Montano (hereje)

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Montano, (* ¿? - † ha. 175). Heresiarca inspirador de la doctrina conocida como Montanismo.

Nacido probablemente en Ardabau, villa frigia en el territorio de la actual Turquía en la primera mitad del siglo II, Montano era, antes de convertirse al cristianismo, un sacerdote de la diosa Cibeles cuyo culto implicaba crueles ceremonias como la autocastración de sus sacerdotes.

Hacia el año 156, después de recibir el bautismo y asistido por dos profetisas llamadas Maximila y Priscila, comienza a anunciar el comienzo de una nueva era en la Iglesia a la que llama “Era del Espíritu” al considerarse directamente enviado por el Espíritu Santo.

Su doctrina fue condenada oficialmente durante el pontificado de Ceferino, cuando Montano ya había fallecido.

Montanismo[editar]

El montanismo, creencia heretica.

Recibe ese nombre de su fundador, Montano, quien había sido sacerdote pagano hasta su conversión alrededor del año 155. Algún tiempo después, Montano comenzó a profetizar, diciendo que había sido poseído por el Espíritu Santo. Pronto se le unieron dos mujeres, Priscila y Maximila. Esto en sí no era nuevo, pues en esa época todavía continuaba la práctica de permitirles a quienes recibían ese don que profetizaran en las iglesias. Lo que sí se acostumbraba —y se había acostumbrado desde el principio— era asegurarse de que lo que tales profetas decían concordaba con la doctrina cristiana.

En el caso de Montano y sus seguidores, pronto las autoridades eclesiásticas comenzaron a tener dudas, pues los montanistas decían que con ellos había comenzado una nueva era. De igual modo que en Jesucristo se había iniciado una nueva edad, ahora estaba sucediendo lo mismo con la dádiva del Espíritu Santo a los montanistas. Contra esta herejía luchó el papa San Sotero.

Esa nueva edad se caracterizaba por una vida moral más rigurosa, de igual modo que el Sermón del Monte había enseñado una doctrina más rigurosa que el Antiguo Testamento. La razón por la que el resto de la iglesia se opuso a la predicación de los montanistas no fue su énfasis en las profecías, sino lo que pretendían en el sentido de que ahora comenzaba una nueva era, el fin de la historia.