Ramón Emeterio Betances

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Ramón Emeterio Betances
Ramon Emeterio Betances sitting.jpg
Nacimiento 8 de abril de 1827
Cabo Rojo, Puerto Rico
Fallecimiento 16 de septiembre de 1898
Neuilly-sur-Seine, Île-de-France, Francia
Ocupación político, médico, diplomático
Pareja Simplicia Jiménez Carlo
Padres Felipe Betances Ponce
María del Carmen Alacán de Montalvo
Firma
Betances signature.GIF

Ramón Emeterio Betances y Alacán (Cabo Rojo, Puerto Rico, 8 de abril de 1827, Neuilly-sur-Seine, Île-de-France, Francia, 16 de septiembre de 1898) fue un independentista puertorriqueño. Fue el principal artífice de la insurrección armada conocida como el Grito de Lares y es considerado el padre del movimiento de la independencia puertorriqueña. Dado que el Grito galvanizó un movimiento nacionalista creciente entre los puertorriqueños, Betances es también considerado el "Padre de la Patria" (puertorriqueña). Por sus obras de caridad a favor de los necesitados, también llegó a ser conocido como el "Médico de los Pobres".

Betances fue también un médico y cirujano en Puerto Rico, y uno de sus primeros higienistas sociales. Practicó con éxito la cirugía y la oftalmología. Betances fue también un diplomático, administrador de salud pública, poeta y novelista. Sirvió como representante y contacto para Cuba y la República Dominicana en París.

Seguidor de la masonería,[1] su activismo social y político estuvo profundamente influenciado por las creencias filosóficas de este grupo. Sus relaciones personales y profesionales (así como la estructura organizacional detrás del Grito de Lares, un evento que, en teoría, choca con las creencias masónicas tradicionales) estuvieron basadas en sus relaciones con los masones, su estructura jerárquica, ritos y signos.

Primeros años[editar]

Ascendencia[editar]

Betances nació en Cabo Rojo, Puerto Rico, en el edificio que hoy alberga la "Logia Cuna de Betances". Sus padres eran Felipe Betances Ponce, un comerciante nacido en la Capitanía General de Santo Domingo (actual República Dominicana; el apellido Betanzos se transformó en Betances mientras la familia residió allí)[cita requerida], y María del Carmen Alacán de Montalvo, una nativa de Cabo Rojo con ascendencia francesa. Se casaron en 1812.

Betances afirmó en vida que un pariente suyo, Pedro Betances, se había rebelado contra el gobierno español de Santo Domingo en 1808 y fue torturado, ejecutado, y su cuerpo quemado y expuesto al pueblo para disuadirlo de nuevos intentos.[1] Mientras tanto, el padre de Alacán, un marinero, lideró un grupo de voluntarios que trató de apresar a Roberto Cofresí en 1824 y de hecho arrestó a algunos hombres de Cofresí, por lo cual fue honrado por el gobierno español.[2]

Betances fue el cuarto de seis hijos; el mayor de los cuales moriría al poco tiempo de haber nacido; Betances fue el único varón entre los hermanos sobrevivientes. La familia fue descrita como multi racial en los registros de su tiempo. Su madre murió en 1837, cuando el tenía nueve años, y su padre se casó nuevamente en 1839; los cinco hijos que tuvo con María del Carmen Torres Pagán incluyeron al medio hermano de Ramón - Felipe Adolfo,[3] quién no se involucró en política (de acuerdo con Ramón) pero fue arrestado de todas maneras luego del Grito de Lares años después.[4]

Su padre eventualmente compró la Hacienda Carmen en lo que más tarde se convertiría en el pueblo cercano de Hormigueros, y llegó a ser un rico terrateniente. Poseía 200 acres (0,8 km²) de tierra, un pequeño ingenio azucarero, y algunos esclavos, quienes compartían sus deberes con trabajadores libres.[5] Se especula que posteriormente liberó a sus esclavos, persuadido por su hijo Ramón.[6]

Primeros años en Francia[editar]

Educación primaria[editar]

El joven Betances recibió su educación primaria de tutores privados contratados por su padre, un masón que poseía la biblioteca privada más grande en la ciudad. La actitud de sus padres hacia la religión y la autoridad civil dio forma a sus creencias personales en ambas materias.[7] Su padre lo enviaría eventualmente a Francia, a estudiar al entonces llamado "Collège Royal" (luego renombrado Lycée Pierre de Fermat) en Toulouse cuando tenía diez años. Una familia franco-puertorriqueña, Jacques Maurice Prévost y María Cavalliery Bey (que también era nacida en Cabo Rojo) fueron nombrados sus tutores. Prévost abrió una farmacia en Mayagüez, pero fue forzado a regresar a Francia (particularmente a su pueblo natal, Grisolles) por no haber terminado sus estudios en farmacia. Se especula también que Prévost era masón, como lo era el padre de Betances.[1]

Betances acompañó a la pareja Prévost en su regreso a su país, y estaría bajo su tutela indirecta mientras asistía al colegio. Mostró interés natural en las ciencias exactas rápidamente, y también llegó a ser un buen esgrimidor.[8]

"Blanqueamiento" legal de la familia[editar]

Mientras Ramón estaba en Francia, su padre buscó mover el registro de la familia de la clasificación de "mezcla racial" a la de "blanca" (caucásica) en la clasificación de familias en Cabo Rojo. El proceso, cuando era exitoso, concedía al solicitante mayores derechos legales y de propiedad para él y para su familia, y era necesario para permitir a su hija, Ana María, casarse con José Tío, quien era caucásico.[1] En el caso del padre de Betances, el proceso duró dos años, y fue formalizado en 1840, pero no antes de tener que exponer el linaje de la familia y sus afiliaciones religiosas al público en general, algo que los avergonzó a todos. Betances estaba considerablemente molesto por toda la ordalía, dado que él era el primero en reconocer que él y toda su familia no eran "blancuzcos" (término legal) sino más bien "prietuzcos" (como se mofaba del asunto en sus cartas). Para él, el procedimiento apestaba a hipocresía.[9]

