Bartolomé de las Casas

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Fray Bartolomé de las Casas
Procurador o protector universal de todos los indios de las Indias
Bartolomé de las Casas
Ordenación 1506
Consagración episcopal 30 de marzo de 1544 por
Jerónimo de Loayza O.P.
Nacimiento 1474 o 1484, Sevilla
Fallecimiento Julio de 1566, Madrid (81 ó 91 años)
Firma Firma de Bartolomé de las Casas

Bartolomé de las Casas O.P. (Sevilla, 1474 o 1484[1]Madrid, julio de 1566) fue un encomendero español y luego fraile dominico, cronista, filósofo, teólogo, jurista, «Procurador o protector universal de todos los indios de las Indias», obispo de Chiapas en el Virreinato de Nueva España, escritor y principal apologista de los indígenas.

Orígenes familiares[editar]

Cuando Fernando III reconquista Sevilla en 1248 recibirá apoyo internacional para su Cruzada. En sus tropas se encuentra un caballero francés de la estirpe del Conde de los Limonges, cuyo nombre es Don Bartolomé de Casaux. Tras la reconquista de la ciudad se establecerá en ella y cambiará su apellido Casaux por Las Casas.[2] Según uno de sus biógrafos, esta familia era de origen judeoconverso,[3] aunque otros afirman que eran cristianos viejos.[4]

En el futuro, el rey Alfonso XI nombrará a un miembro de la familia Las Casas como "fiel regidor de las ordenanzas reales y como regidor número 24 del reino". Este número quedó unido a la familia hasta el siglo XVII, sucediéndose esa línea famililar en el ejercicio del cargo. Además, en varias ocasiones miembros de la familia Las Casas fueron nombrados para el cargo de tesorero mayor de Andalucía.[2]

En rey Juan II entregó a Don Guillén Las Casas, "caballero más poderoso de Sevilla", la Villa de Montilla y, por orden del rey Enrique II será enviado a Francia para la obtención de refuerzos militares. Sin embargo, Don Guillén murió en la batalla de la Ajarquía de Málaga. A un Don Alonso de Las Casas le fue entregado el Castillo de Priego y, por su comportamiento en la batalla de las Lomas, fue nombrado Caballero del Rey. A otro Las Casas se le concedió, por cédula real, la conquista de Tenerife y La Palma y de todas las tierras que conquistare.[2]

También existieron importas Las Casas en el clero, entre ellos un Dean de la Catedral de Sevilla y un maestro de la Orden de Predicadores: Fray Alberto de las Casas.[2]

Infancia y juventud[editar]

En 1474, aunque algunos sostienen que en 1484, nace Bartolomé de las Casas. De acuerdo a Antonio de Remesal, su primer biógrafo, las Casas nació en Sevilla en 1474. Sin embargo, las investigaciones de Helen Rand Parish y Harold E. Weidman de 1976 determinaron que la fecha más probable de su nacimiento fue en el 11 de noviembre de 1484 en Triana, Sevilla.[5]

Pudo haber nacido en alguna de estas tres parroquias: la de San Lorenzo, la de San Vicente o la de la Magdalena, todas situadas en el barrio de Triana, en Sevilla. Fue bautizado en la Catedral. Debió vivir su infancia oyendo hablar mucho de las batallas de la Reconquista en las que había participado sus familiares y, cuando los Reyes Católicos se instalan en Sevilla, su tío Don Alfonso de Las Casas era uno de los ocho caballeros que portaban las varas del palio bajo el que entraron.

Cursó sus estudios primarios, probablemente, en el Colegio de San Miguel y sus primeros contactos con la vida de los religiosos debieron ser cuándo visitaba a su tía Doña Juana, que era monja en el Monasterio de Santa María de las Dueñas. Posiblemente en 1490 va a estudiar "ambos derechos" (canónico y estatal) a la Universidad de Salamanca. Un familiar suyo era sacerdote en el Convento de San Esteban, donde en aquel entonces residía Cristóbal Colón, por lo que pudo encontrárselo allí por primera vez. Colón también era una persona que había pasado largas temporadas en Sevilla, ciudad natal de Bartolomé.

En 1492 su tío paterno, Juan de la Peña, sería elegido contino real, esto es el que recluta a la tripulación, para el primer viaje de Colón, que partió del Puerto de Palos el 3 de agosto de 1492. La expedición regresó en 1493 habiendo descubierto la nueva ruta a "las Indias", lo que generó gran expectación. En su ruta a Badalona para presentar su logro a los Reyes, Colón pasa en marzo de 1493 Sevilla con sus pájaros y siete indios y se sitúa en el entorno de la Iglesia de San Nicolás para exhibirlos. Esto fue presenciado por Bartolomé de las Casas.

El padre de Bartolomé, el comerciante Pedro de las Casas,[4] decidió, junto con su hermano Francisco Peñaloza, embarcar con Colón rumbo a las Indias para su segundo viaje, que partirá de Cádiz el 25 de septiembre de 1493. Más adelante irían a acompañar al padre sus hermanos Diego y Gabriel Peñaloza. Cuando la expedición regresa en enero de 1498 la expedición trae 600 indios y el padre le regalará uno a su hijo Bartolomé para que le sirviera.[6] Sin embargo, Bartolomé utilizará al indio como objeto de estudio humanístico, y le pregunta por su religión para investigar si se parecía al cristianismo, como estudió latín en Salamanca y Sevilla.[7] aprovecha sus conocimientos en filología y latín para estudiar posibles semejanzas con su lengua.

Al saber la reina Isabel que Colón estaba haciendo esclavos a los indios ordenó que no se tratara así a sus súbditos, sino como otros siervos de la corona, y ordenó que se castigara con la pena de muerte a todo aquel que tuviera indios como esclavos. Esto privó a Bartolomé de Las Casas del servicio de su indio. Colón argumentó que los indios esclavos sólamente eran los que se habían hecho prisioneros en "guerra justa" y que las costumbres de estos eran paganas y a veces caníbales y que bien estaba traerlos a Castilla para así quitarlos de esas costumbres. La reina respondió que se afanara por convertirlos al cristianismo en sus tierras. Isabel fallecería en 1504 y en su testamento pediría que se tratara bien y justamente a los indios, sin hacerles ofensas.

Alrededor del año 1500 Bartolomé termina sus estudios en Salamanca y consigue una plaza como doctrinero en una expedición a las Indias que partió del puerto de Sanlúcar de Barrameda el 13 de febrero de 1502. Para algunos historiadores esto lo hizo para hacer méritos para ser fraile y para otros lo hizo para atender los negocios de terrateniente que su padre había dejado en el Caribe. Esa expedición estaba comandada por Antonio Torres y llevaba consigo a Nicolás de Ovando, que iba a relevar en su puesto de Gobernador de La Española a Francisco de Bobadilla. Francisco de Bobadilla había sido enviado antes como juez pesquisador para investigar a Colón, había arrestado a Cristóbal Colón y se había proclamado gobernador, llevando a cabo una serie de políticas de privatización de las tierras descubiertas y repartimento de encomiendas. La llegada de Bartolomé de Las Casas a la isla se produce el 15 de abril de 1502.[7]

Dentro de las actividades económicas que realizaban los encomenderos las de caza y trabajo en el campo para sus amos eran más llevaderas, sin embargo, la actividad que más justificaba la presencia española en la isla era la búsqueda de oro y esta era la actividad más dura.

