Guerra hispano-estadounidense

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Guerra hispano-estadounidense
Revolución filipina y Guerra de Independencia cubana
USSMaine.jpg
Hundimiento del USS Maine, 1898
Fecha 25 de abril12 de agosto de 1898
Lugar Mar Caribe y Océano Pacífico
Resultado Tratado de París.
Consecuencias Fin del Imperio español. Se inicia la guerra filipino-estadounidense.
Cambios territoriales Cuba ganó su independencia y España cedió Guam, Puerto Rico y las Filipinas a Estados Unidos por 20 millones de dólares.
Beligerantes
US flag 45 stars.svg Estados Unidos
Flag of Cuba.svg Rebeldes cubanos
Flag of the Tagalog people.svg Rebeldes filipinos[1] [2] [3]
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Reino de España
Comandantes
US flag 45 stars.svg William McKinley
US flag 45 stars.svg Nelson A. Miles
US flag 45 stars.svg William R. Shafter
US flag 45 stars.svg George Dewey
US flag 45 stars.svg William T. Sampson
Flag of Cuba.svg Máximo Gómez
Flag of the Tagalog people.svg Emilio Aguinaldo
Flag of the Tagalog people.svg Apolinario Mabini
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Alfonso XIII
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Práxedes Mateo Sagasta
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Patricio Montojo
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Pascual Cervera
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Arsenio Linares y Pombo
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Manuel Macías y Casado
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Ramón Blanco y Erenas
Fuerzas en combate
Flag of Cuba.svg 30.000[4]
US flag 45 stars.svg 300.000[5]
(regulares y voluntarios)
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg 339.783
278.447 en Cuba
10.005 en Puerto Rico
51.331 en Filipinas[6]
(regulares y voluntarios)
Bajas
Flag of Cuba.svg 10.665 muertos[6]
US flag 45 stars.svg 5.000 muertos (2.108 en combate, 3.000 por enfermedades)
1.577 heridos[7]
Ejército español:
Cuba:
60.000 muertos
(50.000 por enfermedades[8] y 10.000 en combate)
13.000 heridos o enfermos que sobrevivieron[6]
Filipinas:
3.000 muertos y heridos
6.700 prisioneros[9]
Armada española:
560 muertos y 300-400 heridos[7]

La Guerra hispano-estadounidense se desató entre España y los Estados Unidos de América en 1898, durante la infancia del rey Alfonso XIII, cuando ejercía la regencia la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, viuda del rey Alfonso XII, siendo presidente del gobierno español Práxedes Mateo Sagasta y presidente de Estados Unidos, William McKinley.

Este conflicto se denomina comúnmente en España la Guerra de Cuba o el desastre del 98; en Cuba, Guerra hispano-cubano-norteamericana. También se le llama incorrectamente Guerra hispano-americana por influencia de la manera en que se lo conoce en Estados Unidos, Spanish-American War.

Sus principales resultados fueron la pérdida por parte de España de la isla de Cuba (que se proclamó república independiente pero quedó bajo tutela de Estados Unidos) así como de Puerto Rico, Filipinas y Guam, que pasaron a ser dependencias coloniales de Estados Unidos. En Filipinas la ocupación americana degeneró en la guerra filipino-estadounidense de 1899-1902.

Causas de la guerra[editar]

Tras la expansión e invasión de los Estados Unidos en los antiguos territorios de México durante la primera mitad del siglo XIX, las grandes potencias mundiales se disputaban a finales de ese siglo las colonias por razones de economía. Un país era más poderoso en tanto su influencia y moneda se hacían sentir en más territorios y colonias.

Por otro lado, las boyantes economías experimentaron en el último tercio del siglo una crisis de crecimiento al quedar inundados los mercados internos. Se imponía la necesidad de abrir nuevas rutas comerciales e incorporar nuevos territorios que absorbiesen la producción industrial y proveyesen de materias primas a las nuevas industrias.