Estudios en medicina[editar]

Un Ramón Betances más joven

En 1846, Betances obtuvo su baccalauréat (diploma de bachillerato). Luego de unas vacaciones extendidas en Puerto Rico, fue a estudiar medicina en la Facultad de Medicina de París de 1848 a 1855, con un pequeño interludio en la Facultad de Medicina de Montpellier para ver cursos específicos en el verano de 1852.[10]

Al momento de su llegada a París, Betances fue testigo de las secuelas de la Revolución de 1848 y su reacción, el levantamiento de las Jornadas de Junio, que habían ocurrido ese año. Sus visiones políticas futuras fueron directamente formadas por lo que vio y experimentó en ese tiempo. Se consideró a si mismo "un viejo soldado de la República Francesa". Inspirado por la proclamación de la 2e République, rechazó las aspiraciones puertorriqueñas de autonomía (buscada desde España por políticos puertorriqueños desde 1810) en favor de la independencia de Puerto Rico.[11]

En enero de 1855 defendió su tesis doctoral sobre las causas del aborto. En 1856, se graduó con los títulos de Doctor en Medicina y cirujano. Fue el segundo puertorriqueño en graduarse de la Universidad (después de Pedro Gerónimo Goyco, un futuro líder político nativo de Mayagüez quien eventualmente interactuaría con Betances cuando ambos regresaron a Puerto Rico).[12] Entre los profesores de Betances estuvieron: Charles-Adolphe Wurtz, Jean Cruveilhier, Jean-Baptiste Bouillaud, Armand Trousseau, Alfred-Armand-Louis-Marie Velpeau y Auguste Nélaton.[13]

Además de su dedicación al estudio de la medicina, Betances no descuidó las letras publicando ensayos y varias novelas. De otra parte, participó junto a Alejandro Tapia y Rivera, Román Baldorioty de Castro, José Julián Acosta y Segundo Ruiz Belvis en la Sociedad Recolectora de documentos históricos de la Isla de San Juan Bautista de 1851 cuyos trabajos culminaron en la creación de la Biblioteca Histórica de Puerto Rico.

Muerte de su padre y problemas económicos de la familia[editar]

Mientras Betances estudiaba medicina en Francia, su padre murió (en agosto de 1854) y su hermana Ana María se vería obligada a hacerse cargo de la administración de la Hacienda Carmen. Para 1857 los herederos fueron obligados a entregar el resultado de la operación al holding dirigido por Guillermo Schröeder.[14]

Primer regreso a Puerto Rico[editar]

Epidemia de cólera de 1856[editar]

Luego de terminar sus estudios, regresó a Puerto Rico y revalidó su título de médico cirujano el 15 de abril de 1856. En ese tiempo una epidemia de cólera se estaba expandiendo a través de la isla. La epidemia llegó hasta la costa oeste de Puerto Rico en julio de 1856, y afectó a la ciudad de Mayagüez de forma particularmente fuerte. Para entonces, Betances era uno de los cinco doctores que tendrían que cuidar a 24.000 residentes. Él y el Dr. José Francisco Basora (con quién se hicieron amigos de por vida y colegas desde ese momento) alertarían al gobierno de la ciudad y presionarían a sus dirigentes para que se tomaran acciones preventivas.

Un fondo de subscripción de emergencia estaba establecido por algunos de los habitantes más adinerados de la ciudad. Betances y Basora habían incendiado los cuarteles de esclavos antihigiénicos de la ciudad y establecido un campamento temporal para sus habitantes. Un gran espacio en una esquina de la ciudad fue destinado para un cementerio suplementario, y Betances estableció y administró un hospital temporal cerca a este (el cual más tarde alojó una estructura permanente y se convirtió en el Hospital San Antonio, el hospital municipal de Mayagüez, que todavía sirve a la ciudad). Sin embargo, la epidemia golpeó la ciudad poco después; la madrastra de Betances y uno de sus hermanastros morirían a causa de la misma. Para octubre de 1856 Betances tendría que cuidar de toda la operación por su cuenta temporalmente.[15]

En ese tiempo, tuvo su primera confrontación con las autoridades españolas, dado que Betances le daba la prioridad más baja al tratamiento médico de los militares y oficiales españoles que eran afectados por la enfermedad (ellos exigían tratamiento preferencial e inmediato, y el abiertamente se lo negaba). Por su trabajo duro para salvar muchos puertorriqueños de los estragos de la epidemia de cólera de 1856, Betances fue elogiado por el gobierno de la ciudad. Sin embargo, cuando el gobierno central estableció una oficina de Cirujano en Jefe para la ciudad, Betances (quién ejercía como cirujano en jefe) fue pasado por alto, en favor de un recién llegado español.[16]

Basora y Betances fueron eventualmente honrados con calles nombradas en su honor en la ciudad de Mayagüez. La vía pública principal que cruza la ciudad de norte a sur está nombrada en honor a Betances; una calle que conecta el centro de la ciudad con el Recinto Universitario de Mayagüez está nombrada en honor al Dr. Basora.

