Qianlong

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Emperador Qianlong
Emperador de China
Portrait of the Qianlong Emperor in Court Dress.jpg
Información personal
Tratamiento Su Majestad Imperial
Familia
Casa real Aisin Gioro
Dinastía Bandera de la Dinastía Qing Dinastía Qing
Padre Yongzheng
Heredero Emperador Jiaqing
Descendencia Emperador Jiaqing
Escultura en cera del emperador.

El Emperador Qianlong (chino: 乾隆, pinyin: Qiánlóng, Wade-Giles: Ch'ieng-lung, Pekín, 25 de septiembre de 1711 - 7 de febrero de 1799) fue el sexto emperador de la dinastía Qing, la última dinastía imperial china, y el cuarto emperador Qing que reinó sobre toda China. Su nombre de pila era Hongli, y era el cuarto hijo del emperador Yongzheng.

El reinado de Qianlong está considerado como una edad de oro de la civilización China, y marcó el apogeo de la Dinastía Qing. Su reinado oficial comenzó 11 de octubre de 1735. Al comienzo de su reinado, Qianlong decretó que no quería reinar durante más tiempo que su ilustre abuelo, el emperador Kangxi, cuyo reinado había durado 60 años lunares. Así, el 8 de febrero de 1796 Qianlong abdicó formalmente en su hijo, el emperador Jiaqing.[1]​ Pese a su abdicación, Qianlong mantuvo las riendas del poder como el Taishang Huang (emperador emérito) hasta su muerte en 1799. A su muerte a los 87 años, Qianlong había reinado durante 65 años, siendo uno de los monarcas más longevos de la historia.

Qianlong fue un gobernante ambicioso y consciente de su deber. Heredó de su abuelo y su padre un imperio en auge, y durante su largo reinado Qianlong presidió una de las épocas de prosperidad económica más largas de la historia de China. Los bajos impuestos sobre el campesinado, la introducción de nuevas cosechas como el maíz, y la estabilidad interna propició una expansión demográfica sin precedentes, y durante su reinado la población China se dobló hasta los 400 millones de habitantes.

Como líder militar, Qianlong dirigió las Diez Grandes Campañas militares, que expandieron el territorio chino desde las zonas tradicionales de influencia de los Han en la llanura del Río Amarillo y del Yangtsé, hacia el norte en Manchuria, Mongolia, y el oeste en Asia central, y Tibet. Esto llevó a China a su período de mayor extensión territorial. Para finales del reinado de Qianlong, China habría adquirido la mayor parte de los territorios que la conforman en la actualidad.

Qianlong fue un hombre extremadamente culto, y un gran patrón de las artes y de las letras. Fundó la famosa Biblioteca de los cuatro tesoros, la Siku Quanshu, que albergaba la mayor colección de libros de la historia de China. Coleccionó todo tipo de obras de arte, incluyendo pinturas europeas, y patrocinó la creación de escuelas y academias en las provincias de China.

Para finales de su reinado, el agotamiento de China comenzó a hacerse patente. La expansión demográfica no había ido acompañada de una expansión de la base fiscal del imperio Qing, todavía basada en impuestos sobre las tierras, que su tatarabuelo Hung Taiji había prometido no elevar. La falta de ingresos adicionales, el alto coste de las campañas militares y de la cada vez más extravagante corte imperial hicieron imposibles expandir la burocracia imperial, necesaria para mantener el control sobre un territorio cada vez más poblado. La burocracia imperial, heredada de los Ming, se conformaba por mandarines que accedían al cargo por medio del sistema de exámenes imperial. Una población creciente hizo que el número de opositores se incrementara grandemente, mientras que el número de cargos disponibles se mantenía constante. Esto generó un mercado negro de corruptelas a fin de acceder a un cargo, que hizo que la calidad de la burocracia se degradara rápidamente al tiempo que los sobornos y la corrupción corrompieran la supuestamente virtuosa casta de los mandarines. Esto, junto con el estricto neo-confucianismo propugnado por los Qing, contribuyó a la decadencia de la sociedad civil China.

Los últimos años de Qianlong estuvieron marcados por el estancamiento generalizado de China. Qianlong, dando señales crecientes de senilidad, quedó en las manos de su favorito Heshen, un jerarca manchú fabulosamente corrupto, que usó su influencia sobre Qianlong para enriquecerse a costa de la estabilidad interna de China.

