Profeta

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El profeta Jeremías.

El término profeta proviene del lenguaje religioso y se refiere a una persona que sirve como intermediario entre la humanidad y la divinidad. Estrictamente hablando, un profeta es alguien que sostiene haber tenido una experiencia personal con Dios o con seres sobrenaturales, recibiendo de él/ellos la misión de comunicar sus revelaciones, hablando en su nombre a los seres humanos. Posee cualidades de intercesor por el pueblo delante de Dios y de mensajero de su palabra. Su carisma de interpretar la historia desde la perspectiva de Dios recibe el nombre de don de profecía.

También se utiliza el término designar a alguien que predice acontecimientos futuros, generalmente cuando lo hace interpretando señales o basado en una revelación sobrenatural.[1]

Etimología[editar]

La palabra profeta deriva del griego προφήτης (profētēs), cuyo significado etimológico es el de “mensajero”, “portavoz” de otro. En la religión griega, los profetas eran sacerdotes adscriptos a los templos, en especial los oraculares, que se encargaban de interpretar los vaticinios divinos.

En la tradición judeocristiana[editar]

Esta palabra fue usada por los traductores de la Biblia al griego como equivalente del hebreo נְבִיא (nabi´); de este modo pasó a tener un uso restringido para referirse a los profetas del judaísmo anterior a Jesús y a quienes, posteriormente, cumplieron una función profética en la iglesia cristiana. A través de la Vulgata la palabra profeta pasó al latín como prophēta y de allí a las lenguas románicas y germánicas.

Nótese que para el Tanaj judío, también se considera como profetas a otros personajes, desde Moisés hasta David, que aún sin encontrarse en la sección de libros proféticos, se encuentran en la sección llamada profetas anteriores.

Para los cristianos, Juan el Bautista es considerado el último profeta anterior a Jesús de Nazaret, quien además de sus otros atributos (Mesías, Salvador, Rey de reyes, Hijo de Dios, etc.), también es considerado el mayor Profeta. A partir de él, todos los cristianos se supone tienen una misión profética en la historia, y de hecho a muchos de ellos se les considera verdaderos profetas.

En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días[editar]

Según la doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD) o mormones, un profeta es una persona llamada directamente por Dios e investida del Sacerdocio de Melquisedec, poseedor de las llaves necesarias para ejercer su misión, que comunica a los fieles las revelaciones recibidas del Creador, ya sea mediante visiones, inspiraciones, sueños, por medio de Espíritu Santo o directamente previa transfiguración. Estas revelaciones suelen servir como instrucciones de carácter normativo para los miembros de la Iglesia.

Los miembros de esta comunidad religiosa creen en los profetas conocidos por medio de la Biblia, en aquellos que existieron en la América precolombina hasta el año 400 de nuestra era, mencionados en el “Libro de Mormón”, y también en los profetas modernos que Dios ha llamado para instruir a las personas que quieran más conocimiento sobre el plan de salvación.

Sostienen que José Smith fue el primero de estos modernos profetas y que, en carácter de tal, recibió instrucciones de Dios en 1830 para establecer la Iglesia SUD. Creen que quienes presiden la iglesia, como Thomas S. Monson son profetas, videntes y reveladores del presente.

Profetas modernos según la Iglesia SUD[editar]

En el Islam[editar]

En el bahaísmo[editar]

Uno de los principios de la Fe Bahá'í es la revelación progresiva. Este concepto trata de explicar que existe un único Dios que envía profetas cada cierto tiempo con el mensaje para su época. Así vinieron en su tiempo Buda, Moisés, Zoroastro, Jesucristo, Mahoma, Krishna, Abraham, El Báb y finalmente Baha'ullah, hace poco más de 160 años, según esta creencia, el mensajero de Dios para la época actual. Sin embargo, el significado de la palabra Profeta en el vocabulario bahá'í no corresponde siempre literalmente al comúnmente aceptado.

Aún cuando los bahá'ís denominan profetas a los ya citados, más precisamente los llaman “Manifestaciones de Dios”, una denominación que va más allá de los dones de profecía o de intermediación; es una referencia a una condición distinta, las “Manifestaciones de Dios” son espiritualmente preexistentes (de ahí que no es una condición asible, sino que la Manifestación de Dios nace siéndolo), carecen de cualquier forma de imperfección moral, poseen conocimiento innato, acceden la omnisciencia a voluntad propia, derogan la ley de la religión y establecen nuevas, y su palabra, sobre cualquier asunto, es una verdad espiritual innegable.

La autoridad de las Manifestaciones de Dios es considerada absoluta en la perspectiva bahá'í. Evidentemente esta definición supera la de la palabra “Profeta”, que ellos usan más precisamente para referirse a ciertos seres santificados, que han revelado una medida de la “verdad divina” dentro del marco de una “Revelación” (Las enseñanzas de una Manifestación de Dios), y que en ocasiones han dado un impulso vital notable al desarrollo espiritual de la religión.

Véase también[editar]

Referencias y notas[editar]

  1. DRAE s. v.

Enlaces externos[editar]