Exilio y regreso a Puerto Rico[editar]

Dr. Ramón Emeterio Betances

Abolicionista[editar]

Betances creía en la abolición de la esclavitud, inspirado no solo por los trabajos escritos de Victor Schoelcher, John Brown, Lamartine y Tapia, sino también por su experiencia personal, basado en lo que vio en la granja de su padre y en la vida diaria puertorriqueña.[17] Basado en sus creencias, fundó una organización cívica en 1856, una de muchas otras que luego fueron llamadas las Sociedades Abolicionistas Secretas por los historiadores. Se conoce poco de ellas dada su naturaleza clandestina, pero Betances y Salvador Brau (un amigo cercano que luego llegó a ser el historiador oficial de Puerto Rico) las describen en sus escritos. Algunas de estas sociedades buscaban la libertad y el paso libre de cimarrones de Puerto Rico a países donde la esclavitud ya había sido abolida; otras sociedades buscaban liberar tantos esclavos como fuera posible comprando su libertad.[11]

El objetivo de la sociedad que fundó Betances en particular era liberar niños que eran esclavos, tomando ventaja de su necesidad de recibir el sacramento del bautismo en la iglesia del pueblo, Nuestra Señora de la Candelaria, que se conoce ahora como la Catedral Nuestra Señora de la Candelaria. Dado que comprar la libertad de niños esclavos costaba 50 pesos si el niño había sido bautizado, y 25 pesos si no, Betances, Basora, Segundo Ruiz Belvis y otros miembros de la sociedad permanecían junto a la pila bautismal los domingos, esperando que un amo llevara a una familia esclava a bautizar a su niño. Antes de que el niño fuera bautizado, Betances o sus socios le daban dinero a los padres, que lo usaban para comprar la libertad del niño a su amo. El niño, una vez liberado, era bautizado minutos después. Esta acción fue descrita luego como hacer que el niño recibiera las "aguas de libertad". Eventos similares ocurrieron en la ciudad de Ponce.[18]

La pila bautismal donde estos bautismos eran hechos todavía existe, y es propiedad de una familia local de comerciantes, la familia Del Moral, que la conserva en su casa de Mayagüez.[19]

La vièrge de Boriquén (La Virgen de Boriquén)[editar]

El gobernador español de Puerto Rico Fernando Cotoner, amenazó a Betances con el exilio en 1858 por sus tácticas abolicionistas. Betances tomó un receso de sus labores como director del hospital local y de nuevo dejó Puerto Rico y fue a Francia, seguido por Basora. Pronto, su media hermana Clara y su esposo, Justine Hénri, también se irían a París con su sobrina, María del Carmen Hénri.

María del Carmen, apodada Lita, nació en 1838. Había conocido a Betances cuando tenía 10 años, y Betances le tomó cariño instantáneamente. Una vez que regresó a Puerto Rico de sus estudios en medicina él solicitó los permisos eclesiásticos necesarios para casarse con ella (debido al grado de consanguinidad entre ellos), que le fueron otorgados en Roma (por entonces parte de los Estados Pontificios) luego de un periodo extendido. Su matrimonio estaba programado para el 5 de mayo de 1859 en París, pero Lita cayó enferma de tifo y murió en la casa de Mennecy del Dr. Pierre Lamire, un amigo de escuela médica de Betances, en abril 22 de 1859 (el Viernes Santo de ese año).

Betances estaba sicológicamente devastado por la muerte de Lita. Acompañado por su hermana, cuñado, amigos locales y unos pocos amigos puertorriqueños que residían en París en ese tiempo (entre ellos Basora, Francisco Oller y otro nativo de Cabo Rojo, el futuro líder político Salvador Carbonell), Betances enterró a Lita el 25 de abril. Su cuerpo fue luego re enterrado en Mayagüez, en noviembre 13 de ese año.[20] Salvador Brau, un historiador y amigo cercano, escribió luego que una vez que Betances regresó a Puerto Rico con el cuerpo de Lita, suspendió todas sus actividades personales aparte de su trabajo médico, gastó una cantidad considerable de tiempo cuidando de su tumba en el cementerio de Mayagüez, y asumió el aspecto físico con el que la mayoría de la gente lo identifica: traje oscuro, barba larga despeinada, y sombrero "cuáquero".[21]

Betances se sumergió en su trabajo, pero luego encontró tiempo para escribir una historia corta en francés, La Vièrge de Boriquén (La Virgen de Boriquén), inspirado en su amor por Lita y su posterior muerte, y de algún modo influenciado por el estilo de escritura de Edgar Allan Poe. Cayetano Coll y Toste luego describió la historia de Lita y Betances en el relato La Novia de Betances, de su libro "Leyendas y Tradiciones Puertorriqueñas".[22]

Regreso a Mayagüez y segundo exilio[editar]

Doctor y cirujano[editar]

Luego de regresar a Puerto Rico en 1859, Betances estableció una práctica muy exitosa de cirugía y oftalmología en Mayagüez.[23] Incluso enemigos políticos aguerridos como el periodista español pro-monarquía José Pérez Morís consideraban a Betances como el mejor cirujano en Puerto Rico en ese tiempo. Su buena reputación en Puerto Rico sobreviviría su estadía en la nación insular por muchos años. En 1895, mientras Betances vivía en París, los manufactureros de la Emulsión de Scott (un producto de aceite de hígado de bacalao que es todavía vendido hoy, manufacturado por GlaxoSmithKline en los tiempos modernos), pagaron a Betances para que apareciera en anuncios en revistas en español y periódicos por toda la ciudad de Nueva York y el caribe, basados en su sólida reputación como doctor.[24] [25]

Un anuncio de periódico de 1895 con Betances aprobando la Emulsión de Scott

Betances introdujo nuevos procedimientos quirúrgicos y asépticos a Puerto Rico. Con la ayuda del anestesiólogo venezolano Pedro Arroyo, Betances realizó el primer procedimiento quirúrgico bajo cloroformo en Puerto Rico, en noviembre de 1862.[26]