Un diplomático británico que visitó la corte Qing en 1793 describió a Qianlong de la siguiente manera:

El Emperador es de unos 180cm de altura, y de constitución delgada pero elegante; su tez es relativamente blanca, pero sus ojos son oscuros; su nariz es bastante aguileña, y su semblante es perfectamente regular hasta el punto de que, ni por asomo, refleja la avanzada edad que dicen que ha alcanzado; su persona es atractiva, y su porte va acompañado de una afabilidad que, sin disminuir la dignidad del príncipe, evidencia la cordialidad del carácter del hombre. Su vestido lo formaba una toga de seda amarilla, un birrete de terciopelo negro con una bola roja encima, y adornado con la pluma de un pavo real, que es la peculiar distinción de los mandarines de primer rango. Llevaba puestas unas botas de seda con riebtes de oro, y un fajín azul en la cintura.[2]

Primeros años[editar]

Mensaje de paz primaveral, el emperador Yongzheng y su hijo Hongli

Hongli nación en Pekín en 1711. Era hijo de Yìnzhēn, cuarto hijo del emperador Kangxi (1654-1722). Hongli era el favorito de su abuelo, el emperador Kangxi, y de su padre, el emperador Yongzheng. La leyenda cuenta que, cuando Hongli era niño, acompaño a su abuelo a cazar al palacio imperial de Rehe. En una cacería, salió frente a él un oso. Mientras que el resto de la partida de caza huyó temerosa, el joven Hongli se mantuvo firme e impertérrito ante el animal, al que abatió con una lanza. Su abuelo, testigo de esto, se quedó admirado del carácter del muchacho, que le pareció muy parecido al suyo propio, y decidió en ese momento nombrar a Yìnzhēn su sucesor, a fin de que algún día Hongli pudiera acceder al trono de China. A partir de ese momento, Kangxi se interesó personalmente por la educación de Hongli, al que hizo educar en artes marciales y literatura china, en las que Hongli demostró aptitudes excepcionales.

A la muerte de Kangxi en 1722, éste fue sucedido por Yìnzhēn bajo el nombre de emperador Yongzheng. Hongli fue nombrado qinwan (príncipe de primer rango) bajo el título de "Príncipe Bao del Pimer Rango" (chino tradicional: 和碩寶親王, chino simplificado: 和硕宝亲王, pinyin: héshuò Bǎo qīnwáng). Durante muchos años, Yongzheng no nombró un sucesor. Aunque se especulaba que favorecía a Hongli, éste hubo de disputar la sucesión con su hermanastro Hongshi, que tenía el apoyo de una gran facción de los cortesanos imperiales que incluía a Yinsi, el príncipe Lian.

En todo caso, Hongli fue claramente entrenado para el trono. Estuvo sometido a un programa de estudios intensivo, que le permitió ser uno de los emperadores mejor educados de la historia de China. Destacó en caligrafía, poesía, y pintura, y hablaba chino, manchú, mongol y tibetano. Fue enviado en misiones de inspección al sur de China, y destacó como un negociador hábil y poderoso. También ejerció de regente de su padre cuando éste se ausentaba de la capital, participaba de los consejos de guerra de su padre, y acometió ritos religiosos cono la ceremonia del primer arado en ausencia de Yongzheng.

Ascenso al trono[editar]

Por todo ello, el ascenso de Hongli al trono del dragón estaba claro desde antes de que fuera proclamado emperador a la muerte de Yongzheng. A fin de prevenir una disputa sucesoria, Yongzheng selló el nombre de su sucesor en una caja que guardó tras un panel en el trono del Palacio de la Pureza Celestial en la Ciudad Prohibida. El nombre del sucesor debía de ser revelado a los miembros del clan imperial y los ministros del gobierno a la muerte del emperador. Cuando Yongzheng falleció de forma repentina en 1735, su testamento fue abierto y leído frente a toda la corte, y Hongli fue proclamado emperador. Hongli adoptó el nombre de era "Qianlong", que significa "Eminencia Perdurante".

Campañas fronterizas[editar]

Figurilla de Qianlong a los tres años. Templo Yonghe, Pekín.
Atuendo militar del emperador Qianlong, Musée de l'Armée, Paris
Qianlong cazando.

