Iglesia católica y ciencia

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La Iglesia católica (como institución y desde la actividad de sus miembros), ha establecido continuas relaciones con la ciencia y la cultura. Conocer la historia del vínculo Iglesia y ciencia resulta de interés en el mundo contemporáneo, para comprender de qué manera la Iglesia haya colaborado u obstaculizado la investigación científica, tanto para impulsar estudios como para oponerse a otros (por motivos doctrinales o morales).

Padre Georges Lemaitre, astrónomo y físico que propuso la expansión métrica del espacio y la Teoría del Big Bang.

Historia[editar]

Bajo Imperio romano[editar]

David C. Lindberg y Ronald Numbers dicen que los Padres de la Iglesia no prestaron interés especial en la filosofía natural o ciencias (actitud compartida por el mundo pagano y los intelectuales del Imperio Romano, solo la medicina y la astronomía eran tenidas en cuenta).Dichos Padres defendieron su fe usando la razón y el conocimiento científico de la Grecia Clásica contra los paganos, las herejías y para la elucidación de las escrituras, preservando y transmitiendo esto durante el período de caos y violencia del primer siglo del cristianismo .[1]​ Entre estos apologistas destacan san Justino, san Ireneo de Lyon, san Hipólito de Roma, Novaciano, Tertuliano.Formando la Escuela de Alejandría están: Orígenes, san Panteno, san Cipriano y san Clemente.De la Escuela de Antioquía destaca san Luciano. Otros, como Taciano proclamaban la falta de utilidad de la cultura pagana.

Durante el primer milenio del cristianismo, la ciencia tenía un papel secundario (distinto al actual), no por ello víctima de la intolerancia de la Iglesia: para esta, la ciencia más que enemiga, fue un valorable y confiable instrumento.La tradición científica de la experimentación creada por los filósofos presocráticos ya había sido relegada en su mayor parte por el pensamiento místico de Pitágoras y Platón. Durante el Imperio Romano la ciencia experimental y el desarrollo matemático prácticamente no existió. Carl Sagan señala a Hipatia como la última representante de la ciencia.La pagana Hipatia (asesinada por una turba en el entorno de las luchas político-religiosas de esa época) fue maestra del obispo Sinesio de Cirene, con quien mantuvo una importante correspondencia.[2]​ No hubo más actos violentos contra los filósofos paganos de la Escuela neoplatónica de Alejandría, que siguió activa hasta la conquista musulmana de Egipto en el año 640, sin que su actividad se viera interrumpida siquiera por el cierre de la Academia de Atenas en tiempos de Justiniano I.[3]

Contemporáneos de Hipatia fueron la emperatriz romana consorte Elia Eudocia y el obispo Agustín de Hipona.

Elia Eudocia tenía gran formación literaria y retórica, fue conversa al cristianismo, y usó su gran influencia en la corte para proteger a paganos y judíos, además favoreció desde su posición privilegiada la cultura, rodeándose de gramáticos y filósofos.

Agustín de Hipona sostenía que la Biblia no tiene ninguna autoridad en temas científicos: ”El Espíritu de Dios que hablaba por medio de los autores sagrados, no quiso enseñar a los hombres estas cosas (de astronomía) que no reportan utilidad alguna para la vida eterna” (De Genesi ad literam o De la interpretación literal del Génesis, 2:9). Según los científicos Roger Penrose y Paul Davies, Agustín tuvo una «intuición genial» acerca de la relación espacio-tiempo, al afirmar que el universo no nació en el tiempo sino con el tiempo, o sea, el tiempo y el universo surgieron a la vez, adelantándose así 1500 años a Albert Einstein y su Teoría de la Relatividad.[4]​ También san Agustín, (quien tuvo contacto con las ideas del evolucionismo de Anaximandro) sugirió en su obra La ciudad de Dios, que Dios pudo servirse de seres inferiores para crear al hombre infundiéndole el alma, y aunque defendía la idea que la existencia es por Dios, no todo organismo y lo inerte salían de Él, sino que algunos sufrían variaciones evolutivas a partir de sus creaciones.[5]

En este periodo se recuerda también a santa Fabiola de Roma, una noble matrona romana convertida al catolicismo muerta en 399, a quien se le atribuye la fundación del primer hospital que registre la historia de la civilización de Occidente, donde ella misma ayudaba como enfermera.

La Edad Media[editar]

Número de manuscriptos producidos en la Edad Media.

Durante el período de las grandes migraciones y la posterior caída del Imperio romano de Occidente, al ser la Iglesia la única institución que quedó en pie en ese proceso, fue la que mantuvo lo que quedó de fuerza intelectual, especialmente a través de los monasterios y abadías que se dedicaron a proteger el legado cultural del Mundo Clásico. Por ejemplo, el centro más importante de preservación y transmisión de la cultura clásica se hallaba en la Abadía de Montecasino (fundada por Benito de Nursia),[6]​ gracias a la labor de recopilación de los monjes benedictinos. Otro centro en donde se preservó la cultura de la Antigüedad clásica fue el Monasterio de Vivarium (fundado por Casiodoro).[7]​ En opinión de Thomas Cahill, la civilización occidental fue rescatada por los monjes de la Misión hiberno-escocesa recopilando, transcribiendo y preservando la cultura clásica en los manuscritos que tiempo después se conservaron en las Islas Británicas.

Así también, mediante tres "vínculos" monacales: la cruz, el arado y el libro, (la espiritualidad, el trabajo y la cultura),[8]​ se desarrollaron en torno a los monasterios y abadías, además de iglesias, la agricultura (junto con el urbanismo) y las bibliotecas.[9]

La religión católica tuvo gran relación con la Ciencia medieval. Durante los años de la Alta Edad Media, -aproximadamente del 476 al año 1000- la contribución de la Iglesia al movimiento científico fue de preservación y transmisión.[10]​Entre los nombres que se pueden mencionar en contribuir a la ciencia y la cultura, son los de el teólogo y filósofo Boecio, el del obispo Isidoro de Sevilla y el del monje Beda el venerable.[7]​ Importantísima es la mención del clérigo, teólogo y erudito pedagogo Alcuino de York quien al llegar a la corte de Carlomagno, reintrodujo la cultura clásica al continente y dio comienzo al Renacimiento carolingio, director y maestro de la Escuela palatina, es considerado como el primer "ministro de Educación" de la Historia.[11][12][13]​ En dicha corte destacó también el monje y astrónomo irlandés Dungal de Bobbio, quien explicó el doble eclipse del año 810 basándose en los escritos de Macrobio y de Plinio el Joven.[14]Paul Butzer sostiene que la corte de Carlomagno tuvo contacto con los conocimientos matemáticos de los árabes de España.[15]