Así, en la Conferencia de Berlín de 1884 las potencias europeas decidieron repartirse sus áreas de expansión en el continente africano, con el fin de no llegar a la guerra entre ellas. Otros acuerdos similares delimitaron zonas de influencia en Asia y especialmente en China, donde se llegó a diseñar un plan para desmembrar el país, que no pudo llevarse a cabo al desatarse la Primera Guerra Mundial.

Dibujo satírico publicado en 1896 en el diario catalán La Campana de Gràcia, criticando la actitud de EE.UU hacia Cuba.

Sin embargo, los acuerdos no acabaron por eliminar completamente las fricciones entre las potencias. A finales del siglo XIX, se sucedieron las disputas por determinados puertos y fronteras cuya delimitación no estaba clara, sobre todo en África. Ejemplos de esto son el incidente de Fachoda entre franceses y británicos, las disputas germano-portuguesas por el puerto mozambiqueño de Kionga, el ultimátum lanzado por los ingleses contra la expansión portuguesa en Zambia y la polémica desatada entre franceses, británicos, alemanes y españoles por el dominio de Marruecos.

Los Estados Unidos, que no participaron en el reparto de África ni de Asia, fijaron su área de expansión inicial en la región del Caribe y, en menor medida, en el Pacífico, donde su influencia ya se había dejado sentir en Hawái y Japón. Tanto en una zona como en otra se encontraban valiosas colonias españolas (Cuba y Puerto Rico en el Caribe, Filipinas, las Carolinas y las Marianas en el Pacífico) que resultarían una presa fácil debido a la fuerte crisis política que sacudía su metrópoli desde el final del reinado de Isabel II. En el caso de Cuba, su fuerte valor económico, agrícola y estratégico ya había provocado numerosas ofertas de compra de la isla por parte de varios presidentes estadounidenses (John Quincy Adams, James Polk, James Buchanan y Ulysses Grant), que el gobierno español siempre rechazó. Cuba no sólo era una cuestión de prestigio para España, sino que se trataba de uno de sus territorios más ricos y el tráfico comercial de su capital, La Habana, era comparable al que registraba en la misma época Barcelona.

A esto se añade el nacimiento del sentimiento nacional en Cuba influido por las revoluciones francesa y estadounidense, el nacimiento de una burguesía local y las limitaciones políticas y comerciales impuestas por España que no permitía el libre intercambio de productos, fundamentalmente azúcar de caña, con los EE. UU. y otras potencias. Los beneficios de la burguesía industrial y comercial de Cuba se veían seriamente afectados por la legislación española. Las presiones de la burguesía textil catalana habían llevado a la promulgación de la Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas (1882) y el Arancel Cánovas (1891),[10] que garantizaban el monopolio del textil barcelonés gravando los productos extranjeros con aranceles de entre el 40 y 46%, y obligando a absorber los excedentes de producción.[11] [12] La extensión de estos privilegios en el mercado cubano asentó la industrialización en Cataluña durante la crisis del sector en la década de 1880, soslayando sus problemas de competitividad,[13] a costa de los intereses de la industria cubana, lo que fue un estímulo esencial de la revuelta.[14]

La primera sublevación desembocaría en la Guerra de los Diez Años (1868 - 1878) bajo la dirección de Carlos Manuel de Céspedes, un hacendado del oriente de Cuba. La guerra culminó con la firma de la Paz de Zanjón, que no sería más que una tregua. Si bien este pacto hacía algunas concesiones en materia de autonomía política y pese a que en 1880 se logró la abolición de la esclavitud en Cuba, la situación no contentaba completamente a los cubanos debido a su limitado alcance. Por ello los rebeldes volvieron a sublevarse de 1879 a 1880 en la llamada Guerra Chiquita.