Al mismo tiempo el gastaba una considerable cantidad de tiempo sirviendo a los desamparados de Mayagüez trabajando pro bono. Dio muchas donaciones a los pobres, y por esto llegó a ser conocido como "El Padre de los Pobres" entre los mayagüezanos de acuerdo con su contemporáneo, Eugenio María de Hostos.[11]

Exilio en la República Dominicana[editar]

La República Dominicana tuvo su primera guerra de independencia en 1844, la cual tuvo éxito en obtener la independencia de Haití, aunque el dominio haitiano en partes del país se mantendría intermitente hasta 1856. España re anexó el país a pedido de su dictador de turno, el Gen. Pedro Santana (quien intentó beneficiarse personalmente del evento), en 1861. Una segunda revuelta, la Guerra de Restauración, buscó la independencia de los españoles en 1863. Sus líderes usaron Haití como una base guerrillera, ya que el gobierno haitiano temía una retoma española y la restauración de la esclavitud en los territorios ocupados, y era en consecuencia afín con su causa. Su fortaleza, sin embargo, era el valle de Cibao en la parte nororiental de La Española.[27]

Dr. Ramón Emeterio Betances

Al mismo tiempo, el gobierno español, que controlaba Puerto Rico, intentó desterrar a Betances por segunda vez, pero él y Segundo Ruiz Belvis (un abogado y administrador de la ciudad que se llegó a ser su amigo y compañero político más cercano) huyeron de la isla antes de que fueran detenidos. Ambos huyeron a la ciudad nororiental de Puerto Plata en la República Dominicana en 1861, donde Betances estableció una relación personal cercana con el Gen. Gregorio Luperón, el líder militar de la facción norteña pro-independencia que lideró los esfuerzos para restaurar la soberanía dominicana sobre su país. Betances fue también un colaborador del padre dominicano (y luego Arzobispo de Santo Domingo y presidente del país por una vez), Fernando Arturo de Meriño, quién era el líder ideológico de la revuelta (así como su delegado en Puerto Rico cuando él mismo fue exiliado por el gobierno republicano restaurado). Estas dos amistades probarían ser claves para los propios esfuerzos de Betances por lograr la independencia de Puerto Rico tiempo después.

La volatilidad de la situación dominicana era severa en ese tiempo: Luperón peleó una guerra de guerrillas contra los españoles y Santana y se convirtió en vice-presidente del país (en 1863), solo para ser exiliado a Saint Thomas por su oposición a los deseos del presidente Buenaventura Baez de anexar el país a los Estados Unidos (en 1864), para luego regresar, provocar un golpe de estado y ser parte de un triunvirato presidencial (1866), solo para ser exiliado una vez más en (1868).[28] Siempre que Luperón estaba en la República Dominicana, Betances podía usarla como base de operaciones para sus objetivos políticos y militares posteriores, ofreciendo a Luperón ayuda logística y financiera a cambio.

Ya que el exilio de Betances dependía de quién estuviese gobernando Puerto Rico en el momento, un cambio en el gobierno le permitió regresar a Mayagüez en 1862. Sin embargo, pocos años después (1868), Luperón y Betances terminarían ambos exiliados en Saint Thomas.[28]

Segundo regreso a Mayagüez[editar]

Luego de regresar a Puerto Rico, Betances y Ruiz propusieron el establecimiento de un hospital municipal para cuidar a los pobres de la ciudad. El hospital, nombrado Hospital San Antonio, abrió en enero 18 de 1865,[29] con fondos de suscripción y una asignación del gobierno local español. El Hospital San Antonio es ahora un hospital de pediatría y obstetricia en la ciudad.

Ruiz era un masón que invitó a Betances a unirse a su logia, la Logia Unión Germana en el cercano San Germán.[1] Ambos fundaron (o revivieron, dependiendo de la fuente) la Logia Yagüez, a fin de tener una logia local en Mayagüez. Basado en sus creencias masónicas, Ruiz también intentó establecer una universidad en la ciudad, para lo cual el hipotecó su casa. Sin embargo, el gobierno español se opuso activamente al financiamiento de instituciones de educación secundaria en Puerto Rico (a fin de evitar que salieran "semilleros de revueltas" de ellas), y el proyecto fue cancelado.[cita requerida]

Simplicia Jiménez[editar]

Casa de los Cinco Arcos (Casa de Betances) en Mayagüez, 2007

Betances conoció a su compañera de toda la vida, Simplicia Isolina Jiménez Carlo, en 1864. Jiménez aparentemente nació en lo que más tarde se convertiría en la República Dominicana, el 28 de julio de 1842.[30] El apellido de su madre, Carlo, más bien común en Cabo Rojo, implica que su familia tenía lazos con la ciudad. Ella trabajó para una de las hermanas de Betances entre 1863 y 1864, y el la conoció en la casa de su hermana. Aparentemente ella estaba encaprichada con él lo suficiente para aparecer en su puerta con un par de maletas, pidiéndole que le diera abrigo, ya que "ningún caballero dejaría a una mujer sola en la calle en la noche". Jiménez se convirtió entonces en la concubina de Betances por treinta y cinco años, y sobrevivió a su muerte en 1898. No tendrían hijos. Su ahijada, Magdalena Caraguel, fue eventualmente adoptada por la pareja como su hija.[31] Poco más está documentado sobre Jiménez en los libros de historia, y Betances raramente la menciona en sus trabajos y correspondencia.

Mientras vivía todavía en Mayagüez, Betances construyó una casa para él y su esposa, en la cual solo vivieron por menos de dos años; la casa, llamada la Casa de los Cinco Arcos, todavía sigue en pie en la calle que lleva su nombre cerca de la esquina con la calle Luis Muñoz Rivera, al sur del centro de la ciudad.