El emperador bizantino Miguel II envía a Aquisgrán las primeras copias de la obra de filosofía platónica de Pseudo Dionisio Areopagita, traducidas del griego al latín por Hilduino de Saint-Denis y Juan Escoto Erígena.[16]

También en este periodo de la historia se pueden citar al obispo Teodulfo, al maestro benedictino Rabano Mauro, al monje y botánico Walafrido Strabo, al abad Lupus Servatus, al monje Erico de Auxerre, al arzobispo y matemático León de Tesalónica, al teólogo y bibliógrafo Aretas de Cesarea, al archidiácono astrónomo Lupito de Barcelona y al escritor Abón de Fleury. Notable es el aporte del monje Guido de Arezzo iniciador del pentagrama y la escala diatónica. Importante también es la creación del alfabeto glagolítico por los hermanos Cirilo y Metodio, y el posterior alfabeto cirilico inventado por el arzobispo Clemente de Ohrid, quien fundó una de las primeras universidades de la Cristiandad[17]​ (después de la universidad de Constantinopla).También en esa misma ciudad de Ohrid, fundó la Escuela literaria de Ohrid y fue sucedido por el sacerdote Naum de Preslav.

Recordemos también el aporte a la ciencia de su época que le dieron algunas religiosas, como la canonesa Hroswitha de Gandersheim, quien en su interés por las ciencias del trívium y quadrivium tradujo las principales obras científicas árabes, o la abadesa Hildegarda de Bingen, escritora, médico, naturalista y astrónoma[18]​ o incluso la monja Herrada de Landsberg autora de la primera enciclopedia editada, escrita e ilustrada por una mujer, donde trata de compilar toda ciencia estudiada en su tiempo.[19]

Un personaje que iluminó la llegada del primer milenio de la Iglesia fue el monje Gerberto de Aurillac (producto de la reforma educativa que inició Alcuino en el reinado de Carlomagno) y mejor conocido como el futuro papa Silvestre II.Era docto en todas las artes liberales o ciencias de su tiempo: aritmética, geometría, astronomía, música, gramática, retórica y dialéctica, aparte de sus vastos conocimientos en filosofía, teología y hermenéutica. Entre sus grandes inventos se le atribuye: un reloj, un ábaco moderno, una nueva versión del monocordio y el prototipo de la taquigrafía.Ya siendo papa introdujo en Europa el sistema decimal de números arábigos y el uso del cero.[20][21]

A comienzos del siglo XI el monje, astrónomo y matemático Eilmer de Malmesbury se convirtió en uno de los primeros seres humanos de la historia en realizar un intento serio por volar .[22]​ Considerado pionero de la aviación, 900 años antes de que se patentara el aeroplano.[23]

En ese mismo siglo el benedictino y escolástico Anselmo de Canterbury, sostenía que Dios actúa mediante un poder absoluto y un poder ordenado (potentia absoluta , potentia ordinata): si bien Dios tiene poder absoluto para hacer de una piedra un elfo, iría contra su misma dignidad hacer un caos del mundo, pues Dios lo rige a través del orden y leyes que Él mismo creó. Así, un milagro sería un suceso que por designio divino rompe con las leyes de la Física, y si el mundo fuese caótico no se distinguiría un milagro de algo que no lo es.[24]

El filósofo y estudioso de la ciencia Guillermo de Conches (discípulo de Bernardo de Chartres), distinguía entre lo que Dios hace inmediatamente (por propia voluntad) y lo que hace por mediación de la naturaleza (instrumento de operación divina). Criticó a quienes no ambicionaban estudiar las causas naturales de las cosas cual si fuese herejía, diciendo:[25]

“Quieren que todos sean compañeros de su ignorancia: no quieren que los demás se dediquen a la investigación, quieren que creamos a la manera de los campesinos, sin buscar la razón de nada”.

Según el erudito en Historia Medieval Robert Bartlett, en la Edad Media los fenómenos naturales tenían explicación tanto natural como sobrenatural sin contradecirse. Un ejemplo de esto es la explicación que da el sacerdote y luego cardenal Oliver de Paderborn sobre un eclipse lunar que ayudó a los cruzados para tomar de noche la ciudad de Damieta en 1218. El clérigo expresa saber que el eclipse era un fenómeno natural, pero también lo atribuye a la intervención divina.

Mención aparte merece el obispo Alberto Magno (o el Grande) quien además de teólogo y filósofo, era geógrafo, astrónomo, físico y químico. También en sus obras se cuentan tratados de lógica, metafísica, matemáticas, medicina y fisiología animal. Su método consistía en la observación, descripción y clasificación de los fenómenos estudiados, abriendo la puerta a trabajos futuros, considerándosele así precursor del progreso científico. Alberto Magno fue también maestro de Tomás de Aquino.[26][27][28]​ En el pensamiento del filósofo dominico Tomás de Aquino no había contraposición entre religión y ciencia, y sostenía que la fe y la razón se complementan.[29]​ Otros nombres notables que se pueden mencionar de esta época son los de Teófilo Presbítero(1070-1125) cuyos tratados se consideran el precedente de la historiografía del arte, Francisco de Asís (1181-1226) fraile y fundador considerado el precursor de la Ecología, pues estimaba al medioambiente como un don a la humanidad que se debía respetar y cuidar ,[30]Witelo (1220-1277) fraile erudito en física, matemática, filosofía natural y autor didáctico, Ramon Llull (1232-1315 ) franciscano, teólogo, político, escritor, inventor y estimado como pionero de la informática,[31]Bonifacio VIII (1235–1303) papa, quien en el primer jubileo de la historia de la Iglesia originó la Seguridad Vial[32]​ y Dietrich von Freiberg (también conocido como Teodorico de Freiberg) (1250-1310) dominico, a quien debemos la primera teoría acerca de la naturaleza del arco iris .[33]

Estudio de la refracción de la luz por una lente esférica, por Robert Grosseteste, c. 1250.