Por otra parte, José Martí, escritor, pensador y líder independentista cubano, fue desterrado a España en 1871 a causa de sus actividades políticas. Martí en un principio tiene una posición pacifista, pero con el pasar de los años su posición se radicaliza. Es por esto que convoca a los cubanos a la guerra necesaria por la independencia de Cuba. Con tal fin crea el Partido Revolucionario Cubano bajo el cual se organiza la Guerra del 95.

La escalada de recelos entre los gobiernos de EE. UU. y España fue en aumento, mientras en la prensa de ambos países se daban fuertes campañas de desprestigio contra el adversario. En América se insistía una y otra vez en la valentía de los héroes cubanos, a los que se mostraba como unos libertadores luchando por liberarse del yugo de un gobierno y un país que era descrito como tiránico, corrupto, analfabeto y caótico. Por su parte, los españoles, que no tenían ninguna duda de la intención de EE UU. por anexionarse la isla, dibujaban a unos hacendados avariciosos y arrogantes, sostenidos por una nación de ladrones indisciplinados, sin historia ni tradición militar, a los que España debería dar una lección.

Cada vez parecía más inminente el desencadenamiento del conflicto entre dos potencias que otros países consideraban de segunda: una impetuosa, joven y todavía en desarrollo, que buscaba hacerse un hueco en la política mundial a través de su economía creciente, y otra vieja, que intentaba mantener la influencia que le quedaba de sus antiguos años de gloria. Los líderes estadounidenses vieron en la disminuida protección de las colonias, producto de la crisis económica y financiera española, la ocasión propicia de presentarse ante el mundo como la nueva América, la nueva potencia mundial, con una acción espectacular. De hecho esta guerra fue el punto de inflexión en el gran ascenso de la nación estadounidense como poder mundial, pero para su antagonista significó la acentuación de una crisis que no se resolvería hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando España finalmente logra recomponerse.

Prolegómenos de la guerra[editar]

El de Cuba no era el primer conflicto internacional desatado por el control de las colonias españolas. En 1885, el Imperio alemán intentó extender su dominio sobre el noreste de Papúa a las Islas Carolinas, donde se preveía establecer un protectorado debido a su valor estratégico. La intentona fue duramente combatida por España, que estaba presente en el archipiélago desde 1521 y había reclamado su soberanía por primera vez en 1667; no obstante, los alemanes (al igual que en otras ocasiones habían hecho los británicos) argüían que España las había abandonado al eliminar la presencia militar en 1787, si bien la actividad misionera y comercial se había reanudado posteriormente y mantenido durante todo el siglo XIX. La mediación del Papa León XIII terminó, al igual que en otras ocasiones, con el reconocimiento de la soberanía española, aunque se permitió a los alemanes establecer una estación naval y un depósito de carbón en una de las Carolinas.

En Cuba la situación militar española era complicada. Los mambises, dirigidos por Antonio Maceo y Máximo Gómez, controlaban el campo cubano quedando sólo bajo control colonial las zonas fortificadas y las principales poblaciones.[cita requerida] El Capitán General español Weyler, designado para la isla, decidió recurrir a la política de Reconcentración, consistente en concentrar a los campesinos en reservas vigiladas. Con esta política pretendía aislar a los rebeldes y dejarlos sin suministros. Estas reservas vigiladas provocaron que empeorara la situación económica del país, que cesó de producir alimentos y bienes agrícolas.[15] Se supone que alrededor de 200.000-400.000 cubanos murieron a causa de ellas .[16] Esta situación hizo que se radicalizara aún más el proceso independentista y la exacerbación del odio hacia el dominio colonial. En La Habana, se sucedían manifestaciones y enfrentamientos entre los sectores independentistas y españolistas. Por otra parte, muchos cubanos influyentes reclamaban insistentemente en Washington la intervención estadounidense. El gobierno de los Estados Unidos, viendo la posibilidad de que el ejército independentista en Cuba lograra derrocar finalmente al español, y con ello perder la posibilidad de controlar la isla, se decide a intervenir.[17]

