Propaganda en la Guerra hispano-estadounidense

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La Guerra hispano-estadounidense se considera un punto de inflexión tanto en la historia de la propaganda como en el comienzo de la práctica de la prensa amarilla.

Fue el primer conflicto armado en el que la acción militar fue precipitada por la intervención de los medios de comunicación. La guerra surgió del interés de los EE.UU. por fomentar una lucha revolucionaria entre los españoles y los ciudadanos de su colonia en Cuba. Varios periódicos estadounidenses avivaron las llamas con la fabricación de atrocidades por parte española, orientadas a justificar la intervención y posterior anexión estadounidense de una serie de colonias españolas repartidas por todo el mundo.

Magnates de la prensa como William Randolph Hearst, el dueño del Diario de Nueva York y Joseph Pulitzer del New York World publicaron artículos de naturaleza sensacionalista sobre el conflicto y enviaron corresponsales a Cuba para cubrir el conflicto, quienes al no ser capaces de obtener informes fiables, acabaron por inventarse la mayor parte de las historias, aludiendo en gran medida a informantes de dudosa procedencia.

Propaganda y medios de comunicación[editar]

"Disparando a rebeldes capturados", recreación, probablemente filmado en Nueva Jersey. Catálogo de Películas de Edison: Una línea de soldados españoles dispara a rebeldes cubanos contra una pared pintada en blanco. Los fogonazos de los rifles y el desplazamiento del humo hacen la imagen muy llamativa. Duración: 0:22 a 34 fps.

Antes del hundimiento del USS Maine, varios corresponsales de medios de comunicación estadounidenses estacionados en Cuba ya habían expresado su opinión de que el pueblo estadounidense estaba siendo engañado en gran medida por los reporteros enviados a cubrir la revolución.

La gran mayoría de las historias se obtenían mediante información de tercera mano, a menudo retransmitidas por intérpretes cubanos e informantes a sueldo, simpatizantes de la revolución y que distorsionaban los hechos para arrojar una luz positiva sobre la revolución. Rutinariamente pequeñas escaramuzas se convertirían en grandes batallas y la opresión de Cuba se representaba a través de un trato inhumano, torturas, violaciones y pillajes en masa por parte de las fuerzas españolas. En estas historias se reportaron grandes cantidades de muertos, incluidos mujeres y niños que quedan abandonados en las cunetas de las carreteras.

Los corresponsales rara vez se molestaban en confirmar los hechos, sino que simplemente pasaban las historias a sus editores en sus respectivas redacciones, donde se publicaban después de condimentarlas con nuevas y falsas declaraciones. Este tipo de periodismo, que se conoce como periodismo amarillo se extendió por toda la nación y su acción propagandística ayudó en gran medida a precipitar la acción militar de Estados Unidos en Cuba y otras colonias españolas de ultramar.

Hearst y Pulitzer[editar]

Caricaturas de Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst vestidos como The Yellow Kid, satirizando su papel como tergiversadores de la opinión pública de EE.UU. para ir a la guerra contra España.

William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer mantenían una lucha por obtener una mayor circulación de sus periódicos en Nueva York. Pulitzer era el dueño del New York World y Hearst del New York Journal. Ambos compartían un absoluto desprecio por el periodismo ético y responsable y a ambos se les atribuye la creación de un nuevo estilo de periodismo difamatorio, que habría de ser conocido como periodismo amarillo.

Sus manipulaciones de las historias periodísticas fueron decisivas para hacer creer a la opinión pública de EE.UU. que el pueblo cubano estaba siendo injustamente perseguido y maltratado por los españoles, y que la única manera de que los cubanos pudieran alcanzar su libertad era a través de la intervención militar norteamericana. Hearst y Pulitzer ensalzaban a menudo las historias en sus periódicos proporcionando nombres, fechas y lugares totalmente falsos de escaramuzas y atrocidades cometidas por los españoles, aunque nunca publicaron rectificación alguna, aunque se demostrara su falsedad.

