Devenir

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Es un concepto de carácter definidamente técnico en filosofía. Muy relacionado con el de tiempo, y con los correspondientes a mutación o cambio; por esto, debe entenderse por devenir, el hecho de que, en la realidad, nada es estático, sino un flujo o una corriente dinámica. Algo es ahora... —con lo cual se alude a un presente más que efímero—, pero dejará de serlo inmediatamente después, para pasar a ser otra cosa.

El término devenir apunta al proceso de ser, o también si se quiere, al hecho de ser como un proceso. De este modo es frecuente o habitual ubicar como contrarios devenir y ser. Con este vocablo se apunta a todas las formas de llegar a ser, o —en gerundio— del estar siendo.

Los griegos, ya desde los presocráticos, se enfrenta con el inquietante problema, dando múltiples soluciones. Básicamente, tales pensamientos discurren entre la aceptación de la movilidad hasta la negación racional, no empírica, de la misma.

En el primero de los grupos de pensadores debemos citar a Heráclito, para quien, según una interpretación de Platón acerca de sus legados, " no nos bañamos dos veces en el mismo río". El pensamiento de este filósofo es arquetípico para el problema del devenir en toda la filosofía occidental. El devenir es, para Heráclito, la sustancia del ser, ya que toda cosa está sujeta al tiempo y a la transformación. Incluso, aquello que aparece como estático a la percepción sensorial, está en verdad en situación dinámica y en continuo cambio.

Esta idea la simboliza con el "fuego", el principio o arjé de todas las cosas. Debido a que este elemento es la metáfora por antonomasia para el movimiento perpetuo, para la vida fugitiva y para la destrucción final e ineludible.

El devenir es así la ley inmutable, el logos, en virtud de que todo cambia, a excepción de la ley misma del movimiento. La condición estática es sinónimo de muerte.

Es comprensible, entonces, que Heráclito afirme que todo fluye (panta rei). La imagen del río lo muestra. Y, extremando las cosas, su discípulo, Crátilo, objetará a su maestro, afirmando que no sólo es imposible bañarse dos veces en el mismo río, ya que en verdad ni siquiera es posible bañarse una sola vez; y ello en virtud de que el agua que moje en principio los pies, ya no será la que moje los tobillos...

La armonía de las cosas, para Heráclito, se encuentra en la armonía de su perenne cambio y en el continuo contraste de los opuestos. Esta idea es definida como pólemos, lo que vale tanto como guerra u oposición. Así, para él,la guerra es madre de todas las cosas.

En Parménides, eleático, se hallará una posición diametralmente opuesta. Concebido el ser como una totalidad estática, el movimiento y el cambio, son imposibles, solamente aparentes o falaces. Porque tanto el movimiento, como el cambio, son un pasaje del ser, "que se es", al ser, "que no se es"... ahora. Y el no-ser ( o, en término no griego, la nada), no existe ni puede existir. La esfera parmenídea del ser es —consecuentemente— inamovible o no fluyente, inengrendrada, con límites o periferia,imperecedera, sin fisuras,compacta, intemporal y todo llena de ser...Para que estas características pudieran no darse, se debería aceptar la existencia del no-ser, y esto es racionalmente contradictorio.

Son muchas las variantes que estos dos principios básicos han de tomar en todos los filósofos presocráticos.

Ya en la filosofía clásica de Grecia, Platón dirá que el estatismo parmenídeo conviene,de modo específico, al mundo de las ideas, y no al de los seres sensibles. La propensión general de Platón es hacer del devenir una específica propiedad de las cosas, en cuanto reflejos o copias solamente aparentes de las ideas. Aristóteles (Física) criticó las concepciones del devenir propuestas por los pensadores anteriores e intentará eludir la aporía parmenídea, apelando a los conceptos de potencia y acto. Algo es una sustancia en acto, y eventualmente un ser sucesivo o posible, en potencia.

Los escolásticos de tendencia aristotélica retomarán con firmeza los conceptos del maestro.

Bibliografía[editar]

  • Ferrater Mora (1999), Diccionario de filosofía, Barcelona: Editorial Ariel