El obispo Robert Grosseteste (1175-1253) fundó la Escuela de Oxford, un grupo de académicos franciscanos de la universidad de Oxford dentro de la escolástica tardía. El grupo, también formado por los frailes Roger Bacon, Juan Duns Scoto, Guillermo de Ockham, Tomás de York, John Peckham y Ricardo de Mediavilla, son especialmente conocidos por su aporte en filosofía, teología, lógica, matemática y física, introduciendo así el Método Científico experimental.[34]​ En el siglo XIV introdujeron la interpretación matemática en la física aristotélica, adelantando cuestiones nuevas que trataría la ciencia moderna.

Poco antes del cataclismo de la Peste Negra un grupo de matemáticos relacionados con el Merton College y conocidos como los Calculadores de Oxford se abocaron a la tarea de tomar un acercamiento lógico-matemático a los problemas filosóficos. Este grupo, compuesto por Thomas Bradwardine, William Heytesbury, Richard Swineshead y John Dumbleton basó su labor científica en las investigaciones previas de Walter Burley y Gerardo de Bruselas. El físico e historiador científico Clifford Truesdell, escribió que las fuentes ahora publicadas demuestran sin duda alguna, que las principales propiedades cinemáticas de los movimientos uniformemente acelerados (aún atribuidas a Galileo) fueron descubiertas y probadas por académicos del Merton College. [35]

El escolástico Jean Buridan (1300-1358) con su teoría del ímpetus (desarrollada por el sacerdote Juan Cancio y el teólogo Juan de Celaya), sentó las bases para la posterior teoría de la inercia (desarrollada a su vez por Galileo y Newton).

Thomas Kuhn dice:[36]

Jean Buridan y Nicolás Oresme, los escolásticos del siglo XIV fueron quienes llevaron la teoría del ímpetus a sus más perfectas formulaciones, son las primeras personas que se conozca de haber visto en los movimientos oscilatorios todo lo que luego vería Galileo.

Si se quisiera separar, mediante una línea precisa, el reinado de la ciencia antigua del reinado de la ciencia moderna, nos parece, habría que trazarla en el instante en el cual Juan Buridan concibió esta teoría, en el instante en el cual se dejó de considerar a los astros como movidos por seres divinos, en el cual se admitió que los movimientos celestes y los movimientos sublunares dependían de una misma mecánica.[37]

Discípulo de Buridan fue el teólogo y filósofo Enrique de Langenstein, quien desarrolló importantemente las matemáticas en Viena y Alemania. Trató especialmente cuestiones astronómicas, desacreditando creencias astrológicas, como la teoría aristotélica sobre la diferente naturaleza del mundo celeste y el sublunar.[38]​ Otros discípulos de Buridan fueron Alberto de Sajonia (obispo que destacó entre los promotores europeos del espíritu científico) y Marsilio de Inghen.[39]

A inicios del siglo XV, el mercedario Juan Gilaberto Jofré y el dominico Vicente Ferrer , fundaron respectivamente un hospital psiquiátrico y un orfanato en Valencia (los más antiguos del mundo).[40]

La Escuela de Chartres[editar]

Como parte del Renacimiento del siglo XII, la Escuela de Chartres (fundada por el abad Fulberto) fue el centro de reunión de una comunidad de filósofos y pensadores que realizaron grandes contribuciones al conocimiento humano. Fue en esta escuela catedralicia donde se sostuvo la idea que Dios regula el Universo a través de leyes creadas por Él mismo, por tanto, el mundo y todo lo creado podía ser mensurado y cuantificado usando el intelecto y la matemática.[41]

Thierry de Chartres sostenía que los planetas y cometas, estaban constituidos de los mismos materiales con lo que estaba construida la Tierra, y no como sostenían los pensadores clásicos, que los cuerpos celestes debían estar compuestos de una "materia divina" o hasta "tener alma".

Thomas Goldstein describe la importancia de la escuela de Chartres así:

Formulando las premisas filosóficas, definiendo los conceptos básicos del cosmos de los cuales posteriormente se fueron especializando las ciencias, reconstruyendo sistemáticamente el conocimiento científico del pasado y emplazando el porvenir evolutivo de la ciencia occidental en una sólida vía cada uno de estos pasos parecen tan cruciales que, tomados en conjunto, pueden significar una sola cosa: que en un período de 15 o 20 años en torno a la mitad del siglo XII, un manojo de hombres estaban conscientemente comprometidos a lanzar la evolución de la ciencia occidental y dieron los grandes pasos que se necesitaban para lograr tal fin.

Adelardo de Bath es otro destacado representante de la Escuela de Chartres: tradujo del árabe los Elementos de Euclides, la Introducción a la Astrología de Albumasar y las Tablas Astronómicas de Al-Juarismi.[42]

Un momento importante en la historia de la ciencia en la Europa cristiana medieval fueron las Condenas de la Universidad de París.La Iglesia certificaba que la Universidad de París se convirtió en el centro intelectual de la cristiandad medieval. Por ello durante el siglo XIII los obispos de París condujeron una serie de investigaciones destinadas a prohibir ciertas enseñanzas de Aristóteles y de Averroes que eran consideradas heréticas o contrarias al dogma cristiano. Las primeras investigaciones se llevaron a cabo por el Sínodo Provincial reunido en Sensen 1210. Luego siguieron las Condenas de 1270 y 1277, año en que el Obispo de París Étienne Tempier promulga la condena sobre las tesis de los profesores Sigerio de Brabante y Boecio de Dacia. A pesar de tratarse de un claro acto de intolerancia y persecución contra el libre pensamiento por parte de la Iglesia católica, algunos historiadores destacan los beneficios que esto aportó a la ciencia. Pierre Duhem le otorga una importancia crucial: dice que si se estableciese una fecha para el nacimiento de la ciencia moderna esta sería en 1277, pues la prohibición de la enseñanza de las ideas de Aristóteles propició que los intelectuales de la época se desembarazaran de los rígidos dogmas aristotélicos y comenzaran a tratar de experimentar.[43]​ Para Stanley L. Jaki la concepción panteísta de muchas civilizaciones impedía que la ciencia naciera, y cree que el censurar ideas panteísticas de Aristóteles ayudó a los pensadores medievales a estudiar el mundo.[44]

Mundo islámico, preservación de la Cultura Clásica e Iglesia[editar]

Si bien la contribución islámica a la Europa medieval fue de gran importancia para Renacimiento del siglo XII europeo, se ha menospreciado el papel de los propios occidentales y en particular de la Iglesia en la preservación y difusión del conocimiento del Mundo Clásico. Recuérdese (como anteriormente se vio) como los monasterios y abadías protegieron el legado cultural de la Antigüedad Clásica.