El emperador Qianlong fue un líder militar de gran éxito. Tras su ascenso al trono, envió a sus ejércitos a suprimir la Rebelión Miao de 1735-1736. Sus campañas militares posteriores expandieron las fronteras del imperio Qing grandemente, en parte gracias al poder militar de los Qing, pero sobre todo a la desunión y descomposición de los poderes políticos de Asia central.

La primera de las Diez Grandes Campañas militares fue la campaña con la que Qianlong sometió a la etnia Jinchuan encabezados por rebeldes tibetanos (1747-1749). Los métodos militares de sometimiento y exterminio fueron brutales, y la mayor parte de los rebeldes de Jinchuan fueron exterminados. Cuando las tropas manchúes regresaron victoriosas a Pekín, se les cantó un himno en su honor. El jesuita Joseph-Marie Amiot, por entonces residente en la corte imperial, transcribió el himno en manchú, y envió una copia a París [3]

La siguiente gran campaña de Qianlong fue la guerra contra el Kanato de Zungaria (1755-59). Los mongoles zúngaros, una coalición de tribus mongolas occidentales, habían sido enemigos tradicionales de los Qing desde principios del siglo XVII, y amenazaban las fronteras occidentales de China, así como su influencia sobre Tibet. Tras varias campañas contra ellos llevadas a cabo por los emperadores Kangxi y Yongzhen, Zungaria había quedado nominalmente como vasalla de los Qing. En 1752, a la muerte del último Khan de Zungaria, dos de sus herederos, Dawachi y Amursana, se disputaron la sucesión. Qianlong apoyaba a Amursana, quien aceptaba el vasallaje a China, pero Dawachi obligó a Amursana a huir a China. Usando esto como excusa, Qianlong envió en 1755 una gran expedición militar contra los zúngaros de Amursana, a los que derrotó en una serie de escaramuzas en la cuenca del río Ilí. Qianlong instaló a Amursana en el trono, pero a fin de diluir la amenaza zúngara, decidió dividir el kanato en cuatro territorios encabezados cada uno por un khan. Amursana, disgustado con esto, decidió rebelarse contra Qianlong, y tras una continuada contienda desarrollada en el Turkestán y la cuenca del río Tarim, fue finalmente derrotado en 1758 por el general Zhaohui. El Templo Puning de Hebei fue edificado en conmemoración de la victoria sobre Amursana en Ili.

Tras su victoria, Qianlong incorporó los territorios del kanato de Zungaria a China. Los territorios de la cuenca del río Tarim pasaron a conformar la provincia de Xinjiang. La zona de Ili también fue incorporada. La incorporación de Xinjiang a China acabó con la amenaza de los Zúngaros. Qianlong ordenó el exterminio de los zúngaros. Según el cronista Wei Yuan, el 40% de los 600.000 zúngaros murieron de viruela, el 20% huyeron a Rusia o Kazakhstán, y el 30% restante fueron ajusticiados por el ejército Qing.[4][5]​ El historiador Peter Perdue argumenta que el exterminio de los zúngaros formaba parte de una política de genocidios promovida por los Qing a fin de desplazar a sus enemigos de asia central.[5]

El imperio Qing encargó a los escritores Zhao Yi y a Jiang Yongzhi, ambos miembros de la Academia de Hanlin, que compilaran obras detallando las campañas zúngaras, que recabaron en obras como la Estrategia de pacificación de los Zúngaros (Pingding Zhunge'er fanglue) de Yonhzhi.[6]​ Zhao compuso poemas glorificando la victoria de los Qing y el exterminio de los mongoles zúngaros,[7][8][9]​ Zhao Yi alabaría a Qianlong como la fuente de la paz y la prosperidad del siglo XVIII chino.[10]

Los rebeldes mongoles Khalkha, encabezados por el príncipe Chingünjav, habían conspirado junto con el líder zúngaro Amursana para rebelarse contra los Qing al mismo tiempo que los zúngaros. Qianlong envió tropas a Mongolia interior para sofocar la rebelión e hizo apresar y ejecutar a toda la familia de Chingünjav.