Padre de la Patria[editar]

Semillas para la revuelta en Puerto Rico[editar]

El gobierno español estaba involucrado en varios conflictos por toda Latinoamérica: guerra con la República Dominicana, Perú y Chile (ver abajo), revueltas de esclavos en Cuba, una mala situación económica en sus colonias, entre otros. Intentó apaciguar el descontento creciente de los ciudadanos de sus colonias restantes en el continente instalando una junta de revisión que recibiría las quejas de los representantes de las colonias e intentaría ajustar la legislación que las afectaba.[32] Esta junta, la Junta Informativa de Reformas de Ultramar sería formada por representantes de cada colonia, en proporción con su población, y se reuniría en Madrid. La Junta reportaría al entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Emilio Castelar.

La delegación de Puerto Rico fue elegida libremente por aquellos elegibles para votar (hombres caucásicos dueños de propiedades), en un raro ejercicio de apertura política en la colonia. Segundo Ruiz Belvis fue elegido para la Junta representando a Mayagüez, algo que horrorizó al entonces gobernador general de la isla. Para frustración de los delegados de Puerto Rico, incluyendo a su líder, José Julián Acosta, la Junta tenía una mayoría de delegados españoles, los cuales votarían en contra de casi todas las medidas que ellos sugirieran. Sin embargo, Acosta pudo convencer a la Junta de que la abolición podía lograrse en Puerto Rico sin afectar la economía local (incluidos sus miembros cubanos, que veían con malos ojos el implementarla en Cuba por sus cifras mucho más altas de mano de obra esclava).[33] Una vez primer ministro en 1870, Castelar aprobó una ley de abolición, elogiando los esfuerzos de los miembros de Puerto Rico, sinceramente conmovido por los argumentos de Acosta.[34]

Sin embargo, más allá de la abolición, las propuestas para la autonomía fueron derrotadas en las votaciones, al igual que otras peticiones para limitar el poder ilimitado que tendría el gobernador en virtualmente todos los aspectos de la vida en Puerto Rico. Una vez que los miembros de la Junta regresaron a Puerto Rico, se reunieron con los líderes locales de la comunidad en una famosa reunión en la Hacienda El Cacao en Carolina a principios de 1865. Betances fue invitado por Ruiz y en efecto asistió. Luego de escuchar la lista de medidas de los miembros de la Junta derrotadas en votación, Betances se puso de pie y replicó: Nadie puede dar lo que no tiene, una frase que usaría constantemente por el resto de su vida cuando se refería a la falta de voluntad de España para permitirle a Puerto Rico o Cuba cualquier reforma. Sugeriría entonces organizar una revuelta y proclamar independencia tan pronto como fuera posible.[35] Muchos de los asistentes a la reunión se pusieron de parte de Betances, para el horror de Acosta.

Organizador del Grito de Lares[editar]

A finales de junio de 1867 Betances y al menos otros 12 potenciales "revolucionarios" fueron exiliados de Puerto Rico por el entonces gobernador Gen. José María Marchessi y Oleaga como una medida preventiva, incluyendo a Goyco y a Ruiz. Un batallón de soldados locales se había rebelado en San Juan antes, protestando por su bajo salario, comparado con el de sus homólogos españoles que vivían en Puerto Rico. Betances más tarde afirmó que la revuelta (llamada el Motín de Artilleros por los historiadores) no estaba relacionada con sus planes revolucionarios, y que de hecho a él no le preocupaban tanto las tropas establecidas en Puerto Rico, ya que de todas formas estas estarían mal preparadas para detener una revuelta pro-independencia bien desarrollada en ese momento. Marchesi temía que los Estados Unidos, que habían hecho una oferta para comprar lo que entonces eran las Islas Vírgenes Danesas, prefirieran instigar una revuelta en Puerto Rico para luego anexar la isla (que sería una mejor base militar en el Caribe) a un costo económico menor. Sus miedos no eran infundados, ya que en entonces cónsul americano en la isla, Alexander Jourdan, sugirió precisamente esto al entonces Secretario de Estado William H. Seward, pero solo luego de las expulsiones (septiembre de 1867).[36]

Algunos de los expulsados (como Carlos Elías Lacroix y José Celis Aguilera) se instalaron en Saint Thomas. Betances y Ruíz, por otro lado, se fueron a Nueva York (a donde previamente había ido Basora) poco después. Encontraron pronto el Comité Revolucionario de Puerto Rico, junto con otros puertorriqueños que vivían en la ciudad. Luego de firmar una carta que servía como prueba de sus intenciones de convertirse en ciudadano estadounidense (principalmente para prevenir su arresto en otro lugar) Betances regresó a la República Dominicana en septiembre de 1867, donde intentó organizar una expedición armada que iba a invadir Puerto Rico. Sin embargo, bajo la amenaza de arresto de Buenaventura Báez (quién veía a Betances como aliado de sus enemigos y lo quería ejecutado) Betances se asiló en la embajada de Estados Unidos en Santo Domingo, y se dirigió a Charlotte Amalie poco después.[37]

Los Diez Mandamientos de los Hombres Libres[editar]

"Puertorriqueños

El gobierno de Da. Isabel II lanza sobre nosotros una terrible acusación:

Dice que somos malos españoles

El gobierno nos calumnia

Nosotros no queremos la separación; nosotros queremos la paz, la unión con España; mas es justo que pongamos nosotros también condiciones en el contrato.

Son muy sencillas.

Helas aquí:

Abolición de la esclavitud

Derecho a votar todas las imposiciones

Libertad de culto

Libertad de la palabra

Libertad de imprenta

Libertad de comercio

Derecho de reunión

Derecho de poseer armas

Inviolabilidad del ciudadano

Derecho de elegir nuestras autoridades

Esos son los diez mandamientos de los hombres libres.