El profesor Sylvain Gouguenheim relativiza el papel islámico en la preservación de la Cultura Clásica y su posterior introducción al Occidente y sostiene que dicho papel no fue decisivo en la protección del legado griego señalando los siguientes puntos:[45]

  • Occidente siempre mantuvo vínculos con el Bizancio cristiano, vínculos por los que circulaban los textos de los antiguos griegos.
  • del año 685 al 752, buena parte de los papas son de origen griego y sirio
  • entre el 758 y el 763, el rey franco Pipino el Breve pide al papa Pablo I que le envíe textos griegos, en especial la Retórica de Aristóteles
  • en Sicilia y Roma nunca faltaron lectores de griego
  • Occidente nunca olvidó que los evangelios se escribieron en griego y que los Padres de la Iglesia citaban a los filósofos clásicos
  • desde Carlomagno (con Alcuino y su "renacimiento carolingio") hasta el siglo XIII, hubo en Europa varios "renacimientos parciales" cuando las circunstancias lo permitían; en ellos no hubo especial aportación desde el mundo islámico.
  • los traductores de la abadía francesa de Mont-Saint-Michel tuvieron un papel primordial al traducir casi toda la obra de Aristóteles directamente del griego al latín, y lo hicieron varias décadas antes de que la Escuela de Traductores de Toledo tradujera las obras de Aristóteles del árabe al latín.

En consonancia con Gouguenheim, el historiador Manuel Alejandro Rodríguez de la Peña señala que en Occidente se dieron varios renacimientos parciales de las artes y ciencias: el renacimiento carolingio, el renacimiento alfrediano de Alfredo el Grande, el renacimiento alfonsí de Alfonso el Sabio, el renacimiento otoniano y el reinado de Carlos el Sabio. Según de la Peña, el noventa por ciento de los escritos de los sabios latinos de la antigüedad ya habían sido recuperado por los copistas de Carlomagno.

Abadía de Mont-Saint-Michel.

Según Thomas Woods la contribución de los musulmanes a la ciencia ocurrió "a pesar de", más que debido a ellos: los académicos ortodoxos islámicos rechazaban total concepción del universo que implicara leyes físicas consistentes, pues la absoluta autonomía de Alá no podía ser restringida por leyes naturales, que no eran más que meros hábitos de expresión por parte de Alá y podrían ser descontinuadas en el tiempo.[46]

A partir del siglo XII el uso de la lógica empírica de la tradición de los filósofos presocráticos fue rescatada por los pensadores del medioevo, entre ellos los ya mencionados: Gerberto de Aurillac, Alberto Magno , Roberto Grosseteste , Roger Bacon , Alberto de Sajonia , Nicolás Oresme y Jean Buridan.

Entre los primeros traductores de Aristóteles estuvo Jacobo de Venecia, (muerto alrededor de 1150),[47]​ quien vivió muchos años en la corte de Constantinopla y tradujo las obras de Aristóteles directamente del griego al latín mucho antes que Raimundo de Toledo asumiera como obispo y diera inicio a la Escuela de Traductores de Toledo.También el dominico Guillermo de Moerbeke (1215-1286) fue un prolífico y famoso traductor de textos filosóficos, médicos y científicos utilizando las fuentes originales griegas. Incluso, el sacerdote y sabio italiano del siglo XV Giovanni Aurispa, es recordado como el gran promotor y preservador de la mayor parte de nuestro conocimiento de las obras clásicas griegas.[48]

El reloj y las gafas[editar]

  • El Reloj. La historia europea señala que entre los primeros inventores del reloj están los monjes del medioevo, esto, por su grande necesidad de administrar el día entre el trabajo y la oración, por lo que debieron superar así, rudimentarios marcadores del tiempo, (diurnos y nocturnos) como el reloj de horas canónicas, o el reloj de vela. Así, en los monasterios se ingeniaron mecanismos para saber con más exactitud las horas de rezo.[49]​Se cree que el ya antes citado monje benedictino Gerberto de Aurillac (futuro papa Silvestre II), fue el inventor de un reloj de ruedas dentadas, a finales del siglo X. Otras fuentes señalan que uno de los primeros relojes que habla la historia construido sobre principios mecánicos fue el horologium astronomicum (reloj astronómico) de Richard de Wallingford, abad de San Albano (Inglaterra), de principios del siglo XIV.[50][51]
  • Las gafas. Los estudiosos religiosos occidentales desarrollaron las primeras ayudas para la visión en Europa.El franciscano Robert Grosseteste (ya estudiado anteriormente), en su tratado "De irride" (En el arcoiris) escrito entre 1220 y 1235 menciona el uso de la óptica para leer letras pequeñas. Su discípulo, el también ya conocido fraile franciscano Roger Bacon, en su libro Opus Maius (remitido al papa en 1267), plantea el uso de lentes convexos para compensar la presbicia, siendo el primero que deja un registro de la corrección de defectos visuales mediante lentes.Aunque los orígenes de su creación son anónimos, comúnmente se da la invención de las lentes convexas en Europa a Alessandro Spina (fraile italiano y maestro vidriero), por ser este quien difundió su construcción entre 1285 y 1289.[52][53]​ Años más tarde, se atribuye al cardenal Nicolás de Cusa la invención de los lentes cóncavos para tratar la miopía en 1451.