Las intervenciones en Mongolia y en el Kanato de Zungaria tuvieron su efecto en el Tibet, por entonces vasallo de los zúngaros y abierto a invasiones desde Mongolia. En 1750, Qianlong había enviado tropas a Tibet a fin de sofocar una revuelta en Lhasa contra el Dalai Lama, al que instaló como gobernante nominal del Tibet bajo la supervisión de un gobernador residente y una guarnición de tropas Qing.[11]​ Durante los conflictos en Zungaria, los Qing protagonizaron escaramuzas con los nepalíes y los Gurkhas, a los que sometieron. Tras la conquista de Mongolia, Jinchuan y el Turkestán, el territorio tibetano fue totalmente pacificado y se mantuvo bajo el control del imperio Qing.

Un soldado de la época de Qianlong, por William Alexander, 1793

En 1765, tras el fin de la campaña en Zungaria, Qianlong decidió invadir Birmania, pero la Guerra sino-birmanesa acabó en desastre. Qianlong creía inicialmente que la campaña sería una victoria fácil frente a una tribu bárbara, por lo que envió solamente al Ejército del estandarte verde, estacionado en Yunnan. La invasión fue oportunista, pues las tropas birmanas estaban desplegadas en la frontera con el reino siamés de Ayutthaya debido al estallido de una guerra entre ambos reinos entre 1765 y 1767. Pese a esto, las tropas birmanas, experimentadas tras el conflicto con Siam,  fueron capaces de repeler al ejército Qing en sus dos intentos de invasión en 1765-66 y en 1766-67. Tras estas derrotas, Qianlong envió al ejército de los ocho estandartes, sus tropas de élite, que invadió Birmania desde Yunnan en 1767. Esta campaña casi conquistó Birmania. Los Qing avanzaron hasta casi alcanzar la capital de Birmania, en Ava.[12]​ Sin embargo, las tropas manchues, acostumbradas al frío clima del norte de China y Manchuria, no pudieron adaptarse al clima tropical y las enfermedades infecciosa que los diezmaron, y hubieron de replegarse de vuelta a Yunnan en 1768. En respuesta, Hsinbyushin, rey de Birmania, movilizó a sus tropas desde la frontera con Siam hasta el frente Chino. Con los Qing en retirada, las tropas birmanas lograron frenar un cuarto intento de invasión, rodeando el campamento de los Qing. Se declaró una tregua, y en 1769 Qianlong desistió de cualquier intento de invasión directa de Birmania. Pese a ello, mantuvo una fuerte presencia militar en Yunnan durante al menos otra década, con la intención de usar cualquier oportunidad para invadir Birmania. Cuando Birmania y China retomaron sus relaciones diplomáticas en 1790, Qianlong interpretó esto como un acto de sumisión birmana, y declaró la victoria sobre el reino de Birmania.[13]

En 1786 el gobernador de Taiwan descubrió una conspiración de lealistas Ming para expulsar a los Qing. Esto desembocó en la Rebelión de Lin Shuangwen (1787-1789), que se hizo proclamar rey de Taiwan y ocupó el sur de Taiwan. Qianlong envió a su ministro Fuk'anggan a sofocar la revuelta, en una serie de campañas militares en la isla, que acabaron con la victoria de los Qing en 1788, pero a duras penas lograron pacificar a largo plazo la isla.

La rebelión en Taiwan ocurrió al mismo tiempo que el conflicto con Vietnam. En 1787 Lê Chiêu Thống, el último gobernante de la dinastía Lê de Vietnam, tuvo que huir de Vietnam ante una revuelta campesina, y pidió a Qianlong que lo restituyera en su trono en Thanglong (actual Hanoi). Qianlong accedió y envió un gran ejército contra Tây Sơn, el rebelde campesino que había logrado conquistar todo Vietnam. Los Qing lograron capturar la capital, Thanglong, en 1788, pero unos meses después fueron derrotados por Nguyễn Huệ, el segundo hijo de Tây Sơn, durante un ataque sorpresa desarrollado durante el Tết (Año Nuevo vietnamita). Los Qing hubieron de replegarse a China, y acogieron formalmente a Lê Chiêu Thống  y su familia, pero no volverían a intervenir en Vietnam durante 90 años.

