Iglesia católica y ciencia

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La Iglesia católica, como institución y desde la actividad de sus miembros (en grupo o en particular), ha establecido continuas relaciones con el mundo de la ciencia, tanto para impulsar algunos estudios como para oponerse a otros por motivos doctrinales o morales. Conocer la historia de las relaciones entre la Iglesia católica y la ciencia resulta de interés en el mundo contemporáneo, para comprender de qué manera la Iglesia haya colaborado u obstaculizado la investigación en el mundo científico.

Historia[editar]

Bajo Imperio romano[editar]

David C. Lindberg y Ronald Numbers dicen que los Padres de la Iglesia no prestaron interés especial en las ciencias o filosofía natural, pero esta actitud era compartida por el mundo pagano y por los intelectuales del Imperio Romano. Excepto por la medicina y la astronomía, el resto de las ciencias no eran tenidas en cuenta.

Los Padres de la Iglesia usaron el conocimiento científico de la Grecia Clásica en defensa de su fe contra las herejías y para la elucidación de las escrituras y en el proceso preservaron y transmitieron durante el período de caos y violencia del primer siglo del cristianismo.[1]

Los primeros cristianos no temían defender su fe contra los paganos utilizando la razón. Entre los escritores cristianos conocidos como apologistas se destacan san Justino, san Ireneo de Lyon, san Hipólito de Roma, Novaciano, Tertuliano; formando la Escuela de Alejandría, Orígenes —el padre de la Teología—, san Panteno, san Cipriano y san Clemente; y, de la Escuela de Antioquía, san Luciano. Otros, como Taciano proclamaban la falta de utilidad de la cultura pagana.

Durante el primer milenio del cristianismo, la ciencia tenía un papel secundario, (distinto a la hegemonía intelectual y autonomía que goza hoy), pero tampoco fue víctima de la intolerancia de la Iglesia católica. La ciencia, más que enemiga, fue para la Iglesia una valorable (sino enteramente confiable) sirvienta.

La tradición científica de la experimentación creada por los filósofos presocráticos ya había sido relegada en su mayor parte por el pensamiento místico de Pitágoras y Platón. Durante el Imperio Romano la ciencia experimental prácticamente no existió así como el desarrollo de las matemáticas. Carl Sagan señala a Hipatia como la última representante de la ciencia.La pagana Hipatia (asesinada por una turba en el entorno de las luchas político-religiosas de esa época) fue maestra del obispo Sinesio de Cirene —con quien mantuvo una importante correspondencia. No hubo más actos violentos contra los filósofos paganos de la Escuela neoplatónica de Alejandría, que siguió activa hasta la conquista musulmana de Egipto en el año 640, sin que su actividad se viera interrumpida siquiera por el cierre de la Academia de Atenas en tiempos de Justiniano I.[2]

Contemporáneos de Hipatia fueron la emperatriz romana consorte Elia Eudocia y el obispo Agustín de Hipona.

Elia Eudocia tenía gran formación literaria y retorica, fue conversa al cristianismo, y usó su gran influencia en la corte para proteger a paganos y judíos, además favoreció desde su posición privilegiada la cultura, rodeándose de gramáticos y filósofos.

Agustín de Hipona sostenía que la Biblia no tiene ninguna autoridad en temas científicos: ”El Espíritu de Dios que hablaba por medio de los autores sagrados, no quiso enseñar a los hombres estas cosas (de astronomía) que no reportan utilidad alguna para la vida eterna” (De Genesi ad literam o De la interpretación literal del Génesis, 2:9). Según los científicos Roger Penrose y Paul Davies, Agustín tuvo una «intuición genial» acerca de la relación espacio-tiempo, al afirmar que el universo no nació en el tiempo sino con el tiempo, o sea, el tiempo y el universo surgieron a la vez, adelantándose así 1500 años a Albert Einstein y su Teoría de la Relatividad.[3] También san Agustín, (quien tuvo contacto con las ideas del evolucionismo de Anaximandro) sugirió en su obra La ciudad de Dios, que Dios pudo servirse de seres inferiores para crear al hombre infundiéndole el alma, y aunque defendía la idea que la existencia es por un Dios, no todo organismo y lo inerte salían de Él, sino que algunos sufrían variaciones evolutivas a partir de sus creaciones.[4]

En este periodo se recuerda también a santa Fabiola de Roma, una noble matrona romana convertida al catolicismo muerta en 399, a quien se le atribuye la fundación del primer hospital que registre la historia de la civilización de Occidente, donde ella misma ayudaba como enfermera.

Durante el Bajo imperio romano , el Período de las Grandes Migraciones, y la posterior caída del Imperio Romano, los monasterios y abadías se dedicaron a proteger el legado cultural del Mundo Clásico. Por ejemplo, el centro más importante de preservación y transmisión de la cultura clásica se hallaba en la Abadía de Montecasino gracias a la labor de recopilación de los monjes benedictinos. Otro centro en donde se preservó la cultura de la Antigüedad clásica fue el Monasterio de Vivarium fundado por Casiodoro.[5]

En opinión de Thomas Cahill, la civilización occidental fue salvada gracias a los monjes irlandeses y a la Misión hiberno-escocesa. Tiempo después, la cultura clásica preservada en los manuscriptos recopilados y transcriptos por los monjes irlandeses, se conservaron en las Islas Británicas. Rodney Stark sostiene:[6]

Si los seguidores de Jesús se hubiesen mantenido como una oscura secta judía, la mayoría de ustedes no habrían aprendido a leer y el resto de ustedes estaría leyendo de rollos copiados a mano. Sin una teología comprometida con la razón, el progreso y la igualdad moral, hoy el mundo entero estaría como las sociedades no europeas estaban, digamos, en 1800: un mundo con muchos astrólogos y alquimistas, pero no con científicos. Un mundo de déspotas, carente de universidades, bancos, fábricas, anteojos, chimeneas y pianos. Un mundo donde la mayoría de los niños no llegan a la edad de cinco y muchas mujeres muriendo durante el trabajo de parto, un mundo verdaderamente viviendo en "edades oscuras".

