Moisés

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Moisés
מֹשֶׁה
موسىٰ
Guido Reni - Moses with the Tables of the Law - WGA19289.jpg
Moisés, obra de Guido Reni.
profeta
Padres Amram y Jocabed
Venerado en judaísmo, cristianismo, islam y bahaísmo
Festividad 4 de septiembre

Moisés es un personaje del judaísmo, el cristianismo, el islam y la fe bahá'í.

Según la Torá judía (el Antiguo testamento) era hijo de Amram y su esposa Jocabed. Es descrito como el hombre encomendado por Dios (Hashem) para liberar al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto y como su máximo profeta y legislador.

No existen datos históricos que fundamenten la existencia real de Moisés, pues todas las referencias a él son muy posteriores, cuando ya se había formado el judaísmo.

Hipótesis sobre el origen de su nombre[editar]

Los padres de Moisés. Óleo (Isaac Askenaziy, Rusia, 1891).

Se cree que el nombre Moisés deriva de la supresión de una parte del nombre egipcio original que él habría tenido, puesto que en el antiguo Egipto se colocaba el nombre de un dios antes de la palabra mses. Por ejemplo Ramsés significaba «engendrado por Ra», así que Moisés al huir de Egipto y renegar de su origen egipcio quedó solo como Mses.

Moisés significa ‘salvado de las aguas’ en egipcio antiguo.[1]

En Éxodo 2:10 se narra: «Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija del Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: “Porque de las aguas lo saqué”».[2]

En su libro Antigüedades judías (94 d. C.), el escritor judío Flavio Josefo (Yosef bar Mattityahu) da otra versión: mo: ‘agua’, uses: ‘salvado de’, que coincide con el sentido del nombre explicado por la Torá.

Hagiografía de Moisés según la tradición[editar]

La Torá narra como Moisés lideró junto a su hermano Aarón la salida de los hebreos de Egipto y recibió la Torá de manos de Yahveh —tras haberle sido dictada por inspiración divina— en el monte Sinaí. La Torá comprende la historia de la vida de Moisés y de su pueblo hasta su muerte a la edad de 120 años, que según algunos cálculos exegéticos tuvo lugar en el año judío de 2488, que equivale a 1272 a. C.

Nacimiento[editar]

Poco antes de nacer Moisés, el Faraón promulgó una ley que exigía que todos los recién nacidos israelitas fueran arrojados al Nilo. Iojebed, la tía paterna y esposa del levita hebreo Arman, dio a luz a un pequeño, y lo escondió durante los tres primeros meses. Cuando no pudo ocultarlo más, lo colocó en una cesta (embadurnada con barro en su interior y brea en el exterior para hacerla impermeable) y llevó ésta al Nilo, bajo el cuidado de Miriam, que siguió desde cerca dicha cesta. En dicho momento, la hija del Faraón se bañaba en el río, cuando encontró a Moisés dentro de la cesta. Miriam se acercó y consiguió que la princesa encargara el cuidado de Moisés a su propia madre.

Miembro de la familia del faraón[editar]

Cuando la princesa Batía escogió que una mujer hebrea cuidara de Moisés, la escogida fue nada más y nada menos que su madre biológica. Durante dos años lo amamantó y después fue entregado a la princesa. Cuenta la tradición oral (recopilada en la Mishná) que con tres años, Moisés estaba sentado junto a la familia del faraón y los ministros. Moisés bajó del regazo de Batía, caminó hacia el faraón, levantó su corona y la colocó sobre su propia cabeza. El consejero del faraón exclamó que se trataba de una acción profética y que Moisés le arrebataría el trono. Por tal motivo, otro ministro sugirió una prueba: sugirió colocar enfrente del pequeño un diamante y un trozo de carbón ardiendo para valorar la astucia del niño. Moisés no sólo agarró el carbón ardiente, también se lo llevó a su boca. Se quemó los labios y la lengua, dificultándole el habla (una característica que está mencionada en la Torá) y, por tal motivo, la tradición oral determina que el pueblo hebreo, a sabiendas de la incapacidad de Moisés para la oratoria, comprendió que su líder solo podía dirigirse a ellos por una influencia divina.