El hundimiento del Maine[editar]

Con la excusa de asegurar los intereses de los residentes estadounidenses en la isla, el gobierno estadounidense envió a La Habana el acorazado de segunda clase Maine. El viaje era más bien una maniobra intimidatoria y de provocación hacia España, que se mantenía firme en el rechazo de la propuesta de compra realizada por los Estados Unidos sobre Cuba y Puerto Rico. El 25 de enero de 1898, el Maine hacía su entrada en La Habana sin haber avisado previamente de su llegada, lo que era contrario a las prácticas diplomáticas tanto de la época como actuales. En correspondencia a este hecho, el gobierno español envió al crucero Vizcaya al puerto de Nueva York.

A pesar de lo inoportuno de la visita, la población habanera permanecía tranquila y expectante y parecía que el capitán general, Ramón Blanco, controlaba perfectamente la situación. Por otra parte, a pesar de que el Maine tuvo un gélido recibimiento por parte de las autoridades españolas, Ramón Blanco y el capitán del navío, Charles Sigsbee, simpatizaron desde el primer momento y se hicieron amigos.[18]

Sin embargo, a las 21:40 del 15 de febrero de 1898, una explosión ilumina el puerto de La Habana. El Maine había saltado por los aires. De los 355 tripulantes, murieron 254 hombres y 2 oficiales. El resto de la oficialidad disfrutaba, a esas horas, de un baile dado en su honor por las autoridades españolas.

Sin esperar el resultado de una investigación, la prensa sensacionalista de William Randolph Hearst publicaba al día siguiente el siguiente titular: «El barco de guerra Maine partido por la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo».

A fin de determinar las causas del hundimiento se crearon dos comisiones de investigación, una española y otra estadounidense, puesto que estos últimos se negaron a una comisión conjunta.[19] Los estadounidenses sostuvieron desde el primer momento que la explosión había sido provocada y externa. La conclusión española fue que la explosión era debida a causas internas. Los españoles argumentaron que no podía ser una mina como pretendían los estadounidenses, pues no se vio ninguna columna de agua y, además, si la causa de la explosión hubiera sido una mina, no tendrían que haber estallado los pañoles de munición. En el mismo sentido, hicieron notar que tampoco había peces muertos en el puerto, lo que sería normal en una explosión externa.

Tradicionalmente ha sido una opinión muy extendida entre los historiadores españoles el creer que la explosión fue provocada por los propios estadounidenses para utilizarla como excusa para su entrada en la guerra.[cita requerida] Algunos estudios actuales apuntan a una explosión accidental de la santabárbara, motivada por el calentamiento de los mamparos que la separaban de la carbonera contigua, que en esos momentos estaba ardiendo.

Otros estudios recientes han señalado que, dados los desperfectos causados por la explosión, si la misma hubiera sido provocada por algún artefacto externo, ésta habría hecho al barco saltar (literalmente) del agua. Algunos de los documentos desclasificados por el gobierno de EE.UU. sobre la Operación Mangosta (proyecto para la invasión de Cuba posterior al fracaso de Bahía de Cochinos) avalan la polémica hipótesis de que la explosión fue causada en realidad por el propio gobierno de EE.UU. con el objeto de tener un pretexto para declarar la guerra a España.[cita requerida]

España negó desde el principio que tuviera algo que ver con la explosión del Maine, pero la campaña mediática realizada desde los periódicos de William Randolph Hearst, hoy día el Grupo Hearst, uno de los principales imperios mediáticos del mundo, convencieron a la mayoría de los estadounidenses de la culpabilidad de España.