La Edad Media[editar]

Número de manuscriptos producidos en la Edad Media.

Durante los años de la Alta Edad Media, -aproximadamente del 476 al año 1000- la contribución de la Iglesia al movimiento científico fue solo de preservación y transmisión. Entre los nombres que se pueden mencionar en contribuir a la ciencia y la cultura, son los de el teólogo y filósofo Boecio, el del obispo Isidoro de Sevilla y el del monje Beda el venerable[5] . Importantísima es la mención del clérigo, teólogo y erudito pedagogo Alcuino de York quien al llegar a la corte de Carlomagno, reintrodujo la cultura clásica al continente y dio comienzo al Renacimiento carolingio.En dicha corte destacó también el monje y astrónomo irlandés Dungal de Bobbio, quien explicó el doble eclipse del año 810 basándose en los escritos de Macrobio y de Plinio el Joven. Paul Butzer sostiene que la corte de Carlomagno tuvo contacto con los conocimientos matemáticos de los árabes de España.[7]

El emperador bizantino Miguel II envía a Aquisgrán las primeras copias de la obra de filosofía platónica de Pseudo Dionisio Areopagita, traducidas del griego al latín por Hilduino de Saint-Denis y Juan Escoto Erígena (obra que inspiraría el pensamiento de Nicolás de Cusa).[8]

También en este periodo de la historia se pueden citar al obispo Teodulfo, al monge y botánico Walafrido Strabo, al abad Lupus Servatus, al monge Erico de Auxerre, al arzobispo y matemático León de Tesalónica, al teólogo y bibliógrafo Aretas de Cesarea, y al archidiácono astrónomo Lupito de Barcelona . Notable también es la creación del alfabeto glagolítico por los hermanos Cirilo y Metodio, y el posterior alfabeto cirilico inventado por el arzobispo Clemente de Ohrid, fundador también de la Escuela literaria de Ohrid, y quien fue sucedido por Naum de Preslav.

Recordemos también el aporte a la ciencia de su época que le dieron algunas religiosas, como la canonesa Hroswitha de Gandersheim, quien en su interés por las ciencias del trívium y quadrivium tradujo las principales obras científicas árabes, o la abadesa Hildegarda de Bingen, escritora, médico y naturalista, o incluso la monja Herrada de Landsberg autora de la primera enciclopedia editada, escrita e ilustrada por una mujer, donde trata de compilar toda ciencia estudiada en su tiempo.[9]


A comienzos del siglo XI el monje, astrónomo y matemático Eilmer de Malmesbury se convirtió en uno de los primeros seres humanos de la historia en realizar un intento serio por volar .[10] Se lo considera pionero de la aviación, 900 años antes de que los hermanos Wright patentaran el aeroplano.[11]

En ese mismo siglo el benedictino y escolástico Anselmo de Canterbury, sostenía que Dios actúa mediante un poder absoluto y un poder ordenado (potentia absoluta , potentia ordinata): si bien Dios tiene poder absoluto para hacer de una piedra un elfo, iría contra su misma dignidad hacer un caos del mundo, pues Dios lo rige a través del orden y leyes que Él mismo creó. Así, un milagro es un suceso que por designio divino rompe con las leyes de la Física, y si el mundo fuese caótico no se distinguiría un milagro de algo que no lo es. Esta idea sería retomada y trabajada tiempo después por Juan Duns Scoto[12]

El filósofo Guillermo de Conches decía:[5]

Puesto que ellos mismos ignoran las fuerzas de la naturaleza y desean tener a todos los hombres como compañeros de su ignorancia, están poco dispuestos a que alguien las investigue, a cambio prefieren que creamos como los campesinos y no ahondemos en las causas (naturales) (de las cosas). Sin embargo nosotros decimos que la causa de todas las cosas debe investigarse.(...) Pero esta gente, (...) si sabe de alguien que piense así, le proclama hereje.

Según el erudito en Historia Medieval Robert Bartlett, en la Edad Media los fenómenos naturales tenían explicación tanto natural como sobrenatural sin contradecirse. Un ejemplo de esto es la explicación que da el sacerdote y luego cardenal Oliver de Paderborn sobre un eclipse lunar que ayudó a los cruzados para tomar de noche la ciudad de Damieta en 1218. El clérigo expresa saber que el eclipse era un fenómeno natural, pero también lo atribuye a la intervención divina.

Mención aparte merece el obispo Alberto Magno (o el Grande) quien además de teólogo y filósofo, era geógrafo, astrónomo, físico y químico.También en sus obras se cuentan tratados de lógica, metafísica, matemáticas, medicina y fisiología animal. Su método consistía en la observación, descripción y clasificación de los fenómenos estudiados, abriendo la puerta a trabajos futuros, considerandosele así precursor del progreso científico. Alberto Magno fue también maestro de Tomás de Aquino.[13] [14] [15] En el pensamiento del filósofo dominico Tomás de Aquino no había contraposición entre religión y ciencia, y sostenía que la fe y la razón se complementan.[16] Otros nombres que se pueden mencionar en esta época son los de Buenaventura de Fidanza (San Buenaventura) (1217-1274) obispo, teólogo y filósofo, Witelo (1220-1277) fraile y gran erudito, Dietrich von Freiberg (1250-1310) a quien debemos la primera teoría acerca de la naturaleza del arco iris .[17]

El obispo franciscano Robert Grosseteste(1175-1253) fundó la Escuela de Oxford, un grupo de académicos medievales de la universidad de Oxford, ligados a la orden franciscana, dentro del marco de la escolástica tardía. Dedicados a varias ramas del saber, como la filosofía y la teología, son especialmente conocidos por sus aportes en lógica, matemática y física. Durante el siglo XIV introdujeron la interpretación matemática en la física aristotélica, y propusieron cuestiones y problemas nuevos, adelantándose a los que trató con mayor propiedad la ciencia moderna. Además de Grosseteste, el grupo estaba conformado por los también franciscanos Roger Bacon, Juan Duns Scoto, Guillermo de Ockham, Tomás de York, John Peckham y Ricardo de Mediavilla.