Cuando Moisés se hizo adulto, empezó a visitar asiduamente a los esclavos. Un día, al ver cómo un capataz egipcio golpeaba brutalmente a un supervisor hebreo llamado Datán, Moisés mató al capataz egipcio y ocultó su cuerpo bajo la arena, esperando que nadie estuviera dispuesto a revelar algo sobre el asunto. Al día siguiente, vio al joven que había salvado, peleando con su hermano e intentó separarlos. Los dos hermanos, enfadados por la intromisión de Moisés, lo delataron al faraón y Moisés tuvo que huir de Egipto.

Exilio personal[editar]

En una de sus exégesis, Najmánides señala que transcurrió un período prolongado entre la partida de Moisés de Egipto y su arribo a Madián.

Allí trabajó para Jetró (יִתְרוֹ, itró, ‘sacerdote’ en hebreo) de Madián, con cuya hija Séfora se casó más tarde. Allí trabajó durante cuarenta años como pastor, tiempo durante el cual nació su hijo Gershom.

Revelación en la zarza ardiente[editar]

Según se narra en la Biblia, en cierta ocasión Moisés llevó a su rebaño al monte Horeb y allí vio una zarza que ardía sin consumirse. Cuando se volvió a un lado para observar más de cerca aquella maravilla, el Dios Yahveh le habló desde la zarza, revelando su nombre (es decir su verdadero significado) a Moisés.

En la época del emperador Constantino, el monte Horeb fue identificado con el monte Sinaí, pero la mayoría de los expertos creen que se encontraba mucho más al norte[cita requerida].

De acuerdo con la tradición, Yahveh dijo a Moisés que debía volver a Egipto y liberar a su pueblo de la esclavitud. Moisés declaró a Yahveh que él no era el candidato para realizar dicha obra encomendada, dado que al parecer padecía de tartamudez. Yahveh le aseguró que le proporcionaría el apoyo para su obra entregándole las herramientas adecuadas.

Moisés obedeció y regresó a Egipto, donde fue recibido por Aarón, su hermano mayor, y organizó una reunión para avisar a su pueblo de lo que debían hacer. Al principio, Moisés no fue muy bien recibido; pero la opresión era grande y Moisés realizó señales para que su pueblo lo siguiera como un enviado de Yahveh.

Sin embargo, según el relato bíblico, lo más difícil fue persuadir al faraón para que dejase marchar a los hebreos. De hecho, estos no obtuvieron el permiso para partir hasta que Yahveh envió diez plagas sobre los egipcios. Estas plagas (palabra mal empleada, pues en el hebreo bíblico se habla más bien de «señales»), culminaron con la matanza de los primogénitos egipcios, lo cual causó tal terror entre los egipcios que ordenaron a los hebreos que se fueran.

Inicio del éxodo hebreo[editar]

La gran caravana de los hebreos se movía lentamente y tuvo que acampar hasta tres veces antes de dejar atrás la frontera egipcia, la cual se cree que estaba establecida en el Gran Lago Amargo. Otros han sugerido que como muy lejos estaría en la punta más septentrional del Mar Rojo (una mala traducción de la expresión hebrea yam Suf, que significa Mar de juncos). Mientras tanto el faraón cambió de opinión y salió tras la pista de los hebreos con un gran ejército. Atrapados entre el ejército egipcio y el Mar Rojo, los hebreos se desesperaron, pero Yahveh dividió las aguas del mar por mediación de Moisés, permitiendo a los hebreos cruzarlo con seguridad. Cuando los egipcios intentaron seguirlos, las aguas volvieron a su cauce ahogando a los egipcios.

La fecha del Éxodo[editar]

Aunque la Biblia no cita al faraón del Éxodo por su nombre, sí da la fecha exacta del Éxodo. En 1Reyes 6:1 se lee que Salomón comenzó a construir el Templo en el cuarto año de su reinado, 480 años después que los hijos de Israel salieron de Egipto. La mayoría de los estudiosos de la Biblia estiman que el cuarto año del reinado de Salomón fue hacia el año 966 a. C.[3] Según esto la fecha de Éxodo sería hacia el año 1446 a. C., cuando gobernaba Tutmosis III, sin embargo la biblia también nos dice que los esclavos hebreos partieron de Ramesés hacia Sukkot [4] ciudades que no existían en esa época y que datarían el éxodo en el siglo xii a. C. Otras fechas han sido propuestas pero todas carecen de pruebas.

