –porque la naturaleza no hace nada de la manera que los cuchilleros hacen el cuchillo délfico, con tacañería, sino que hace una cosa para un solo fin, ya que así cada herramienta resultará mucho más perfecta si sirve no para muchos usos, sino para uno solo-. Sin embargo, entre los bárbaros, la mujer y el esclavo tienen la misma categoría; la causa de ello está en que los bárbaros no tienen ninguna clase de gobernantes por naturaleza, antes entre ellos la comunidad conyugal es una unión de una mujer esclava y un varón esclavo. De aquí el dicho de los poetas: “Resultó que los griegos gobernaban a los bárbaros” (Eurípides) Implicando que, por naturaleza, bárbaro y esclavo es una sola y misma cosa».[6] Aunque Aristóteles reduce el papel de las mujeres en la sociedad y promueve la idea de que la mujer debe recibir menos alimentos que los hombres, también critica los resultados: una mujer –pensaba– es entonces más compasiva, más obstinada, más criticona y más hiriente. Afirma que la mujer tiene menos tendencia al desaliento, es más descarada y más mentirosa, más tramposa y de memoria más fielError en la cita: Error en la cita: existe un código de apertura <ref> sin su código de cierre </ref> El gobierno político es el de los que son libres e iguales, los que tienden en su naturaleza a estar en iguales términos y no diferir en nada.[7] Aristóteles opinaba que marido y mujer deben vivir bajo un gobierno político,[8] el gobierno adecuado para los que son libres e iguales. No obstante, pensaba que las mujeres no debían salir de la zona femenina de la casa, y a su muerte, la salud de las mujeres atenienses se había deteriorado, ya que vivían un promedio de 10 años menos que los hombres, y sufrían un elevado índice de mortalidad materna.

En cuanto a las diferencias entre marido y mujer, Aristóteles dice que siempre forman parte de las apariencias externas, de los discursos y del honor.[9] Aristóteles defendía que si un hombre perdía su dinero y su reputación, la esposa debía evitar quejarse, y atribuirlo a la enfermedad, la ignorancia o a errores accidentales. Pensaba que en algunas ocasiones, los hombres eran líderes, o que ambos, hombres y mujeres, poseían capacidad de decisión, pero las mujeres carecían de autoridad.

Una buena esposa, de Oikonomikos, 330 a. de C.[editar]

[[Image:Aristotelous Oikonomikos.png|thumb|200px|Portada de una edición de 1830 del libro Oikonomikos (Economía) de Aristóteles Por tanto no conviene a un hombre sensato entregar su persona a la promiscuidad, o tener relaciones sexuales fortuitas con mujeres; de otro modo, el bastardo compartirá los derechos de sus hijos legítimos, y su esposa será despojada del honor que se le debe, y la vergüenza caerá sobre sus hijos varones. Y es conveniente que se acerque a su mujer con honor, lleno de contención y admiración, y en su conversación con ella use solo las palabras de un hombre de bien, sugiriendo solo estos actos porque son legales y honorables. Aristóteles pensaba que se honraba mejor a la esposa cuando esta veía que su marido le era fiel y no tenía apetencias por otras mujeres, sino que por por encima de cualquier otra, la amaba, confiaba en ella y la tenía como suya.[10] Aristóteles escribió que un esposo debe asegurarse la anuencia, lealtad y devoción de su esposa, para que esté o no presente, no exista diferencia en su actitud hacia él, puesto que se da cuenta de que ambos son guardianes de los intereses comunes, y por tanto, cuando él se ausenta, ella siente que no hay hombre más amable, virtuoso o verdaderamente suyo que su propio marido.