Cuando la expedición llegó a la isla algunos barcos se dispusieron a regresar a España, llevando consigo a Francisco de Bobadilla y, al mismo tiempo, Colón llegaba a La Española en su cuarto viaje aunque el nuevo gobernador, Nicolás de Ovando, no le permitió desembarcar. Justo en ese momento se desató un huracán, que arrasó Santo Domingo y hundió los barcos que llevaban a Francisco de Bobadilla a España, logrando salvarse Colón por recalar en una cala que consideró propicia para resistir el temporal. El huracán generó muchos muertos y, posteriormente, esta situación de insalubridad generó una epidemia. Hay diferentes versiones del papel de Bartolomé en este momento. Unos dicen que estaba en Santo Domingo y ayudó a sanar a los enfermos durante la epidemia y otros dicen que se encontraba tierra adentro, gestionando sus tierras. Esta epidemia generó muchísimos muertos.

La guerra en La Española[editar]

Un grupo de españoles decidió irse de caza llevando consigo un conjunto de perros de presa. Estos perros se toparon con los indios por la selva de Saona y atacaron a un jefe indio del lugar causándole la muerte. Los nativos atacan al conjunto de españoles que, ante la ira de los nativos, decide embarcar de regreso a España. Tiempo después un conjunto de españoles decide montar un campamento en esa zona siendo atacados con flechas por los indios, muriendo ocho. Nicolás de Ovando decide crear una partida de 300 hombres para vengarse dirigidos por Juan de Esquivel. Bartolomé de Las Casas era uno de esos hombres. Los españoles ganan la guerra y el cacique Cotubano decide pactar la paz. Entonces los españoles montan en la zona una fortaleza y dejan en ella 9 personas al mando del capitán Villamán. Sin embargo, los indios los matan a todos y sólamente sobrevive uno, que va a Santo Domingo a decirle lo sucedido a Juan de Esquivel. Cotubano convenció a los indios de la provincia de Higüey para que se rebelaran. Rota la tregua, se iniciaría una verdadera guerra que duraría 8 o 9 meses. Pero como los indios se escondían muy bien la selva con sus arcos y flechas envenenadas, tuvieron que hacerla con pequeños contingentes de personas. Las Casas combatirá en el Cacicazgo de Higüey bajo las órdenes del capitán Diego Velázquez de Cuéllar, por tal motivo recibió una encomienda en la Villa de la Concepción de la Vega, la cual administró hasta 1506.[8] Finalmente, tras una gran cantidad de muertos en ambos bandos, los españoles logran encontrar el escondite de Cotubano en la isla de Saona y lo arrestan y Nicolás de Ovando lo condenará a muerte.

Regreso a Sevilla y viaje a Roma[editar]

En 1506, Bartolomé regresó a Sevilla, en donde recibió las órdenes menores al sacerdocio.[7] En 1507 viajó a Roma y se ordenó como presbítero.

Regreso a La Española[editar]

Regresó a La Española en 1508. En septiembre de 1509 Nicolás de Ovando será sustituído en el gobierno de la isla por Diego Colón, hijo de Cristóbal Colón. En Concepción Las Casas comenzará su trabajo como doctrinero, que compaginará con su oficio de encomendero.

En 1510 llega a la isla la Orden de los Dominicos, que a la postre será la que más aposte por los derechos de los indios. Los primeros dominicos que llegaron a la isla fueron cuatro, de los cuales sólo se conserva el nombre de tres: Fray Pedro de Córdoba, Fray Antonio de Montesinos y Fray Bernardo de Santo Domingo. Posteriormente llegaron más, aumentando el número a ocho. Pronto empezaron a preocuparse por los derechos de los aborígenes.

La víspera de un domingo de 1511 los ocho miembros de la congregación elaboran un discurso que Fray Antonio fue encargado de transmitir y que defendía enormemente a los indios. Se llamó Sermón de adviento, y decía:

Para dároslo a conocer me he subido yo aquí, que yo soy la voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto me conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis; la cual voz será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás pensasteis oír [...] Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes, que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan oprimidos y fatigados, sin darles de comer y curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y criador, y sean bautizados, oigan misa y guarden las fiestas y los domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis, esto no sentís? ¿Cómo estáis en esta profundidad, de sueño tan letárgico, dormidos? Tened por cierto que, en el estado en que estáis, no os podéis más salvar, que los moros y turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo

Esto generó grandes protestas en la isla y Diego Colón se dirigió a hablar con Pedro de Córdoba al convento de los dominicos para que expulsara de la isla a Fray Antonio o que, al menos, diera a la semana siguiente un discurso más suave, que apaciguara los ánimos. Gran sorpresa fue que, al domingo siguiente, el discurso fue mucho más beligerante por los indios y dio cinco principios: que las leyes de la religión están por encima de las leyes de los particulares y del Estado, que no existen diferencias raciales ante los ojos de Dios, que la esclavitud y la servidumbre son ilícitas, que se debía restituir a los indios su libertad y bienes y que se debían convertir a los indios al cristianismo con el ejemplo.

Varios encomenderos y religiosos se quejaron a Fernando el Católico y le solicitaron la expulsión de los dominicos. El provincial de los dominicos de Castilla, Alfonso de Loaysa, llegó a pedir a Fray Pedro de Córdoba que dejasen esa actitud, porque corrían el riesgo de que la orden fuera expulsada del Nuevo Mundo. Desde La Española fue enviado a España a un representante de los encomenderos, el franciscano Fray Alonso de Espinar, y los dominicos mandaron a Antonio de Montesinos. El Rey Fernando los escuchó a los dos y ordenó que se hiciera una junta para estudiar la situación de los indios. De esta junta, reunida en Burgos en 1512, y de la posterior en 1513, surgieron las primeras normas para defender a los nativos,[9] y con todas las normas posteriores pasaron a constituir las Leyes de Indias, la primera legislación de derechos humanos de la historia. Aunque su aplicación en el Nuevo Mundo era muchas veces pasada por alto.

