Ermitaño

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Para el ave, véase Phaethornithinae.
San Onofre fue un ermitaño que vivió en el desierto egipcio en el siglo IV

Un ermitaño o eremita es una persona solitaria que rehuye la compañía de los demás. Ermita procede del latín eremīta que a su vez deriva del griego ἐρημίτης o de ἔρημος que significa «desierto».

El ermitaño era el nombre dado desde el siglo III al V a los cristianos que, ya para huir de las persecuciones, y para entregarse con toda libertad a la vida contemplativa y penitente, se refugiaron en los desiertos de Tebaida y comarcas vecinas y sucesivamente a todos los que se retiraron a lugares solitarios.

Se dice que el primer ermitaño fue Pablo, el egipcio que vivió noventa años en el desierto (desde 250 a 340) y después de él se citan a San Palemón, San Antonio Abad, San Jerónimo, San Pacomio, San Macario, Simón el estilita, etc.[1]

Originalmente el ermitaño era un monje que fijaba su misión en el cuidado y protección de una ermita dedicada a algún santo y, por lo general, en algún territorio despoblado y poco visitado. El retiro del ermitaño se consideraba parte de su vida espiritual y de su entrega cristiana. Según ciertas leyendas[cita requerida] algunos de estos eremitas eran encerrados voluntariamente en una sala situada en lo alto de las ermitas. Estas salas carecían de puertas o de algún otro medio para entrar o salir, únicamente poseían una ventana pequeña por la que entraba algo de luz y por la cual la gente le subía comida y bebida utilizando una polea.

También se ha dado el nombre de ermitaños a ciertas órdenes religiosas como las de San Pablo, San Jerónimo o San Agustín. Los cartujos y los camaldulenses llevan igualmente vida eremítica.

[editar] Véase también

[editar] Referencias

  1. Diccionario enciclopédico popular ilustrado Salvat, (1906 a 1914)

[editar] Enlaces externos

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