Las mujeres de Esparta[editar]

Aristóteles escribió que en Esparta el gobernante decidió hacer toda la ciudad (o país) fuerte y serena, y llevó a cabo su objetivo en el caso de los hombres, pero desatendió a las mujeres, que vivían con todo tipo de lujos y excesos. Añadió que en los regímenes en los que la condición de las mujeres era mala, debía considerarse que la mitad de la ciudad carecía de leyes.[11]

Similar importancia de la felicidad de hombres y mujeres[editar]

Aristóteles concedía el mismo peso a la felicidad de las mujeres que a la de los hombres, y en su Retórica comentó que una sociedad no puede ser feliz a menos que las mujeres también lo sean. En un artículo titulado Aristotle's Account of the subjection of Women, Stauffer explica que Aristóteles creía que en la naturaleza, el bien común proviene de la autoridad de un ser superior. Pero no dice que el bien común de los hombres sea superior al de las mujeres. Utiliza la palabra Kreitton para indicar superioridad, con el significado de fuerza. Aristóteles creía que el pensamiento racional es lo que hace a las personas superiores a otros seres de la naturaleza, y aún así seguía usando el término que significaba fuerza, no racionalidad o inteligencia. ¿Implica esto que los hombres consiguieron ser superiores a las mujeres simplemente por ser más fuertes?[12]

Hijos[editar]

Sobre los hijos, decía: «¿Y qué sería más divino que esto, o más deseable para un hombre de bien, que engendrar en una mujer noble y de honor hijos que serán los más leales apoyos y más prudentes guardianes de sus padres en su vejez, y los custodios de toda la casa? Bien criados por su padre y su madre, los hijos crecerán virtuosos, como quienes los han tratado piadosa y cabalmente se merecen que crezcan». Aristóteles creía que todos teníamos el impulso biológico de procrear, de dejar algo que ocupara nuestro lugar y fuera similar a nosotros. Esto justificaría la natural asociación entre hombre y mujer. Y todas las personas tienen un propósito específico porque se les da mejor ser maestros en un campo que adecuados en muchos. El propósito de la mujer –parece creer– es dar a luz a los hijos. Aristóteles recalcaba que hombre y mujer deben trabajar juntos para criar a los hijos, y que la forma en que los crían tiene una enorme influencia sobre el tipo de personas en que se convierten, y por tanto, en el tipo de sociedad o comunidad en la que vive todo el mundo.

Legado[editar]

Galeno[editar]

Los supuestos de Aristóteles sobre la frialdad de las mujeres influenció a Galeno y otros durante al menos dos mil años hasta el siglo XVI[13] .

Padres de la iglesia[editar]

Joyce E. Salisbury argumenta que los padres de la Iglesia, influenciados por las opiniones de Aristóteles, se opusieron a la práctica del ascetismo femenino independiente porque amenazaba con emancipar a las mujeres de los hombres.[14]

Otto Weininger[editar]

En su libro Sexo y carácter, escrito en 1903, Otto Weininger explicaba que todo el mundo se compone de una mezcla de sustancia femenina y masculina, y que esa opinión se apoya en la ciencia.

Referencias[editar]

  1. Aristóteles. . Política. Consultado el 29 de marzo de 2014.
  2. BARBARA A. PARSONS. «Aristotle On Women». Gem.greenwood.com. Consultado el 09-10-2013.
  3. a b De la generación de los animales, I, 728a
  4. Generation of Animals, VI, 728a
  5. Aristotle on woman
  6. Aristóteles. «Libro Primero, capítulo I.» (en español). Política. Consultado el 30-03-2014.
  7. Política 1255b20, 1259b4-6; ver también libro III, 1277b7-9
  8. Política I, 1259a39-b1
  9. Política 1259b6-10
  10. The Politics and Economics of Aristotle, Edward English Walford y John Gillies, trans., (London: G. Bell & Sons, 1908)
  11. The Politics of Aristotle, Libro 2 capítulo 9, trans. Benjamin Jowett, London: Colonial Press, 1900
  12. Stauffer, Dana (Oct. 2008). «Aristotle's Account of the Subjection of Women». The Journal of Politics 70 (4):  pp. 929-941. http://www.jstor.org/stable/30219476. 
  13. Tuana, Nancy (1993). The Less Noble Sex: Scientific, Religious and Philosophical Conceptions of Women's Nature. Indiana University Press. pp. 21, 169. ISBN 0-253-36098-6. 
  14. Church Fathers, Independent Virgins, Joyce E. Salisbury, 1992