Las universidades[editar]

La Universidad tuvo su origen en las escuelas monásticas y las escuelas catedralicias.[54]​ La Iglesia católica fundó las primeras universidades, (tanto de Europa, como de América y Asia). En Europa de las 52 universidades medievales, varias fueron fundadas o confirmadas por los Papas, entre ellas: Universidad de Bolonia, Universidad de Oxford, Universidad de Cambridge, Universidad de Montpellier, Universidad de Padua, Universidad de Orleans, Universidad de Valladolid, Universidad de Salamanca, Universidad de París(La Sorbona), Universidad de Coímbra, Universidad de Lérida, Universidad de Aviñón, Universidad de Roma "La Sapienza", Universidad de Pisa, Universidad Jaguelónica en Cracovia, Universidad de Heidelberg, Universidad de Colonia, Universidad de Ferrara, Universidad de Leipzig , Universidad Católica de Lovaina. Otras que fueron fundadas posteriormente son : la Universidad de Basilea, Universidad de Upsala, Universidad de Alcalá, Universidad de Vilna, y la Universidad de Varsovia.

David C. Lindberg dice:[55]

Debo decir enfáticamente que dentro del sistema educativo el maestro medieval tenía un gran nivel de libertad. el estereotipo de la Edad Media nos muestra al profesor como un ser invertebrado y servil, un esclavizado seguidor de Aristóteles y de los Padres de la Iglesia (exactamente como una persona puede ser un seguidor esclavizado de ambos, el estereotipo no lo explica), temerosos de apartarse de una iota de las demandas de la autoridad. Existía un límite importante en lo que se refería a la teología, desde luego, pero dentro de esos límites el maestro medieval disfrutaba de una libertad de pensamiento y expresión verdaderamente remarcable; casi no hubo doctrina filosófica o teológica, que no fue sometida a un escrupuloso escrutinio y crítica por los eruditos en la Universidad medieval.

Según historiadores como Edward Grant y Thomas Woods,[56]​ lo que hizo posible que la Civilización Occidental desarrollara las ciencias, fue el arraigado espíritu de investigación, consecuencia natural en el énfasis en la razón iniciada en la Edad Media. Con excepción de las Verdades reveladas, la razón fue entronizada en las universidades medievales como el último árbitro para la mayoría de los argumentos intelectuales y controversias, siendo natural para los eruditos universitarios emplear la razón para investigar temáticas en áreas que no habían sido exploradas antes, o discutir posibilidades que previamente no habían sido seriamente tratadas.

Entre las primeras universidades de América figuran la Universidad Mayor de San Marcos, y la Universidad Santo Tomás de Aquino, ambas fundadas en el siglo XVI. En Asia por su parte, destacan como las primeras en crearse la Universidad de Santo Tomás (Filipinas), (fundada por Dominicos), y la Universidad de San Carlos (Filipinas), (fundada por Jesuitas).

Medicina medieval[editar]

Entre los médicos destacados (clérigos o seglares) se encuentran varios egresados de prestigiosas escuelas laicas de médicina como la Escuela de Salerno, la Escuela de Montpellier y la Escuela de Bolonia:[57][58]

Astronomía[editar]

  • Johannes de Sacrobosco, astrónomo inglés, profesor de la Universidad de París. En 1220 publicó su libro De sphaera mundi, que trataba de la división del día, el movimiento de los planetas, el fenómeno de los eclipses y las propiedades de la esfera, entre otros asuntos. En 1232 escribió De Anni Ratione en donde señala que el calendario juliano tiene un error de 10 días; un cráter de la luna lleva su nombre.

Al final del medioevo en la astronomía destacó Johann Müller Regiomontano, obispo y discípulo del cardenal Basilio Besarión (erudito griego emigrado a Occidente luego de la caída de Constantinopla).

Matemática[editar]

Igualmente destaca la obra del pensador Nicolas de Cusa(1401-1464), matemático, filósofo, astrónomo y cardenal alemán. Realizó aportes a los conceptos del infinitesimal y a la velocidad relativa.Es considerado personaje clave en la transición del pensamiento medieval al del Renacimiento.

Disciplinas varias[editar]

  • Hermann von Reichenau (1013-1054), se dedicó a diversas ciencias —astronomía, geometría y medicina, entre otras. Fueron muy importante sus descripciones de astrolabios e hizo también algunas aportaciones en gnomónica.

Esfericidad de la Tierra[editar]

El mito de la tierra plana es un malentendido moderno según el cual la visión dominante en la Edad media fue creer que la Tierra no era esférica sino plana. Los obispos Basilio el Grande y Agustín de Hipona daban por hecho que la Tierra era esférica, aunque para ellos el tema era irrelevante (San Agustín sostenía que era imposible que hubiera seres humanos habitando en la antípodas de la Tierra). Lactancio y Cosmas Indicopleustes sostuvieron la teoría de la Tierra Plana. En el siglo VIII, Beda el Venerable defendía la esfericidad de la Tierra y de allí en más todos los pensadores eclesiásticos sostuvieron la teoría de la Tierra con forma esférica.[61]​ El destacado obispo, teólogo, geógrafo y filósofo Alberto Magno también creía en la esfericidad de La Tierra.

Vida en otros planetas[editar]

El obispo Étienne Tempier sostenía que, al contrario que Aristóteles, Dios pudo haber creado más mundos.[62]​ El obispo Nicolás Oresme estuvo de acuerdo con la posible existencia de una multiplicidad de mundos a través del tiempo o separado por el espacio.[63]​ El cardenal Nicolás de Cusa consideró como posible la existencia de vida en la Luna y en el Sol.[64]​ En 1600 el filósofo Giordano Bruno fue condenado a la hoguera por la Inquisición romana no por sus ideas acerca de la existencia de la pluralidad de mundos, sino por sus ideas consideradas heréticas de no aceptar la divinidad de Cristo y de negar la existencia de la Santísima Trinidad,[65]​(ya Bruno había sido excomulgado aparte de la propia Iglesia católica, por la Iglesia luterana y por el Calvinismo.

Ciencia moderna[editar]

Astronomía[editar]

Nicolas Copérnico[editar]

Nicolás Copérnico fue un canónigo polaco, además de astrónomo, jurista , economista y matemático, considerado el precursor de la astronomía actual.

James Burke señala que la necesidad de establecer un calendario llevó a que Copérnico postulara la teoría del heliocentrismo.

Su obra máxima De revolutionibus orbium coelestium , está dedicada al papa Paulo III. Es considerada el inicio de la astronomía moderna y pieza clave en la Revolución científica del Renacimiento.