Tras aquel Sermón de adviento a Las Casas se le negó la absolución debido a que en esa época aún mantenía su repartimiento indígena.[10]

Las Casas permaneció sin meterse en este duelo entre frailes y encomenderos atendiendo a su labor de doctrinero y a la gestión de sus encomiendas en La Concepción.[9]

Viaje a Cuba[editar]

En 1511, Diego Colón decide que es momento de explorar el interior de la cercana isla de Cuba. El capitán Diego Velázquez Cuéllar prepara una expedición de 300 hombres en cuatro naves, que partieron del Puerto de Salvatierra de Sabana rumbo a Maici, provincia al Este de Cuba, y desembarcarán en el llamado Puerto de la Palma. Sin embargo, el cacique Hatuey había huído de La Española en la guerra contra Cotubano y había organizado la resistencia en Cuba. Los indios iniciarían una guerra descarnada contra los españoles en Cuba que duraría tres meses, y que finalizaría con el exterminio de los indios rebeldes.[11] Era preciso cristianizar al resto, por lo que, a solicitud de Diego Velázquez, en la primavera de 1512, Bartolomé de las Casas se trasladó a la isla de Cuba como capellán en compañía de Pánfilo de Narváez. Los españoles avanzaban por la isla por la espesa selva, conquistando pueblos, cristianizándolos y extendiendo el dominio de España. La labor de Las Casas fue muy importante para abrirse paso entre las tribus hostiles, ya que siempre enviaba a un indio amigo a parlamentar con los indios, y por esto era conocido como el "behique" bueno.[12]

Bartolomé de Las Casas habla con los indios y les explica la doctrina cristiana. Los indios se muestran participativos y explican que en su religión había habido un diluvio universal. Un anciano nativo explica que un hombre salvó a la humanidad metiendo en un arca a personas y animales. Una vez ese hombre se quedó dormido bebiendo un vino que los cubanos hacían con las parras y un hijo malo se rió del viejo pero el otro hijo, que era bueno, le cubrió con unas mantas. El anciano indio explicó que ellos descendían del hijo malo, y por eso iban desnudos, y que los españoles descendían del hijo bueno y que por eso iban vestidos e iban a caballo.[12] Luego los indios explicaron que todo lo que existía lo habían creado personas que venían de todo el mundo, y Bartolomé les explico que esas personas eran realmente la Santísima Trinidad. La fama de Las Casas se extiende por la isla y comienza a desaparecer tanto temor hacia los españoles, que había venido de los indios que se habían sublevado en La Española. Bartolomé, siempre comprensivo, comenzará a bautizar a los niños y promete el amor eterno de Dios a todos aquellos indios que decidan bautizarse.[13]

El teniente Narváez, con 25 soldados, se adentra en la provincia de Bayamo, donde son atacados por una gran cantidad indios, que logran repeler la agresión. Todos esos indios se refugiarán en Camagüey, hasta que pactan con los españoles y solicitan al "behique" su perdón y protección. Se les perdona y, en agradecimiento, los indios les regalan a Las Casas y a Narváez unos sartales de rústicas cuentas muy valorados por ellos.[13]

La matanza de Caonao[editar]

En 1513 los españoles llegan a la localidad de Caonao, donde son recibidos con un banquete de pan de yuca y de pescado. Sin embargo, se desconoce la razón, los españoles se exaltan creyéndose que van a ser atacados y comienzan a matar indios con sus espadas. Bartolomé de Las Casas intenta detener la matanza pero los soldados no le obedecen. Finalmente, se acerca a un joven que está dentro de una choza y le dice que no hay peligro y cuando sale es apuñalado por un soldado. Entonces se agarra a Bartolomé y a este sólamente le da tiempo a bautizarlo y luego muere.[14]

Después de la matanza de Caonao,[15] Narváez le cuestionó: "¿Qué parece a vuestra merced destos nuestros españoles qué han hecho?", formulando la pregunta como si el capitán no tuviese que ver con esas acciones. Las Casas le respondió: "Que os ofrezco a vos y a ellos al diablo".[16]

Los indios comienzan a abandonar sus pueblos y los soldados se encuentran pueblos vacíos y sin alimento. Posteriormente, se encarga a Las Casas volver a dialogar con los nativos, cosa que consigue gracias a un intermediario y finalmente estos llegan a un arreglo con los españoles. Sin embargo, Las Casas está molesto porque se le pide ayuda para la conciliación pero no se le consultan las decisiones militares que generan los muertos y los nativos podrían pensar que, en realidad, él era un behique malo.[17]

Los españoles se enteran de que cerca de La Habana hay prisioneros tres españoles y mandan a un indio, que había aprendido a leer, con una carta para que la leyera. Los indios consideran que la carta es mágica porque no entienden que un papel pueda contar cosas y algunos incluso acercan las orejas al papel para ver si a ellos les dice algo.[18] Las Casas se aloja en un pueblo de casas construidas sobre estacas en el mar, llamado Carahact, cuando se acerca una canoa con dos mujeres, que eran las que estaban cautivas, y explican que iban acompañadas pero que fueron atacados y que sólo las perdonaron a ellas dos por ser mujeres. Sin embargo, aún queda un español cautivo y Las Casas envía cartas para que vengan los caciques, que no se les hará nada malo. Los caciques llegan y traen comida para honrar a los blancos, sin embargo, Narváez apresa a los 20 caciques y ordena quemarlos vivos. Las Casas le dice que se lo piensa contar todo al Rey y, por miedo, Narváez recula en su decisión y decide liberarlos a todos menos a uno, posiblemente el más importante. Sin embargo, llegará el capitán Diego Velázquez y ordenará que a él también se le pongan en libertad.[19] Finalmente, los nativos liberaron en una aldea al español, Pablo Miranda.

Renuncia a sus encomiendas[editar]

Como recompensa por sus acciones durante la conquista de Cuba, en 1514 recibió un nuevo repartimiento de indios en Canarreo, junto al río Arimao, cerca de Cienfuegos. Y, junto con su socio Pedro de Rentería, mandó extraer oro de los yacimientos auríferos del río. Se centró completamente en los negocios y empezó a tener fama de codicioso. Y, aunque trataba a los indios de manera suave y les enseñaba la doctrina de Cristo, les ordenaba a sus indios encomendados extraer oro en las minas y hacer cementeras y todo lo que él quería. En 1514 los socios deciden ampliar sus negocios y Pedro de Rentería se traslada a Jamaica en busca de más víveres, que en Cuba ya escaseaban. entonces llegaron a La Española tres dominicos: Gutiérrez de la Ampudia, Pedro de San Martín y Bernardo de Santo Domingo. Estos le dijeron a Las Casas que sabían de él y de los esfuerzos que había hecho por procurar el bienestar de los aborígenes. Esto le marcó profundamente y empezó a plantearse el objetivo de su misión en el Nuevo Mundo. Tomó conciencia paulatinamente de lo injusto que era el sistema y se convenció de que debía «procurar el remedio de esta gente divinamente ordenado».