Poco antes del cataclismo de la Peste Negra un grupo de matemáticos relacionados con el Merton College y conocidos como los Calculadores de Oxford se abocaron a la tarea de tomar un acercamiento lógico-matemático a los problemas filosóficos. Este grupo, compuesto por Thomas Bradwardine, William Heytesbury, Richard Swineshead y John Dumbleton. su labor cientíifica se basó en las investigaciones previas de Walter Burley y Gerardo de Bruselas. El físico e historiador científico Clifford Truesdell, escribió:[18]

Las fuentes ahora publicadas nos demuestran, por encima de cualquier duda, que las principales propiedades cinemáticas de los movimientos uniformemente acelerados, aún atribuidas a Galileo por los textos de física, fueron descubiertas y probadas por académicos del Merton College (...)

El escolástico Jean Buridan(1300-1358) con su teoría del ímpetus (desarrollada por el sacerdote Juan Cancio), sentó las bases para la posterior teoría de la inercia, desarrollada a su vez, por Galileo y Newton.

Si se quisiera separar, mediante una línea precisa, el reinado de la ciencia antigua del reinado de la ciencia moderna, nos parece, habría que trazarla en el instante en el cual Juan Buridan concibió esta teoría, en el instante en el cual se dejó de considerar a los astros como movidos por seres divinos, en el cual se admitió que los movimientos celestes y los movimientos sublunares dependían de una misma mecánica.[19]

Uno de los discípulos de Buridan fue el teólogo y filósofo Enrique de Langenstein, quien desempeñaría una importante función en el desarrollo de las matemáticas en Viena y en Alemania. Trató de modo especial cuestiones astronómicas, contribuyendo a desacreditar las creencias astrológicas. Rechazó la teoría aristotélica sobre la diferente naturaleza del mundo celeste y el sublunar.[20] Otros discípulos de Buridan fueron Alberto de Sajonia y Marsilio de Inghen.[21]

En la astronomía se destacó Johann Müller Regiomontano, obispo y discípulo del cardenal Basilio Besarión, un erudito griego emigrado a Occidente luego de la caída de Constantinopla.


La Escuela de Chartres[editar]

En el siglo XII, como parte del Renacimiento del siglo XII, la Escuela de Chartres fue el centro de reunión de una comunidad de filósofos y pensadores que realizaron grandes contribuciones al conocimiento humano. Fue esta escuela catedralicia en donde se sostuvo la idea que Dios creó el Universo y que lo regula a través de leyes creadas por Él mismo, por lo tanto, el mundo y todo lo creado podía ser mensurado y cuantificado usando el intelecto y la matemática.

El fundador de la Escuela fue el abad Fulberto, discípulo de Gerberto de Aurillac, quien a su vez fue el producto de la reforma educativa que iniciara Alcuino en el reinado de Carlomagno.

Thierry de Chartres sostenía que los cuerpos celestes como planetas y cometas, estaban constituidos de los mismos materiales con lo que estaba construida la Tierra, y no como sostenían los pensadores clásicos, que los cuerpos celestes debían estar compuestos de una "materia divina" o hasta "tener alma".

Thomas Goldstein describe la importancia última de la escuela de Chartres en los siguientes términos:

Formulando las premisas filosóficas, definiendo los conceptos básicos del cosmos de los cuales posteriormente se fueron especializando las ciencias, reconstruyendo sistemáticamente el conocimiento científico del pasado y emplazando el porvenir evolutivo de la ciencia occidental en una sólida vía cada uno de estos pasos parecen tan cruciales que, tomados en conjunto, pueden significar una sola cosa: que en un período de 15 o 20 años en torno a la mitad del siglo XII, un manojo de hombres estaban conscientemente comprometidos a lanzar la evolución de la ciencia occidental y dieron los grandes pasos que se necesitaban para lograr tal fin.

Adelardo de Bath es otro destacado representante de la Escuela de Chartres. Tradujo del árabe los Elementos de Euclides, la Introducción a la Astrología de Albumasar y las Tablas Astronómicas de Al-Juarismi.[22]

Un momento importante en la historia de la ciencia en la Europa cristiana medieval fueron las Condenas de la Universidad de París. Durante el siglo XIII los obispos de París condujeron una serie de investigaciones destinadas a prohibir ciertas enseñanzas de Aristóteles y de Averroes que eran consideradas heréticas o contrarias al dogma cristiano. Las primeras investigaciones se llevaron a cabo por el Sínodo Provincial reunido en Sensen 1210. Luego siguieron las Condenas de 1270 y 1277, año en que el Obispo de París Étienne Tempier promulga la condena sobre las tesis de los profesores Sigerio de Brabante y Boecio de Dacia. A pesar de tratarse de un claro acto de intolerancia y persecución contra el libre pensamiento por parte de la Iglesia católica, algunos historiadores destacan los beneficios que esto aportó a la ciencia. Pierre Duhem le otorga una importancia crucial: dice que si se pudiese establecer una fecha para el nacimiento de la ciencia moderna, esta sería el año 1277: la prohibición de la enseñanza de las ideas de Aristóteles propició a que los intelectuales de la época se desembarazaran de los rígidos dogmas aristotélicos y comenzaran a tratar de experimentar.Stanley L. Jaki dice que el hecho de censurar ideas panteísticas de Aristóteles ayudó a los pensadores medievales a estudiar el mundo. Para Jaki, la concepción panteísta de muchas civilizaciones impidió el nacimiento de la ciencia, o que la ciencia "naciera muerta".[20]

