Concilio de Lyon II

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Segundo Concilio de Lyon
XIV Concilio Ecuménico de la Iglesia Católica
Fecha 1274
Reconocido por Catolicismo
Concilio anterior Lyon I
Concilio posterior Concilio de Vienne
Convocado por Papa Gregorio X
Presidido por Papa Gregorio X
Participación 560 obispos y abades
Tema principal Cisma de Oriente y Occidente

Está considerado por la Iglesia Católica como el XIV Concilio Ecuménico, y el sexto de los celebrados en Occidente.

Los temas principales que fueron tratados en el concilio hicieron referencia a la conquista de Tierra Santa, la unión con la Iglesia Ortodoxa y el sistema de elección papal.

Participación[editar]

La catedral de Lyon, donde se celebró el Segundo Concilio Lugdunense en 1274.

Convocado en 1272 por el papa Gregorio X, el concilio se desarrolló en seis sesiones a las que asistieron unos quinientos obispos, sesenta abades y más de mil prelados o sus procuradores entre los que destacaron San Buenaventura que falleció durante las sesiones. En cambio, no pudo intervenir Santo Tomás de Aquino que falleció cuando se dirigía al concilio.

También estuvieron presentes Jaime I de Aragón, el embajador del emperador Miguel VIII Paleólogo con miembros del clero griego, y los embajadores de los reyes de Alemania, Hungría, Inglaterra, Escocia, Francia, Sicilia entre otras monarquías, que por primera vez aparecían representadas como tales en un concilio eclesiático.

Especial trascendencia tuvo la presencia de los embajadores del Khan de los Tártaros cuyo reino, situado a espalda del Islam, abría la posibilidad de atenazar a los musulmanes entre dos frentes.

Conquista de Tierra Santa[editar]

El concilio deliberó sobre la preparación de una nueva cruzada centrándose en los aspectos financieros de la misma, para lo cual se decidió que durante seis años un diezmo de todos los beneficios de la cristiandad deberían destinarse a la cruzada. Jaime I se mostró partidario de iniciarla inmediatamente pero al oponerse los Templarios no se tomó ninguna decisión. Ante las indecisiones de los demás asistentes a la asamblea canónica, Jaime I se despidió del Santo Padre, abandonó la reunión con los miembros de su séquito y les dijo: "Barones, ya podemos marcharnos: hoy a lo menos hemos dejado bien puesto el honor de España".[1]

Unión con la Iglesia Ortodoxa[editar]

Para terminar con el cisma entre las Iglesias de Oriente y Occidente, Gregorio X había enviado una embajada a Miguel VIII Paleólogo que había reconquistado Constantinopla y había acabado con el Imperio Latino de Oriente establecido en 1204 con la toma por cruzados occidentales de la ciudad.

San Buenaventura por parte de la Iglesia Católica y Juan Bekkos en representación de la Ortodoxa, lograron un acuerdo sobre las diferencias que separaban ambas Iglesias: primado romano, filioque, sacramentos, etc. El aparente éxito de la unión fue sin embargo muy efímero ya que se encontró, desde el primer momento, sin la aceptación del bajo clero y del pueblo griego.

Elección papal[editar]

La última elección papal se había eternizado provocando que el trono de San Pedro permaneciera vacante durante casi tres años. Para evitar una situación parecida en el futuro, el concilio publicó la bula Ubi Periculum en la cual se establecía que los cardenales electores debían reunirse transcurridos diez días tras la muerte del Papa, en total aislamiento y encerrados bajo llave, cum clavis (cónclave).

Si no llegaban a un acuerdo transcurridos tres días, verían drásticamente reducido su alimento. Si pasados otros cinco días seguían sin tomar una decisión, sus comidas serían reducidas a pan, agua y vino. Además se estableció que mientras durase el cónclave, los ingresos de los cardenales pasarían a ser propiedad de la Iglesia en su conjunto.

Otras decisiones[editar]

Se confirmaron los privilegios de las cuatro órdenes mendicantes: dominicos, franciscanos, agustinos y carmelitas, que serían las únicas toleradas procediendo a la supresión de las restantes.

Respecto a la reforma de la Iglesia, se denunció la forma de vida de muchos prelados y se procedió a deponer a varios obispos y abades por su indignidad.

Se dio solución al conflicto entre Alfonso X el Sabio y Rodolfo I de Habsburgo sobre quién debía proclamarse emperador de Sacro Imperio, resolviendo el concilio a favor de éste último.

Referencias[editar]

Notas[editar]

  1. España, un enigma histórico. Claudio Sánchez Albornoz

Bibliografía[editar]

  • Sánchez-Albornoz, Claudio (2005). España, un enigma histórico. Edhasa. ISBN 84-350-2608-6. 

Enlaces externos[editar]