Becerro de oro
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Según la Biblia hebrea, el becerro de oro era un ídolo, un «falso dios» adorado por los israelitas.
Cuando los hebreos salieron de la esclavitud en Egipto guiados por Moisés, al llegar al monte Sinaí (en Arabia) Moisés lo escaló para hablar con el dios Yahvé. Al ver que tardaba muchos días, el pueblo hebreo le pidió a Aarón, hermano de Moisés, que les hiciera "dioses que marchen delante de nosotros". Aarón accedió y con los aretes de oro que todos llevaban en las orejas, funde un ídolo con forma de becerro. Los hebreos lo adoran y le ofrecen sacrificios al nuevo dios.
Tras cuarenta días, Moisés baja del monte Sinaí con dos "tablas" de piedra donde está escritos los Diez Mandamientos.
Moisés, al ver que los hebreos estaban adorando al becerro de oro, rompió las tablas de la ley (que dijo que había escrito el propio dios Yahvé).
Luego destruyó al becerro de oro, haciéndolo "polvo". Este polvo lo esparció en el agua, en la que el oro flotó. Como castigo a los israelitas les hizo beber de esa agua con el oro flotando.
Posteriormente, Moisés volvió a subir varios días al monte y volvió con dos planchas iguales de piedra, donde dijo que el dios Yahvé le había mandado escribir otros Diez Mandamientos.
[editar] Explicación
El culto a la res de oro puede estar confundido con el culto a la divinidad egipcia de Apis o la femenina de Hathor a la que se representaba como una vaca o mujer con cornamenta dorada. Entre los hebreos y otros semitas, Hathor fue conocida como Ashera, y entre los edomitas era reconocida como la cónyuge del dios Ël, el cual los israelitas identificaban como su propio dios Yahvé, llamándolo Elohim (los dioses Ël). Antiguamente, el panteón cananeo parece haber sido más complejo, que los israelitas posteriormente repudiarian, convirtiéndose en monoteístas.
La tradición cristiana identifica al becerro con el demonio, siendo su adoración un prototipo de idolatría.
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