Mundo islámico, preservación de la Cultura Clásica e Iglesia[editar]

Si bien el contacto de Occidente con el Mundo Islámico fue de gran importancia para el Renacimiento cultural de Europa del siglo XII, se ha menospreciado el papel de los propios occidentales y en particular de la Iglesia en la preservación y difusión del conocimiento del Mundo Clásico.

El profesor Sylvain Gouguenheim relativiza el papel del Islam en la preservación de la Cultura Clásica y de su posterior introducción al Occidente, sosteniendo que el papel islámico en la protección del legado griego no fue decisivo [23] . Por lo cual señala los siguientes puntos:

  • Occidente siempre mantuvo vínculos con el Bizancio cristiano, vínculos por los que circulaban los textos de los antiguos griegos.
  • del año 685 al 752, buena parte de los papas son de origen griego y sirio
  • entre el 758 y el 763, el rey franco Pipino el Breve pide al papa Pablo I que le envíe textos griegos, en especial la Retórica de Aristóteles
  • en Sicilia y Roma nunca faltaron lectores de griego
  • Occidente nunca olvidó que los evangelios se escribieron en griego y que los Padres de la Iglesia citaban a los filósofos clásicos
  • desde Carlomagno (con Alcuino y su "renacimiento carolingio") hasta el siglo XIII, hubo en Europa varios "renacimientos parciales" cuando las circunstancias lo permitían; en ellos no hubo especial aportación desde el mundo islámico.
  • los traductores de la abadía francesa de Mont-Saint-Michel tuvieron un papel primordial al traducir casi toda la obra de Aristóteles directamente del griego al latín, y lo hicieron varias décadas antes de que la Escuela de Traductores de Toledo tradujera las obras de Aristóteles del árabe al latín.
Abadía de Mont-Saint-Michel.

Según Thomas Woods: "la contribución de los musulmanes a la ciencia, ocurrió 'a pesar' del Islam más que debido a él. Los académicos ortodoxos islámicos rechazaban absolutamente toda concepción del universo que implicara leyes físicas consistentes, debido a la absoluta autonomía de Alá, que no podía ser restringida por leyes naturales. Las leyes naturales eran nada más que mero hábitos de expresión, por parte de Alá y podrían ser discontinuadas en el tiempo".[24]

Entre los primeros traductores de Aristóteles estuvo Jacobo de Venecia, muerto alrededor de 1150.[25] Jacobo vivió por muchos años en la corte de Constantinopla y tradujo las obras de Aristóteles directamente del griego al latín mucho antes que Raimundo de Toledo asumiera como obispo y diera inicia a la Escuela de Traductores de Toledo.

A partir del siglo XII el uso de la lógica empírica de la tradición de los filósofos presocráticos fue rescatada por los pensadores del medioevo. Entre ellos los siguientes:

Las universidades[editar]

La Iglesia católica fundó las primeras universidades, (tanto de Europa, como de América y Asia). En Europa de las 52 universidades medievales, varias fueron fundadas o confirmadas por los Papas, entre ellas: Universidad de Bolonia, Universidad de Oxford, Universidad de Cambridge, Universidad de Montpellier, Universidad de Padua, Universidad de Orleans, Universidad de Valladolid, Universidad de Salamanca, Universidad de París(La Sorbona), Universidad de Coímbra, Universidad de Lérida, Universidad de Aviñón, Universidad de Roma "La Sapienza", Universidad de Pisa, Universidad Jaguelónica en Cracovia, Universidad de Heidelberg, Universidad de Colonia, Universidad de Ferrara, Universidad de Leipzig , Universidad Católica de Lovaina. Otras que fueron fundadas posteriormente son : la Universidad de Basilea, Universidad de Upsala, Universidad de Alcalá, Universidad de Vilna, y la Universidad de Varsovia.

David C. Lindberg dice:[26]

Debo decir enfáticamente que dentro del sistema educativo el maestro medieval tenía un gran nivel de libertad. el estereotipo de la Edad Media nos muestra al profesor como un ser invertebrado y servil, un esclavizado seguidor de Aristóteles y de los Padres de la Iglesia (exactamente como una persona puede ser un seguidor esclavizado de ambos, el estereotipo no lo explica), temerosos de apartarse de una iota de las demandas de la autoridad. Existía un límite importante en lo que se refería a la teología, desde luego, pero dentro de esos límites el maestro medieval disfrutaba de una libertad de pensamiento y expresión verdaderamente remarcable; casi no hubo doctrina filosófica o teológica, que no fue sometida a un escrupuloso escrutinio y crítica por los eruditos en la Universidad medieval.

Edward Grant agrega:[cita requerida]

¿Qué fue lo que hizo posible que la Civilización Occidental desarrollara la ciencia y las ciencias sociales de la manera en la que nunca antes fue hecha? La respuesta, estoy convencido, descansa en un espíritu profundamente arraigado de investigación que fue la consecuencia natural en el énfasis en la razón que se inició en la Edad Media. Con la excepción de las Verdades reveladas, la razón fue entronizada en las universidades medievales como el último árbitro para la mayoría de los argumentos intelectuales y controversias. Fue por demás natural para los eruditos inmersos en el ambiente universitario emplear la razón para investigar de temáticas en áreas que no habían sido exploradas con anterioridad, también como discutir posibilidades que previamente no habían sido seriaamente tratadas.