Pese a las derrotas en el sur, las expediciones militares de Qianlong casi doblaron el tamaño del vasto imperio Qing. Igualmente, incorporaron a China a un gran número de minorías no Han, como los kazakos, los uigures, los kirguís, los evenki, y los mongoles. El coste de las campañas fue exorbitante, y agotaron los fondos del Tesoro Imperial.[14]​ Pese a su victoria, las campañas no fueron completamente exitosas. Los ejércitos Qing estuvieron a menudo sometidos a grandes tensiones, y el número de tropas, inicialmente casi todas ellas machúes, declinó grandemente. La campaña contra la etnia Jinchuan duró 3 años, principalmente porque inicialmente los Qing fueron diezmados, aunque al final Yue Zhongqi logró dar la vuelta a la situacioón. Las victorias contra los zúngaros fueron muy ajustadas, y ambos bandos sufrieron grandes pérdidas. Las derrotas en el sur fueron tremendamente costosas, y los Qing nunca pudieron reponer todas las tropas perdidas sobre todo en Birmania.

Así, para finales de las diez campañas, el ejército Qing se había debilitado significativamente. Además, los antiguos señores de la guerra manchúes, que habían formado la élite de las tropas Qing durante la conquista de China, habían perdido toda motivación guerrera; acostumbrados al estilo de vida sinificado, empezaron a desatender el entrenamiento de sus tropas, y la calidad y disciplina militar decayó considerablemente. Muchos nobles manchú ni siquiera se unían al ejército, y preferían puestos en la administración imperial, a la que podían unirse saltándose el sistema de exámenes imperiales. Las tropas de base, anteriormente formadas por manchúes y mongoles, hubieron de emepzar a usar a chinos de etnia Han, lo que diluía aún más el sistema de castas basado en los Ocho estandartes en los que los Qing dividían sus tropas. Todos estos problemas causaron el fracaso de los Qing en sofocar la Rebelíon del Loto Blanco que estalló a finales del reinado de Qianlong, en 1796, y se extendió durante el reinado del emperador Jiaqing.

Logros culturales[editar]

Qianlong, como sus predecesores, se tomó en serio su papel de mecenas. Primeramente, frente a la creciente sinización de la élite Manchú, trató de preservar el patrimonio cultural de su pueblo, que veía como la bases del carácter moral de los manchúes y, por ello, del poder y éxito de su propia dinastía. Ordenó la compilación de tratados gramaticales, genealogías, historias, manuales rituales de los manchú, y en 1747 ordenó en secreto la compilación del "Código chamanístico" de 1747, incorporado posteriormente al Siku Quanshu.

A fin de solidificar el prestigio cultural y religioso de su dinastía en Asia Central, ordenó la construcción de una réplica del Palacio de Potala en los terrenos del palacio de verano de Chengde,[15]​ donde alojó al Dalái Lama en 1770. A fin de presentarse a sí mismo en términos budistas y no confucianos ante sus súbditos tibetanos y mongoles, ordenó un ''thangka'' (pintura sagrada), en la que era representado como Manjushri, el Bodhisattva de la Sabiduría.[16]

Pese a promocionar el budismo, Qianlong fue un gran patrón y mecenas de la cultura confuciana. Tenía un apetito insaciable por coleccionar obras de arte y literatura, y reunió la mayor colección privada de la historia de China usando cualquier medio y sin reparar en gastos, a fin de poder reintegrar dichos tesoros en la Colección Imperial.

Qianlong expandió más que ningún otro la llamada ''Colección Imperial'', a la que prestó desmedida atención:

La colección imperial tenía sus orígenes en el primer siglo a.C., y había sufrido numerosas vicisitudes, incluyendo fuegos, guerras civiles e invasiones extranjeras en los siglos que siguieron. Pero fue Qianlong quién le dedicó la mayor atención, desde luego de todos los gobernantes Manchú... Uno de los papeles jugados por Qianlong, con su acostumbrada diligencia, fue el de que el emeprador era un coleccionista y conservador... Qianlong siguió con cuidado el mercado de arte en pinturas y antigüedades, usando un equipo de consejeros culturales que incluía a venerables ancianos literati Chinos y a connoisseurs manchú de nuevo cuño. Estos hombres ayudaron al emperador a identificar cuando alguna gran colección privada iba a ser puesta a la venta, fuera porque la fortuna de alguna familia de comerciantes otrora rica hubiera declinado o porque los objetos preciosos adquiridos por algún magnate Manchú o Chino durante el caos del período de conquistas no eran ya de valor para sus herederos. A veces, Qianlong presionaría e incluso forzaría a ricos cortesanos a que le entregaran objetos de arte que deseaba: lo hacía señalando alguna tara o error en su trabajo de cortesanos, de las que podían ser excusados si le hacían un cierto "regalo" o, en dos famosas ocasiones, persuadiendo a sus dueños de que sólo la seguridad de los muros de la Ciudad Prohibida podían salvar del fuego o el robo a alguna valiosa pintura.[17]