EE.UU. acusó a España del hundimiento y declaró un ultimátum en el que se le exigía la retirada de Cuba, además de empezar a movilizar voluntarios antes de recibir respuesta.[cita requerida] Por su parte, el gobierno español rechazó cualquier vinculación con el hundimiento del Maine y se negó a plegarse al ultimátum estadounidense, declarándole la guerra en caso de invasión de sus territorios, aunque, sin ningún aviso, Cuba ya estaba bloqueada por la flota estadounidense. En cuanto al hundimiento del Maine, varios estudios posteriores han llegado a la conclusión de que lo más probable es que la explosión fuese provocada desde dentro del buque, debido a una ignición de la santabárbara,[20] común en los buques estadounidenses de la época.

Comenzaba así la Guerra Hispano-Estadounidense, que con posterioridad se extendería a otras colonias españolas como Puerto Rico, Filipinas y Guam.

Desarrollo del conflicto[editar]

Teatro de operaciones en el Pacífico

Con anterioridad a los hechos del Maine, Estados Unidos ya había ordenado a su flota del Pacífico que se dirigiera a Hong Kong e hiciera allí ejercicios de tiro hasta que recibiera la orden de dirigirse a las Filipinas y a la Isla de Guam.[17]

Tres meses antes también se había decretado bloqueo naval a la isla de Cuba sin que mediara declaración de guerra alguna, y cuando finalmente se declaró esta, se hizo con efectos retroactivos al comienzo del bloqueo.[17]

Las tropas de Estados Unidos rápidamente arribaron a Cuba y cuando estaban siendo derrotadas en la batalla terrestre,[cita requerida] la Armada de los Estados Unidos destruyó dos flotas españolas, una en la Batalla de Cavite, en Filipinas, y otra en la batalla naval de Santiago de Cuba cuando la flota española intentaba sin casi esperanza escapar a mar abierto. El gobierno español pidió en julio negociar la paz.

Santiago de Cuba se rindió el 16 de julio. Algunas cifras estiman los fallecidos en la campaña, que culminó con la toma de Santiago, en alrededor de 600 por la parte española, 250 por la estadounidense y 100 por la cubana. A pesar de que la guerra fue ganada principalmente por el apoyo de los mambises, el general Shafter impidió la entrada victoriosa de los cubanos en Santiago de Cuba, bajo el pretexto de «posibles represalias».[17]

El 25 de julio, el General Nelson A. Miles, con 3.300 soldados, desembarcó en Guánica comenzando la ofensiva terrestre en Puerto Rico. Las tropas de EE.UU. encontraron resistencia a comienzos de la invasión. La primera escaramuza entre los estadounidenses y las tropas españolas y puertorriqueñas tuvo lugar en Guánica, y la primera resistencia armada se produjo en Yauco, en lo que se conoce como el Combate de Yauco. Este encuentro fue seguido por los combates de Fajardo, Guayama, Coamo y por el Combate del Asomante. Estados Unidos nunca pudo apropiarse de Puerto Rico ni ocupar la isla, lo cual termino pasando por la rendición de España por sus derrotas en Filipinas y Cuba.[21]

Mapa de la campaña militar de Santiago de Cuba.

Consecuencias[editar]

Crucero español Reina Mercedes, hundido en la entrada de la bahía de Santiago de Cuba.
El embajador de Francia en Estados Unidos firmando el Tratado de París.

Mediante los acuerdos de París del 10 de diciembre de 1898, se concuerda la futura independencia de Cuba, que se concretará en 1902, y España cede Filipinas, Puerto Rico y Guam.[22] Las restantes posesiones españolas en Oceanía (Islas Marianas, Carolinas y Palaos), incapaces de ser defendidas debido a su lejanía y la destrucción de buena parte de la flota española, fueron vendidas a Alemania en 1899 por 25 millones de pesetas, por el tratado germano-español.

Art. 1°. España renuncia a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba. En atención a que dicha isla, cuando sea evacuada por España, va a ser ocupada por los Estados Unidos, éstos, mientras dure su ocupación, tomarán sobre sí y cumplirán las obligaciones que, por el hecho de ocuparla, les impuso el derecho internacional (...)