Si España se siente capaz de darnos y nos da esos derechos y esas libertades, podrá entonces mandarnos un Capitán general, un gobernador... de paja, que quemaremos en los días de Carnestolendas, en conmemoración de todos los Judas que hasta hoy nos han vendido.

Y seremos españoles.

Si no No.

Si no Puertorriqueños -¡PACIENCIA!- os juro que seréis libres."

Diez Mandamientos de los Hombres Libres, noviembre de 1867[38]

Betances fue responsable de numerosas proclamas que intentaban de despertar el sentimiento nacionalista puertorriqueño, escritas entre 1861 y su muerte. La más famosa de estas es [Diez Mandamientos de los Hombres Libres|Los Diez Mandamientos de los hombres libres], escrita en el exilio en Saint Thomas en noviembre de 1867.[39] Está directamente basado en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, adoptada por la Asamblea Nacional de Francia en 1789, que contenía los principios que inspiraron la Revolución Francesa.[28]

El Grito y sus consecuencias[editar]

Mientras tanto, Ruiz Belvis, que encabezaba el Comité, estaba encargado de reunir apoyo financiero para la revolución puertorriqueña que se acercaba a través de una gira por Sudamérica. Él había recibido una invitación de Benjamín Vicuña Mackenna, un diplomático chileno, para coordinar un frente común en contra de los intereses españoles en toda Latinoamérica (España todavía amenazaba a Chile luego de la Guerra de las Islas Chincha, y cualquier revolución en el Caribe habría sido una distracción bienvenida). Vicuña prometió reunir el apoyo necesario en Chile, Perú, Ecuador y Venezuela para ayudar a la causa de la independencia puertorriqueña.[28]

Sin embargo, Ruiz murió en Valparaíso poco tiempo después de su llegada al país. Se sabía que él tenía uremia y una obstrucción uretral, las cuales degeneraron en una gangrena de Fournier, que lo mató poco después. Especulaciones posteriores de que Ruiz había sido envenenado o asesinado han sido contradichas por tres hechos: que el hermano de Ruiz, Mariano Ruiz Quiñonez (quién era el coordinador de la revolución en Curaçao), murió de la misma condición poco después (sugiriendo una predisposición genética a ella), que Betances había usado un catéter en Ruiz antes de que el dejara Saint Thomas para aportar cierto alivio a su condición, y que Betances publicó un artículo médico en Francia veinte años después, en 1887, que discutía la condición, resultado de lo que él había descrito como muchos años de cuestionamientos posteriores sobre qué se podría haber hecho para salvar la vida de Ruiz.[40]

Betances estaba sacudido sicológicamente por la noticia de la muerte de Ruiz, y también literalmente poco después: él y su esposa también experimentaron un terremoto y tsunami el 18 de noviembre de 1867, mientras estaban en Saint Thomas.[41] De acuerdo a una carta que él escribió, él y su esposa evacuaron el edificio justo antes de que este colapsara, y fueron obligados a vivir en un campamento mientras las réplicas seguían sacudiendo a la isla por cerca de un mes.[28] [42]

Gregorio Luperón conoció a Betances en Saint Thomas, y ofreció ayudar a la revolución puertorriqueña, a cambio de ayuda para derrocar a Báez una vez se dieran las condiciones apropiadas. Como consecuencia, Betances organizó células revoucionarias en Puerto Rico desde el exilio, que serían lideradas por líderes como Manuel Rojas y Mathias Brugman. Betances instruyó a Mariana Bracetti para tejer una bandera para la revolución usando colores y el diseño básico similares a los de la República Dominicana (que a su vez eran casi idénticos a un estandarte militar francés). Betances estaba encargado también de enviar refuerzos a los rebeldes puertorriqueños utilizando un barco comprado por revolucionarios puertorriqueños y dominicanos, El telégrafo (que era para uso compartido), pero el barco fue confiscado poco después de su llegada por el gobierno de las entonces danesas (luego norteamericanas) Islas Vírgenes.[42] [43]

Eventualmente todos estos factores condujeron a la insurrección abortiva conocida como el Grito de Lares, cuya fecha tuvo que adelantarse al 23 de septiembre de 1868. El Grito encontró a Betances entre Curaçao y Saint Thomas, luchando por enviar refuerzos a tiempo para la revuelta.[44]

Luego de la insurrección fallida, Betances no regresó a Puerto Rico, excepto por visitas "secretas", de acuerdo con el obituario escrito sobre él por el New York Herald luego de su muerte.[42] No hay evidencia de esto, aunque Betances sugiere que una visita si ocurrió en algún momento entre 1867 y 1869, y tal vez de nuevo en los 1880s.[45]

En Nueva York[editar]

Betances huyó a Nueva York en abril de 1869, donde nuevamente se unió a Basora en sus esfuerzos por organizar a los revolucionarios puertorriqueños en actividades adicionales que llevaran a la independencia.[46] Se unió a la Junta Cubana Revolucionaria, cuyos miembros eran más exitosos en su esfuerzo por una revolución armada para Cuba, que había iniciado con el Grito de Yara, solo dos semanas después del Grito de Lares.[28] [47] También cabildeó el Congreso de los Estados Unidos exitosamente en contra de una anexión de la República Dominicana por los Estado Unidos, solicitada en un voto por una mayoría de votantes en un referendo en 1869.[48] También se hizo amigo del líder militar venezolano y ex-presidente José Antonio Páez en sus últimos días.[49] Betances permaneció en Nueva York desde abril de 1869 hasta febrero de 1870.