Galileo Galilei[editar]
Tumba y monumento a Galileo en la Basílica de la Santa Cruz (Florencia)

Galileo Galilei era miembro destacado de la Academia Nacional de los Linces (creada en 1603 por el papa Clemente VIII y el príncipe romano Federico Cesi).La jerarquía le autorizó enseñar el sistema heliocéntrico copernicano, pero solamente como una simple hipótesis y no como una verdad física. Sin embargo, al publicar Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo, fue llamado y se le exigió probar su teoría, de la cual no pudo dar pruebas consideradas fehacientes. Así, fue sentenciado a retractarse, a guardar silencio, y a una especie de arresto domiciliario. Según Owen Gingerich, no fue encerrado en una mazmorra ni torturado,[66]​ lo cual es refrendado por Vittorio Messori.[67]

Hay que comprender que la mayoría de la gente pensaba que el sistema copernicano era totalmente ridículo; además nadie quería adoptar el sistema copernicano... la controversia de Galileo “cambió esencialmente la forma en que hacemos ciencia porque hoy la ciencia trabaja sobre todo por la persuasión y no por las pruebas, y Galileo influyó mucho en que esto ocurriera.[66]

Owen Gingerich

Sobre este punto Vittorio Messori, comenta lo siguiente:

Si a partir del siglo XVII la ciencia parece emigrar primero al norte de Europa y luego al otro lado del Atlántico —es decir, fuera de la órbita de las regiones católicas—, el motivo está en la desviación del curso seguido por la propia ciencia. Ante todo, los costosos instrumentos (de los que el mismo Galileo es pionero), requieren fondos y laboratorios que solo pueden permitirse países económicamente avanzados... la ciencia, desde el momento en que se pone al servicio de la tecnología, puede desarrollarse sobre todo en países que, como los nórdicos, han conocido una muy temprana revolución industrial... Es decir, mientras que antes la ciencia solo tenía relación con la inteligencia, la cultura, la filosofía y las mismas artes, a partir de la época moderna está vinculada al comercio, la industria y la guerra.[67]

Sería el erudito e ilustrado papa Benedicto XIV, quien eliminó del Índice de libros prohibidos la obra De revolutionibus de Copernico, y quien autorizó por primera vez las obras de Galileo en 1741[68]

Siglos XVI al XX[editar]

Ciencia y Cultura[editar]

Busto de Maria Gaetana Agnesi.

Clérigos y monjas de este período que aportaron a la ciencia y la cultura:

Derecho[editar]

La Iglesia ha hecho grandes contribuciones al Derecho. Por ejemplo, el obispo Stephen Langton convocó y participó en la redacción de La Carta Magna, en plena Edad Media. O Francisco de Vitoria (fundador del Derecho Internacional),[77]​ dominico y catedrático de la Escuela de Salamanca.Fue en esta escuela donde se establecieron las bases de los Derechos humanos.[78]​ Profesores de dicha escuela defendieron los derechos de los americanos que se debatieron en la reunión conocida como la Junta de Valladolid, (paralelamente siglos atrás, San Agustín y Ratramno de Corbie elucubraban si existían los cinocéfalos u hombres con rostro canino, y de ser así, si eran humanos descendientes de Adán y por ende evangelizarse, Agustín dijo que seguramente no existían y de ser así, debían ser mortales y racionales para considerse humanos).Los habitantes originarios de América no se mencionaban en la Biblia y no se encontraban dentro del linaje de Adán. Pero la Iglesia, con la Bula Sublimus Dei del papa Pablo III, reconoció a los aborígenes los derechos fundamentales de todo ser humano: la vida y la libertad. Así, varios frailes y clérigos fueron defensores y protectores de estos ante los conquistadores. Los más conocidos son: fray Antonio de Valdivieso, fray Antonio de Montesinos, fray Juan de Zumárraga, fray Toribio de Benavente, fray Pedro de Córdoba, fray Pedro de Gante, y fray Bartolomé de las Casas, el más acérrimo defensor y denunciante para el cumplimiento de los derechos indígenas. Otros clérigos protectores de los amerindios en la época colonial , son : fray Vasco de Quiroga , fray Diego Álvarez de Osorio , fray Domingo de Betanzos , fray Alonso de Montufar , fray Jodoco Ricke , y el padre Luis de Valdivia.Es de destacar que esta tradición de los Derechos Humanos se plasmó también con Francisco Suarez, jesuita, conocido como el filósofo del derecho natural de las gentes.[79]​Como posteriormente con el padre Felix Varela, redactor del proyecto de abolición de la esclavitud para su presentación en las Cortes Españolas.[80]

Logros científicos de los jesuitas[editar]

Los jesuitas participaron en el diseño de los primeros telescopios.[81]​ Una mención especial es la relación de los jesuitas con el astrónomo luterano Johannes Kepler. Diez años antes de que Galileo defendiera la Teoría heliocéntrica, Johannes Kepler publicó una obra que defendía y ampliaba la teoría heliocéntrica de Copérnico. Dicha posición de Kepler encontró rechazo de sus colegas protestantes, pero obtuvo aceptación entre jesuitas de buena reputación científica.[82]​ Al ser Kepler expulsado por los luteranos de la Universidad de Tubingen en 1596 y excomulgado por el obispo luterano de Linz, fueron los jesuitas los que le dieron asilo y protección.[83][84][85][86]​Cuando Kepler se halló en dificultades económicas como no poseer un telescopio para continuar sus observaciones, fue el padre jesuita Niccolo Zucchi (diseñador en 1616 del primer telescopio de reflexión cóncavo[87]​) quien le donara uno.[88]​ Incluso los jesuitas intercedieron ante el emperador para que Kepler no fuera expulsado de la Universidad de Graz, cuando el emperador ordenó la expulsión de todos sus súbditos no católicos.Y cuando Kepler sostuvo que los planetas giran alrededor del Sol no en órbita circular, sino elíptica, fue el astrónomo Giovanni Cassini (educado en el Colegio de los Jesuitas en Génova) quien confirmó esto, realizando observaciones en la Basílica de San Petronio.

