Leopoldo II de Bélgica

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Leopoldo II de Bélgica
Leopold ii garter knight.jpg
Rey de los belgas
17 de diciembre de 1865
17 de diciembre de 1909
(44 años)
Predecesor Leopoldo I
Sucesor Alberto I
Información personal
Otros títulos Duque de Brabante
(1840 - 1865)
Nacimiento 9 de abril de 1835
Castillo de Laeken cerca de Bruselas, Bélgica
Fallecimiento 17 de diciembre de 1909
(74 años)
Château de Bouchout, Meise
Entierro Cripta de la Iglesia de Laeken, Bruselas, Bélgica
Familia
Casa real Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha
Padre Leopoldo I
Madre Luisa María de Orleans
Consorte María Enriqueta de Austria
Descendencia
Coat of Arms of the King of the Belgians (1837-1921).svg
Escudo de Leopoldo II de Bélgica

Leopoldo II de Bélgica (Léopold Louis Philippe Marie Victor de Saxe-Cobourg et Gotha) (Bruselas, 9 de abril de 183517 de diciembre de 1909), fue el segundo rey de los belgas y propietario del Estado Libre del Congo. Sucedió a su padre, Leopoldo I, en el trono de Bélgica en 1865 y permaneció hasta su muerte. Leopoldo II es responsable de la muerte de más de 8 millones de congoleños.[cita requerida]

Primeros años[editar]

Leopoldo, 1844.

Ingresó en el ejército belga siendo joven y realizó numerosos viajes por el mundo, lo que marcaría su política expansionista.[cita requerida] Contrajo matrimonio con María Enriqueta de Austria en agosto de 1853.[1]

En política exterior, el rey Leopoldo determinó que Bélgica se mantuviera neutral ante la guerra franco-prusiana de 1870-1871.

Política colonial: el Estado Independiente del Congo[editar]

El marco institucional[editar]

En 1876, Leopoldo convocó y presidió la Conferencia Geográfica de Bruselas que reunía a expertos, exploradores y científicos de seis países europeos. Pretendía establecer normas comunes filantrópicas para proteger el continente africano y sus habitantes de la explotación comercial indiscriminada, dado que con las últimas exploraciones se acababa de abrir África a la penetración europea. Con este fin la Conferencia decidió crear un organismo permanente, la Asociación Internacional Africana (AIA), presidida por el propio Leopoldo, para promocionar la paz, la civilización, la educación y el progreso científico, y erradicar la trata de esclavos que era una práctica común a buena parte del continente.[2] El mismo año, en el discurso inaugural del comité belga de la AIA, Leopoldo declaraba:

(...) Los horrores de este estado de cosas, los miles de víctimas masacradas por el comercio de esclavos cada año, el número aún mayor de seres absolutamente inocentes que son brutalmente arrastrados a la cautividad y condenados de por vida a los trabajos forzados, han conmovido profundamente los sentimientos de todos los que, a todos los niveles, han estudiado con atención esta deplorable realidad; y han concebido la idea de asociarse, de cooperar, en una palabra, de fundar una asociación internacional para dar punto final a este tráfico odioso que es una desgracia para la edad en la que vivimos, (...)[3]

Tres años más tarde, la AIA financió la expedición al río Congo (18791884) dirigida por el explorador y aventurero estadounidense Henry Morton Stanley. Stanley fue encargado de conseguir contratos con los jefes indígenas, para que la AIA explotase las regiones descubiertas, convirtiéndolas en "Estados libres". Paralelamente, Bélgica creó la Asociación Internacional del Congo (AIC), una asociación con fines presuntamente destinados al mantenimiento de la paz en las regiones africanas de la cuenca del Congo, pero luego con metas claramente comerciales para explotar productos de las regiones colonizadas.

A raíz de estas iniciativas, Leopoldo fue reconocido en la escena internacional como un benefactor filantrópico digno de admiración, como un hombre de negocios preocupado por temas humanitarios, y como el promotor de la política colonial de Bélgica, colocándola a la altura que la del Reino Unido, Francia, o Alemania. No es por lo tanto de extrañar que la Conferencia de Berlín (18841885) reconociera la creación del Estado Libre del Congo como un territorio perteneciente a Leopoldo a título personal (y no como colonia de Bélgica). Ningún representante indígena fue invitado.