Experiencia en el monte Sinaí[editar]

Moisés con las tablas de la Ley, por Rembrandt.

Moisés suele ser representado con las tablas de los Diez mandamientos.Dios le dio estos Mandamientos directamente a Moisés en el monte Sinaí durante la travesía en el desierto de Sinaí (véase siguiente sección). Moisés subió al monte a recibir las tablas del pacto, y estuvo ahí 40 días. Dios le dio dos tablas de piedra escritas con Su dedo. (Deuteronomio 9:9-10, Éxodo 31:18). Algunos ven contradicción en Éxodo 20, les parece como si fuera Yahveh quien le dicta; sin embargo, dicho pasaje solo indica habló Dios todas esas palabras (las escritas por Dios).

Estas tablas de la ley recogían los diez mandamientos, unas leyes básicas de obligado cumplimiento para todo el pueblo hebreo. Además de ello, le dio una serie de Leyes menores que deberían ser también observadas. Cuando Moisés bajó a notificar a su pueblo, descubrió que en su ausencia habían fundido todo el oro y habían construido un becerro de oro, representación del dios egipcio Apis y le veneraban. Moisés montó en cólera, arrojó a su pueblo las Tablas de la Ley (que se rompieron) y quemó la estatua de oro. Este hecho provocaría la ira de Dios el cual los castigo haciéndolos vagar durante 40 años por el desierto.

Travesía en la península del Sinaí[editar]

La travesía por una serie de parajes inhóspitos de la gran masa de personas fue dura y muchos empezaron a dar rumores y a murmurar contra sus líderes (Moisés y Aarón), aduciendo que era mejor estar bajo el yugo egipcio que padecer las penurias de la travesía. Moisés realizó innumerables milagros para aplacar la dureza de la travesía y demostrar al pueblo de Israel que Yahveh los guiaba. Las manifestaciones divinas fueron pródigas.

Para alimentarlos, Yahveh hizo llover maná del cielo. Para beber, les dio múltiples fuentes de agua, como la fuente de agua amarga convertida en agua dulce, o la roca en la cual Moisés perdió el derecho de entrar en la Tierra Prometida, a causa de no alabar correctamente a Dios.

En su travesía por los desiertos, Israel lucha por primera vez contra los amalecitas, que eran un pueblo principal y vencen solo por la pujanza de Moisés. (Éxodo 17:8). Israel además vence a Arad, a los amorreos liderados por Sehón (Números, 21) y rodean tierras por donde no se les permite combatir ni se les da el paso, como es el caso de las tierras de Edom.

En el monte Sinaí, el pueblo judío fue organizado doctrinalmente por el sacerdocio menor de Aarón. Se les inculca estatutos, mandamientos y por sobre todo el desarrollar fidelidad a los convenios con Yahveh. Esta historia es contada en el Levítico.

En el mismo monte, Yahveh entrega el Decálogo de los Diez Mandamientos, pero al bajar Moisés junto a Josué, encuentra a su pueblo adorando un becerro de oro. Esta perversión a los ojos de Yahveh fue castigada con la muerte, así en el Éxodo se cuenta: «Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo: pasad y volved de puerta á puerta por el campo, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés: y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres».[5] Situaciones como esta se sucederían varias veces en el trayecto hacia Palestina.

Yahveh le volvió a dictar sus diez mandamientos y para transportar las sagradas escrituras, se construyó el arca de la alianza. Para portar dicha arca, se construyó el Tabernáculo, que sería el transporte del arca hasta que se llegara a la tierra prometida, donde se construiría un templo donde albergarla.

Ya cerca de la tierra prometida, Moisés encomienda a 12 espías el investigar y dar un reporte de las bondades de la tierra de promisión, pero al volver, 10 de los 12 espías dan un reporte sumamente desalentador sobre las gentes que moraban sobre estas tierras, inculcando miedo a las huestes armadas y por sobre todo desconfianza a las promesas de Yahveh. Esta historia es contada en el libro de Números.