En una misa de Pascua, encontrándose en Sancti Spíritus, dio un discurso en el cual condenaba los malos tratos a los indios y explicaba vivencias sobre ellos. Esto despertó críticas entre la gente, sin embargo, estas críticas no fueron tanto contra su discurso sino contra su persona, puesto que Las Casas era un encomendero y no era justo que insultara a un grupo al que él mismo pertenecía. Entonces se dirigió a Diego Velázquez y le dijo que no deseaba seguir teniendo encomiendas. Velázquez intentó persuadirle, le dijo que se estaba forjando un futuro merecido como hombre rico,[20] pero Las Casas insistió y le dijo que la decisión sería secreta hasta que no regresara su socio de Jamaica. Escribió a Rentería para pedirle que regresara porque quería regresar a Castilla. El 15 de agosto de 1514, día de la Asunción, a la edad de treinta años, pronunció un sermón en Sancti Spíritus[21] donde, en presencia de todos y del propio Velázquez, dijo que reiteraba sus críticas y que cedía todas sus encomiendas, ante el asombro de todos.[22] Cuando regresó Rentrería y Las Casas le comunicó su decisión, lejos de enfadarse, su antiguo socio le dijo que le apoyaba en sus demandas y que pondría a su disposición todo el dinero que necesitara. En 1515 se dirigió a Santo Domingo, en La Española, a hablar con el dominico Pedro de Córdoba, que le escuchó con agrado y le dijo que eran conocidos los poderosos intereses que defendían el Obispo de Burgos Juan Rodríguez de Fonseca, con 800 indios encomendados, y el secretario Lope de Conchillos, gran terrateniente en las tierras descubiertas y con muchas encomiendas.[23] Estas dos personalidades, al lado del Rey, eran las que manejaban los asuntos de Estado.

Protector Universal de Todos los Indios[editar]

En septiembre de 1515 Las Casas embarca rumbo a Sevilla junto con Fray Antonio de Montesinos. Los frailes llegaron a Sevilla el 6 de octubre. En Sevilla visita el Convento dominico de San Pablo y Montesinos le presenta a sus superiores, que se muestran encantados de ayudarle y le recomiendan al arzobispo de Sevilla, Fray Diego de Deza, hombre que había ayudado a Colón a descubrir Las Indias. Diego de Deza era un hombre cercano al monarca y recibe la visita de Las Casas, que le cuenta la situación de los indios, y Deza se encuentra dispuesto a ayudarlo. Le aconseja que se entreviste con Fernando el Católico y le entrega una carta de recomendación. Las Casas se encamina a Plasencia, donde en ese momento se encontraba la Corte. Gracias a las gestiones del dominico y confesor del monarca, Tomás Matienzo, logrará entrevistarse con el rey. Sin embargo el rey estaba muy enfermo, tumbado en la cama, y le dice que deberá aplazar la decisión para más adelante.

Posteriormente se entrevistará con Juan Rodríguez de Fonseca, que, cuando escucha su alegato, le viene a decir que a él no le importa en absoluto y que él es un necio por preocuparse por eso. Fernando tenía previsto viajar a Sevilla y Deza arregla otro encuentro entre el monarca y Las Casas, sin embargo, el monarca fallece por el camino en el pueblo andaluz de Madrigalejo. Antes de morir entrega la regencia al Cardenal Fray Francisco Jiménez Cisneros, Arzobispo de Toledo. Las Casas prepara un texto para Cisneros y otro para Adriano de Utrecht, que era el tutor del príncipe Carlos, futuro Carlos V.

Cisneros le prestó toda su atención a Las Casas, escuchándole varias veces. Y Adriano también dió buena cuenta de sus escritos remitiéndoselos al regente. En presencia de Cisneros, los partidarios de Conchillos se ponen en evidencia porque, durante la lectura en voz alta de las leyes proclamadas tras la junta de Burgos, omiten decir que todos los indios que trabajan en las granjas merecen una libra de carne cada ocho días y en las fiestas.[24]

En 1516 Las Casas escribirá su Memorial de los Agravios, de los Remedios y de las Denuncias, que provocará la sustitución de Fonseca por el Obispo de Ávila, Francisco Ruiz, y de Conchillos por el secretario Jorge de Baracaldo.

En abril, Cisneros determinó enviar a tres frailes jerónimos para ejercer la gobernación de La Española. Las Casas fue comisionado consejero de los frailes y se le nombró Procurador o protector universal de todos los indios de las Indias.[7] [25] Cargo similar al de Ombudsman de Suecia que fue instituido a principios del siglo XIX.

Bartolomé de Las Casas será ahora protector de los indios en las islas Española, Cuba, San Juan y Jamaica, así como en tierra firme, en referencia al continente americano. Su misión era informar a los Padres Jerónimos o al resto de personas que entendiesen de ello de la salud e integridad de los indios. El Almirante y jueces de apelación mandados debían guardar ese Poder de Bartolomé, y las desobediencias a él se castigarían con el pago de 10.000 maravedís.[26]

Ecomiendas[editar]

El 11 de noviembre de 1516 Bartolomé de Las Casas embarca junto con los tres Padres Jerónimos rumbo a La Española. Sin embargo, lo hicieron en naves distintas. Al llegar a San Juan de Puerto Rico el barco de Las Casas sufrió una avería, debiendo prolongar su estancia allí dos semanas. Al llegar a La Española Las Casas se dio cuenta de que los encomenderos se habían ganado el favor de los Padres Jerónimos. Estos los recibieron con festejos y les habían dicho que las encomiendas eran necesarias, porque de lo contrario los indios se rebelarían y que además tenían costumbres primitivas, y los Padres Jerónimos se limitaron a suprimir las encomiendas de los que no vivían la isla. Las Casas sólamente logró que se respetaran de las Ordenanzas lo que se refería a la libertad de los aborígenes encomendados a jueces y oficiales del rey.[27]

En junio de 1517 decide regresar a España para indicar a Cisneros que las cosas no van según lo previsto y cuando llega a Sevilla se entera de que el Cardenal está moribundo en Aranda de Duero y va a hablar con él, pero, enfermo, decide aplazar la decisión para más adelante y muere en septiembre. El príncipe Carlos desembarca en Asturias y llega con un importante séquito a Valladolid. Pronto surgieron bandos para hacerse con el poder. Por un lado estaban los "castellanos", encabezados por el obispo Fonseca y Lope Conchillos, y por otro lado están los "flamencos", donde están el Gran Canciller de Castilla; Juan Sauvage, el camarero mayor; Monsieur de Xevres, y el camarero privado; Monsieur Laxao. El presidente de todos los Consejos era el Gran Canciller, y era al que se dirigía Las Casas y será considerado uno de sus hombres de confianza. En 1519 el Canciller le pide a Las Casas que redacte memoriales para reformar la legislación de Indias, sin embargo Sauvage muere poco después de una enfermedad.

En 1518 las Casas planeó un proyecto para colonizar tierras de indios con labradores reclutados en España. Esto era un intento de crear una experiencia colonizadora pacífica en un territorio no hallado por conquistadores y encomenderos. Sin embargo, ha de tener un arduo debate contra el fraile franciscano Juan de Quevedo, quien había sido nombrado obispo de Santa María la Antigua del Darién, y se pronunciaba a favor de la esclavitud de los indígenas.[28] Juan de Quevedo se apoya en Aristóteles para argumentar que las gentes rudas y bárbaras son esclavos por naturaleza. Las Casas argumenta que los indios pueden ser civilizados en paz y respetándose su libertad, porque Dios les había dado los mismos talentos que al hombre blanco.[29]

Al igual que Pedro Mártir de Anglería, en abril de 1520, las Casas conoció a los indígenas totonacas que fueron llevados ante la presencia del nuevo monarca por Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo, ambos emisarios de Hernán Cortés, conquistador de México.