El Reino de Bélgica abandonó toda responsabilidad sobre el territorio congoleño, como lo confirmará el artículo 62 de la Constitución belga votada en 1885, por lo cual el territorio del Congo quedaba convertido prácticamente en "propiedad privada" de Leopoldo II. La explotación de los recursos de la región fue constituida en monopolio "estatal" (a favor del Estado Libre del Congo), y Leopoldo envió un ejército de 16.000 europeos de distintas nacionalidades, pagados por el propio monarca, para controlar la región y convertirla en un campo de trabajos forzados.[cita requerida]

La práctica de Leopoldo II en el Congo[editar]

Gracias a la colonización del Congo, Leopoldo convirtió a Bélgica en una potencia imperialista y a él mismo en multimillonario. Gracias a los préstamos que le fueron concedidos a Leopoldo por el Estado belga, la AIC creó una red ferroviaria a lo largo del río Congo y de sus afluentes, y abrió carreteras. Después de que John Dunlop inventara los neumáticos de caucho, la demanda mundial de látex, su materia prima, se había disparado en la industria automovilística y de bicicletas, y se inició una carrera comercial internacional para dominar el mercado.

Para adelantarse a la competencia (que explotaba bosques en América Latina y en el sureste asiático), Leopoldo impuso altas cuotas de producción de caucho en el Congo, obligando a la población indígena a cumplirlas con métodos coercitivos de la más alta violencia.[4] Para aumentar el ritmo de producción, los agentes del Estado Independiente del Congo cobraban primas en función de las cantidades suplementarias de caucho recolectado,[5] lo que les incitaba a endurecer cada vez más los métodos de presión sobre los trabajadores.[5]

En los territorios que pertenecían a Leopoldo II, el castigo por desobediencia era la amputación violenta.[6]

Se calcula que durante los años de dominio de Leopoldo sobre el Congo fueron exterminados unos diez millones de nativos, la mayoría de ellos esclavizados, mutilados, asesinados o amenazados con la muerte para que trabajaran en la obtención de caucho.[7] El historiador Adam Hochschild avanza la misma cifra basándose en investigaciones llevadas a cabo por el antropólogo Jan Vansina a partir de fuentes locales de la época, y estima que de 1885 a 1908 la población congoleña quedó reducida a la mitad por culpa de los asesinatos, el hambre, el agotamiento, las enfermedades y el desplome de la natalidad.[8] El historiador congoleño Ndaywel e Nziem eleva la cifra a 13 millones de muertos,[4] mientras que los historiadores Roger Louis y Jean Stengers consideran que esas cifras no tienen fundamento al no existir datos de población para aquellos años.[9]

En 1895, el misionero Henry Grattan Guinness supo de los abusos sufridos por la población del Estado Libre del Congo e instaló allí una misión. Obtuvo promesas de mejora de Leopoldo, pero nada cambió.[cita requerida] El periodista británico Edmund Dene Morel, ex agente de una compañía de navegación encargada del transporte del caucho hacia Europa, y conocedor de las estructuras comerciales establecidas en Àfrica del oeste, fue también uno de los primeros en avisar a la opinión internacional sobre los crímenes cometidos, recogiendo por primera vez pruebas testimoniales y documentales. Pero hasta 1903, dos años después del fallecimiento de la reina Victoria, prima de Leopoldo, la Cámara de los Comunes no adoptó una resolución crítica sobre la gestión del Congo,[cita requerida] y encargó al diplomático Roger Casement, nombrado consul británico en el Congo, que investigara los hechos. Su informe, conocido como el Informe Casement, se hizo público al año siguiente y tuvo un impacto considerable en la opinión pública.[10] El parlamento británico aprobó una resolución sobre el Estado del Congo –que el gobierno envió a los 14 países firmantes del Tratado de Berlín de 1885— avisando de que los crímenes que supuestamente allí se cometían eran contrarios al espíritu de la Conferencia, y el ministro británico de Asuntos Exteriores pidió en sendos discursos que se revisara la concesión privada del Congo al rey de Bélgica para transferirla al parlamento belga.[11] [12]

El diputado socialista belga Émile Vandervelde y parte de la oposición parlamentaria consiguieron, en contra de la opinión del rey,[cita requerida] que se creara una comisión independiente de investigación, cuyo informe confirmó las observaciones de Casement y Morel. Por su parte el Rey envió su propia comisión de investigación, constituida de funcionarios públicos belgas, que negó toda clase de abusos y apoyó su labor "civilizadora."