Entre las primeras universidades de América figuran la Universidad Mayor de San Marcos, y la Universidad Santo Tomás de Aquino, ambas fundadas en el siglo XVI. En Asia por su parte, destacan como las primeras en crearse la Universidad de Santo Tomás (Filipinas), (fundada por Dominicos), y la Universidad de San Carlos (Filipinas), (fundada por Jesuitas).

Medicina[editar]

Entre los médicos que se destacan se encuentran:[27]

Esfericidad de la Tierra[editar]

Los obispos Basilio el Grande y Agustín de Hipona daban por hecho que la Tierra era esférica, aunque para ellos el tema era irrelevante (San Agustín sostenía que era imposible que hubiera seres humanos habitando en la antípodas de la Tierra). Lactancio y Cosmas Indicopleustes sostuvieron la teoría de la Tierra Plana. En el siglo VIII, Beda el Venerable defendía la esfericidad de la Tierra y de allí en más todos los pensadores eclesiásticos sostuvieron la teoría de la Tierra con forma esférica.[28] El destacado obispo, teólogo, geógrafo y filósofo Alberto Magno también creía en la esfericidad de La Tierra.

Vida en otros planetas[editar]

El obispo Étienne Tempier sostenía que, al contrario que Aristóteles, Dios pudo haber creado más mundos.[29] Nicolás Oresme, obispo de Lisieux estuvo de acuerdo con la posible existencia de una multiplicidad de mundos a través del tiempo o separado por el espacio.[30] El cardenal Nicolás de Cusa consideró como posible la existencia de vida en la Luna y en el Sol.[31] En 1600 Giordano Bruno fue condenado a la hoguera no por sus ideas acerca de la existencia de la pluralidad de mundos, sino por sus ideas consideradas heréticas de no aceptar la divinidad de Cristo y de negar la existencia de la Santísima Trinidad. Ya Bruno había sido excomulgado por la propia Iglesia católica, por la Iglesia luterana y por el Calvinismo.

Ciencia moderna[editar]

Astronomía[editar]

Nicolas Copérnico[editar]

Nicolás Copérnico fue un canónigo polaco, además de astrónomo, jurista , economista y matemático, considerado el precursor de la astronomía actual.

James Burke señala que la necesidad de establecer un calendario llevó a que Copérnico postulara la teoría del heliocentrismo.

Su obra máxima De revolutionibus orbium coelestium , está dedicada al papa Paulo III. Es considerada el inicio de la astronomía moderna y pieza clave en la Revolución científica del Renacimiento.

Galileo Galilei[editar]

Thomas Kuhn dice:[32]

Jean Buridan y Nicolás Oresme, los escolásticos del siglo catorce quienes llevaron a la teoría del ímpetus a sus más perfectas formulaciones, son las primeras personas que se conozca de haber visto en los movimientos oscilatorios todo lo que luego vería Galileo.

Galileo Galilei era miembro destacado de la Academia Nacional de los Linces, (creada en Roma en 1603, por el papa Clemente VIII, y el príncipe romano Federico Cesi), antecesora de la actual Academia Pontificia de las Ciencias. La jerarquía lo autorizó a enseñar el sistema heliocéntrico copernicano, pero solamente como una simple hipótesis y no como una verdad física. Sin embargo, al publicar Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo, fue llamado y se le exigió probar su teoría, de la cual no pudo dar pruebas consideradas fehacientes. Así, fue sentenciado a retractarse, a guardar silencio, y a una especie de arresto domiciliario. Según Owen Gingerich, no fue encerrado en una mazmorra ni torturado,[33] lo cual es refrendado por Vittorio Messori.[34]

Hay que comprender que la mayoría de la gente pensaba que el sistema copernicano era totalmente ridículo; además nadie quería adoptar el sistema copernicano... la controversia de Galileo “cambió esencialmente la forma en que hacemos ciencia porque hoy la ciencia trabaja sobre todo por la persuasión y no por las pruebas, y Galileo influyó mucho en que esto ocurriera.[33]

Owen Gingerich

Sobre este punto Vittorio Messori, comenta lo siguiente:

Si a partir del siglo XVII la ciencia parece emigrar primero al norte de Europa y luego al otro lado del Atlántico —es decir, fuera de la órbita de las regiones católicas—, el motivo está en la desviación del curso seguido por la propia ciencia. Ante todo, los costosos instrumentos (de los que el mismo Galileo es pionero), requieren fondos y laboratorios que sólo pueden permitirse países económicamente avanzados... la ciencia, desde el momento en que se pone al servicio de la tecnología, puede desarrollarse sobre todo en países que, como los nórdicos, han conocido una muy temprana revolución industrial... Es decir, mientras que antes la ciencia sólo tenía relación con la inteligencia, la cultura, la filosofía y las mismas artes, a partir de la época moderna está vinculada al comercio, la industria y la guerra.[34]

Sería el erudito e ilustrado papa Benedicto XIV, quien eliminó del Índice de libros prohibidos la obra De revolutionibus de Copernico, y quien autorizó por primera vez las obras de Galileo en 1741 [35]

Los logros científicos de los jesuitas[editar]

Un apartado especial es la relación que mantuvieron los jesuitas con el astrónomo luterano Johannes Kepler. Diez años antes de que Galileo defendiera la Teoría heliocéntrica, Johannes Kepler publicó una obra que defendía y ampliaba la teoría heliocéntrica de Copérnico. La posición de Kepler en relación a la defensa del heliocentrismo encontró el rechazo de sus colegas protestantes pero obtuvo una buena recepción entre algunos jesuitas de buena reputación por sus logros científicos.[36]

Cuando Kepler se halló en dificultades económicas tales que no poseía un telescopio para poder continuar con sus observaciones, el jesuita Paul Goldin le pidió a otro hermano jesuita, el padre Niccolo Zucchi a que le donara un telescopio a Kepler (en 1616, Zucchi había diseñado el primer telescopio de reflexión cóncavo).[37] [38]

Cuando Kepler sostuvo que los planetas giran alrededor del Sol no en órbitas circulares sino elípticas, fue el astrónomo Giovanni Cassini quien confirmó lo sostenido por Kepler, realizando observaciones en la Basílica de San Petronio.