Un par de meses más tarde, en Santiago de Compostela, el Consejo de Castilla hizo para sí las ideas de Las Casas quien estaba convencido que la labor de conquista y colonización de América debía ser ejercida pacíficamente a través del anuncio y difusión de la fe católica. Así, el Consejo de Castilla lo autorizó a llevar a cabo el proyecto para crear una colonia pacífica en el territorio de Cumaná (Venezuela), para que él aplicase sus teorías consistentes en poblar la tierra firme, sin derramar sangre y anunciar el evangelio, sin estrépito de armas.[30]

Sin embargo, son momentos convulsos en España. Toledo, Segovia, Ávila, Zamora, Salamanca y Valladolid se sublevan contra Carlos V y esto ralentiza que se emitan las Cédulas Reales que Bartolomé necesita para su proyecto. En Sevilla, Don Juan de Figueroa organiza un motín que es aplastado al día siguiente por sus rivales, los Guzmanes. Bartolomé llega después de estos sucesos y no le es posible encontrar socios y capitales para su proyecto y hubo de contentarse con llevar como tripulación a un grupo de 70 amotinados, condenados y proscritos, que embarcaban para fugarse a América. El 14 de diciembre de 1520 parten rumbo a Puerto Rico.

Llegan a Puerto Rico el 10 de enero de 1521. Allí les llega la noticia de Alonso de Ojeda había iniciado en tierra firme una cacería de esclavos que había enfurecido a los aborígenes, y que por ello los indios chiribichi y macarapana habían asesinado a todos los frailes dominicos que se habían asentado en tierra firme. El Virrey de La Española Diego Colón ordenó a Gonzalo de Ocampo que les diera una lección a los aborígenes. La expedición de Ocampo llegó con 300 soldados a San Juan de Puerto Rico, donde pudo conocer los planes del Virrey. Sin embargo, Las Casas habla con Ocampo y le dice que no puede llevar a cabo una expedición militar a esas tierras porque le han sido concedidas a él por Cédula Real. Ocampo comprobó la validez de los documentos de Las Casas, pero decidió no hacerle caso. Las Casas fue a Santo Domingo a hablar con Diego Colón para que diera validez a sus títulos en el Nuevo Mundo, y dejó en Puerto Rico a su tripulación de labradores. Sin embargo, los 70 socios de Las Casas, al ver el cariz de los acontecimientos, decidieron alistarse con Ponce de León a explorar la Florida.[31]

Las Casas es recibido fríamente en La Española. Allí se acuerda darle un par de carabelas para ir a Cumaná, en la costa de Venezuela, donde debía de asentarse. Además, Pedro de Córdoba fallece. Tras participar en su funeral se dirige a Puerto Rico. El 30 de julio de 1521 sale hacia Puerto Rico con sus dos carabelas, la Concepción y la Sancti Spíritu. Junto con Las Casas viajan su segundo, Francisco de Soto, su capellán Blas Hernández y su auxiliar Juan de Zamora. Días antes, la expedición de Ponce de León había finalizado porque los indios habían atacado a los españoles en Florida, matando a Ponce de León de un flechazo. Sin embargo, una vez en Puerto Rico los labriegos rechazan acompañarles. Allí les habían dicho que Bartolomé era un embaucador que lo que quería era matarlos a trabajar y que si se quedaban en la isla tendrían acceso a tierras y a indios que trabajaran para ellos. Sin embargo, decide ir a Cumaná de todas formas. Allí es bien recibido por los franciscanos. Los soldados de Ocampo, que se encontraban en un campamento cercano al que llamaron Nueva Toledo, no se tomaron bien, porque con Las Casas allí su caza de esclavos había terminado. Entonces los soldados se trasladaron a La Española, desde donde siguieron haciendo incursiones para buscar esclavos en las tierras de Las Casas. Esto hizo que los guayqueríes se rebelaran y Bartolomé, consciente del peligro que corría el asentamiento cristiano, fue a pedir ayuda a Santo Domingo en diciembre de 1521. Sin embargo una tormenta se desata y va a parar con su nave a Yaiquimo, en el lado opuesto de La Española. Su segundo, Francisco de Soto, aprovecha la ausencia de Las Casas para organizar una cacería de esclavos. Los indios aprovechan la ausencia de Francisco de Soto y atacan e incendian la misión el 10 de enero de 1522 y mataron a su regreso a Francisco de Soto, al franciscano Fray Dionisio y al artillero Artieda, pudiendo el resto de los cristianos escapar a la península de Araya, y de allí a Cubagua y de allí a Santo Domingo. Las Casas camina de Yaiquimo a Santo Domingo y, a su llegada, se entera del fracaso de su misión y entra en depresión. Acepta el consejo de Fray Domingo de Betanzos para entrar en el convento dominico de Santo Domingo.[32]

En el convento sigue compartiendo y mejorando el trabajo de muchos religiosos que venían elaborando estudios de derecho en la Escuela de Salamanca, sobre los justos títulos que tenía la Corona de Castilla en el Nuevo Mundo y sobre el estatus civil que debía dispensarse a los indios, como hombres libres -y no esclavos- de la corona castellana. Al mismo tiempo criticó muchos aspectos de la colonización de América y, entre ellos, el sistema de encomiendas. Se retiró para dedicarse al estudio de la teología, la filosofía y el derecho canónico y medieval, y comenzó a escribir su Historia de las Indias.

En 1523, tras pasar un año de novicio, profesa en la Hermandad de Santo Domingo. En 1526 escribe al presidente de la Audiencia, Alonso de Fuenmayor, pidiendo por los indios. Para satisfacer al arzobispo, los superiores del Convento lo envían a otro convento, al de Puerto de la Plata, al Norte de la isla. Allí llega en 1527 y dedicará tres años al estudio y a la meditación.

El Obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, y el de Tlascala, Fray Julián Garcés, lo designan como reformador de la Orden de los Dominicos en el Nuevo Mundo. En noviembre de 1531 desembarca en Veracruz, junto con Fray Tomás de Berlanga y con el presidente de la Audiencia de La Española, Don Sebastían Ramírez de Fuenreal. Sin embargo, los dominicos de México consiguen el apoyo del Cabildo de la ciudad y lo encarcelan, mandándolo luego de vuelta a La Española.