La Donación Real[editar]

Las consecuencias inmediatas de esos informes se limitaron al arresto de algunos soldados del Estado Libre acusados del asesinato de centenares de congoleños en 1903.[cita requerida] En diciembre de 1906 el rey Leopoldo, bajo la presión internacional, aceptó transferir el Estado del Congo al parlamento belga, pero las negociaciones duraron hasta el 15 de noviembre de 1908, fecha en la que el Parlamento belga asumió su administración.[12] En el intervalo el Rey negoció una compensación de 50 millones de francos por sus posesiones en el Congo y se deshizo de todas sus obligaciones en la región que reinvertió en propiedades en la Riviera francesa.[12]

Esta cesión fue incluida en 1908 en el acta conocido como «Donación real», por la que Bélgica "heredaba" el Congo, así como de la gestión de las inmensas propiedades personales del Rey en Bélgica, preservando su disfrute por sus sucesores en el trono y prohibiendo su venta o alteración. Leopoldo justificó el tratado afirmando que como sólo tenía hijas, todas casadas con príncipes extranjeros, no quería que su herencia fueran desmembradas después de su muerte. La Donación Real es desde 1930 un organismo público autónomo del Estado belga, que gestiona el patrimonio heredado de Leopoldo II. Parte de esos bienes están puestos a disposición exclusiva de la Casa Real belga, asumiendo el Estado su gestión y conservación.[13]

La explotación minera[editar]

Gran parte de los territorios que Leopoldo II mandó colonizar en África constituyen el actual Estado de la República Democrática del Congo. Bélgica continuó explotando las riquezas del "Congo belga". En los años siguientes a la Donación Real, la administración del Congo siguió en manos de las mismas compañías concesionarias, por lo que el maltrato de la mano de obra congoleña se mantuvo, sin llegar sin embargo a los excesos anteriores.[14]

Después del declive del caucho, tomará especial importancia la explotación minera iniciada por las compañías concesionarias de Leopoldo II, como la Compañía del Katanga, creada en 1891. A partir de 1900, para asegurar el dominio de la Compañía frente a la competencia de las compañías mineras británicas y alemanas, el Estado Independiente del Congo y la Compañía del Katanga se unieron en el Comité Especial del Katanga (CSK). Al poco tiempo, un acuerdo firmado personalmente por Leopoldo II y el empresario británico Robert Williams, propietario de la compañía minera Tangenyika Concession Limited (TCL), creó la Unión Minera del Alto Katanga (UMHK), que gobernó de hecho la región del Katanga hasta su nacionalización por el gobierno de la República Democrática del Congo en 1966.[14]

Reinado en Bélgica[editar]

Leopoldo II utilizó la fortuna amasada con la explotación del Congo para financiar un programa de obras públicas, ejemplos del cual son el Palacio de Justicia de Bruselas, la Avenida de Tervueren, también en Bruselas, y el complejo palaciego de Laeken, actual residencia de la familia real belga. Para celebrar el 50 aniversario de la independencia de Bélgica, mandó construir el Parque del Cincuentenario, dominado por el Arco del Cincuentenario. Embelleció también la ciudad de Ostende, donde creó el hipódromo y el parque María Enriqueta.

Constituyó un patrimonio personal en las Ardenas, que cuenta con 6.700 ha de bosques y fincas agrícolas, un campo de golf, y los castillos de Ciergnon, Fenffe, Villers-sur-Lesse y Ferage.

En el aspecto militar, mandó fortificar las ciudades de Amberes, Namur y Lieja, e instituyó el servicio militar obligatorio para un hijo por familia.

Bajo su reinado el Parlamento aprobó numerosas medidas sociales como el derecho a crear sindicatos, la prohibición a los niños menores de 12 años de trabajar en las fábricas, la prohibición del trabajo nocturno para los menores de 16 años y de los trabajos subterráneos para las mujeres de menos de 21 años.[cita requerida] Se estableció el descanso dominical y una compensación en caso de accidente laboral.