Destacaron también en astronomía:Cristóbal Clavio (1537-1612), Johann Adam Schall von Bell (1591-1666), Mario Bettinus (1582-1657), Honoré Fabri (1607-1688), Athanasius Kircher (1608-1680), Matteo Ricci (1552-1610), Christopher Sheiner (1575-1650), Christoph Grienberger (1561-1636), Grégoire de Saint-Vincent(1584-1667), Jacques de Billy (1602-1679), Buenaventura Suárez (1679-1750), Giuseppe Piazzi(1746-1826 ), etc.

Giuseppe Asclepi (1706-1776) fue físico, astrónomo y director del observatorio de la Pontificia Universidad Gregoriana. Otro importante centro de investigación astronómica fue el Observatorio de Viena siendo sus directores los prestigiosos jesuitas astrónomos Maximilian Hell (1720-1792) y su sucesor Franz de Paula Triesnecker (1745-1817).

Angelo Secchi (1818-1878) fue pionero de la espectroscopia estelar (sistema que estudia a distancia la composición química de los astros), propuso la catalogación de estrellas en cuatro tipos e hizo importantes estudios solares.

El astrónomo, geógrafo y naturalista prusiano Alexander von Humboldt, hace notar que los primeros astrónomos que identificaron a Ácrux fueron los jesuitas Fontaney, Noel y Richaud, entre 1681 a 1687.

Humboldt también leyó las obras del jesuíta José de Acosta (1540-1600). Acosta fue un naturalista español que recogió gran cantidad de información sobre la flora y la fauna de América.Formuló que las especies americanas evolucionaron de otras especies provenientes de Europa (si bien esta idea que las especies americanas proviniesen de Europa es errónea, propuso la idea de la evolución de las especies 300 años antes de Charles Darwin), y que estas especies se adaptaban al medio que la circundaban.[89]​ También los jesuitas Tomás Falkner (1702-1784) y Florián Paucke (1719-1780) realizaron estudios etnográficos en América del Sur y Falkner descubrió el primer fósil de un megaterio.

A esos nombres de jesuitas científicos también se pueden citar los siguientes:

Los cráteres de la luna[editar]

Como reconocimiento a los aportes al conocimiento científico hecho por sacerdotes católicos, más de 30 cráteres llevan el nombre de sendos sacerdotes jesuitas: Bettinus, Billy, Blancanus, Boscovich, Niccolo Cabeo, Clavius, Cysatus, De Vico, Fenyi, Furnerius, Grimaldi, Griemberger, Hagen, Hell, Kircher, Kugler, Malapert, Mayer, McNally, Théodore Moretus, Petavius, Poczobutt, Riccioli, Riccius, Rodes (Luís Rodés (1881 – 1939)), Romana, Scheiner, Schoenberger (Georg Schönberger (1596 – 1645)), Secchi, Simpelius (Hugh Semple) (1596 - 1654)), Sirsalis, Stein, Tacquet, Tannerus, Triesnecker, Zucchius y Zupus.El Cráter Triesnecker fue nombrado por el padre Franz de Paula Triesnecker.[91][55]​ El sacerdote escolapio Giovanni Inghirami da nombre al cráter Inghirami y al vallis Inghirami.

Teoría del Big Bang[editar]

El modelo de la Teoría del Big Bang es la teoría cosmológica actualmente aceptada por la comunidad científica y que trata del origen y temprano desarrollo del Universo conocido. Fue propuesta por primera vez por el también jesuita Georges Lemaitre, astrónomo belga y profesor de física en la Universidad de Lovaina. Lemaitre fue uno de los primeros en aplicar la Teoría de la Relatividad en la cosmología. Lemaitre teorizó en los años veinte que el Universo comenzó como un punto geométrico al que llamó el "átomo primordial", que estalló y que aún sigue expandiéndose. Stephen Hawking, en su serie para televisión El universo de Stephen Hawking atribuye a Lemaitre el haber formulado la Teoría del Big Bang, en contra a la idea de Albert Einstein quien era partidario de un universo estático; tiempo después Einstein le dio la razón a Lemaitre.[92]

Teoría de la evolución de las especies[editar]

La única condena contra la Teoría de la Evolución fue hecha por el Concilio de Obispos de Alemania de 1860. Pío IX no realizó una condena explícita a la evolución ni en la Quanta cura ni en el Syllabus. La Comisión Bíblica en 1909 sostuvo que no se ha de buscar rigor científico en el Libro del Génesis en cuanto a la creación del mundo.[93]

La posición de la Iglesia fue cauta. La Iglesia advirtió y sancionó solo a unos pocos eclesiáticos que adhirieron a la Teoría de la Evolución: el dominico Marie-Dalmace Leroy, el sacerdote americano John Augustine Zahm, el sacerdote italiano Raffaello Caverni, el obispo italiano Geremia Bonomelli y el obispo John Hedley. El biólogo británico George Jackson Mivart fue excomulgado por la Iglesia pero esto no tuvo nada que ver por su adherencia al evolucionismo.[94]

En España, entre los adherentes al evolucionismo se puede mencionar al cardenal Ceferino González y el teólogo místico y biólogo Juan Tomás González de Arintero.[95]

En la encíclica Humani generis se deja perfectamente claro que la Iglesia no se opone al evolucionismo en cuanto a la búsqueda del origen del cuerpo, (se opone que a partir del evolucionismo se intente explicar el origen del alma humana). El mismo documento se opone al poligenismo, es decir, cuando se pretende sostener que la humanidad surgió no de una sola pareja macho y hembra, sino de una multiplicidad de ellas.[96]​ Igualmente el papa Juan Pablo II, recordando la Humani generis, retomaría ese tema ante la Academia Pontífica de ciencias, en un mensaje en octubre de 1996, manifestando lo siguiente: "hoy, casi medio siglo después de la publicación de la encíclica, nuevos conocimientos llevan a pensar que la teoría de la evolución es más que una hipótesis".[97]

Actualidad[editar]

Durante los siglos XIX y XX científicos católicos han hecho grandes aportes a la ciencia: Louis Pasteur, Henri Becquerel, Enrico Fermi, Guillermo Marconi, Alexander Fleming, Pierre Duhem, Edmund Whittaker, Alexis Carrel (converso) y José Pascual Vila. También fueron católicos practicantes Ramón Margalef[98]​ y Jérôme Lejeune, descubridor del cromosoma extra del síndrome de Down (quien resignó el Premio Nobel por su postura en defensa a la vida).[99]