Dibujo de hombres policías españoles que desnudan y registran a una mujer en Cuba, aparecido en la portada de un periódico de Hearst (Ilustrador: Frederic Remington)

El incidente Olivette fue una de esas historias, cuando en 1897 una mujer joven y de aspecto inocente, de nombre Clamencia Arango, fue detenida a bordo de un buque con destino a Nueva York por funcionarios españoles, bajo la sospecha de entregar cartas a los líderes cubanos rebeldes estacionados en aquella ciudad. Fue llevada a un cuarto privado y registrada por una matrona. Hearst tergiversó el incidente en su periódico hasta el punto de acusar a los funcionarios policías españoles de acoso sexual. Los titulares fueron los siguientes: "¿Protege nuestra bandera a las mujeres?", "Indignidades practicadas por funcionarios españoles a bordo de barcos americanos" y "Una refinada mujer joven desnudada y registrada brutalmente por españoles bajo nuestra bandera en el Olivette". Inicialmente Hearst había incluso logrado obtener apoyo entre grupos de mujeres estadounidenses, pero pronto se encontró ante graves problemas cuando Arango se dispuso a declarar la verdad, aclarando que en todo momento había sido tratada con sumo respeto. Hearst nunca se molestó en publicar rectificación o disculpa alguna en sus periódicos, aunque sí se vio obligado a imprimir una carta explicando que su artículo no había dicho en realidad que hombres policías habían registrado a la mujer, ya que, de hecho, la búsqueda se había realizado por una matrona de la policía, sin ningún hombre presente, aunque la ilustración que apareció en primera plana acompañando al artículo, daba a entender todo lo contrario.

Aunque todas estas historias falsas alimentaron en gran medida la animosidad del pueblo estadounidense hacia los españoles, no eran suficientes para provocar una guerra directa. Sería el sensacionalismo posterior al hundimiento del USS Maine el que habría de realizar esta tarea.[1]

El hundimiento del USS Maine[editar]

Frederic Remington, un artista contratado por Hearst para proporcionar ilustraciones que acompañaran una serie de artículos sobre la Revolución Cubana, quedó pronto aburrido en Cuba ante la imperante tranquilidad y envió el siguiente mensaje por cable a Hearst en enero de 1897:

Todo está tranquilo. No hay problemas. No habrá guerra. Deseo volver.

La respuesta de Hearst fue:[2]

Por favor, manténgase allí. Usted proporcione las imágenes y yo proporcionaré la guerra.

Representación de la destrucción del USS Maine

En los días posteriores al hundimiento del USS Maine, Hearst publicó una historia con la leyenda "El barco de guerra Maine fue partido en dos por una arma secreta infernal". La historia contaba como los españoles habían plantado un torpedo por debajo del barco que detonaron desde la orilla. Hearst pronto siguió este artículo con otro que contenía diagramas y planos del torpedo secreto utilizado por España.

La historia fue republicada en todo el país culpando a los militares españoles de la destrucción del USS Maine. La mentira tocó la fibra sensible del pueblo estadounidense agitando la opinión pública hasta el punto de provocar un frenesí entre la población, que en su gran mayoría quería atacar y eliminar a España del poder en muchas de sus colonias cercanas a EE.UU. Finalmente el efecto del periodismo amarillo prevaleció, y los soldados estadounidenses fueron enviados a Cuba.

Posteriormente, se produjo la Guerra hispano-estadounidense y EE.UU acabó anexionando a sus territorios Puerto Rico, Filipinas y otras posesiones españolas, utilizando la misma excusa "libertadora" y los mismos métodos propagandísticos.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. David R. Spencer. The Yellow Journalism USA: Northwestern UP, 2007
  2. McCullough, David, Brave companions: portraits in history (Volume 1992, Part 2, Page 80) ISBN-10: 0671792768

Enlaces externos[editar]