El Rey intentó que la Constitución belga de 1885 instaurase el "Referendum Real", que le hubiese permitido convocar personalmente consultas populares sobre cuestiones de orden general o sobre leyes ya aprobadas por el Parlamento. En este último caso, el Referendum Real podría haberle suministrado un apoyo popular para negarse a firmar leyes que desaprobaba, lo que equivalía a disponer del derecho de veto. Ante la negativa del Parlamento a contemplar esta posibilidad, Leopoldo estuvo a punto de abdicar.[15]

Vida privada[editar]

Blanche Delacroix y Leopoldo II en una postal antigua.

Leopoldo II se casó por conveniencia con María Enriqueta de Austria, quien tras proporcionar descendencia a su esposo, fue ignorada y casi repudiada de facto por éste,[cita requerida] refugiándose en la ciudad de Spa, de la que ya no saldría jamás.

En torno al año 1899, Leopoldo se enamoró de Blanche Delacroix, una joven de 16 años, hija de un funcionario. La nombró baronesa de Vaughan, y tuvo con ella dos hijos varones (la auténtica paternidad de esos niños nunca fue demostrada). Un año antes de su muerte, Leopoldo contrajo con Delacroix un matrimonio morganático, y le legó una gran fortuna y propiedades inmobiliarias en Bélgica y en Francia. Al año siguiente, poco después de la muerte del rey, Delacroix se casó con su amante, Antoine Durieux, quien adoptó a los hijos.[16]

Leopoldo II murió en 1909 de una hemorragia cerebral.[1] Su sobrino Alberto, hijo de su hermano Felipe de Bélgica, le sucedió en el trono como Alberto I.

Ancestros[editar]

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
16. Francisco Josías de Sajonia-Coburgo-Saalfeld
 
 
 
 
 
 
 
8. Ernesto Federico de Sajonia-Coburgo-Saalfeld
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
17. Ana Sofía de Schwarzburg-Rudolstadt
 
 
 
 
 
 
 
4. Francisco de Sajonia-Coburgo-Saalfeld
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
18. Fernando Alberto II de Brunswick-Wolfenbüttel
 
 
 
 
 
 
 
9. Sofía Antonia de Brunswick-Wolfenbüttel
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
19. Antonieta Amalia de Brunswick-Wolfenbüttel
 
 
 
 
 
 
 
2. Leopoldo I de los Belgas
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
20. Enrique XXIX de Reuss-Ebersdorf
 
 
 
 
 
 
 
10. Enrique XXIV de Reuss-Ebersdorf
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
21. Teodora de Castell-Castell
 
 
 
 
 
 
 
5. Augusta de Reuss-Ebersdorf
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
22. Jorge Augusto de Erbach-Schönberg
 
 
 
 
 
 
 
11. Carolina Ernestina de Erbach-Schönberg
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
23. Fernanda Enriqueta de Stolbert-Gedern
 
 
 
 
 
 
 
1. Leopoldo II de Bélgica
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
24. Luis Felipe I de Orleans
 
 
 
 
 
 
 
12. Luis Felipe II de Orleans
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
25. Luisa Enriqueta de Borbón-Conti
 
 
 
 
 
 
 
6. Luis Felipe I de Francia
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
26. Luis Juan María de Borbón
 
 
 
 
 
 
 
13. Luisa María Adelaida de Borbón-Penthièvre
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
27. María Teresa Felicidad de Este
 
 
 
 
 
 
 
3. Luisa María de Orleans
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
28. Carlos III de España
 
 
 
 
 
 
 
14. Fernando I de las Dos Sicilias
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
29. María Amalia de Sajonia
 
 
 
 
 
 
 
7. María Amalia de Borbón-Dos Sicilias
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
30. Francisco I del Sacro Imperio Romano Germánico
 
 
 
 
 
 
 
15. María Carolina de Austria
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
31. María Teresa I de Austria
 
 
 
 
 
 