La inmensa colección de arte de Qianlong se convirtió en una parte íntima de su vida. Trasladaba consigo paisajes en sus viajes, a fin de poder comparar los cuadros con el sujeto de los mismos. A veces los hacía colgar en habitaciones especiales de sus palacios, e inscribía su nombre o citas poéticas cada vez que los visitaba, siguiendo el ejemplo de los emperadores de la dinastía Song.[16]

La mayor parte de los miles de objetos de jade de la colección imperial data de su reinado. Qianlong estaba también particularmente interesado en coleccionar bronces antiguos, espejos de bronce, y sellos personales, junto con cerámicas de todas las épocas, obras lacadas, y otras formas de artes decorativas. Todas estas artes vivieron un momento de auge durante el reinado de Qianlong, a fin de suplir a la corte y a las clases medias y altas deseosas de imitar al emperador. Las colecciones Chinas del Museo Británico y del Victoria and Albert Museum en Londres contienen muchos objetos pertenecientes al reinado de Qianlong, generalmente expoliadas durante la Segunda Guerra del Opio o vendidas por los últimos jerarcas Qing a comienzos del siglo XX.

Uno de los mayores proyectos culturales de Qianlong fue agrupar un equipo de los mejores eruditos de China a fin de compilar, editar e imprimir la mayor colección de filosofía, historia y literatura chinas.[17]​ Conocida como la ''Biblioteca de los Cuatro Tesoros'' (o "Siku Quanshu"), fue publicada en 36.000 volúmenes que contenían en torno a 3.450 obras completas, y requirieron el trabajo de unos 15.000 copistas. El Siku Quanshu preservó numerosos libros, pero fue usado al mismo tiempo para suprimir disidentes y enemigos políticos, pues su compilación requirió el examen cuidadoso de numerosas bibliotecas privadas, de las que se sustrajeron 11.000 obras. Un tercio de las mismas fueron seleccionadas para su publicación, y aquellas no incluidas fueron o bien resumidas o, en muchos casos, destruidas.[15]

Quema de libros y alteración de manuscritos[editar]

Qianlong visita las tumbas de sus ancestros.


La compilación del Siku Quanshu fue usada para "depurar" del canon chino toda obra tildada de contraria a la doctrina neo-confuciana promovida por Qianlong. Durante este proceso, unas 2300 obras literarias fueron destruidas y otras 350 parcialmente purgadas. El objetivo era destruir todo escrito que pudiera promover sentimientos anti-Qing y llevar a rebeliones, incluyendo aquellos textos del pasado que insultaban a dinastías "bárbaras" como los Jurchen (antepasados de los manchú), o que trataban sobre problemas en las fronteras o en la defensa del imperio.[18]​ La edición y purga del Siku Quanshu llevó unos diez años, durante los cuales unas 3100 obras y 150.000 copias de libros fueron o bien quemadas o prohibidas. Aquellas que se salvaron de la quema y fueron incorporadas al Siku Quanshu fueron a menudo modificadas o resumidas. Los libros publicados durante la dinastía Ming fueron los mayores damnificados de esta purga.[18]

Qianlong promovió lo que de facto se considera una "inquisición literaria", e impuso una estricta censura en China. Los mandarines debían juzgar si cada frase de una obra era suficientemente neutral con los Qing; si se decidía que no lo eran, se iniciaba un proceso inquisitorial contra los autores.[18]​ Durante el reinaron de Qianlong hubo 53 casos de inquisición literaria que resultaron en sus víctimas ejecutadas, bien decapitadas o por lingchi, o incluso resultando en la mutilación de sus cadáveres (si ya habían fallecido).

Obra literaria propia[editar]

Qianlong era un poeta apasionado. Sus obras completas, publicadas en diez tomos entre 1749 y 1800, contienen más de 40.000 poemas y 1300 textos en prosa, lo que le convierten en uno de los escritores más prolíficos de todos los tiempos.