Cuando Kepler fue expulsado por los luteranos de la Universidad de Tubingen en 1596 y excomulgado por el obispo luterano de Linz, fueron los jesuitas los que le dieron asilo y protección.[39] [40] [41] [42] Los jesuitas intecedieron ante el emperador para que Kepler no fuera expulsado de la universidad de Graz, cuando el emperador ordenó la expulsión de todos sus súbditos que no fuesen católicos. Ferdinand Verbiest fue el inventor del primer vehículo a vapor del que se tenga constancia . A Francesco Lana de Terzi , se le llama el pionero de la Aeronáutica moderna . Los jesuitas participaron en el diseño de los primeros telescopios.[43]

El sacerdote jesuita Angelo Secchi fue uno de los pioneros de la espectroscopia estelar, un sistema para estudiar a distancia la composición química de los astros. Basándose en sus observaciones, propuso un sistema de catalogación de estrellas en cuatro tipos. Asimismo hizo importantes estudios sobre el Sol.

El sacerdote jesuita Ruđer Bošković ha sido llamado como el "padre de la moderna teoría atómica".[44]

Los jesuitas Tomás Falkner y Florián Paucke realizaron estudios etnográficos en América del Sur y Falkner descubrió el primer fósil de un megaterio.

En la astronomía se destacaron, entre otros, Johann Adam Schall von Bell (1591-1666), Mario Bettinus (1582-1657), Cristóbal Clavio (1537-1612), Honoré Fabri (1607-1688), Athanasius Kircher (1608-1680), Matteo Ricci (1552-1610), Christopher Sheiner (1575-1650), Grégoire de Saint-Vincent(1584-1667), Gaspar Schott (1608-1688), Buenaventura Suárez (1679-1750), Giuseppe Piazzi(1746-1826 ).

Humbodlt hace notar que los primeros astrónomos que identificaron a Ácrux fueron los jesuitas Fontaney, Noel y Richaud, entre 1681 a 1687.

El sacerdote jesuita José de Acosta fue un naturalista español que recogió gran cantidad de información sobre la flora y la fauna de América. Las obras de Acosta fueron leídas por el naturalista alemán Alexander von Humboldt. Acosta propuso que las especies americanas evolucionaron de otras especies provenientes de Europa; si bien la idea de que las especies americanas proviniesen de Europa es errónea, propuso la idea de la evolución de las especies 300 años antes que lo hiciera Charles Darwin y también propuso que estas especies se adaptaban al medio que la circundaban.[45]

Un importante centro de investigación astronómica fue el Observatorio de Viena siendo uno de sus directores el prestigioso astrónomo Maximilian Hell. Su sucesor fue el jesuita Franz de Paula Triesnecker; en la Luna el Cráter Triesnecker lleva su nombre.

Cabe destacar que treinta y seis cráteres de la Luna llevan los nombres de matemáticos y científicos jesuitas.[46]

A manera de guisa, a los nombres ya mencionados, se pueden citar los nombres los siguientes sacerdotes jesuitas dedicados a la ciencia:

Siglos XVI al XIX[editar]

Busto de Maria Gaetana Agnesi.

En 1603 se funda la Academia Pontificia de las Ciencias.

Entre los científicos de este período que además fueron clérigos de la Iglesia católica, se puede mencionar a:

Derecho[editar]

La Iglesia ha hecho grandes contribuciones al Derecho. Por ejemplo, el obispo Stephen Langton convocó y participó en la redacción de La Carta Magna, en plena Edad Media. Fue en la Escuela de Salamanca en donde se establecieron las bases de los Derechos humanos.[47] Profesores de la Escuela de Salamanca como Francisco de Vitoria defendieron los derechos de los americanos que se debatieron en la reunión conocida como la Junta de Valladolid, (curioso paralelismo siglos atrás, cuando ya San Agustín como Ratramno de Corbie elucubraban si existían los cinocéfalos, o sea, hombres con rostro canino y, de ser así, si eran descendientes de Adán y por tanto humanos, y por ende si la Iglesia tenía la obligación de evangelizarlos. Agustín decía que seguramente no existían y de ser así, debían ser mortales y racionales para ser considerados humanos). Los habitantes de América no se mencionaban en la Biblia y no se encontraban dentro del linaje de Adán. Pero la Iglesia, con la Bula Sublimus Dei del papa Pablo III, reconoció a los aborígenes los derechos fundamentales de todo ser humano: la vida y la libertad. Así, varios frailes y clérigos fueron defensores y protectores de estos ante los conquistadores. Los más conocidos son: fray Antonio de Valdivieso, fray Antonio de Montesinos, fray Juan de Zumárraga, fray Toribio de Benavente, fray Pedro de Córdoba, fray Pedro de Gante, y fray Bartolomé de las Casas, el más acérrimo defensor y denunciante para el cumplimiento de los derechos indígenas. Otros clérigos protectores de los amerindios en la época colonial , son : fray Vasco de Quiroga , fray Diego Álvarez de Osorio , fray Domingo de Betanzos , fray Alonso de Montufar , fray Jodoco Ricke , y el padre Luis de Valdivia.