Las Antillas atraviesan hoy por un momento que jamás han atravesado en la historia: se les plantea ahora la cuestión de ser o no ser. (...) ¡Unámonos! ¡Amémonos! Formemos todos un solo pueblo; un pueblo de verdaderos masones, y entonces podremos elevar un templo sobre bases tan sólidas, que todas las fuerzas de la raza sajona y de la española reunida no podrán sacudirlo; templo que dedicaremos a la Independencia, y en cuyo frontispicio grabaremos esta inscripción imperecedera como la Patria, que nos dictan a la vez nuestra ambición y nuestro corazón; la más generosa inteligencia y el más egoísta instinto de conservación: "Las Antillas para los antillanos"

Discurso a la logia masónica de Puerto Príncipe,1872[50]
Dr. Ramón Emeterio Betances a la edad de 40 años.

Expulsado en 1869 de Santo Tomás, se estableció en Nueva York donde utiliza el seudónimo de El Antillano en sus artículos en el periódico La Revolución.

Las reformas de 1869 a 1873 en la isla, desde la fundación de partidos políticos hasta la abolición de la esclavitud negra y la desintegración del trabajo servil, producen una nueva coyuntura. Ante ésta, el liderato separatista opta por consagrar a la Guerra de los Diez Años de Cuba los recursos y armamentos pertenecientes a los patriotas puertorriqueños. Para Betances, la lucha por la independencia de Puerto Rico estaba estrechamente ligada a la lucha por la independencia de Cuba. Betances expresaba: "trabajar por una es trabajar por la otra."

A finales de 1871 regresa a Francia y en 1874 publica su ensayo político Cuba, en el cual combate las ideas anexionistas de la época, además de explicar las causas de la Guerra de los Diez Años. Sus palabras no han perdido vigencia:

En resumen, es incontestable que el gobierno de Washington en esta cuestión, no se ha dejado guiar nunca por el interés de las Antillas, sino por las ventajas que a su unión a la América del Norte ha de procurarle.

La esclavitud en Puerto Rico se abolió el 22 de marzo de 1873.

En abril de 1875 se trasladó de Haití a Puerto Plata, República Dominicana, donde coincidió con Eugenio María de Hostos. Laboraron conjuntamente un proyecto sedicioso, que sería frustrado por otro de los tantos Judas de nuestra lucha de liberación. Hostos partió a Nueva York. Betances volvió a Francia y se reintegró a la práctica de la medicina, a la investigación y la experimentación médica. Publicó además varias monografías científicas y artículos periódicos. En 1880, Betances fue nombrado Primer Secretario de la Legación de la República Dominicana en Francia. Durante esta época se opuso intensamente a las pretensiones de convertir a Haití en un protectorado francés o norteamericano. Alertó Betances sobre las implicaciones de este atentado contra la integridad territorial de las antillas.

En sus últimos años, dedicó su apostolado a servir la causa cubana. Ocupó el cargo de Delegado del Partido Revolucionario Cubano (1895). Desarrolló múltiples tareas revolucionarias, incluyendo gestiones diplomáticas con otros países europeos, la creación de organismos europeos de solidaridad con la revolución cubana, compra y acarreo de armas para el ejército libertador, recaudación de recursos económicos, y otras.

Mis sufrimientos. mi edad, mis tristezas me obligan ya y exigen todo el esfuerzo de mi pecho para no cederles.

Luego de una larga y dolorosa agonía ocasionada por su salud decadente, Betances falleció en Francia el 16 de septiembre de 1898, a los setenta y un años (71) de edad, junto a su compañera de los últimos 35 años, Simplicia Isolina Jiménez Carlo. Dos décadas más tarde, el Partido Nacionalista de Puerto Rico, bajo la presidencia de José Coll y Cuchi, logró convencer a la asamblea legislativa de Puerto Rico que aprobara un acta que permitía transferir los restos mortales de Betances a Puerto Rico. Los restos mortales de Betances llegaron a San Juan, Puerto Rico, el 5 de agosto de 1920, y una caravana organizada por el Partido Nacionalista transfirió los restos desde San Juan al pueblo de Cabo Rojo, donde fue sepultado.

Existe un busto creado por el escultor italiano Diego Montano, localizado junto a la bandera revolucionaria del Grito de Lares y a la bandera puertorriqueña en la plaza principal del pueblo de Cabo Rojo, la cual también lleva el nombre de Betances. El gobierno francés galardonó a Betances con la Legión de Honor por sus contribuciones a la medicina y literatura.

Obras Principales[editar]

  • Toussaint L'ouverture, los dos indios (1852)
  • Un premio de Luis XIV (1853)
  • Las cortesanas en París (1853)
  • La Vierge de Borinquén (1859)
  • La botijuela (1863)
  • Washington Haitiano (ensayo sobre Alexander Petion, 1871)
  • Los viajes de Scaldado (1890)
  • La nueva época de san juan bautista(1891)

Véase también[editar]

no armas

Referencias[editar]