En 1743, después de su primera visita a Mukden, la capital de Manchuria y antigua capital de los Qing, (en la actualidad Shenyang, Liaoning), Qianlong escribió en chino su “Oda a Mukden” (''Shengjing fu/Mukden-i fujurun bithe''), una “Fu” (rapsodia) en estilo clásico en la que alababa a Mukden, por aquél entonces un término general para lo que hoy en día se conoce como Manchuria, y describía su belleza y valores históricos. En el poema, Qianlong describe las montañas y la vida salvaje de Mukden, y las usa para justificar su creencia de que la dinastía Qing perduraría para siempre. Tras su composición, encargó una traducción del poema al manchú. En 1748 ordenó una edición conmemorativa de ambas versiones del poema, usando caracteres arcaizantes previos a la dinastía Qin. Los caracteres manchús tuvieron que ser inventados ‘’ex profeso’’, y nadie era capaz de leerlos.[19]

Idiomas y política lingüística[editar]

En su juventud, Qianlong recibió clases de manchú, de chino y de mongol,[19]​ y posteriormente aprendió tibetano. También hablaba chagatai (turkí o uigur moderno) y tangut. Qianlong siempre demostró particular preocupación por preservar el idioma manchú de sus antepasados, y promovió una política de defensa del manchú proclamando que “el alma de los Manchús es el lenguaje.” Insistió en la política seguida por sus antecesores de que todos los documentos oficiales fueran redactados tanto en chino como manchú, y encargó nuevos diccionarios de manchú, que consideraba el “idioma nacional.” A fin de preservar su pureza, insistió en la eliminación de todo [[préstamo lingüístico]] del chino, y su sustitución por calcos que reflejó en los diccionarios oficiales. También promocionó la traducción literal de obras chinas al manchú.[19]

La política lingüística de Qianlong denotaba la preocupación del mismo por la cada vez más evidente sinización de la élite manchú. Muchos de los nobles manchú, asentados desde hacía tres generaciones en China, apenas podían comunicarse en manchú, y cada vez menos de ellos podían leerlo. Qianlong creía que la sinización de su gente llevaría a la decadencia de los Qing. La exigencia de que todo documento imperial fuera emitido en manchú a la vez que en chino iba destinada a favorecer la preservación del idioma pero, sobre todo, constituía una política de discriminación a favor de los manchú frente a los chinos de etnia Han, dado que este requisito generaba una gran demanda para funcionarios y mandarines capaces de hablar el manchú.

Budismo tibetano[editar]

Templo de Yonghe, en Pekín. Qianlong entregó el recinto a los seguidores del budismo tibetano.


El gobierno de los Qing tenía una larga tradición de asociarse con el Bodhisattva Manjusri. Qianlong siempre estuvo interesado en el budismo tibetano, y patrocinó abiertamente obras de arte y traducciones budistas.[19]​ Aprendió a hablar y leer tibetano, y estudiaba los textos budistas asiduamente. Sus creencias personales se ven reflejadas en los grabados de su tumba, llenos de imaginería budista tibetana, y quizás la expresión más personal y privada de la vida del emperador. Qianlong apoyó abiertamente a la secta Amarilla de los Gelug a fin de “mantener la paz entre los mongoles”, dado que las tribus mongolas eran seguidoras del Dalái Lama y el Panchen Lama. Qianlong hizo grabar una explicación de su política religiosa en el Templo de Yonghe en Pekín, en una estela titulada “Lama Shuo” (“Sobre los lamas”) en 1792. Decía que era “meramente siguiendo Nuestra política de extender Nuestro afecto a los débiles” que había decidido erigirse en patrón de la secta Amarilla.[20]​ Aunque el emperador obtuvo réditos políticos con ese patrocinio, también parecía personalmente devoto de la secta.[19]

La explicación de apoyar a secta Amarilla del budismo tibetano por razones prácticas fue usada para desviar las críticas de sus súbditos Han hacia la política religiosa de Qianlong. Los chinos desconfiaban del dogmatismo del budismo tibetano, y favorecían escuelas más sincréticas, como el budismo Caodong. Que el emperador siguiera una escuela budista extranjera, favorecida por los mongoles, generaba mucha alarma entre los Han, siempre dispuestos a señalar el origen extranjero de los manchú. Así, la estela "Lama Shuo" fue primeramente inscrita en chino, y posteriormente en tibetano, mongol y manchú, y detallaba que “patrocinando a la secta Amarilla mantenemos la paz entre los mongoles. Como esto es una actividad importante, no podemos sino proteger esta religión. En esto, no mostramos ningún sesgo o favoritismo, ni queremos adular a los sacerdotes tibetanos como se hiciera durante la dinastía Yuan."[21][22]