Es de destacar que esta tradición de defensa de los Derechos Humanos se plasmó siglos después con Peter Benenson, abogado inglés militante de izquierda que luego de haberse convertido al catolicismo fundó Amnistía Internacional.

Teoría del Big Bang[editar]

El modelo de la Teoría del Big Bang es la teoría cosmológica actualmente aceptada por la comunidad científica y que trata del origen y temprano desarrollo del Universo conocido. Fue propuesta por primera vez por el sacerdote belga Georges Lemaitre, astrónomo y profesor de física en la Universidad de Lovaina. Lemaitre fue uno de los primeros en aplicar la Teoría de la Relatividad en la cosmología. Lemaitre teorizó en los años veinte que el Universo comenzó como un punto geométrico al que llamó el "átomo primordial", que estalló y que aún sigue expandiéndose.[48]

Teoría de la evolución de las especies[editar]

La única condena contra la Teoría de la Evolución fue hecha por el Concilio de Obispos de Alemania de 1860. Pío IX no realizó una condena explícita a la evolución ni en la Quanta cura ni en el Syllabus. La Comisión Bíblica en 1909 sostuvo que no se ha de buscar rigor científico en el Libro del Génesis en cuanto a la creación del mundo.

La posición de la Iglesia fue cauta. La Iglesia advirtió y sancionó solo a unos pocos eclesiáticos que adhirieron a la Teoría de la Evolución, entre ellos el dominico Marie-Dalmace Leroy, el sacerdote americano John Augustine Zahm, el sacerdote italiano Raffaello Caverni, el obispo italiano Geremia Bonomelli y el obispo John Hedley. El biólogo británico George Jackson Mivart fue excomulgado por la Iglesia pero esto no tuvo que ver en nada por ser Mivart adherente al evolucionismo.[49]

En España, entre los adherentes al evolucionismo se puede mencionar al cardenal Ceferino González y el teólogo místico y biólogo Juan Tomás González de Arintero.[50]

En la encíclica Humani generis se deja perfectamente claro que la Iglesia no se opone al evolucionismo en cuanto a la búsqueda del origen del cuerpo, (pero sí se opone cuando a partir del evolucionismo se intenta explicar el origen del alma humana). El mismo documento se opone al poligenismo, es decir, cuando se pretende sostener que la humanidad surgió no de una sola pareja macho y hembra, sino de una multiplicidad de ellas.[51] . Igualmente el papa Juan Pablo II, recordando la Humani generis, retomaría ese tema ante la Academia Pontífica de ciencias, en un mensaje en octubre de 1996, manifestando lo siguiente: "hoy, casi medio siglo después de la publicación de la encíclica, nuevos conocimientos llevan a pensar que la teoría de la evolución es más que una hipótesis".[52]

Actualidad[editar]

Durante los siglos XIX y XX científicos católicos han hecho grandes aportes a la ciencia. Louis Pasteur, Madame Curie, Enrico Fermi, Guillermo Marconi, Alexander Fleming, Pierre Duhem, E.T. Whittaker, Alexis Carrel (converso), y José Pascual Vila. También fueron católicos practicantes Jérôme Lejeune, el descubridor del síndrome de Down , quien resignó el Premio Nobel por su postura en defensa a la vida.[53] , y Ramón Margalef [54] , Entre los nombres de sacerdotes a destacar se hallan, el ya citado anteriormente Georges Lemaître (autor primero de la teoría de la expansión del Universo), y el brasileño Roberto Landell de Moura, quien en 1900 fue el primero en transmitir la voz humana a través de un dispositivo inalámbrico.Entre los representantes de la nueva generación de sacerdotes dedicados a la ciencia se puede mencionar los jesuitas norteamericanos George Coyne y Guy Consolmagno, al jesuita español Manuel Carreira, al también español José Maria Albareda, y al jesuita argentino José Gabriel Funes.En el año 1990 monseñor Franz König cofunda la Academia Europea de Ciencias y Artes. En noviembre de 2009 se realiza la primera Conferencia de Astrobiología en la Academia Pontificia de las Ciencias y la conferencia fue organizada por el padre José Gabriel Funes. Uno de los conferencistas el profesor Chris Impey de la Universidad de Arizona dijo:

Este diálogo y los resultados de la ciencia están siendo presentados en la casa del Papa, está ocurriendo en el corazón de la Iglesia católica. La receptividad de la información es la cosa más importante.

Relación de la Iglesia con la Revolución científica[editar]

En 1875 el químico e historiador John William Draper escribió una obra titulada Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia, en donde presentaba a la Iglesia católica como enemiga de la ciencia, (a esta tesis se adhirió Andrew Dickson White). La obra fue refutada y criticada por anticatólica por Tomás de la Cámara, Miguel Mir y Marcelino Menéndez Pelayo.

John Hedley Brooke dice que “en sus formas tradicionales, la tesis (religión vs. ciencia) ha sido largamente desacreditada”. David Lindberg dice que “a pesar de un consenso desarrollado entre los eruditos que la ciencia y la religión no han estado en guerra, la noción de conflicto se niega a morir”. Steven Shapin dice que "en los últimos años de la Era Victoriana era muy común escribir acerca del 'estado de guerra entre la ciencia y la religión' y en suponer que estos dos cuerpos de cultura habrían de estar en permanente conflicto. Sin embargo, estas suposiciones han sido sostenida por muy largo tiempo por los historiadores de la ciencia." Edward Grant dice que “si los pensamientos racionales revolucionarios fueron expresados en la Era de la Razón (el siglo XVIII), sólo fue posible debido a la larga tradición medieval que estableció el uso de la razón como una de las más importantes actividades humanas”.[55]