En 1524 se había creado el Consejo Real y Supremo de las Indias, para hacerse cargo de todas las cosas relacionadas con la política colonial. Su presidente era Fray García de Loaysa. Tras su expulsión de Veracruz Las Casas escribe a este organismo una extensa carta. Esa carta sería el germen de otra obra, De Único Vocationis Modo.[33]

En 1533 un encomendero arrepentido en su lecho de muerte le pide a Fray Bartolomé de Las Casas que libere a sus indios encomendados. Él lo hace, sin embargo se granjea la enemistad de su heredero, Pedro de Vadillo, y logra que lo encarcelen. Los dominicos impiden que se cumpla la condena pero se le pedirá que se recluya en un monasterio de la orden.[34]

La rebelión de Bahuruco[editar]

Sin embargo, en 1534 las autoridades precisaron de Fray Bartolomé. El cacique Bahuruco, que fue bautizado como Enrique y educado por los franciscanos, pasó a la encomienda de un hidalgo español apellidado Valenzuela, que tenía haciendas en San Juan de la Maguana. Cansado de las humillaciones de su amo, que le quitó a su yegua y a su esposa, sale al bosque, donde se une a un grupo de indios sublevados. Logra defenderse de los ataques que se mandan contra ellos y monta una especie de "república independiente" en una extensión de treinta leguas. Los jefes nativos Ciguayo y Tamayo siguen el ejemplo de Enrique y deciden organizar partidas contra los españoles, atacándolos a todos, estuvieran armados o no. Los métodos de atacar a gente sin armas no gustan a Enrique, pero el odio contenido hacia los españoles es tan grande que es difícil controlarlo. Su rebelión se prolongó durante diez años. Un tal Fray Remigio fue mandado a parlamentar a su villa pero fue arrestado por los indios y Enrique le explicó la razón de su rebeldía. Carlos V fue informado de que había un cacique rebelde en La Española y ordenó que fuera reducido, ante lo cual, el presidente de la Audiencia de la Española, Sebastián Ramírez de Fuenleal, le pide a Las Casas que intervenga en el asunto. Enrique reconoce a Las Casas como un amigo. Las Casas le explica de los inconvenientes de vivir fuera de la ley de los blancos, de lo poderosos que estos eran y de que no iban a permitir que esa rebelión continuara. Enrique pide "seguro de vida y perdón general, conservación de su señorío y hacienda y libertad para sus hombres, que continuarían viviendo en la tierra de sus antepasados sin recibir ninguna molestia". Los españoles aceptan.[35]

Nicaragua[editar]

Por los servicios prestados, la Audiencia levanta a Bartolomé su reclusión, permitiendo que aceptase la invitación de Fray Tomás de Berlanga, al que acababan de hacer obispo del Perú. Ambos embarcan hacia Panamá, para luego seguir por tierra hasta Lima, pero en el transcurso del viaje hay una tormenta que lleva el barco a Nicaragua, donde decide instalarse en el Convento de Granada. Esta será la tierra de las Indias que más le guste y en 1535 propone al Rey y al Consejo de Indias iniciar una colonización pacífica en zonas del interior inexploradas. Sin embargo, a pesar del interés mostrado por los consejeros de Indias Bernal Díaz de Luco y Mercado de Peñaloza, esto no podrá hacerlo por culpa de que todavía se encontraba en la corte el clan Fonseca, enemigo del Protector.

En 1536 el gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras, organiza una expedición militar, pero Las Casas logra aplazarla un par de años informando a la reina Isabel de Portugal, esposa de Carlos V. Ante la hostilidad de las autoridades, Las Casas decide abandonar Nicaragua y se dirige a Guatemala.[36]

Guatemala[editar]

En noviembre de 1536 se instala en Santiago de Guatemala. Meses después el obispo Juan Garcés, que era amigo suyo, le invita a trasladarse a Tlascala. Posteriormente, vuelve a trasladarse a Guatemala. El 2 de mayo de 1537 consigue del gobernador licenciado Don Alfonso de Maldonado un compromiso escrito ratificado el 6 de julio de 1539 por el Virrey de México Don Antonio de Mendoza, que los nativos de Tuzulutlán, cuando sean conquistados, no serían dados en encomienda sino que serían vasallos de la Corona.[37] Las Casas, junto con otros frailes como Pedro de Angulo y Rodrigo de Ladrada, busca a cuatro indios cristianos y les enseña cánticos cristianos donde se explican cosas básicas del Evangelio. Posteriormente encabeza una comitiva que trae pequeños regalos a los indios (tijeras, cascabeles, peines, espejos, collares de cuentas de vidrio...) e impresiona al cacique, que decide convertirse al cristianismo y ser predicador de sus vasallos. El cacique se bautiza con el nombre de Juan. Los nativos consienten que se construya una iglesia pero otro cacique llamado Cobán quema la iglesia. Juan, con 60 hombres, acompañado de Las Casas y Pedro de Angulo, van a hablar con los indios de Cobán y les convencen de sus buenas intenciones.[38]

Entrevista con Carlos I de España[editar]

Otro viaje transatlántico volvió a fray Bartolomé de las Casas de nuevo a España en 1540. En Valladolid, visitó al rey Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. El emperador Carlos I quien, entre sus numerosos títulos era "Rey Católico" desde 1517, preocupado por la situación de los indios en América y prestando oídos a las demandas de De las Casas y a las nuevas ideas del derecho de gentes difundidas por Francisco de Vitoria, convocó al Consejo de Indias a través de Comisión de Valladolid o Junta de Valladolid. Entre los comisionados se encontraban los más importantes teólogos y juristas europeos de su época.

Leyes Nuevas[editar]

Bartolomé de Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Edición de 1552.

Como consecuencia de lo que se discutió, el rey Carlos I promulgó el 20 de noviembre de 1542 las Leyes Nuevas. Ellas prohibieron la esclavitud de los indios y ordenaron que todos quedaran libres de los encomenderos y fueran puestos bajo la protección directa de la Corona. Disponían además que, en lo concerniente a la penetración en tierras hasta entonces no exploradas, debían participar siempre dos religiosos, que vigilarían que los contactos con los indios se llevaran a cabo en forma pacífica dando lugar al diálogo que propiciara su conversión. Las Leyes Nuevas fueron uno de los más importantes aportes al derecho de gentes que efectuara el rey Carlos I como consecuencia de sus conversaciones con fray Bartolomé de las Casas.

A finales de ese mismo año las Casas terminó de redactar en Valencia su obra más conocida, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, dirigida al príncipe Felipe, futuro rey Felipe II, entonces encargado de los asuntos de Indias.[39]

Obispo de Chiapas[editar]

Se le ofreció el obispado de Cuzco, importantísimo en aquel momento, pero las Casas no aceptó, aunque sí se hizo cargo del obispado de Chiapas en 1543, porque lindaba con Tuzulutlán.[40]

Fue consagrado obispo de Chiapas en el antiguo convento dominico de San Pablo, en Sevilla, actual Parroquia de la Magdalena, el 30 de marzo, Domingo de Pasión, de 1544. Pando Miranda dice que "hubo flores y múltiples luces de cirios en la iglesia conventual, nubes de incienso, oro y sedas en los ornamentos sagrados de los obispos consagrantes, que fueron el de Córdoba y el de Trujillo, y un sobrino del Cardenal Loaisa". Como obispo se dedica a reclutar a una buena cantidad de misioneros, la mayoría dominicos del convento de San Esteban de Salamanca, para acompañarle en su viaje a Chiapas.