  1. a b c d e Dávila del Valle, Oscar G.. «Presencia del ideario masónico en el proyecto revolucionario antillano de Ramón Emeterio Betances» (en español). Consultado el 27 de mayo de 2012.
  2. Ojeda Reyes, Félix (2001). El Desterrado de París: Biografía del Dr. Ramón Emeterio Betances (1827–1898). San Juan, Puerto Rico: Ediciones Puerto. pp. 2–7. ISBN 094234748X. 
  3. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 6, 14
  4. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 131–132
  5. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 8, 12
  6. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, p. 42. El autor especula: "Una búsqueda en los registros de esclavos en Cabo Rojo para las décadas de 1840 y de 1850 no nos ha dado resultados. Podemos asegurar, sin embargo, que para 1869 y los años siguientes el Dr. Betances no está listado como dueño de ningún esclavo negro dentro de la jurisdicción. (...) La única Betances listada como dueña de un esclavo negro en Cabo Rojo, en los censos de 1869 y 1872, es Ana Betances Torres (media hermana de Ramón)."
  7. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, p. 8. Betances es citado diciendo alguna vez que el nunca vio a su madre ir a ningún servicio religioso, y que cuando su padre lo llevaba a la iglesia, el se quedaba en la parte de atrás, cerca de la puerta, y no le ponía mucha atención a la misa.
  8. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 8, 17–19
  9. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 14–17, 20
  10. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 20, 29–30
  11. a b c Ojeda Reyes, Félix (como se lo contó a Collado Schwarz, Ángel), Ramón Emeterio Betances: Padre de la Patria, Médico de los Pobres, Poeta, Diplomático de Puerto Rico y Cuba en Francia.
  12. Un sobrino (Luis) y un primo segundo (José) se graduaron luego de la escuela de medicina de la Universidad de París; el primero al final de los 1880s, el segundo en los 1920s.
  13. El doctor Ramón Emeterio Betances, higienista social, presentado en la Tercera Conferencia Científica Internacional Betances-Martí, Centro de Estudios Martianos, Habana, Cuba, Septiembre de 2002.
  14. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, p. 40. Ojeda Reyes infiere que la plantación fue luego vendida, pero no ahonda en los detalles de la transacción.
  15. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 33–35
  16. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 35–36
  17. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, p. 44. El describió un evento en uno de sus escritos que sucedió en un pueblo cercano en el que a un esclavo, que había comprado su propia libertad a su dueño, le fue negada por un burócrata español. El esclavo procedió entonces a matar al dueño, su esposa e hijo, y cuando fue arrestado, reprobó al burócrata diciéndo: "Hombre blanco, si me hubiera dado mi libertad esta desgracia no hubiera ocurrido".
  18. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, p. 49. El autor cita a Salvador Brau en el asunto.
  19. Hechavarría, Mónica, Cobijo de las aguas de libertad, El Nuevo Día, edición online, Marzo 25, 2007
  20. El segundo volúmen de los trabajos completos de Betances cita más de una docena de cartas personales de Betances, escritas antes y después de la muerte de Lita. En una de las cartas Betances describe como tuvo que mantener el ataúd de Lita en su casa de Mayagüez por cerca de dos semanas mientras las autoridades de la ciudad debatían si dar permiso para su sepultura en el cementerio local.
  21. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 50–53. Luego él acreditaría a Giuseppe Mazzini como una influencia para su apariencia: Mazzini vestía atuendo negro como símbolo de su luto por su país.
  22. Coll y Toste, Cayetano, La Novia de Betances, transcrita por Negrón Hernández, Luis (editor), Puerto Rico En Breve, disponible en http://www.preb.com/
  23. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, p. 60
  24. Rodríguez Vázquez, Eduardo, Dr. Ramón Emeterio Betances: el médico
  25. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 310–312. Antonio Vélez Alvarado, un partidario de la independencia de Puerto Rico acreditado luego como el "inventor" de la bandera puertorriqueña, y cuyo hermano era un representante de ventas de Scott & Bowne, era responsable de publicar los anuncios.
  26. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, p. 63
  27. Ver Historia de la República Dominicana#Anexión a España y guerra por la restauración.
  28. a b c d e f Moscoso, Francisco, Betances, El Grito y St. Thomas.
  29. Una placa conmemorando el evento está ubicada en la entrada principal del hospital.
  30. Paul Estrade, biógrafo francés de Betances, nombra Cabo Rojo como su lugar de nacimiento.
  31. Nicole Cecilia Delgado (09-08-2006). «Quién conoce a Simplicia Jiménez Carlo?». Carmenlobo.blogcindario.com. Consultado el 31-08-2007.
  32. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, p. 79
  33. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 80–84
  34. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 84–86
  35. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 87–88
  36. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 88–90
  37. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, pp. 94–104
  38. Ojeda Reyes, El Desterrado de París, p. 105
  39. Ojeda Reyes, Félix, El Desterrado de París, p. 103. El manuscrito original es propiedad del Partido Independentista Puertorriqueño, que lo compró en 1985.
  40. Rodríguez Vázquez, Eduardo, Dr. Ramón Emeterio Betances: el médico disponible en [1]
  41. Un Reporte del Terremoto de 1867, por Louis van Housel Página de la Sociedad Histórica de St. John, visitada el 4 de junio de 2012.
  42. a b c Ojeda Reyes, Félix y Estrade, Paul, El Anciano Maravilloso, TBR
  43. Ojeda Reyes, El Desterrado de París, pp. 145, 149. El Telégrafo sería usado luego por Luperón en una invasión fallida a la República Dominicana, y luego vendido en 1869.
  44. Ojeda Reyes, El Desterrado de París, p. 128. Ver nota al final del siguiente párrafo.
  45. Ojeda Reyes, El Desterrado de París, p. 128. Betances aseguró en una carta a Julio J. Henna que una vez tuvo noticias del Grito, el fue "tan pronto como fue posible a donde el deber llamaba", pero que, "tan pronto como llegué, todo había terminado". No es claro si Betances había regresado a Puerto Rico clandestinamente o a alguna otra ubicación en el Caribe.
  46. Ojeda Reyes, El Desterrado de París, pp. 140, 148. Betances había sido arrestado en Saint Thomas, pero usó sus credenciales diplomáticas para ser autorizado a trasladarse a Nueva York.
  47. Ojeda Reyes, El Desterrado de París, p. 134
  48. Ojeda Reyes, El Desterrado de París, p. 150. Frederick Douglass era un observador de la elección; Charles Sumner se alió con Betances y los liberales dominicanos, y fue decisivo en hacer que un plan de anexión fuera rechazado por el Senado de los Estados Unidos.
  49. Ojeda Reyes, El Desterrado de París, p. 162
  50. Ojeda Reyes, El Desterrado de París, pp. 192–193

Enlaces externos[editar]