Según esos textos, Yahveh ―al ver el miedo de su pueblo elegido― prohibió la entrada de todo varón de guerra (mayores de 20 años) a la tierra de promisión, incluyendo al mismo Moisés a quien solo se le permitió verla desde lo alto de un monte (Nebo). Hay que aclarar, sin embargo, que la prohibición no incluía a los levitas (tribu a la que pertenecía Moisés), quienes no estaban registrados para la guerra, ni tampoco a Josué y Caleb, quienes sí mostraron fe en las promesas divinas. A Moisés no se le permitió entrar por un incidente posterior en el que se atribuyó crédito personal por un milagro de Yahveh (Números capítulo 20)

Ya estando cerca de Moab, Balac, rey de los moabitas ve venir a Israel por el margen oriental y teme del pueblo de Israel, manda a llamar a Balaam, adivino de Mesopotamia (Números 22) para que maldiga al pueblo de Israel; pero Yahveh envía a un ángel a interponerse en el camino de Balaam hacia el monte de Bamot-Baal y es persuadido a bendecir al pueblo israelita y lo hace tres veces a pesar de los deseos de Balac.

Finalmente, tras cuarenta años de vagar por el desierto, los hebreos de aquella generación murieron en el desierto (Éxodo 16: 35; Números 14: 33, 34: Deuteronomio 1: 1-3; 2: 7; 8: 2, 4).

Una nueva generación de hebreos libres, nacidos en el éxodo, llegaron a la Tierra Prometida y entraron por fin a ella guiados por Josué. Moisés, permaneció con aquellos que no iban a entrar a las tierras prometidas y sabiendo que no estaba lejos la hora de su muerte, le pasó el mando a Josué. Josué cruza el río Jordán dejando atrás casi 40 años de permanencia en el desierto de Parán y una distancia recorrida cercana a los 1000 km (a razón de 25 km/años) desde que dejaron Pi-Ramsés en Egipto.

Cuando murió Moisés, a la edad de ciento veinte años, fue llorado por su pueblo durante treinta días y treinta noches.

Moisés en el judaísmo[editar]

Hay multitud de historias e información adicional sobre Moisés en las exégesis rabínicas conocidas como Midrásh, así como en los textos más importantes de la ley oral judía, del Mishná y del Talmud.

Moisés, estatua del escultor Miguel Ángel.

Moisés en el cristianismo[editar]

Para los cristianos, Moisés es a menudo un símbolo del contraste entre el judaísmo tradicional y las enseñanzas de Jesús. Los escritores del Nuevo Testamento comparan las palabras y los hechos de Jesús con los de Moisés para explicar la misión de Jesús. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, por ejemplo, el rechazo de Moisés cuando los judíos adoraban al becerro de oro se compara con el rechazo a Jesús, también por parte de los judíos.

Moisés también figura en varios de los mensajes de Jesús. Cuando conoce al fariseo Nicodemo por la noche, en el tercer capítulo del Evangelio de Juan, compara el alzado de la serpiente de bronce en el desierto, que cualquier hebreo podía mirar para ser curado, con su propia ascensión a los cielos (tras su muerte y resurrección) de modo que la gente lo vea y ser curada. En el sexto capítulo, Jesús responde a sus seguidores que Moisés hizo que cayera el maná en el desierto diciendo que no había sido él, sino Yahveh, quien había obrado el milagro. Llamándolo el «pan de la vida», Jesús afirma que ahora es él quien alimenta al pueblo de Yahveh.

En la carta de Judas contiene una breve mención de una disputa entre el arcángel Miguel y el diablo por el cuerpo de Moisés.[6]

La iglesia católica lo venera como santo, como a todos los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento.

Moisés en el islam[editar]

En el Corán, el libro sagrado del Islam, la vida de Moisés (Musa) se narra y se recuerda más que la de cualquier otro profeta reconocido por los musulmanes. Aunque el Corán reitera que es una figura principalmente judía, se encuentran pocas diferencias.