Sin embargo, en Sevilla hubo asuntos que precisaron su atención. Muchos vecinos de la ciudad poseían indios reducidos a servidumbre forzada. Unos habían sido traídos por sus encomenderos de América y otros habían sido adquiridos a escondidas a mercaderes de esclavos. Los indios, al saber que Las Casas está allí, van al convento a quejarse. Las Casas se dirige a Carlos V por carta para decirle que ordenara poner en libertad a todos los indios del reino, "porque en verdad que son tan libres como yo".[41]

Partirá de Sevilla y llegará a Santo Domingo el 8 de septiembre de 1544 con treinta misioneros. Serán recibidos con hostilidad por los españoles en las Américas, por haberse decretado las nuevas leyes de Indias. El 14 de diciembre de 1544 parte de Santo Domingo rumbo a Chiapas. El 19 de enero de 1545 desembarca en San Lorenzo de Campeche, donde también soportará la hostilidad de los pobladores y del gobernador, Francisco de Montejo. Desde esta ciudad, y tras pasar unos días en Tabasco, se encamina a Ciudad Real de los Llanos de Chiapas.

Tras la conquista de México por Hernán Cortés, la ciudad había caído en el gobierno del capitán Diego de Mazariegos, que gobernaba con cierta diligencia, con normas como mantener una adecuada salubridad pública y no permitir que circularan sueltos animales de carga. Mazariegos también se preocupaba por los indios: les entregó tierras en propiedad y les dijo que si algún español se interesase por ellas podría pagarles, se aseguró de que se respetaran sus descansos semanales, creó una escuela donde podían ir los hijos de los jefes y caciques, etcétera. Se creó una iglesia en la ciudad, la Iglesia de la Anunciación, que quedaba bajo la potestad del obispo de Tlascala, pero con el crecimiento de la ciudad pasó a ser esta una diócesis, siendo su primer obispo Don Juan de Arteaga, y su sucesor el propio Bartolomé de las Casas.

Sin embargo, cuando Las Casas llegó, la ciudad ya no la gobernaba Mazariegos, los terrenos de los indios habían pasado a nuevas manos y estos eran sojuzgados sin que nadie tuviera en cuenta sus intereses. A finales de febrero de 1545 fue cuando Bartolomé tomó el cargo, y el 20 de marzo publicó una carta en la que decía que se negaba la absolución a todos los españoles que no se liberas a sus indios que no devolvieran lo obtenido por las encomiendas a los indios. Todos los españoles se opusieron, pero Las Casas encontró el apoyo de los misioneros dominicos y del clérigo Juan de Parera.

Las Casas decide hacer una pequeña visita a Tuzulutlán, para comprobar el éxito de su misión pacificadora,[42] y luego regresará a Chiapas. Las Casas permanece en la ciudad hasta octubre de 1545, cuando decide ir a Gracias a Dios, para pedir ayuda a la Audiencia, presidida por Alonso Maldonado. Maldonado no hace caso a Las Casas y este regresa a Chiapas.

Para asegurar el cumplimiento de las Leyes Nuevas es enviado a Indias el licenciado Francisco Tello de Sandoval. Desembarcó en San Juan de Ulúa y luego se dirigió hacia Ciudad de México, donde se hospedó en un convento dominico. Había muchos españoles contrarios a la normativa, como el virrey Antonio de Mendoza, y se mandó a una comitiva a hablar con el monarca para que aboliera las Leyes Nuevas. Las Leyes Nuevas encontraron dificultades en su aplicación definitiva, sobre todo en lo que respecta a la herencia del derecho de encomienda.

Bartolomé de las Casas fue llamado por Francisco Tello a Ciudad de México y tuvo que partir, dejando en sustitución al canónigo Juan de Pareda. En mayo de 1546 llegó a Ciudad de México en compañía de su amigo Rodrigo de Ladrada. En la ciudad se incorpora a una Junta Episcopal donde estaban los obispos de México, Tlascala, Guatemala, Mexoacán y Oaxaca. En esta Junta debatieron sobre los indios, ganando la tesis de Las Casas en referencia a la capacidad de los indios y los deberes que tenían con la Corona.

Regreso a España[editar]

Francisco Tello decidió dejar en suspenso la aplicación de las Leyes Nuevas hasta que no se resolviera el asunto de la comitiva que había ido a hablar con el monarca y llegaría la noticia de que el Rey suspendía lo que hacía referencia a la herencia, permitiendo que las encomiendas ya dadas se transmitieran.

Las Casas decide regresar a España en 1547 para luchar por el bienestar de los indios desde la metrópolis. Embarcará en Veracruz, hará escala en las Azores, luego desembarcará en Lisboa e irá luego hasta Salamanca. En agosto de 1550 presenta su renuncia indeclinable como obispo de Chiapas y consigue que se nombre para reemplazarle a uno de sus discípulos, Fray Tomás Casillas.[43]

El 10 de marzo de 1551 Bartolomé es nombrado beneficiario de la herencia de Don Juan de Écija, y utilizará este dinero para asegurarse la manutención de él y de su amigo el confesor Rodrigo de Ladrada para el resto de sus días en el Colegio dominicano de San Gregorio en Valladolid.

En Valladolid, entre 1550 y 1551, mantuvo una polémica con Juan Ginés de Sepúlveda llamada «La controversia de Valladolid» que versó sobre la legitimidad de la conquista. Se discutió quién ganó esta controversia, ya que ambos se consideraron ganadores, sin embargo los trabajos de Ginés de Sepúlveda no obtuvieron autorización para ser publicados.

En 1552 llega a Sevilla, donde publica varias de sus obras. Va acompañado de 20 misioneros que ha podido reclutar y que parten en la expedición de la Armada, que parte para el Puerto de Caballos. Estos misioneros portan los Siete Tratados de Las Casas.

Fallecimiento[editar]

Los últimos años de Las Casas transcurrieron en Madrid. Estuvo en el Convento de San Pedro Mártir y luego en el de Atocha, acompañado de su amigo Fray Labrada. Fray Bartolomé de las Casas, conocido como el Apóstol de los Indios, murió en Madrid en 1566. Fue enterrado en Atocha aunque, posteriormente y por su disposición testamentaria, sus restos serán trasladados a Valladolid.

Veneración[editar]

En 2000 la Iglesia Católica dio inicio a su proceso de beatificación.

Pensamiento[editar]

Monumento a Fray Bartolomé de las Casas junto al Puente de Triana de Sevilla, en España

Junto con Francisco de Vitoria, Bartolomé de las Casas es considerado uno de los fundadores del derecho internacional moderno[44] y un gran protector de los indios y precursor de los derechos humanos junto al jesuita portugués António Vieira. Aunque desde perspectivas opuestas, tanto él como Vitoria se ocuparon del problema alrededor del cual emergió el derecho de gentes en la época moderna: la definición de las relaciones entre los imperios europeos y los pueblos del Nuevo Mundo. Esta tarea requería de la creación de un marco jurídico suficientemente amplio como para ser válido al mismo tiempo para europeos y aborígenes.[45] La tradición legal que fue usada para tal fin fue precisamente la del derecho natural, la cual fue tomada del derecho medieval y la filosofía estoica. Las Casas consideró que los indios tenían uso de razón, tanto como los antiguos griegos y romanos, y que como criaturas racionales eran seres humanos. Como tales, los indígenas estaban cobijados por el derecho natural y eran titulares de los derechos a la libertad y a nombrar sus autoridades.[46]

Su contribución a la teoría y práctica de los derechos humanos puede apreciarse en su obra "Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias", el cual, por ser escrito a mediados del siglo XVI, constituye el primer informe moderno de derechos humanos. En él describe las atrocidades a las que fueron sometidos los indígenas de las Américas por los conquistadores españoles. Un párrafo puede dar una idea de los hechos que narra este libro: "Otra vez, este mesmo tirano fue a cierto pueblo que se llamaba Cota, y tomó muchos indios he hizo despedazar a los perros quince o veinte señores y principales, y cortó mucha cantidad de manos de mujeres y hombres, y las ató en unas cuerdas, y las puso colgadas de un palo a la luenga, porque viesen los otros indios lo que habían hecho a aquellos, en que habría setenta pares de manos; y cortó muchas narices a mujeres y a niños".