Referencias culturales[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b «La Monarchie belge» (en francés). Consultado el 23 de abril de 2012.
  2. Emile Banning (miembro de la Conferencia), Africa and the Brussels Geographical Conference, Sampson Low, Marston, Searle & Rivington, Londres, 1877. Digitalizado y puesto en línea por las Bibliotecas de la Universidad de California, en el sitio archive.org [1]
  3. Banning p. 162-163
  4. a b Yale University. «Congo Free State, 1885-1908» (en inglés). Consultado el 14 de diciembre de 2013.
  5. a b Arthur Conan Doyle, The Crime of the Congo, London: Hutchinson & Co., 1909, págs 54-55, citando el informe de la comisión de investigación de 1904.
  6. Forbath, Peter (1977). The River Congo: The Discovery, Exploration and Exploitation of the World's Most Dramatic Rivers. Harper & Row. p. 374. ISBN 0061224901. 
  7. Mario Vargas Llosa. La aventura colonial. Catorce naciones regalaron en 1885 un inmenso territorio al rey de los belgas, Leopoldo II. Congo vivió un horror muy superior al Holocausto, sin que haya recaído sobre el monarca ninguna sanción moral, El País 28/12/2008
  8. Hochschild, Adam (1998). King Leopold’s Ghost: A Story of Greed, Terror, and Heroism in Colonial Africa. Mariner Books. p. 225-233. ISBN 0-330-49233-0. 
  9. Louis, Roger; Stengers, Jean (1968). E.D. Morel's History of the Congo Reform Movement. Clarendon. p. 252-257 |página= y |páginas= redundantes (ayuda). 
  10. U. Fuente / J. Ors. «El otro infierno de Roger Casement». Consultado el 23 de abril de 2012.
  11. The New York Times (20 de agosto de 1903). «NOTE AS TO CONGO STATE; Britain Addresses the Signatories of the Berlin Act. Alleges Practices Contrary to Its Spirit, Including Forced Native Labor and Trade Monopolies.». Consultado el 14 de diciembre de 2013.
  12. a b c Derrick M. Nault (Universidad de Calgary, Cánada). «At the Bar of Public Sentiment”: The Congo Free State Controversy, Atrocity Tales, and Human Rights History» (en inglés). Consultado el 14 de diciembre de 2013.
  13. La Donation Royale, en la página del ministerio de Hacienda belga, minfin.fgov.be, [2] (consultado el 15 de julio de 2010)
  14. a b Georges Nzongola-Ntalaja, The Congo from Leopold to Kabila: a people's history, Zed Books Ltd., Nueva York, 2002, págs 31-35, ISBN 978-1-84277-053-5
  15. Jean Stengers, L'action du Roi en Belgique depuis 1831- Pouvoir et influence, 3ª edición, Racine, Bruselas, 2008, pág. 123-124
  16. Artículo del New York Times sobre disputas de custodia después de que Blanche Delacroix se divorciara de Antoine Durieux, 7 de junio de 1914 [3] (consultado el 15 de julio de 2010)

Bibliografía[editar]

  • Maria Petringa. Brazza, A Life for Africa, 2006. ISBN 978-1-4259-1198-0. (inglés)
  • Adam Hochschild. El fantasma del rey Leopoldo: una historia de codicia, terror y heroísmo en el África colonial, Mariner Books, Boston, 1998, ISBN 0-618-00190-5 (inglés)
  • Vincent Dujardin, Valérie Rosoux, Tanguy de Wilde d'Estmael, Léopold II. Entre génie et gêne. Politique étrangère et colonisation, Ediciones Racine, 2009, ISBN 978-2-87386-621-1 (francés)
  • Daniel Vangroenweghe, Du sang sur les lianes: Léopold II et son Congo, Aden, Bruselas, 2010, 456 p. ISBN 978-2-8059-0042-6
  • Blanche Delacroix (Baronne de Vaughan), Quelques souvenirs de ma vie, A 16 ans j'étais la maîtresse du roi Léopold II, entrevista con Paul Faure, Editions Jourdan-le-Clerq, 2004 (reedición del libro editado por Flammarion, París, 1936)
  • Arthur Conan Doyle, The Crime of the Congo, Read How You Want (reedición), 2007, ISBN 978-1-4270-5462-3

Películas[editar]

  • Le roi blanc, le caoutchouc rouge, la mort noire (El rey blanco, el caucho rojo, la muerte negra), documental de Peter Bate, Reino Unido, 2003. Visionar en Google vídeos [4] (en francés). El documental, difundido por el canal de televisión ARTE en 2006, fue denunciado por el gobierno belga por ser «una diatriba sentenciosa».
  • Debate retransmido el 8 de abril de 2004 por la televisión belga RTBF, con motivo del estreno del documental [5]

Enlaces externos[editar]


Predecesor:
Leopoldo I
Rey de los belgas
1865-1909
Great coat of arms of Belgium.svg
Sucesor:
Alberto I