Origen del «Pentateuco» de Moisés[editar]

Se ha asumido tradicionalmente que Moisés recibió de Yahveh y transcribió todos los textos de la Torá. Ésta sigue siendo la creencia de la mayoría de los cristianos y de la mayoría de los judíos ortodoxos. Sin embargo, los avances en la crítica textual han convencido a muchos expertos e historiadores de que estos textos, en la forma en que nosotros los conocemos actualmente, fueron tomados y adaptados de varias fuentes. Esta idea se discute en la hipótesis documental.

El islamismo, por su parte, está de acuerdo con los estudios de crítica textual y la hipótesis documental. El Corán afirma que Yahveh reveló personalmente el texto de la Torá a Moisés, tal y como creen judíos ortodoxos y muchos cristianos. Pero afirma también que el texto original de la Torá ha sido adulterado, manipulado y corrompido a lo largo de los siglos, por lo que hoy día, aunque aún contiene fragmentos de la revelación original, ya no es 100% revelación divina. En ese sentido, para los musulmanes la hipótesis documentaria y otros estudios hechos por eruditos bíblicos, que revelan que la Torá como la conocemos hoy día es el fruto del trabajo de varios autores a lo largo de varios siglos, es la confirmación de lo que dice el Corán al respecto, y por ello defienden la idea de que la Torá actual no es 100% confiable.

Historicidad de Moisés[editar]

Una parte de la historiografía[7] sugiere que Moisés nunca existió como figura histórica, y que el Éxodo es un mito. Por ejemplo, si el Éxodo tuvo lugar durante el fin de la era de los hicsos en Egipto, tal y como afirman algunos expertos (siglo xvi a. C.), entonces sus documentos sobre Moisés probablemente habrían sido destruidos deliberadamente cuando los egipcios los expulsaron[cita requerida]. Si bien esta teoría plantea el problema de que los hicsos conocían la escritura y que el alfabeto hebreo fue inventado siglos más tarde. Las primeras incripciones en protohebreo datan del siglo x a. C.[8]

Las referencias adicionales sobre Moisés datan de muchos siglos después de la época en la que supuestamente vivió. Se desconoce si se basan únicamente en la tradición judía o si también han tomado aspectos de otras fuentes. Algunos como Flavio Josefo, Filón de Alejandría y Manetón hablan de él. También existen, por supuesto, los relatos antes mencionados en la Mishná y el Corán. En el siglo iii a. C., Manetón, un cronista y sacerdote heleno-egipcio, afirmó que Moisés no era judío, sino un sacerdote egipcio resentido, y que el Éxodo fue en realidad la expulsión de una colonia de leprosos.

Incluso si Moisés se acepta como figura histórica, hay varios aspectos del relato bíblico que pueden ser reinterpretados. La hipótesis de Manetón de que Moisés era egipcio es absolutamente plausible. Se ha sugerido que pudo haber sido un noble o príncipe egipcio influido por la religión de Atón (véase la hipótesis de Freud más abajo), o simplemente un simpatizante de la cultura hebrea. Mosés es un nombre egipcio que significa ‘hijo’ y se utilizó a menudo en los nombres de los faraones (como por ejemplo TutMoses). Los hebreos pudieron haber creado la historia a partir de los relatos de Sargón de Acad (mesopotámico) o Edipo (griego) para legitimar su creencia. Por otra parte, antiguamente las clases más bajas abandonaban a veces a sus hijos, y Moshe es una palabra hebrea que significa ‘rescatado de las aguas’.

Asimismo, la historia del nacimiento de Moisés es similar al de la leyenda Asiria de Sargon de Acadia,[9] lo que sugiere su carácter mítico.

Aunado a esto, poner fecha al Éxodo también ha sido un gran reto. Hay diferentes hipótesis, pero ninguna prueba histórica que lo confirme:

  • Alrededor del final de la era de los hicsos, tal y como se narra previamente;
  • Alrededor del 1420 a. C., puesto que existen documentos sobre la invasión de Canaán por parte de los habiru cuarenta años más tarde ―esta hipótesis casa bien con la idea actual de que el personaje histórico de Moisés era el décimo quinto príncipe del rey de Egipto del siglo xv a. C. llamado Ra-mose, que también desapareció de los expedientes egipcios alrededor de la época de la muerte de la reina Hatshepsut.
  • Durante el siglo xiii a. C., pues el faraón durante la mayoría de ese tiempo fue Ramsés II, el cual se considera habitualmente que fue el faraón con el cual se tuvo que enfrentar Moisés –conocido como «el faraón del Éxodo» o «el faraón opresor» de quien se dice haber obligado a los hebreos a construir las ciudades Pithom y Ramesés. Estas ciudades se conocen por haber sido construidas bajo Seti I y Ramsés II, haciendo a su sucesor Merenptah el posible «faraón del éxodo». Sin embargo, en la estela de Merenptah del 5.º año del citado faraón (1208 a. C.), se narra que «Israel está acabado, no queda ni la semilla». Además, en 1898 se descubrió la momia de Merenptah, pues no había perecido ahogado.
  • Una hipótesis más reciente y controvertida afirma que Moisés era un noble de la corte del faraón Akenatón. Muchos estudiosos, desde Sigmund Freud hasta Joseph Campbell sugieren que Moisés pudo haber abandonado Egipto tras la muerte de Akenatón (1358 a. C.) cuando las reformas monoteístas del faraón fueron rechazadas violentamente.[10] Las principales ideas que apoyarían esta hipótesis serían que la religión monoteísta de Akenatón era la predecesora del monoteísmo de Moisés, y una colección contemporánea de las Cartas de Amarna,[11] escritas por los nobles para Akenatón, describen bandas asaltantes de habirus atacando territorios egipcios.[12]
  • Lo que si se ha datado es la redacción final del Pentateuco en el siglo vii a de C. por el rey Josias.[13] Hay quien defiende que muchas de las historias bíblicas han sido copiadas se la tradición Mesopotámica y Egipcia, siendo el Éxodo un relato fundador del reino de Judea. Cabe señalar que las fronteras del reino conquistado por Josué coinciden con las del reino de Judea, en el siglo vii a de C. Según las últimas teorías el proceso hubiera sido el siguiente: Cuando subió al trono en el 640 a.C, el rey Josías gobernaba una minúscula porción de la Tierra Santa, en el centro del país. La inmensa mayoría del territorio se había perdido, un siglo atrás, en manos de los asirios. Y los israelitas decían que eso se debía a sus pecados, y a que no habían sido fieles a las leyes divinas. Por eso Dios los había castigado quitándoles gran parte de la tierra. Pero hacia el año 620 a.C., el reino de Asiria empezó a debilitarse y a disminuir su control del país. Entonces se despertó en el rey Josías el sueño de recuperar militarmente los territorios perdidos. Y para animar al pueblo a esta empresa, hizo componer el libro de Josué, exponiendo cómo una vez la tierra ya había sido conquistada por Josué, de una manera rápida y fácil. Y no porque los israelitas fueran militarmente idóneos, sino porque esa era la voluntad de Dios sobre el país: que perteneciera a Israel.[14]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Véase Ramsés (Ra-mosés): ‘engendrado por [el dios] Ra’.
  2. Éxodo 2:10, Versión Reina Valera 1960
  3. Se etima que Salomón accedió al trono hacia el año 970 a. C.
  4. Éxodo 12-37
  5. Éxodo 32 26-28
  6. Judas 1:9
  7. I. Finkelstein y N. A. Silberman, La Biblia desenterrada. Una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados, Siglo XXI España, Madrid, 2005
  8. Dominique Valbelle, p.2026 du Dictionnaire de l'Antiquité, éditions PUF 2005 ,ISBN 9782130589853
  9. André, Paul (2012). Autrement, la Bible (en francés). Bayard. p. 104. ISBN 978-2-227-48356-9. 
  10. Freud, Sigmund. Moisés y la religión monoteísta.
  11. Amarna es el nombre actual de la capital fundada por Akenatón, llamada Ajetatón.
  12. Joseph Campbell: Transformations of myth through time (pág. 87-90). Harper & Row.
  13. Silberman,Finkelstein. La Biblia Desenterrada (en inglés). ISBN 84-323-1124-3. 
  14. Alvarez Valdés, Ariel (2008). «¿Un éxodo israelita de Egipto?». Amigos de la Egiptologia. //www.egiptologia.com/. 

Enlaces externos[editar]


Predecesor:
fundador
Guía del pueblo de Israel
Sucesor:
Josué