Aunque abogó por la defensa de los indios y se ha cuestionado su defensa de los negros se conoce que escribió un opúsculo titulado Brevísima relación de la destrucción de África como preludio a Brevísima relación de la destrucción de las Indias, contra el maltrato de la población africana contra abusos de Castilla y Portugal.

Bartolomé de Las Casas propuso, sin éxito, que al continente americano se le llamase Columba.[47]

Obras[editar]

  • Memorial de remedios para las indias (1518), también conocida como Los dieciséis remedios para la reformación de las Indias.
  • Historia de Indias (1517)
  • Apologética historia sumaria (1536)
  • De único vocationis modo, conocida en español como Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión (1537)
  • Memorial de los remedios (1542)
  • Representación del Emperador Carlos V (1547)
  • Treinta proposiciones muy jurídicas (c. 1548)

En 1552 regresa a Sevilla, donde publica libros que había ido escribiendo anteriormente:[48]

  • Principia Quaedam (1552)
  • Brevísima relación de la destrucción de las Indias, colegida por el obispo don Fray Bartolomé de las Casas o Casaus, de la Orden de Santo Domingo (1552)
  • Tratado sobre los indios que se han hecho esclavos (1552)
  • Octavo remedio (1552)
  • Avisos y reglas para confesores (1552)
  • Aquí hay una disputa o controversia entre Fray Bartolomé de las Casas [...] y Doctor Ginés de Sepúlveda (1552)
  • Tratado comprobatorio del imperio soberano y el principado universal (impresa en 1553)
  • Sobre el título del dominio del Rey de España sobre las personas y tierras de los indios (h. 1554)
  • Memorial-Sumario a Felipe II (1556)
  • Tratado de las Doce Dudas (1564)
  • Petición de Bartolomé de las Casas a su Santidad Pío V sobre los negocios de las indias (1566)
  • De regia potestate
  • De thesauris

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Borges op.cit. p.21; Iglesias op.cit. p.23-24 Hasta el año 1975 se admitía como año probable de nacimiento de Las Casas el de 1474, avalado por su primer biógrafo, Antonio de Remesal, por lo que muchas fuentes siguen repitiendo ese dato. En 1975, la historiadora Helen R. Parish presentó un documento que prueba que en 1516 el propio Las Casas decía tener 31 años de edad (una declaración jurada para un juicio, además). Sin embargo, Isacio Pérez Fernández, quizá el más conocido de los lascasianos modernos, probó con otro documento que el padre de Las Casas decía tener 50 años en 1514, y por tanto tendría 10 en 1474. Aun así, la mayoría de las fuentes modernas coinciden en que el año probable de nacimiento está próximo a 1484.
  2. a b c d Anabitarte, op.cit. pp. 23-24
  3. Giménez Fernández (1971, p. 67)
  4. a b Wagner y Parish (1967, pp. 1–3)
  5. Pérez, op.cit. p.9
  6. Pérez, op.cit. p.20
  7. a b c d Casas, op.cit. (2) apéndice biográfico p.XXV
  8. Pérez, op.cit. p.21
  9. a b Anabitarte. p. 51
  10. Pérez, op.cit. p.22-23
  11. Anabitarte, op.cit. p. 52
  12. a b Anabitarte, op.cit. p. 53
  13. a b Anabitarte, op.cit. p. 54
  14. Anabitarte, op.cit. p. 55
  15. Casas, op.cit.(1) p.36 "Una vez, saliéndonos a recebir con mantenimientos y regalos diez leguas de un gran pueblo, y llegados allá, nos dieron gran cantidad de pescado y pan y comida con todo lo que más pudieron; súbitamente se les revistió el diablo a los cristianos e meten a cuchillo en mi presencia (sin motivo ni causa que tuviesen) más de tres mil ánimas que estaban sentados delante de nosotros, hombres y mujeres e niños. Allí vide tan grandes crueldades que nunca los vivos tal vieron ni pensaron ver."
  16. Thomas op.cit. p.397
  17. Anabitarte, op.cit. p. 56
  18. Anabitarte, op.cit. p. 56
  19. Anabitarte, op.cit. p. 57
  20. Anabitarte, op.cit. p. 61
  21. Pérez, op.cit. p.24
  22. Anabitarte, op.cit. p. 62
  23. Anabitarte, op.cit. p. 64
  24. Anabitarte, op.cit. p. 70
  25. Suess, Paulo. La conquista espiritual de la América espanõla. Quito (Ecuador): Abyayala. pp. 334. ISBN 9978-22-290-1. 
  26. Anabitarte, op.cit. p. 75
  27. Anabitarte, op.cit. p. 77
  28. Casas, op.cit.(2) apéndice biográfico p.XXVI
  29. Anabitarte, op.cit. p. 83
  30. Thomas, op.cit. p.396
  31. Anabitarte, op.cit. p. 85
  32. Anabitarte, op.cit. p. 88
  33. Anabitarte, op.cit. p. 99
  34. Anabitarte, op.cit. p. 100
  35. Anabitarte, op.cit. p. 100-103
  36. Anabitarte, op.cit. p. 105
  37. Anabitarte, op.cit. p. 107
  38. Anabitarte, op.cit. p. 109
  39. «Espejo de la cruel y horrible tiranía española perpetrada en los Países Bajos por el tirano, el duque de Alba, y otros comandantes del rey Felipe II» (1620). Consultado el 2013-08-25.
  40. Anabitarte, op.cit. p. 112
  41. Anabitarte, op.cit. p. 113
  42. Anabitarte, op.cit. p. 116
  43. Anabitarte, op.cit. p. 126
  44. Tierney, Brian, The Idea of Natural Rights: Studies on Natural Rights, Natural Law, and Church Law, 1150-1625 (Michigan: B. Berdmans Publishing, 1997), 273.
  45. Anghie, Antony, ‘Colonial Origins of International Law’, en Darian-Smith, Eve y Fitzpatrick, Peter, eds., Laws of the Postcolonial (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1999), pp. 89-90 y 94.
  46. De las Casas, Bartolomé, "Apologética Historia Sumaria II", Obras Completas, Volumen 7 (Madrid: Alianza Editorial, 1992), pp. 536-537.
  47. Anabitarte, op.cit. p. 122
  48. Valdivia Giménez, Ramón (2010). Llamado a la mision pacífica: la dimension religiosa de la libertad. ISBN 9788447212484. Libro online

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]