Art 2°. España cede a los Estados Unidos la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales, y la isla de Guam en el archipiélago de las Marianas o Ladrones.

Art. 3°. España cede a los Estados Unidos el archipiélago conocido por las islas Filipinas (...).

Art 5°. Los Estados Unidos, (...) transportarán a España, a su costa, a los soldados españoles que hicieron prisioneros de guerra las fuerzas estadounidenses al ser capturada Manila.
Tratado de París del 10-12-1898

Al terminar la guerra surgió una polémica interna en los Estados Unidos al respecto del destino de las colonias recientemente adquiridas. Hubo quien sostuvo el argumento de preparar a las naciones subdesarrolladas para la democracia y quienes defendían el principio de autodeterminación nacional que figura en la Declaración de Independencia estadounidense. En Filipinas, los insurgentes que habían peleado contra el colonialismo español pronto empezaron a luchar contra las tropas de Estados Unidos. Muchos intelectuales, como el filósofo William James y el presidente de la Universidad Harvard, Charles Eliot, denunciaron estas acciones como traición de los valores estadounidenses. [cita requerida]

Buque español Cristóbal Colón. Destruido en la batalla de Santiago el 3 de julio de 1898.

Pese a las críticas de los antiimperialistas, Estados Unidos comenzó a gravitar cada vez con más fuerza en toda el área del Caribe. El Presidente Theodore Roosevelt propuso construir un canal en Centroamérica, y en 1903 ofreció al gobierno colombiano comprar una franja de tierra de lo que hoy es Panamá.

Al mismo tiempo que Colombia rechazaba la oferta de Roosevelt, se desató una rebelión en el área designada para la ubicación del canal. Roosevelt apoyó la revuelta y rápidamente reconoció la emancipación de Panamá frente a Colombia. Unos días después, el francés Philippe-Jean Bunau-Varilla, quien viajó a Washington como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la naciente República de Panamá, vendió a Estados Unidos la zona del canal. En 1914, el Canal de Panamá se abrió al tráfico marítimo.