Un gran número de mitos se han creado respecto al conflicto de la ciencia con la religión. En el libro Cero: la biografía de una idea peligrosa, Charles Seife sostiene falsamente que la Iglesia católica prohibió el uso del cero. En 1543 Andrés Vesalio afirma erróneammente que la Iglesia prohibió la disección de cadáveres. Carl Sagan sostenía que en 1456 el papa Calixto III excomulgó al Cometa Halley[56]

El mito del papa Calixto III y el Cometa Halley fue creado por Pierre Simon Laplace y elaborado por François Arago, Camille Flammarion, Jacques Babinet, Robert Grant (astrónomo, 1814-1892), William Henry Smyth, Henry Draper y Andrew Dickson White.[57]

Sobre el origen de la Revolución científica del Siglo XVII varias teorías se han elaborado; el sociólogo Robert K. Merton la atribuye al puritanismo, la historiadora Frances Yates lo atribuye a la magia hermética y Thomas Kuhn a sus sistema de períodos de normalidad científica y de revolución.[58]

El sacerdote benedictino Stanley L. Jaki y el historiador Pierre Duhem atribuye el surgimiento de la ciencia en Europa occidental gracias a la teología católica. Thomas Woods adhiere también a esta idea. Woods niega que la Iglesia haya sido enemiga de la ciencia moderna; muy por el contrario, la Iglesia tiene un papel importante en el nacimiento de la ciencia moderna sino crucial.

Alistair Cameron Crombie, David C. Lindberg, Edward Grant, Thomas Goldstein y J. L. Heilbron han destacado las contribuciones de la Iglesia al desarrollo de la ciencia moderna.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Beyond War and Peace: A Reappraisal of the Encounter between Christianity and Science"
  2. La escuela filosófica de Alejandría ante la crisis del año 529, por Gonzalo Fernández.
  3. El universo según Penrose.
  4. Evolucionismo y cristianismo
  5. a b c Los inicios de la ciencia occidental
  6. The victory of the Reason
  7. Mathematical analysis
  8. The Irish Monastery Movement
  9. http://www.mujeresenlahistoria.com/2011/06/el-jardin-de-las-delicias-herrada-de.html
  10. Woosnam, Maxwell (1986). Eilmer, The Flight and The Comet (en inglés). Malmesbury, Reino Unido: Friends of Malmesbury Abbey. ISBN 0-9513798-0-1. 
  11. Hallion, Richard P. (7 de febrero de 2004). «Pioneers of Flight: Eilmer of Malmesbury». Air Force Link (en inglés). Consultado el 5 de septiembre de 2015. 
  12. Teología
  13. https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=342
  14. http://es.catholic.net/op/articulos/25654/san-alberto-magno-un-gigante-de-la-ciencia.html
  15. http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2010/documents/hf_ben-xvi_aud_20100324.html
  16. http://www.um.edu.uy/_upload/_descarga/web_descarga_130_MARTINEZ_FeyrazonenSantoTomas.pdf
  17. a b Orígenes filosóficos de la Ciencia Moderna
  18. Truesdell, Clifford (1975). Ensayos de Historia de la Mecánica. Editorial Tecnos. ISBN 978-84-309-0597-3. 
  19. Fe y Razón
  20. a b Nicolás Oresme, Gran Maestre del Colegio de Navarra, y el origen de la ciencia moderna
  21. Stanford Encyclopedia of Philosophy
  22. Las traducciones
  23. ¿Fue relevante el Islam para conservar y transmitir la cultura griega a los medievales?
  24. Como la Iglesia Católica construyó la civilización occidental
  25. James of Venice
  26. How the Catholic Church Built Western Civilization
  27. Época Medieval
  28. Las ciencias y el cristianismo en la historia
  29. Acerca de Dios y extraterrestres
  30. El debate de la vida extraterrestre
  31. El hombre que inventó a los extraterrestres
  32. Christianity and the Birth of Science
  33. a b Pentin, Edward (14 de diciembre de 2009). «El legado de Galileo Galilei». Zenit. Consultado el 25 de agosto de 2015. 
  34. a b Messori, Vittorio (2001). «Galileo Galilei». Leyendas negras de la Iglesia. Barcelona: Planeta. 
  35. https://books.google.co.cr/books?id=IyFN5IEWbFEC&pg=PA68
  36. The Galileo Controversy
  37. How the Catholic Church Built Western Civilization by Thomas E. Woods, Page 111
  38. The Galileo Project
  39. The Galileo Affair
  40. Galileo
  41. The dispute between Galileo and the Catholic Church
  42. Catholic churchmen in Science
  43. Jesuits and the Telescope
  44. How the Catholic Church Built Western Civilization
  45. José de Acosta
  46. How the Catholic Church Built Western Civilization
  47. Nuevos mundos, colonialismo
  48. El Universo de Stepehen Hawking: En el Principio
  49. St. George Jackson Mivart (1827-1900): On the Genesis of the Species, 1871
  50. Juan Pablo II, el papa que perdonó a Charles Darwin
  51. Humani generis
  52. http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/messages/pont_messages/1996/documents/hf_jp-ii_mes_19961022_evoluzione.html
  53. Médico que "perdió" el Nobel por defender la vida, se acerca a los altares
  54. http://www.es.catholic.net/op/articulos/45364/cat/423/ecologia-y-fe-ramon-margalef.html#
  55. The Mythical Conflict between Science and Religion
  56. Science and religion: a history of conflict?
  57. Ciencia y la Iglesia
  58. Medieval Science, the Church and Universities


Bibliografía[editar]

  • Wiker, Benjamin: The Catholic Church and Science. Saint Benedict Press/Tan Books Publishers Inc., 2011. ISBN 978-0-89555-910-4.