Entre los nombres de sacerdotes a destacar se hallan, el ya citado anteriormente Georges Lemaître (autor primero de la teoría de la expansión del Universo), el brasileño Roberto Landell de Moura quien en 1900 fue el primero en transmitir la voz humana a través de un dispositivo inalámbrico, Henri Breuil prehistoriador, geólogo, etnólogo y pionero en el estudio del arte Paleolítico, Hugo Obermaier instruido en arqueología, geografía, geología, paleontología, etnología, filología y anatomía humana, Ramón María Aller Ulloa sacerdote, matemático y astrónomo español y los salesianos italianos Alberto María de Agostini geógrafo, documentalista y montañista y Carlos Crespi Croci dedicado a la educación, cine, antropología y arqueología. Entre los representantes de la nueva generación de sacerdotes dedicados a la ciencia se puede mencionar entre varios, al profesor Francisco Nicolau Pous, al escritor y filósofo Michał Heller, a los jesuitas José Maria Albareda, Bartomeu Melià, Manuel Carreira, George Coyne, Guy Consolmagno, José Gabriel Funes y al cisterciense Lluc Torcal Sirera.[100]​ En el año 1990 monseñor Franz König cofunda la Academia Europea de Ciencias y Artes. En noviembre de 2009 se realiza la primera Conferencia de Astrobiología en la Academia Pontificia de las Ciencias y la conferencia fue organizada por el padre José Gabriel Funes. Uno de los conferencistas el profesor Chris Impey de la Universidad de Arizona dijo:

Este diálogo y los resultados de la ciencia están siendo presentados en la casa del Papa, está ocurriendo en el corazón de la Iglesia católica. La receptividad de la información es la cosa más importante.

Pontificia Academia de las Ciencias[editar]

Stephen Hawking es miembro de la Academia Pontificia.

La Pontificia Academia de las Ciencias tiene sus orígenes en lo que era la Academia Nacional de los Linces (creada en Roma por el papa Clemente VIII y el príncipe Federico Cesi), el papa Pío XI volvió a refundar la Academia en 1936 y le dio su nombre actual. Bajo la protección del papa presente, el objetivo de dicha Academia es promover el progreso de las ciencias y el estudio de los problemas epistemológicos relacionados .

Está integrada por muchos de los principales científicos del mundo (incluyendo premios Nobel), para actuar como asesores del papa.La Academia tiene una membresía internacional que incluye a científicos como Stephen Hawking, Martin Rees y a Charles Hard Townes.[101][102]

Observatorio astronómico Vaticano[editar]

El Observatorio Vaticano es una institución de investigación astronómica dependiente de la Santa Sede. En la actualidad tiene dos ubicaciones: la sede central se encuentra en el Palacio de Castel Gandolfo en Italia, otra en el observatorio Internacional del Monte Graham (Estados Unidos) donde se construyó el Telescopio Vaticano de Tecnología Avanzada (VATT).[103][104]

Relación de la Iglesia con la Revolución científica[editar]

En 1875 el químico e historiador John William Draper escribió una obra titulada Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia, en donde presentaba a la Iglesia católica como enemiga de la ciencia, (a esta tesis se adhirió Andrew Dickson White). La obra fue refutada y criticada por anticatólica por Tomás de la Cámara, Miguel Mir y Marcelino Menéndez Pelayo.

Steven Shapin dice que en los últimos años de la Era Victoriana era muy común escribir acerca del 'estado de guerra entre la ciencia y la religión', suponiendo que estos dos cuerpos de cultura habrían de estar en permanente conflicto. Y estas suposiciones han sido sostenidas por muy largo tiempo por los historiadores de la ciencia.

John Hedley Brooke dice que “en sus formas tradicionales, la tesis (religión vs. ciencia) ha sido largamente desacreditada”. David Lindberg dice que “a pesar de un consenso desarrollado entre los eruditos que la ciencia y la religión no han estado en guerra, la noción de conflicto se niega a morir”.

Un gran número de mitos se han creado respecto al conflicto de la ciencia con la religión. En el libro Cero: la biografía de una idea peligrosa, Charles Seife sostiene falsamente que la Iglesia católica prohibió el uso del cero. En 1543 Andrés Vesalio afirma erróneammente que la Iglesia prohibió la disección de cadáveres. Carl Sagan sostenía que en 1456 el papa Calixto III excomulgó al Cometa Halley.[105]​Este mito de Calixto III y dicho cometa fue creado por Pierre Simon Laplace y elaborado por François Arago, Camille Flammarion, Jacques Babinet, William Henry Smyth, Henry Draper y Andrew Dickson White.[106]

Sobre el origen de la Revolución científica del Siglo XVII varias teorías se han elaborado; el sociólogo Robert K. Merton la atribuye al puritanismo, la historiadora Frances Yates lo atribuye a la magia hermética y Thomas Kuhn a sus sistema de períodos de normalidad científica y de revolución.[107]

Edward Grant dice que “si los pensamientos racionales revolucionarios fueron expresados en la Era de la Razón (el siglo XVIII), solo fue posible debido a la larga tradición medieval que estableció el uso de la razón como una de las más importantes actividades humanas”.[108]

Según el sacerdote Stanley L. Jaki y el historiador Pierre Duhem, la ciencia en Europa occidental surgió por medio de la teología católica.

También Thomas Woods, Alistair Cameron Crombie, David C. Lindberg, Edward Grant, Thomas Goldstein y J. L. Heilbron destacaron las contribuciones de la Iglesia al desarrollo de la ciencia moderna.Rodney Stark sostiene:[109]

Si los seguidores de Jesús se hubiesen mantenido como una oscura secta judía, la mayoría de ustedes no habrían aprendido a leer y el resto de ustedes estaría leyendo de rollos copiados a mano. Sin una teología comprometida con la razón, el progreso y la igualdad moral, hoy el mundo entero estaría como las sociedades no europeas estaban, digamos, en 1800: un mundo con muchos astrólogos y alquimistas, pero no con científicos. Un mundo de déspotas, carente de universidades, bancos, fábricas, anteojos, chimeneas y pianos. Un mundo donde la mayoría de los niños no llegan a la edad de cinco y muchas mujeres muriendo durante el trabajo de parto, un mundo verdaderamente viviendo en "edades oscuras".

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]

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