Por otro lado, Qianlong mantuvo la prohibición a los misioneros cristianos, y persiguió todo intento por parte de los jesuitas de evangelizar China.[23]

Grabado de los jardines de estilo occidental que Qianlong encargó a Castiglione para el Palacio de Verano a las afueras de Pekín.

Palacios[editar]

Qianlong fue un gran constructor. En las colinas del noroeste de Pekín expandió una villa conocida como el “Jardín de la Perfecta Brillantez” hasta convertirlo en lo que hoy en día se conoce como el Viejo Palacio de Verano. Añadió dos grandes complejos al mismo, el “Jardín de la Eterna Primavera” y el “Jardín del Manantial Elegante”. Con el tiempo, el Viejo Palacio de Verano llegaría a ocupar 350 hectáreas, unas cinco veces el tamaño de la Ciudad Prohibida. Para celebrar el hexagésimo cumpleaños de su madre, la emperatriz Xiaoshengxian, Qianlong ordenó construir un lago en el Palacio de Verano en el llamado el “Jardín de las Ondulaciones Claras”. El lago, conocido como el Lago Kunming, hoy en día conforma lo que queda del Palacio de Verano, que fue casi totalmente destruido en la Segunda Guerra del Opio.[24]

También expandió el palacio de verano de Rehe, al norte de la Gran Muralla.[25]​ Rehe se convertiría en la tercera capital de facto de China. Qianlong decretó que los emperadores debían pasar el otoño cazando en Rehe, y era ahí donde solía recibir a dignatarios extranjeros de Asia central, sobre todo embajadores de Corea y de Mongolia.

Palacios de estilo europeo[editar]

Qianlong estaba fascinado por el arte europeo. Tenía una colección personal de relojes europeos, y mantenía en su Corte a un número de jesuitas como traductores, artistas y científicos. Uno de los jesuitas más destacados fue el padre Giuseppe Castiglione (1688-1766), que ejercía de pintor en la corte de Qianlong. Durante la expansión del Palacio de Verano, Qianlong encargó a Castiglione y al jesuita francés Michel Benoist la construcción de una serie de pabellones de estilo europeo, con jardines y fuentes de estilo versallesco, que Qianlong admiraba. Los pabellones, conocidos como el Xiyang Lou (“Mansiones Occidentales”) fueron pasto de las llamas en 1860 durante la Segunda Guerra del Opio. Qianlong también empleó a otros jesuitas, como Jean-Damascène Sallusti e Ignatius Sichelbart, ambos como pintores. Otros misioneros actuaban como astrólogos y matemáticos para el emperador. Los jesuitas de palacio tenían prohibido predicar el cristianismo, y no podían abandonar la Ciudad Prohibida de por vida. Pese a ello, muchos misioneros de Macao aceptaban entrar al servicio del emperador con la esperanza de disuadirlo de permitir la difusión de la fe cristiana en China.[24]

Véase también[editar]


Predecesor:
Yongzheng
Emperador de China
1735 - 1796
Sucesor:
Jiaqing

Enlaces externos[editar]


  1. Jacobs, Andrew. "Dusting Off a Serene Jewel Box," The New York Times. 31 December 2008.
  2. Æneas Anderson, A Narrative of the British Embassy to China, in the Years 1792, 1793, and 1794; Containing the Various Circumstances of the Embassy, with Accounts of Customs and Manners of the Chinese (London: J. Debrett, 1795) p. 262.
  3. «Manchu hymn chanted at the occasion of the victory over the Jinchuan Rebels». Manchu Studies Group. 2012-12-18. Consultado el 2013-02-19. 
  4. Wei Yuan, 聖武記 Military history of the Qing Dynasty, vol.4. “計數十萬戶中,先痘死者十之四,繼竄入俄羅斯哈薩克者十之二,卒殲於大兵者十之三。”
  5. a b Perdue, 2005, p. 287.
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