Las tropas estadounidenses abandonaron Cuba en 1902, pero se exigió a la nueva república que otorgara bases navales a Estados Unidos. Asimismo se prohibió a Cuba suscribir tratados que pudieran atraerla a la órbita de otra potencia extranjera. También se garantizó la capacidad de intervención de Estados Unidos en el nuevo estado a través de la Enmienda Platt, vigente hasta 1934. A Filipinas se le concedió un autogobierno limitado en 1907 e independencia absoluta en 1946. En 1952 el Congreso de los Estados Unidos aprueba para el territorio no incorporado de Puerto Rico un gobierno propio limitado.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Estados Unidos estaba informalmente aliado con las fuerzas filipinas encabezadas por Emilio Aguinaldo desde que este había regresado a Manila el 19 de mayo de 1898 hasta que estas fuerzas fueron absorbidas en un gobierno proclamado el 24 de mayo del mismo año y continuaron informalmente aliados hasta el fin de la guerra.
  2. Guevara, Sulpico, ed. (2005), «Philippine Declaration of Independence», The laws of the first Philippine Republic (the laws of Malolos) 1898–1899., Ann Arbor, Michigan: University of Michigan Library (publicado el 1972), http://quod.lib.umich.edu/cgi/t/text/pageviewer-idx?c=philamer;cc=philamer;rgn=full%20text;idno=aab1246.0001.001;didno=aab1246.0001.001;view=image;seq=00000221, consultado el 2008-03-26 
  3. Guevara, Sulpico, ed. (2005), «Facsimile of the Proclamation of the Philippine Independence at Kawit, Cavite, June 12, 1898», The laws of the first Philippine Republic (the laws of Malolos) 1898–1899., Ann Arbor, Michigan: University of Michigan Library (publicado el 1972), http://quod.lib.umich.edu/cgi/t/text/pageviewer-idx?c=philamer&cc=philamer&idno=aab1246.0001.001&frm=frameset&view=image&seq=203, consultado el 2008-03-26 
  4. Dyal, 1996: 19
  5. Dyal, 1996: 22
  6. a b c Dyal, 1996: 20
  7. a b Dyal, 1996: 67
  8. Romero Salvadó, Francisco J. (1999). Arriba España Twentieth-Century Spain Politics and Society in Spain, 1898-1998. MacMillan Distribution Ltd. pp. 19. ISBN ISBN 0-333-71694-9. 
  9. Trask, 1996: 371
  10. Eva Pardos Martínez; “La incidencia de la protección arancelaria en los mercados españoles (1870-1913)”. Banco de España - Servicio de Estudios, Estudios de Historia Económica, nº 37 – 1998.
  11. ’’Involución y autarquía: la economía española entre 1890 y 1914’’. Juan Muñoz, Juan A. Alonso Hierro, Juan Martín Fernández. Editorial Complutense, 2002, Pág. 22
  12. [http://e-archivo.uc3m.es/bitstream/10016/381/1/dh021002.pdf Tena Junguito, Antonio ¿Por qué fue España un país con alta protección industrial? Evidencias desde la protección efectiva 1870-1930. Universidad Carlos III, Documento de Trabajo 02-03, 2001]
  13. [http://www.usc.es/estaticos/congresos/histec05/b4_prat_sabartes.pdf La exportación de la industria algodonera catalana en el primer tercio del siglo XX. La importancia de las redes comerciales]. Prat, M. X Simposio de Historia Económica, Universidad de Santiago de Compostela, 2005
  14. Izard, M. (1974): “Comercio libre, guerras coloniales y mercado americano”, en J. Nadal y G. Tortella (eds.), Agricultura, comercio colonial y crecimiento económico en la España Contemporánea, Barcelona 1974, Ariel, pp. 295-321.
  15. «San Valeriano Weyler y su hagiógrafo tardío». La Habana. Cuba: Biblioteca Nacional José Martí (9 de septiembre del 2005). Consultado el 23 de septiembre de 2007.
  16. Castro Medel, Osviel (2007). «La reconcentración, un infierno (III y final): Mártires de la independencia». Granma, Cuba: CNCTV. Consultado el 23 de septiembre de 2007.
  17. a b c d *Bosch, Juan (1983). De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, frontera imperial.. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.. ISBN. 
  18. Historiador Guillermo G. Calleja La voladura del Maine (Pag. 12/HISTORIA 16)
  19. Historiador Guillermo G. Calleja La voladura del Maine (Pag. 18/HISTORIA 16). El secretario de Marina, John Long, denegó el permiso debido a que era contrario a la creación de una comisión investigadora española
  20. Destruction of the Maine (1898). Louis Fisher Specialist in Constitutional Law Law Library of Congress, 2004.
  21. http://home.coqui.net/sarrasin/historia.htm Breve relato de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico. 2008-12-05
  22. «Mapa militar, isla de Puerto Rico» (1898). Consultado el 22-10-2013.

Bibliografía[editar]

  • Historia de España. Joseph Pérez, 2000
  • Adiós, Habana, adiós. Jordi Siracusa, 2005
  • Dyal, Donald H; Carpenter, Brian B.; Thomas, Mark A. (1996). Historical Dictionary of the Spanish American War. Westport: Greenwood Press. ISBN 0-313-28852-6.
  • Trask, David F. (1996). The war with Spain in 1898. Londres; Nueva York: University of Nebraska Press. ISBN 978-0-8032-9429-5.
  • Bahamonde Magro, Ángel y Cayuela Fernández, José Gregorio, Hacer las Américas. Las elites coloniales españolas en el siglo XIX. Alianza Editorial, 1992. ISBN 84-206-4231-2

Enlaces externos[editar]